El Sacerdote y su Evolución. Parte I: P.Gerardo Jaramillo Gonzalez



EL SACERDOTE DE AYER

Introducción:

Tengo muy vivo en la memoria al Padre Benjamín Piedrahíta , un sacerdote muy sacerdote. El era inteligente, correcto, e incluso elegante y le lucía muy bien ese halo de superioridad, tan natural, que no tenía nada de complejo de grandeza. Era de talante natural y rebosante de dignidad. Celebraba la Eucaristía con todas las leyes de la liturgia pero sin ostentación de piedad exagerada. Me impresionaba especialmente cuando daba la bendición con el santísimo en la custodia. En esta ceremonia yo veía a un hombre muy grande. Se me hacía que era todo un rey en quien lucía al máximo la capa pluvial blanca y la estola, símbolo de su autoridad. Lo recuerdo como todo un paradigma de sacerdotes, en el ejercicio de su ministerio lo más grande y elevado de la humanidad.

El era el párroco del pueblo y sin duda la máxima autoridad de la Parroquia de San Juan Nepomuceno de Toledo. Cuando estaba en la parroquia el pueblo se sentía completo, cuando se ausentaba, la Parroquia se sentía sola y sin exagerarlo, se sentía huérfana. El rosario que entonaba Margarita Betancur, a la hora de la Misa, no llenaba el corazón, sino que aumentaba el sentimiento de soledad.

El fue el que me envió a estudiar al Seminario de Misiones de Yarumal, cuando yo apenas era un niñito campesino atrasado en los estudios, inocente e ingenuo.

La formación sacerdotal de antes

En el Seminario los profesores eran 13 sacerdotes, en quienes veíamos lo mismo que vi en el Padre Piedrahita. Ante esa nómina de hombres grandes, sacerdotes, los estudiantes nos sentíamos sobrecogidos. Yo, en mi sentir, estaba aspirando a ejercer la profesión sacerdotal que era lo máximo en profesiones sobre la tierra.

Después del bachillerato, hicimos los tres años de filosofía, el año de espiritualidad misionera y finalmente los cuatro años de Teología, siguiendo la pauta de la “Summa Theológica” de Santo Tomás de Aquino. Tan larga y profunda preparación hace ver la grandeza de la profesión que íbamos a recibir. Lo que creaba aquel complejo de superioridad que se veía en todos los sacerdotes, en cualquier cargo que desempeñaran.

La ordenación cincuenta años ha

El 9 de octubre fue la ordenación de un grupo de 14 misioneros recibida de manos del Obispo más sonado de Colombia, el Obispo Misionero, Monseñor Miguel Angel Builes, hombre convencido y santo. Yo era uno de los 14. Para la procesión de entrada a la capilla, vestía la capa magna, el báculo y la mitra. Lucía como todo un príncipe de la Iglesia.

Después de la unción que se sentía hasta los tuétanos, venía la imposición de manos del Obispo, seguida por la imposición de manos de todos los Presbíteros asistentes, quienes durante la recitación de la forma sacramental mantenían la mano derecha en alto, hasta que terminaba ésta que era la que nos hacía sacerdotes “In aeternum” para siempre, según el orden de Melquisedec.

Al final de la ceremonia, el Obispo dijo a los ordenados, “Recibid al Espíritu Santo, …a quienes perdonareis los pecados le serán perdonados y a quienes los retuviereis, les serán retenidos”.

Terminada la superceremonia, y mientras el Obispo se despojaba de los ornamentos sagrados resonaba el himno aquel que estremecía sobre todo a los recién ungidos, que comienza.

“Ungido sacerdote,
Irradiante de luces,
Al santo de los santos
Llegaos sin temor”.

Durante la procesión de salida, todos a una cantamos el “magníficat” intercalando entre versículo y versículo el estribillo: “Omnes gentes magnifícate Deum, quia evangelizare paupéribus misit me Dóminus”(Gentes todas magnificad a Dios porque El me ha enviado a evangelizar a los pobres). Y todo terminó con el abrazo doble a los neopresbíteros, con el abrazo de los asistentes, desde el Obispo y los sacerdotes, hasta el último de los seminaristas.

Una vedadera apoteosis :

El 12 de octubre fue la primera misa cantada. La procesión de entrada se inició en la casa de la familia, el neosacerdote iba bajo palio portando el cáliz del que se desprendían cintas para que la familia y otros allegados las llevasen hasta la llegada al altar de la Iglesia de la Virgen del Rosario de Bello. Y frente al altar, tuvo lugar la Misa cuyo presbítero asistente era el Párroco y cuyo predicador especial fue el Misionero Luis Eduardo Navarro. Al término de la misa, fue la ceremonia ya extra liturgia, la ceremonia del besamanos. Los asistentes que colmaban el templo se acercaron a bezar las manos del recién ungido, todavía olorosas a crisma. Todo aquello fue una verdadera apoteosis!!!.

