Día Mundial de la Paz 01 de enero 2013:Bienaventurados los que trabajan por la paz


01 de enero – DÍA DE LA PAZ

Publicado: 31 de diciembre 2012 05:36 AM PST

Se celebra el Día Mundial de enero 1 de la Paz es una fecha que fue creado para que todas las personas, cristianas y no cristianas, se unen por la paz en el planeta. Hace 45 años, el Papa Pablo VI publicó un mensaje, el 8 de diciembre, por lo que la fecha en que se celebra siempre el primer día del año civil (1 de enero), desde el año 1968.
Siguiendo la tradición, el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2013, se presentó en una conferencia de prensa el 14 de diciembre en la Oficina de Prensa del Vaticano.

Lea el mensaje:

Día Mundial de la Paz
01 de enero 2013
Bienaventurados los que trabajan por la paz
Una. Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. Con esto en mente, le pido a Dios, el Padre de la humanidad, que nos conceda la paz y la armonía, para que puedan convertirse en una realidad para todos, las aspiraciones de una vida feliz y próspera.
A distancia de 50 años desde el inicio del Concilio Vaticano II, que permite dar más fuerza a la misión de la Iglesia en el mundo, como se ve cristianos anima, el Pueblo de Dios en comunión con Él y caminar entre los hombres se comprometen en alegrías historia y el intercambio de esperanzas, tristezas y angustias, anunciando la salvación de Cristo y la promoción de la paz para todos.
En realidad, nuestro tiempo, caracterizado por la globalización, con sus aspectos positivos y negativos, y también por los sangrientos conflictos y amenazas en curso de la guerra, se requiere un compromiso renovado y concertado, en la búsqueda del bien común, el desarrollo integral de la persona y todo el hombre.
Porque fuentes aprehensión de tensión y conflicto provocado por las crecientes desigualdades entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista que se expresa incluso por el capitalismo financiero no regulado. Además de las diversas formas de terrorismo y la delincuencia internacional, ponen en peligro la paz fundamentalismo y el fanatismo aquellos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada la comunión de acogida y la reconciliación entre los hombres.
Sin embargo, las numerosas obras de paz, que es el mundo rico, testigo de la vocación natural de la humanidad hacia la paz. En cada persona, el deseo de paz es una aspiración esencial y coincide en cierta medida con el anhelo de una vida humana plena, feliz y exitosa. En otras palabras, el deseo de paz representa un principio moral fundamental, es decir, el derecho y el deber de un desarrollo integral, social, comunitario, y esto es parte de los planes que Dios tiene para el hombre. En efecto, el hombre está hecho para la paz, que es don de Dios.
Todo esto me sugirió inspiración para este post, las palabras de Jesucristo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).
La bienaventuranza evangélica
2 º. Las bienaventuranzas proclamadas por Jesús (cf. Mt 5, 3-12, Lucas 6, 20-23) son promesas.En efecto, en la tradición bíblica, la felicidad es un género literario que siempre trae buenas nuevas, que es un evangelio, que culmina en una promesa. Por lo tanto, las bienaventuranzas no son meras recomendaciones morales, cuyo cumplimiento dispone en su debido tiempo – un tiempo que normalmente se encuentra en otra vida – una recompensa, es decir, una situación de la felicidad futura, pero principalmente consisten en cumplimiento de una promesa hecha a todos los que se guían por las exigencias de la verdad, la justicia y el amor. A menudo, a los ojos del mundo, los que confían en Dios y en sus promesas aparecen como ingenuos o poco realistas, mientras que Jesús declara que lo han hecho en esta vida – y no sólo en el otro – se dará cuenta de que son hijos de Dios y que desde el principio y para siempre, Dios respalda plenamente de ellos. Entender que no están solos, porque Dios está en el lado de los que están comprometidos con la verdad, la justicia y el amor. Jesús, la revelación del amor del Padre, no duda en ofrecerse como un sacrificio.Cuando uno acepta a Jesucristo, el Dios-hombre, vive la experiencia gozosa de un don inmenso: la participación en la vida misma de Dios, es decir, la vida de la gracia, prometo una vida completamente feliz. En particular, Jesucristo nos da la verdadera paz que viene de encuentro de confianza entre el hombre y Dios.
