ALEGRIA Y TRISTEZA EN LA IGLESIA


Alegría y tristeza la noticia de saludar a la coordinación Glasspool el consentimiento de El Palacio de Lambeth llama a la decisión “lamentable”, dice ahora se necesita más consultas.

 


Por Pat McCaughan y Matthew Davies, 18 de marzo 2010
 
 [Episcopal News Service] episcopales a través de la iglesia celebró el 17 de marzo de noticias que la Diócesis de Los Ángeles, el obispo electo de Mary Douglas Glasspool había recibido el número requerido de las autorizaciones de los comités permanentes y obispos con jurisdicción para su ordenación y consagración como obispo.
Otros, lamentó la decisión y pronosticó que la noticia, anunciada por la oficina del obispo presidente, además, podría forzar las relaciones dentro de la Comunión Anglicana.

Glasspool fue uno de los dos candidatos abiertamente gay en la pizarra de Los Ángeles, pero sostuvo que su orientación sexual “no era un problema” en la elección. Ella es el segundo sacerdote se asoció abiertamente gay para ser elegido obispo de la Iglesia Episcopal. El primero fue el obispo Gene Robinson, de New Hampshire, quien fue elegido en 2003.

Jon Bruno Obispo de Los Angeles emitió inmediatamente un comunicado felicitando a la Iglesia por su valentía y dar gracias por las comisiones permanentes y los obispos, que ha aceptado el 5 de diciembre 2009 y la elección de Glasspool las elecciones del 4 de diciembre de la Jardine Rev. Canon Diane Bruce como obispos sufragáneos.

Los comités permanentes y los obispos “se han unido a la Diócesis de Los Angeles en el reconocimiento y la afirmación de los muchos dones y habilidades de estos altamente cualificados y experimentados clérigos”, dijo Bruno.

Sin embargo, un 18 de marzo la declaración enviada por correo electrónico a la ENS de Lambeth Palace, residencia de arzobispo de Canterbury, Rowan Williams ‘de Londres, dijo: “Es lamentable que los llamamientos de los órganos de la Comunión Anglicana para continuar la moderación agradable, no han sido escuchados”, refiriéndose a las llamadas en finales de 2009 del Comité Permanente de la comunión y de su unidad, Comisión de Fe y Orden.

“Tras la elección de Los Angeles en diciembre, el arzobispo hizo claro que el resultado del proceso de consentimiento tendría implicaciones importantes para la comunión”, la declaración del Palacio de Lambeth, dijo. “Otra forma de consulta se realiza ahora sobre las implicaciones y consecuencias de esta decisión.”

El 10 de marzo, la diócesis de Los Angeles anunció, en un conteo no oficial, que Glasspool había recibido 63 autorizaciones, siete más que los 56 necesarios, de las comisiones permanentes diocesanos de la Iglesia.

Un anuncio de la finalización de un proceso de consentimiento para el éxito de Bruce se hizo 8 de marzo.

Ambas consagraciones están previstas para 15 de mayo. Obispo Presidente Katharine Jefferts Schori será el consagrante principal.
 
“Estas elecciones históricas traer las primeras mujeres en el episcopado en la Diócesis de Los Ángeles”, dijo Bruno en su declaración de 17 de marzo. “Doy las gracias por esto, y que las comisiones permanentes y obispos han demostrado a través de su consentimiento de que la Iglesia Episcopal, por Canon, no crea ninguna barrera para el ministerio, sobre la base del género y orientación sexual, entre otros factores”.

Bajo los cánones de la Iglesia Episcopal (III.11.4), la mayoría de los obispos de ejercer la jurisdicción y las comisiones permanentes diocesanos deben dar su consentimiento a un obispo electo ordenación como obispo dentro de 120 días de la recepción de la notificación de la elección.

Glasspool emitió una declaración 17 de marzo, diciendo que estaba muy contento y agradecido por la noticia y tratando de llegar a los que se oponen a su ordenación.

“También soy consciente de que no todo el mundo se alegra en esta elección y consentimiento, y trabajar, orar, y seguir ampliando mis propias manos y el corazón para colmar esas lagunas, y fortalecer los lazos de afecto entre todos los pueblos, en el Nombre de Jesús Cristo “, dijo.

