Una morada repleta de vidas


Los llaman hogares, residencias o asilos. Son las moradas de las personas de la tercera edad que, por circunstancias personales o decisión propia, han optado por vivir con escasas pertenencias pero grandes baúles imaginarios llenos de historias.{{Según el consenso social, es responsabilidad de las familias y de la sociedad en general hacerse cargo de sus ancianos. La Constitución, en su artículo 51, dice que: ³El Estado protegerá la salud física, mental y moral de los menores de edad y de los ancianos. Les garantizará su derecho a la alimentación, salud, educación, seguridad y previsión social². Además, existe una Ley de Protección para las personas de la Tercera Edad que garantiza la justicia, la vivienda y la ayuda económica. Sin embargo, según el Instituto Nacional de Estadística, cerca de 400 mil guatemaltecos que superan los 60 años luchan por sobrevivir, haciendo cualquier tipo de trabajo porque el dinero de la jubilación no les alcanza.{{Los hogares, asilos y residencias pueden parecer tristes, tan sólo si se los mira con miedo a envejecer. En la mayoría de los casos, estos lugares asumen una realidad que la sociedad se oculta a sí misma. {{El que los ancianos vivan en una residencia a partir de la tercera edad, no tiene que ser forzosamente un factor de desintegración familiar. En el caso de Carlota Rittscher, una de las habitantes de la residencia Tercera Edad, de la zona 1, su ingreso vino a suavizar la tensiones existentes entre ella y su sobrina Diana. Carlota es una mujer endurecida por la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, que vivió en Alemania, y se acostumbró a vivir sola. {{Hace tres años se mudó con su sobrina, que vivía en un tercer nivel, donde la anciana no tenía independencia ni se la podía atender correctamente. ³Al principio, la traje a la residencia por unos días², dice Diana, ³hasta que un día dijo: Ya estoy lista para venir a vivir aquí². Semanalmente visita a Carlota y comparte buenos momentos con ella. Ha establecido una relación más cordial y las discusiones, frecuentes cuando vivían juntas, han desaparecido.{{{Atención personal{{Para sobrellevar de la mejor forma estos años, los ancianos necesitan condiciones mínimas de atención y cuidados. Por eso, una de las principales características de los hogares, residencias y asilos, es tener personal especializado en las necesidades de las personas mayores.{{En una sociedad donde las viviendas son cada día más pequeñas y tanto hombres como mujeres trabajan fuera de casa, los ancianos quedan atendidos por el personal doméstico, si no es que quedan solos. Esta situación ha llevado a crear residencias con personal especializado y actividades preparadas para ellos.{{La idea de crear la residencia Tercera Edad, de la zona 1, comenzó hace ocho años, para rescatar una bonita casa que había quedado deshabitada. Después de hacer las remodelaciones necesarias, el resultado fue un hogar con techo de madera, un largo patio interior, una sala común y numerosas habitaciones.{{³Por tratarse de un domicilio particular, los ancianos pagan su renta, como si se tratara de su propio apartamento², explica la administradora María Enma Pérez. Aquí los inquilinos reciben toda la atención necesaria por parte de enfermeras profesionales. Así, cualquier persona, sea cual fuere su dolencia, es aceptada en la casa.
IZQUIERDA: En el Hogar de San Vicente de Paúl, las terapias ocupacionales llenan gran parte del tiempo de los ancianos. Algunos dedican estos momentos a jugar cartas (arriba), lo que mejora su memoria mientras charlan con sus compañeros. Otros prefieren desarollar sus habilidades creativas (abajo), creando artesanías que luego pasarán a formar parte de la decoración. DERECHA: María Luisa Perdomo van Vilsteren recibió a más de una veintena de familiares para el convivio navideño.

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Don Humberto Zelaya posa con la foto de su familia. Recordar a los que ya se marcharon y apoyarse en los seres queridos es un estímulo para la vida diaria.

Amigos de los mayoresGrupos de diferentes credos visitan semanalmente los centros residenciales de personas mayores. Se trata de personas que organizan actividades e intentan hacerles sentirse amados, con el apoyo espiritual que las iglesias proponen para que participen sus fieles.{³Cuando yo sea anciana quiero que me lleven a un asilo², dice una mujer del grupo San Francisco, de la Iglesia de el Inmaculado Corazón de María, un grupo de 12 mujeres que recorre distintos centros de ancianos de toda la capital. Ella siente que así podrá disfrutar de una atención y compañía que difícilmente tendrá en casa de su hija.

Libertad, Libertad,{llega plena, completa;{toma definitiva posesión de este suelo;{consubstancial nuestra{como la iluminada sonrisa del maíz,{nunca nos dejes, {nunca te vayas de nuestro solar;{venga, llegue contigo de la mano{tu hermana la Justicia,{porque no os concibo separadas;{que hoy apenas sea{el instante en que empieza{un día interminable…»{Julio Fausto Aguilera. {De Salmo a la libertad.

Hay ancianos que padecen Alzheimer, otros con impedimentos físicos y algunos que, pese a su edad, se encuentran en dominio pleno de sus facultades. Este es el caso de Humberto Zelaya, un hombre que desborda entusiasmo, ³Soy el más joven de aquí², dice con ironía, ³sólo tengo 98 años y medio².{{Humberto proviene de Quetzaltenango, pero vive en la capital desde los nueve años. Fue agregado a la Comisión de Límites con Belice y trabajó como funcionario para diferentes gobiernos. Conoce directamente la historia de Guatemala de todo el siglo pasado y conserva en su memoria los datos de sus experiencias.{{Dice que el secreto de su larga vida está en mantenerse activo, no fumar y alejarse de los vicios. Luego de trabajar para el Estado durante 30 años, Humberto recibe 800 quetzales de jubilación y se mantiene con el dinero que consiguió ahorrar. De sus 56 años de matrimonio tiene a su familia y, sobre todo a sus nietos, de los que recibe apoyo, cariño y las fuerzas para enfrentar el día a día.{{Los ojos de estos ancianos parecen eternamente tristes, incluso cuando están sonriendo, quizás por eso las generaciones jóvenes se obstinan por alejar de sus mentes este momento de la vida. La escritora Dorothy Carnegie, autora de Cómo conservar la juventud, afirma que las sociedades contemporáneas se resisten a madurar responsablemente, por el deseo de permanecer eternamente adolescentes. Sin embargo, según Carnegie, las personas comienzan a envejecer cuando han perdido el deseo de desarrollarse y madurar, tengan 25 ó 90 años.{{

Para desarrollar la psicomotricidad los ancianos llevan acabo sesiones de ejercicios con los especialistas. La simple manipulación de un trozo de plastilina sirve para mejorar la circulación sanguínea de las articulaciones, previniendo enfermedades como la artritis.

Un hogar para todosEn los hogares de ancianos conviven personas que coinciden en su edad avanzada pero, al mismo tiempo, intentan mantener el espíritu lleno de vitalidad. Por ejemplo, el Hogar del Anciano de San Vicente de Paúl, en la zona 5 de la capital, acepta a personas con una edad mínima de 68 años y que deseen mantenerse motivados.{{Además, explica la trabajadora social Leticia Mayorga, los requisitos exigen que las personas puedan valerse por sí mismas. Es decir, que son ancianos que se bañan, se mueven y comen por sí mismos, conservando bien sus facultades mentales. Se trata de una institución benéfica en la que se acoge a todo aquel que necesite un lugar donde pasar su tercera edad. Por lo que, tras realizar unos exámenes médicos y una visita a la casa del anciano, en donde se obtiene una impresión de su modo de vida, se hace un estudio socio-económico. {{Si la persona es de escasos recursos, se plantea la posibilidad de que el anciano resida en el hogar con lo que pueda aportar. Algo así como lo ocurrido con el escritor Julio Fausto Aguilera, que alquilaba un cuarto en la zona 7, donde vivía enfermo y solo. Una cama, dos sillas, un ropero y una televisión eran todas sus pertenencias. {{La máxima pasión de Aguilera es escribir poesías, pero desde hace algún tiempo no podía hacerlo debido a una enfermedad nerviosa. Y aunque recibió una jubilación del IGSS, vivía en una situación difícil, con la única atención de una de sus hermanas. El Hogar de San Vicente de Paúl lo acogió, por lo que ahora cuenta con asistencia médica y su enfermedad ha dejado de molestarle.{{³Me encuentro muy tranquilo, pero no puedo escribir porque eso me pone peor², dice mientras permanece de pie en uno de los pasillos del hogar viendo pasar el tiempo ante sus ojos. Cuando le preguntan sobre el Premio Nacional de Literatura Miguel Angel Asturias que acaba de recibir, se muestra complacido pero imperturbable. Ha aprendido que, en la tranquilidad de su vida solitaria, los hechos esporádicos sólo son cortos episodios de la larga historia de la vida.

Las residencias de ancianos crean espacios para la comunicación que en las grandes ciudades se habían perdido. La hora de las comidas es la que más reune en torno a la mesa a los residentes de estos hogares; donde, al mismo tiempo, cada cual ocupa el resto de su tiempo de forma independiente.

