JAVIER GAFO SJ, PIONERO DE BIOÉTICA Y FE


By Juan Masiá.

In memoriam: décimo aniversario

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(Conferencia-homenaje a Javier Gafo en el décimo aniversario de su muerte, Madrid 22, febrero, 2011)

El cinco de marzo se cumplirá el décimo aniversario del fallecimiento de Javier Gafo. Recordando al entrañable amigo y profesor, fundador de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas, diseñaré un esbozo de su aportación pionera para una Bioética en perspectiva de fe, con el deseo de reavivar la motivación para prolongar su legado y hacerlo fructificar.

No repetiré aquí las evocaciones sobre su personalidad y su papel pionero en la bioética española y latinoamericana, suficientemente ponderadas en la voluminosa recopilación de homenaje, que publicó en 2002 la U. P. Comillas (Véase: Jorge José Ferrer-Julio Martínez, eds., Bioética: Un diálogo plural. Homenaje a Javier Gafo Fernández, SJ).

Para integrar los saberes que convergen en la bioética como “punto de encuentro”, Javier Gafo estaba profundamente convencido de la necesidad del diálogo. Mencionaré cuatro rasgos dialogales de su vida y obra: pedagogía, comunicación, hermenéutica y espiritualidad.

Metodología dialogante

En sus clases y publicaciones, Gafo se apeaba pedagógicamente del tecnicismo investigador. En seminarios interdisciplinares, debatió sobre las primeras fases del desarrollo embrionario, las complejidades médico-legales de la interrupción de tratamientos o el cuidado paliativo de pacientes terminales. Dedicaba tiempo a precisar el estado de la cuestión, aclarar confusiones y deshacer malentendidos. Pedagogía para aclarar: es el primer rasgo de su aportación a la renovación de la moral teológica y a la promoción de la bioética en el ámbito de habla hispánica.

Otra situación estimulante: los medios de comunicación. Javier Gafo se arriesgaba, sin negarse a responder a los requerimientos del periodismo. Se le daba bien conversar en televisión y sus estudios de biología le facilitaban manejar con soltura los aspectos científicos de la ética. Elena Ochoa, en su programa, le alabó diciendo: “Usted no habla como un cura”. Era buen conversador y comunicador. Su presencia en los medios para dialogar en tertulia favorecía una bioéticadialoganteLa bioética nació precisamente como conversación: diálogo de ciudadanía, en contextos de pluralidad, para buscar juntos valores éticos en que converger de cara al futuro de la humanidad.

Otra situación vital: “Ha marcado, decía, mi presencia en la bioética el encargo que hizo la Conferencia Episcopal a la Universidad de Comillas de organizar un Seminario Interdisciplinar sobre problemas de bioética, en el que tuve la misión de su coordinación. Las ponencias de ese seminario fueron publicadas en un libro, Dilemas éticos de la medicina actual”. Como catalizador y punto de encuentro de las diversas especialidades, Gafo organizó y editó los doce primeros seminarios. Solía incluir una ponencia histórica y, antes de entrar en los debates éticos, dedicaba tiempo al planteamiento de los datos científicos. Pero no bastan los datos de la historia o de las ciencias. Hay que interpretarlos. Este tercer rasgo metodológico es la hermenéutica: desde la historia y desde la ciencia, reflexionar para interpretar.

Cuarta situación: Javier Gafo fue párroco en la iglesia de san Francisco de Borja, de los jesuitas, en Madrid, dio cursillos prematrimoniales, dictó conferencias de formación y tuvo consultorio pastoral. En numerosos artículos de divulgación en torno a la sexualidad, su espiritualidad daba peso a su ética, invitando a meditar para revisar actitudes básicas ante la vida. (Me permito remitira a la publicación -disponible próximamente en la web, para su descarga gratuita enBubok.com – de una antología de textos de Javier Gafo sobre sexualidad, ética y teologia, que edito como homenaje en su décimo aniversario: http://www.bubok.com/libros/200498/Sexualidad-y-Etica

La conjugación de estos cuatro elementos -aclarar, conversar, interpretar y meditar- fue el secreto de su dedicación bioética, punto de encuentro de personas, de problemas y de saberes. Gafo replanteó la Moral o Ética médica y la Deontología, cuyas clases fueron las primeras que comenzó a impartir, reorientándolas en forma de Bioética. “Es, dice, un enfoque distinto: más desvinculado de opciones éticas de inspiración religiosa, más integrador de planteamientos éticos diversos y plurales y, al mismo tiempo, más abierto a una problemática nueva y compleja, tanto por el progreso de las ciencias biomédicas como por la misma evolución de la sociedad” (Dilemas, vol. I, p. 9).

