BENEDICTO XVI ACEPTARA,LA AUTOINCULPACION? SE LO PERMITIRAN ?


 

Lo de la campaña orquestada contra la Iglesia por la pederastia suena a falso y nadie se lo cree. Para hacer frente al goteo de casos de curas abusadores, la única salida que le queda a la Iglesia (mediáticamente hablando) es la de la autoinculpación. Me explico. Se trata de reconocer lo evidente: que el silencio y el encubrimiento eran la norma habitual. Que era todo el sistema el que estaba viciado. Desde la cúpula vaticana hasta la última diócesis. Los abusadores eran pecadores/enfermos, pero nunca delincuentes. Y sus pecados había que lavarlos en casa. Todos sabían, pues. Desde el Papa al último prelado de la Patagonia.

Una vez reconocido que el sistema estaba podrido por dentro a todos los niveles, la Iglesia tendría que dar un paso más. Reconocer que el Vaticano también estaba al tanto y “bendecía” ese sistema. Cuando no lo imponía. Desde Juan XXIII a Pablo VI, pasando por Juan Pablo I, Juan Pablo II y, por supuesto, Benedicto XVI. Todos los Papas sabían.

El Papa Ratzinger es, precisamente, el que quiere acabar con ese sistema perverso. Para eso, para que realmente la sociedad lo crea, tiene que admitir que tamibén él fue una pieza más de ese sistema y, por lo tanto, participo de él. Tanto en Munich como, sobre todo, al frente de Doctrina de la Fe, a donde llegaban todos los casos a partir de 2001. E, incluso, después como Papa. Una pieza, y fundamental, de un engranaje podrido.

Reconocer la existencia de ese inafme sistema no pone en entredicho a su predecesor ni arruinaría su proceso de beatificación. Como tampoco afectó al del Papa Bueno. Y tampoco pondría en peligro la autoridad moral del Papa Ratzinger. Al contrario, lo consagraría como el primer Papa que se atrevió de verdad a acabar con la connivencia y el ocultamiento de los curas pederastas.

De lo contrario, el goteo acabará minando la credibilidad y la autoridad moral de la Iglesia y hasta puede que el equilibrio psicológico del Papa. Ya dicen en Roma (sus enemigos, que los tiene y muchos) que el Papa está “abatido” y “turbado”. Es decir, deprimido. Incluso ya hay terminales interesadas que están haciendo circular la especie de que Benedicto XVI se estaría planteando la renuncia.

Para parar la dinámica externa del goteo de casos con el consiguiente acoso mediático, asi como la interna de los que preconizan que el pontificado del papa Ratzinger está agotado, Benedicto XVI tiene que hacer ese gesto extremo. Y cargar con toda la culpa, como máximo chivo expiatorio.

Sólo así, pasará página y abrirá una nueva etapa en una Iglesia más purificada. Y, además, salvará la honorabilidad y la honestidad de tantos curas fieles y entregados.

Y tampoco es tan complicado: El ocultamiento de los abusadores era algo habitual y formaba parte del sistema, pero hasta aquí hemos llegado. Tolerancia cero, mejor selección de candidatos al sacerdocio y coexistencia, en la Iglesia latina, de los curas casados con los célibes. ¿Se atraverá a hacerlo Benedicto XVI? ¿Lo dejarán?

José Manuel Vidal

(TOMADO DE RELIGION DIGITAL)

TEOLOGIA SIN CENSURA: JOSE MARIA CASTILLO S.J.


SEMANA SANTA DE 2010

28.03.10 | 17:39. Archivado en Sin censura

 

Todos los años, cuando llega la semana santa, pero especialmente este año, los cristianos deberíamos recordar que el cristianismo nació a partir de un jucio o, para ser más exactos, nació de de varios juicios y sus consiguientes condenas, con la ejecución final del reo. Jesús, en efecto, fue denunciado a las autoridades civiles y religiosas. Por eso, según nos dicen los evangelios, Jesús tuvo que pasar por el juicio (informal) de Anás y luego de Caifás. A continuación vinieron los juicios civiles: Herodes, en priper lugar, y finalmente el juicio ante Pilatos. Aquella cadena de juicios, como todo juicio, fueron una vergüenza, una humillación, un descrédito. En el juicio ante Anás, le pegaron una bofetada sin que Jesús diera motivo para ello. En el juico ante Caifás, lo declararon blasfemo, que era seguramente lo peor que le podían decir a un judío. En el juicio ante Herodes, se vió despreciado y se rieron de él. Y en el definitivo juicio ante el procurador romano, Pilatos, fue insultado por los acusadores; fue excluido cuando se le comparó con el bandido Barrabás; fue torturado por los legionarios romanos; fue acusado de cosas muy graves que no había hecho. Y, después de todo eso, fue condenado y ejecutado.

El cristianismo, pues, nació de un fracaso ante los tribunales. Un fracaso tan tremendo que, durante más de dos siglos y medio, no hay rastro alguno de que los cristianos hicieran cruces y crucifijos; o de que los cristianos dieran muestras de respeto y devoción ante una cruz. De hecho, antes del emperador Constantino (s. IV), no se han encontrado crucifijos con figura, ni siquiera cruces sin figura (J. D. Crossan, J. L. Reed). La única excepción, que se ha podido encontrar es humillante y vergonzosa: un dibujo con “graffiti”, que data de alrededor del año 200, en el monte Palatino de Roma, donde Augusto tuvo su palacio, que representa a un hombre delante de una cruz en la que está crucificado un hombre con cabeza de burro. El grabado, en girego, que hay debajo de esa imagen dice: “Alejandro adora a Dios”. Sin duda, se trata de un criado pagano (del palacio imperial) que ridiculizaba así la fe de un compañero, que sería cristiano, y que se veía así humillado por la vergüenza que, en aquellos tiempos, depresentaba la cruz.

