Elsa Tamez: “El pecado estructural del patriarcalismo muestra una maquinaria social enferma”


 

ALC- José A. Paz
La Habana, viernes, 28 de mayo de 2010

Elsa Tamez es imán y yugo. Imán por esa capacidad de encantadora de serpientes con que deja escapar, con una suavidad increíble, el dulce sonido de la flauta de sus palabras. Yugo, porque subyuga al más levísimo contacto con la anchura de su pensamiento; discutible, pero amplio como esas llanuras donde se puede correr sin el temor a tropezar y caer por las cercas.

Ella estuvo por Cuba. Uno de esos talleres de Ciencia Bíblicas que la llevan por distintos lugares de este mundo, inquietando desde la magnitud del amor por la Palabra, la trajo una vez más a la Isla. Con ese aire de diosa maya que tiene, yo la tomé de la mano y la llevé a pasear por su propia infancia.

“Crecí en una familia muy pobre, pero muy linda, allá en México. Era tan pequeñita mi casa que casi me crié en la calle, descalza y jugando. Éramos cuatro hombres y cuatro mujeres. Nací cristiana por sangre desde mis tatarabuelos. En el aula era la diferente, a veces percibía que me veían como un bicho raro por mis creencias, pero defendía la fe.

“Aunque hace años que soy metodista, crecí en una iglesia Presbiteriana, la única que había en mi barrio de la Ciudad de  Monterrey. Ir los domingos al culto se convertía en una fiesta. Allí, en la Escuela Dominical, me daban lápices de colores que en casa no tenía y en las Escuelas Bíblicas de Verano hacíamos manualidades y eso me encantaba.

“Recuerdo que mi mamá nos premiaba con una monedita cuando sacábamos un diez en la escuela y yo, como era aplicada, pues las reunía y con ellas, desde entonces, daba mi diezmo.

“De manera que la iglesia vino a convertirse en nuestro espacio social. No sé qué hubiera sido de nosotros sin ella en un barrio de alto riesgo, drogas y prostitución. A mi madre le agradecemos haber estudiado los ocho hermanos, a la iglesia el enseñarnos a fomentar los valores.”

-Y a esa edad, siendo pobre, ¿con qué se sueña?

“Yo soñaba con ser química. Con un primo mío jugábamos a hacer experimentos. Pero luego la realidad impuso la pregunta clásica: con qué me iba a pagar los estudios. De manera que a instancias de un hermano mío me fui a estudiar teología al Seminario Bíblico de Costa Rica, y ahí comienza otra parte de mi historia.”

-¿Y tenía algo que ver la química con la teología?

“No sé. Fue un asunto de necesidad impuesta por mi realidad y mi contexto. Luego estudié literatura y lingüística que me han gustado mucho y me han servido, quizás, para desentrañar la química que hay en la Biblia. ¡Quién iba a imaginarse que aquella niña que corría por las calles, descalza, iba a llegar a hacer un doctorado en Ciencias bíblicas!”

-Sé que está inmersa en el complejo mundo de la traducción bíblica al lenguaje de las señas para sordos, como parte de las nuevas metas de Sociedades Bíblicas Unidas. ¿Qué tan complejo puede resultar ese afán, cuando cada país tiene un sistema de señales distinto?

“Hay que trabajar según las señas de cada país, porque, como sabes, no existe un único sistema. De manera que tienes que hacerlo dependiendo de la familia lingüística que se trate. Entonces resulta una tarea muy engorrosa, pero apasionante. Traducir solo el Antiguo Testamento a una sola de esas lenguas de señas puede llevarte diez años.

“Estamos hablando de un proceso lento, pero importante y necesario. Tenemos el concepto errado de que porque el sordo ve, puede leer. Sabemos que cuando se trata de una sordera profunda, de nacimiento, la lengua castellana se convierte para la persona en un mundo de signos extraños y tiene que aprender en un proceso mucho más lento, como una segunda lengua. Y si sus padres son oyentes y no emplean la lengua de señas, también sus hijos asumen su idioma de forma tardía.”

-¿Tiene SBU personas con ese tipo de discapacidad integradas a su equipo profesional de traductores?