Glasspool, de 56 años, recientemente se desempeñó como canon a los obispos de la Diócesis con sede en Baltimore de Maryland en los últimos ocho años. Durante sus 28 años de ministerio ordenado, que ha servido congregaciones en Maryland, Massachusetts y Pennsylvania.
 
Maryland Obispo Eugene Sutton anunció la noticia como “un gran día para la causa de la justicia y el ministerio de la reconciliación en la Iglesia Episcopal. Me alegro de que la mayoría de los obispos y las comisiones permanentes han visto en Canon Glasspool lo que hemos vivido en la Diócesis de Maryland: que es un pastor de talento excepcional, el administrador y líder espiritual centrada en que demostrará ser un destacado miembro de la Cámara de Obispos. ”

Sutton dijo que reza que “toda la iglesia estará abierta a la guía del Espíritu, como todos avanzar juntos a la luz de este acontecimiento histórico. Ahora es el momento para nosotros para eliminar las viejas barreras de la intolerancia y la exclusión, y nos comprometemos a acoger a todas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo “.
 
Sin embargo, el reverendo Canon Kendall Harmon, teólogo canónigo en la Diócesis conservador de Carolina del Sur, dijo que la noticia le entristeció.

“Estoy muy triste, pero no me sorprende. No representa simplemente una decisión o un acto único sino un hábito y por lo tanto un patrón y por tanto una dirección elegida, sin duda”, dijo Harmon.

“Si se preocupan en absoluto de un sentido de la Iglesia en su conjunto, la iglesia tiene que leer la Escritura con ya través de la iglesia. ¿Qué es lo triste de esto es largo de la historia … La Iglesia es la lectura de la Escritura dice que no puede hacer esto. Pero la Iglesia Episcopal ha hecho ya y lo ha hecho en repetidas ocasiones sin ningún sentido de los daños que están causando “.

Peter Jensen, arzobispo de la diócesis de Sydney, Australia, también criticó la decisión, diciendo: “Ahora es absolutamente claro para todos que el nacional [Episcopal] Iglesia ha comprometido formalmente a un patrón de vida que es contraria a la Escritura”.

Jensen, uno de los principales críticos de la Comunión de la Iglesia Episcopal y su evolución reciente de las cuestiones de la sexualidad humana, dijo: “La elección del obispo Robinson en el año 2003 no fue una aberración que debe corregirse en su momento. Era una verdadera indicación del corazón de la iglesia y la dirección de sus asuntos. ”

General de la Iglesia Episcopal Convención, reunida en julio pasado D025 resolución diciendo que la llamada de Dios al ministerio ordenado “es un misterio que la Iglesia se trata de discernir para todas las personas a través de nuestros procesos de discernimiento, de conformidad con [su] Constitución y Cánones … ” Glasspool es el sacerdote abiertamente homosexual primero en ser elegido obispo desde la aprobación de la Resolución D025.

Varios mensajes de felicitación se recibieron dentro de los momentos de anuncio del 17 de marzo, incluidos los de los grupos de defensa de LGBT de Integridad EE.UU. y la consulta de Chicago.

“Integridad continúa en su compromiso de entregar las resoluciones de la Convención General en realidades sobre el terreno para los episcopales en cada diócesis”, dijo el reverendo David Norgard, presidente de la Integridad, en un comunicado. “Las noticias no la afirmación de hoy de la elección de un candidato excelentemente calificados como obispo en la Iglesia Episcopal es bueno sólo para los que trabajan por la plena inclusión de las personas LGBT bautizados, sino para toda la Iglesia”.

“Hoy la Iglesia Episcopal dijo” Amén “a lo que el Espíritu Santo hizo en Los Ángeles en diciembre, cuando elegimos a María Glasspool”, dijo el Rev. Susan Russell, presidente de la Diócesis de Los Angeles Programa de Grupo de LGBT Ministerio y ex presidente de Integrity inmediata . “Nunca he estado más orgulloso de ser un o una hija episcopal de la diócesis de Los Angeles – donde estamos dispuestos a convertir esta elección en una oportunidad para la evangelización”.

