El matriarcado, ¿mito o realidad?


 MATRIARCADO, Minangkabau (inicial), OK
La sociedad matrilineal (transmisión del linaje por vía materna) es vigente todavía entre los minangkabau, habitantes de Sumatra occidental (Indonesia).
(Fuente: Sexisme et Sciences humaines)
Aparentemente, las sociedades dominadas por las mujeres no han existido jamás. Es curioso que fuera un jurista y antropólogo suizo del siglo XIX, Johann Jakob Bachofen (1815-1887), quien divulgara con convencimiento el mito prehistórico de la Gran Diosa que, según él, habría dominado a  la humanidad en tiempos remotos.
Profesor especializado en Derecho romano, Bachofen no podía ser considerado un feminista, puesto que probablemente ni siquiera conocía la palabrafeminismo [1]. Es dudoso, además, que hubiera oído hablar de aquellas militantes que desde la década de 1830 reivindicaban el amor libre y la independencia de la mujer. Sin embargo, fue precisamente en aquel momento cuando centenares de mujeres francesas, inglesas, alemanas o estadounidenses multiplicaban sus reivindicaciones.
Johann Jakob Bachofen.
Ajeno a todo ello, el jurista helvético imaginaba que las sociedades humanas conocieron un período prehistórico (es decir, muy primario en cuanto a desarrollo) durante el cual el poder estaba en manos femeninas. Pese a que no utilizó en ningún momento la palabra matriarcado, a Bachofen se le considera el creador de ese concepto al explicar su teoría de dominación femenina en un estado de barbarie y promiscuidad sexual absolutas.
En aquella forma de sociedad casi animal, que habría que situar en los inicios de la evolución del género humano, debería ser imposible saber quién era el padre de cada niño o niña. Los hombres, por su parte, sentirían atracción hacia la mujer no sólo desde el punto de vista sexual, sino también como una forma de protección maternal. ¡Quién sabe!
“En las capas más profundas y más oscuras del ser humano”, escribió Bachofen, “el amor que relaciona a la madre con el fruto de sus entrañas representa un punto de luz, la única claridad en las tinieblas morales, la única alegría en la más profunda de las miserias. […] La relación que inaugura el proceso civilizador de la humanidad, que da forma a la parte más noble del ser, es la magia de la maternidad.” Lírico, inspirado, Bachofen afirma que al principio la Madre fue concebida como una diosa universal y arcaica. En el estadio inicial del “telurismo ctónico” [2] reinaba únicamente la materia, según el jurista suizo, y la tierra tenía unos poderosos senos: los humanos todavía no eran conscientes de su naturaleza, espiritualmente hablando.
Vulvas grabadas durante el Paleolítico
en la cueva de La Ferrassie
(Périgord, Francia).
Encontramos también esta afirmación en los textos de Bachofen: “La relación íntima con el padre exige un grado de desarrollo moral muy superior al amor materno”. La mujer, pues, según él, permanece ante todo vinculada al lodo, a la sangre, al desorden, al caos primordial y al turbio misterio de los deseos.
En una de sus obras, la monumental Das Mutterrecht: eine Untersuchung über die Gynaikokratie der alten Welt nach ihrer religiösen und rechtlichen Natur(‘El derecho maternal. Investigación sobre la ginecocracia de la Antigüedad en su naturaleza religiosa y jurídica’), de 1861, Bachofen expresa con claridad su punto de vista: sería una regresión volver atrás, a los tiempos en que las mujeres tenían todo el poder, ya que cualquier referencia a la historia de las civilizaciones debe tener en cuenta la primacía ontológica y cronológica, que conlleva el hecho de que las mujeres vayan quedando, a los ojos de las nuevas sociedades, como seres “elementales”, incluso impuros e incapaces de elevar el espíritu. El cambio de mentalidad, pues, fue lento, se produjo paulatinamente.
Imagen de la Gran Madre mediterránea,
hallada en Çatal Hüyük (Anatolia).
Cuando se publica, el mencionado libro de Bachofen conoce un éxito extraordinario, hasta el punto de que Walter Benjamin llega a equipararlo, históricamente, a El capital de Marx y a El origen de las especies de Darwin. La obra se convirtió en fuente de inspiración para numerosos artistas e investigadores, y puso de moda hablar de una época originaria y a la vez caótica y primitiva en la que únicamente reinaba la Madre. Algunos arqueólogos llegaron a encontrar rastros de aquella oscura época en restos de cadáveres con el cráneo extrañamente hundido: ¿acaso cuando las mujeres ejercían el poder tenían lugar sacrificios humanos? Los hombres eran enterrados en turberas y en posición fetal: ¿significaba eso que eran ofrendas a la Gran Diosa?
La denominada Venus de Laussel, de unos
250 siglos de antigüedad, 
hallada en Francia
en 1911, se caracteriza por el cuerno que 
sujeta 
con su mano derecha (¿símbolo de poder?).
La teoría de Bachofen llegó a inquietar a los antifeministas, que no daban crédito a sus ojos cuando veían cómo las sufragistas reclamaban su derecho a votar. “Si se hace caso de tales patrañas volveremos a los tiempos de las Amazonas, cuando las mujeres asesinaban a sus propios hijos…”, llegó a afirmar alguno.

