ANGLICANISMO: INFUNDIOS Y VERDADES.


Por: BERNARDO MERINO BOTERO

Obispo Emerito de la Iglesia Episcopal en Colombia.

He asumido la responsabilidad de contestar desde la perspectiva anglicana, la pregunta que la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana de Bogotá, ha escogido para los entremeses del trimestre en curso: “¿Es posible entendernos para hablar de Dios?”.

Voy a intentar hacerlo honestamente. Hablar de Anglicanismo no es fácil, porque una mayoría de interlocutores, lo identifican con Enrique VIII y sus seis conflictivos matrimonios, arruinados por los siete pecados capitales de la Corte y el cadalso y además por la creencia general de que el Rey fundó una Iglesia. Nada más ajeno a la verdad. Todo lo que hicieron los reformadores fue apelar a la inteligencia, la voluntad y la conciencia del pueblo Inglés. Freeman y otros historiadores, afirman que Enrique VIII y su hija Isabel, “nunca pensaron establecer una nueva Iglesia, sino reformar la Iglesia Inglesa existente. Es todo lo que se les ocurrió. No estaban estableciendo, sino reformando; no estaban derribando o construyendo, sino enderezando”.

 Lo que declaró la Carta Magna en 1.215, es que esa Comunión de Iglesias siguió siendo la Iglesia Anglicana y no es una secta, sino una verdadera parte de la Iglesia Católica. Isabel I escribió al emperador Fernando: “Nos y nuestros vasallos, no seguimos una religión nueva o extraña, sino la misma religión que Cristo manda, que sanciona la Iglesia primitiva y católica, y que aprueban la mente y la voz de los Padres más antiguos. “Muéstrennos algo que está en las Sagradas Escrituras y que nosotros no tenemos, para tomarlo; o algo que tenemos y no está en ellas, para abandonarlo”.

Uno de los mejores aportes para desvirtuar la interpretación equívoca de la Reforma Inglesa y conocer el pensamiento teológico que la ha inspirado y la sigue inspirando siempre, es la declaración de fe, contenida en el Cuadrilátero Chicago-Lambeth 1.886. Permítanme hacerles su presentación. “Nosotros Obispos de la Iglesia Protestante Episcopal en los Estados Unidos de América, reunidos en Concilio, como Obispos en la Iglesia de Dios, por este medio declaramos solemnemente a quienes concierna, y especialmente a nuestros hermanos cristianos de las distintas Comuniones en esta nación, quienes en sus diversas esferas, luchan por la religión de Cristo,” que: 1- “Nuestro ferviente deseo es que la oración del Salvador, “Que todos seamos uno”, en su sentido más profundo y verdadero, se cumpla apresuradamente. 2- Que creemos que todos los que han sido debidamente bautizados con agua, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, son miembros de la Iglesia Católica. 3- Que en todas las cosas del orden o elección humana, en relación a las formas de culto y disciplina, o a las costumbres tradicionales, esta Iglesia está dispuesta a renunciar, con espíritu de amor y humildad, a todas sus propias preferencias. 4- Que esta Iglesia no busca absorber a otras Comuniones, sino cooperar con ellas sobre la base de una Fe y Orden común, desaprobar todo cisma, sanar las heridas del Cuerpo de Cristo y promover la caridad, que es la mayor gracia cristiana y la manifestación visible de Cristo al mundo.

Como partes inherentes de este sagrado depósito y, por consiguiente, esenciales para la restauración de la unidad entre las ramas divididas de la cristiandad, reconocemos las siguientes, transcritas del texto revisado y propuesto como profesión para toda la Iglesia, en la Resolución No. II de Lambeth 1.888: 1- Las Sagradas Escrituras del Antiguo y nuevo Testamento, que “contienen todas las cosas necesarias para la salvación”, como regla y norma de salvación. 2- El Credo de los Apóstoles, como símbolo bautismal, y el Credo Niceno, como declaración suficiente de la Fe cristiana. 3- Los dos sacramentos ordenados por Cristo mismo-el Bautismo y la Cena del Señor—administrados con el uso indefectible de las palabras de institución de Cristo y los elementos ordenados por El. 4- El Episcopado histórico, adaptado localmente en los métodos de su administración a las diversas necesidades de las naciones y pueblos llamados por Dios a la unidad de su Iglesia”. Desde entonces, éste ha sido el punto de referencia de la teología Anglicana. Apesadumbrados por las divisiones que afectan la Iglesia cristiana, declaramos nuestro deseo, de entrar en diálogo fraternal con todos o cualquiera de los cuerpos cristianos que buscan la restauración de la unidad orgánica de la Iglesia, con el propósito de estudiar diligentemente las condiciones por las cuales se pueda llevar a cabo tan inestimable bendición para alegría de todos”. Desde entonces, éste ha sido el punto de referencia de la teología Anglicana , bajo el magisterio de la Conferencia de Lambeth, que desde la primera en 1.867, reúne a todos los obispos del mundo cada diez años, para orientar la fe y espiritualidad de la Iglesia, con el aporte de los maestros de la teología, como Richard Hooker, el Cardenal Newman, gestor del movimiento de Oxford y del Anglocatolicismo. Las mutuas visitas a partir de 1.966, entre el Papa Paulo VI y los Arzobispos de Canterbury, Michael Ramsey y Donald Cogan, originaron la Comisión Internacional Anglo Católico Romana (ARCIC), integrada por los más representativos teólogos de ambas Iglesias, que afrontó valerosamente la exploración de los temas más candentes: Las doctrinas de la Eucaristía , ministerio, ordenación y autoridad de la Iglesia.