The Very Rev. Brian Baker, decano de la Catedral de la Trinidad en Sacramento y co-coordinador de la Consulta de Chicago, dijo en un comunicado: “Los títulos de María nunca fueron controvertidos. Este ha sido siempre una cuestión de si nuestra Iglesia tuvo la valentía de sus convicciones. Estamos encantados de saber que tiene. ”

Mientras Glasspool fue rector de San Lucas y la Iglesia de St. Margaret’s en Boston (1992 a 2001), el presupuesto de la pequeña iglesia urbana es más del doble, de 44.000 dólares, y la composición de la parroquia se triplicó, pasando de 50 a alrededor de 150. También se ha desempeñado como desarrollador del programa para la Sociedad Bíblica de Massachusetts.

A 2006 la Escuela de Divinidad de Harvard (http://www.hds.harvard.edu/) Merrill Fellow, Glasspool dijo que en su papel actual que proporciona la atención pastoral al clero y de sus familias y hace visitas oficiales en nombre de los obispos de Maryland.

Ella es un graduado 1976 magna cum laude de Dickinson College en Carlisle, Pennsylvania, y obtuvo una Maestría en Divinidad en 1981 de la Escuela Episcopal, donde ha vuelto a dar una conferencia en la teología pastoral. Ella es también un certificado supervisor de campo de la educación, un director espiritual de Cursillos de Cristiandad y ha diseñado y facilitado los retiros espirituales durante más de 20 años.

Ordenado diácono en 1981 y el sacerdocio en 1982, Glasspool ha estado activa en el ámbito local, provincial y nacional de la iglesia. Fue tres veces diputado Convención General, un representante de la provincia de III y como presidente de la comisión permanente de la diócesis.

Ella nació en Staten Island y creció en Goshen, Nueva York, donde su padre sirvió como rector de la Iglesia de St. James ‘durante 35 años. Su compañero de vida de 19 años es Becki Sander, que tiene títulos en teología y trabajo social.

– El McCaughan reverendo Pat es un corresponsal nacional para Episcopal News Service. Vive en Los Ángeles. Matthew Davies es editor y corresponsal internacional del Servicio de Noticias Episcopal.

En medio de la tempestad el Papa guia la barca de Pedro


Cómo guiar la Iglesia durante la tempestad.