Activos después del trabajoEl Hogar se mantiene gracias a la Asociación de Señoras de San Vicente de Paúl y a una cuota mínima de los residentes, que pagan de acuerdo con los resultados del estudio de su situación económica. Fue fundado en septiembre de 1983 y acoge a 37 hombres y 23 mujeres. Los ancianos pueden salir y entrar con libertad, si no tienen ningún impedimento físico o mental. Y comparten habitaciones, para no sentirse solos o sufrir depresiones. {El concepto del hogar no sólo es el de albergar a gente de edad avanzada, también hay que crear un ambiente propicio para que se sigan desarrollando en esta etapa de la vida, por lo que reciben fisioterapias y terapias psicológicas u ocupacionales.{{Este principio motivacional es tan importante, que se elige una madrina o un padrino anualmente, para premiar el comportamiento participativo y el espíritu vital de una determinada persona. Felipa de Jesús Turnic Tzic ha sido la madrina del Hogar de San Vicente de Paúl durante el año 2002. Ella cree que este reconocimiento lo recibió gracias a su personalidad activa y al respeto que ella mantiene hacia los demás compañeros. {{La madrina, Felipa de Jesús, es de Totonicapán y trabajó en el servicio doméstico durante 56 años. Cuando volvió a su pueblo enfermó debido a que no estaba acostumbrada a vivir en lugares tan elevados sobre el nivel del mar. Ahora, la familia para la que trabajó durante todo ese tiempo la mantiene en este hogar y la visita muy a menudo, como si se tratara de un pariente cercano.{{Con 81 años, es una mujer alegre y tierna. Después de todo ese tiempo ocupándose del funcionamiento de una casa, la madrina no puede evitar participar en el hogar y colaborar en las tareas de cocina. ³Me gusta², dice Felipa de Jesús, ³para entretenerme necesito hacer cosas y por eso ayudo con las tareas². {{La licenciada en psicología, María de Cárdenas, se encarga del buen estado de ánimo de los pacientes del hogar. Se trata de una labor humanitaria, ya que los ancianos no están preparados para aceptar esta etapa de su vida. {{³No todos han pasado por las mismas experiencias², dice la doctora, ³algunos se apoyan en sus descendientes, pero otros no han tenido una buena relación con sus hijos². No todos pueden apoyarse en sus familiares o amigos en esta etapa de la vida, ya que las circunstancias de cada persona son diferentes. En general, para esta doctora, los mayores deben aceptar los avatares del pasado, para enfrentar las penas actuales. {{La depresión no es algo sintomático de la vejez, depende de cada persona, independientemente de su edad y de tener una actitud interna que lo lleve a aceptar las ventajas de cada situación. Se trata de seres humanos cargados de experiencias vitales que les dan una perspectiva amplia ante las preocupaciones cotidianas y libres de compromisos sociales.{{Así es que, para lo que alguno puede ser el merecido descanso tras una vida de esfuerzos, para otros es una agonía interminable. Dos caras de una misma moneda que la psicología moderna y un entorno apropiado pueden llegar a superar. Como dice George W. Cummings, en el libro Lecciones del abuelo, ³la vida no es tediosa o aburrida a menos que la encares de forma tediosa y aburrida².

«Me atreveré a decirle que no pienso tanto en la vejez; nunca creí que la edad fuera un criterio. No me sentía particularmente ³joven» hace cincuenta años, y no me siento «vieja» hoy. Mi edad cambia de hora en hora. En los momentos de cansancio tengo diez siglos; en los momentos de trabajo, 40 años; en el jardín, con el perro, tengo la impresión de tener cuatro años». Marguerite Yourcenar. De una carta a Jeanne Carayon.

http://www.revistaamiga.com/Amiga34/2003211105724.htm

Pentecostés (Dolores Aleixandre)


Les comparto este texto de Dolores:

Dice el anuncio reciente de un whisky: “la acción está allí donde estás tú”. Aunque pueda parecer irreverente, la experiencia del Espíritu que nos comunica Pentecostés coincide bastante con esa afirmación: es un tiempo privilegiado para descubrir en nuestra propia vida o en la de los otros una acción o manera de proceder según Jesús y su evangelio (una huella de discipulado…), que nos hace reconocer la actuación del Espíritu.
Pentecostés nos invita a caer en la cuenta de cómo esa acción suya ha ido creciendo con el tiempo: cuando miramos hacia atrás, nos va siendo más fácil rastrear con agradecimiento sus huellas en nuestra vida y el eco de ese modo suyo de hacernos sentir su presencia que, como sintió Elías en el Horeb, es como “la voz de un silencio tenue” (1 Re 19, 12).
Pentecostés nos ayuda a entender mejor aquello de Pablo de que “el Espíritu viene en auxilio de nuestra debilidad” (Rom 8, 26): el más elemental realismo nos va demostrando, no sólo que “no sabemos orar como conviene”, sino que ese “no saber” abarca casi todo el resto de los aspectos de nuestra vida. Pero esa constatación que podría apabullarnos, podemos llegar a celebrarla porque nos recuerda que podemos contar con una fuerza que no nos pertenece pero que nos habita y que, a poco que se lo consintamos, se hace cargo de nuestra vida y se encarga de ella bastante mejor de lo que lo haríamos nosotros mismos si nos empeñáramos.
Pentecostés nos sitúa en la órbita del Maestro interior: según va pasando la vida y vamos teniendo experiencias preciosas de amistad, comunicación profunda y acompañamiento espiritual, puede crecernos la convicción de que hay en cada uno de nosotros una zona incomunicable y a la que casi no tenemos acceso ni nosotros mismos, pero que es transparente para el Espíritu que desde ahí enseña, atrae, conduce y mueve. Pero la cosa no va de intimismos porque es una conducción y ya se sabe dónde va a parar: oí contar que le preguntaron hace poco al Abbé Pierre en la TV: ¿Qué es lo más importante para Ud.? Y él contestó: Los otros. Ésa es la asignatura que enseña siempre el “Maestro interior”.
Pentecostés nos incendia para sentir el mundo como lo sentía Jesús, sin permitir que la ausencia prolongada del Señor y el sufrir de tanta gente nos abrumen hasta el punto de apagar nuestra esperanza. Porque en medio de tantas cosas en contra, allí está también el Espíritu a favor nuestro, amigo fiel a nuestro lado para sostener en nosotros ese deseo que nos hace seguir clamando tercamente: “¡Ven Señor Jesús!” (Ap 21, 17).

De Dolores Aleixandre, “hacerse discípulos. Una atracción del Padre. Ed. Claretiana

http://quebuenoes.org.ar/2009/06/09/pentecostes-de-dolores-aleixandre/

SIETE VERBOS ELEMENTALES DE ACCESO A LA EUCARISTÍA


Dolores ALEIXANDRE, Religiosa del Sagrado Corazón

Profesora de Sagrada Escritura en la Universidad Comillas, Madrid

La elección de estos siete verbos (TENER HAMBRE,  COMPARTIR MESA, RECORDAR, ENTREGAR, ANTICIPAR, «TRAGARSE» A JESÚS, BENDECIR) está hecha mirando aquello que en la celebración de la Eucaristía aparece recordado,  representado, dicho y recibido y que puede ir configurando la vida de los que participamos en ella. En realidad, más que de acceso habría que hablar de circularidad, porque tratar de vivirlos nos adentra en la Eucaristía; pero es el misterio que allí celebramos lo que de verdad nos reenvía a vivirlos en nuestra existencia cotidiana.
Llamo «elementales» a estos verbos en la misma perspectiva de estas preguntas que también lo son: “¿Cómo se puede explicar el hecho -dice J.M. Castillo- de que una persona se pase gran parte de su vida comulgando a diario y, después de muchos años recibiendo cada día a Jesús en la Eucaristía, resulte que tiene los mismos defectos que al principio, o incluso que tenga defectos y faltas más importantes que cuando empezó a comulgar? ¿Cómo se puede explicar que tanta gracia, acumulada durante tantos años, no se note, al menos de alguna manera, en la vida concreta de esa persona?” 2.

“¿Cómo es posible -se pregunta A. Paoli- que, en países de mayoría católica, mucha gente piadosa que frecuenta la Iglesia, que todos los días recibe la Eucaristía y que habla de Cristo y adora a Cristo, viva indiferente ante la injusticia y la desigualdad y, más aún, contribuya con sus opciones políticas y económicas a mantener cada vez más la desigualdad y la injusticia?” 3.
No me considero capaz de contestar a la radicalidad de esas preguntas. Solamente pretendo provocar una reflexión que puede hacerse en ámbito comunitario y que al menos nos ayude a planteárnoslas con un poco más de honradez.

1. Tener hambre
EU/COMIDA: EU/DESEO/HAMBRE: En una asamblea numerosísima de religiosas en una casa en medio del campo, celebraba la Eucaristía un obispo. Todo estaba resultando extremadamente solemne, las rúbricas eran escrupulosamente observadas, y la homilía versaba sobre la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, a razón de diez minutos por nota. En el jardín había una algarabía de pájaros acomodándose en los árboles al atardecer, y me distraje pensando que si estuviera Jesús sentado entre los fieles, como laico que era, a lo mejor se habría levantado y le habría pedido con muchísimo respeto al obispo si no le importaba callarse un momentito para que todos pudiéramos escuchar a los pájaros. Eso me inundó de consolación, que llegó a su cumbre cuando, en el ofertorio, el que ayudaba a misa tropezó, empujó el cáliz, se derramó el vino, y la agitación que provocó hizo que aquello empezara a parecerse a una cena de verdad.

Y es que a fuerza de estilizar los símbolos, de respetar los ritos y de cuidar la liturgia, corremos el peligro de olvidar que en el origen de lo que celebramos hubo una cena de despedida, y que a lo que estamos invitados es, no a un espectáculo, ni a una representación, ni a una conferencia, sino a una comida fraterna. Y, para comer, lo primero que uno necesita es tener hambre.

Esta realidad, estremecedora en dos tercios de nuestro mundo y que tendría que quitarnos el sueño al tercio restante, tiene mucho que ver con un cierto estado de vigilia que mantiene despierto el deseo.

De entre todas las estrategias pastorales de las que echamos mano a la hora de motivar a la gente para que participe en la Eucaristía (y de motivarnos nosotros, que buena falta nos hace), quizá ésta de invitar a contactar con la autenticidad del deseo sea de las más olvidadas. Y, sin embargo, es la que toca la zona más honda de nuestro ser.

Lo que ocurre es que requiere un trabajo de poda que no siempre estamos dispuestos a hacer, porque al Deseo con mayúscula lo debilitan y lo adormecen los pequeños deseos parásitos que se encarga de inocularnos una sociedad especialista en generarlos. Y así andamos, ingenuos y desprevenidos, dejándonos invadir en zonas de nuestro ser que deberían ser el espacio de ese deseo que expresa tan bien el simbolismo del AT:

«Mi alma te ansía en la noche,

mi espíritu en mi interior madruga por ti,

¡con qué ansia por tu nombre y tu recuerdo!» (Is 26,8-9).
«Mi garganta tiene sed de ti,

mi carne tiene ansia de ti,

como tierra seca, agostada, sin agua…

Me saciaré como de enjundia y de manteca

y mis labios te alabarán jubilosos» (Sal 63,2.6).
«Escucha, pueblo mío, por lo que más quieras,

Israel, a ver si me escuchas:

abre toda tu boca, que yo la llenaré….

