MARTIRIO DE HILDEGARD FELDMANN




20 AÑOS DEL ANIVERSARIO DEL MARTIRIO DE LA MISIONERA HILDEGARD FELDMANN.
En el contexto de la Semana por la Paz, hacemos memoria de nuestra hermana Hildegard Feldmann, miembro de la Comunidad de Misioneras Laicas que trabajó en Colombia por más de 30 años asociada a la Sociedad Misionera de Belén (Padres Suizos); quien fuera asesinada por un disparo al corazón por miembros del Ejército Nacional de Colombia mientras prestaba servicios como enfermera en El Sande, Municipio de Guachavés, Nariño.
“La muerte lleva a la resurrección: el sufrimiento, la destrucción y la humillación abren paso a la alegría, al triunfo y a la vida”, escribió Hildegard unos días antes de su martirio.
En un poema de Monseñor Casaldáliga se expresa el sentimiento de cariño y gratitud por los-as que han dado su vida por la justicia y la paz en América Latina:
«Os escribo a todos vosotros y vosotras
que habéis dado la vida por la Vida,
a lo largo y ancho de Nuestra América,
en las calles y en las montañas,
en los talleres y en los campos,
en las escuelas y en las iglesias,
bajo la noche o a la luz del sol.
Por vosotros y vosotras, sobre todo,
Nuestra América es
el Continente de la muerte con esperanza».
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Protagonistas y Personajes
Personaje HILDEGARD MARIA FELDMANN

