Premio o castigo. Cómo Pekín sanciona a los obispos


Premio para quien obedece al régimen, castigo para quien es fiel al Papa. El obispo invitado a Munich por la Comunidad de San Egidio pertenece a la primera categoría. Aquí su retrato, comparado con el de un obispo que fue castigado

por Sandro Magister

ROMA, 20 de febrero del 2012 – Con el consistorio de hace dos días los cardenales chinos subieron a tres. A Joseph Zen Zekiun, obispo emérito de Hong Kong, 80 años, y a Paul Shan Kuohsi, obispo emérito de Kaohsiung, en Taiwan, 90 años, si ha sumado el actual obispo de Hong Kong, John Tong Hon, 72 años.

Además, en el Vaticano hay un cuarto obispo chino, Savio Hon Taifai, que no es cardenal, pero ocupa un cargo de gran importancia: el de secretario de la congregación para la evangelización de los pueblos, el dicasterio que supervisa las diócesis de China.

Con ocasión de su nombramiento, el neocardenal Tong ha concedido una entrevista a «Asia News», la agencia del Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras, dirigida por el padre Bernardo Cervellera.

En ella, afirma que en las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China «no ha habido mejoras» recientes, y que de todos modos «este elemento es sólo una parte de la cuestión. Antes de todo debemos actuar sobre nuestra vida; las relaciones diplomáticas vienen después».

Además, el neocardenal Tong ha reafirmado que la llamada «asociación patriótica» en la cual las autoridades chinas enmarcan obispos y sacerdotes para separarlos de Roma «es incompatible con la doctrina católica y con la estructura católica»

En China, uno de los actos más graves de ruptura de la unidad de China es la ordenación de un nuevo obispo designado por el régimen contra la voluntado del Papa (en la foto, en Shantou el 14 de julio de 2011).

Los obispos que, siendo reconocidos por Roma, toman parte deliberadamente de estas ordenaciones ilícitas incurren en excomunión. Pero algunos participan de ellas obligados, y Roma es indulgente con ellos. Si seguidamente hacen llegar al Papa una sincera solicitud de perdón por haber cedido, Benedicto XVI los absuelve, como lo ha confirmado el pasado 17 de enero el secretario de la congregación para la evangelización de los pueblos, Hon:

«En el caso de las ordenaciones episcopales ilícitas de hace meses, varios obispos oficiales fueron obligados a participar en ellas. Después de esto muchos de ellos han pedido perdón al Santo Padre. Y el Papa se los ha concedido».

Pero no todos proceden así. Uno de los obispos que no ha pedido perdón al Papa después de haber participado en una ordenación ilícita y ha persistido en la ruptura es el de Nanchang, Juan Bautista Li Zhuang.

Él es el obispo que después la Comunidad de San Egidio invitó con todos los honores al meeting interreligioso organizado por ella con gran pompa en Munich, el pasado mes de setiembre.

Él es el obispo que el mismo mes dio a la revista católica internacional «30 Días» una amplia entrevista en la cual no manifestó ningún signo de arrepentimiento.

Él es el obispo que ha dado al cardenal Zen ocasión de criticar severamente tanto a la Comunidad de San Egidio como a «30 Días», en un candente artículo en «Asia News» del 7 de febrero, rebotado después por http://www.chiesa.

Él es el obispo que hace de protagonista negativo del iluminador «cuento» reproducido a continuación.

El «cuento» salió en el número de diciembre del 2011 de la revista estadounidense «Inside the Vatican», dirigida por Robert Moynihan.

El autor, Gerard O’Connell, irlandés, residente en Roma, es vaticanista para el mundo angloparlante y experto sobre la Iglesia en Asia.

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EL CUENTO SOBRE DOS OBISPOS

por Gerard O’Connell

Aunque no ha habido ningún contacto oficial entre Pekín y el Vaticano en las semanas pasadas, han ocurrido algunos hechos detrás de la escena, en las relaciones en China con la Iglesia católica del país, que ameritan ser señalados.

Para comenzar está el que puede titularse «El cuento sobre dos obispos»: el obispo de Nanchang y el obispo de Liaoning (Shenyang). Ambos son reconocidos por la Santa Sede y por China, pero en el periodo entre agosto y setiembre del 2011, Pekín premió a uno y castigó al otro.

Las autoridades chinas premiaron al obispo Juan Bautista Li Suguang, 46 años, de Nanchang, permitiéndole participar en el encuentro internacional de oración por la paz organizado por la Comunidad de San Egidio en Munich, en Alemania, del 11 al 13 de setiembre.