Se cumplió aquello de “ex homínibus assumptus”, elevado de entre los hombres.

De la manera descrita se fabricaban los sacerdotes de antes, quienes no sin razón salían con su halo de grandeza y superioridad que se reflejaba en todos los sacerdotes de las parroquias y demás sitios de trabajo.

Es el caso de todos los que eran ordenados sacerdotes, todos seguíamos el mismo ritual y hacíamos el mismo recorrido.

Miremos ahora la evolución de aquel estilo sacerdotal que arrancó con el Concilio de Trento. Y del que ahora no queda sino la realidad de un hombre ungido para el servicio de los files y sin aureolas de superioridad.

Cómo se inició la evolucion de aquel estilo de sacerdotes

A la muerte de Pio XII, fue elegido Obispo de Roma y Papa de la Iglesia Católica un anciano que frisaba los 77años. La primera manifestación de Roma y del mundo fue de desencanto. Un empleado del Vaticano, comentó al llegar a casa, que “había sido elegido un Papa de transición”. Es decir, un anciano, que durara poco, mientras se elegían nuevos cardenales para que pudiera hacerse una elección más en firme. Pero el Papa de transición resultó ser el revolucionario más grande que ha tenido la historia del papado.

Apenas de entrada al papado, expresó su idea madre para su gestión, parándose de su silla y abriendo una ventana mientras decía: “ hay que abrir ventanas para que a la Iglesia entre aire nuevo”, vale decir, para que la Iglesia se renueve. Su principal anuncio fue de convocatoria de un Concilio Ecuménico, Pastoral, para una renovación de la Iglesia de Cristo.

Convocó el Concilio que se llamó:” Concilio Ecuménico Vaticano II”, reunió a los obispos de todo el mundo, invitando también a muchos teólogos y autoridades de las Iglesias llamadas protestantes, y que a partir de su gestión papal se siguieron llamando “hermanos separados”. Se prepararon comisiones para que redactaran los esquemas de los puntos teológicos y pastorales, esquemas que fueron rechazados por algunos Padres Conciliares, pues parecían hechos al estilo de Trento y ahora se trataba no de reforzar a Trento sino de actualizar la iglesia poniéndola a tono con los cambios abismales del mundo contemporáneo.

Los 2.500 obispos estudiaron la temática, y produjeron para el mundo católico cambios, para adaptar la Iglesia al mundo moderno:

-Se estableció la lengua vernácula para la liturgia y las ceremonias,
-Se abolió el latín, como cosa apenas lógica pues la liturgia en latín no estaba al alcance de los fieles en ninguna parte del mundo.
-Se descentralizó la Iglesia restituyendo en muchos aspectos la autoridad de los Obispos locales.
-Se enalteció el sacerdocio general de los fieles.
-Se le dio gran importancia al laicado,
-Se exigió para el pensum de los seminarios, que se estudiara una teología Ecuménica.
-Se dieron muchos acercamientos a los Hermanos separados,
-y se reconoció la libertad de conciencia y la libertad de cultos. Y muchas cosas más, obteniendo el objetivo propuesto por el Papa: hacer que en la Iglesia soplaran nuevos vientos, que se renovaran muchas prácticas anticuadas, y en general que la IGLESIA SE PUSIERA A TONO CON EL MUNDO MODERNO Y POST-MODERNO.

El Papa de transición resultó ser el hombre escogido por Dios para la renovación de la Iglesia que, sin duda alguna, estaba en crisis. “Estaba en una encrucijada”.

El Vaticano II no fue dogmático, ni fue de cambios doctrinales, ni de anatemas ni de excomuniones, sino profundamente pastoral, de renovación y ecumenismo. Pero realmente desencadenó una verdadera avalancha de renovación en todos sus estamentos y autoridades. Tal vez donde más se sintió el cambio fue en el sacerdocio y en general en el laicado. “La imagen del sacerdote ha dado un profundo cambio”.

El sacerdote no es ya el pastor que guía a su grey indiscutiblemente, ni el pastor que todo lo sabe. EL  PEDESTAL EN EL QUE ESTABA ACOSTUMBRADO A PERMANECER EL SACERDOTE HA SIDO HECHO AÑICOS A SUS PÌES”. H.A Mouritz. Los grandes temas del Catecismo holandés P.90.

Fuente: http://gerardojaramillog.wordpress.com/2011/11/01/el-sacerdote-y-su-evolucion-parte-1/

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