Una lección La ha impartido Benedicto XVI en una audiencia general a los fieles, contra quien invoca un nuevo inicio del cristianismo, sin jerarquía ni dogmas. El secreto del buen gobierno, ha dicho, “es sobre todo pensar y rezar” por Sandro Magister ROMA, 18 de marzo – Pocos han notado, pero en medio de la borrasca que ha embestido a la Iglesia católica por el escándalo dado a los “pequeños” por alguno de sus sacerdotes, Joseph Ratzinger ha enfrentado el desafío de una manera propia suya. Con una sorprendente lección de teología de la historia, no carente de referencias a su propia biografía de teólogo y Papa. La lección la ha dictado a los peregrinos que abarrotaban el aula de las audiencias generales, la mañana del 10 de marzo. Varias veces el Papa levantó la vista del texto escrito y ha improvisado. La trascripción completa está reproducida más abajo y se debe leer de inicio a fin. Pero algunos de sus pasajes se deben remarcar inmediatamente. Al centro de la lección resalta con trazo fuerte san Buenaventura de Bagnoregio, doctor de la Iglesia, uno de los primeros sucesores de san Francisco a la cabeza de la orden fundada por él. Y este es el primer pasaje autobiográfico. Porque es precisamente sobre la teología de la historia de san Buenaventura que el joven Joseph Ratzinger publicó en 1959 su tesis para la libre docencia en teología, que se ha reimpreso recientemente. La novedad de su tesis juvenil fue la de haber comparado por primera ver la teología de la historia de san Buenaventura con la de Gioacchino da Fiore, muy influyente. La influencia de Gioacchino da Fiore sobre el pensamiento de aquel siglo y de los siguientes, tanto cristiano como ateo, fue grandiosa, hasta nuestros días. A eso el teólogo Henri De Lubac hace treinta años le dedicó un memorable ensayo en dos tomos, titulado: “La posteridad espiritual de Gioacchino da Fiore”. Cuando hoy, como reacción al escándalo de algunos sacerdotes, una vez más se invoca una purificación generacional y radical de la Iglesia, un nuevo Concilio que sea “un nuevo inicio y ruptura”, un cristianismo espiritual hecho de puro Evangelio sin jerarquías ni dogmas, ¿qué es lo que se invoca si no la edad del Espíritu anunciada por Gioacchino da Fiore? En su lección del 10 de marzo pasado, Benedicto XVI describió y actualizó con rara claridad la contraposición entre Gioacchino y Buenaventura. Mostró cómo la utopía de Gioacchino encontró en el Concilio Vaticano II un terreno fértil para reproducirse de nuevo, pero victoriosamente resistido por “los timoneles sabios de la barca de Pedro”, desde los Papas que supieron defender la novedad del Concilio y al mismo tiempo la continuidad de la Iglesia. Del espiritualismo a la anarquía el paso es breve, a advertido Benedicto XVI. Era así en el siglo de san Buenaventura y es así hoy. Para ser gobernada, la Iglesia necesita de estructuras jerárquicas, pero a estas se les debe dar un fundamento teológico evidente. Es lo que hizo san Buenaventura al gobernar la orden franciscana. Para él “gobernar no coincidía simplemente con hacer algo, sino que era sobre todo pensar y rezar. En la base de su gobierno siempre encontramos la oración y el pensamiento; todas sus decisiones eran fruto de la reflexión, del pensamiento iluminado de la oración”. Lo mismo – ha dicho el Papa – debe ocurrir hoy en el gobierno de la Iglesia universal: “gobernar no sólo mediante órdenes y estructuras, sino guiando e iluminando las almas, orientando hacia Cristo”. Este es el segundo, decisivo, pasaje autobiográfico de la lección del 10 de marzo. En ella Benedicto XVI ha dicho como es que él quiere gobernar la Iglesia. Lo ha dicho con la mansa humildad que le es propia, poniéndose a la sombra de un santo. Como para san Buenaventura los escritos teológicos y místicos eran “el alma del gobierno”, así es para el actual Papa. El alma de su gobierno son las homilías litúrgicas, la enseñanza a los fieles y al mundo, el libro sobre Jesús, en una palabra, el “pensamiento iluminado por la oración”. Es allí que la estructura jerárquica de la Iglesia romana y sus actos de gobierno encuentran fundamento y alimento. Es de allí que la Iglesia del Papa Benedicto toma el remedio para los pecados de sus hijos y la respuesta a los ataques – no inocentes – que le llegan de fuera y de dentro. Pero démosle a él la palabra.

 A continuación su catequesis del miércoles 10 de marzo del 2010: 

