En silencio y en su lugar. 1 Corintios 14,34-35


Lunes, 03 de Enero de 2011

Cristina Conti, Argentina

1.  Introducción

En Corinto fue donde, por primera vez, el cristianismo “entró en un diálogo comprometido y condicionante con la cultura griega de la época”[1]. Y en medio del diálogo, se hicieron algunas concesiones a la cultura. Desde entonces, para bien o para mal, el cristianismo no ha cesado en el diálogo y en las concesiones.

Entre las epístolas atribuidas al apóstol Pablo, 1 Corintios está reconocida como un escrito indisputablemente paulino. Pero eso no significa que absolutamente todo lo que la epístola contiene provenga de Pablo. En los estudios sobre 1 Corintios hechos en los últimos años, existe una tendencia creciente a descubrir interpolaciones no paulinas[2]. Veremos si 14,34-35 es una de ellas. Sin embargo, aunque la respuesta sea afirmativa, debemos reconocer que este texto forma parte del canon. Por lo tanto, no podemos descartarlo de plano, sino que hay que interpretarlo en sí mismo y a luz del resto de las Escrituras.

El texto de 1 Corintios 14,34-35 se encuentra dentro de la unidad que trata sobre el culto (11,2-14,40). Dicha unidad se divide en tres partes: (11,2-16) la mujer durante el culto; (11,7-34) la celebración de la eucaristía; (12,1-14-40) sobre los dones del Espíritu Santo. Nuestro texto está en ésta última parte.

Aunque estos dos versículos están dentro de las instrucciones sobre el culto, se sigue discutiendo si pertenecen originariamente a esas instrucciones o son un agregado. Salomon Semler, en el siglo XVIII, fue el primero en afirmar que estos versículos son una interpolación posterior a los tiempos de Pablo[3].

 

2.  Aportes de la crítica textual

El texto que estamos estudiando aparece en dos lugares diferentes, según de cuáles manuscritos se trate. En la mayoría – y en nuestras versiones – está después del versículo 33, pero en algunos manuscritos emerge luego del versículo 40, al final de las instrucciones sobre el uso de los dones durante el culto. La mayoría de estos manuscritos pertenecen a la familia del texto occidental (D, E, F, G, algunos de la Vetus Latina, Ambrosiaster, Sedulius-Scotus, etc.). Otros manuscritos no occidentales, como la Vulgata Reginensis (s.VIII) y el griego minúsculo 88* (s.XII), también traen 34-35 al final de las reglas sobre el culto[4].

Philip Payne sostiene que, tanto en el papiro P46, en los códices Vaticano (B), Sinaítico (אּ), Alejandrino (A), como en todos los manuscritos griegos que ha visto, estos dos versículos están diferenciados como un párrafo aparte, claramente separado de lo que antecede y de lo que sigue. Incluso en los minúsculos tardíos, que no tienen párrafos marcados, hay una marca al comienzo y otra al final de estos versículos[5].

El códice Vaticano (B), “por lejos el más significativo de los unciales”[6], contiene indicaciones de variantes textuales. Entre 1 Corintios 14,33 y 34 se encuentra una pequeña barra a la izquierda, que se extiende desde afuera hasta debajo de la primera letra del versículo 34. En el margen y a la altura del versículo anterior, hay dos puntos, como la diéresis que se coloca sobre la letra U en español, o la umlaut del alemán. El signo (siglum) de variante textual luce de esta forma ··_ por lo cual Payne lo llama bar-umlaut. Esta marca aparece 27 veces en el Nuevo Testamento de dicho códice. Según el aparato crítico del NT griego de Nestle-Aland (NTG26), al menos en 23 de esas 27 veces existe un problema conocido de crítica textual. La conclusión lógica es que el escriba del códice B tenía acceso a suficientes manuscritos como para reconocer las variantes textuales y marcarlas en su copia. Una de esas variantes reconocidas es sin duda el texto que estamos estudiando[7].

Existe una teoría en base al manuscrito griego 88* en el cual los dos versículos polémicos aparecen después del versículo 40, pero separados del mismo por dos barras. Se encuentran otras dos barras también junto a la última letra del v.33. La teoría es que el escriba del manuscrito 88* lo copió de otro donde este texto no estaba, pero, al encontrar otros manuscritos que sí lo tenían, el copista decidió incluirlo donde tenía lugar, al final de las instrucciones sobre el culto. Pero tuvo cuidado en señalar con las barras dobles las dos posiciones en que aparecía en los otros manuscritos [8].

Con respecto al códice Fuldensis (de mediados del siglo VI y de la familia de la Vulgata) ha habido un malentendido que ha tardado más de veinte años en ser aclarado. En un libro publicado en 1971, el experto en crítica textual, Bruce Metzger, decía que en este manuscrito, el texto en cuestión estaba luego del versículo 40, pero que también se encontraba como una nota al margen, a la altura del versículo 33. O sea que se suponía que, contra toda lógica, en dicho códice, este texto aparecía dos veces[9]. Cuando en un congreso en 1991, Philip Payne le mostró una copia del códice, haciéndole ver su error, Metzger admitió que nunca había visto el Fuldensis, sino que se había guiado por datos de otras publicaciones. En realidad, dicho códice, que se encuentra en Alemania – en la Hessische Landesbibliothek Fulda – tiene los dos versículos polémicos solamente luego del 33. El texto al margen, por cierto, no contiene 34-35, sino solamente 36-40 y no está a la altura del versículo 33 sino en el margen inferior[10].

El códice Fuldensis es el primer manuscrito con fecha del Nuevo Testamento. Fue revisado y corregido personalmente por uno de los eruditos más importantes de los primeros siglos de la iglesia, el obispo Víctor de Capua. Dos notas escritas por su mano establecen que terminó la primera revisión el 2 de Mayo de 546 y la segunda el 12 de Abril de 547. Se ha comprobado que la escritura del texto que está en el margen inferior pertenece, en cambio, al escriba que copió el manuscrito. Ahora bien, ningún escriba se atrevería a volver a incluir al margen un texto de esas dimensiones sin contar con la apropiada autorización. Lo más probable es que el obispo Víctor se lo haya ordenado después de hacer la primera corrección. Víctor, quien era un estudioso de gran calibre, escribió varios excelentes comentarios del AT y del NT que combinan elaboraciones propias con citas de los Padres de la Iglesia. Su cargo de obispo le daba la oportunidad de tener acceso a los manuscritos antiguos que tanto le interesaban. En alguno de ellos debe haber encontrado la evidencia de que los dos versículos polémicos eran una interpolación, lo cual lo llevó a ordenar que se escribiera al margen el texto sin la interpolación.

Pero eso no es todo, al final del versículo 33 hay un signo de variante textual, hə, que guía al lector a continuar su lectura con el texto que se encuentra en el margen inferior. Este signo aparece ocho veces en el códice, siempre con la misma función. Más aun, el número romano LXIV, que está al margen, inmediatamente después del signo hə, es una de las formas de división del texto bíblico que se usaban en la época para que se pudieran encontrar los textos con mayor facilidad. El número subsiguiente, LXV, aparece al margen de lo que hoy sería el versículo 15,1. De modo que 34-40 es la sección LXIV, reemplazada por el texto del margen inferior, que omite los dos versículos que estamos estudiando. Víctor de Capua debe haber tenido suficientes pruebas como para estar convencido de que 34-35 no debía ser parte del texto de 1 Corintios. El códice Fuldensis aporta algo más de evidencia textual para considerar 14,34-35 como una interpolación, e incluso para sospechar la existencia de algún manuscrito sin estos dos versículos[11].

