GERARDO VALENCIA CANO: SEMBLANZA DEL HERMANO MAYOR: P. Gerardo Jaramillo G.


Me permito presentar a mis amables lectores la semblanza de Monseñor Gerardo Valencia Cano, a modo de preparación para la celebración de los cuarenta años de su muerte, que se cumplirán el próximo 21 de enero..

SEMBLANZA DEL HERMANO MAYOR

De Monseñor Gerardo Valencia Cano se han dicho muchas cosas, pero sin ánimo de ofender a ninguno de sus admiradores, me permito decir, que se repiten demasiado las mismas ideas, los mismos diálogos con Dios, los mismos amores con Cristo, sus mismos retratos hablados, de físico, temperamento y carácter, su configuración espiritual, su socialismo atrevido, y audaz, sus mismas expresiones de cristianismo radical, sus mismas anécdotas. Quiero decir, que para hacer una nueva semblanza de este hombre ya es difícil hablar sin repetir. Sin embargo, ¿quién se cansa de ver fotografías, quien se cansa del periódico diario, del semanario, o de los vistosos anuarios?.

Voy a tomar otras instantáneas, otras fotos de cuerpo entero, y con cámara kirlian, fotos también que retraten el aura, retratos que muestren su interior, en donde sin duda se encuentra su alma, su espíritu, su carácter, su yo íntimo, genético, su otro yo, su superyó, su espiritualidad, sus virtudes. En resumen quiero una fotografía donde se ve al hombre humano pero donde se adivine al hombre de Dios.

De este hombre bajo de estatura, magro de cuerpo y de endeble físico, se le describe su primariedad recordando sus idas y venidas: De Santo Domingo a Yarumal, de Yarumal a Medellín. Y luego sus andanzas por las selvas de la Amazonia y después por la costa del Pacífico en el bello Puerto de Mar y cuando fue inundado por el Espíritu Santo en un pentecostés que realmente se cifra en el Concilio Ecuménico Vaticano II, Buenaventura, Medellín, Anchicayá, Potedó, Yurumanguí, y posteriormente, Ambato y Quito, Bogotá, Caracas, Buenos Aires, Rio de Janeiro, Melgar, CELAM Medellín, Melgar, Roma, Iquitos.

De superior General se le vio llegar a las nueve de la noche al Seminario de Misiones y cuando ya todos dormían, tocar la campana para llamar a los Seminaristas del Mayor para hacerles una conferencia, pues al día siguiente tenía que regresar a la capital antioqueña y sin pérdida de tiempo volver a su Vicariato a emprender la muy repetida correría por los ríos y volver para dar orientaciones en Bogotá a su secretario en orden a algún encuentro de índole social o de revolución pastoral misionera o de cambios urgentes de la Iglesia.