John Baptist Li Suguang fue ordenado obispo de Nanchang el 31 de octubre del 2010 con la aprobación de la Santa Sede y del las autoridades chinas. Luego de la ceremonia de ordenación, como el periodista italiano Gianni Valente ha recordado en su entrevista con él para la revista mensual «30 Días», el nuevo obispo públicamente expresó su intención de alentar la reconciliación entre las comunidades católicas registradas ante las autoridades estatales y aquellas que se alejan a sí mismas de las políticas religiosas del gobierno (popularmente llamadas «la Iglesia subterránea»).

El premio  parece que le ha sido concedido no por su comentario de querer construir puentes entre las dos comunidades católicas en el territorio, sino por haber participado en la ordenación ilegítima del padre Joseph Huan Bingzhang como obispo de Shantou el 14 de julio, sin contar con el mandato pontificio.

La ceremonia prosiguió en abierto desafío a la Santa Sede. El obispo Li Suguang participó en ella y parece que, por haber escogido seguir las instrucciones de Pekín en vez de las de Roma, ha sido premiado con el permiso para asistir al meeting en Munich, a pesar de haber sido acompañado por oficiales de Pekín.

Por otra parte, un prelado chino, Paul Pei Junmin, obispo de Liaoning (Shenyang) en el nor-oeste de China, que también es reconocido tanto por Roma como por Pekín, fue castigado porque se negó a participar en la misma ordenación ilegítima de Shantou.

El obispo de 42 años, respaldado por 80 sacerdotes, religiosos y laicos de su diócesis, desafió una explícita orden de Pekín que le indicaba presidir esa ceremonia. Por este rechazo, fue «suspendido» de sus puestos de responsabilidad a nivel nacional y provincial en la comunidad de la iglesia Católica reconocida por el Estado.

Así, el pasado agosto, primero fue suspendido de su posición de vice-presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica China reconocida por el Estado (una organización no reconocida por Roma). Había sido elegido para ese cargo en el Congreso Nacional de Representantes Católicos, desarrollado en Pekín, en diciembre del 2010.

En realidad su elección para dicho cargo vino después de que participó en la ordenación ilegítima del padre Joseph Guo Jincai como obispo de Chengde, en noviembre del 2010, bajo presión de Pekín, y contra la oposición pública de Roma. Esta fue la primera ordenación ilegítima desde el final del 2006, y marcó el inicio del deterioro de las relaciones entre China y el Vaticano.

Luego, el pasado setiembre, el obispo Pei Junmin fue también suspendido de su puesto como Cabeza de la Asociación China Católica Patriótica (ACCP) y de la Comisión de Asuntos de la Iglesia en Liaoning. También había sido elegido para este puesto.

Vale la pena recordar que el obispo Pei Junmin es también amigo de la Comunidad de San Egidio, que tiene buenas relaciones con las relaciones chinas, y se le permitió asistir a sus anterior Encuentro Internacional de Oración por la Paz, tenido en Barcelona, España, en octubre 2010.

Estos acontecimientos – el premio y el castigo para los obispos – revela claramente cómo es que Pekín trata a los obispos católicos en China. La cooperación con las autoridades estatales, desafiando los deseos Roma, es premiada; no hacerlo implica penalidades.

Antes en el 2011, las autoridades también castigaron al obispo Joseph Li Liangui de Cangzhou (Xianxian) por no asistir al Congreso Nacional de Representantes Católicos en Pekín, en diciembre del 2010. Lo penalizaron dimitiéndolo de su puesto en la Conferencia Consultora Política de la provincia de Hebei, como «UCA News», la principal agencia católica de noticias en Asia reportó.

Este sistema de premiación y castigo para los obispos católicos levanta una vez más la cuestión de la libertad religiosa en China que, en teoría, está garantizada por la Constitución china, pero en la práctica se limita a lo que las autoridades deciden que debe ser.

Es evidente que cualquier futuro acuerdo entre la Santa Sede y China tendrá que referirse no sólo a la cuestión debatida del nombramiento de obispos, sino también a la cuestión fundamental de la libertad religiosa para los obispos. Y, como los casos citados aquí lo muestran, los dos problemas están interrelacionados.

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La revista de la que se ha tomado el «cuento», por gentil concesión:

> Inside the Vatican

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El servicio de http://www.chiesa con las críticas del cardenal Zen a la Comunidad de San Egidio y a «30 Días»:

> China. El cardenal Zen contra San Egidio

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La entrevista del neocardenal John Tong Hon a «Asia News» del 17 de febrero del 2012:

> John Tong, un nuevo cardenal para Hong Kong y China

Todos los servicios de http://www.chiesa sobre el tema:

> Focus al CHINA

Traducción en español de Juan Diego Muro, Lima, Perú.

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350177?sp=y

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