Si bien este texto está en todos los manuscritos existentes, no olvidemos que los manuscritos completos más antiguos datan del siglo IV. Los únicos escritos anteriores que tenemos son algunos papiros del siglo III, cuyos textos no están completos. El papiro es un material frágil y poco durable, que se estropea con el correr del tiempo, lo que hace que generalmente los textos escritos en ellos estén incompletos.

El segundo papiro Chester-Beatty (P46), de principios del siglo III, es el códice más antiguo de los que contienen las epístolas paulinas. Consiste actualmente de 86 hojas en no muy buen estado. Los códices tenían un número determinado de hojas, por lo que se puede calcular con bastante exactitud las que faltan. El P46 tenía originariamente 104 hojas, e incluía diez epístolas en el siguiente orden: Romanos, Hebreos, 1 y 2 Corintios, Efesios, Gálatas, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses. Actualmente faltan las hojas del principio, que contenían algunos capítulos de Romanos, y las del final, donde falta algo de 1 Tesalonicenses y toda la segunda epístola dirigida a esa iglesia[12]. El P46 tiene los dos versículos que estamos estudiando como un párrafo separado, aunque en el mismo lugar que la mayoría de los manuscritos, es decir, después del versículo 33. Sin embargo, esto no impide pensar que los versículos en cuestión puedan haber sido interpolados anteriormente. Al menos, eso es lo que parece indicar su posición en un lugar diferente en algunos manuscritos, y la evidencia aportada por el manuscrito 88* y los códices Vaticano y Fuldensis.

No olvidemos que la canonización del Nuevo Testamento recién se completó en el siglo IV. Antes de esa fecha los escritos que lo componen no eran tratados con toda la reverencia otorgada a los libros sagrados. Era frecuente que los escribas, o los obispos que los empleaban para hacer las copias nuevas, hicieran cambios pequeños (o a veces no tan pequeños), según su teología o las necesidades de sus iglesias[13].

En la historia de la transmisión de los textos hay que tener en cuenta, además, los factores de poder que buscan la homogeneidad y la eliminación del disenso. No es extraño que no hayan sobrevivido los testimonios textuales de otras lecturas, puesto que lo que se conoce como erasio memoriae hace que desaparezcan todas las versiones que carecen del soporte de un grupo poderoso.

La crítica textual no puede aportar más evidencias que las arriba estudiadas. Es necesario recurrir a otros métodos. La crítica literaria es el método histórico-crítico que se aplica en segundo lugar, después de la crítica textual[14]. Veremos qué evidencias puede aportar este segundo método.

 

3.  Aportes de la crítica literaria

 

3.1  Delimitación del texto

En general, se suele delimitar este texto incluyendo 14,33b y terminando en 14,36 o aun 14,38. Pero dicha delimitación no se justifica ante el hecho de que solamente los versículos 34 y 35 son los que están transpuestos en algunos manuscritos. En ellos, tanto 14,33b como 14,36 están en su lugar y a continuación uno del otro.

Si unimos 33b a 34-35 se produce una repetición innecesaria de la frase en táis ekklesíais (en las iglesias, o las asambleas), en cambio, dejando el versículo 33 tal cual está, “pues Dios no es un Dios de confusión sino de paz, como en todas las iglesias de los santos”, este versículo resulta la conclusión lógica a lo que Pablo venía diciendo desde 14,26 sobre la necesidad de orden en el culto. Murphy-O’Connor, el erudito de la École Biblique de Jerusalén, dice que los que colocan 33b como el comienzo del texto que estamos estudiando lo único que hacen es “seguir ciegamente la división en párrafos de las ediciones críticas y las principales traducciones”[15].

Otra prueba de que el texto abarca solamente los versículos 34 y 35 es la perfecta inclusión entre 34ab y 35c, la cual muestra los límites naturales del texto:

 

(34ab)    “las mujeres en las iglesias callen; pues no les está permitido hablar

(35c)      “pues indecoroso es para mujer hablar en iglesia[16]

 

Una prueba más de que estos dos versículos forman una unidad en sí mismos es el quiasmo que se forma, al principio y al final, entre los términos ekklesía (iglesia) y laléin (hablar):

 

quiasmo

 

 

 

3.2  Contexto literario

El texto que estamos estudiando está dentro de un contexto que se extiende desde el capítulo 11 al 14 inclusive y habla del decoro y el orden en el culto. El tema de 14,34-35 parece ser el mismo, pero es obvio que estos versículos interrumpen la fluidez de la argumentación. Leonardo Boff dice que tiene que tratarse de una interpolación porque interrumpe un discurso que está dirigido particularmente a los profetas, y además porque no podemos pensar que Pablo se contradiga en una misma carta, ya que en 11, 2 –16 está claro que las mujeres podían dirigir la oración y profetizar[17].

 

3.3   Rupturas y suturas

Lo primero que se nota es un cambio de tema: se interrumpe de pronto, y sin razón aparente, la argumentación sobre los profetas para pasar a hablar, durante dos versículos, del comportamiento de las mujeres durante el culto, y seguir después con el tema de los profetas.

En segundo lugar, también se nota el cambio en los verbos, que pasan de la segunda a la tercera persona, para volver nuevamente a la segunda persona en 14,36. Más aun, en este mismo versículo, el adjetivo masculino mónous (solos) hace que las preguntas retóricas no puedan estar dirigidas solamente a mujeres. El adjetivo masculino está usado en sentido genérico y dichas preguntas están dirigidas a los mismos carismáticos de 14,26-33. Y a la luz del pasaje de 11,2-16, seguramente entre esos carismáticos había también mujeres.

 

3.4  Fluidez del texto sin los versículos en cuestión

Veamos cómo quedaría el texto de 14,26-40 sin 34-35. Usaré en este caso la versión de la Biblia de Jerusalén.

 

26 ¿Qué concluir, hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación: pero que todo sea para edificación. 27 Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un intérprete. 28 Si no hay quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Dios. 29 En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen. 30 Si algún otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero. 31 Pues podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados. 32 Los espíritus de los profetas están sometidos a los profetas, 33 pues Dios no es un Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos.  36 ¿Acaso ha salido de vosotros la Palabra de Dios? O ¿solamente a vosotros ha llegado? 37 Si alguien se cree profeta o inspirado por el Espíritu, reconozca en lo que os escribo un mandato del Señor. 38 Si no lo conoce, tampoco él es conocido. 39 Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en lenguas. 40 Pero hágase todo con decoro y orden.

 

Como podemos constatar, la fluidez del texto es perfecta. Incluso entra sin problemas 33b, que la mayoría de los intérpretes une a los dos versículos polémicos. Vemos que no es necesario hacer tal cosa, puesto que el versículo 33 tiene sentido tal como está.

 

4.    Algo de análisis estructural

El estudio de las estructuras manifiestas – tanto de todo el pasaje de 14,26-40 (sin 34-35) como la de los dos versículos polémicos – puede mostrar si se trata o no de unidades completas. Ayudará a comprobar si tienen sentido por sí mismos, tanto el texto sin la interpolación, como también los dos versículos solos.

 

4.1    Estructura de 14,26-40


La estructura manifiesta del pasaje de 14,26-40, sin los dos versículos en cuestión, muestra que el texto no solamente es fluido sino que tiene una estructura concéntrica perfecta. Nada sobra en dicha estructura. Si tratáramos de hacer entrar en ella los versículos 34-35, quedarían fuera de lugar.

 

4.2   Estructura de 14,34-35

Observemos ahora qué pasa con la estructura de los dos versículos polémicos. En este caso presentamos el texto completo, ya que la longitud del mismo lo hace posible.