Nacida en Näfels, cantón de Glarus, de Suiza, el 4 de Abril de 1936. Trabajo 18 años en la India y 1 año en Bangladesh, presentando servicios de salud en comunidades muy pobres.
Vino a Colombia en 1983 y se vinculó al trabajo pastoral en el Vicariato apostólico de Tumaco (Hoy Diócesis de Tumaco). Durante 5 años estuvo en Bocas de Satinga, con otros miembros de la Sociedad Misionera de Belén, allí colaboró en la reconstrucción del pueblo, después del maremoto/terremoto de finales de 1979. Está reconstrucción se hizo con el apoyo de MISEREOR y la asesoría de un equipo coordinado por Jaime Díaz (Actual director de PODION). En 1990 había pasado a trabajar en el corregimiento de El Sande, del municipio de Guachavés (Nariño), en al Diócesis de Ipiales.
Mujer sencilla y totalmente entregada a los más pobres, a quienes consagró su vida con generosidad comprometida, mirando siempre en ellos la imagen sufriente del Señor Jesús.
“La hermana Hildegard, de un frágil físico, era por naturaleza tímida casi hasta el extremo. Su alta sensibilidad le imposibilitaba pronunciar apenas palabras. No era un silencio que asustaba, más bien un silencio lleno de Dios y de cordialidad. Hablaba más bien con su presencia alegre y a la vez discreta. Una mujer servicial, siempre disponible para el servicio, sobre todo a través de sus profesión de enfermera en beneficio de todos, preferiblemente de los hermanos más pobres, como los son los hermanos de la Costa Pacífica en Satinga, carentes de luz, agua, medicinas, caminos…”, así lo dijo Monseñor Miguel Ángel Lecumberri, durante la eucaristía en memoria de Hildegard.
El 9 de Septiembre de 1990, hacia el medio día, como usualmente lo hacia el grupo guerrillero pasó por la pequeña aldea de El Sande, que apenas se puede ver en medio de las montañas del sur, dentro del municipio de Guachavés (Nariño). Los habitantes de aquel caserío se habían acostumbrado ya a su presencia y sabían incluso que a veces se refugiaban en un rancho deshabitado en las afueras de la aldea. Aquella vez los guerrilleros hicieron una de sus acostumbradas invitaciones a “unirse para salir adelante”.
El Ejército, por su parte, había montado operaciones de inteligencia en la zona, desde el 5 de Septiembre y habían notado los movimientos de esta columna guerrillera, que al parecer pertenecía al Frente 28 de las FARC.
Ese mismo 9 de Septiembre, a las 4 de la tarde, los habitantes de El Sande fueron sorprendidos por una incursión violenta del Ejército. Las compañías de contraguerrilla, bajaron de la montaña y rodearon la aldea por varios flancos, disparando indiscriminadamente contra los pobladores.
Todo el mundo salió a esconderse en su casa. Un hombre y su mujer se encontraban de visita; al oír las ráfagas, corrieron para regresar a su casa, pero el hombre fue herido en una pierna y como pudo, junto a su esposa, se refugiaron en casa de un vecino; cuando creyeron había pasado el peligro salieron, pero la mujer fue alcanzada por una bala y la dejo gravemente herida.
Los militares al mando del Teniente Néstor Beltrán y del Subteniente Germán Otálora, ingresaron brutalmente al poblado. Con palabras soeces obligaban a la gente a salir de sus casas y a concentrarse en el campo de deporte, afirmando que “todos era guerrilleros”. En medio de su criminal bajeza, indagaban toscamente que donde estaban las monjas que atendían a la guerrilla.
Los guerrilleros, luego de su arenga a la población al medio día, habían ido a bañarse al rio, no muy lejos del poblado. Uno de ellos, quedo encargado de hacer guardia a la salida del caserío. Cuando fue sorprendido por el Ejército, disparó e hirió a un soldado, cayendo inmediatamente abatido por las balas del Ejército, mientras los otros guerrilleros huían hacia la montaña.
Los militares avanzaron hacia las afueras del poblado y rodearon rápidamente la casa de Don Ramón Rojas, donde se encontraba Hildegard, pues estaba atendiendo a una anciana de 80 años que estaba enferma.
Cuando escucharon los primeros disparos junto a la casa, Don Ramón fue herido. Mientras la hermana Hildegard se llevaba las manos a la cabeza, preguntándose lo que estaba sucediendo, rápidamente una bala atraviesa el corazón y cae muerta junto a Don Ramón, quien había sido alcanzado por nuevo impactos.
El Ejército obligo a todos los pobladores a pasar la noche encerrados en la capilla de la aldea. Entre tanto los soldados destruyeron viviendas y saquearon la droguería que manejaba Hildegard. A algunos jóvenes los obligaron a transportar los cadáveres de las victimas hasta el campo deportivo.
Cuando las personas salieron de su encierro los cadáveres ya estaban destrozados por los perros. Tuvieron que sepultarlos precariamente, como pudieron. Los militares les impidieron, por varios días, salir a comunicar la trágica noticia.
El general Manuel José Bonett, Comandante de la III Brigada del Ejército, expidió un comunicado el 13 de Septiembre, donde trataba de justificar el crimen apoyándose en datos objetivamente falsos, como lo pudo comprobar la Procuraduría General de la Nación. En dicho comunicado afirmaba que “se produjo un contacto armado, el día 9 del presente mes a las 5 de la tarde….” Y que “entre los muertos se encontraba la Misionera laica de nacionalidad suiza, María Fidelman Hildegard… quien cumplió labores de enfermería en la casa donde fue sorprendido el grupo armado y desde la cual se disparó a la patrulla…”
Los Obispos de Ipiales y Tumaco, expidieron comunicados donde afirmaban que, Hildegard realizo su trabajo por varios años, siempre estando al servicios de los más enfermos, pobres y necesitados; un ejemplo de sencillez, entrega y oración y que la gente de la región rechazaba confundida e indignada las publicaciones de algunos medios de comunicación, donde se aseveraba que la hermana formaba parte de la guerrilla. Además de exigir a la Procuraduría General de la Nación y a la Comisión Internacional de Derechos Humanos, una exhausta investigación de los ocurrido.
Reseña hecha por: Jessica Pinzón, a partir de la publicación en mimiógrafo “Aquellas Muertes Que Hicieron Resplandecer La Vida” – Autores Varios.