La bienaventuranza de Jesús dice que la paz es don mesiánico y el trabajo humano. En efecto, paz presupone un humanismo abierto a la trascendencia, es el resultado de la donación mutua de un enriquecimiento mutuo, gracias al don que viene de Dios y nos permite vivir con los demás y para los demás. La ética de la paz es una ética del compartir y de comunión. Por lo tanto, es esencial que las diferentes culturas de hoy y superar antropologías basada en motivos éticos meramente teórico-prácticos y pragmáticos subjetivismo, en virtud de la cual las relaciones de convivencia se inspiran en criterios de poder o lucro, los medios se convierten en fines y viceversa, la cultura y la educación se centran sólo en las herramientas, la tecnología y la eficiencia. Requisito previo para la Paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y la reivindicación de una autonomía plena, lo que impide el reconocimiento de lo esencial que es la ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz se construye sobre una convivencia racional y moral, fundarla en una fundación cuya medida no es creada por el hombre sino por Dios. Cómo recordar el Salmo 29: “El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz” (v. 11).
Don de Dios y la obra del hombre: la paz
3 º. La paz implica el ser humano en su totalidad y asume el compromiso de toda la persona: es la paz con Dios, vivir de acuerdo a su voluntad, es la paz interior con uno mismo y la paz externa con los demás y con toda la creación. El Beato Juan XXIII escribió en la encíclica Pacem in Terris – cuyo cincuentenario se celebra dentro de unos meses – sobre todo la paz implica la construcción de una sociedad humana basada en la verdad, la libertad, el amor y la negación de lo que constituye justiça.A verdadera naturaleza del ser humano en sus dimensiones esenciales, en su capacidad inherente de conocer la verdad y la bondad, y en última instancia, a Dios mismo, pone en peligro la paz. Sin la verdad sobre el hombre, inscrita por el Creador en el corazón, y el amor a la libertad se deprecie, la justicia pierde la base para su ejercicio.
Para llegar a ser auténticos constructores de paz, son la atención crítica a la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, por lo cual plantea la redención que ha sido conquistado por su único Hijo. Así que el hombre puede vencer a ese germen de ofuscación y la negación de que la paz es el pecado en todas sus formas: la violencia y el egoísmo, la codicia y la lujuria por el poder y la dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas.
El logro de la paz depende principalmente del reconocimiento de que estamos en Dios, una sola familia humana. Esto, como lo enseña la encíclica Pacem in Terris, está estructurada por las relaciones interpersonales y las instituciones sostenidas y animadas por “nosotros” de la comunidad, lo que implica un orden moral, interna y externa, en la que nos reconocemos sinceramente, con la verdad y la justicia, el mismo derechos y nuestros deberes para con los demás. La paz es una orden para vivificada e integrada por el amor, que se sienten como adaptarse a las necesidades y requerimientos de los otros, que otros hacen comparticipantes de los bienes propios y de estiramiento cada vez más en el mundo de los valores espirituales de la comunión. Se trata de un auto dictado en la libertad, es decir, en la forma que corresponde a la dignidad de las personas que, por su naturaleza racional, asumen la responsabilidad de sus propias acciones.
La paz no es un sueño ni una utopía, la paz es posible. Nuestros ojos se verá en profundidad bajo la superficie de las apariencias y de los fenómenos, de imaginar una realidad positiva que existe en los corazones, porque cada hombre es creado a imagen de Dios y llamados a crecer contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo. De hecho, a través de la encarnación del Hijo y de la redención obrada por Él, Dios mismo ha entrado en la historia y dio a luz una nueva creación y un nuevo pacto entre Dios y los hombres (cf. Jer 31, 31-34), lo que nos posibilidad de tener “un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (cf. Ez 36, 26).
Por lo tanto, la Iglesia está convencida de que urge una nueva proclamación de Jesucristo, primero y principal factor de desarrollo integral de los pueblos y la paz. De hecho, Jesús es nuestra paz, nuestra justicia, nuestra reconciliación (cf. Ef 2, 14, 2 Co 5, 18). El trabajador de la paz, de acuerdo con la bienaventuranza de Jesús, es el que busca el bien de los demás, el pozo lleno de alma y cuerpo, con el tiempo y la eternidad.
A partir de esta enseñanza, se puede deducir que cada persona y cada comunidad – religioso, cívico, educativo y cultural – está llamado a trabajar por la paz. Esta consiste principalmente en la realización del bien común de las diversas sociedades, primario e intermedio, nacional, internacional y global. Por lo tanto, se puede suponer que los caminos hacia la puesta en práctica del bien común son también los caminos que debemos seguir para obtener la paz.
Los pacificadores son los que amar, defender y promover la vida en su integridad