 

Constatamos que aquí también hay un texto coherente, que forma una unidad consistente en sí misma. Como ya hemos visto en 3.1, la inclusión y el quiasmo en A y A’ redondean el texto perfectamente. Acá tampoco sobra nada.

 

5.   Vocabulario

El texto que estamos estudiando toma palabras y frases de su contexto inmediato y de otras partes de la epístola, pero las utiliza de una manera diferente. Esto podría ser otro argumento para considerarlo como una interpolación[18]. Es decir, si se tratara de una interpolación, el uso de tal vocabulario mostraría un esfuerzo consciente para que el texto se pareciera lo más posible a algo escrito por el apóstol Pablo. Pero, aunque los términos son los mismos, la forma en que están empleados es distinta.

El término gyné (mujer) aparece en 1 Corintios, y en todas las demás cartas escritas por Pablo, siempre en singular, en cambio en 14,34 está usado en plural. Los pronombres y los verbos siguen en plural hasta 35c, donde se pasa al singular y sin artículo. Los términos “mujer” e “iglesia” aparecen ambos sin artículo y en singular. Lo que se está expresando en esta frase es un principio. En 34ab, en cambio, se habla del caso concreto, por lo que se usan los mismos sustantivos con artículo y en plural.

El imperativo sigátosan (callen) es el mismo de 14,28 y 30 pero en 14,34 se lo utiliza en un sentido absoluto, y no sólo con el propósito limitado de que los que hablan en lenguas o profetizan lo hagan por turno.

Dentro del judaísmo, también se exigía que las mujeres estuvieran en silencio durante los servicios religiosos. En la sinagoga estaban en un lugar aparte – tal como anteriormente lo habían estado en el templo – y no podían participar activamente en el culto. Les estaba vedado dirigir la oración o la lectura pública. Se puede inferir de lo que dice el Targum Megillá IV.226 que una de las razones por las cuales se prohibía a las mujeres participar como lectoras era para no avergonzar a los varones analfabetos[19].

Según otros, en la sinagoga judía, la lectura en voz alta no era privilegio masculino, la podían hacer tanto un chico como una mujer[20]. Sin embargo, para guardar el honor de la congregación, a las mujeres no se les permitía leer en público[21]. Uno puede preguntarse qué función podría tener una lectura en privado en un acto público. ¿Sería en voz baja, o en un rincón de la sinagoga? La conclusión más lógica es que una cosa es la letra y otra la práctica. Según la ley, las mujeres estaban autorizadas a hacer la lectura durante el culto, pero en la práctica, con una u otra excusa, se les negaba esa posibilidad. Para las mujeres, este tipo de situaciones suenan demasiado conocidas para resultar sorprendentes.

El infinitivo laléin (hablar) está también en 14,5 y 39, pero en esos casos se identifica la naturaleza del habla: en lenguas o en profecía. Sólo en el versículo 34 tiene un sentido absoluto. Por esta razón, algunos especialistas han pensado que se refiere a un hablar desordenado, molestando e interrumpiendo el culto[22].

El verbo hypotásso (sujetarse, someterse) está también en 14,32. Sin embargo, en 14,34 no sólo está en imperativo, sino que, una vez más, tiene sentido absoluto. No se especifica a qué o a quién deben las mujeres estar sujetas, aunque se puede inferir por el contexto que es a toùs idíous ándras (a los propios esposos). Se ha hecho notar que éste es el único lugar de 1 Corintios donde se reclama la sujeción de un grupo débil socialmente. Y ése es un elemento más en que este texto no concuerda con Pablo, quien suele ser un defensor de los débiles[23]. Por otra parte, Pablo nunca demanda la sujeción de las mujeres a sus esposos. Incluso en el capítulo 7 de esta misma epístola, no hay ninguna referencia a tal cosa, más bien se proclama una sujeción mutua entre el esposo y la esposa en una igualdad de derechos que es sorprendente para la época, y especialmente para el contexto griego[24] al que Pablo estaba escribiendo.

El verbo hypotásso es además una clara referencia a los códigos domésticos (Haustafeln) que se difundieron desde Aristóteles (siglo IV a.C.) y estaban dirigidos principalmente a los varones para que aprendieran a manejar su casa apropiadamente[25]. El cristianismo – como heredero directo del judaísmo y fuertemente influenciado por la filosofía grecorromana –  no podía ser ajeno a este tipo de tradiciones. Los códigos domésticos (Haustafeln) fueron adoptados también dentro del cristianismo[26]. Sin embargo, es notable el hecho de que no se encuentra ninguna Haustafel en las epístolas escritas por el mismo Pablo, aunque sí están en la mayoría de los escritos paulinistas[27].

Por más que la referencia a la Ley (nómos), al final del versículo 34, pueda haber sido tomada de 14,21 o de 9,8, Pablo nunca recurre a la Ley de una forma tan legalista, si se me permite la redundancia. “La razón principal para negar la autoría paulina de 14:34-35 es la invocación a la autoridad de la Ley para fundamentar una actitud moral. Pablo nunca apela a la Ley de esta manera”[28]. En un contexto carismático, como el que describe 1 Corintios 11-14, “suena a incongruencia un argumento que apela a la ley judía”[29].

El infinitivo mathéin (aprender) viene de 14,31 donde está usado en el sentido de que todos aprendan en la iglesia. Aunque no se especifica el lugar, se lo sobreentiende por el contexto. En cambio, en el versículo 35 se está diciendo que las mujeres aprendan solamente en casa.

El término aisjrón (indecoroso, vergonzoso) también aparece en combinación con el dativo gynaikí (para la mujer) en 11,6, aunque aquí se trata de una oración condicional – “y si es vergonzoso para la mujer cortarse el cabello” – mientras que en 14,35c está en el modo indicativo, expresando un principio.

En el vocabulario de estos dos versículos hay además un par de términos que no son habituales en Pablo, o que están usados en este texto de una forma muy diferente:

 

1)    Pablo solamente emplea el verbo eperotáo (preguntar) en Romanos 10,20 en una cita tomada del Antiguo Testamento. De modo que no se trata de un término paulino.

2)    El verbo epitrépo (permitir) no es usual en los escritos de Pablo. Aparte de este pasaje, solamente aparece en 1 Corintios 16,7, pero aquí se trata de una fórmula: eàn ho kýrios epitrépse (si el Señor permite) y el verbo está en subjuntivo aoristo activo y no en indicativo presente pasivo, como en 14,34: ou gàr epitrépetai autáis laléin (pues no les es permitido hablar). Donde sí encontramos este verbo en presente del indicativo (activo en ese caso) es en el pasaje paralelo de 1 Timoteo 2,11-15, más precisamente en el versículo 12, su centro estructural[30]didáskein dè gynaikì ouk epitrépo (enseñar pues a mujer no permito). Estudiaremos más adelante las similitudes entre estos dos pasajes.

 

Como hemos visto, en los dos versículos polémicos se emplea un vocabulario muy similar al del contexto, pero la manera de usarlo es un poco diferente. Si se trata de una interpolación, la única conclusión posible es que su autor trató de imitar el lenguaje paulino para disimular su agregado. Pero se le escapó el detalle de que no estaba utilizando esos términos de la forma habitual en Pablo. Esto es especialmente evidente en que la mayoría de los términos están usados en forma absoluta, es decir, sin modificadores que especifiquen su sentido. Ninguna imitación es perfecta.