 “No hay otro Evangelio más alto, no hay que esperar otra Iglesia…” por Benedicto XVI Queridos hermanos y hermanas, […] uno de los varios méritos de san Buenaventura fue interpretar de forma auténtica y fiel la figura de san Francisco de Asís, a quien veneró y estudió con gran amor. En tiempos de san Buenaventura una corriente de Frailes Menores, llamados “espirituales”, sostenía en particular que con san Francisco se había inaugurado una fase totalmente nueva de la historia, en la que aparecería el “Evangelio eterno”, del que habla el Apocalipsis, sustituyendo al Nuevo Testamento. Este grupo afirmaba que la Iglesia ya había agotado su papel histórico, y una comunidad carismática de hombres libres guiados interiormente por el Espíritu –es decir, los “Franciscanos espirituales”– pasaba a ocupar su lugar. Las ideas de este grupo se basaban en los escritos de un abad cisterciense, Gioacchino da Fiore, fallecido en 1202. En sus obras, afirmaba un ritmo trinitario de la historia. Consideraba el Antiguo Testamento como la edad del Padre, seguida del tiempo del Hijo, el tiempo de la Iglesia. Había que esperar aún la tercera edad, la del Espíritu Santo. Así, toda la historia se debía interpretar como una historia de progreso: desde la severidad del Antiguo Testamento a la relativa libertad del tiempo del Hijo, en la Iglesia, hasta la plena libertad de los hijos de Dios, en el período del Espíritu Santo, que iba a ser, por fin, el tiempo de la paz entre los hombres, de la reconciliación de los pueblos y de las religiones. Gioacchino da Fiore había suscitado la esperanza de que el comienzo del nuevo tiempo vendría de un nuevo monaquismo. Por eso, es comprensible que un grupo de franciscanos creyera reconocer en san Francisco de Asís al iniciador del tiempo nuevo y en su Orden a la comunidad del periodo nuevo: la comunidad del tiempo del Espíritu Santo, que dejaba atrás a la Iglesia jerárquica, para iniciar la nueva Iglesia del Espíritu, desvinculada ya de las viejas estructuras. Por consiguiente, se corría el riesgo de una gravísima tergiversación del mensaje de san Francisco, de su humilde fidelidad al Evangelio y a la Iglesia, y ese equívoco conllevaba una visión errónea del cristianismo en su conjunto. San Buenaventura, que en 1257 se convirtió en ministro general de la Orden franciscana, se encontró ante una grave tensión dentro de su misma Orden precisamente a causa de quienes sostenían la mencionada corriente de los “Franciscanos espirituales”, que se remontaba a Gioacchino da Fiore. Para responder a este grupo y restablecer la unidad en la Orden, san Buenaventura estudió atentamente los escritos auténticos de Gioacchino da Fiore y los que se le atribuían y, teniendo en cuenta la necesidad de presentar fielmente la figura y el mensaje de su amado san Francisco, quiso exponer una visión correcta de la teología de la historia. San Buenaventura afrontó el problema precisamente en su última obra, una recopilación de conferencias a los monjes del Estudio parisino, que quedó incompleta y nos ha llegado a través de las transcripciones de los oyentes, titulada “Hexaemeron”, es decir, una explicación alegórica de los seis días de la creación. Los Padres de la Iglesia consideraban los seis o siete días del relato sobre la creación como profecía de la historia del mundo, de la humanidad. Los siete días representaban para ellos siete periodos de la historia, más tarde interpretados también como siete milenios. Con Cristo se entraba en el último, es decir, el sexto periodo de la historia, al que seguiría después el gran sábado de Dios. San Buenaventura supone esta interpretación histórica de la narración de los días de la creación, pero de un modo muy libre e innovador. Según él, dos fenómenos de su tiempo hacen necesaria una nueva interpretación del curso de la historia. El primero es la figura de san Francisco, el hombre totalmente unido a Cristo hasta la comunión de los estigmas, casi un “alter Christus”, y con san Francisco la nueva comunidad creada por él, distinta del monaquismo conocido hasta entonces. Este fenómeno exigía una nueva interpretación, como novedad de Dios aparecida en aquel momento. El segundo es la posición de Gioacchino da Fiore, que anunciaba un nuevo monaquismo; y un período totalmente nuevo de la historia, que iba más allá de la revelación del Nuevo Testamento, exigía una respuesta. Como ministro general de la Orden de los Franciscanos, san Buenaventura vio en seguida que con la concepción espiritualista, inspirada en Gioacchino da Fiore, la Orden no era gobernable, sino que iba lógicamente hacia la anarquía. A su parecer, las consecuencias eran dos. La primera: la necesidad práctica de estructuras y de inserción en la realidad de la Iglesia jerárquica, de la Iglesia real, requería un fundamento teológico, entre otras razones porque los demás, los que seguían la concepción espiritualista, mostraban un aparente fundamento teológico. La segunda: aun teniendo en cuenta el realismo necesario, no había que perder la novedad de la figura de san Francisco. ¿Cómo respondió san Buenaventura a la exigencia práctica y teórica? Aquí sólo puedo hacer un resumen esquemático e incompleto de su respuesta en algunos puntos. San Buenaventura rechaza la idea del ritmo trinitario de la historia. Dios es uno en toda la historia y no se divide en tres divinidades. Por consiguiente, la historia es una, aunque es un camino y – según san Buenaventura – un camino de progreso. Jesucristo es la última Palabra de Dios; en él Dios ha dicho todo, donándose y diciéndose a sí mismo. Dios no puede decir, ni dar más que a sí mismo. El Espíritu Santo es Espíritu del Padre y del Hijo. Cristo mismo dice del Espíritu Santo: “Él os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14, 26), “recibirá de lo mío y os lo anunciará” (Jn 16, 15). Así pues, no hay otro Evangelio más alto, no hay que esperar otra Iglesia. Por eso también la Orden de san Francisco debe insertarse en esta Iglesia, en su fe, en su ordenamiento jerárquico. Esto no significa que la Iglesia sea inmóvil, que esté anclada en el pasado y no pueda haber novedad en ella. “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, las obras de Cristo no retroceden, no desaparecen, sino que avanzan, dice el santo en la carta “De tribus quaestionibus”. Así formula explícitamente san Buenaventura la idea del progreso, y esta es una novedad respecto a los Padres de la Iglesia y a gran parte de sus contemporáneos. Para san Buenaventura Cristo ya no es el fin de la historia, como para los Padres de la Iglesia, sino su centro; con Cristo la historia