4 º. Camino hacia el logro del bien común y la paz es, ante todo, el respeto por la vida humana, considerada en la multiplicidad de sus aspectos, a partir de la concepción, a través del desarrollo hasta el final natural. Así, los verdaderos constructores de paz son los que amar, defender y promover la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y trascendente. La plenitud de la vida es el epítome de la paz. ¿Quién quiere la paz no puede tolerar los ataques y crímenes contra la vida.
Aquellos que no aprecian suficientemente el valor de la vida humana, que viene a defender, por ejemplo, la liberalización del aborto, no se dan cuenta de que lo que estamos proponiendo para continuar una ilusoria paz. Las responsabilidades de escape que se deprecia la persona humana, y más aún el asesinato de un ser humano indefenso e inocente nunca puede generar felicidad ni la paz. En efecto, como se cree a lograr la paz, al desarrollo integral de los pueblos y la protección del medio ambiente mismo, sin ser tutelado el derecho a la vida de los más débiles, comenzando por los no nacidos? Cualquier daño a la vida, especialmente en su origen, inevitablemente causa un daño irreparable al desarrollo, la paz, el medio ambiente. Tampoco es justo para codificar los derechos hábilmente falsificados u opciones, basado en una visión relativista y reduccionista del ser humano y el hábil uso de expresiones ambiguas dirigidas a promover un supuesto derecho al aborto y la eutanasia, amenazan el derecho fundamental a la vida.
También la estructura natural del matrimonio como una unión entre un hombre y una mujer, debe ser reconocido y promovido en contra de los intentos de hacer jurídicamente equivalente a formas radicalmente diferentes de unión que en realidad daño y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social.
Estos principios no son verdades de fe, no una mera derivación del derecho a la libertad religiosa, sino que están inscritos en la misma naturaleza humana – la razón es reconocible – y por lo tanto, común a toda la humanidad. Por lo tanto, la acción de la Iglesia para promover es no confesional, pero se dirige a todas las personas, independientemente de su afiliación religiosa. Tal acción es aún más necesario cuando estos principios son negados o mal entendido, ya que esto constituye una ofensa a la verdad de la persona humana, una grave herida infligida justicia y la paz.
Por lo tanto, una importante contribución a la paz también se da por las leyes y la administración de justicia cuando reconocen el derecho de utilizar el principio de objeción de conciencia en contra de leyes y acciones gubernamentales que ofenden a la dignidad humana, como el aborto y la eutanasia.
Entre los mismos derechos humanos fundamentales a la vida pacífica del pueblo, tiene el derecho de los individuos y de las comunidades a la libertad religiosa. En este momento histórico, se hace cada vez más importante que este derecho no se promueve sólo negativamente como la libertad – por ejemplo, los bonos y la coacción como la libertad de elegir la propia religión -, sino también de manera positiva en sus diversas articulaciones, En cuanto a la libertad: por ejemplo, para dar testimonio de su religión, anunciar y comunicar su doctrina, para llevar a cabo actividades educativas, de caridad y de asistencia para la aplicación de los preceptos religiosos; existir y de actuar como organismos sociales, estructurados de acuerdo con la doctrinales principios y propósitos institucionales propias. Por desgracia se multiplican, incluso en países tradicionalmente cristianos, los episodios de intolerancia religiosa, especialmente contra el cristianismo y los que simplemente utilizan los signos identificativos de la misma religión.
El trabajador de la paz también debe tenerse en cuenta que las ideologías del liberalismo radical y se desplazan a la tecnocracia, una parte creciente de la opinión pública, la convicción de que el crecimiento económico debe llegar incluso a costa de la erosión de la función social del Estado y redes de solidaridad de la sociedad civil, así como los derechos y deberes sociales. Debe tenerse en cuenta que estos derechos y deberes son esenciales para la plena realización de los demás, empezando por los derechos civiles y políticos.
Y entre los derechos y deberes sociales más amenazados en la actualidad, tiene el derecho al trabajo. Esto se debe al hecho de que hay más y más de la obra y el debido reconocimiento de la condición jurídica de los trabajadores no son debidamente valorados, ya que el crecimiento económico dependerá principalmente la libertad de mercado completo. Así que el trabajo se considera una variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. En este sentido, quiero decir que no sólo la dignidad humana, sino también por razones económicas y las políticas sociales requieren que continuar “para perseguir como prioridad el objetivo del acceso al empleo para todos, o su” mantenimiento 0.4 Para llevar a cabo esta ambicioso objetivo es condición previa para una renovada apreciación de la obra, basada en los principios éticos y los valores espirituales, que vigoriza su diseño, así como fundamental para la persona, la familia, la sociedad. En ese bien corresponde un deber y un derecho, que exige políticas nuevas y audaces trabajar para todos.