 

6.  Relación con 1 Timoteo 2,11-15

Las ideas y el vocabulario del texto que estamos estudiando son similares a los de 1 Timoteo 2,11-15 en muchos aspectos. Dicha epístola, como todas las demás pastorales, son post-paulinas, probablemente de principios del siglo II. Tratan principalmente de las calificaciones y los deberes de líderes y otros grupos de la iglesia. La mayoría de los oficios y funciones mencionados en estas epístolas no corresponden a la iglesia del siglo I sino a la del siglo II. A diferencia de la iglesia igualitaria que vemos en el libro de Hechos y en las epístolas paulinas, la comunidad que se describe en las pastorales es una iglesia institucionalizada, que se está amoldando cada vez más a los modelos de estratificación del Imperio.

 

6.1   Algo de sociología de grupos

Los grupos caracterizados en sus comienzos por el entusiasmo y la libertad van evolucionando hacia una creciente institucionalización. En las cartas pastorales podemos observar una muestra de este proceso de institucionalización. Tal proceso es la consecuencia casi inevitable del crecimiento y de la progresiva complejidad del grupo. Esto va dando cada vez mayor importancia a los líderes de la comunidad, quienes van concentrando en su función directiva los carismas que anteriormente eran patrimonio de toda la comunidad. Al llegar a ese punto, los carismas ya no son un don que viene directamente de Dios, sino algo que se transmite por la imposición de manos[31]. De allí, a la distinción de valor entre clérigos y laicos, y la formulación de teorías como la sucesión apostólica, sólo hay un paso.

 

6.2   Presentación sinóptica de ambos textos

Veremos en primer lugar en forma sinóptica el texto que nos ocupa y su paralelo de 1 Timoteo 2,11-12.

 

1 Co 14,34-35                                                            1 Tm 2, 11-12

 

34 las mujeres 11 mujer en silencio aprenda

(hai gynáikes)                                                             (gyné en hesyjìa manthanéto)

en las iglesias callen;                                                    en toda sujeción

(en táis ekklesíais sigátosan;)                                           (en páse hypotagé ;)

pues no les está permitido hablar,                        12 pues enseñar a mujer no permito

(ou gàr epitrépetai autáis laléin,)                                           (didáskein dè gynaikí ouk epitrépo)

sino que estén sujetas,

(allà hypotassésthosan,)

como también la ley dice.

(kathòs kài ho nómos légei.)

35 y si algo aprender desean,

(ei dè ti mathéin thélousin,)

en casa a sus propios esposos pregunten;                ni ejercer autoridad sobre esposo,

(en óiko toùs idíous ándras eperotátosan;)                               (oudè authentéin andrós,)

pues indecoroso es                                                    .

(aisjròn gàr éstin)

para mujer hablar en iglesia.                                        sino estar en silencio

(gynaikì laléin en ekklesía.)                                        (all’éinai en hesyjía.)

 

 

Como podemos ver, los dos pasajes expresan ideas equivalentes, y es notable la similitud de conceptos entre 1 Co 14,34-35a y 1 Tm 2,11. Ambos dicen casi lo mismo.

No paran ahí las semejanzas entre un texto y otro. También son similares en que ambos recurren a la Torah (la Ley), específicamente a Génesis 3 y el relato de la transgresión de la primera pareja. “Sino que estén sujetas, como también laley dice” (1 Co 14,34d) es seguramente una referencia a Génesis 3,16c: “Hacia tu marido irá tu apetencia y él tedominará” (BJ)[32]. Por su parte, 1 Timoteo 2,15a “Pero será salvada por la maternidad” alude a Génesis 3,16ab “Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos: con dolor parirás los hijos”. Además en 1 Timoteo 2,14 encontramos: “Y Adán no fue engañado, sino que la mujer engañada a fondo en transgresión ha llegado a estar”. Esto es una clara referencia al relato de la transgresión en Génesis 3, según la interpretación del judaísmo, y también del cristianismo del siglo II en adelante. Ambos ponen sobre Eva la responsabilidad principal por el pecado.

En Sirac 25,24, el autor dice, “Por la mujer fue el comienzo del pecado y por causa de ella morimos todos”. Según Filón de Alejandría, el origen de la culpabilidad del hombre fue la mujer (De opificio mundi 151). En el judaísmo rabínico, Eva es representada como tentadora consciente (Jubileos 3:21), y es vista como símbolo de todas las mujeres. Por causa de la vergüenza de su transgresión, las mujeres debían llevar la cabeza cubierta (Genesis Rabbá 17.8). Flavio Josefo, aunque no era teólogo sino historiador, no vacilaba en decir, siguiendo las tradiciones aprendidas en su época de fariseo: “La mujer es en todo inferior al varón. Por ello será en igual medida sumisa, no para humillarse, sino para recibir orientación” (Contra Apión II 24.201). Estas ideas son muy similares a las expresadas en los dos versículos que estamos estudiando, como así también en su paralelo en 1 Timoteo.

Las tradiciones cristianas sobre Adán y Eva no diferían mucho de las del judaísmo anterior. A pesar de que, según el apóstol Pablo, los Padres Apostólicos y la mayoría de los Padres Apologistas, el pecado había sido introducido por Adán, en el cristianismo antiguo, se enfatizó el pecado de Eva como anterior al de su esposo. La falta de Eva fue a menudo disociada de la de Adán y entendida como de efectos autónomos[33]. Las Homilías Pseudoclementinas, de comienzos del siglo III, hacen una tajante distinción entre los dos miembros de la primera pareja. Adán no fue transgresor pues estaba dotado del Espíritu perfecto y masculino de Dios. Eva, en cambio, como principio femenino, era imperfecta y cayó en transgresión[34]. Vemos que las ideas que encontramos en 1 Corintios 14,34-35 y 1 Timoteo 2,11-15 eran populares en la iglesia del siglo II y comienzos del III.

 

6.3   El factor histórico

El autor – o los autores – de los dos textos en cuestión trata de hablar como Pablo, pero le falla la memoria histórica. En las iglesias fundadas por Pablo, las mujeres no sólo hablaban, sino que también profetizaban (como las hijas de Felipe y las profetisas de 1Corintios 11), dirigían la oración (como las mujeres de ese mismo texto), enseñaban (como Priscila) y tenían puestos de autoridad (como Febe, Junia y tantas otras).

El tenor de este texto no es coherente con el contexto eclesiástico de los tiempos de Pablo. Las iglesias paulinas del primer siglo se caracterizaban por el entusiasmo y el énfasis en los carismas, lo cual es evidente en toda la unidad que trata sobre el culto (1 Co 11-14). En cambio, en el siglo II, los carismas ya no son entendidos como un don de Dios para todos, “sino que se concentran en el don dado a los jefes de comunidad (1 Tm 4,14; 2 Tm 1,6), robusteciendo de este modo su autoridad”[35].

 

6.4   De la misma mano

Ambas interpolaciones (1 Co 14,34-35 y 1 Tm 2,11-15a) pueden haber sido escritas por la misma mano.

Muchos hablan de un uso de elementos de 1 Timoteo 2,11-15 en 1 Corintios 14,34-35. “Se trata probablemente de una interpolación, obra de un glosista que se inspiró en el texto análogo de 1 Tm 2,12”[36]. Creo que en realidad se tiene que haber dado el caso inverso. Aun si se tratara del mismo interpolador, tendría que haber escrito primero el texto interpolado en 1 Corintios y luego el de 1 Timoteo. La razón es que los dos versículos agregados a 1 Corintios fueron redactados imitando con todo cuidado el vocabulario y la forma de expresión de dicha epístola, en especial del contexto inmediato, como ya hemos visto en la parte 5, al estudiar el vocabulario de 34-35. El vocabulario similar de la otra interpolación se explica a partir de la primera. Otra razón para pensar en 1 Timoteo 2,11-15a como un texto escrito en base al de 1 Corintios 14,34-35 es que contiene elementos que no aparecen en este último texto, como la prohibición de enseñar (2,12a), y de dominar al varón (2,12b), los argumentos escriturísticos tomados de Génesis 2 y 3 (2,13-14), la maternidad como vía de salvación (2,15a). Un principio básico de las relaciones de dependencia literaria es que el texto más corto es la fuente del que tiene más elementos.

