La Iglesia Católica Romana y la Iglesia Anglicana: Una breve reseña histórica



Por El Rdo. Pierre W. Whalon
Traducido del inglés por Adela Gomez

 

Durante el primer milenio de la existencia de la iglesia, solamente había una iglesia. La Iglesia de Inglaterra era una parte de la Iglesia Católica que había existido en la Gran Bretaña desde el segundo siglo AD. Hasta el séptimo siglo, la Iglesia en las Islas Británicas gozaba de una gran independencia de Roma. Después de la división entre la Iglesia Oriental y la Iglesia Occidental, en el año 1054 AD, la iglesia inglesa era todavía parte de la Iglesia Occidental bajo la autoridad del Papa como obispo principaL El primer indicio de que los ingleses no se consideraban totalmente bajo el dominio de Roma es la famosa línea en la Carta Magna: La Iglesia Anglicana (Ecclesia Anglicana) será libre.

Lo que preparó el terreno para el desarrollo del anglicanismo fueron los problemas con la sucesión del trono inglés. Después que Enrique VII acabó con sus rivales en la sangriente guerra civil conocida como La Guerra de las Rosas, él y sus descendientes de la familia Tudor tenían un gran temor al retorno de la inestabilidad de aquella época. Su hijo Enrique VIII contrajo matrimonio con una princesa española, Catalina de Aragón, después de la muerte de su esposo, Arturo, que era el hermano mayor de Enrique. Poco después, ella dio a luz una niña, María. Enrique, hombre muy religioso, comenzó a creer que su matrimonio con la viuda de su hermano había provocado la ira de Dios, puesto que la unión no había producido un hijo, y por lo tanto no tenía un heredero adecuado. Comenzó a analizar sus opciones, especialmente después de haber conocido a la bella cortesana, Ana Bolena.

En aquel tiempo, Enrique VIII era gran partidario del papado y había proporcionado fondos monetarios al Papa y enviado tropas para ayudar la causa de Roma. Además, Enrique VIII expresó su propia condenación del luteranismo. En el 1521, Enrique se ganó el título de Defensor de la Fedebido a sus esfuerzos. Este título lo han conservado todos los monarcas ingleses desde esa época. Cuando él determinó que su matrimonio con la viuda de su hermano era teológicamente inapropiado, le pidió al Papa que anulara el matrimonio. Desafortunadamente, el Papa Clemente VII, era de la familia Medici, y había perdido una guerra contra Carlos V, que era enemigo de Enrique y sobrino de Catalina y era su prisionero cuando le presentaron la petición de Enrique.

Los propagandistas de ambos lados han tratado de presentar a Clemente o a Enrique en una forma honorable en este asunto. Los dos contribuyeron al desenlace final. Enrique se declaró la Cabeza Suprema de la Iglesia de Inglaterra en la Tierra, obtuvo la anulación de su matrimonio aprobada por Tomás Cranmer, su Arzobispo de Catórbery y prosiguió a convertirse en un megalómano y asesino. Habían suficientes precedentes para otorgarle la anulación que Enrique había solicitada. Clemente lo hubiera otorgado si no hubiera estado enmendado en sus propias intrigas. El hecho de que príncipes como Clemente llegaban a ser Papas es una de las razones principales que condujo a la Reforma Protestante.

 

La Iglesia de Inglaterra y la Iglesia de Roma
Estos acontecimientos, animados por las políticas crueles del Enrique y Clemente, produjeron una pugna entre los monarcas de la familia Tudor y el papado, lo cual preparó el camino de lo que es hoy el cristianismo anglicano. Cuando Enrique separó la Iglesia de Inglaterra del dominio de Roma, sin darse cuenta le dio esperanza al pueblo dentro y fuera de Inglaterra que deseaba reformar la iglesia según las ideas de Lutero. Después de la muerte de Enrique VIII su Arzobispo de Cantórbery, Tomás Cranmer, publicó el primer Libro de Oración Común en diciembre del 1549. Este es el intento clásico de una iglesia católica que busca reformase en este caso la Iglesia de Inglaterra. El primer Libro de Oración representó una etapa del desarrollo de la Reforma adaptada por los ingleses: remontándose a la iglesia primitiva como un modelo de la liturgia y la teología, la adoración en el idioma del pueblo, un énfasis en escuchar las Escrituras leídas y explicadas en inglés, comunión para todos del Cuerpo y la Sangre, proporcionándoles a los cristianos una estructura para las oraciones diarias. Un segundo Libro de Oración influenciado por los teólogos reformados fue publicado en 1552.

