Servicio Bíblico Latinoamericano Semana del 5 al 11 de Diciembre de 2010 – Ciclo A


 

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Domingo 5 de diciembre de 2010

Domingo 2º de Adviento

Ada / Anastasio/ Sabas

 

Is 11,1-10: Juzgará a los pobres con justicia

Salmo 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Rom 15,4-9: Cristo salva a todos los hombres

Mt 3,1-12: Arrepiéntanse, que está cerca el reino de los cielos

 

 

 

La primera lectura, de Isaías, es uno de esos varios preciosos textos de Isaías, y de los profetas bíblicos en general, que nos «describen» la utopía bíblica. Por definición, la u-topía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, no existe… y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -y si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No existe concretamente… «todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo que no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede ser, quiere ser, y como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser.

El pensamiento utópico, es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones (neolíticas, de los últimos cinco mil años). Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad…), otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica… Las religiones abrahámicas, por su parte, experimentan lo sagrado en la historia, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia.

Es el ADN de nuestra religión. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica…) se suma, reviste, completa… pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza de la experiencia espiritual mediante el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género…).

Los profetas, Isaías en el caso de lalectura de hoy, «describe» la Utopía, o «cuenta el sueño» que le anima: un mundo amorizado, fraterno, sin injusticia, sin injusticiados, en armonía incluso con la naturaleza… La Utopía fue tomando en Israel el nombre de «reinado de Dios»: cuando Dios reina el mundo se transforma, la injusticia se convierte en justicia, el pecado en perdón, el odio en amor… las relaciones humanas descompuestas se recomponen en una red de amor y solidaridad. El conocido estribillo del canto del salmo 71 (el de la liturgia de este domingo) lo dice magistralmente: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor». Donde Dios está presente y «reina», es decir, donde se hacen las cosas «como Dios manda», allí hay Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor. Por eso hay que clamar con el estribillo cantado de ese salmo: «Venga a nosotros tu Reino, Señor». No hay sueño ni utopía más grande, aunque esté tan lejana.

 

El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtus, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrincónó tanto la utopía como la esperanza.

El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [“de los cielos” dirá Mateo con un pudor reverencial judío] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (nos convirtimos) y con ello cambiamos este mundo… Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica (una transformación venida de abajo y de dentro). El reinado de Dios -la Utopía -por decirlo con un lenguaje más amplio- no es ni puede ser objeto de «espera» (algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena), es decir, de esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar, aquí y ahora, en la Tierra presente, no en el cielo futuro.

Insistimos: otras religiosidades discurren por otra experiencia de lo sagrado -y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad-, pero la vivencia espiritual específicamente cristiana es esta esperanza activa histórico-utópica. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.

 

Por cierto, la segunda lectura, de la carta a los romanos, coincide curiosamente con este mismo enfoque esencial: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza»… Mantener la «esperanza», mantener esa tensión de compromiso histórico-utópico es el objetivo de las Escrituras (por cierto, «de todas las Escrituras», no sólo de la Biblia…). Es decir: las Escrituras fueron escritas para eso. No para fines piadosos, para fines estrictamente transcendentes o sobrenaturales… sino «para mantenernos en la esperanza», por tanto, para comprmeternos en la historia, para encontrar lo divino en lo humano, el Futuro absoluto en el futuro histórico. Cualquier utilización bíblica que nos encierre en la misma Bíblia, nos separe de la vida o nos haga olvidar el compromiso histórico de construir apasionadamente la Utopía en esta tierra, será un uso malversado -o incluso perverso- de la Biblia.

 

El evangelio de hoy es dramatizado en varios capítulos de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. Son los capítulos 2, 3 y 6. El guión -y su comentario- del capítulo 2 puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1100002 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap02b.mp3 Los guiones, comentarios y audios de los demás capítulos pueden ser encontrados en http://www.untaljesus.net

 

Para la revisión de vida

¿Soy persona de Utopía? ¿Vibro por ella? ¿Puedo decir que mi vida es un «vivir y luchar por la Causa (Utopía) que Jesús nos comunicó? ¿He llegado a descubrir y vivir el cristianismo como «militancia» histórica, como construcción de un Mundo Nuevo?

Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos. ¿Cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿Hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?

 

Para la reunión de grupo

-                 Recoger, reunir los pasajes bíblicos más importantes que parecen describir el mundo de la Utopía. Comentar tras su lectura.

-                 Nos sirve hoy la manera de argumentar de la predicación de Juan Bautista? ¿Por qué no?

-                 Recordar el canto del salmo 71 (de Juan Antonio Manzano), y su estribillo: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor. ¡Venga a nosotros tu Reino, Señor!». ¿Por qué ese estribillo es una de las mejores síntesis del mensaje cristiano y de su Utopía? Aprenderse ese estribillo como una definición muy práctica y asequible del Reinado de Dios.

 

Para la oración de los fieles

-                 Por nuestros grupos y comunidades células de la Iglesia, para que fieles a la misión que nos corresponde seamos capaces de anunciar valientemente el evangelio en todos los lugares.