Ojalá me escuchara mi pueblo

y caminara Israel por mi camino:

te alimentaría con flor de harina,

te saciaría de miel silvestre … » (Sal 81,9.16).

«¡Cuánto he deseado cenar con vosotros esta pascua antes de padecer … !» (Lc 22,14), decía Jesús; pero nosotros andamos desganados o aparentemente satisfechos, entretenidos en mil distracciones, y el deseo hondo del Señor y su Reino nos resultan demasiado exigentes, y su pretensión de totalizar nuestra vida, una exageración propia de tiempos juveniles que se quedaron ya atrás.

«Cuando vuelva el hijo del Hombre, ¿encontrará deseo en la tierra?», podríamos decir parafraseando la frase de Lucas (cf. Lc 18,08). Porque quizá nosotros tenemos ya bastante con programar un viaje o planear unas vacaciones, estar al tanto de las últimas noticias, conseguir que nos conozca y reconozca una docena más de personas, obtener la felicitación de un jefe, no tener ni un minuto libre (la agenda llena nos inunda de un prestigio estresado que se lleva mucho…), escribir el artículo que dará que hablar, o lograr, por fin, aquel coche que no desmerece de nuestra importancia… Es difícil tener hambre si son ésas o parecidas las claves desde donde nos movemos.
Cuenta el libro de los Reyes que, cuando Elías caminaba por el desierto hacia el Horeb y desfallecía en la marcha, un ángel lo reconfortó con pan y agua, “y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches, hasta llegar al Horeb, el monte de Dios” (1 Re 19,8).

Experimentamos hambre cuando estamos en marcha hacia algún «Horeb», cuando nos desgasta el trabajo por el Reino, la preocupación por los otros, la lucha por un mundo más humano y por abrir caminos al Evangelio; pero el andar pendientes del “que si subo – que si bajo”, agarrados a la barra del caballo del tío-vivo que gira en torno a nosotros mismos, nos anestesia peligrosamente y paraliza la urgencia de acudir a ese Pan que sostiene nuestras fuerzas.

“Querellémonos de nosotros -decía Juan de Ávila-, que, por querer mirar a muchas partes, no ponemos la vista en Dios y no queremos cerrar el ojo que mira a las criaturas para, con todo nuestro pensamiento, mirar a sólo él. Cierra el ballestero un ojo para mejor ver con el otro y acertar en el blanco, ¿y no cerraremos nosotros toda la vista a lo que nos daña, para mejor acertar a cazar y herir al Señor? Coja y recoja su amor y asiéntelo en Dios quien quiere alcanzar a Dios” 4.
La teología y la espiritualidad han dado un giro, y nos parece fatal eso de “no mirar a las criaturas”; pero su equivalente fin de siglo sería eso que A. Chércoles llama “la mirada carroñera”, que ve la realidad como adquisición y revela nuestra codicia posesiva. “Sin Eucaristía no podríamos vivir”, dicen que decían los primeros cristianos, ballesteros determinados a dar en el blanco, convencidos de necesitar un alimento de vida que viniera de fuera de ellos mismos, y revelando una actitud que está en las antípodas de la autosuficiencia y de la dispersión. Y nosotros ¿nos atreveríamos a decir con sinceridad que no podríamos vivir sin Eucaristía, o ésta es para nosotros una especie de “plus piadoso”, un complemento alimenticio que no nos dejaría hambrientos si prescindiéramos de él… ?
1. Podemos preguntamos por nuestros deseos/hambres:

– dónde los tenemos puestos

– cómo los alimentamos

– cuáles son nuestros “deseos parásitos”…

2. Puede resultar liberador poner nombre a nuestras tentaciones de saciedad satisfecha para mantener despierto el deseo de otro Pan diferente del que intentan vendernos desde tantos mercados.

2. Compartir mesa

“No serás amigo de tu amigo hasta que os hayáis comido juntos un celemín de sal”, dice un proverbio árabe. Y eso supone tiempo compartido, conversación prolongada, confidencias entre amigos… Compartir la mesa es el gran símbolo de la convivialidad, de la reconciliación y la inclusión; y, desde el AT, los banquetes son la mejor metáfora de lo que Dios prepara a su pueblo:

“El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. El Señor Dios aniquilará la muerte para siempre, enjugará las lágrimas de todos los rostros y alejará el oprobio de su pueblo de todo el país, lo ha dicho el Señor”.

(ls 25,6-8)

La imagen que elige Jesús para hablarnos de lo que es central en el Reino no es la visión extática y beatífica que ha contaminado de platonismo nuestras imágenes de vida eterna, sino un banquete, una comida festiva. Su gesto de compartir mesa con gente marginal no era un acto eucarístico en el sentido estricto del término, pero sí prefiguraba y preparaba la Eucaristía como culminación de algo que se había ido gestando y expresando en aquellas comidas en las que los últimos eran acogidos y tenían un lugar preferente. La primera comunidad recordaba este gesto, profundamente subversivo precisamente porque incluía a judíos y no judíos, a libres y esclavos, a mujeres y hombres, a pobres y ricos.

“Partir el pan expresaba y creaba la fraternidad, porque suprimía las barreras discriminatorias. No era un rito de evasión o de enclaustramiento, sino un compromiso y una toma de posición frente a una sociedad dividida en grupos opuestos. Partir el pan iba unido a la preocupación por que comieran los pobres y desposeídos de la comunidad, y esto no sólo por razones humanitarias, sino, sobre todo, por una exigencia de formar la Iglesia concreta, que tiene el deber de rechazar la distinción entre ricos y pobres” 5.

1. Preguntarnos

  • cómo y con quiénes compartimos el banquete de nuestra vida;
  • a quiénes sentamos a nuestra mesa: la de nuestro tiempo, nuestra amistad, nuestros bienes, nuestro interés…
  • a quiénes excluimos y por qué.

2. Dejarnos «provocar» por estos textos, tratar de detectar qué dinamismos de inclusión están ya presentes y actuantes dentro y fuera de la Iglesia, para adherimos a ellos. Discurrir cómo podemos crecer en ese talante de incorporar, agregar, atraer, vincular… Proyectar «estrategias de inclusión», modos concretos de continuar en lo corriente de nuestra vida la experiencia de ser incluidos que vivimos en cada Eucaristía.

“La Eucaristía es la ‘operación igualdad’. Eucaristía es el pequeño grupo desmenuzado, individualizado y desigual de Hch 4,32, que se hace comunidad, es decir, se hace ‘un solo corazón y una sola alma’. Y se hace comunidad porque ‘nadie llama suyos a sus bienes, sino que todo lo tiene en común’. A Dios se le glorifica única y exclusivamente de una manera eucarística; se le glorifica con el pan y el vino; se le glorifica repartiendo, comunicando, realizando la comunión real y material, económica entre nosotros. Existe una sola forma de glorificar a Dios: es la forma de crear comunión entre nosotros. Toda forma de glorificación de Dios, si no pasa por la Eucaristía, por esta voluntad absoluta de compartir con los demás, de celebrar, de comprometerse para celebrar una reconciliación con los hombres, no es culto a Dios, es una burla” 6.

“Primero sea el pan, después la libertad.

La libertad con hambre es una flor encima de un cadáver.

Donde hay pan, allí está Dios.

‘El arroz es el cielo’, dice un poeta de Asia;

la tierra es un plato gigantesco de arroz,

un pan inmenso y nuestro para el hambre de todos.

Dios se hace pan, trabajo para el pobre, dice el profeta Ghandi.

La Biblia es un menú de pan fraterno,

Jesús es el Pan vivo.

El universo es nuestra mesa, hermanos” 7.

3. Recordar
Tengo asociado el tema del recuerdo con una tarde de Jueves Santo en la Escuela Bíblica de Jerusalén, durante la procesión en la que se lleva el Stmo. Sacramento al monumento. Los celebrantes eran muchos, casi todos ellos ilustres profesores de Sagrada Escritura; y entre el gótico simple de la iglesia, los hábitos dominicanos, las facha impresionante de aquellos hombres, la ciencia que se suponía detrás de cada uno y las voces graves y bien timbradas con que cantaban el Pange Lingua, el impacto estético era fortísimo.
Y en aquel momento tuve la sensación -y que me perdonen los liturgistas- de que toda aquella belleza era ambigua. Es verdad que abría un camino hacia la trascendencia, pero suponía a la vez una amenaza por su capacidad de distraemos sutilmente de aquello que estábamos recordando. La solemnidad, el incienso, el latín, el gótico, las velas y las flores podían alejarnos de la historia dramática de la que estábamos haciendo memoria: un galileo arrastrado por las calles de Jerusalén, torturado en unos sótanos, abucheado por la multitud, sentenciado por las autoridades, ejecutado públicamente fuera de la ciudad.

Soy consciente de que éste es un tema delicado; pero, si nos atrevemos a abordarlo, quizá llegaríamos a un reconocimiento sanante de nuestra tendencia a “transfugarmos” hacia la estética, la ritualización, la majestuosidad, la privatización o la “lightización” de todo lo que tenemos a nuestro alcance. Porque “partir el pan” es mucho más que un gesto ritual: es una forma de comer que expresa una forma de vivir. Hacemos memoria de Jesús para seguir haciendo lo que él hizo: “partirse la vida”, “vaciarse hasta la muerte”, según la expresión del cuarto canto del Siervo (ls 53,12). De esa memoria nace nuestra fraternidad, y sólo se “reconoce a Jesús al partir el Pan” cuando el estilo de vida que él expresó en su entrega se hace presente, aunque sea germinalmente, en los que pretendemos seguirle.
1. “Cuidado: guárdate muy bien de olvidar los hechos que presenciaron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras te dure la vida” (Dt 4,9). Recordar qué es lo que “presenciaron nuestros ojos”, lo que significa para cada uno “hacer memoria de Jesús” y confesarnos las razones secretas por las que preferimos vivir desmemoriados a volver una y otra vez al recuerdo perturbador de quien llegó por nosotros “hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2,8). Y comprobar desde la propia experiencia cómo ese síndrome amnésico suele ir unido a la despreocupación y el olvido de todos
los que hoy siguen en la cruz.