“Se insertan cuando se crea el proyecto. Yo trabajé, por ejemplo, en la traducción de algunas porciones de la Biblia en el lenguaje de señas costarricense, que se llama LESCO. Hicimos un proyecto piloto y en el equipo todos eran sordos menos yo. El coordinador era una persona brillante. Pero el asunto está en que, además de capacidades, hay que tener un dominio de la lingüística y hasta ahora Sociedades Bíblicas no se ha abierto a una persona sorda como parte oficial de su staff, pero el director del área nuestra, que radica en Inglaterra, nos ha dicho que tiene en perspectiva incluir, en unos dos años, un consultor sordo, porque ellos estarían más capacitados para trabajar con traductores sordos que traducen a su lengua de señas.”

-Ese tema nos lleva a una palabra muy actual en estos días. ¿Cómo Elsa Tamez entiende, en su doble condición de cristiana y lingüista, el término “inclusión”?

“Significa, ante cualquier otra definición, que todos somos hijos e hijas de Dios. Creo que no se trata de una palabra, sino de una actitud práctica en la que todo ser humano, independiente de su diferencia, quepa. Que muchas organizaciones mundiales en estos momentos no tengan todavía en sus equipos a personas con algún tipo de discapacidad, habla de que no se ha avanzado mucho.”

-El tratamiento de la temática de género, a muchos niveles, no incluye la diversidad sexual como una diferencia también atendible. SBU ha hecho una Biblia para la mujer, la Ishá, una para los jóvenes, la H2O… ¿considera que sería capaz de hacer una para personas con una opción sexual diferente? Me estoy refiriendo, de manera específica, a los públicos gay y lésbicos.

“Las Sociedades Bíblicas Unidas están al servicio de todas las iglesias evangélicas y católicas, en una gama que puede ir desde pentecostales hasta reformados. Incluso, cuando traducimos a alguna lengua indígena es porque las iglesias de esa región lo han solicitado. No es que Sociedades Bíblicas lleguen a un lugar y digan: ‘Vamos a traducir la Biblia al Nasa Yuwe’, por ejemplo. No, son las comunidades Nasa, de Colombia, la que la piden. Y, a partir de ese momento, se comienza entonces una investigación de cuántos hablantes existen en esa lengua y de las necesidades reales de su utilidad antes de tomar una determinación.

“Las iglesias ahorita no están sensibles a ese asunto, ni las evangélicas ni las católicas, que considero es una temática importante si hablamos de una verdadera inclusividad, pero dudo que lo pidan.

“También déjame aclararte que estoy hablando por mí, porque yo soy apenas solo una consultora de Sociedades bíblicas, pero te aseguro, conociendo a las iglesias como las conozco, que eso no va a ser posible… por ahora.”

-Cuando se menciona su nombre, en algún espacio de debate, inmediatamente se le asocia a usted con una mujer que ha defendido el papel de la mujer dentro de la Biblia, pero también desde fuera, es decir, desde la sociedad. ¿Es Elsa Tamez una feminista a ultranza?

“Depende  de qué entendamos por ‘ultranza’. Para la gente, de modo general, son las mujeres que están en contra de los hombres. Pero el término, viéndolo en su parte positiva, pudiera referirse a la presencia de las mujeres abusadas y oprimidas en lucha por la reivindicación de sus derechos, pero no en contra de los hombres. Yo veo en la realidad latinoamericana, que es totalmente patriarcal y machista, que cada día crecen los asesinatos femeninos y eso es terrible. Por más que hemos avanzado y ocupado varios espacios la equidad no ha acontecido y lo que creo, y quizás pueda ser criticada por algunas feministas que no comparten la idea, es que hay que trabajar las masculinidades. Es decir, la identidad machista hay que decontruirla desde ella misma, en tanto es una identidad falseada; en el momento en que los hombres asuman una identidad no fabricada y terminen con ella para asumir una nueva masculinidad, habrá menos crímenes.

“Para mi la lucha contra las mujeres golpeadas, abusadas y asesinadas debería ser hecha por hombres y mujeres. Creo que la cuestión está en que debemos buscar el SUMAK KAWSAY . Este es un término quechua que acabo de aprender en Ecuador y que me gusta mucho. Se trata de un “buen vivir” en armonía, una relación equilibrada donde nadie se superpone a nadie, ni entre los seres humanos de distintos géneros, ni entre seres humanos y la naturaleza.”