Con ese enfoque interdisciplinar ejecuta Gafo en la U. P. Comillas (1985-86) el proyecto organizado por las Comisiones episcopales para la Doctrina de la Fe y la de Relaciones interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, en el que participan más de 45 especialistas -médicos, moralistas, sociólogos, juristas, psicólogos, filósofos y biólogos de varias pertenencias universitarias -desde la Universidad privada de Navarra hasta la de Comillas, pasando por Salamanca, la Complutense o la Autónoma-. Fue el primero de los encuentros que originó la citada serie de Seminarios.

Seminarios interdisciplinares

La colección Dilemas éticos de la medicina actual confirma el citado enfoque:

  1. Necesidad de aclarar.

Cuando se celebró el tercer Seminario sobre el derecho a una muerte digna, estaba en los medios y en la calle la posible despenalización de la eutanasia. Con anterioridad a los debates parlamentarios en que se politiza la discusión por razones electoralistas, Gafo percibía la necesidad de dialogar serenamente, en la calle o entre especialistas, deshacer malentendidos e iluminar la cuestión antes de optar a favor o en contra. Encargó ponencias historicas, antropológicas, juridicas y éticas, reservándose una sobre la tradición católica y la “Nota sobre Eutanasia”, del Episcopado español (Javier Gafo (ed.), Dilemas éticos de la medicina actual, Universidad Pontificia Comillas, Madrid, vol.3, 1990. Me estoy refiriendo a esta colección con el título Dilemas y el número y fecha del volumen respectivo).

Otro campo, en que las confusiones exigen pedagogía, es la reproducción asistida, las primeras fases del desarrollo embrionario y las manipulaciones biotecnológicas de la vida naciente. Gafo había aclarado esos temas en su libro de 1987 (J. Gafo, ¿Hacia un mundo feliz? Problemaas éticos de las nuevas técnicas reproductoras humanas, Sociedad de educación Atenas, Biblioteca básica del cryente, Madrid, 1987). El Seminario de 1998, que no gustó en ciertos ambientes eclesiásticos, profundizó estas cuestiones, destacando una ponencia importante de Diego Gracia sobre El estatuto del embrión. (Dilemas, vol. 11 (1998).

b). Necesidad de dialogar.

La participación en el segundo Seminario de Pedro Laín Entralgo, médico, filósofo, historiador y humanista, consagraba el talante del debate bioético como conversación plural, educada y amistosa, en el seno de una sociedad democrática. Gafo veía así el Seminario interdisciplinar: “Crear un foro de diálogo, amistad y conocimiento entre especialistas en todos estos temas. En este camino deseamos seguir avanzando, aportando desde nuestras convicciones cristianas una reflexión abierta a otras cosmovisiones” ( Dilemas, vol. 2 (1988), p. 10).

  1. Necesidad de interdisciplinariedad.

Ante el creciente interés por los temas bioéticos en la década de los ochenta, lo significativo del paso de la Ética Médica o Deontología Médica a la Bioética no era mero cambio de nombre, sino enfoque distinto: “Más desvinculado de opciones éticas de inspiración religiosa, más integrador de planteamientos éticos diversos y plurales y, al mismo tiempo, más abierto a una problemática nueva y compleja, tanto por el progreso de las ciencias biomédicas como por la misma evolución de la sociedad” ( Dilemas, vol. 1, 1986, p. 9).

Se menciona siempre en las introducciones a la Bioética el papel pionero del oncólogo Potter, promotor del puente interdisciplinar entre ciencias y valores humanos, y el obstetra Hellegers. Impulsofr de la bioética clínica. Gafo conjugaba ambos orígenes de la Bioética a la hora de tratar problemas como la protección del medio ambiente. Reciente aún el mensaje de año nuevo de Juan Pablo II sobre la fe en la creación y sus repercusiones para la promoción de la paz y la conciencia ecológica, el quinto Seminario interdisciplinar se ocupaba de Ecología y Bioética. Gafo lo inauguraba diciendo: “Se ha roto el marco estrecho y limitado de la medicina liberal, no sólo porque se ha pasado a una medicina socializada, sino porque se ha creado la convicción de que la propia vida del hombre es inseparable de la Biosfera, en la que se encuentran sus raíces más profundas y en la que está esencialmente implicado” (Dilemas, vol. 5 (1991), p. 9).