Maria Tudor, la hija de Enrique y Catalina, le siguió a Eduardo en el trono y volvió a implantar al catolicismo romano en Inglaterra. Fue durante su reinado que dio la orden de quemar en la hoguera a Cranmer y a muchos miembros de la iglesia acusados de heréticos, así fue como se le conoció como Maria la Sanguinaria. Cuando murió María, Isabel I, la hija de Enrique y Ana Bolena, pasó a ser reina. Inmediatamente, tuvo que luchar para legitimar su derecho al trono. Optó por no acceder ni a los que apoyaban al papado, ni tampoco a los protestantes de segunda generación que estaban enamorados de la teología calvinista. Restauró el Libro de Oración de 1552 con algunos cambios que le quitaron el énfasis reformista. Desde entonces, El Libro de Oración Común ha sido el fundamento del anglicanismo.

Después de la última vez que el Papa Pío V trató de remover a Isabel del trono por la fuerza sin lograrlo, la excomulgo en 1570. Los ingleses partidarios del papa se convirtieron en enemigos. En 1588, a petición del papado, España envió una armada de buques y tropas para conquistar a Inglaterra. La derrota española confirmó a los partidarios de Isabel que su iglesia tenía el favor divino. Esto también intensificó la persecución de los católicos romanos en Inglaterra. Una gran enemnistad se produjo entre las dos iglesias que ha perdurado hasta nuestra era.

Isabel trajo a la Iglesia de Inglaterra de nuevo el modelo católico reformado que se usaba durante el reinado de Eduardo. Aunque no podía abrir ventanas en las almas de los hombres, demandaba la uniformidad en la liturgia. Eventualmente, se convirtió en la tradición de la libertad de creencia y conciencia de la cual disfrutan hoy los anglicanos. Fue también la primera vez que una forma nacional del cristianismo occidental se desarrollara con éxito. La Comunión Anglicana hoy en día se compone de 36 iglesias nacionales independientes. Cada una representa una adaptación local del catolicismo reformado que es el anglicanismo.

La forma de un catolicismo reformado
El Arzobispo de Cantórbery de Isabel, William Whitgift, era una persona muy capaz y se dedicó a buscar eruditos para desarrollar el fundamento teológico de este catolicismo reformado. Durante una generación, la Iglesia de Inglaterra contaba con un gran cuerpo de teólogos y eruditos bíblicos que publicaron La Biblia de King James, El Libro de Oración Común de 1662 y obras maestros de la teología, tales como Las Leyes de la Política Eclesiástica de Richard Hooker. El anglicanismo ha mantenido una tradición de excelencia escolástica y ha hecho accesible sus frutos.

Uno de los jóvenes más prometedores de la época de Isabel, Juan Jewel, en su Apología de la Iglesia de Inglaterra enunció la base que ha dado al anglicanismo su enfoque particular. El efecto de la Reforma en la Iglesia Inglesa no fue la introducción de novedades teológicas, dijo Jewel, pero el restaurar la Iglesia Católica de Inglaterra a la iglesia primitiva de los antiguos padres y apóstoles, que es la base y el principio de la Iglesia de Cristo. Al contrario de las iglesias reformadas continentales, la Iglesia de Inglaterra y las iglesias independientes que componen la Comunión Anglicana nunca han tenido un teólogo principal que determine su pensamiento, estructura y doctrina.

Finalmente, otro aspecto del anglicanismo que Isabel instituyó es el papel de los laicos en el gobierno de la iglesia. Isabel rechazó al titulo de Cabeza Suprema, y eligió el título de Gobernador. Suprema, que es el titulo usado en la actualidad por su sucesora la Reina Isabel II. Como gobernador laico de la iglesia, el monarca es responsable del bienestar de la iglesia, especialmente en asuntos seculares. (Sin embargo, la autoridad de la Reina termina en las costas de la Gran Bretaña. Cada iglesia anglicana es responsable de su propio gobierno.) El papel de los laicos en el gobierno de la Iglesia Episcopal Americana en todos los niveles, por ejemplo, es el resultado directo de este principio, el cual restablece la antigua costumbre de la iglesia de elegir a los obispos con votos de los clérigos y laicos.