“Ello sí sería una lucha verdadera por la justicia. Yo leía hace poco en una publicación española un artículo que ahora no recuerdo su autor, donde se decía que en la lucha por alcanzar la justicia tú puedes llegar a matar, pero ese no es el asunto. Se requiere tener una ética del cuidado. Entender que todos los componentes de esa lucha son importantes y no el simple hecho de ganar por ganar una causa.”

-Vivimos obsesionados ahora con el “nosotros y nosotras, laicos y laicas…”, luchando, denodadamente, contra una lengua materna que es de pura raíz patriarcal. Si aceptamos lo que afirman los marxistas de que el lenguaje es la envoltura del pensamiento, le pregunto a usted como lingüista: ¿Tiene alguna fórmula para salvar ese abismo?

“Uno trata de usar términos que engloben, digamos con estética, ese abismo del que hablas. Quizás, en lugar de hombres y mujeres, preferiría el vocablo personas o seres humanos, que alivian, pero no curan. Nuestro lenguaje es de esencias puramente machistas, entonces no tocamos fondo cuando usamos una terminología que, en lo concreto, no funciona. Si en lugar de las terminaciones ‘os’ o ‘as’ pudiéramos conveniar, por ejemplo, poner una ‘es’, sería genial, diríamos “todes” en lugar de todos y todas, pero eso sería ir contra la gramática misma de la lengua, estaríamos cambiando morfemas…”

“Pero ¡cuidado!, el hecho de que una persona hable en términos inclusivos no necesariamente quiere decir que tiene una actitud a favor de las mujeres, porque yo he conocido hombres muy machistas que tratan de hablar así para que sus criterios sean aceptados en círculos donde estamos nosotras; entonces el lenguaje se convierte solo en una especie de vitrina.

“Por eso, en mi opinión, hay que trascender ese fenómeno puramente lingüístico. Es importante el lenguaje, nadie lo cuestiona, pero más significativa es una actitud consciente, porque te voy a decir algo, ya en las nuevas generaciones se nota. Por ejemplo, cuando dices ‘Y todos los niños…’, enseguida salta una vocecita y dice: ‘Y las niñas también…’ Entonces creo que una nueva conciencia se va fomentando, de a poco, en un proceso que parte de la necesidad del reconocimiento y la aceptación de las diferencias. De modo que son las actitudes los elementos modificadores que, a la larga, favorecerán el exterminio de esas prácticas de discriminación, porque el pecado estructural del patriarcalismo muestra, hoy, una maquinaria social enferma.”

-Por obvia, esta pregunta pudiera parecer tonta, pero más allá de un ejercicio intelectual que le permite ganarse los frijoles, ¿qué es la Biblia para usted?

“Un libro donde encuentro revelación de Dios, no la revelación de Dios, porque él se manifiesta en muchas partes y de muchas maneras y criterios, que me pueden ubicar en cómo comportarme hoy día; criterios que me digan dónde hallarlo, cuando hay muchas cosas que no lo son y se aclaman como Dios. También cómo debo caminar, cómo hacer mejor la historia. La Biblia no es un manual. Hay que entender que ha sido escrita por seres humanos en una cultura determinada en la cual hay que trabajar el contexto para tratar de ver criterios que nos puedan servir de luz, hoy o mañana, dependiendo siempre de las circunstancias. Por eso, digo que la Biblia es como agua fresca porque en ella encontramos sentidos que nos ayudan a vivir y a sobrevivir en medio de los tiempos presentes.”

-Quiero volver al punto inicial: su infancia. ¿Qué queda de aquella niña descalza, y feliz, o feliz y descalza, que corría por aquella barriada mexicana?

“Pienso que sigo siendo la misma. Tengo claro que no soy pobre ya. Una académica tiene un buen salario, pero aquella manera de vivir me marcó de tal modo que no soy apegada a las cosas materiales. Me atrevo a decir que si tuviera que regresar a la pobreza de mi infancia no entraría en crisis. Yo le doy gracias a Dios, todos los días, por haberme dado aquella vida, en aquel barrio, que fue como la raíz desde donde crecí y crezco.

“Creo que también me quedan ganas de jugar, solo que ahora no tengo tiempo.”

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(Tomado de ALCNoticias.net)

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