La primera etapa de estudios culminó con la promulgación del Final Report, del ARCIC-I, (por dicha Comisión), con estas palabras: “En nuestros tres acuerdos nos hemos comprometido a dejar atrás nuestras posiciones de las pasadas controversias. Deliberadamente hemos evitado el vocabulario de las pasadas polémicas, no con la intención de evitar las reales dificultades provocadas por ellas, sino porque las emotivas asociaciones de ese lenguaje han oscurecido frecuentemente la verdad”. Si el Cuadrilátero fijó la estructura teológica del Anglicanismo, nadie se escandalice de que éste se rotule católico. Lambeth 1.978 declaró: “Entonces es evidente que las Iglesias de la Comunión Anglicana , entienden que son parte de la Iglesia Una , Santa, Católica y Apostólica, y adoran a un verdadero Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”. La Iglesia Anglicana es Una, porque nos une “una sola fe, un solo Señor y un solo bautismo” (Efesios 4-5). Aquí se inspiró Lambeth 1.968 para afirmar: “La unidad trinitaria con los hombres y de éstos con el otro, nace en el misterio de la unidad trinitaria. Dios es la perfección de la unidad, en el Padre uno, el Hijo uno, el Espíritu Santo uno, y da la vida al cuerpo uno. La unidad es el don de Dios, indestructible porque está arraigada en la reconciliación de todos.

 Es a una Iglesia unida y católica, a la que dirigimos nuestras mentes”. Lambeth 1.988 definió la Trinidad como “la fuente de la unidad de la Iglesia. Es la raíz de la única unidad de propósitos y de la diversidad de maneras de ser, que la Iglesia está llamada a expresar en la diversidad de su propia vida. Nosotros deseamos una unidad doctrinal. La meta de la unidad que buscamos como cristianos, no puede ser menos que la unidad de todas las cosas en el cielo y en la tierra, conforme a los planes de Dios para la plenitud de los tiempos”. La meta final no es simplemente la unidad de la Iglesia, sino el reino de Dios sobre una creación reconciliada, restaurada y transformada, en lo que ha sido roto o desordenado por el pecado de hombres y mujeres, y será enmendado y puesto en orden, por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo: Aquel mandato, “que sean uno como tú y yo”, del Capítuo XVII de Juan, Carta Magna de la unidad. La Iglesia Anglicana es Santa. Cuando Pablo escribió “a los santos que están en Corinto”, (I Cor-12.13), estaba escribiendo también a nosotros. Algunos historiadores han llamado a Inglaterra la Isla de los santos. Por eso Stephen Neill escribió “Ecclesia Anglicana Mater Sanctorum”- La Iglesia Anglicana Madre de Santos. El Libro de Oración Común es el mejor testimonio de ello. Su santoral contiene una selección de fiestas de la Iglesia Católica Romana.

Entre muchas otras, la de cada uno de los Santos Apóstoles, San José, Santa María Magdalena, San Juan Bautista, los Santos Ángeles, el 15 de Agosto, como la dormición de la Virgen María , y en algunos calendarios regionales, la Inmaculada Concepción ; estas dos últimas devociones tradicionales, sin reconocimiento dogmático. Y para no dejar a alguien fuera de reconocimiento, el I de Noviembre, conmemoramos a todos los Santos. La Iglesia reconoce también a los santos contemporáneos. Según los criterios de Lambeth 1.958, “Santos son aquellos que frecuentemente no hacen cosas espectaculares y a su muere, son juzgados por el mundo como los más pobres de todos”. Yo participé con mi voto en la inclusión de Martin Luther King en el calendario de la Iglesia Episcopal , en la Convención General de Denver en 1.979; y Adan Edom, sacerdote Inglés, quemado por la Inquisición como hereje anglicano en la puerta de la catedral de Cartagena, está incluido en nuestro santoral. La Iglesia Anglicana es Católica.

