Ex tupamaro revolucionó estudios sobre el alzheimer.


Nicolas Timoshenko.

San Pablo. Brasil.

Para demarcar los límites de su imaginación, Henry Engler traza un círculo que encierra y controla sus pensamientos.

Fue así en la prisión donde logró desarrollar intuitivamente su técnica, para mantenerse sano; en la vida cotidiana como en el reciente episodio de tránsito en que terminó agredido y en el trabajo de investigación médica, que lo llevó hasta las proximidades del premio Nobel de medicina, por desarrollar uno de los más importantes estudios médicos de los últimos cien años.

Ex preso político de la dictadura uruguaya durante trece años, 11 de los cuales en soledad, sufriendo alucinaciones y diagnosticado con psicosis delirante crónica, Engler presentó en el 2002, en Estocolmo, en la Conferencia Mundial contra el Alzheimer un trabajo que revolucionó los estudios sobre el cerebro.

Detectó por primera vez una proteína amiloide asociada al Alzheimer, en un hombre vivo, el paso más importante dado en esta enfermedad desde que el siquíatra alemán Alois Alzheimer (1864-1915) la detectó  en la cabeza de un muerto en 1906.

“ Es claro que fui influenciado por la prisión durante mis investigaciones, ya que me dio disciplina y mucha paciencia” aclara Engler a Folha (N.de T. diario de San Pablo) en su despacho de director del Cudim (Centro uruguayo de Imagenología Molecular)  fundado por él en 2008en Montevideo. “Para el investigador, lo más importante no es la inteligencia, pero sí en primer lugar la paciencia y luego la intuición. Tanto en la cárcel como en mi investigación seguí un camino intuitivo”

En la prisión.

Ex dirigente Tupamaro, la mayor organización de la izquierda armada uruguaya entre los años 1960 y 70, fue uno de los nueve referentes de la dictadura instalada en 1973. Los militares encarcelaron a nueve dirigentes y amenazaron con ejecutarlos si la organización continuaba con las acciones militares, Además de Engler formaban parte del grupo, el actual presidente de Uruguay José (Pepe) Mujica el líder fundador de los Tupamaros y Raúl Sendic.

Nacido en Paysandú en 1946, Engler era estudiante de medicina y uno de los dirigentes de la organización. Participó en acciones armadas y fue acusado por los militares de ser uno de los coautores del asesinato de Dan Anthony Mitrione, agente de la CIA ejecutado en Uruguay en 1970. Cosa que él niega. Fue encarcelado a los 24 años y al año siguiente fue confinado en una prisión solitaria adonde pasó los siguientes 11 años.

“Tenía muchos problemas con las voces. Nunca vi cosas inexistentes, pero tenía una toalla que se transformaba en una alfombra mágica llena de  señales” cuenta. “Lo que era insoportable era oír voces, era muy agresivo, sentía físicamente choques eléctricos que me paraban el corazón, que me seguían torturando. Eso lo sufrí durante años”

Una de las peores alucinaciones era la comprobación de que la CIA había instalado un dispositivo en su cerebro. Cuando pensaba en sus compañeros de la lucha armada, automáticamente un dispositivo de la Agencia de Inteligencia Norteamericana captaba la identidad de los colegas que “caían (prisioneros) inmediatamente. Para él aquello era morir.

“Todo fue intuitivo. Para controlar mis pensamientos trataba de marcar un punto en la pared de la celda y lo miraba fijamente” cuenta “En poco más de un mes, pude ver lo que pasaba en mi cabeza, las imágenes que se iban formando. Hasta que hice un círculo en el que trataba de mantener esas imágenes y pensamientos siempre adentro. Seguía escuchando voces pero ahora podía controlar mi cabeza”.

Libertad.

Las alucinaciones solo terminaron en 1984, cuando salí de la soledad. Logró la libertad al año siguiente, con una ya aunque leve mejoría sicológica.

El círculo le cambio a Engler la manera de pensar. A los 65 años manifiesta que ha desarrollado la capacidad de no reaccionar inmediatamente ante nada. Engler es tranquilo, escucha al interlocutor con mucha atención y no pierde el hilo.

“Trato de ver lo que pasa en mi pensamiento y lo que está pasando en el del otro. Controlar los pensamientos cambia la forma de trabajar del cerebro, se pierde la rapidez de reaccionar irracionalmente. Siempre está atento a lo que está pensando: esto es correcto, esto no lo es. La prisión me ayudó a desarrollar parte de eso, no podía lógicamente pensar en lo que iría a sucederme. En los momentos peligrosos, cuando pensaba que me iban a matar, necesitaba mucho la intuición. El cerebro va aprendiendo a funcionar de una manera más efectiva, que no es la lógica.

