Carta de un religioso al Presidente de la CEC


 

Cartagena, Agosto 19 de 2009.

Monseñor Rubén Salazar Gómez Presidente de la C.E.C.

Muy estimado Monseñor

Lo saludo fraternalmente y le ofrezco mis oraciones para que alcance toda clase de logros como Presidente de la C.E.C.

Monseñor, por este medio muy respetuosamente quiero manifestarle una inquietud, la cual se puede resumir en los siguientes puntos:

2.- A pesar de ello, me parece Monseñor, que los Mensajes sociales de la CEC en cuanto mensajes: a) No circulan sino en el medio eclesiástico y habría que ver cuántos de nosotros los leemos. b) Me temo que nuestros padres obispos firman los mensajes sin tener mayor conciencia del contenido. ¿En cuántas Arquidiócesis se tratan esos temas? (globalización, privatizaciones, modelo de desarrollo, etc). c) Los mensajes no llegan a las manos de los verdaderamente responsables de esas ideologías y estrategias perversas que alientan la dinámica económica del país. Por consiguiente no se dan por aludidos y no se pronuncian al respecto. Si así fuera, ya estaríamos en la lista de “terroristas”, opositores al gobierno de la seguridad democrática, como lo están muchos de los que se atreven a disentir en este país. d) A la cartilla anual publicada por SNPS con motivo de la Semana por la Paz, no le damos la importancia que merece pese a sus contenidos críticos y análisis profundos de nuestra sociedad, tal como se trató en la cartilla 2008, por ejemplo. Apenas sí circulan por las parroquias sin ninguna trascendencia pastoral. El Movimiento de la Renovación Carismática y la espiritualidad difundida a través de emisoras tipo Radio María y El Minuto de Dios, captan y cooptan todo el interés de los fieles y son el nuevo “opio del pueblo” que impiden discernir los signos de los tiempos. e) El episcopado, si bien identifica teóricamente en sus escritos al neoliberalismo como el problema mayor en el mundo actual, en la práctica todo el discurso, con la subsiguiente práctica pastoral, giran en torno al terrorismo militar de las Farc, sobre todo en boca de Monseñor Pedro Rubiano Sàenz, presentándolo como la causa principal de la grave situación que padecemos. Gracias a ese discurso, nuestros fieles del común, saben muy bien qué es el terrorismo y quiénes son los terroristas y en qué grupos están alineados y cómo operan. La pregunta es: ¿Saben así mismo qué es el neoliberalismo, qué es la globalización, quiénes son sus ideólogos, cómo operan, etc? Lo dudo. f) El episcopado no le da continuidad a la crítica a la implementación de las políticas neoliberales en el país y sus consecuencias, tal como aparece en los mensajes firmados después de las Asambleas de la CEC. El pronunciamiento del episcopado, hace 2 años, sobre los abusos y jugosas ganancias del sector financiero en Colombia, por ejemplo, no pasó de ser una denuncia puntual sin continuidad, como sì es continua la crítica al aborto, pese a que persiste el escándalo en el sector bancario. Este silencio, está carencia de crítica, ésta ausencia de denuncia profética, ha llevado a que mientras la Iglesia goza de buena fama y prestigio entre los poderosos, decenas de líderes cívicos, sindicalistas, defensores de derechos humanos, han tenido que salir del país, o peor aún, han sido asesinados por haber hecho lo que no hizo la Iglesia: perseverar en la denuncia. Anualmente el episcopado en pleno invita al señor Presidente de la República para celebrarle el cumpleaños, sin cuestionarle seriamente lo que se le cuestiona en los mensajes.

3.- Mi propuesta Monseñor es a) que el episcopado en pleno y cada Padre Obispo en su Iglesia, sin dejar de enrostrar la violencia narcoguerrillera, pongan el dedo en la llaga, es decir, denuncien, griten, desenmascaren pública y permanentemente la malicia que yace en esa otra violencia, la institucional-estructural del capitalismo salvaje, tan perversa o más que la anterior, cuyo centro no es el hombre sino las ventas, las utilidades, el lucro, los activos, el patrimonio.

Que los militantes católicos nos sintamos orgullosos de tener Obispos profetas, incómodas “piedras en los zapatos” para los poderosos de este mundo. Y b) Así como la Iglesia ofrece sus buenos oficios para mediar ante las Farc, por la liberación de los secuestrados, así mismo medie ante los neoliberales y globalizadores para que cesen en sus hostilidades sociales, hostilidades que hacen que este país sea de los más asimétricos del mundo. Así como la Iglesia promueve anualmente la Semana por la Paz, promueva también la Semana por la justa redistribución del ingreso. Así como la Iglesia invita a marchar en contra del secuestro, invite a protestar por el alto desempleo. Así como la Iglesia invita a marchar contra el aborto, invite a marchar por los 600 niños que mueren de hambre anualmente en Colombia. Así como se promueven jornadas de reflexión para estudiar las causas del terrorismo, se promuevan jornadas para revisar el modelo de desarrollo imperante. Que los fieles cristianos tengan claro el modus operandi de esta otra violencia estructural: la flexibilización laboral, la usura del capital financiero, los aranceles injustos para los países pobres, el crecimiento económico sin creación de empleo ni redistribución de las ganancias, las exenciones y gabelas tributarias para los inversionistas, la alta concentración de la tierra, los bajos salarios, entre otros.

Gracias Monseñor por su atención a la presente. Espero su parecer.

Fray Guillermo León Correa H. ocd.

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