no acaba, sino que comienza un período nuevo. Otra consecuencia es la siguiente: hasta ese momento dominaba la idea de que los Padres de la Iglesia eran la cima absoluta de la teología, todas las generaciones siguientes sólo podían ser sus discípulas. También san Buenaventura reconoce a los Padres como maestros para siempre, pero el fenómeno de san Francisco le da la certeza de que la riqueza de la Palabra de Cristo es inagotable y de que incluso en las nuevas generaciones pueden aparecer luces nuevas. La unicidad de Cristo garantiza asimismo la novedad y la renovación en todos los períodos de la historia. Ciertamente, la Orden Franciscana – subraya – pertenece a la Iglesia de Jesucristo, a la Iglesia apostólica y no puede construirse en un espiritualismo utópico. Pero, al mismo tiempo, es válida la novedad de esa Orden respecto al monaquismo clásico, y san Buenaventura […] defendió esta novedad contra los ataques del clero secular de París: los franciscanos no tienen un monasterio fijo, pueden estar presentes en todas partes para anunciar el Evangelio. Precisamente la ruptura con la estabilidad, característica del monaquismo, en favor de una nueva flexibilidad, restituyó a la Iglesia el dinamismo misionero. Llegados a este punto, quizá es útil decir que también hoy existen visiones según las cuales toda la historia de la Iglesia en el segundo milenio ha sido una decadencia permanente; algunos ya ven la decadencia inmediatamente después del Nuevo Testamento. En realidad, “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, las obras de Cristo no retroceden, sino que avanzan. ¿Qué sería la Iglesia sin la nueva espiritualidad de los cistercienses, de los franciscanos y de los dominicos, de la espiritualidad de santa Teresa de Ávila y de san Juan de la Cruz, etcétera? También hoy vale esta afirmación: “Opera Christi non deficiunt, sed proficiunt”, avanzan. San Buenaventura nos enseña el conjunto del discernimiento necesario, incluso severo, del realismo sobrio y de la apertura a los nuevos carismas que Cristo da, en el Espíritu Santo, a su Iglesia. Y mientras se repite esta idea de la decadencia, existe también otra idea, este “utopismo espiritualista”, que se repite. De hecho, sabemos que después del concilio Vaticano II algunos estaban convencidos de que todo era nuevo, de que había otra Iglesia, de que la Iglesia pre-conciliar había acabado e iba a surgir otra, totalmente “otra”. ¡Un utopismo anárquico! Y, gracias a Dios, los timoneles sabios de la barca de Pedro, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, por una parte defendieron la novedad del Concilio y, por otra, al mismo tiempo, defendieron la unicidad y la continuidad de la Iglesia, que siempre es Iglesia de pecadores y siempre es lugar de gracia. En este sentido, san Buenaventura, como ministro general de los franciscanos, adoptó una línea de gobierno en la que era clarísimo que la nueva Orden, como comunidad, no podía vivir a la misma “altura escatológica” de san Francisco, en el cual él ve anticipado el mundo futuro, sino que – guiada, al mismo tiempo, por un sano realismo y por la valentía espiritual – debía acercarse tanto como fuera posible a la realización máxima del Sermón de la montaña, que para san Francisco fue la regla, si bien teniendo en cuenta los límites del hombre, marcado por el pecado original. Vemos así que para san Buenaventura gobernar no coincidía simplemente con hacer algo, sino que era sobre todo pensar y rezar. En la base de su gobierno siempre encontramos la oración y el pensamiento; todas sus decisiones eran fruto de la reflexión, del pensamiento iluminado de la oración. Su íntima relación con Cristo acompañó siempre su labor de ministro general y, por esto, compuso una serie de escritos teológico-místicos, que expresan el alma de su gobierno y manifiestan la intención de guiar interiormente la Orden, es decir, de gobernar no sólo mediante órdenes y estructuras, sino guiando e iluminando las almas, orientando hacia Cristo. De estos escritos, que son el alma de su gobierno y que muestran tanto a la persona como a la comunidad el camino a recorrer, quiero mencionar sólo uno, su obra maestra, el “Itinerarium mentis in Deum”, que es un “manual” de contemplación mística. Este libro fue concebido en un lugar de profunda espiritualidad: el monte de la Verna, donde san Francisco recibió los estigmas. En la introducción el autor ilustra las circunstancias que dieron origen a este escrito: “Mientras meditaba sobre las posibilidades del alma de ascender a Dios, se me presentó, entre otras cosas, el acontecimiento admirable que sucedió en aquel lugar al beato Francisco, es decir, la visión del serafín alado en forma de Crucifijo. Y meditando sobre ello, en seguida me percaté de que esa visión me ofrecía el éxtasis contemplativo del mismo padre Francisco y a la vez el camino que lleva hasta él” (“Itinerario della mente in Dio”, Prologo, 2, en “Opere di San Bonaventura. Opuscoli Teologici”, 1, Roma 1993, p. 499). Las seis alas del serafín se convierten así en el símbolo de seis etapas que llevan progresivamente al hombre desde el conocimiento de Dios, mediante la observación del mundo y de las criaturas y mediante la exploración del alma misma con sus facultades, a la unión íntima con la Trinidad por medio de Cristo, a imitación de san Francisco de Asís. Habría que dejar que las últimas palabras del “Itinerarium” de san Buenaventura, que responden a la pregunta sobre cómo se puede alcanzar esta comunión mística con Dios, llegaran hasta el fondo de nuestro corazón: “Si ahora anhelas saber cómo sucede esto (la comunión mística con Dios), pregunta a la gracia, no a la doctrina; al deseo, no al intelecto; al clamor de la oración, no al estudio de la letra; al esposo, no al maestro; a Dios, no al hombre; a la neblina, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que todo lo inflama y trasporta en Dios con las fuertes unciones y los afectos vehementes… Entremos, por tanto, en la neblina, acallemos los afanes, las pasiones y los fantasmas; pasemos con Cristo crucificado de este mundo al Padre, para decir con Felipe después de haberlo visto: esto me basta” (ib., VII, 6). Queridos amigos, acojamos la invitación que nos dirige san Buenaventura, el doctor seráfico, y entremos en la escuela del Maestro divino: escuchemos su Palabra de vida y de verdad, que resuena en lo íntimo de nuestra alma. Purifiquemos nuestros pensamientos y nuestras acciones, a fin de que él pueda habitar en nosotros, y nosotros podamos escuchar su voz divina, que nos atrae hacia la felicidad verdadera. (Versión vaticana).