En el Seminario sobre La deficiencia mental, reitera Gafo la importancia de la amplitud de miras de una Bioética que no se reduzca a remodelar cosméticamente la ética médica tradicional sobre relaciones entre pacientes y profesionales sanitarios. Gafo consideraba el tema ecológico, del año anterior, y el tema de la discapacidad, tratado ese año, como un “giro importante” en la orientación de los Seminarios. “La preocupación ética por la vida no puede prescindir de la vida en general, amenazada por un desarrollo tecnológico no sensible al medio ambiente… La Bioética tiene que ser sensible a los problemas de las personas con deficiencias mentales…” (Dilemas, vol. 6 (1992), p. 11).

Respondiendo al reto tecnocientífico, el tema de 1993 fue Ética y biotecnología. En la Salamanca de Fray Luis, pregunta Gafo: “¿Qué norte guiará la nave al puerto?”… “¿Qué reflexión ética y humana puede guiar hacia el puerto de la prosperidad esta nave de la Nueva Genética?”. Pero no convoca solo a biomedicina, historia y ética. Tambnien llama a los juristas.

Prosigue, en 1994, la temática genética, con el diagnóstico prenatal. Otro pionero, Francesc Abel, fundador del Instituto Borja de Bioética en Barcelona, reflexionó desde la perspectiva de quien reúne en una misma persona la doble cualificación de ginecólogo y doctor en Teología Moral. Repetía Gafo, su preocupación por conjugar técnica y arte. “Tomar como punto de partida los conocimientos de la ciencia, la experiencia de los que trabajan en la investigación, para desde allí buscar una respuesta ética a una apasionante problemática: sólo hay buena ética con buenos datos.”. (Dilemas, vol. 8, 1994, p. 9-10).

  1. Necesidad de espiritualidad.

Técnica y arte han de conjugarse en la deliberación ética. La hermenéutica se ejerce sobre el material de datos históricos, biopsicológicos, sociológicos o jurídicos, pero también es arte y actitud espiritual. Al final de un seminario sobre eutanasia, justificaba Gafo el título: La eutanasia y el arte de morir. “Arte de morir”, porque la sociedad actual tiene el reto de elaborar la vieja sabiduría medieval, expresada en un género literario, que llevaba precisamente el nombre de ars moriendi.” (Dilemas, vol. 4 (1990), p. 11).

En 1995, más de una década antes de la actual Ley sobre Dependencia, se trataba sobre Ética y ancianidad. Gafo no quiso limitar la discusión a políticas sociales o a la distribución de recursos según variables de edad de usuarios. Quiso una ponencia desde la espiritualidad sobre actitudes cristianas en atención a los pacientes ancianos: pensar desde la espiritualidad actitudes básicas de “respeto a la dignidad de todo ser humano, cualquiera que sea su edad, … la importante aportación social de los ancianos, poco mensurable desde criterios de producción y eficacia” (Dilemas, vol. 9, 1995, p.13).

Un año después abría Gafo con textos de san Juan de la Cruz una Jornada sobre Trasplantes de órganos. Estaba convencido de que la causa de los trasplantes es inseparable de un cambio de actitudes ante la vida y la muerte y, sobre todo, de nuevos talantes de generosidad, solidaridad y, últimamente, de amor”. Se ha dicho que el movimiento bioético rejuvenecíó a la ética en la década de los setenta. Con Gafo, podemos decir que la espiritualidad rejuvenezca a la bioética.

El Seminario décimotercero, Bioética y religiones -El final de la vida-, marcó un giro hacia la mutua implicación de bioética y espiritualidades. Junto a las perspectivas católica, protestante, islámica, judía, hinduista y budista, hubo aportaciones sobre Epistemología moral en la teología católica y Religión y Ética.

