LA LEPRA, UNA CAUSA LEGAL PARA LA MARGINACIÓN EN Lv 13-14 (II)


 

 

Por: Rosario Rocha Espinoza

 

Me cubren la carne gusanos y costras, la piel se me agrieta y supura. Job 7,5
El mal devora su piel, el Primogénito de la muerte, roe sus miembros. Job 18, 13
En estos versos nos encontramos con Job, el ser humano que habla desde su cuerpo
destrozado y roto; doloroso y sufriente. Ese cuerpo que es él mismo, está en proceso de
degradación, tan profundo, que Job llora el dolor total de su corporalidad expuesta: mente
espíritu, carne, alma, psique. Todo en él se mira sangrando.

Por otro lado están aquellos que lo ven. Observan cómo su piel va siendo devorada
lentamente lo que significa la sentencia de muerte y la muerte en sí misma no parece tan
difícil de afrontar, el drama es que se trata de la muerte lenta de alguien que tiene que
mirarse, cotidianamente, en la inminente devastación de su corporalidad sufriente.
Se trata de un varón solo, enfermo, repudiado, impuro, castigado, marginado y excluido.
Aquellos que le amaban y rendían honores, están ahora ausentes. Aquellos que se alegraban
con su vista, hoy se asquean al mirarlo. Es un varón sujeto de burlas y desprecio que
además resulta culpable de su condición.

 

Y el tema nace en las normas legales. En efecto, Levítico 13-14, realiza todo un análisis
procedimental sobre la lepra que no abarca únicamente al que lo sufre, también alcanza a
los vestidos y todo cuanto esté relacionado con su corporalidad. Es más, todo aquel que se
le acerque, todo aquel que lo toque, todo aquel que lo mire; está condenado a constituirse,
como él, en un paria, un intocable…

 

La lepra, considerada fundamentalmente como asunto religioso, prevé que su declaratoria
se encuentra a cargo de una autoridad que, legítimamente, está capacitada a determinar la
impureza de quien la sufre y tal enunciado implica ser tenido como inmundo, indigno de
relacionarse con sus pares y con su dios. Implica distanciamiento de la comunidad, del
pueblo elegido; implica no acercarse al templo, lugar de la presencia de Yahvé y por tanto,
estar impedido de relacionarse con su creador. Todo ello emerge de aquel dictamen pero también está latente el temor del contagio aunque en el contexto del texto, no refiere esta
perspectiva.

 

Job, está condenado a vivir aislado con los que ahora, son sus pares, otros leprosos que,
posiblemente, le rechazan por su anterior condición opulenta de vida. Está condenado a
vivir cubierto con un sayal, condenado a la miseria; a tocar una campana para avisar de su
presencia “leproso, leproso” para que se alejen los puros, los sanos, los normales. Está
condenado a vivir en los márgenes de los pueblos, está condenado a morir lentamente.
Esta situación es la justa, la norma vigente así lo determina de modo que a nadie extraña la
marginación. Job es un impuro y además, desde la perspectiva de sus interlocutores, se trata
de un pecador que está pagando las consecuencias de su culpa de modo que ahora, está
satisfaciendo a su dios y a su grupo social. Desde esta perspectiva, el conjunto acepta con
naturalidad aquello que se ha normalizado socialmente. La comunidad no está en cuestión,
ni la norma, ni los sacerdotes menos aún, la ley…

 

Hasta la llegada de Jesús. En Mc 1, 45ss, nos encontramos con el leproso impuro que se
acerca a Jesús, el puro. El leproso no toca la campana, no previene su condición. Más al
contrario, le habla y le conmina y Jesús le responde y le toca. La magia de la ley se ha roto,
y a no hay distanciamiento entre lo puro y lo impuro. Ya no hay ley jurídica, moral,
religiosa, ética que ponga distancias entre estos seres humanos que hacen la justicia y ante
ella, la fascinación de la ley ha sido destruida fundamentalmente, por acción del leproso
porque es precisamente él, quien rompiendo la ley, se acerca a aquel que en lo propio de su
naturaleza humana, en su libertad y su discernimiento puede romper también con aquella
ley para la muerte.

 

Por la acción del impuro y por la acción del puro, la causa de la marginación ha sido
desvelada…Dios no hace acepción de persona ni circunstancialmente ni permanentemente y
por eso el leproso no va a presentar su ofrenda al sacerdote…se ha liberado de la imagen
de aquel dios que disponía la exclusión de algunos miembros de “su” pueblo.
Y es Jesús quien permite redimensionar la concepción humana de ese dios, revelando
aquella que había sido encubierta por quienes se atribuían la capacidad de hablar en su
nombre: los sacerdotes…pero habían transcurrido siglos entre ambos leprosos: Job y aquel
que encontramos en el de Marcos.Ahora bien, la marginación de grupos humanos suele ser desvelada en el devenir porque los marginados existen en todos los tiempos, sólo que hay un momento en que ellos, asumiendo consciencia de la injusticia de la condición a la que se hallan sometidos por
acción de la ley sea jurídica, ética, moral, de trato social, divina, religiosa, etc.; se yerguen
y hacen escuchar su voz. Confrontan y cuestionan lo habitualmente aceptado, discuten lo
tenido por lo normal y generan incomodidad a la tradición y a la costumbre.

 

Ayer y trágicamente hoy, los modos de separación entre seres humanos, era y es el
producto de los mecanismos internos de la sociedad que genera sus propias víctimas
probablemente porque el poder no suele cuestionar sus fundamentos y más bien promueve
las bases de segregación al fundarse en conceptos de normalidad que plasma en la ley,
previendo e instituyendo lo que será tenido como el modelo aceptado.
Sin embargo, el momento en que se retoma la voz propia, la voz que cuestiona y contradice
la normalidad, permite primero, que se exponga la marginación que la sociedad realiza con
respecto de ellos. Segundo, promueve la obligación de la aceptación para finalmente,
suscitar la convivencia en términos de humanidad, constantemente obligada a repensarse
como tal.

 

Pienso que el texto de Job aunado al de Levítico y el evangelio de Mc 1,45ss, permiten
comprender el sufrimiento al que fueron condenados los enfermos de lepra y el sufrimiento
al que condenamos a los ejércitos de discriminados que horrorosamente, no sabemos
reconocer de entre nosotros porque…estando ahí, no los vemos.

 

Para finalizar, es también indispensable preguntarnos si nosotros no somos también,
marginados pero que hemos normalizado nuestra condición y no sabemos reconocernos
porque no hemos tomado consciencia o tal vez porque en el fondo…sin saberlo…somos
obsecuentes.
——

 

Fuente:http://www.sebip.org/documentos/marginacion.pdf

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