ME HAS LLAMADO, ¿POR QUE A MI ?


¿Por qué a mí?

 Ven Señor, arreglemos cuentas. Desde mi Bautismo, me llamaste Señor, aquí estoy, ¿por qué a mí? Me has mostrado el sufrimiento de tu pueblo y mi pueblo, me has llevado de la mano, mostrándome la tragedia de los hogares, la violencia en las familias, las competencias institucionales civiles y religiosas, la injusticia, represión, angustia y muerte, en todas las clases sociales y de manera especial entre los más débiles.

Me muestras personas, adultas/os mayores, mujeres, jóvenes, niñas/os, profesionales, trabajadores, campesinos, indígenas, negros. Cada una/o cargando su sufrimiento y yo con el mío y tú me llamas, a que el sufrimiento de ellas/os, también sea mío? Deja que te reclame Señor. No son solo, una o dos personas, no ves que algunos son grupos…que reclaman justicia y dignidad. Me colocas en trincheras muy peligrosas. ¿Por qué a mí?

¿De qué te puedo servir a esta hora? Ya sé que tu llamado, puede llegar en el momento menos pensado, como dice la canción del vallenato: “no tiene edad, ni fecha en el calendario”, me recuerdas el llamado de Abraham (Gn12:4) la llamada a Saray,  a la maternidad (G.17) el llamado que le hiciste al tartamudo de Moisés (Éxodo 3) y ahora te metes conmigo…

Es tal tu insistencia, que no lo haces con disimulo, en tu llamado, siempre ha habido nubes, truenos, llamas ardiendo, rayos y centellas.

“¿Por qué a mí?” qué difícil es atender tu llamado, me siento debilitada, cansada, agotada, para que me necesitas, que quieres de mi, casi que te diría déjame en paz! ¿Acaso, eso mismo no le quisiste decir a tu Padre que está en los Cielos: “aparta de mí este cáliz”? ¿Te das cuenta, que cada vez que intento responderte, vos te haces el loco y me dejas encima con un gran peso?

¿Qué  concha tienes, habrase visto? ¿Por qué me haces esto Dios mío, y  Señor mío? ¿Hasta cuando me vas a tener así?  ¡Que atrevida soy! Si, tú y yo casi ni nos conocemos, cuando mi misión es conocerte y darte a conocer todos los días. Tal vez, por eso, te trato así. ¿Quieres que te conozca, en todas las formas como te me presentas y quieres que te descubra? Parecemos jugando “a las escondidas”, veo que te gusta, me llamas, ya voy Señor, te tengo casi pillado, cuenta conmigo, te sigo respondiendo, pero no me dejes, deja que te sienta, te necesito: “pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” Lucas 22:42.

Te saco tarjeta amarilla, acogiéndome a tus palabras: “Venid a mi todos los que estáis agobiados, que mi yugo es suave y mi carga ligera” Mateo 11:25-30. De Ti, no puedo esconderme, sabes dónde estoy, “me has mirado a los ojos, has dicho, mi nombre”, y no otro.

Ayudaste a Elías, en su momento de angustia y sufrimiento, con él, te hiciste sentir, yo también quiero escuchar tu voz como el susurro suave en el viento.

Igual que Pedro, me tiro al agua. Deseo seguirte, anhelo seguirte donde quieras que vayas. Pero, Señor me ahogo. Las aguas me tapan, quiero salir a flote, prendida de tu mano fuerte y amorosa.

¿Que quieres que haga? ¿Cual es tu voluntad? ¿De veras quieres que te sirva? Abraham casi mata a su hijo, buscando serte fiel. Creo en Ti, porque has sido capaz de entregar a tu propio Hijo, por mí y mis hermanas/os.

Me he equivocado y muchas veces. He lastimado a muchas/os y ya no puedo hacer nada. Aquí están Señor, los pedazos de todo lo que rompí. Confianza, simpatías, aprecio, prestigio, todo, absolutamente todo está hecho pedazos. ¿Tú sigues creyendo en mí?

Me llamas, aquí estoy, segura que aquello que hiciste, con los personajes arriba mencionados, también lo harás conmigo. “Yo sé que mi Redentor vive”. (Job 19:25)

Mi llamado, te lo dejo enmarcado en estos dos textos de tu Evangelio: “Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed de lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y decidles: “Esta cerca de vosotros el reinado de Dios” (Lucas 10:8-9) y este otro “Por el camino proclamad que está cerca el reinado de Dios, curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde” (Mateo 10:7-8).

Perdona mi atrevimiento, y abuso de confianza, pero cada día que pasa, me acerca más a Ti Aquí estoy Señor, presente! “ni un paso atrás, ni para tomar impulso”. Ha llegado la hora! (el Kairos).

 Olga Lucia Alvarez

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