2. El texto que viene a continuación puede ser terapéutico para nuestras evasiones ritualistas y tentaciones de trivialización:

“Aquella noche Jesús se acordó del amor de su Padre y de la confianza que le permitía hablar con autoridad; veía, además, los conflictos a los que le habían arrastrado, poco a poco, sus solidaridades. Acorralado, como otros muchos antes y después de él; consciente de que habría podido hallarse del otro lado, del de los fuertes y poderosos, y sabiendo que aún podía luchar espada en mano, lo que hizo fue tomar un trozo de pan, partirlo y distribuirlo entre sus amigos diciendo: ‘Ésta es mi vida y os la doy a vosotros. Siempre que, de una u otra forma, os encontréis en mis circunstancias, acordaos de mí y haced lo que yo hago ahora’.

Ésta es la historia que mueve a los cristianos a reunirse de cara a sus decisiones, sus opciones de solidaridad y los riesgos de su existencia para acordarse de Jesús, cuya vida y la de ellos mismos comparten bajo la forma de pan, continuando hoy de este modo en sus vidas lo que él vivió: su muerte y el sacrificio de su existencia en fidelidad a sus solidaridades. La muerte de Jesús se halla en el centro mismo de la Eucaristía, porque ésta remite a los cristianos a los conflictos históricos en que se encuentran metidos. Les indica que es precisamente en esos conflictos y en esas crisis y no en las nubes donde se puede discernir quien es Dios y cuál es el Dios de Jesús. La ejecución de éste plantea, con toda la seriedad que conllevan la muerte y el rechazo, la cuestión de nuestras solidaridades y de las solidaridades de Dios” 8.

4. Entregar
Es éste un verbo que resulta extraño a nuestra cultura, en la que se conjugan precisamente los contrarios: apropiarse, guardar, retener, acumular, poseer… Acostumbrados a la lógica del cálculo, de la medida y la cautela, no nos es fácil entrar en la lógica de la Eucaristía, en la que celebramos el máximo derroche, el total despilfarro.

Pero es precisamente eso lo que se nos llama a celebrar y a vivir: “haced esto en recuerdo mío”. No dice “meditad”, “escribid”, “reflexionad teológicamente”, “componed himnos”, “bordad  ornamentos”, “organizad procesiones”, “celebrad congresos”, sino, sencillamente “hacedlo”. No como una ejecución mimética, sino como algo que nace de dentro, de ese rincón secreto de nuestra verdad última.

Gracias al relato de la Cena, sabemos (podemos “conocer internamente”, diría Ignacio de Loyola) lo que había en el interior de Jesús ante su muerte. Sin la Eucaristía, sería posible pensar que murió por una especie de “lógica de la necesidad”, porque no podía ser de otro modo. Sabemos que no fue así: la noche en que iba a ser entregado, cuando su vida estaba en peligro, pero aún no había sido detenido y todavía estaba abierta la ocasión de escapar de una muerte que le pisaba los talones, él hizo el gesto de ponerse entero en el pan que repartió, e hizo pasar la copa con el vino de una vida que iba a derramarse hasta la última gota. Y aquel gesto y aquellas palabras, recordadas en cada Eucaristía, nos permiten adentrarnos en el misterio de una voluntad de entrega que se anticipa a la pérdida: nadie puede arrebatarle la vida, es él quien la entrega voluntariamente (cf. Jn 10, 18).
Siempre he pensado que las explicaciones “satisfactorias” (todo aquello de la ofensa infinita y de un dios neurótico necesitado de una víctima que le diera reparación adecuada) están grabadas de
manera tan indeleble en el pueblo cristiano porque, en el fondo, nos hacen el favor de dejarnos a nosotros fuera de ese “ajuste de cuentas” entre el Padre y Jesús. Y eso nos resulta más cómodo que hacer de su entrega un estilo de vida, un camino de seguimiento, una llamada perentoria a continuar viviendo eucarísticamente, es decir, escapando de la espiral de la codicia y de la posesividad para entrar en la danza de la vida que no se retiene, en el gozo extraño de ofrecerse y darse, de desvivirse, de entregar todo lo que se es y se tiene.
1. Podríamos visualizar a cámara lenta el gesto del ofertorio, con todo lo que implica de desapropiación, desprendimiento, alegría de poder regalar, disponibilidad, esfuerzo por liberar la posesividad de nuestras manos. Y observar qué resistencias sentimos si lo que ofrecemos es el tiempo, las fuerzas, la atención desplazada de nosotros mismos hacia los demás, la tarjeta de crédito, las llaves de nuestra casa, esos días de “puente” largo que reservábamos para
nosotros…

2. Al leer este poema de Rilke, podemos encontrar un reflejo de la actitud posesiva, que es la opuesta a la del don y en la que quizá nos reconoceremos “penitencialmente”…

“No te inquietes, Dios.

Ellos dicen ‘mío’

a todas las cosas que son pacientes.

Son como el viento que roza la rama

y dice ‘mi árbol’.

Ellos apenas notan cómo arde su mano,

de modo que también en su limbo último

podrían sostenerlo sin quemarse.

Dicen ‘mío’ como el que al conversar

con campesinos llama amigo al príncipe

si el príncipe es muy grande y está lejos.

Dicen ‘mío’ y llaman su posesión

a lo que se cierra cuando se acercan,

al modo que un insulso charlatán

llama acaso suyo al sol y al relámpago … » 9

3. Para tener memoria agradecida, nos ayudaría «levantar acta» de tantas actitudes de entrega gratuita como existen a nuestro alrededor y que quizá no reconocemos por pura miopía del  corazón…

5. Anticipar
Si algo fue difícil de encajar para los primeros cristianos, fue el retraso de la llegada del Señor y del Reino. Detrás de muchas imágenes de las parábolas que llamamos “escatológicas”, se esconde el intento de descifrar una realidad desconcertante: por eso hablan de “noche”, de “ausencia”, de “retraso”… ; por eso su fe necesitó, como la nuestra, dirigir su mirada a “las cosas últimas”, escucharlas, simbolizarlas, imaginarlas, convertirlas en palabras pronunciables. A esa necesidad profunda de “anticipar”, de pre-gustar ya aquí algo de lo que será definitivo, responde “literariarnente” el Apocalipsis, y “sacramentalmente” la celebración eucarística.

«El hebreo, viviendo entre las demás cosas, las ve todas como promesas: para el hebreo la piedra no ‘tiene’ dureza, no ‘es’ dura en el sentido que el griego daría a estas palabras. La piedra, por eso que llamamos dureza suya, se le presenta como permaneciendo firme en el futuro, comportándose sólidamente en él. La piedra ‘es’ dura significa: la piedra permanecerá. La verdad no es así un atributo del presente, sino una promesa del futuro. (… ) La verdad no está oculta tras el movimiento, como en Grecia, sino tras la historia. La verdad es cuestión de tiempo. Lo que las cosas son, su destino, será transparente cuando llegue la ‘consumación de los siglos» 10.

“La verdad es cuestión de tiempo”. La Eucaristía nos revela cómo será el futuro: una humanidad reconciliada y fraterna; una mesa para todos, en la que circularán el Pan y la Palabra; una comunidad reunida en torno al Resucitado y participando de su Vida. Al acercamos a ella desde la experiencia dolorosa de un mundo dividido y roto, nuestra esperanza se rehace al celebrar  anticipadamente la realización del sueño de Dios sobre su mundo. Vivir la Eucaristía como anticipación utópica, como “maqueta” del mundo que el Padre quiere, nos hace volver a lo cotidiano más capaces de perdonar y de ser perdonados, más decididos a trabajar por ensanchar espacios en los que cada hombre y cada mujer encuentren su lugar en torno a la mesa común, más dispuestos a ser pan compartido y presencia real del amor de Dios para los últimos.
1. “Al comulgar aquel día en aquel pueblecito cerca de La Habana, sentí que el día anterior había vivido la más grande y verdadera ‘procesión del Santísimo’. Al pasear por sus calles, entrar en las casas, compartir los dolores, la alegría, el milagro de la vida con la mujer diabética recién parida, la tarta compartida para seis donde no hay ni harina ni azúcar…. habíamos sido Eucaristía unos para otros, nos habíamos entregado mutuamente desde lo más profundo y mejor de nosotros… Sentí la necesidad de adorar a Jesús-Eucaristía en nosotras y en los hermanos cubanos. Éramos una misma cosa, un mismo corazón entregado y compartido” (Reflexión de una provincial de mi congregación a raíz de una visita a Cuba).

Podemos evocar otras situaciones en las que el vivir «eucarísticamente» nos ha hecho gustar de antemano lo que es nuestro destino final.

2. «Mis manos, esas manos y Tus manos

hacemos este gesto, compartida

la mesa y el destino, como hermanos,

las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,

iremos aprendiendo a ser la unida

Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.

Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.

El pan que ellos no tienen nos convoca

a ser Contigo el pan de cada día .

Llamados por la luz de Tu memoria,

marchamos hacia el Reino haciendo Historia,

fraterna y subversiva Eucaristía» 11

6. «Tragarse» a Jesús
Por más que lo he intentado, no he conseguido encontrar otro verbo menos áspero que éste, que al menos tiene la ventaja de ser familiar en nuestro vocabulario: “no trago a tal persona”; “ese disgusto aún no me lo he tragado…”; “todavía lo tengo aquí” (y señalamos la garganta)… Nos es fácil sacar la lengua o poner la mano para comulgar y tragarnos el Pan, y luego volver a nuestro sitio con recogimiento y dar gracias lo mejor que podemos. Pero, de vez en cuando, tendríamos que cambiar la expresión “comulgar” por la de “tragarnos a Jesús”, para caer un poco más en la cuenta de lo que significaría “tragarnos” su mentalidad (es el metanoeite [“cambiad de mentalidad”] de Mc 1, 15, o el “tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús” de Flp 2,5), sus preferencias, sus opciones, su estilo de vida, su extraña manera de vivir, de pensar y de actuar.