 La catequesis reproducida más arriba es la segunda de una trilogía dedicada por Benedicto XVI a san Buenaventura de Bagnoregio, en las audiencias generales de tres miércoles seguidos. Estos son los enlaces a la primera y a la tercera catequesis, respectivamente del 3 y del 17 de marzo del 2010: > San Buenaventura 1 > San Buenaventura 3 Al final de esta catequesis, Benedicto XVI anunció la inminente publicación de una Carta a la Iglesia de Irlanda, sacudida por el escándalo de sacerdotes pedófilos: “Como ustedes saben, en los meses recientes la Iglesia en Irlanda ha sido sacudida severamente por la crisis del abuso de menores. Como un signo de mi profunda preocupación he escrito una Carta Pastoral tratando esta difícil situación. La firmaré en la Solemnidad de San José, Custodio de la Sagrada Familia y Patrón de la Iglesia Universal, y la enviaré inmediatamente después. Pido a todos que la lean de manera personal, con un corazón abierto y en espíritu de fe. Mi esperanza está en que pueda ayudar en el proceso de arrepentimiento, sanación y renovación”.

Traducción en español de Juan Diego Muro, Lima, Perú.

(Tomado de Chiesa)

La ley es para todas/os


LA MUJER Y LA IGLESIA.

José Enrique Galarreta.