En la cárcel abandoné el materialismo histórico de mis tiempos de militancia y comencé a creer en Dios, según dicen para poder sobrevivir.

Primero pensaba en el Che Guevara “que podía soportar todo, pero en otra persona que podía soportar aún más, Jesús y comencé a pensar que era bueno parecerse a Jesús “Perdónalos señor, ellos no saben lo que hacen” una expresión que despertó mi admiración. Estuve mentalmente muy alterado y me identifiqué con el Mesías, aunque después me dí cuenta de que no sería ningún  mesías, ya había encontrado a Dios”

Cuando salió de la cárcel se estableció en Suecia un país que recibió a muchos exiliados latinoamericanos. Decidió volver a los estudios de medicina, pero la Universidad de Upsala no le reconoció sus antecedentes universitarios  del Uruguay. De modo que volvió a comenzar la carrera a los 42 años. Debido a su edad que  consideraba muy avanzada para ser cirujano, optó por seguir la carrera de investigador.

“Comencé a trabajar en la universidad en la que había científicos de primera línea. El método no era my conocido pero tuve la suerte de comprender que era muy importante para el futuro. La carrera de investigador es larga, es como el trabajo de desarrollar el olfato de los perros que buscan drogas, uno comienza a husmear para encontrar la solución de los problemas”

Alzheimer.

En 1997, como integrante del equipo de investigaciones de la Universidad de Upsala, Henry Engler participó con otros científicos en las investigaciones de la Universidad de Pittsburg, en Pennsilvania.

En los EE.UU  los investigadores consiguieron crear una sustancia que se usaba en los animales. Los estudios sobre el compuesto PiB como lo llamaban los suecos, tuvieron éxito. Monitoreada hasta llegar al cerebro, esa sustancia hizo posible detectar la proteína amiloide asociada al mal de Alzheimer.

En Suecia la Universidad de Upsala, desarrollo un examen de imágenes muy avanzado y Engler y sus colegas probaron el PiB en seres humanos.”Colocamos una pequeña  cantidad de radiactividad en esa sustancia, la injertamos en el cuerpo humano y la monitoreamos hasta llegar al cerebro. Con cámaras especiales fue posible detectar la reacción del amiloide, sustancia cerebral que produce el mal y va matando las neuronas”

Se realizó el test en cinco personas sanas y nueve enfermas. Fue acertado. Por primera vez en la historia la medicina pudo mostrar la presencia del Alzheimer en las personas vivas.

Ajuste de cuentas.

 Dividiendo actualmente su tiempo entre Suecia y el Utuguay, Engler regresó a su país para realizar un pequeño ajuste de cuentas. En 2008 firmó un acuerdo con el gobierno para fundar el CUDIM, levantado frente al mítico estadio Centenario. El régimen de este centro médico es privado pero depende del Estado.

“Asistimos gratuitamente a toda la población del Uruguay, porque el Estado nos ha dado esta oportunidad” afirma.

El Cudim tiene un acuerdo con las universidades de Montevideo y de Upsala. Se realizan exámenes para diagnosticar todo tipo de cáncer, además de los de neurología. El diagnóstico del Alzheimer debe hacerse temprano.”Sentí la  obligación de ayudar, de volver al Uruguay que estaba muy distante de estos avances. Sentí mucha gratitud por quienes lucharon por el fin de la dictadura y por la gente de mi generación.

Engler también dirige el recientemente creado Club Latinoamericano de Imagenología Molecular, cuyo objetivo es integrar toda la red médica de la región y aspira a que sus estudios ayuden a encontrar una cura para el Alzheimer, cuyos tratamientos hasta ahora solo son paliativos.

“Continúo siendo un revolucionario, luchando ahora contra las enfermedades. El socialismo no es un fin, nunca llegaremos a experimentarlo totalmente” dice.

Y teoriza “El cerebro está formado por dos componentes esenciales, egoísmo y solidaridad. El egoísmo es necesario para la supervivencia del individuo. La solidaridad para la supervivencia de la especie. Siempre existe una lucha entre el egoísmo y la solidaridad. Y siempre va a seguir existiendo mucho egoísmo, sino el cerebro dejaría de ser cerebro. El hombre necesita controlar sus pensamientos para no dejar que el egoísmo prevalezca” + (PE)

Traducción Susana Merino.

Durante enero y febrero PE/Ecupres  se edita los martes, miércoles y jueves.
PreNot 9791
120118

 

 

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