Construir el bien de la paz a través de un nuevo modelo de desarrollo y la economía
5 º. Desde varios lados reconocieron que, hoy en día, necesitamos un nuevo modelo de desarrollo y también una nueva visión económica. ¿Quieres un desarrollo integral, solidario y sostenible, ya sea el bien común requiere una amplia feria de bienes-valores, que pueden estructurarse con Dios como la última referencia. No sólo tenemos a nuestros recursos disposición muchos y muchas oportunidades para elegir, incluso sensible, es que tanto los numerosos activos debido al desarrollo y las oportunidades de elección debe ser empleado de acuerdo con la perspectiva de una buena vida, un conducto recto, que reconoce la primacía de la dimensión espiritual y un llamamiento a la realización del bien común. De lo contrario, simplemente pierden sus nuevos ídolos de valencia, eventualmente erectos.
Para salir de la actual crisis financiera y económica, lo que provoca un aumento de las desigualdades son necesarias personas, grupos, instituciones que promueven la vida, la promoción de la creatividad humana para hacer su propia crisis en ocasión de discernir y un nuevo modelo económico El modelo que apuesta prevalecido en las últimas décadas en busca de la maximización del beneficio y la gente de consumo óptica individualista y egoísta que sólo querían evaluar su capacidad para satisfacer las exigencias de la competitividad. Mirando desde otra perspectiva, sin embargo, el éxito verdadero y duradero se puede lograr con el don de sí mismo, de sus dotes intelectuales, por su propia iniciativa, ya que el desarrollo económico soportable, es decir las necesidades auténticamente humanas del principio de gratuidad como expresión de fraternidad y la lógica del don. Específicamente en la actividad económica del trabajador paz aparece como uno que crea lealtad y las relaciones recíprocas con los empleados y colegas, con los clientes y usuarios.Él ejerce la actividad económica para el bien común, vive su compromiso como algo más allá de su propio interés, en beneficio de las generaciones presentes y futuras. Así se sientan a trabajar no sólo para él sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo decente.
En el ámbito económico, se necesitan – especialmente por los estados – las políticas de desarrollo industrial y agrícola que se interesan por la universalización del progreso social y el Estado de Derecho y la democracia. Fundamental e imprescindible es también la ética de los mercados de estructuración financiera monetaria y comercial, en caso de ser estabilizado y mejor coordinado y controlado, por lo que ningún daño a los más pobres. La preocupación de los pacificadores muchos todavía deben centrarse – con más determinación que se ha hecho hasta ahora – en atención a la crisis alimentaria, mucho más grave que la económica. El tema de la seguridad de los alimentos volvió a ser central en la agenda política internacional, a causa de las crisis, además de más, con fluctuaciones bruscas en el precio de los productos agrícolas, con el comportamiento irresponsable de algunos agentes económicos y insuficiente control por los gobiernos y la comunidad internacional. Para hacer frente a crisis similares, trabajan por la paz son llamados a trabajar juntos en un espíritu de solidaridad, desde el local hasta el internacional, con el objetivo de poner a los agricultores, en particular las pequeñas realidades rurales en términos de ser capaz de realizar su actividad vistas dignas y sostenibles social, ambiental y económico.
Educación para una cultura de paz: el papel de las familias y de las instituciones
6. Quiero reafirmar con fuerza que trabajan por la paz diversos llamados a cultivar la pasión por el bien común de la justicia familiar y social, así como el compromiso de una educación social válido.
Nadie puede ignorar o subestimar el papel fundamental de la familia, célula básica de la sociedad, los puntos de vista demográfico, éticos, educativos, económicos y políticos. Ella tiene una vocación natural para promover la vida para acompañar a las personas en su crecimiento y estimula a enriquecerse mutuamente a través del cuidado mutuo. En particular, la familia cristiana tiene en sí mismo el proyecto principal de la educación de las personas de acuerdo a la medida del amor divino. La familia es un sujeto social esenciales para el logro de una cultura de paz. Tenemos que proteger el derecho de los padres y su papel fundamental en la educación de los niños, especialmente en las esferas morales y religiosas. En la familia, nacen y crecen trabajan por la paz, promotores de futuros de una cultura de la vida y el amor.