Los Padres de la Iglesia, hasta bien entrado el siglo III, no parecen conocer este texto y la prohibición hecha a las mujeres de hablar en la iglesia. A pesar de que Clemente de Alejandría (m. 215) escribe sobre el comportamiento de varones y mujeres durante el culto, prescribe el silencio para ambos, no sólo para la mujer (Paedagogus 3.1)[37]. En otra de sus obras (Stromateis 4.19), poniendo como ejemplo a la hermana de Moisés – a quien describe como “la asociada del profeta para comandar a la multitud” – Clemente declara que tanto el varón como la mujer necesitan educación y entrenamiento[38]. En todo esto, como vemos, no hay ni un ápice de subordinación.

La referencia más temprana a los dos versículos en cuestión es tal vez la de Tertuliano (160-240), quien los cita textualmente con el motivo de impugnar el derecho de las mujeres a enseñar y bautizar (De Baptismo 15.17)[39]. La otra referencia temprana es la de Orígenes, en un escrito de c.230 donde cita textualmente 1 Corintios 14,35c y también 1 Timoteo 2,12, al argumentar que las mujeres pueden profetizar, pero en privado[40].

Puesto que los Padres de la Iglesia anteriores al siglo III no conocen estos dos textos, podemos inferir que deben haber sido interpolados en esa época. Por eso, no es de extrañar que figuren en todos los manuscritos existentes, ya que, como hemos visto en la parte de crítica textual, el manuscrito más antiguo que existe de los que contienen las epístolas paulinas (el P46) data del siglo III.

Desde épocas bastante lejanas, algunos biblistas han sostenido que 1 Corintios 14,34-35 y 1 Timoteo 2,11-15a habrían sido  interpolados por la misma mano paulinista en la época de la controversia montanista[41].

El montanismo surgió en Frigia, en la segunda mitad del siglo II y se extendió por la zona durante el siglo siguiente. Se trataba de un movimiento cristiano carismático, cuyos miembros alegaban actuar bajo la influencia directa del Espíritu Santo. Por esa razón, no daban importancia a la jerarquía de la iglesia, al ministerio y a la sucesión apostólica[42]. Montano, el fundador de ese grupo carismático, compartía su liderazgo con dos profetisas, llamadas Priscila y Maximila. Según relata Epifanio, los montanistas no hacían distinciones de género, basados en el principio de que en Cristo no hay varón ni mujer, como dice Gálatas 3,28. Entre ellos, las mujeres podían ser líderes y hasta ejercer el cargo de obispos (Panarion 49.2).

Esta clase de espiritualidad carismática había aparecido por primera vez en el cristianismo precisamente en Corinto, y fue criticada por el apóstol Pablo. No es extraño que lo que parece ser la primera interpolación antimontanista fuera insertada justamente en 1 Corintios, en cuyo capítulo 11 los montanistas podían encontrar un fundamento para la actividad de sus profetisas.

En un artículo publicado en 1975, se aportan varios argumentos en favor de la tesis de que 1 Corintios 14,34-35 y 1 Timoteo 2,11-15a pertenecen a la misma mano paulinista, y que fueron interpolados en la primera mitad  del siglo III, la época tardía de la controversia antimontanista[43].

 

1)    Los montanistas mismos no pudieron haber conocido los dos textos en cuestión, porque  ellos tenían gran estima por el apóstol Pablo, y no habrían ido en contra de prohibiciones supuestamente escritas por él.

2)    Los antimontanistas anteriores a Orígenes tampoco conocían estos dos textos. De haberlos conocido, no habrían dejado de usarlos en su controversia con los montanistas.

3)    Tampoco Ireneo (segunda mitad del siglo II) parece conocerlos, ya que cita a Pablo como quien favorecía en 1 Corintios que tanto varones como mujeres profetizaran en la iglesia. Sin duda no conocía 14,34 y la orden dada a las mujeres de callar en ese mismo ámbito.

4)    Tampoco los conocía el autor del apócrifo Los hechos de Pablo y Tecla (c.170), puesto que muestra a Tecla como colaboradora de Pablo, enseñando y evangelizando con la aprobación del apóstol.

 

Los primeros en citar los dos textos fueron Orígenes y Tertuliano a principios del siglo III. Incidentalmente, es notable el hecho de que Tertuliano, quien tanto escribiera en contra de las mujeres y su ministerio, terminó uniéndose a los montanistas, atraído por la espiritualidad y la alta calidad moral de ese grupo[44].

 

7.  Conclusión sobre la interpolación

Por medio de la crítica literaria se puede llegar a lo que no permitía llegar la crítica textual. El aporte de ésta es necesariamente limitado, ya que no tenemos ningún testigo textual anterior al P46, escrito en el siglo III. Para los siglos anteriores, todo lo que tenemos es el testimonio de los escritores cristianos, quienes citaban en sus obras los textos que les servían para su argumentación. Puesto que dos textos que habrían sido sumamente útiles en la controversia antimontanista, como son 1 Corintios 14,34-35 y 1 Timoteo 2,11-15a no fueron usados por los controversistas antes de las primeras décadas del siglo III, podemos inferir que deben haber sido interpolados en esa época. Incluso podríamos pensar con buen fundamento que pueden haber sido agregados con el fin de usarlos en la controversia invocando la autoridad del apóstol Pablo.

En 1859, Catherine Mumford, cofundadora – junto con su esposo William Booth – del Ejército de Salvación, decía refiriéndose a 1 Corintios 14,34-35:

 

¿Cómo es que, entonces, este único pasaje aislado ha sellado por siglos los labios de las mujeres, y ha silenciado “el testimonio de Jesús, (que) es el espíritu de profecía” que les fue dado a ellas? …. Seguramente, en alguna parte hubo inexactitud, “astucia”, y adulteración de la Palabra de Dios[45].

 

En lo único que esta preclara mujer se equivocaba es que en la época en que se produjo la “adulteración”, las escrituras cristianas aún no eran consideradas como “Palabra de Dios”. Es decir, aún no se había fijado un canon inamovible de escrituras consideradas inspiradas e intocables. Por lo tanto, era frecuente que las relecturas entraran como parte del texto al hacerse la siguiente copia manuscrita, o que se agregaran pasajes que respondían a las necesidades de determinadas iglesias.

Probablemente el interpolador eligió colocar su texto entre los versículos 33 y 36 porque pensó que “como en todas las iglesias de los santos” era una buena introducción para una norma eclesiástica. Pasó por alto el hecho de que la pregunta retórica de 36a invalidaba lo dicho previamente. Los escribas que colocaron el texto en cuestión después del versículo 40 seguramente lo hicieron al ver lo inapropiado que quedaba el texto antes de dicha pregunta retórica[46].

 

8. Análisis del texto canónico

Por más que 1 Corintios 14,34-35 sea una interpolación, “el hecho de que las afirmaciones no procedan directamente de Pablo no resuelve el problema, pues de todas maneras aparecen en la redacción final de la carta que conservamos en el canon”[47].

Puesto que este texto forma parte del canon bíblico, no podemos descartarlo sencillamente porque pueda ser una interpolación. Tenemos que analizarlo como texto canónico que es. Sin embargo, al admitirlo como tal, es necesario ver qué pasa con la evidente contradicción que existe entre este texto y la actividad de las mujeres carismáticas de la iglesia de Corinto, documentada dentro de la misma epístola, en 11,2-16. Se han hecho diversos intentos para armonizar estos dos textos.