-                 Por los que trabajan por la paz, la justicia y la prosperidad: para que descubran en su empeño el proyecto de Dios revelado en Jesús.

-                 Por las comunidades cristianas de todas las confesiones: para que nos preparaos a la conmemoración de la venida de nuestro salvador con obras de amor, justicia y de paz.

-                 Por todos nosotros para que este tiempo de adviento haga resonar en nuestros corazones las palabras de Juan que nos preparen de verdad a celebrar la llegada de Jesús.

 

Oración comunitaria

Dios Padre-Madre que nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor y la reconciliación; aleja de nosotros toda actitud de discordia, egoísmo y violencia, y haz que el encuentro que hoy celebramos nos fortalezca en la construcción de la Utopía del “otro mundo posible” que tú nos propones ayudarte a crear. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano mayor nuestro. Amén.

 

Oh Fuerza Misteriosa que animas este proceso bio-cósmico, en el que nos sentimos inmersos sin comprenderlo ni terminar dejarnos transformar por él. Nos entregamos a Ti, Misterio de atracción irresistible, que del caos has originado este cosmos, con esa flecha meta-histórica que todo lo arrastra y lo lleva hacia adelante, también en nuestra propia vida, como en todo lo existente… Haz que nos sintamos cada vez más atraídos por Ti, Fuerza que todo lo atraes, y dejemos pasar esa Fuerza a través nuestro, para que asumida y multiplicada, siga transformando toda la realidad, esa Fuerza que eres Tú misma, que todo lo crea y lo recrea. Amén.


 

Lunes 6 de diciembre de 2010

Nicolás de Bari

 

Is 35,1-10: Dios viene en persona y los salvará

Salmo Salmo responsorial: 84: Nuestro Señor viene y nos salvará.

Lc 5,17-26: Hoy hemos visto cosas increíbles

 

 

 

Un paralítico es llevado ante Jesús en medio de la multitud. Jesús está preocupado por la vida de esta persona y le perdona sus pecados, mientras que los fariseos y doctores de la ley divagan en discusiones teológicas y doctrinales. El perdón de los pecados escandaliza a los fariseos y los doctores de la ley, puesto que para ellos Dios es el único que puede perdonar los pecados. El hecho de perdonar no es sólo una actitud de respeto y valoración del otro sino que también implica la reparación de los daños causados. Perdonar para Jesús es la aceptación y la integración de todos estos marginados a un nuevo orden social, donde el daño que los separaba y que los excluía, es restituido y reparado. Jesús rompe el esquema que mantenía a las personas por años en situaciones inhumanas. Ante todo lo que está primero es la vida. Dios actúa restituyendo a los débiles, a los enfermos, a los rechazados por el sistema anti-reino, que se niega a reconciliarse con ellos, a respetarles su dignidad y su vida. Preguntémonos ¿cuál es la camilla que nos impide caminar, luchar por ser sujetos sociales libres, dignos, reconocidos y valorados como personas?


 

Martes 7 de diciembre de 2010

Ambrosio

 

 

Is 40,1-11: Dios consuela a su pueblo

Salmo 95: Nuestro Dios llega con poder.

Mt 18,12-14: El Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno

 

 

 

Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una deja las otras para ir a buscar la que se le ha perdido. Y cuando la halla, su alegría es inmensa porque la he encontrado. Mt nos presenta la parábola de un pastor cuyo único medio de subsistencia son las ovejas que posee. El vive y muere por sus ovejas, ellas son la razón de su vida. Mateo nos muestra que la lógica de Dios no es una lógica de la marginación de los pequeños, por el contrario, se trata de buscar la unidad a pesar de las diferencias. Todas las ovejas son importantes en el proyecto de igualdad y de justicia. El Señor que viene es un Señor que acoge a los débiles, que es como un pastor que no hace diferencia con sus ovejas. Dios es el padre misericordioso, que a pesar de nuestras debilidades nos ama entrañablemente, nos escucha y nos perdona. El Señor vino a salvar a quienes la sociedad no valora sino que desprecia, vino a dignificar y valorar al hombre. Miremos hoy en nuestra realidad de qué manera Dios se muestra misericordioso para con aquellos que son olvidados y despreciados y cómo somos medios de ese amor.


 

Miércoles 8 de diciembre de 2010

Inmaculada Concepción

 

 

Gn 3,9-15.20: Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer

Salmo responsorial: 97: Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas

Ef 1,3-6.11-12: Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Lc 1,26-38: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

 

 

 

Lucas hace una comparación entre la anunciación a María y la anunciación a Zacarías. La esposa de éste último, de avanzada edad, ha concebido un hijo. Ahora Dios se fija en una joven del otro extremo de Isabel. Zacarías, sacerdote que oficiaba en el templo, que era tenido por muy cercano a Dios, no cree en el anuncio que le hace el ángel. María, mujer pobre, humilde y sencilla, de un lugar muy lejano del Templo de Jerusalén, le dice “sí” al proyecto de Dios, acepta lo increíble y lo más deseado en la historia de su pueblo, ser la madre del mesías. Los grandes planes de Dios suceden en lo sencillo, en lo que no es importante para la estructura social, política, económica y religiosa, es decir, en lo cotidiano, en los pobres. Este anuncio revela la novedad de Dios en Jesús, que en lugar de limitar lo sagrado al templo y los oficios religiosos, desea santificar la vida, con sus tareas, luchas, fiestas y fatigas. Celebrar la Inmaculada Concepción de María es comprometernos con los planes de Dios para con la humanidad: la salvación para todos, sin exclusiones ni divisiones. ¿Cómo estamos aceptando hoy la voluntad de Dios en nuestra propia vida?