Esta inmensa tarea de educar para la paz, están involucrados en determinadas comunidades de creyentes. La Iglesia toma parte en esta gran responsabilidad por la nueva evangelización, que cuenta con el apoyo de conversión de puntos a la verdad y el amor de Cristo y, por lo tanto, el renacimiento moral y espiritual de los individuos y las sociedades. El encuentro con Jesucristo plasma que buscan la paz, y los entregaba en la comunión y en la superación de la injusticia.
Una misión especial de paz se lleva a cabo por las instituciones culturales, escolares y universitarios. De ellos requiere no sólo una contribución notable a la formación de nuevas generaciones de líderes, sino también para la renovación de las instituciones públicas, nacionales e internacionales. También pueden contribuir a una reflexión científica de que las actividades económicas y anclado sobre una base financiera sólida y la ética antropológica. El mundo actual, en particular el mundo de la política, necesita el apoyo de un nuevo pensamiento, una nueva síntesis cultural para superar tecnicismos y armonizar las diversas tendencias políticas en el bien común.Esto, visto como un conjunto de relaciones interpersonales positivas y las instituciones al servicio del desarrollo integral de los individuos y los grupos, es la base de toda verdadera educación para la paz.
Una pedagogía de la paz trabajador
7 º. En conclusión, no hay necesidad de proponer y promover una pedagogía de la paz. Esto requiere de una vida interior rica, puntos de referencia morales claros y válidos, actitudes y estilos de vida adecuado. De hecho, las obras de la paz contribuyen a la consecución del bien común y crear interés en la paz, educar a ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crear una mentalidad y una cultura de paz, un ambiente de respeto, honestidad y amistad. Por lo tanto, es necesario enseñar a los hombres a amarse a sí mismos y educar a la paz, a vivir con más benevolencia que la mera tolerancia. Incentivos será fundamental “decir no a la venganza, a reconocer sus errores, aceptar sin pedir disculpas y perdón en última instancia ‘, 7 para que los errores y delitos pueden ser realmente reconocido, para caminar juntos por la reconciliación. Esto requiere la extensión de una pedagogía del perdón. En realidad, los triunfos del mal con el bien y la justicia se debe buscar imitar a Dios el Padre que ama a todos sus hijos (cf. Mt 5, 21-48). Es un trabajo lento, porque supone una evolución espiritual, una educación para los valores más altos, una nueva visión de la historia humana. Debemos renunciar a la falsa paz que prometen los ídolos de este mundo, y los peligros que van con él, me refiero a la paz que hace que la conciencia cada vez más insensible, lo que lleva a encerrarse en sí misma, a una existencia vivida retraso en el crecimiento indiferencia.En cambio, la pedagogía de la paz implica coraje servicio, la compasión, la solidaridad y la perseverancia.
Jesús encarna todas estas actitudes en su vida el don total de sí mismo, a “perder su vida” (cf. Mt 10, 39, Lucas 17, 33, Juan 12, 25). Y promete a sus discípulos que van a llegar tarde o temprano, para hacer el descubrimiento extraordinario que hablábamos al principio: en el mundo, es este Dios, el Dios de Jesucristo, apoya plenamente a los hombres. A este respecto, recuerdo la oración con la que le pide a Dios que nos haga instrumentos de tu paz, para reunir a Su amor donde hay odio, perdón donde hay ofensa, la verdadera fe en caso de duda. Por nuestra parte le pedimos a Dios, junto con el beato Juan XXIII, que ilumine a los responsables de que, junto con la preocupación por el bienestar de los justos propios compatriotas, garantizar y proteger el don precioso de la paz, impulsan el deseo de todos para superar las barreras que nos dividen, fortalecer los vínculos de la mutua caridad, comprender a los demás y perdonar a los que les han hecho mal, por lo que, en virtud de su acción, todos los pueblos de la tierra se convierten en hermanos y florezca y reine en ellos como siempre anhelaba la paz.
Con esta invocación, espero que todo el mundo puede ser auténticos trabajadores y constructores de la paz, a la ciudad de los hombres crezcan en la concordia fraterna prosperidad y la paz.
Vaticano, 8 de diciembre de 2012.

Fuente:

MOVIMIENTO DE LAS FAMILIAS DE LOS SACERDOTES CASADOS – CEARÁ

 Remitido al e-mail

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. paola
    ene 10, 2013 @ 09:15:14

    felices fiestas

    Responder

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