La dictadura de las mitras


Rafael Fernando Navarro

El Plural

La Iglesia, como cualquier sociedad no democrática, se siente en el derecho exclusivo de los que ostentan su jefatura para ordenar el cumplimiento de unas normas o prohibir iniciativas. Las dictaduras prohíben pensar y la Iglesia no renuncia a su propia estructura vertical y dominadora de conciencias-

La reforma laboral promulgada por el gobierno de Mariano Rajoy destruye derechos de los trabajadores conseguidos a base de sudor, esfuerzo y lucha histórica, para nombrar como árbitros de las relaciones laborales a los empresarios, jueces últimos de la marcha del mundo del trabajo. Los trabajadores son relegados a la categoría de esclavos frente al criterio exclusivo de unos amos que acaparan en sus manos el poder de enviarlos a la miseria, el hambre, el desahucio y la marginación más absoluta.

Las juventudes obreras cristianas y la hermandad de acción católica han confeccionado un documento de los cristianos de base para denunciar la perversión intrínseca que encierra esa reforma laboral. Lo han enviado a todas las iglesias de España para su lectura discrecional con el ruego de una difusión esclarecedora del pensamiento de un cristianismo que quiere estar comprometido con su mundo.

Critica el documento la “individualización de las relaciones laborales que propone esta reforma, porque da prioridad a los intereses personales frente a los colectivos y significa romper la vocación a la comunión del ser humano”. El comunicado también exhorta a la sociedad en conjunto a trabajar “juntos, con la intención de eliminar las causas que han generado la crisis y, al mismo tiempo, superar las estructuras económicas que tanto sufrimiento, deshumanización y pobreza están provocando a las personas”.

Y aquí entra a jugar su papel de dictador mayor del reino el presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Madrid cardenal Rouco Varela. La Iglesia, dice Rouco “no se identifica con el contenido de dicho documento, ni se hace responsable del mismo, considerando improcedente su difusión”

El manifiesto de la Juventud Obrera Cristiana y la Hermandad de Acción Católica pide a los partidos políticos que “corrijan la reforma en el proceso parlamentario para poner en el centro de la misma el trabajo decente y con derechos, y anima a participar en las iniciativas y movilizaciones que se convoquen por parte de las organizaciones eclesiales, sociales y sindicales que ayuden a tomar conciencia y revertir esta situación tan lesiva para las personas trabajadoras y sus familias”.

En ningún momento señala “que ésa sea la postura de la Iglesia, sino que deja claro que es la opinión de los movimientos eclesiales que lo firman” Por lo tanto, está claro que la jerarquía quiere acallar una opinión de parte de la Iglesia, que está llegando en forma de debate y opinión sobre la crisis, los recortes y la reforma laboral, a muchas parroquias de toda España.

¿Hay en el documento alguna afirmación contraria a la doctrina social de la Iglesia promulgada por varios Pontífices y por el Concilio Vaticano II? ¿O más bien contiene una postura incómoda para ciertos Obispos y por tanto la desechan, traicionando las propias enseñanzas de diversos Papas? Obediencia ciega al papado, exige siempre el episcopado, pero sólo cuando no incomoda al matrimonio Iglesia-Poder civil.

Los obispos han podido manifestarse contra el aborto, la Ley de memoria histórica, Educación para la ciudadanía, el matrimonio homosexual, leyes todas emanadas de un Parlamento legitimado por las urnas. Pero vetan un documento que defiende al mundo del trabajo, humillado, empobrecido, indefenso ante las arremetidas empresariales respaldadas por un gobierno que se muestra de acuerdo con insostenibles privilegios eclesiásticos, como concesiones multimillonarias de euros en un momento de crisis aguda o con la exención de impuestos que exige pagar a todos los demás ciudadanos.

Una Iglesia que debería estar avergonzada de palios sacrílegos, de incienso fumigado ante un dictador sanguinario, de absoluciones de asesinos dictatoriales, de unas nupcias incestuosas con un régimen que mató a miles de españoles, se niega ahora a defender al mundo del trabajo ante la destrucción de unos derechos fatigosamente adquiridos.

¿Puede quejarse esta Iglesia de una desafección de gran parte de los humillados y siempre despreciados por pobres y parias de la sociedad? ¿Puede lamentarse hipócritamente de una falsa persecución? ¿Puede pedir a las clases trabajadoras su aportación voluntaria en la declaración de la renta quien da la espalda cuando se le pide que promueva la difusión de un simple documento elaborado por unos cristianos comprometidos con la marcha del mundo que les ha tocado vivir?