 

8.1   Intentos de armonización

Juan de Valdez, protestante español del siglo XVI, hizo una interpretación, asombrosa para su época, que enfatiza las limitaciones en la aplicación de 1 Corintios 14,34-35. Se trataría de una orden dada exclusivamente a mujeres casadas, y entre ellas, sólo a las que tuvieran esposos cristianos que, además, fueran tan “diestros y entendidos” en la doctrina cristiana como para enseñar a otras personas. Todas las demás mujeres estarían excluidas del cumplimiento de los preceptos de este texto[48].

Estos dos versículos no estarían contradiciendo la práctica implícita en 11,2-16 del papel de las mujeres en la iglesia, en cuanto a la profecía y la oración pública. No se estaría prohibiendo el ministerio público de las mujeres, sino adaptando el ministerio de las mujeres casadas a las obligaciones hacia sus esposos impuestas por la cultura grecorromana. La “ley” sería entonces una referencia a Génesis 3,16 que prescribe la subordinación de la mujer a su esposo. Dentro del contexto de las reglas para el uso de los carismas, el silencio impuesto a las mujeres casadas no sería diferente al que se le impone a los que hablan en lenguas (14,28) o a los profetas (14,30). También en este contexto, el laléin (hablar) del versículo 34 se referiría, como en toda esta parte, al ejercicio de los carismas, y aisjrón (indecoroso, vergonzoso) debería entenderse en el contexto del comportamiento aceptable para una esposa[49].

La distinción entre el papel en la iglesia de las mujeres casadas y de las solteras puede parecer una solución para armonizar 14,35.35 con 11,2-16, y muchos exégetas de renombre se han plegado a esa teoría[50]. Pero la solución es sólo aparente. Las solteras estaban bajo la autoridad paterna, y mucho más limitadas que las casadas, puesto que se las preparaba para el matrimonio. “La distinción entre mujeres solteras y casadas es anacrónica”[51].

Otro intento de armonización sostiene que ambos textos no se contradicen, porque el tema en cuestión en 14,34-35 no es el ejercicio de los carismas (como en 11,2-16), sino la enseñanza y la discusión relacionada con ella. La orden dada a la mujer de guardar silencio proviene “de su dependencia dentro de la igualdad con respecto al hombre que ha sido la voluntad del Creador mismo, como lo muestra Gen 2,18-24”. La analogía de esta relación sería la del Hijo de Dios, quien a pesar de ser igual al Padre, está en dependencia de él, lo cual no constituye ningún deshonor[52]. Una variante de este mismo intento de armonización es que Pablo estaría prohibiendo que las mujeres participaran en juzgar las profecías de los demás, pero, como dice en 11,2-16, ellas mismas podrían profetizar[53].

Un intento más de armonización es la teoría de que en 14,35-35 Pablo cita la afirmación de un grupo opositor, o una de las cuestiones presentadas en la carta recibida de esa iglesia, a la que Pablo estaba respondiendo. Las preguntas retóricas del versículo 36, estarían refutando esa creencia, y Pablo realmente apoyaría la participación de las mujeres durante el culto[54]. Esta teoría se basa en el uso de la partícula adversativa  (generalmente traducida como “¿acaso…?”) al comienzo de la primera pregunta retórica del versículo 36. El argumento no parece muy sólido. De hecho es el más débil de todos los intentos de armonización.

Es imposible obviar el hecho de que los dos versículos en cuestión contradicen la práctica de la profecía y la oración comunitaria a cargo de mujeres, según 11,2-16. Los intentos de armonizar ambos pasajes, son sólo eso, intentos.

 

8.2   La sospecha como método

Un axioma de la crítica de géneros y formas es que los textos prescriptivos no dan cuenta de la realidad, sino de cómo el autor cree que debería ser esa realidad. Por lo tanto, lo que podemos deducir del texto que estamos estudiando es que, al menos en las iglesias a las cuales está dirigido, las mujeres no se callaban, no estaban sujetas, y aprendían por medio de participar en el intercambio de ideas que se daba durante el culto, no preguntando las cosas a sus esposos al volver a casa.

Las mujeres tenían una cierta medida de poder, y eso es precisamente lo que los líderes varones estaban tratando de suprimir. Dentro del contexto social del Imperio Romano, las mujeres tenían muy poco poder, especialmente en las provincias griegas[55]. Las iglesias cristianas eran uno de los pocos espacios donde las mujeres podían “salir de su situación subalterna y llegar a actuar como sujetos. Se convirtieron en protagonistas en vez de objeto de debate”[56]. En las iglesias, las mujeres gozaban de algo de libertad y de un trato en cierta medida igualitario, gracias al modelo que Jesús había dejado, a declaraciones de líderes importantes como Pablo (Gálatas 3,28) y al liderazgo de mujeres notables, como María Magdalena, Febe o Priscila. Esta situación, que obviamente iba en contra de las costumbres de la época, no duró mucho. A medida que la iglesia se fue institucionalizando y amoldando a los modelos del Imperio, el papel asignado a las mujeres se fue restringiendo. Desde mediados del siglo II en adelante, se volvieron a convertir en objeto de debate.

 

8.3  El papel determinante de la Intertextualidad

Debemos analizar este texto canónico a la luz de toda la Biblia, es decir en su intertextualidad. La Biblia, como tal, es un texto que se extiende desde el primer versículo de Génesis hasta el último de Apocalipsis. Como texto que es, tiene sus propios ejes de sentido, sus propias isotopías. Uno de esos ejes, o isotopías, es el amor de Dios hacia todas sus criaturas, condensada en 1 Juan 4,8 “Dios es amor”. Un amor que es evidente desde el relato de creación en Génesis 1, y que fue el fundamento de todo el ministerio de Jesús. Otra isotopía de la Biblia es que Dios es liberador. Desde el conocido ejemplo de la liberación en el éxodo, hasta la liberación de todo mal en el Apocalipsis.

¿Cómo encaja 1 Corintios 14,34-35 en esas dos isotopías principales? ¿Es acaso un texto de amor y liberación? Creo que la respuesta a estas preguntas es más que obvia.

El “criterio de discernimiento” de un texto canónico es precisamente “el espíritu del canon en su totalidad”[57].

 

8.4   Conclusión

El texto de 1 Corintios 14,34 35 no armoniza con las isotopías de amor y liberación, ni con el modelo de comunidad que nos dejó Jesús. En realidad responde a una situación coyuntural en la historia de la Iglesia y es demasiado “cultural” para no resultar sospechoso. Las cosas que vienen de Dios suelen ser contraculturales, como bien lo muestran los dichos y hechos de Jesús.

Leer en 1 Co. 14.34-35 una declaración universal para todas las mujeres y en todas las épocas es ir contra el evangelio de Jesucristo y contra el mismo espíritu de las cartas del apóstol Pablo. Es este autor, más que ningún otro, quien hace referencia a la participación activa de la mujer en las primeras comunidades cristianas. El capítulo 16 de Romanos es una prueba de ello[58].

La normatividad de un texto bíblico no está dada porque esté en la Biblia y forme parte del canon[59]. El texto de 1 Corintios 14,34-35 no armoniza con el plan de Dios. Este plan fue revelado en los ejes de sentido que recorren toda la Biblia, y especialmente en la actuación de Jesús durante su ministerio. No debemos dejarnos engañar por tradiciones humanas y elementos de la cultura que se puedan haber introducido subrepticiamente en la Biblia. Precisamente para ser fieles a Dios y a su propósito, no hay que vacilar en afirmar que este texto no es normativo para los cristianos.