Recogiendo el legado de Gafo

Hasta aquí los primeros 13 volúmenes, editados por Gafo. El volumen 14, preparado por él, vio la luz póstumamente editado por Juan Ramón Lacadena.(Dilemas, vol. 14 (2001), P.13). Los sucesores en la Cátedra han mantenido la antorcha. El Seminario de 2000, sobre transgénicos, conjugaba aspectos científicos, legales y éticos. Sigue el de 2001 sobre Derechos de los animals ( Dilemas, vol. 14 (2001), P.13), en el 2002, sobre Comités de Bioética, y al año siguiente, en el Seminario sobre Células troncales humanas. El vol. 18, editado por Masiá, recién enviado desde la Universidad Sophia (Tokio), a petición del Rector de Comillas, para encargarse de la Cátedra de Bioética, prosigue la línea de Gafo: “Evitar los fundamentalismos, tanto científicos como religiosos; cuidar la exactitud científica y la aportación filosófico-teológica de tal manera que ambas se libren de convertirse en ideologías; integrar así las éticas de máximos y las de mínimos” (J. Masiá (ed.), Pruebas genéticas. Genética, Derecho y Ética, vol. 18 de la col. Dilemas, U. P. Comillas, 2004, p.10). En el volumen 19, Masiá evoca la desazón de Javier Gafo en sus últimos días por censuras de instancias eclesiásticas neoconservadoras. Hay que ir unos pasos más allá de los dados por Gafo a la hora de disentir en la iglesia.

Tras el cese de Masiá, en 2005, la Cátedra ha continuado en la línea de su fundador, dirigida por Javier de La Torre, que ha organizado y editado en los años siguientes la coleccion iniciada por Gafo. En el prólogo al volumen citado, afirmaba así Masiá la continuidad: “1. Tomar en serio los datos científicos antes del debate ético. 2. Libertad para confrontar diversos enfoques éticos, conjugando respeto a las personas con crítica a las opinions. 3. Tener presente el referente teológico, como aportación de ética de máximos y conjunto de criterios y orientadores, incluso al disentir..

Medicina y Ética, hermanas

Medicina y Ética, son hermanas; al menos en la Cátedra de Bioética. Diagnóstico médico y discernimiento ético, son hermanos: integran conocimiento, habilidad y virtud. Mala medicina y mala ética se asemejan: recetar sin diagnosticar o calmar síntomas sin averiguar causas es tan malo terapéuticamente como en ética las prohibiciones que absolutizan normas e ignoran valores y circunstancias. Mala medicina, si no diagnostica; peor ética, si no se discierne. Médicos y científicos amigos de Gafo reiteran dos eslogan: “ni buena ética sin buenos datos, ni ciencia sin conciencia”. El recorrido por los volúmenes del seminario anual lo confirma.

Hoy nos preguntamos: ¿Dónde estamos? ¿Ciencia y sociedad estarán siendo manipuladas la por mera aportación de datos, sin deliberación para interpretarlos? La moral teologica, ¿diagnosticara antes de discernir? Hay que replantear, como aprendimos de Gafo; no tratar solo síntomas con soluciones precocinadas. La cuádruple metodología -aclarar, dialogar, interpretar y meditar- camina sin llegar a la meta; no puede describirla, pero ofrece brújula y mapas para orientar. Este talante resuena en quienes compartieron sesiones de estudio, reuniones de departamento, elaboración de tesis y seminarios de investigacion con Javier Gafo. Su pedagogía aclaraba confusiones y deshacía malentendidos. Hay que ponerse en lugar de diversos interlocutores explicitar los modos de pensar puestos en juego; avanzar en el proceso de discernir y revisar las actitudes básicas subyacentes, apelando al mundo de la espiritualidad para dar densidad a la reflexión.

Saber estar en la frontera

Javier Gafo sintonizó con la actitud y pensamiento del famoso moralista y bioeticista norteamericano del siglo XX, Richard Mc Cormick SJ, cuyo obituario escribió: vivir en la frontera de la reflexión teológica y el reto científico. Fue tambien pensador; sin reduccionismo científico ni teológico, reflexionó conjugando secularidad y religiosidad. Así lo comentaba el profesorado del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Sofía, reunidos con él en Tokyo para un seminario sobre genética. Su equilibrio entre ética de mínimos y máximos, entre secularidad y religiosidad, suscitó eco en un auditorio plural e interreligioso.

En su obra póstuma, Bioética teológica, publicada por su succesor Julio Martínez, vemos el panorama de una ética de la vida apoyado en fundamentación razonable; su doble vertiente secular y religiosa; los criterios bíblicos; y la participación cristiana en el debate bioético, con una interpretación correcta, respetuosa y crítica, de las directivas del magisterio eclesiástico.

En debates entre colegas le propusimos un mayor distanciamiento de lo teológico; pero él insistía en el equilibrio de su espiritualidad fronteriza. Por eso mantuvo el término “Bioética teológica”. El adjetivo no es reductor; ni opone lo teológico a lo científico o a lo humano. No hace una bioética impuesta por la fe heterónomamente; ni se reduce a repetir citas de magisterio eclesiástico. Como decía Mc Cormick, no es una razón sustituída por la fe, sino orientada y motivada por ella.

