“Debe terminar la Iglesia de los noes y del miedo, donde no hay pluralismo”


JAVIER PAGOLA

Martes 31 de enero de 2012
Publicado en alandar nº285

Todas las versiones de este artículo: [català] [castellano]

Foto. Mikel SaizJosé Manuel Vidal, doctor en ciencias de la información y licenciado en sociología y teología, dirige Religión Digital el portal de referencia para la información religiosa en lengua castellana, que recibe cerca de tres millones de visitas al mes. Habló en el Foro Gogoa, con una mirada de periodista, sobre “Los 50 años de recepción y distanciamiento del Concilio Vaticano II en la Iglesia de nuestro país”.

¿Cómo describiría la situación de la Iglesia en España?

En la Iglesia católica en España se hace cada vez más difícil respirar. El control y el poder de la alta jerarquía es muy fuerte y quienes lo ejercen no admiten el pluralismo, de tal forma que quienes no son de los suyos no salen en la foto. Hay sectores sometidos a una tensión aguda, lo que ha hecho que baje en calidad buena parte del pensamiento religioso y teológico. Existe también una ola mística de resistencia activa en el laicado, clero y órdenes religiosas donde muchas personas se desviven por construir una Iglesia plural y servidora de la humanidad. La más alta jerarquía pretende copar, con los movimientos conservadores, todo el espacio eclesial que ocupan y heredan por cooptación. Las autoridades están escoradas hacia posiciones de poder muy conservadoras. Es decisivo el nombramiento de obispos grises, doctrinalmente seguros, particularmente en aspectos de moral sexual y que aspiran a subir en el escalafón, cuando lo normal debería ser que permanecieran largo tiempo en las iglesias locales que se les confían.

¿Qué ha pasado durante los 50 años posteriores al concilio?

Venimos de una primavera luminosa, ilusionante y seductora. A veces excesiva, pero primavera. En todo caso en nuestro país la recepción del concilio se hizo demasiado deprisa, en solo unos diez años, mientras que en otros países europeos el cambio se venía haciendo, paulatinamente, desde unos 40 años atrás. En tiempos de los cardenales Tarancón y Díaz Merchán y del nuncio Dadaglio, la Iglesia en España adoptó una línea conciliar y, separándose marcadamente de cualquier opción partidista, se convirtió en un referente moral y fue una de las instituciones más valoradas. A partir de 1982, año de la visita del papa Wojtyla y los gritos de “totus tuus” y luego con los cardenales Suquía y Rouco y el nuncio Tagliaferri llegaron los tiempos de una “larga noche oscura de piedra”, de combate contra el laicismo, persecución de teólogos progresistas y alineamiento claro de la jerarquía con la derecha política. Hoy la Iglesia es una de las instituciones peor valoradas por la población de nuestro país y va a ser muy difícil que recupere aquel capital simbólico, de prestigio y consideración como referente moral, que antes tuvo.

Lo que pasa aquí tiene mucho que ver con lo que pasa en Roma. ¿Se observa algún signo de cambio?

Empecemos por decir que mucho peor estuvo la Iglesia católica en tiempos de Pío XII y llegó Juan XXXIII, el papa bueno, que quiso poner a la Iglesia en diálogo con el mundo y hacer suyos los gozos y las esperanzas de la humanidad. Desde luego, Benedicto XVI no es Juan Pablo II. El papa polaco se rodeó en su curia de colaboradores que procedían únicamente de los movimientos conservadores: Comunión y Liberación, Opus Dei o el Camino Neocatecumenal (los “kikos”). El papa Ratzinger ha llamado a la curia a miembros de órdenes religiosas: salesianos, jesuitas, franciscanos, que son mucho más abiertas en su pensamiento y en su praxis. Pero sería preciso impulsar un cambio combinado desde arriba y desde abajo. En la conferencia episcopal, cuando acabe el mandato de Rouco, puede haber un relevo que gire a posiciones más templadas. Hay que terminar con la Iglesia de los noes y del miedo, demasiado vinculada a una opción política partidista conservadora. Pero, sobre todo, ésta es la hora de que hombres y mujeres laicos, bien formados, se corresponsabilicen, digan a sus pastores que las cosas deben cambiar y presionen, de buenas y eficaces maneras, para lograrlo. Es particularmente intolerable la situación de las mujeres en la Iglesia. Solo se me ocurre el nombre de otra institución donde se ningunea a las mujeres: el Comité Olímpico Internacional.

¿Cómo está la información en el interior de la Iglesia?

Los canales de televisión confesionales y los semanarios diocesanos responden fielmente a las directrices de una conferencia episcopal muy conservadora. Hay un grupo notable de revistas y editoriales de información y pensamiento católicas en una línea de fe comprometida, progresista y liberadora, pero atraviesan momentos económicos difíciles y varias de ellas orientan su producción hacia América Latina, donde encuentran otras posibilidades de mercado. Pero, en lo que hace a la información religiosa en general, el chiringuito silenciador, el manual del inquisidor, se ha venido abajo desde hace unos diez años con la extensión de internet, que es un medio libre, eficaz, rápido y directo de intercomunicación. Hay páginas excelentes de información religiosa.

¿Cómo tratan los medios de comunicación la información religiosa?

Creo yo que los medios locales y autonómicos dan buena entrada a una información plural sobre la Iglesia. Es una pena que las Iglesias locales sean a veces torpes o faltas de iniciativa para presentar a la sociedad las muchas buenas cosas que hacen o los testimonios ejemplares de servicio, a veces abnegado, de muchas personas o grupos cristianos. Habría que encontrar titulares expresivos y ser capaces de contar noticias de manera escueta, por ejemplo, usando solo los 140 caracteres de un mensaje en twitter. Y cuidar la relación con los medios a los que nunca la Iglesia debería de mirar con miedo, como si fueran enemigos.

¿Y qué pasa en los medios estatales?

A parte de que existe un anticlericalismo cierto, los medios de comunicación estatales suelen ser alérgicos a dar informaciones de tipo religioso porque suscitan polémica o bloquean sus buzones electrónicos, pues hay un grupo muy bien organizado y activista de gente ultraconservadora que manda correos. Pero la información, en general, se ha convertido en contenido banal, mercancía o espectáculo y la información religiosa importa poco. Cuando yo mismo, como redactor del diario El Mundo, he de informar sobre el contexto y contenido de una encíclica del papa me conceden, como máximo, 15 líneas. El diario referencial El País ha maltratado durante mucho tiempo la información religiosa. Desde hace unos años ha rectificado algo su línea, tras comprender que a una parte importante de lectores de su espectro ideológico de centroizquierda esos temas le interesan y no solo atiende a la inmediata actualidad sino que retoma temas que responden a una actualidad más difusa, en reportajes, informes o entrevistas. Su redactor especializado, Juan G. Bedoya, borda la redacción de sus artículos, pero El País sigue siendo selectivo y sesgado al referirse a temas religiosos. No se atiende únicamente a criterios periodísticos y profesionales, a veces parece que hay una voluntad decidida de “dar caña” a la Iglesia católica. Otro problema es que en los medios de comunicación de nuestro país escasean los periodistas profesionales bien formados sobre el hecho religioso y la información se confía a becarios o principiantes muy inexpertos.

http://www.alandar.org/spip-alandar/?Debe-terminar-la-Iglesia-de-los

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