¿Existió tal matriarcado o es solamente fruto de un mito creado por Bachofen y sus seguidores? De hecho, no existen pruebas tangibles de sociedades dominadas por mujeres, pero bien es cierto que son escasísimos los elementos de la prehistoria sobre los que basarse. Laginecocracia, para la mayoría de los especialistas, no es más que el sueño febril de un indocumentado. Sin embargo, ilustres arqueólogas como la lituana Marija Gimbutas (1921-1994) afirmaron que las estatuillas cretenses que representan mujeres con los senos desnudos y blanden serpientes, lo mismo que las abundantísimas Venus del paleolítico, podrían muy bien ser pruebas de la existencia de un culto a la Gran Diosa: Gimbutas habla de una cultura gilánica [3] comparable en cierto modo al paraíso terrenal, una era de paz y serenidad que fue destruida por las invasiones indoeuropeas, violentas y misóginas.

La antigua cultura cretense dejó muchas
estatuillas como esta de mujeres
en actitud dominante.
Dilucidar sobre cuestiones desconocidas que sólo pueden dar lugar a hipótesis es algo muy arriesgado. Sin embargo, algunos textos antiguos recogen la idea del matriarcado. Este fragmento deEl asno de oro, del escritor latino Apuleyo (125-180), es un ejemplo:

“Yo soy la madre natural de todas las cosas, señora y guía de todos los elementos, progenie primera de los mundos, la primera entre las potencias divinas, reina del infierno, señora de los que moran en los cielos, en mis rasgos se conjugan los de todos los dioses y diosas. Dispongo a mi voluntad de los planetas del cielo, de los saludables vientos de los mares y de los luctuosos silencios del mundo inferior; mi nombre, mi divinidad es adorada en el mundo entero bajo formas diversas, con distintos ritos y por nombres sin cuento. Los frigios, los primeros en nacer de todos los hombres, me llaman madre de los dioses de Pesinunte; los atenienses, nacidos de su propio suelo, Minerva Cecropiana; los chipriotas, a los que baña el mar, Venus Pafiana; los cretenses, portadores de flechas, Diana Dictrina; los sicilianos, que hablan tres lenguas, Proserpina Infernal; los habitantes de Eleusis, su antigua diosa Ceres […], y los egipcios, buenos conocedores de todo el saber antiguo y que me adoran con sus ritos peculiares, me invocan por mi nombre vedadero: Reina Isis.”
Albert Lázaro-Tinaut



Isis, según una representación artística del antiguo Egipto.
[1] Se afirma que el término feminismo fue empleado por primera vez por Alexandre Dumas en su obra L’homme-femme, de 1872: “Las feministas –ese neologismo– dicen: Todo el mal procede de que no se quiere reconocer que la mujer es igual que el hombre, que deben dársele la misma educación y los mismos derechos que a un hombre”.
[2] Referencia mitológica a los dioses o espíritus del inframundo, por oposicion a las deidades celestes. Procede de la expresión griega χθόνιος khthónios, que viene a significar “perteneciente a la tierra” en el sentido del interior del suelo, y se aplica sobre todo a la prehistoria, y más concretamente a las creencias atávicas del este del Mediterráneo.
[3] Término utilizado la antropóloga y activista social austriaca Riane Eisler (Viena, 1937) para referirse a la superación del patriarcado mediante la construcción de una relación igualitaria entre hombres y mujeres; es decir, al paso de un modelo más “solidario”.
(Este artículo se basa parcialmente en otro más largo y preciso firmado por Agnès Giard y publicado en el diario francés Libération el 18 de octubre de 2012.)
Clicad sobre las imágenes para ampliarlas.
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