Desde que, en 1979, publicó su tesis doctoral sobre el aborto y el comienzo de la vida, hasta su obra póstuma, Gafo fue coherente: partir del estado científico de la cuestión; antes de las conclusiones éticas, cerciorarse de los datos y pensarloss; ni sin la ciencia, ni sólo con ella, sino con una reflexión compartible intedisciplinar e interculturalmente; y remitiéndose a la teología como inspiración y orientación,

La opción por repensar

Gafo vivió el postconcilio, sus entusiasmos y crisis, y la tensión de marcha atrás, sobre todo en España. Rahner yaavizoró en el horizonte eclesial el invierno, cuyo frío congela medio siglo después a la Iglesia. Pero el diciembre glacial abriga semillas primaverales y quisiéramos compartir el optimismo de Gafo, “a pesar de los pesares”. Con el Concilio llegó a la Iglesia católica, con retraso secular, una reforma que se estaba echando de menos hacía mucho tiempo. El miedo a la “reforma” hizo que se hablase de “renovación”, como hoy sigue hablando el entonces Prefecto de la CDF y hoy Papa Ratzinger. A fines de los años sesenta las revistas teológicas trataban el tema con títulos como, por ejemplo, “¿Reforma o renovación?” En inglés, se debatía entonces sobre los matices diferentes de reform y renewal. En los años setenta, la teología de vanguardia ve que no basta renovar, sino hay que revisar. La reacción de las dos décadas siguientes, desde elInforme sobre la fe de Ratzinger (1984), hasta hoy, orquesta la sinfonía ortodoxa con acordes de restauración, involución o ”restauracionismo”, sobre todo en el campo de la moral. El mismo camino que recorrieron los estudios bíblicos, desde una interpretación literalista (¡que tantos problemas ocasionó!) hasta una lectura histórico-crítica, es el que hoy debería recorrer -y a buen paso, para no llegar tarde y salir de la quiebra- la moral católica, si es que quiere ser fiel a sus raíces. Hoy, ya en el siglo XXI, es asignatura pendiente refundar y recrear la teología. Y para eso hay que repensar. Hoy el lema tendría que ser, prolongando el legado de Gafo: “repensar para renovar” (Me permito remitir al librito Quiebra o conversion, descargable en la web, en Bubok ( http://www.bubok.com/libros/188470/QUIEBRA-O-RECONVERSION–La-moral-teologica-en-apuros )

Durante los últimos 25 años un cúmulo abrumador de documentos, con desigual cualificación doctrinal, ha ido ocultando los textos conciliares y, en el peor de los casos, desactivando la fuerza de los retos actuales que planteaba la constitución Gaudium et spes. Hoy Gafo tendría quizás que dar un paso más e ir más lejos, para despejar las cenizas del brasero eclesiástico invernal, soplar para avivar los rescoldos y hacer revivir el fuego que desencadenó en 1962-65 aquella explosión del Espíritu en la Iglesia.

En las clases de Gafo, así como en sus cursos o conferencias de índole pastoral o de divulgación ético-científica, incluso en sus homilías, percibimos a menudo su preocupación por sacar a su auditorio -alumnado, público general o feligresía- de toda clase de estrecheces mentales. Su pedagogía iba conduciendo a sus oyentes paulatinamente hacia lo alto, hacia lo ancho y hacia lo hondo. Hacia lo alto, para ver desde un punto de vista abarcador la pluralidad de problemas que no deben confundirse, sino aclararse. Hacia lo ancho, para tener en cuenta a la totalidad de personas y perspectivas implicadas en cada caso, que han de influenciarse mutuamente en el diálogo y la interdisciplinariedad. Hacia lo hondo, para situarse en la dimensión de profundidad de las actitudes básicas subyacentes a las decisiones, allí donde la espiritualidad se cruza en perpendicular con la ética. Con este sentido del método, el diálogo, la interpretación y la espiritualidad, su manera de implicarse en el campo de la moral de la vida desembocaba obviamente en una bioética educadora, fronteriza, global y profunda.