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Misionera Hildegard Feldmann, Ramón Rojas Erazo y Nestor Hernando García: 20 años de impunidad de uno de los primeros “falsos positivos” de Nariño

El 9 de septiembre, se cumple por vigésima vez el día del asesinato de la misionera suiza Maria Hildegard Feldmann, que en 1990 fue ejecutada por tropas del Ejército Nacional con una bala a quemarropa en la vereda de El Sande, Municipio de Guachavés, cuando atendía a una vecina enferma. Se justificaba su muerte y la de los dos habitantes de El Sande: Ramón Rojas Erazo y Nestor Hernando García, asesinados durante los mismos hechos, tildándolos de ser guerrilleros de las FARC-EP.
Mataron sus cuerpos, pero sus espíritus siguen vivos en la comunidad y en nuestra memoria. Por eso nos vamos a reunir con todas las personas que quieran participar, el día 9 de septiembre 2010 a las 10 a.m. en Samaniego, donde Maria Hildegard está enterrada, para reafirmar, que la muerte no tiene la última palabra.
Maria Hildegard Feldmann, durante 30 años fue misionera de la “Comunidad de Laicas Misioneras” (GLM), de Suiza. Prestó sus servicios como enfermera profesional en la India durante casi 20 años, después por seis años en Bocas de Satinga, de la Diócesis de Tumaco. Apenas unos 3 meses antes de su asesinato había llegado a la vereda de El Sande, donde empezó a trabajar en programas pastorales de salud y formación de promotores.
El día 9 de septiembre de 1990, tropas del Grupo Mecanizado No 3 Cabal, se encontraban realizando actividades contraguerrilleras en el Municipio de Guachavés. A las 5 de la tarde, aproximadamente, en la inspección de « El Sande », ejecutaron a un hombre que, según varias versiones oficiales, cumplía labores de vigilancia para la columna guerrillera que se encontraba en la zona. Posteriormente, las mismas tropas se dirigieron a una casa de habitación cercana al lugar de los hechos, penetrando violentamente y a los gritos de « guerrilleros hijoeputas », dispararon indiscriminadamente, dando muerte al propietario de la casa, Ramón Rojas Erazo, a Nestor Hernando García, el empleado de Ramón Rojas E. y a Maria Hildegard Feldmann, quien atendía como enfermera a una mujer de la región. Fue lesionada gravemente la señora Luz Marina Erazo Portilla. Las víctimas de la acción militar fueron presentadas ante la opinión pública como « guerrilleros e integrantes de las FARC ».
En una improvisada “necropsia” antes de su entierro se pudo constatar que el proyectil que entró a la altura del corazón de Maria Hildegard fue activado a una distancia de menos de un metro. También las demás víctimas mostraron heridas de la misma característica. Por lo tanto se puede suponer que se trata de homicidios intencionales.
Nunca la Comunidad Misionera Laica (GLM) recibió un fallo jurídico, mucho menos una indemnización, nunca una rectificación del periódico “El Espectador” que la tildó como “guerrillera”.
La Srta Luz Marina Erazo Portilla, gravemente herida, estando en el Hospital de Samaniego, recibió amenazas por parta de integrantes del ejército para que no dé declaraciones, la esposa del Señor Rojas Erazo murió años más tarde, sin que sepamos si recibió una indemnización o no. Ningún integrante de la patrulla contraguerrilla que realizó el asalto ha sido judicializado, a pesar de los esfuerzos de diferentes grupos religiosos, entre ellos la CRC (Conferencia de Religiosos de Colombia).
Podemos decir, que estos crímenes han sido de los primeros “falsos positivos” denunciados en Nariño. Solamente el hecho de que Maria Hildegard era ciudadana suiza, ampliamente conocida por su trayectoria misionera y profesional, salvó la honra de las víctimas.
Si nos reunimos ahora el 9 de Septiembre en Samaniego, significa por lo tanto también, hacer memoria de 20 años de no-olvido de miles de vidas cegadas violentamente, que hasta hoy son crímenes sin justicia, sin verdad y sin reparación, y quedaron en la completa impunidad. Este hecho nos compromete aún más: No habrá “caso cerrado” mientras las familias, amigos y allegados de las víctimas no reciban siquiera el derecho a la verdad.
(Comisión Vida Justicia y Paz, Diócesis de Tumaco)
(Tomado del Boletin de Justicia y Paz de la CRC)

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