Recuerdo una devota costumbre que me inculcaron de niña que se llamaba “hacer una comunión espiritual”: consistía en mandar el Corazón al sagrario (se recomendaba mucho hacerlo en los viajes, al divisar un campanario) y desear recibir a Jesús espiritualmente, ya que no podía hacerse sacramentalmente. Se me ocurre que podría ser un buen ejercicio hacer algo parecido abriendo el  Evangelio al azar y, cuando leamos, por ej.: “El que quiera ser el mayor entre vosotros que sea vuestro servidor” (Mt 23,12); “No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18,22); “Me dan compasión estas gentes, dadles vosotros de comer” (Mc 6,34.37); “No amontonéis tesoros en la tierra” (Mt 6,19); “Las prostitutas os precederán” (Mt 21,3 1) “Prestad sin esperar nada a cambio” (Lc 6,35)…, hacer el gesto interior de “tragarnos” eso, de comulgar con ello, de desear, al menos ir poniéndonos de acuerdo con Jesús, creciendo en afinidad con él, pidiendo al Padre, con la pobreza de quien se siente incapaz desde sus fuerzas, que “nos ponga con su Hijo” y nos haga ir teniendo “parte con él” (cf. Jn 13,8), con las consecuencias de que sea el “Primogénito de una multitud de hermanos…”
Este fragmento de un poema de Benjamín González Buelta puede ayudamos a continuar esta reflexión en una actitud más orante:

“Te ofreces a nosotros

para que comulguemos con tu presencia

y, al acogerte a ti,

hecho de tiempo y de historia nuestra,

acojamos también la vida de los otros

que en ti se ha hecho sacramento cercano.
Te ofreces a nosotros

para que comulguemos con tu proyecto

que congrega y resucita

tantas horas humanas

desmenuzadas como harina

por mecanismos que giran

como prensas y molinos.

Un día, toda la historia

descansará en tu encuentro,

reconciliada eternidad,

como el pan y el vino

de la vida tuya y nuestra,

compartidos sin codicia

en la mesa fraterna

donde festejaremos sin ocaso” 12

7. Bendecir

Es el verbo central de la Eucaristía y la médula de nuestra vida. La palabra griega eucharistía (acción de gracias) tuvo más fortuna en el NT que eulogia (alabanza), la otra palabra con que la Biblia griega traduce la berakah hebrea (bendición); y cuando decimos “eucaristía”, estamos recogiendo toda la herencia de bendición, de alabanza y de agradecimiento desbordante que recorre todo el AT.

Una de las experiencias más gozosas de Israel es la de reconocer que la bendición de su Dios le concede vida, fecundidad, protección. Decir “bendición” es decir regalo, don gratuito (el “bendecir” de Dios es “bienhacer”, dice Alonso Schökel), y los creyentes bíblicos reaccionan con una “bendición ascendente” que dirige hacia el Señor su alabanza y su acción de gracias.

La bendición es el término que condensa la riqueza y la originalidad de la tradición en que aprendió a orar Jesús. A través de ella, el creyente israelita entra en una triple relación con Dios, con el mundo y con los demás: al repetir insistentemente a lo largo del día “Bendito seas, Señor, Dios del universo, por…”, reconoce a Dios como origen de todo lo que existe, al mundo como un don que hay que acoger, y a los demás como hermanos con los que hay que participar del único banquete de la vida.

Bendecir significa revelar la última identidad de las cosas, su profunda interioridad, que consiste en hacer entrar en relación con el Creador” 13. Los objetos, la actividad, el trabajo, las relaciones, el espesor de la vida… pueden volverse opacos y ser ocasión de desencuentro; pero la bendición consigue que la realidad se vuelva translúcida: ilumina nuestra mirada y la hace llegar hasta llegar hasta Dios, que es su origen” 14.
La Eucaristía, que nació en ese contexto (“Tomó el pan y, pronunciada la bendición, se lo dio…” [Mc 14,22; cf. Mt 26,26; Lc 22,15;1 Cor 11,241) es para nosotros la ocasión de convertir en bendición nuestra vida entera, de “arrastrar” hasta ella todo el peso de nuestro agradecimiento, todo lo que en nosotros y en toda la creación está llamado a convertirse en canción, en “un himno a su gloriosa generosidad” (Ef 1,14).

Tenemos en las manos y en el corazón la opción de vivir “en clave de murmuración” (quejas, resentimiento y desencanto, como Israel en el desierto, cf. Ex 16-171) o “en clave de bendición”, descubriendo en la vida, más allá de su opacidad, la presencia que hacía estremecerse de alegría a Jesús (cf. Mt 11,25) cuando sentía la “afinidad” de sus preferencias con las del Padre. La Eucaristía nos invita a comulgar con su bendición, su gozo se nos ofrece como un pan que se parte: “Al que venga, le daré un maná escondido…” (Ap 2,17). “Estoy a la puerta y llamo: si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo” (Ap 3,20). Quizá sólo seamos capaces de esos gestos elementales: poner la mesa, estar despiertos, quedarnos en silencio, vigilar, reconocer una voz, abrir la puerta, acoger agradecidos ese maná escondido.

2. «Sólo hay sacramento donde hay experiencia de fe»: Sal Terrae 67/11 (1979) 739-748.

3. Notas mecanografiadas de una conferencia pronunciada en Medellín.

4. «Carta a una señora en tiempo de Adviento», en Obras Completas del Beato Juan de Ávila, I, Madrid 1952, p. 563.
5. M. DíAZ MATEOS, «Te reconocimos, Señor, al partir el pan»: Páginas 89-90 (Lima, abril 1988) 35.
6. A. PAOLI, Op. cit., p. 7.
7. P. CASALDÁLIGA, Fuego y ceniza al viento, Santander 1984, p. 81.
8. G. FOUREZ, Sacramentos y vida del hombre. Celebrar las tensiones y los gozos de la existencia, Santander 1983.
9. R.M. RILKE, «El Libro de las horas». Antología poética, Madrid 1980.
10. X. ZUBIRI, «Sobre el problema de la filosofía»: Revista de Occidente 118
(1933) 95-96.
11. P. CASALDÁLIGA, Todavía estas palabras, Estella 1989, p. 80.
12. En el aliento de Dios. Salmos de gratuidad, Santander 1995, pp. 57-59.
13. C. DI SANTE, La priére d’Israél. Aux sources de la liturgie chrétienne, Paris 1986, p. 48.
14. Son ideas del Rabino BARUK GARZÓN en una conferencia sobre la oración judía que pronunció en la Facultad de Teología de Comillas (Madrid) en enero de 1995.

 

Fuente:SAL TERRAE 1995/05. Págs. 340-354

 

“Dios mío ¿Dónde estás? No me oyes para remedio de tus pobres” [Homenaje a Gustavo Gutiérrez]


José I. González Faus, teólogo
Cristianismo y justicia

Sin muchos preámbulos quisiera, en este homenaje, señalar cuatro rasgos que pueden resumir la aportación teológica de Gustavo Gutiérrez.
1.- No hay salvación sin trabajo por la liberación.
El primer rasgo es haber planteado desde el principio el problema de las relaciones entre liberación histórica y salvación ultrahistórica.

Un cristianismo desfigurado había reducido la fe a una esperanza en el más allá, donde el más-acá de nuestra historia sólo servía para merecer o comprar el billete de ese más allá. Semejante cristianismo chocaba con la pregunta central de Gustavo: “¿cómo hablar de un Dios Padre a aquél que ni siquiera es hombre?”, volviendo casi imposible la evangelización de los pobres que es distintivo de la misión de Jesús (Mt 11,5; Lc 4,18).

Y además, desfiguraba y desvalorizaba la Resurrección de Jesús cuya enseñanza es que la salvación escatológica ha de ir gestándose y anticipándose ya en esta historia. De este tema que Gustavo planteó ya en su primera Teología de la liberación, brotó después el lema tan extendido en una América Latina asolada por la injusticia: “sin in-surrección no ha re-surrección”.

2.- De “la fuerza histórica de los pobres” a “Los pobres de Jesucristo”

La primera expresión es título de otra de las obras primerizas de Gustavo. La constatación de una fuerza histórica de los pobres podía ser un dato de la situación de aquellas horas. Pero es evidente que esa fuerza histórica se desvaneció poco después por la reacción del imperio del dios Dinero. Gustavo pasó entonces a hablar de “los pobres de Jesucristo” en el título de su espléndida obra (quizás la mejor) sobre Bartolomé de Las Casas. La fuerza teológica de los pobres compensó su pérdida de fuerza histórica.

Con ello se dio relieve a otra de las tesis más decisivas de la teología de la liberación: que el problema de los pobres y la eliminación de la pobreza no es meramente un problema ético: es primariamente una cuestión cristológica y por tanto también un asunto teologal en el que nos jugamos la verdad de Dios o la idolatría. Por eso, cuando más tarde aprovechando la caída del Este, se lanzó la pregunta capciosa de qué queda de la teología de la liberación, el obispo Casaldáliga pudo responder sencillamente: quedan los pobres y queda el Dios de los pobres. O sea: queda todo.

En este punto quizá se estudie algún día la influencia de Guamán Poma en algunas formulaciones de Gustavo. Sospecho que el estudio valdría la pena. Yo me limito a sugerir una comparación entre dos canciones “de iglesia”: a) el himno final de la misa salvadoreña canta: “cuando el pobre crea en el pobre… construiremos la fraternidad” y podremos cantar libertad etc. b)

En cambio, otra conocida canción de la época (“Pequeñas aclaraciones”), parte de un presupuesto similar (cuando el pobre nada tiene y aún reparte, cuando un hombre pasa sed y agua nos da…), pero no deduce de ahí ningún pronóstico histórico sino un juicio teológico: no se dice que entonces construiremos nada sino que “va Dios mismo en nuestro mismo caminar”. Con ello, otra vez, la teología y la praxis de la liberación se convierten en experiencia espiritual.

Esa es la fuerza teológica de los pobres. Y ya que hemos citado a Las Casas, completemos diciendo que el gran dominico no sólo es ejemplo por su defensa profética de los derechos de los oprimidos (y más si son oprimidos en nombre de Dios), sino también por su concepción de la evangelización (ésta sí que verdaderamente “nueva”): porque “Cristo concedió a los apóstoles solamente la licencia y autoridad de predicar el evangelio a los que quieran oírlo; pero no la de forzar o inferir alguna molestia o desagrado a los que no quisieran escucharlo”. Y, a su vez, “la Iglesia no tiene más poder en la tierra que el que tuvo Cristo”,

3.- “Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente”

Esa fuerza teológica de los pobres se despliega en el título de la obra quizás más conocida de Gustavo. Se trata de un breve comentario al libro de Job, que evoca el espléndido verso de César Vallejo (“Dios mío estoy llorando el ser que vivo”), gran poeta peruano muy citado en esta obra. Gustavo pone de relieve cómo toda teología que pretenda hablar y especular sobre Dios al margen del dolor de este mundo (sobre todo del dolor injusto) se convierte en un lenguaje comparable al de los amigos de Job, “consoladores inoportunos” e intachables “ortodoxos” de un dios falso, al que creen poder defender a costa del sufrimiento de su amigo.