Me parece que es bueno recordar estas cosas, precisamente ahora. Porque tenemos el peligro de que pase toda la semana santa y no caigamos en la cuenta de lo que realmente representa, de lo que nos viene a decir; y de lo que nosotros, los que decimos que creemos en el Crucificado, debemos aprender cuando pretendemos actualizar la “memoria subversiva” de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. La Iglesia está pasando por una situación vergonzosa. Muchos sacerdotes, religiosos, obispos, cardenales y hasta el mismo papa, se ven señalados con el dedo amenazante de quienes denuncian hechos delictivos y humillantes. Hay sacerdotes que han sido llevados ante los tribunales, algunos han sido condenados, los hay que ya cumplen su condena en cárceles o se ven obligados a pagar multas cuantiosas. Es verdad que las situaciones (de Jesús, por una parte, y de los clérigos pederatas, por otra) son tan diametralmente opuestas, que parece una frivolidad, una contradicción o incluso una falta de respeto, comparar una cosa con otra. Se trata de dos hechos tan contradictorios, que, mientras en uno se trata de la condena injusta del gran defensor de la dignidad humana, que es lo que hizo Jesús, en el el hecho actual, se trata de la condena de individuos que han pisoteado la dignidad de criaturas inocentes. Todo esto es cierto, claro está.

Pero, en ambos casos, hay una realidad tremenda que es exactamente la misma. Jesús, en su momento hiostórico, fue condenado y ejecutado brutalmente por las autoridades competentes y por hechos delictivos que, en el s. I, según las leyes de aquel tiempo, eran cosas mucho más graves que lo que ahora es abusar sexualmente de un niño. En tiempo de Jesús, y en las culturas mediterráneas del s. I, era normal encontrar bebés vivos, tirados en los basureros , de los que eran recogidos por gente sin escrúpulos que los vendía como esclavos. Hoy vemos, con toda razón, que eso un crimen horrendo. Pero en aquel momento las cosas se veían de otra manera. Con lo cual estoy indicando que la Iglesia del s. XXI, como el Jesús del s. I, coinciden en verse enfrentados a la vergüenza y al fracaso de una condena que deseautoriza y hunde a una persona o a una institución.

Pero los cristianos sabemos que la cruz, con todo lo que tiene de fracaso, humillación y desprestigio, es fuente de vida y de futuro. Y conste que los cristianos decimos esto, no porque seamos unos masoquistas indeseables. Ni porque estemos en las nubes sin poner los pies en el suelo. Dios quiso que Jesús pasara por la cruz, no porque el sufrimiento en sí sea una bendición divina. No es eso. Se trata de que, en esta vida, todo el mundo quiere triunfar, ser importante, tener fama, tener poder, aparecer como intachable, como ejemplar. Y eso, bien lo sabemos, suele ser fuente de enfrentamientos, confrontaciones, luchas, divisiones y deshumanización. Por supuesto, que los curas pederastas son unos delincuentes, que tienen que dar cuenta ante la justicia y pagar sus delitos, según las leyes. Pero, dado que las cosas han sucedido así, volvemos la mirada al Crucificado, no sólo ni principalmente para pedir perdón y misericordia. Eso es bueno. Pero con eso nada más no se arreglan las cosas. El que ha cometido delitos, que pase por los tribunales. Pero, además de eso, yo pienso que a la Iglesia, a los cristianos, a todos, nos viene bien bajar los humos, dejarnos de andar diciendo que somos ejemplares o que somos los mejores. No y mil veces no. Los cristianos creemos que en el Crucificado hay vida. No sólo por los motivos divinos que enseñan los teólogos. Sino, más a ras de tierra, porque la experiencia nos dice que nuestros orgullos y nuetras pretensiones de ejemplaridad son una miseria de la que tenemos que liberarnos de raíz y cuanto antes. He aquí, me parece a mí, una enseñanza clave de la semana santa de este año.Teología sin censura

“Estamos de rodillas” dice Arzobispo Dolan de New York


 Arzobispo de Nueva York defiende a Benedicto XVI 12:02 AM Nueva York.-

El arzobispo de Nueva York Timothy Dolan recibió aplausos el domingo luego de la misa de ramos, en la que defendió al papa Benedicto XVI ante quienes sugieren que ayudó a encubrir casos de abusos contra niños por parte de sacerdotes. La multitud ovacionó de pie al arzobispo en la Catedral de San Patricio y aplaudió por 20 minutos, después que éste leyó un comunicado en el que decía que el Papa “es el líder en purificación, reforma y renovación que la iglesia tanto necesita”. Aún así, Dolan admitió que las denuncias de abuso de menores por algunos sacerdotes en Irlanda y Alemania e incidentes similares ocurridos en Wisconsin “nos han golpeado hasta dejarnos de rodillas una vez más” y tendieron una sombra sobre la Semana Santa, informó AP. El líder de la segunda diócesis más grande de Estados Unidos pidió a los feligreses de Manhattan que rezaran por el pontífice. “Cada vez que esta atrocidad, este pecado horrendo, este crimen nauseabundo es denunciado, como debe ser, las víctimas y sus familiares reciben nuevas heridas, la gran mayoría de sacerdotes fieles bajan sus cabezas avergonzados de nuevo y católicos sinceros como ustedes experimentan otra dosis de conmoción, pena e incluso rabia”, señaló Dolan.

(Tomado de El Universasl-Caracas-Venezuela)

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