 El Cuadrilátero es Católico y Lambeth 1.978 lo enfatizó. No es un Catolicismo vergonzante, sino convencido de que “las Iglesias de la Comunión Anglicana son Católicas en el sentido de la Reforma Inglesa. “Católicas pero Reformadas; Reformadas pero Católicas”. El Anglicanismo es como un río con muchos afluentes que pasan por diferentes países y a donde quiera que llega es reconocido, sin que uno solo de los torrentes sea superior a otro, independientemente de los nombres con que lo presentan las personarías jurídicas, heredados de culturas regionales, como La Iglesia Protestante Episcopal en los Estados Unidos de América; la Iglesia Episcopal en Colombia; la Iglesia episcopal en Brazil; la Iglesia Católica en China; la Iglesia Católica en el Japón; la Iglesia de la India; la Iglesia de Burma; etc; todas ellas rotuladas Católicas y parte de la Comunión Anglicana , en la fe de los Apóstoles proclamada en los Credos.

La Iglesia Anglicana es Apostólica. Cito del Final Report: “Desde el comienzo de la Iglesia Cristiana , existió el Episcopado en la comunidad. Desde el siglo primero hay evidencias de dicha orden provista por la Primera Carta de Clemente, capítulos 40-44. “Debemos estar en continuidad, no sólo con la fe apostólica, sino también con la comisión dada a los Apóstoles”. Por eso, el triple ministerio permaneció universal hasta las divisiones del Occidente Cristiano en el siglo XVI. Nuestras dos Comuniones lo han retenido. Ambas sostienen que el episcopado debe ser ejercido por ministros ordenados en la Sucesión Apostólica ”. A este ministerio deben ser llamadas personas particulares, para administrar la doctrina y sacramentos y la disciplina de Cristo; y es sostenido como un signo e instrumento de la continuidad de los obispos con la comunidad apostólica y foco de la unidad”. La apostolicidad y sucesión apostólica, relacionan con la fidelidad a la enseñanza y misión de los Apóstoles. Los obispos vienen a ser uno de los medios, juntamente con la transmisión del Evangelio y la vida de la comunidad, por los que se expresa la tradición de la Iglesia. La sucesión ha sido mantenida porque sirve, simboliza y guarda la continuidad, la misión y comunión universal.

El tema de la sucesión apostólica nos lleva al año 597, cuando Gregorio Magno, vio en un mercado de Roma a unos jóvenes británicos vendidos como esclavos. Entonces decidió enviar a Agustín con sus monjes a predicar el Evangelio en Canterbury, donde él sería el primer obispo. Eso originó la equivocación de pensar que ese día se predicó por primera vez el Evangelio en la Gran Bretaña. La verdad es que cuando Agustín llegó allí, Berta, esposa del Rey Etelberto, ya era cristiana y entre sus vasallos, incluso en Kent, había sobrevivientes de las antiguas Iglesias Británicas. Sería temerario fijar una fecha a esa incursión misionera. Las aproximaciones históricas y la tradición apuntan a creer que no transcurrió un año largo entre la resurrección del Señor y la llegada de misioneros cercanos a San Ireneo y Policarpo, hijos espirituales de Juan Evangelista. Si damos crédito a Tertuliano en el siglo III, algunas partes de Bretaña que no fueron invadidas por los romanos, habían ya abrazado la Cruz. Los testimonios arqueológicos son pobres; pero una capilla en Kent, una Iglesia en Silchester y las simbólicas letras griegas XR (Ji-Ro), sugieren una temprana difusión del Evangelio. Y como si esto fuera poco, tres obispos británicos participaron en el Concilio de Arlés el año 314. ¿Qué queda entonces de la manoseada versión disfrazada de historia, de Enrique fundando una Iglesia? El primero en no creerla, fue el Rey. En su juventud concurría a la taberna del Caballo Blanco a leer los escritos de Lutero, pero eso no le impidió, refutarlo por escrito y prohibirle la entrada a Inglaterra. El Calvinismo llegó allí bajo Isabel y fueron la inspiración de los 39 Artículos de la Religión, que hoy día son considerados más como Documentos Históricos que teológicos. Por eso, la reforma de Inglaterra, nada tiene que ver con la Reforma Continental.