Pero con ello no hacen más que ofender a Dios, hablar falsamente de Él y convertir su presunta ortodoxia en una blasfemia, hasta verse desautorizados por el mismo Dios al final del libro. En cambio Job, protestando contra la injusticia que se comete contra él, es un testigo más veraz de Dios que todos los que “se acostumbran” a esa injusticia. Esa injusticia le ayudará a salir de sí y de su dolor ante el drama del sufrimiento injusto del mundo, a comprender que no hay nada que justifique el dolor injusto de un ser humano.

Con delicadeza y buenas palabras, creo que pocas veces se ha dado un aviso tan serio a toda esa teología meramente académica que se está queriendo revitalizar entre nosotros a raíz de la involución eclesial y que, so capa de ortodoxia, está elaborando una idolatría o una reflexión sobre un dios falso. Y deja planteado a la Iglesia el más decisivo de todos sus problemas: el de la identidad de Dios, deformada tantas veces por los creyentes y causa (según Vaticano II) de buena parte del ateísmo moderno.

Conocer a Jesús es seguir a Jesús han dicho con frecuencia los teólogos latinoamericanos. Y hablar de Dios implica un “practicar a Dios” según expresión de Gustavo. Job es llevado a una experiencia de gratuidad que le deja desconcertado ante su propio dolor, pero le mueve proféticamente a trabajar contra todo el dolor del mundo. Teología y santidad (como la justicia y la paz) se besan para Gustavo.

4.- Fidelidad eclesial.

Por desgracia, como no podía ser menos, Gustavo se vio denostado y perseguido por una curia romana cada vez más ciega y que pretende articular en todo el episcopado mundial una confirmación de su ceguera. No ha sido el único en nuestro hoy ni en nuestro ayer: ciñéndonos al ámbito hispanohablante ¿habrá que evocar que santos y doctores de la Iglesia, como Juan de Ávila, Teresa de Jesús, Luis de Granada o el arzobispo Carranza, vieron puestas en el Índice de libros prohibidos algunas de sus obras y soportaron dificultades con la inquisición?.

Pero lo que aquí merece ser destacado es la fidelidad y ejemplaridad de la reacción de Gustavo, en medio de dolores absurdos que sólo él conoce. He evocado otras veces cómo en Madrid, en un congreso de teología, ante preguntas capciosas que pretendían plantearle una opción entre la Iglesia y los pobres, Gustavo se negó a aceptar el dilema y confesó que él amaba a esta iglesia pecadora “con un amor de antes de la guerra”.

Buen punto de referencia para muchos que hoy han compartido su mismo destino crucificado. Y buena lección histórica sobre la fecundidad del seguimiento crucificado de Jesús de Nazaret, que confirma lo que ocurrió con Lagrange, Rahner, Congar, De Lubac… y otros mártires de la teología del preconcilio Vaticano II, reivindicados luego en el concilio.

Las peripecias y los vericuetos de esa fidelidad (que necesitó también la astucia de las serpientes sin perder la sencillez de las palomas) no son para ser evocados aquí y son suficientemente conocidos. Sólo una palabra de gratitud para los hijos de Santo Domingo que salvaron para la Iglesia esta pequeña joya y permitieron a Gustavo convertirse en hermano de su querido Bartolomé de Las Casas.

http://www.redescristianas.net/2012/02/13/dios-mio-donde-estas-no-me-oyes-para-remedio-de-tus-pobres-homenaje-a-gustavo-gutierrezjose-i-gonzalez-faus-teologo/

Ateos y místicos comparten muchas cosas


Entrevista a Javier Melloni,teólogo, antropólogo y jesuita
  • Vislumbres de lo real de Xavier Melloni
Vislumbres de lo real de Xavier Melloni

Valores como la humildad y el respeto se expresan sin palabras: cuando alguien los tiene, simplemente se percibe. Melloni con otros jóvenes jesuitas han puesto en marcha una serie de ejercicios espirituales, desde un fin de semana hasta un mes, en la gruta donde se iluminó san Ignacio de Loyola, en Manresa. Una experiencia que sintetiza las herramientas más útiles de todas las búsquedas espirituales; por algo Melloni es experto en diálogo interreligioso. “Divido mi tiempo en acompañar procesos espirituales, dar clases de Teología Espiritual en la universidad y escribir libros”. En el último, Vislumbres de lo real (Herder; Fragmenta, en catalán), nos habla sobre religiones y revelaciones.

45 años. Nací en Barcelona y vivo en Manresa. Licenciado en Antropología Cultural y en Teología. Terminé COU y entré en la Compañía de Jesús. Lo que define la situación política es la incapacidad de escucharnos los unos a los otros. Dios es el fondo luminoso de todo

-Presénteme a Dios.

– A Dios se le conoce por experiencia. Y esa experiencia es una anticipación de plenitud que una vez vislumbrada hace que te pases la vida intentando llenar ese vacío entre la anticipación y el recorrido que hay que hacer para llegar a ello.

– ¿Eso es lo que a usted le ha sucedido?

-Pertenezco a una familia tradicional, burguesa y cristiana; pero el primer atisbo fue a los 14 años, el día de Todos los Santos.

– ¿Qué pasó?

– Salíamos de casa de la abuela de comer castañas y decidí irme a misa. En el momento de la comunión sufrí una explosión de amor, era un gozo casi insoportable que volvió a repetirse hasta que entendí que no podía hacer otra
cosa que entregarme a ese fuego. Con el tiempo y a través del hinduismo he comprendido que se me había abierto el chacra del corazón.

– Acabó el noviciado a los 20 años y entró en la universidad. ¿No tuvo dudas allí del camino elegido?

– Al contrario. Mis votos, el control de las tres libidos, despertaban el diálogo con mis compañeros. El voto de pobreza es sobre la libido del tener; el de castidad, sobre la del eros, y el de obediencia, sobre la libido del poder.

-¿Nunca revisa esos votos?

-A los 40 años hice una parada para replantearme si la opción de los 18 años se sostenía, si esas tres renuncias tan duras seguían teniendo sentido. Y creo que lo tienen incluso secularmente, porque es una opción que concentra a la persona en una sola dirección.

– ¿Tras la universidad se fue a la gruta?

– Todavía no. Antes pasé un año de profesor y otro año en Mercabarna, de patatero. Yo era un niño mono de papá que idealizaba la pobreza, así que un año de contacto con las clases trabajadoras fue muy formador. Aprendí que cuando compartimos las mismas condiciones de vida somos todos iguales, y que los valores esenciales son universales.

– Hábleme de su retiro

– Nosotros hacemos tres: uno iniciático, otro a los 40 y otro en la tercera edad. Yo el segundo lo hice en India y me abrió a otro mundo. Pasé de la altura de los Pirineos a las dimensiones de los Himalayas. Hay otras alturas que no están en nuestro paisaje.

– Entiendo

– Para mí, en los ejercicios espirituales todas esas diferentes tradiciones religiosas, juntas, conspiran por la transformación de lo humano. Nosotros ofrecemos la cueva de Manresa, en la que se retiró san Ignacio de Loyola, para vivir esa experiencia.

– ¿Qué contenido da a los retiros?

– Hay programas de fin de semana, de una semana y de un mes, en los que se hace yoga, eneagrama (mapa de autoconocimiento que proviene de los sufíes y que trabajó Gurdjieff), taichi… Se trata de una síntesis muy poderosa.

– Y atrevida…

– Creo que tenemos que volver a la radicalidad de las experiencias iniciáticas, que son muy serias, incluso físicamente. Y, aunque sea en un tiempo de discontinuidad, te cambia. Se pasa por distintas fases: separación de lo conocido, enfrentamiento con las propias sombras para incorporarlas, y salir reunificado.

– La mística, ¿una región de la realidad?

– Sí, donde se hace visible lo invisible. La realidad es lo que percibimos según nuestro estado interior: cuanto más opaco, más opaca vemos la realidad y a las personas. Cuanta más luz hay en nosotros, más luminoso es todo. La experiencia mística es un estado de transparencia interior que permite ver la transparencia de las cosas.

– ¿Qué pensamiento le parece esencial para ampliar la mirada?

– Para mí, la revelación más importante y bella, común a todas las religiones, es pasar de pensar que somos una individualidad aislada que debe conquistar o merecer la existencia a percibir que la existencia es dar y gozar.

– Hay que vivir agradecido, pero no se viene aquí a ser feliz

– Nuestras vidas están hechas de rupturas y separaciones. Ceo que la comprensión de esas rupturas nos hace dar un salto cualitativo.

– Es distinto vivirlas con Dios que sin él

– Los maestros de la sospecha, Freud, Nietzsche y Marx, nos ayudaron a caer en la cuenta de que si la experiencia religiosa no transforma a la persona y su entorno, es una experiencia sospechosa e incluso engañosa.

– ¿Por qué el budismo parece encajar más hoy que el cristianismo?

– Jesús es plenamente Dios y hombre, y eso es lo que somos todos. El pecado del cristianismo es el miedo, no nos atrevemos a reconocernos en lo que Jesús nos dijo que éramos.

– Presénteme a Dios

– Lo hemos reducido a esas palabras impresentables: Todopoderoso, Omnisciente… Esa imagen de un ser que está ahí arriba vigilándonos es una segregación de nuestra impotencia, son nuestras nostalgias y neurosis paternas y maternas; de manera que también lo hemos convertido en un Dios sádico y cruel.

– Vaya

– Ante eso está la posición ateo-agnóstica, que propone vivir con lo que se tiene, ser honesto y responsable. O bien los místicos, que colocan a Dios por encima de esas imágenes cargadas de conceptos y evitan nombrarlo porque en todo ven a Dios.