Raíces Comunes, Caminos Divergentes
Así es que comparar el catolicismo romano y el anglicanismo es comparar dos comuniones mundiales cuyas similitudes reflejan sus raíces comunes y sus diferencias reflejan los caminos divergentes que tomaron cuando se reformaron. Ambas iglesias usan las liturgias antiguas, oficiadas por clérigos ordenados por obispos, los cuales han sido consagrados conservando cuidadosamente la sucesión apostólica de la iglesia antigua. Ambas iglesias leen Biblias que incluyen los Libros Apócrifos. Ambas recitan el Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno como base de sus creencias. Ambas administran los siete sacramentos. Ambas tienen órdenes monásticas, que fueron restablecidas en el siglo XIX.

La reforma constante de Roma, comenzó en el Concilio de Trento y ha tratado de purificar y fortalecer su catolicismo intensificando en formas cada vez más fuertes, el concepto medieval del papel del Papa como la figura central en la tierra que guarda e interpreta el orden y la fe cristiana. La reforma constante de las iglesias anglicanas ha sido la de mantener el orden y la fe católica, dispersando la autoridad y el papel del Papa entre los obispos, los clérigos y los laicos Esto representa el esfuerzo constante de restaurar la vida eclesiástica de la iglesia primitiva, tal como la perciben. En este sentido, los católicos romanos y los anglicanos representan los intentos opuestos de reformar y conservar la fe de sus raíces comunes. En otras palabras, la diferencia básica entre el anglicanismo y el catolicismo romano sigue siendo No Papa.

Desde luego, que esta explicación es un poco sencilla. La mayoría de los anglicanos (pera no todos) en la actualidad están dispuestos a reconocer que el Obispo de Roma tiene un papel importante en el mundo cristiano, hasta el punto de permitirle hablar por ellos en materias básicas, pero rechazan la idea de que el Papa tenga autoridad legal sobre ellos. Esto quiere decir que el Papa tiene el mismo papel que el Arzobispo de Catórbery, o sea, le aceptan como un símbolo de unidad y autoridad moral Los católicos romanos no aceptan esto puesto que su tradición ha mantenido la idea que la comunión con Roma requiere aceptar la autoridad del Papa sobre las diócesis locales. Tienden a ser recelosos de la libertad de la Comunión Anglicana y su carencia de una figura central que toma las decisiones (aunque algunos católicos romanos preferirían una estructura similar en sus iglesias).

La unidad, las diferencias y el ecumenismo
Las otras diferencias entre el anglicanismo y el catolicismo romano se derivan de esto. Los anglicanos creen que sus diferencias son provisionales, o sea una forma de ser cristiano cuando la unidad de la iglesia se rompe. Buscan la solución de los problemas de sus respectivas culturas nacionales mediante las adaptaciones prácticas de lo que creen que los cristianos primitivos hicieron o hubieran hecho. Los anglicanos sienten la necesidad de unir las iglesias y es por eso que comenzaron el movimiento ecuménico. Por otro lado, los católicos romanos creen que ellos son la iglesia verdadera y necesitan manter la fe lo más uniforme posible por todo el mundo. La unión de otros cristianos con Roma (a pesar del progreso) continua bajo la condición de que reconozcan la necesidad de aceptar al papado tal como existe en la actualidad.

Viviendo con diferencias en la fe
La historia de la relación entre las dos iglesias ha sido de lucha. Los anglicanos y los católicos romanos se han matado los unos a otros en el pasado y continua» repitiendo algunas propagandas del pasado. Hoy en día, muchos católicos romanos creen que Enrique VIII comenzó una religión nueva porque el Papa Clemente justamente se negó a aprobar su divorcio para satisfacer sus deseos carnales. Algunos anglicanos todavía consideran a Roma como la ramera de Babilonia del Libro de Apocalipsis. Sus similitudes son más numerosas que sus diferencias. Cada una tiene mucho que aprender de las experiencias de la otra y reflexionar sobre la vida en fe en contextos diferentes. Nos vemos tentados a pensar en lo que hubiera pasado si Enrique VIII y Clemente VII hubieran sido mejores seguidores de Jesús. Pero Dios ha permitido que las dos iglesias continúen y prosperen. Solo nos queda la esperanza que un día los anglicanos y católicos romanos aprendan a celebrar sus diferencias como un enriquecimiento providencial de la fe católica que siempre han compartido.

Obispo Whalon da la bienvenida a comentarios o a preguntas sobre este artículo. Usted puede escribirle en bppwhalon@aol.com.


THE RT REVD PIERRE W. WHALON es Obispo a Cargo de la convocación de iglesias anglicanas americanas en europa.

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(tomado de http://anglicansonline.org)

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