 

9.  Hermenéutica

El informe de las Naciones Unidas “El estado de la población mundial 2000”, publicado en Septiembre del mismo año, concluye que la tarea más urgente en favor de los derechos humanos es terminar con la discriminación de que son víctimas –en mayor o menor medida– las mujeres de todo el mundo. A pesar de los cambios ocurridos en el siglo XX, tal discriminación continúa formando parte de todas las culturas. Los estereotipos de género se inculcan desde la más tierna infancia, y están en el inconsciente de cada persona. Por eso los cambios resultan tan difíciles.

La mentalidad patriarcal ha forjado todo un conjunto de juicios sobre la mujer …. Y tales creencias se hallan tan arraigadas en nuestra conciencia que condicionan nuestra forma de pensar hasta un punto tal que muy pocos de nosotros estamos dispuestos a reconocerlo[60].

“Toda sociedad construida sobre una profunda desigualdad genera mecanismos ideológicos –definiciones sexuales– que justifican y legitiman esa desigualdad.”[61] Las definiciones sociales del sexo se van formando con el tiempo y varían según la situación del patriarcado. El poder de las elites masculinas permite que dichas definiciones se reproduzcan y se reajusten continuamente. Los individuos de la elite son los que definen el mundo e imponen sus definiciones sobre los grupos dominados. “Las definiciones sociales son las definiciones de las elites dominantes.”[62]

Podemos preguntarnos qué hace la iglesia, o las iglesias, para remediar, al menos en parte, esa situación de injusticia a la que está sometida la mitad de la humanidad. Triste es reconocer que la iglesia hace muy poco. Aun las iglesias más progresistas van bastante a la zaga de las conquistas sociales de las mujeres. Sin embargo, esto no debería extrañarnos. Los miembros de las jerarquías eclesiales forman parte – o al menos son aliados – de las elites dominantes.

En el tren de la historia de occidente, la iglesia siempre ha sido el vagón de cola. Invariablemente es el último espacio en el que se producen los cambios que la sociedad ya ha asumido años atrás. Y cuanto más grande y más poderosa es una iglesia, más tarda en asumir esos cambios.

Es notable el hecho de que en su diálogo con la cultura, cada vez que la iglesia ha concedido algo, esto ha significado un retroceso. Del movimiento contracultural e igualitario de Jesús, se pasó a una institución cada vez más jerárquica, que iba copiando los modelos del imperio de turno. Existe un abismo entre la iglesia descripta en el libro de Hechos y la iglesia de hoy en día.

Otro ejemplo de retroceso es la situación de las mujeres en la iglesia. En el movimiento de Jesús, y en la iglesia primitiva, las mujeres ocupaban posiciones de liderazgo, profetizaban, enseñaban, y hasta eran apóstoles. Durante los siglos II y III, la iglesia fue limitando el papel de las mujeres hasta que, siglos después, su papel quedó reducido al de meras espectadoras, las más insignificantes de todos los laicos. Ni siquiera el oficio de las viudas, que se limitaban a servir a otras mujeres, perduró más allá de la temprana Edad Media. Si eso no es retroceso, no sabría cómo llamarlo.

Me pregunto qué pensará Jesús al ver que la mayoría de los líderes eclesiales, que se han proclamado seguidores suyos, han acabado con todo lo que él logró a favor de las mujeres . . .

 


[1] Giuseppe Barbaglio, Pablo de Tarso y los orígenes cristianos (Salamanca: Sígueme, 1989) 188.

[2] Por un estudio exhaustivo de varios de los pasajes que se sospechan como interpolaciones (incluido el que estamos estudiando), ver: Jerome Murphy-O’Connor, “Interpolations in 1 Corinthians”: Catholic Biblical Quarterly 48 (1986) 81-94.

[3] Cf. Beatriz Melano Couch, La mujer y la iglesia (Buenos Aires: El Escudo, 1973) 43.

[4] Según Straatman, la autenticidad de este texto es dudosa (NTG26 p. 466)

[5] Philip B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus, and 1 Cor 14.34-35”: New Testament Studies 41 (1995) 251.

[6] Kurt y Barbara Aland, The Text of the New Testament  An Introduction to the Critical Editions and to the Theory and Practice of Modern Textual Criticism (Grand Rapids: Eerdmans, 1986) 106.

[7] P.B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus, and 1 Cor 14.34-35”, 251-260.

[8] Philip B. Payne, “MS. 88 as Evidence for a Text without 1 Cor 14.34-35”: New Testament Studies 44 (1998) 152-158. Este artículo incluye una copia del ms. 88* donde es posible constatar la existencia de las barras dobles.

[9] Bruce M. Metzger, A Textual Commentary on the Greek New Testament (Londres/Nueva York: United Bible Societies, 1971) 565.

[10] P.B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus, and 1 Cor 14.34-35”, 241-242.

[11] Ibid., 241-244. En este artículo de Payne (p. 261) hay una copia del códice Fuldensis en la que se pueden ver todas las características citadas.

[12] Bruce M. Metzger, The Text of the New Testament. Its Transmission, Corruption and Restoration (Oxford: Clarendon, 1964) 37-38.

[13] Ver la obra de Metzger citada arriba; también, Ben Witherington, “The Antifeminist Tendencies of the ‘Western’ Text in Acts”: Journal of Biblical Literature 103/1 (1984).

[14] Cf. René Krüger, Severino Croatto, Néstor Míguez, Métodos Exegéticos (Buenos Aires: ISEDET, 1996).

[15] J. Murphy-O’Connor, “Interpolations in 1 Cor”, 90.

[16] Para facilitar el análisis estructural, en todas las instancias en que se cita el texto que estamos estudiando estoy usando mi propia traducción, que será lo más literal posible y respetando la posición de los términos en la frase, aunque para ello sea necesario forzar la sintaxis del español.

[17] Leonardo Boff, Eclesiogénesis: Las comunidades de base reinventan la Iglesia (Madrid: Sal Terrae, 1980) 120-121.

[18] Philip B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus, and 1 Cor 14.34-35”, 246-247.

[19] Según S. Krauss, citado por Salo W. Baron, Historia social y religiosa del pueblo judío, vol. II (Buenos Aires: Paidós, 1968) 427, n.23.

[20] Strack-Billerbeeck, vol. IV, 157, citado en Uta Ranke-Heinemann, No y amén. Invitación a la duda (Madrid: Trotta, 1998) 249.

[21] P. B. Payne, “Fuldensis, Sigla for Variants in Vaticanus, and 1 Cor 14.34-35”, 247.

[22] Irene Foulkes, citada por Elsa Tamez, “Pautas hermenéuticas para comprender Ga. 3.28 y 1 Co. 14.34” RIBLA 15 (1993) 15.

[23] Salo Baron, Historia social y religiosa del pueblo judío, 256.

[24] Corinto era una ciudad griega, aunque fuertemente romanizada. La población era una mezcla de gente de habla latina y gente de habla griega. Por un estudio comparativo entre el papel de las mujeres en la sociedad romana y en la griega, ver Wendy Cotter, “Women’s Authority Roles in Paul’s Churches: Countercultural or Conventional?”: Novum TestamentumXXXVI, 4 (1994) 358-370.

[25] Marga Janete Ströher, “Entre a afirmaçâo da igualdade e o dever da submissâo. Relaçôes de igualdade e poder patriarcais em conflito nas primeiras comunidades cristâs” Estudos Bíblicos 67 (2000) 37-41; Cf. David L. Balch, Let Wives Be Submissive: The Domestic Code in 1 Peter (Chico: Scholars Press, 1981).