– Los extremos se tocan

– Ateos (excluyendo a los cínicos) y místicos comparten muchas cosas.

08/06/2008 – Autor: Víctor-M. AmelaIma Sanchís Lluís Amiguet – Fuente: La Vanguardia

http://www.webislam.com/articulos/33669-ateos_y_misticos_comparten_muchas_cosas.html

Un resplandor de humanidad


19 de febrero de 2012

Domingo de la Transfiguración. Año B.

A medida que nuestra humanidad se ve expuesta a nuevos contextos, tenemos que conectar con nuestro pasado personal y el pasado de nuestra comunidad.

2 Reyes 2:1-12Salmo 50:1-62 Corintios 4:3-6Marcos 9:2-9

Las lecturas de esta semana plantean cuestiones de muerte, discipulado y revelación de un modo dramático. El pasaje de 2 Reyes 2 plantea la cuestión de la muerte próxima del profeta Elías y de la nula disposición de Eliseo para dejarlo ir. Muchos de nosotros hemos pasado y estamos pasando por esta fase del ciclo de vida con sus seres queridos. No hemos estado dispuestos a dejarlos ir y les hemos dicho a los demás que guardaran silencio sobre lo que está ocurriendo (versículo 5), como si silenciarlos fuese a cambiar la realidad. Esperamos, igual que Eliseo, que nuestro viaje con nuestros seres queridos que están muriendo ralentice el proceso y nos dé más tiempo para obtener de ellos todo lo que necesitamos, antes de que narchen.

Curiosamente, el camino que Elías y Eliseo andan (de Betel a Jericó para cruzar el río Jordán) recorre el viaje de la conquista de Josué. Para muchos, este camino es preocupante debido al recuerdo del genocidio de los cananeos. Por otro lado, puede existir la necesidad de recorrer de nuevo esos pasos, para que el nuevo aprendizaje pueda surgir y pueda evitar que nos atasquemos repitiendo los errores del pasado.

Los grupos LGBT y otros grupos oprimidos, al mirar hacia atrás en nuestra historia, podemos ver dónde, incluso en nuestras luchas por la liberación, hemos herido a otros. De esta manera podemos comprometernos a hacer las cosas de manera diferente en el futuro. La transmisión del manto se vuelve muy importante en estos momentos de transición, mientras preparamos a la próxima generación de líderes/discípulos para tomar sus legítimos lugares en el movimiento. Esta parece una metáfora más apropiada que la de esclavos que tienen un Evangelio velado, como Pablo proclama en 2 Corintios 4. El velo de las mujeres en contextos patriarcales no parece ser el mejor modelo de preparación para la próxima generación de líderes.

La Transfiguración, tal como se encuentra en Marcos 9:2-9, tiene variados significados para nosotros. Algunos ven esto no como una muestra de la divinidad de Jesús, sino más bien como un momento trascendental de su humanidad. Así es como se ve nuestra humanidad fuera de nuestras defensas. Este es el brillo radiante de la luz del mundo en nosotros. Estamos conectados con mucho más que con lo que ha pasado antes y con lo que está por venir.

Por otro lado, otro significado enlaza con el tema discutido la semana pasada de la “salida” de Jesús “del armario”. Esta vez Dios descubre a Jesús como su hijo, el Hijo de Dios (versículo 7), que es un término en el antiguo Israel para el gobernante de Jerusalén. Jesús no se siente cómodo con este proceso y trata de controlar la propagación del nuevo título, diciendo a los discípulos que no lo divulguen (versículo 9). Entendemos que el proceso de “salida” revela algo más que la propia orientación. El proceso impulsa a los implicados más allá de su capacidad de controlarlo, y surgen muchas preguntas y se exponen circunstancias que pueden ser anticipadas.

La reacción de los discípulos es no tomar parte en la conversación entre Jesús, Moisés y Elías, ya que tienen miedo (versículo 6). Esta reacción a la “salida” mediante la exposición de la verdadera esencia del otro, es claro reflejo de lo que sucede a las personas homosexuales que en medio de las crisis de la comunidad, dan un paso atrás y no toman parte en las crisis. Los costes son muchos y elevados. Como Pedro, queremos construir “moradas” para contener y ocultar las revelaciones, en lugar de hablar y hacer frente con fuerza a la necesidad de la comunidad de una nueva visión.

Al mirar de cerca a Marcos 9:2-9 también nos dimos cuenta de que en el conjunto de individuos en la montaña, las mujeres fueron omitidas por completo. Si Elías y Moisés son ambos figuras religiosas y políticas, frente a las crisis nacionales de su época, ¿por qué no están Deborah y Esther también en esta reunión? De igual modo, ya que Moisés, Débora, Elías y Esther son líderes políticos, ¿no significa esto que Jesús también se está introduciendo como un líder político de su época? Puesto que “Hijo de Dios” es un título para el gobernante de Jerusalén, uno podría pensar que este es el caso.

Por otro lado, la palabra griega que significa profeta, prophetes, es un sustantivo masculino con terminaciones femeninas. Se trata de un sustantivo transgénero, por así decirlo. Tal vez este pasaje se feminiza, no por la presencia de las mujeres, sino más bien por cómo los hombres asumen aspectos y papeles erotizados y entendidos tradicionalmente como femeninos. Esto lo vemos en otros pasajes bíblicos. Recordamos a Elías resucitando al hijo de la viuda al acostarse sobre él tres veces (1 Reyes 17:21); a Moisés, que quería ver la gloria de Dios, sólo se le permitió ver su parte trasera (Éxodo 33:23); y el discípulo amado de Jesús pone su cabeza sobre el pecho de Jesús (Juan 13:23). [Es curioso que las traducciones de la New Revised Standard Version deseroticen todos estos pasajes]. Relacionado con el relato de la Transfiguración, ¿puede uno imaginarse esta historia de nuevo incluyendo una reunión de hombres -con una gama de orientaciones sexuales y de género-, en un encuentro con Dios, el último amante? ¿Podría ser este el motivo  por el que las mujeres son excluidas y por el que se les dice a los discípulos que lo presencian que no se lo cuenten a nadie más?

En esos momentos en tu vida cuando eres vulnerable, estás agobiado, con problemas, escondido y velado, ¿a quién buscas y ves? ¿Quiénes son los seres queridos que te rodean? ¿Cómo ves tu propia humanidad de otra manera?

Muerte, discipulado y revelación están en el centro de todos estos textos. Aunque las posibilidades de interpretación son muy variadas, y aunque algunos de ellos son preocupantes para algunos, las formas en que pueden hablar a las vidas de las personas LGBT y de otros grupos oprimidos son más ricos por estas exploraciones.

Nosotros, como los discípulos, podríamos tener miedo, incluso terror, por las posibilidades exploradas aquí, y nosotros, como ellos, puede ser que deseemos construir estructuras para cerrar la exploración de los posibles significados. Debemos recordar que Jesús se opone a esa respuesta. Al igual que en anteriores relatos en el evangelio de Marcos, Jesús es reticente a la revelación completa antes de tiempo, pero sí crea oportunidades para que los discípulos estén prevenidos y preparados completamente para la plenitud y la riqueza de la revelación que llegará en el futuro. Esto debería dar consuelo a quienes viven con el temor no sólo a la muerte, no sólo a perder a un ser querido, no sólo a sopesar la esclavitud del velo de sí mismo, no sólo a ser puesto al descubierto junto con otros, sino también a las emocionantes posibilidades de que Dios proclame a los demás, “¡este/esta es mi hijo/hija, escuchadlo/escuchadla!”

Oración inclusiva

Oh , Presencia misteriosa que ilumina nuestro camino entre los mundos,
         condúcenos a los lugares donde podemos tocar nuestra más profunda humanidad.
Que escuchemos tu invitación a salir de detrás de nuestras defensas cuidadosamente construidas
         e irradiar la capacidad de ser amados, que es nuestra esencia.
Amén.

Versión original en inglés: Out in Scripture

http://www.jesusinclusivo.com/blog/2012/02/18/un-resplandor-de-humanidad/

EL OBISPO Novell da la campanada


18.02.12 | 21:19.

Xavier Novell, el obispo de Solsona, ha llegado pisando fuerte. A sus 43 años está demostrando que es un obispo con ganas de trabajar, de evangelizar, de hacer cosas. Y eso, en medio de una jerarquía cansina, llama la atención. En poco más de dos años al frente de una pequeña diócesis rural del interior de Cataluña, ha sabido proyectarse a toda España. Y, con su última decisión de bajarse el sueldo, ha dado incluso un campanazo que ha resonado en todo el mundo.

Novell encarna, como contamos en RD, el perfecto «conservador creativo», al estilo del nuevo cardenal Dolan. Conservadores sin complejos y sin miedos, que saben utilizar perfectamente los nodernos medios de comunicación para llegar a las masas, para despertar conciencias, para ganar un plus de credibilidad para la deteriorada imagen de la Iglesia española, por mucho que Camino diga lo contrario.

Novell evangeliza y tiene iniciativas y las cuenta. Con sus «cosas» sacude la inercia de un colectivo dormido en sus laureles y que va al tran-tran.

Y sólo por eso es de alabar su actitud audaz, valiente, determinada. Una actitud que, como siempre en los que hacen cosas y cosas nuevas, se presta a la crítica y a todo tipo de interpretaciones.

Hay quien dice que todo lo hace por figurar…No me lo creo. Sería del género tonto, porque la exposición mediática entraña sus riesgos.

Lo que sí está claro es que, con sus iniciativas, deja en evidencia a sus colegas del episcopado. ¡Y de qué manera!

El pasado miércoles, en rueda de prensa, hacíamos la siguiente pregunta al secretario de los obispos, monseñor Martínez Camino: «¿Se planeta la Iglesia pagar el IBI, renunciar al 20% de sus ingresos, como hacen partidos y sindicatos, resucitar las oficinas contra el paro que proliferaron en muchas parroquias en los años 80, o cualquier otro gesto que haga creer a la sociedad española que los obispos también arriman el hombro para salir de la crisis?»

La respuesta, la esperada: Que ya están haciendo más de lo exigido, que ya Cáritas da mucho, que la Iglesia no vive de los presupuestos…

Al día siguiente, sale Novell con su gesto de bajarse el sueldo un 25% y deja a Camino en evidencia.