El Rey buscaba un sucesor varón. Pero sus hijos varones nacían muertos o morían prematuramente. El pidió al Papa la anulación y no el divorcio de su matrimonio con Catalina de Aragón, viuda de su hermano Arturo, apoyado en el Levítico, XX-17: “Si alguien le quita la esposa a su hermano, deshonra a su propio hermano. Este es un acto odioso y los dos se quedarán sin hijos”. El Papa no se atrevió. Era casi un prisionero de Carlos V, tío de la Reina. Fue Cranmer , Arzobispo de Canterbury, quien anuló su matrimonio. El Rey rompió su dependencia canónica de Roma y murió como el Reformador Político de Inglaterra, sin que el Papa le hubiera quitado el título de “Defensor de la Fe”, que le otorgó en 1.521 y sin sanción de excomunión. Las excomuniones vendrían después. Y el Arzobispo Cranmer se convirtió en el reformador Litúrgico y Canónico. No debo dar por concluida esta ponencia, sin preguntarme: “¿Tiene futuro el Anglicanismo? Es la pregunta que en el Trinity Journal hizo el Obispo Robert Duncan y que se vienen haciendo muchos y todos los días cobra más vigencia. Pero no es la primera vez que alguien la formula. Lambeth 1.930 afirmó: “En su condición presente, creemos que la Comunión Anglicana es transitoria y pronosticamos el día cuando la vida de la Comunión se fusionará en una larga confraternidad en la Iglesia Católica ”.

Pero hace mucho que la Iglesia se considera a sí misma y es mirada como la Iglesia puente entre el Catolicismo y el Protestantismo. Pero, o se está secando el río; o se está cayendo el puente. Cuando esto ocurra, nos quedará acogernos a la profecía de Jesús a la samaritana: “Llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, sin tener que venir a este monte, ni ir a Jerusalén” (J.4-21). El Obispo historiador del Anglicanismo, Stephen Nheill, hace años escribió: “ La Comunión Anglicana , siendo una entidad viva y no una institución osificada, nunca se queda quieto y vive en una condición de permanente cambio. Esto quiere decir que toda descripción de su condición en este momento, estará desactualizada antes de ser impresa y no es fácil adivinar su rumbo, especialmente a partir del reto del Papa Benedicto XVI en Octubre de 2.009. El Rev. Doctor William Franklin, académico asociado del Centro Anglicano en Roma, prendió las alarmas y dejó a la Iglesia en vilo, después de que el Cardenal Levada, vocero de la Comisión para la Doctrina de la Fe, anunció la Carta Magna de Benedicto XVI, “Anglicanorum Coetibus” y formuló una serie de preguntas que aún no han sido contestadas. Recojo algunos comentarios que reflejan la ansiedad ecuménica de las Iglesias comprometidas. “ La Carta Magna ” ha sido una respuesta del Papa, seguramente de buena voluntad, a la deserción masiva de los Anglicanos llamados conservadores, que ya venían en crisis por la ordenación de mujeres y que llegaron al clímax por el manejo de los llamados liberales a la sexualidad humana, que pasó de la intransigencia irracional y homofóbica al libertinaje, acrecentado con la ordenación episcopal en el 2.006 de Gene Robinson, homosexual declarado, casado y divorciado, con hijos y con un amante; y con el cacareado anuncio de la consagración episcopal de la lesbiana declarada Mary Glasspool para el 15 de Mayo. Recojo algunos comentarios. Lord Carey Arzobispo emérito de Canterbury dijo sobre la Carta Magna : “Rowan Williams fue avisado con un día de margen. Es inexcusable que Roma hiciera esto sin consultarnos. Seria muy difícil para quienes dejan el Anglicanismo, conservar su identidad genuinamente Anglicana y aceptar la infalibilidad. La invitación del Papa ha sido una excentricidad teológica”. Sobre la consagración de la lesbiana, auguró “consecuencias muy serias para la Iglesia”.