En el episodio de la mujer adúltera el planteamiento de los escribas y fariseos es muy significativo: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. Tu, ¿qué dices?” Al hablar de “Moisés”, se refieren a dos textos: Levítico 20, 10: “Si uno comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos son reos de muerte.” Deuteronomio 22, 22: “Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre que se acostó con la mujer y la mujer misma. Así harás desaparecer de Israel el mal.” Resulta verdaderamente asombroso comprobar cómo La Ley, por muy machista que fuera la sociedad en que se redactó, es mucho más justa que la interpretación que hacen los escribas y fariseos ante Jesús. La ley hace pagar sus culpas al varón y a la mujer. Los dos son reos de muerte. Para los escribas y fariseos, el varón ha desaparecido, sólo la mujer ha de ser castigada. Es decir, una sociedad machista y superlegalista utiliza la ley en provecho de sus propias conveniencias. Y, aunque parezca increíble, podemos reflexionar si en nuestro momento actual, no se está actuando en la Iglesia de una manera semejante: ¿qué hay en el evangelio respecto a la mujer? Una valoración de Jesús sorprendentemente más positiva que la habitual en su sociedad, hasta el extremo de que son las mujeres los primeros testigos de la resurrección. Pero nosotros, la iglesia, seguimos anteponiendo a los varones, especialmente en el sacerdocio. ¿Qué fundamento tiene esta preferencia? Simplemente que Jesús era varón y que en los relatos de la última cena no aparecen las mujeres. De esto se quiere concluir que Jesús no quiere que las mujeres sean sacerdotes. Y hay que explicarlo. En primer lugar, que las mujeres no figuren en los relatos no quiere decir que no estuvieran en la última cena. Jesús se reunió con sus discípulos no tiene por qué significar que las discípulas estuvieran excluidas. En segundo lugar, hace tiempo que se ha prescindido en la Iglesia de la concepción “institucional” acerca de la cena de despedida de Jesús. La institución de la eucaristía y la ordenación sacerdotal de los doce en esa cena son enfoques reductivos hace tiempo superados. La primera Iglesia no tiene sacerdotes. En tercer lugar, en las comunidades primitivas las mujeres juegan un papel considerable. Somos injustos con Pablo cuando le atribuimos poco aprecio a las mujeres. Basta con leer las dedicatorias y despedidas de sus cartas para comprobar el enorme papel de las mujeres en su trabajo apostólico y la consideración con que Pablo las nombra. Fueron las generaciones cristianas posteriores a los años 70 [del s. I] las que hicieron prevalecer el machismo imperante en su sociedad y fueron desplazando a las mujeres de los servicios litúrgicos. Pero hoy mismo parece que en las altas esferas de la iglesia (no en la iglesia), se quiere volver atrás, a tiempos anteriores al Vaticano II, y expulsar a las mujeres incluso de servicios litúrgicos menores. Sobre esto tenemos que decir una sola palabra: que es muy bueno volver atrás, pero atrás del todo, no un siglo atrás sino veinte siglos atrás: que la Tradición de la Iglesia no empieza en Trento, ni en los Padres Capadocios, sino en Jesús. Y que la Iglesia que aparece en los Hechos de Apóstoles no da ningún pie para todas esas revisiones que quieren presentarse como “tradicionales”. En la sociedad judía en que vivió Jesús la mujer no tiene derechos civiles, se sienta en la sinagoga en lugar aparte, sin tener en ella voz, su testimonio no tiene validez legal. En las comunidades que aparecen en los Hechos de los Apóstoles las mujeres tienen voz, tienen oficios litúrgicos, son apóstoles y profetas. No parece exagerado decir que esta “vuelta a lo tradicional” que hoy parece amenazar a la iglesia es una vuelta al Antiguo Testamento. Y esto, no solamente en lo que respecta a las mujeres, sino incluso a la celebración de la eucaristía. Si es verdad lo que se está filtrando – suponemos que intencionadamente – se pretende que la eucaristía deje de ser la cena del Señor para parecerse más a los sacrificios de Caifás Sumo Sacerdote en el Templo de Jerusalén. Pero la Iglesia no se dejará engañar. Tendrá que sufrir por mantenerse fiel al Espíritu de Jesús. Pero a eso ya estamos acostumbrados.

 Tomado de http://www.feadulta.com/Iglesia_MUJER-Galarreta.htm

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