[26] Dentro del NT se encuentran en  Col 3,18-4,1; Ef 5,21-6,9; 1 Tm 6,1-2; Tt 2,1-10; 1 P 2,11-3,9.

[27] Las epístolas auténticas de Pablo son: 1 Ts; Ga 1 y 2 Co; Fl; Flm; Rm. Las paulinistas son pseudoepígrafos, atribuidos a Pablo, pero escritos por discípulos o seguidores suyos. Tal vez se podría hablar de una escuela paulinista. Estos escritos pseudoepigráficos son: Col, Ef, 2 Te, 1 y 2 Tm y Tt.

[28] J. Murphy-O’Connor, “Interpolations in 1 Cor”, 91.

[29] Horacio Lona, “El rol de la mujer en la tradición paulina”: Proyecto 18 (1994) 30.

[30] Ver la estructura de este texto en mi artículo “Infiel es esta Palabra. 1 Timoteo 2,9-15”: RIBLA 37 (2000).

[31] Horacio Lona, “El rol de la mujer en la tradición paulina”, 35 y 40-41.

[32] Feuillet sostiene que la referencia a la Ley en 14,34 no tiene que ver con Génesis 3,16 sino con 2,18-24. según él, este texto identifica al varón con el Logos divino, porque da nombre a los animales y a la mujer. Ésta, en cambio, es identificada con el Espíritu Santo, puesto que es fuente de vida: A. Feuillet, “La dignité et le rôle de la femme d’après quelques textes pauliniens: comparaison avec l’Ancien Testament”: New Testament Studies 21 (1975) 165-167.

[33] Antonio Orbe, Introducción a la teología de los siglos II y III, T. I (Roma: Gregoriana, 1987) 308.

[34] Ibid., 324-325.

[35] Horacio Lona, “El rol de la mujer en la tradición paulina”, 32.

[36] Giuseppe Barbaglio, Pablo de Tarso, 105, n.9. Así también J. Weiss, Der erste Korintherbrief (Goettingen: Vandenhoeck and Ruprecht, 1970) 342-343.

[37] A. Roberts y J. Donaldson, Ante-Nicene Fathers, vol II (Edimburgo: T. & T. Clark, 1989) 290.

[38] Ibid., 431-432.

[39] Ibid., vol. III, 677.

[40] José Alonso Díaz, “Restricción en algunos textos paulinos de las reivindicaciones de la mujer en la Iglesia”: Estudios Eclesiásticos 50 (1975) 80-81.

[41] Pierre de Labriolle, “Mulieres in ecclesia taceant. Un aspect de la lutte antimontaniste” Bulletin d’ancienne littérature et d’archéologie chrétiennes (1911) 3-24; 103-122; H. Delafosse, “La première épître aux Corinthiens”, “Les épîtres pastorales” en J. Turmel (ed.), Les écrits de Saint Paul (Paris: 1926 y 1928); José Alonso Díaz, “Restricción en algunos textos paulinos de las reivindicaciones de la mujer en la Iglesia”.

[42] John D. Zizioulas, “La comunidad cristiana primitiva”en McGinn-Meyendorff-Leclercq (eds.), Espiritualidad cristiana. Desde los orígenes al siglo XII (Buenos Aires: Lumen, 2000) 58-59.

[43] José Alonso Díaz, “Restricción en algunos textos paulinos de las reivindicaciones de la mujer en la Iglesia”, 86-88. Este autor toma muchos de sus argumentos de Delafosse, “La première épître aux Corinthiens”, “Les épîtres pastorales”.

[44] John D. Zizioulas, “La comunidad cristiana primitiva”, 58.

[45] Catherine Mumford de Booth, Ministerio femenino. El derecho de la mujer para predicar el Evangelio (Buenos Aires: Ejército de Salvación, 1986) 38 (las cursivas son parte del texto).

[46] J. Murphy-O’Connor, “Interpolations in 1 Cor”, 92.

[47] Elsa Tamez, “Pautas hermenéuticas para comprender Ga. 3.28 y 1 Co. 14.34”, 15.

[48] Juan de Valdez, La primera epístola de San Pablo apóstol a los Corintios (Venecia: Philadelpho, 1557) 267-268, citado en E. Earle Ellis, “The Silenced Wives of Corinth (1 Cor. 14:34-35)”: Eldon Jay Epp & Gordon D. Fee (eds.) New Testament Textual Criticism. Its Significance for Exegesis. Essays in Honour of Bruce M. Metzger (Oxford: Clarendon, 1981) 216-217.

[49] E. Earle Ellis, “The Silenced Wives of Corinth (1 Cor. 14:34-35)”: Eldon Jay Epp & Gordon D. Fee (eds.) New Testament Textual Criticism. Its Significance for Exegesis. Essays in Honour of Bruce M. Metzger (Oxford: Clarendon, 1981) 218.

[50] Además del ya citado Earle Ellis, ver: Stephen C. Barton, “Paul’s sense of Place: An Anthopological Approach to Community Formation in Corinth”: New Testament Studies 32 (1986) 225-246; Elisabeth Schüssler Fiorenza, En memoria de ella. Una reconstrucción teológico-feminista de los orígenes del cristianismo (Bilbao: Desclée de Brouwer, 1989) 285-286.

[51] J. Murphy-O’Connor, “Interpolations in 1 Cor”, 91.

[52] A. Feuillet, “La dignité et le rôle de la femme d’après quelques textes pauliniens”, 167-168 (las cursivas son del autor).

[53] James B. Hurley, “Did Paul Require Veils or the Silence of Women? A Consideration of I Cor. 11:2-16 and I Cor. 14:33b-36”: Westminster Theological Journal 35 (1973) 190-200.

[54] D.W. Odell-Scott, “Let the Women Speak in Church. An Egalitarian Interpretation of 1 Cor 14:33b-36”: Biblical Theological Bulletin 13 (1983) 90-93; Robert W. Allison, “Let Women Be Silent in the Churches (1 Cor. 14.33b-36): What Did Paul Really Say, and What Did It Mean?”: Journal for the Study of the New Testament 32 (1988) 27-60.

[55] Wendy Cotter, “Women’s Authority Roles in Paul’s Churches: Countercultural or Conventional?”, 358-369.

[56] Irene Foulkes, “Conflictos en Corinto: las mujeres en una iglesia primitiva”: RIBLA 15 (1993) 108.

[57] Elsa Tamez, “Pautas hermenéuticas para comprender Ga. 3.28 y 1 Co. 14.34”, 16.

[58] Ibid., 11.

[59] Rosemary Radford Ruether, Sexism and God-Talk: Toward a Feminist Theology (Boston: Beacon, 1983) 19-24; Elsa Tamez, “Pautas hermenéuticas para comprender Ga. 3.28 y 1 Co. 14.34”, 17; ver mi artículo, “Hermenéutica feminista”Alternativas 11-12 (1998) 106.

[60] Kate Millet, La política sexual (Madrid:Aguilar, 1975) 62.

[61] Rosa Cobo Bedia, “Género” en Celia Amorós (ed.) 10 palabras clave sobre mujer (Estella: Verbo Divino, 1995) 65.

[62] Ibid., 66-67.

 

Sobre la autora:


Cristina Conti, biblista. Enseña Nuevo Testamento, Mundo Bíblico y Griego en el seminario Escuela de Cadetes del Ejército de Salvación, en Buenos Aires. Ha dado cursos y talleres en EEUU, Chile y otros países. Ha publicado artículos en libros colectivos y en las revistas teológicas RIBLA y Alternativas.

 

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