No obstante, el Papa y el Arzobispo acaban de aprobar el ARCIC III, para continuar las conversaciones bilaterales. El Primado de Canterbury y el Arzobispo católico Romano de Westminster, declararon que la “Carta Magna “llevaría a la incertidumbre a quienes han alimentado esperanzas de caminos para la unidad”. Hans Kung escandalizó a algunos y motivó a otros cuando calificó el llamado del Papa a los Anglicanos al catolicismo romano, como “piratería pastoral”. Y mientras los comentarios y presagios siguen, las consecuencias se han venido haciendo sentir y todo hace prever que se irán agravando. Han desertado entre 20 y 30 obispos y se esperan más. En Inglaterra se reunieron hace poco 600 sacerdotes a deliberar sobre la oferta del Papa. Se generaliza una desbandada masiva de sacerdotes, laicos, parroquias y diócesis, que han venido ocurriendo sobre todo en la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos, con consecuencias imprevisibles. El Anglicanismo no ha enfrentado antes los desafíos y las crisis de identidad de hoy. Algunos ecumenistas se preguntan si “sería muy difícil para los que dejan el Anglicanismo, conservar su identidad en el marco de la Iglesia Romana ; y si la llegada de los nuevos católicos anglicanos podría ser un caballo de Troya y ocasionar más cambios en la Iglesia Católica Romana , que los que su partida produzca en la Iglesia de Inglaterra”.

Se presagian transformaciones radicales; y el aforismo, “el Anglicanismo es un yunque que ha gastado muchos martillos”, ha perdido sentido hoy. Pero el amor de Iglesia debe continuar a la altura del misionero anglicano que decía: “Quiero a mi madre a pesar de sus arrugas”. Muchos piensan que si se la deja sola en la presente situación, continuará su acelerada desintegración teológica y estructural y será el juicio de Dios sobre una rama de la Iglesia, que por su pecado, infidelidad y arrogancia, ha perdido su apoyo, y va a incurrir en la sentencia del Apocalipsis a la Iglesia de Laodicea: “Por cuanto no eres fría ni caliente estoy para vomitarte de mi boca” (3-14). Concluyo compartiendo con ustedes la experiencia de mi ministerio en el Anglicanismo. Fui presentado ahora como un misionero. Para eso me formaron y creo que es lo que he sido durante toda mi vida. La Iglesia Católica Romana es mi madre, a mucho honor, y a ella y al Instituto de Misiones de Yarumal, y al controvertido obispo Miguel Angel Builes , quien me hizo sacerdote, les debo todo lo que soy. Ellos me enseñaron a ser misionero y en esa condición invertí lo mejor de mi juventud en las selvas del Chocó, del Vaupés y del Arauca. Hasta que un día, el obispo Jesús Emilio Jaramillo, a quien asesinó el ELN en Fortul, me llamó a ofrecerme hacer un doctorado en teología o en una disciplina académica de mi preferencia en Roma, lo cual agradecí y decliné, para irme como misionero de la Iglesia Episcopal , con los campesinos más pobres de Panamá.

Fue así como llegué al Anglicanismo, que me honró con el episcopado y en cuya disciplina y culto persevero canónicamente comprometido. La decisión que tomé de acogerme a un catolicismo reformado, pudo lastimar y escandalizar a muchos, especialmente a mi familia y a la jerarquía Católica y les pido públicamente comprensión y perdón, por una opción de conciencia, que me costó que un día, un presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana , consignara en actas que se podía tener diálogo con todas las Iglesias menos con la Anglicana, porque su obispo, Bernardo Merino Botero , era un sacerdote católico hereje.

Lo que él y otros como él no entendieron es que nunca renuncié a la fe católica y apostólica heredada de mis padres en el bautismo y que dejo como herencia a mis hijos, vivida dentro de la mesura de un racionalismo moderado, el del Cuadrilátero Chicago Lambeth. En ella me preparo a morir y de ella hago ante ustedes profesión de fe pública, con las palabras de Pablo: “He peleado las buenas batallas, he terminado mi carrera, he guardado la fe” (2-Tim- 4- 6-7), en el nombre del padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

BERNARDO MERINO BOTERO Obispo emérito de la Iglesia episcopal en Colombia. Bogotá Abril 22 de 2.010.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. DUVAN EDUARDO IDARRAGA LOPEZ
    may 01, 2014 @ 21:35:07

    buenas noches, quiero contactar al Sr Obispo Bernardo Merino Botero, p f un mail o celular. gracias

    Responder

  2. amparo gomez
    may 05, 2014 @ 14:51:11

    Gracias Señor Obispo Bernardo Merino, por no estar aplaudiendo como en tiempos antiguos, cuando mi santa madre Iglesia recibía ordenes de los gobiernos civiles para nombrar o no obispos…..hoy volvemos a las mismas…aplausos a la mentira de don Santos y toda su recua de farsantes…Dios nos vea y perdone. y aplausos a su compromiso cristiano.

    Responder

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