Su carácter y personalidad, vale decir, su superyó se forjaron en la pobreza de su infancia, en la escasez de su adolescencia, en la reciedumbre de sus formadores empezado por el que fue su superior y director espiritual, en las desigualdades sociales que pudo tocar con sus manos mientras estudiaba en Bogotá, en la marginación asfixiante de su Prefectura del Vaupés, en la miseria, segregación y marginalidad espeluznante en que vivían las gentes de Buenaventura, en sus decisiones férreas de seguir al Cristo por los que tal vez, teniendo vocación, no lo seguían, en su heroico voto de no perder el tiempo, en su decisión de adhesión total al Instituto y al eximio Fundador, en su decisión de optar por los pobres, en los radicales cambios de la Iglesia a partir de los decretos conciliares, en el viraje del episcopado al firmar los documentos de Medellín, en Juan XXIII y en Paulo VI con sus respectivas encíclicas Mater et Magistra y Populorum Progressio, en la irrupción del Espíritu en su alma, cuando empujado por la mano de Dios hubo de dar un timonazo en su vida que, prácticamente, le marginó de los obispos, y en su Pentecostés a partir del cual se entregó a la profecía, propalando a todos los vientos un socialismo cristiano que se identifica con el cristianismo entendido en su más auténtica radicalidad.
Sus decisiones se caracterizaron por la tendencia que había en él, de hacer las cosas ya y sin dilación, como aquel prohombre que llevó a Inglaterra, como gran timonel, en los azarosos tiempos de la segunda guerra mundial, cuyo lema fue siempre, “Acción ahora mismo”. Nuestro Hermano no tenía tiempo para volver sobre sus pasos, porque siempre tenía que estar emprendiendo nuevas actividades. “A nosotros nos toca abrir caminos”. El Espíritu Santo no le daba tegua. “Otros perfeccionaran las cosas que yo inicio, decía, yo no tengo tiempo de volver los ojos hacia atrás”.
Adentrándonos un poco en su sicología, le vemos mucho más carismático que intelectual, pero en su carisma que siempre iba por los lados de los oprimidos, no se daba tregua. Su voluntad era de hierro y sus decisiones las cumplía aún al precio de su sangre y así fuera necesario romper con amistades, familia, formadores, o Iglesia constantiniana. Su Iglesia era la auténtica de Cristo, no la del Imperio constantiniano, cuando los obispos pasaron de marginados a príncipes del Imperio y donde se dio el cambio pavoroso de Iglesia perseguida a Iglesia imperialista, de Iglesia de paz, a Iglesia de las cruzadas, de Iglesia libertad, “la verdad os hará libres”, de iglesia sojuzgada a sojuzgadora como lo atestigua la horrorosa inquisición.
Su espiritualidad que se reflejaba en todos sus procedimientos, y que se le salía por los poros, estaba centrada en Jesucristo, en el Cristo de los pobres, que cada vez era más palpable, en los menesterosos, en los pobres de espíritu, en los marginados, en los oprimidos. Encarnó en forma hiriente aquello de “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber”. Por su vida interior, por u autenticidad y transparencia “Logró que su vida fuera como un perfecto fanal, en el que no se adivina en dónde el aire termina y en dónde empieza el cristal”, que era lo que Ignacio de Loyola quería de Francisco de Javier. (José María Pemán, el Divino Impaciente).
Si a un santo se pareció el Hermano mayor, fue a San Francisco Javier, bien que fue devoto de Santa Teresita del Niño Jesús, y en su modestia, silencio y comportamiento externo, era también imitador de San Bruno el fundador de los Cartujos.
Hombre de ascética oración, de contemplación sin éxtasis ni arrobos, de pertinaz constancia. Hombre de acción rayana en la hiperactividad, sin que pudiera tildársele de hipertiroidismo. Hombre que supo juntar oración y acción con la resultante de una vida apostólica según el Aquinate, donde la contemplación es forma, alma de toda su actividad, para muchos loca, de su actividad que avanza hasta la revolución misionera que se gestó en él pero que siguió en la Costa Pacífica, en Colombia y en Latinoamérica y que sigue creciendo como una avalancha que va a concluir con el fin del mundo. Hombre de fe profunda, pero de una fe, virtud teologal, que teniendo como objetivo la divinidad, es motora de alto caballaje, motora de cambio, liberación y grito de libertad. Hombre de caridad sin fronteras, que pasando por el oprimido, en todo caso concluye en Dios. Hombre de esperanza que lucha sin tregua por la liberación de los oprimidos, pero que se aparta infinitamente del comunismo ateo y de paraísos en la tierra porque esa esperanza solo culminará en la parusía cuando vuelva el Señor: Su esperanza es de total firmeza escatológica. Hombre de infinita humildad, y modestia que le hace huir de fastuosidades sin sentido y le lleva a la identidad con los de abajo, esto es lo que explica que empezó con guardar el anillo episcopal en una caja de fósforos que llevaba en la relojera, es lo que explica su opción por el atuendo del obrero en lugar de mitra y báculo, en lugar de sotanas y bandas moradas y en lugar de capa magna y pectoral.
No me digan excelencia, díganme hermano Mayor, y un poco más tarde, no me digan hermano mayor simplemente hermano. Eso es lo que le lleva hasta llamarse y hasta a firmar cartas con el nombre de fray Simplicio. Su opción por el pobre fue total, fue una obsesión, casi una locura. Pero, jamás presumió de humilde por aquello de que. “Virtud que se paladea, apenas si ya es virtud”.
Lo que se rezuma de su cuerpo es eso, entrega total, opción por lo oprimidos, unión con Cristo, abrazo con los marginados. Era simple, sencillo en extremo. Sabía y ponía en práctica aquello de que “No hay virtud más eminente que hacer sencillamente lo que tenemos que hacer”. (José María Pemán, El Divino Impaciente).
Su rechazo del capitalismo es profético: el capitalismo tiene que caer por tierra y darle paso a un socialismo humano y cristiano. Su rechazo del comunismo, es una profecía que ya se ha cumplido con la debacle del partido y su socialismo ahora tiene pasmosos parecidos con la famosa Perestroica

Permítaseme concluir con un paralelo entre aquel socialismo valenciano y la gran reforma del socialismo ruso, que nos hace entrever a nuestro hermano en la realización de su visionario futuro. De este modo no queda en el tintero, ni fuera de la semblanza que tratamos de esbozar, ese aspecto que es la profecía.
Volviendo a mirar esa semblanza de hace 37 años, volviendo sobre la misma fisonomía o fotografía o pintura, como se le quiera llamar. El cuadro presenta muy clara la semblanza de nuestro profeta, remozada y enteramente actualizada. Verdaderamente ese era un profeta de Dios.

El Hermano Mayor enfatizó la infinita diferencia que había entre su socialismo y el comunismo. Era tan diferente el uno del otro, como es diferente la fe del ateísmo.
Lo que quiere la Perestroica es un socialismo humano, socialismo con respeto de la dignidad de la persona humana.

El hermano mayor quiere un socialismo que no separe países por medio de fronteras inicuas. No quiere la violencia. Quiere que los ríos sean lazos de unión entre las naciones.
La Perestroica quiere un socialismo que reconozca la autodeterminación de los pueblos un socialismo que los una y que los aleje de la guerra fría.

El hermano mayor quiere un socialismo cristiano.
La Perestroica quiere un socialismo donde la religión sea una opción personal.

El hermano mayor quiere un socialismo que prescinda de la propiedad privada.
La Perestroica desea un socialismo que regrese a la propiedad privada, pero no indiscriminada.

Al hermano mayor no le asusta la palabra comunismo. Pero rechaza aquel comunismo que quiso imponerse a sangre y fuego.
La Perestroica prescinde del comunismo que quería imponerse en Rusia a partir de la dictadura del proletariado, de aquel comunismo que derramó ríos de sangre.

El Hermano mayor adopta la política de la no violencia como Gandhi, como Luther King.opta por una política con regreso a la democracia.

El Hermano mayor rechaza sin ambages el comunismo.
La Reforma de Gorbachov rechaza el comunismo y Yeltsin, su sucesor, lo prohíbe al declararlo fuera de ley.
Con la debacle del comunismo, Rusia en fuerza de los acontecimientos, quedó en un socialismo radical, si se quiere, pero dejando de lado la ilusión de paraísos en la tierra. Monseñor Valencia, en su conversión llegó al socialismo, que entendía como un cristianismo radical, que nunca creyó en el embeleco del comunismo y que nunca abandonó su fidelidad a la escatología cristiana, que busca la liberación del oprimido, pero que mantiene la esperanza en la felicidad plena después de la parusía.

Padre Gerardo Jaramillo González

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