El pionero bioeticista español perteneció a comisiones de índole civil que reunían las condiciones para ser evaluadoras de Bioética (Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, Comité de Expertos en Bioética y Clonación, Comité para el Estudio del Estatuto del Embrión Humano), independientes, pluridisciplinares y pluralistas. Pero tenía que hacer equilibrios para mantener la seriedad y rigor científicos sin ignorar las tomas de posición del magisterio eclesiástico. Éste, a partir de los noventa, acentúa el involucionismo y trata las cuestiones bioéticas mezclando prejuicios ideológicos, por razones de política civil o eclesiástica.

Javier Gafo había sido reconocido como teólogo y experto en Bioética por la Conferencia Episcopal Española y miembro de su ComisiónTeológica de 1988 al 2000. Da testimonio de ello su Bioética Teológica, publicada póstumamente en la colección de la Cátedra de Bioética de la U. P. Comillas. .

Gafo matiza cuidadosamente su postura; a la vez que refleja las dificultades en que se encontraba, muestra su talante prudente. En este punto, no es extraño que quienes, además de recoger su legado y proseguir tras sus huellas, confronten la situación presente en la sociedad y en la iglesia, se vean obligados, aun disintiendo del maestro, a ir un poco más lejos que él en audacia para cuestionar muchas cuestiones controvertidas (Así es el caso de los escritos, publicados por cierto con censura eclesiástica, por J. Masiá, Bioética y Antropología, U. P. Comillas, 1998, segunda edición, 2004; La gratitud responsable, U. P. Comillas, 2004; Tertulias de Bioética, Sal Terrae, 2005, segunda edición en Trotta, 2006; Bioética y Religión, ed. Síntesis, 2008).

Interfaz de Bioéticas y espiritualidades

No me alargaré aquí contando anecdotario intraeclesial en torno a las dificultades en el terreno fronterizo entre bioética y religiones. Más bien interesa prolongar la reflexión de Gafo situándonos ante el momento presente. Se perciben dos necesidades prioritarias en la relación entre el mundo de la bioética y el de las espiritualidades. En primer lugar, tras la secularización que siguió a los primeros años de la bioética, habría que recuperar la implicación -siempre propositiva y nunca impositiva- de las espiritualidades en la encrucijada de los debates y deliberaciones bioéticas. En segundo lugar, éstas habrían de tomar en serio el dejarse retar por las ciencias biológicas y humanas. De esta mutua interacción en una conversación bioética que sea justamente punto de encuentro se esperaría que brote una transformación mutua, crítica y creativa en los campos de las ciencias de la vida y de la ética, fecundados por las espiritualidades y de éstas aprendiendo de aquellas.

El planteamiento básico de interfaz que quisiera proponer entre bioética y espiritualidades se puede resumir en las dos tesis siguientes:

  1. Las espiritualidades deberían sumarse al movimiento de diálogo interdisciplinar de la bioética, colaborando en la búsqueda común de valores, pero sin arrogarse el derecho de intromisión para dictar normas de moralidad a la sociedad civil, plural y democrática.

  2. La Bioética puede sumarse al movimiento, que ya está en marcha, del diálogo interreligioso y entre espiritualidades. Lo debería hacer colaborando a la transformación de paradigmas de pensamiento y a la revisión de conclusiones prácticas, a la luz de nuevos datos; pero sin imponer exclusivamente interpretaciones sobre el sentido de la vida y la muerte, el dolor, la salud y la enfermedad, etc.

Estas dos posturas: las espiritualidades tomando en serio a las ciencias y la bioética teniendo en cuenta la aportación de las espiritualidades (sin privilegiarlas ni excluirlas), conducirían a la fecundación mutua de ambas. Las incompatibilidades surgen cuando una persona o grupo de personas, tanto del campo científico como del religioso, convierte su postura en ideología sectaria. La sociología que describe la actualidad del hecho científico y del fenómeno religioso pone de manifiesto que nos encontramos en semejantes casos ante unas manifestaciones culturales muy distintas de las que se formulaban con esos términos a fines del XIX o a comienzos del XX. Sin embargo, la ideologización de los debates científico-religiosos sigue siendo un obstáculo serio, particularmente en los debates de cuestiones bioéticas controvertidas. Encontramos, por una parte, tomas de posición que acentúan exageradamente las “identidades confesionales” y otras que reaccionan desde el extremo opuesto, es decir, de la “anti-confesionalidad” a ultranza. Frente a estos atolladeros del pensar, se impone como primera regla del juego, para moverse en la frontera de ciencias y religiones y establecer el puente de bioética y espiritualidades, la renuncia a encastillarse en el dogmatismo, ya sea científicista o teologizante.

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