 

 

Jueves 9 de diciembre de 2010

Juan Diego/ Jéssica/ Valeria

 

 

Is 41,13-20: Yo soy tu redentor, el Santo de Israel

Salmo 144: El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.

Mt 11,11-15: No ha nacido uno más grande que Juan.

 

 

 

La liturgia del Adviento nos introduce la figura de Juan el Bautista, que a lo largo de este tiempo de espera será particularmente importante. Juan es Elías que anuncia la llegada del Mesías. No hay profeta más grande que él, porque él es quien abre la puerta a Jesús, el esperado, el Hijo de Dios, quien proclama el reino de Dios. En Juan Bautista tomas rostro concreto las esperanzas del pueblo, es ya el tiempo de la salvación. Juan no vaciló en anunciar y señalar, con humildad, a Jesús como único camino de salvación; no tuvo temor de denunciar con valentía las injusticias e impiedades del pueblo y de los líderes civiles y religiosos. El reino lo conquistan los esforzados, aquellos que como Juan dan testimonio de vida y proclaman la justicia de Dios. Al reino de Dios lo enfrenta el anti-reino, reino de injusticia que excluye y extermina a quien no haga parte de su estructura; y lo hace con violencia, destruyendo todo lo que se oponga a él, sin importar destruir la misma vida. Miremos hoy cómo le estamos dando paso a Jesús y su proyecto del reino y cómo estamos luchando contra el reino de muerte en las estructuras políticas, económicas, culturales y religiosas.


 

Viernes 10 de diciembre de 2010

María de Loreto / Eulalia

 

 

Is 48,17-19: Si hubieras atendido a mis mandatos

Salmo 1: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Mt 11,16-19: No escuchan ni a Juan ni al Hijo del Hombre

 

 

 

El ser humano está inmerso en la inconformidad y la evasión. No les creen ni a Juan el Bautista ni a Jesús. Los hombres de esta generación se parecen a unos chiquillos, a unos niños que juegan en la plaza. Una generación inmadura, que aún no llega a la mayoría de edad y no acepta los errores y defectos que pueda cometer. Es una generación que no está de acuerdo con nada. Vino Juan, que no comía ni bebía, y no es aceptado; y viene Jesús, que come y bebe, y tampoco es aceptado. Al contrario, a Jesús se le llama comilón y borracho, amigo de pecadores. El proyecto planteado por Juan implicaba la conversión. Jesús es más radical todavía: se trata de cambiar de corazón, por el amor que nos tiene Dios como Padre, que nos hace hermanos y por tanto todos iguales en dignidad. Es claro que estas predicaciones sonarán muy mal a los oídos del poder. Lo más fácil era negar la profunda realidad de salvación que planteaban, desvirtuando el carácter moral de sus predicadores; evadiendo la predicación y no afrontándola. Nosotros, hoy, ¿estamos afrontando el mensaje liberador del reino?


 

Sábado 11 de diciembre de 2010

Dámaso

 

 

Eclo 48,1-4.9-11: Elías volverá

Salmo responsorial: 79: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Mt 17,10-13: No reconocieron a Elías; tampoco al Hijo del Hombre

 

 

 

Los judíos, en tiempos de Jesús, esperaban el retorno de Elías. La profecía de Malaquías decía que el profeta Elías regresaría antes del día de Yavé, antes de la venida del Mesías. Y por esa profecía la gente esperaba a este precursor. Pero sus acusadores utilizaban éste argumento para rechazar a Jesús, ya que Elías, según ellos, aún no había venido, y por tanto, el Mesías tampoco. Jesús afirma que Elías ya vino, pero no lo reconocieron y lo maltrataron. Juan el Bautista es Elías, porque el fuego del Espíritu lo habita y prepara el camino del Señor. Jesús invita a reconocer la acción de Dios aquí y ahora, nos ancla en la necesidad de reconocer la acción de Dios en la historia, en las personas que denuncian la injusticia y anuncian la Buena Nueva. Hay que descubrir los signos de los tiempos a través de las situaciones concretas, para que examinemos los hechos y acontecimientos que el Espíritu suscita en nuestra vida. En lo pequeño es donde más habla Dios al hombre. En los que luchan por la justicia y la dignidad de las personas con un compromiso diario es donde se presencia con mucha fuerza el Espíritu de Dios.


 

 

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