Y ya sé aquello de que, cuando vayas a hacer caridad, tu mano izquierda no se entere de lo que hace la derecha…Eso vale para el fuero interno. Pero, en una sociedad mediática como la nuestra, los gestos son tan importantes como los hechos. No hay evangelización sin testimonio. Y no hay testimonio sin gestos elocuentes.

En vez de criticar lo que hizo o escudriñar en las razones que lo llevaron a bajarse el suelo, lo que tendrían que hacer todos sus colegas es sumarse a la campaña del obispo Novell. E invitarnos a todos los católicos a seguirlos. Y a los políticos y a los banqueros, también. ¡El 20% de nuestros sueldos para los parados y los pobres!

Es hora de que el presidente del episcopado se ponga al frente de una campaña de estas características. Con las mismas ganas, al menos, que las que puso el cardenal Rouco en su JMJ. Los pobres lo necesitan urgentemente. Y la Iglesia se juega en esto su capacidad samaritana.

José Manuel Vidal

http://blogs.periodistadigital.com/religion.php/2012/02/18/p310685#more310685

El Feminicidio como Crimen de Honor


¿Qué diferencia el feminicidio de un crimen de honor? Nada. Sólo la percepción cultural
15/02/2012 – Autor: Vanessa Rivera de la Fuente

 

Aqsa Parvez

Aqsa Parvez, una joven de 16 años de Mississauga, Canadá, se convirtió hace un tiempo en la víctima número 12 en dicho país en morir para proteger el honor de su familia: El 10 de diciembre de 2007, su hermano la estranguló hasta la muerte por no usar correctamente el velo islámico.

Aqsa era parte de una familia musulmana de origen Pakistaní. Si bien los tribunales canadienses calificaron el caso como“Crimen de Honor” varios líderes islámicos calificaron este – y otros casos similares ocurridos en Canadá- como “violencia doméstica”. El 15 de junio de 201o su hermano Waqas y su Padre Muhammad- quien ordenó a la familia no denunciar a la policía el hecho- fueron sentenciados a cadena perpetua sin derecho a libertad bajo palabra hasta el 2028.

No me gusta el término violencia doméstica porque enmarca un problema social en un ámbito privado de injerencia limitada y hace aparecer la violencia de género como una cuestión que “no es de nuestra incumbencia”.

En mi opinión, Aqsa Parvez fue víctima de Feminicidio. ¿Qué diferencia un Feminicidio de un Crimen de honor? Veamos:

Se habla de crimen de honor cuando un varón árabe o musulmán o residente en algún país de Asia o África asesina a una mujer de su familia o con la cual está relacionado de algún modo por considerar que su honra masculina o la honra de su familia ha sido mancillada y que sólo el crimen restaurará su dignidad o la del grupo familiar.

Razones comunes para el crimen de honor son: Las relaciones prematrimoniales, el uso de ropa sugerente, la violación, rechazo a un matrimonio concertado, embarazo adolescente, ser homosexual, adulterio, etc.

Se habla de Feminicidio en el caso del homicidio evitable de mujeres por razones de género. Es, según sostiene el observatorio argentino de la violencia de género Casa del Encuentro, el asesinato de  una mujer por parte de un hombre que la considera de su propiedad.

¿Hay alguna diferencia entre estrangular a una joven pakistaní por no usar el velo islámico y la violación con resultado de muerte de una mujer en Río de Janeiro, porque usaba la minifalda muy corta? La única diferencia es: Que en el primer caso juzgamos el crimen desde lo religioso-cultural y decimos que fue un Crimen de Honor y en la segunda, lo nombramos Feminicidio.

Si un padre asesina a su hijo por ser homosexual en Camberra, Australia, no se dirá que es un Crimen de Honor sino un Filicidio; si en Londres, Inglaterra, un hijo encuentra a su madre cometiendo adulterio y la corta en pedazos con el cuchillo de cocina, será procesado por Parricidio y no por Crimen de Honor.

No hay diferencia real, sólo en nuestra cabeza. Tanto en el uno como en el otro, lo que estimula la “legitimidad” de la acción por parte del varón es que asume que la víctima le pertenece; en los dos, la mayoría de las mujeres son asesinadas por su pareja o alguien cercano; en el Crimen de Honor y en el Feminicidio existe la creencia que la muerte de la mujer solucionará el problema. En ambos, prevalece la errónea concepción de que, en cierto modo, las víctimas “se lo buscaron”; todas,  son muertes innecesarias y evitables.

¿No es acaso a través del Feminicidio que el Patriarcado se reivindica, de manera cruenta, de supuestos “desafíos” a su hegemonía? ¿No es esto mismo lo que subyace en el Crimen de Honor? Ambos constituyen una expresión de “La Maté porque era Mía”.

No obstante, el término asesinatos de honor, cometidos por miembros masculinos de una familia en contra de hijas, madres, hermanas o novias, se reserva para crímenes cometidos contra mujeres de Asia o Países Árabes.

Lo único que diferencia al Crimen de honor del Feminicidio es que, desde una espuria idea de superioridad cultural, nos hemos acostumbrado a pensar que son crímenes de género menos importantes, por cometerlos personas que no pertenecen a la mayoría religiosa que conocemos, que no son de nuestra cultura o de nuestra raza: La dicotomia de civilización-barbarie es básica, antigua y opera efectivamente a la hora de disparar conceptos erróneos sobre los cuales juzgar la violencia contra las mujeres, en escenarios diferentes al propio.

Prueba de ello, es que la gran mayoría de las personas relaciona los crímenes de honor con la religión. La verdad es que no están asociados a ninguna religión en particular, porque ocurren tanto entre musulmanes como hindúes o comunidades de áfrica subsahariana: Si la religión no es una variable directa y excluyente de estas atrocidades, hay que identificar el factor común en todas ellas:  El Patriarcado.

Si es el Patriarcado el poderoso denominador común, el Feminicidio bien podría ser considerado como Crimen de Honor y no hay razón de facto comprobable para no llamarlo así. Creo que, debido a la concepción de tales como un producto cultural específico de ciertos grupos, perdemos de vista que constituyen Feminicidios. Esto pone a un grupo de mujeres en desventaja en cuanto a las reivindicaciones de sus derechos y la protección de su integridad.

Esta diferencia de apreciación es evidente en el caso de los registros canadienses de agresiones a las mujeres, en los cuales se establece que entre el 2002 al 2007, los crímenes de honor son 12 y los feminicidios 212: ¿Qué? ¿las 12 no eran mujeres? Para la estadística, los asesinatos tipificados como crímenes de honor son problemas de “aquellos otros”, nada que se tenga que incluir en un reclamo global de erradicación del asesinato de mujeres por las sinrazones del patriarcado.

Cosas terribles ocurren a las mujeres en todo el mundo: El Feminicidio es una de ellas. No hay nación, etnia, religión o clase que tenga el monopolio de la misoginia

http://www.webislam.com/articulos/68500-el_feminicidio_como_crimen_de_honor.html

O somos corresponsables, o no seremos


09.02.12 | 10:57.

Se acaba de anunciar una Maratón de TV3 para luchar contra la pobreza. Una iniciativa muy loable y que sin duda ayudará en la tarea de sensibilización ciudadana para plantar cara a la crisis y para decir basta a la falta de oportunidades, al tiempo que se recogen recursos para apoyar proyectos a favor de las personas.

Damos la bienvenida a esta iniciativa, al tiempo que creo que nos puede ayudar a despertarnos para contribuir al cambio: se acabó el tiempo en el que todos pensaban en un Estado providencialista que tenía que asumirlo todo. Se acabó es tiempo de un Estado que creíamos tenía unos recursos infinitos, porque muchos o casi todos, tiraban de él usando y abusando de sus prestaciones y recursos: usuarios, políticos y funcionarios.

Muchos han puesto el grito en el cielo diciendo que es cuestión de la administración, que los impuestos, que….. La gravedad del momento presente nos ha de movilizar a todos, y todos debemos ser corresponsables. No podemos mirar para otro lado, lavarnos las manos, decir no es mi problema, o que lo arregle el gobierno, porque entonces tendremos un problema de verdad y que será de todos.

Es la hora de la humanidad; en la que la causa de unos es la causa de todos, y en la que tenemos que compartir proyectos, sueños y trabajos.

Unos de los cambios importantes será saber vivir austeramente, pero no basta. Será compartir, pero tampoco basta. Será saber administrar y dedicar unas horas a ayudar a los que están peor, pero tampoco es suficiente. El gran cambio tiene que venir por la conciencia de que todos somos parte del problema y que todos debemos ser parte y artífices de la solución.

Los recortes nos duelen, las reducciones, son sangrantes. Hay medidas impopulares que se han tenido que tomar y otras en las que no se ha acabado de acertar, en las que han pagado justos por pecadores, pero lo cierto es que algo hay que hacer, y si no movemos fichas, no acabaremos de resolver los grandes problemas sociales y económicos que nos flagelan.

Se acabó el tiempo de echar culpas a los otros de forma irresponsable, de vivir imputando a los otros movidos por ideologías o intereses partidistas; se acabó eso de descalificar porque sale gratis: O nos ponemos todos la camiseta del compromiso y tiramos del carro, o esto no tiene solución.

Esta es la hora de hacer piña: Ciudadanos y gobierno. Se acaba eso de vivir de las subvenciones y de no poner toda la carne en el asador. Tal vez sea también este el momento de reconocer la gran labor que realizan los voluntarios que gratuitamente dedican horas, muchas horas a un servicio y a un trabajo profesional y humano, que no siempre es suficientemente valorado.

Seguro que es la hora de reducir las grandes estructuras de ONG, Fundaciones, servicios sociales, etc. en las que elevadas sumas de las ayudas se quedan en sueldos de trabajadores, que no digo que no sean necesarios, pero que han hecho que muchas organizaciones hayan crecido tanto, tanto tanto, que hoy son un gigante que se come todo lo que se debería destinar a las ayuda, a crear oportunidades: a las personas.

No sé. Tal vez no soy políticamente correcta. Pero, bienvenida maratón. Alguno lo tenía que decir.

http://blogs.periodistadigital.com/sintoniacordial.php

 

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