Este es el episcopado español. Báculo en mano, golpeando junto al poder del dinero y el dinero del poder al mundo de los trabajadores y con su vieja dictadura de mitras.

http://www.redescristianas.net/2012/03/12/la-dictadura-de-las-mitrasrafael-fernando-navarro/

TENGO UNA PREGUNTA PARA USTED, MONSEÑOR


ISSN: 1579-6345
ecleSALia 13 de marzo de 2012

A Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid

PILAR SÁNCHEZ LÓPEZ, catequista, snchezlpezpilar@gmail.com

MADRID.

ECLESALIA, 13/03/12.- Querido Monseñor: Con motivo de su próxima visita a nuestra parroquia Ntra. Sra. de las Rosas de Madrid, y teniendo en cuenta que usted es nuestro pastor que viene entre otras cosas a escuchar nuestras inquietudes, quisiera manifestarle alguna de las muchas preguntas que me van surgiendo en esta andadura de cristiana de a pie. Ya sé que mis preguntas no tendrán cabida en ningún foro y que además, usted no las leerá; pero para mí es importante que sepa que a muchos cristianos nos inquietan algunas cosas que observamos estupefactos y confundidos.

Podría plantearle al menos diez o doce preguntas, pero en Eclesalia han sido muy condescendientes conmigo al publicarme estas líneas y probablemente no me permitirían todo el espacio que yo necesito.

En este difícil tiempo de crisis económica, en la que quienes los más desfavorecidos, los favoritos de Jesús, están siendo precisamente los más atacados por ella; en esta difícil situación, me preocupa mucho que la reforma laboral recién aprobada en nuestro país cargue de nuevo la mano en ellos. Al igual que a mí, este tema le preocupa a muchos cristianos y así lo hicieron saber HOAC y JOC en un comunicado en el que, entre otras muchas cosas afirmaban que:

“Como Iglesia en el mundo obrero, en las actuales circunstancias, pedimos a las autoridades políticas, a los agentes sociales y económicos, al conjunto de los trabajadores y de la sociedad, y especialmente a los cristianos y cristianas, que caminemos juntos, con la intención de eliminar las causas que han generado esta crisis económica y, al mismo tiempo, superemos las estructuras económicas y sociales injustas que tanto sufrimiento, deshumanización y pobreza están provocando a las personas”.

Nada me pareció más cercano al evangelio que este comunicado. Sin embargo algo no le debió sonar bien a nuestro arzobispo cuando inmediatamente desautorizó el manifiesto e indicó que “Nuestra Diócesis no se identifica con el contenido de dicho Documento, ni se hace responsable del mismo, considerando improcedente su difusión.

La verdad, monseñor, me sorprende la prisa en desmarcarse de todo lo que venga a parecer política, incluso cuando tenga que ver con la doctrina social de la iglesia; cuando en otras ocasiones son ustedes los que no tienen reparo en juzgar, opinar, condenar o incluso “excomulgar” o por el contrario, aprobar, alentar y animar en otras posturas más afines.

¿Por qué algunos temas les parecen políticos y otros morales? ¿No deberíamos tener siempre como único rasero el evangelio a la hora de juzgar? ¿No deberíamos predicar el evangelio del amor y la misericordia en lugar de juzgar, condenar (Lc 6, 36-38), e incluso insultar, actitudes, comportamientos, palabras, posturas, opciones de vida…? ¿No deberíamos acoger sin preguntar, sin juzgar al que se nos acerca (Jn 4, 1-42), en lugar de cerrar puertas y condenar comportamientos? ¿No deberíamos afanarnos en la construcción del Reino que quiso Jesús (Mc 1, 14-15)? ¿Un reino que sana, que ama, que perdona, que construye desde la justicia y no desde la cerrazón?

Permítame monseñor que termine, pero la realidad es que cada vez que oigo manifestaciones de muchos de mis pastores obispos me echo a temblar, porque lejos de alentarme en la fe, me escandalizan (Mc 9, 47-48); lejos de acercarme a la iglesia, me acercan al evangelio de Jesús, que no siempre es lo mismo.

Como le decía al principio, tendría muchas, muchas más preguntas que hacerle, pero es difícil encontrar un foro como el suyo para plantearlas. A ustedes se les oye mucho, pero créame hay unos cuantos o quizá muchos creyentes, que se hacen estas preguntas, simplemente porque lo que de verdad les interroga en su vida es el evangelio de Jesús.

Esta mañana en mi oración (yo soy una mujer de fe y de oración), leía: “Por los que no tienen trabajo y sufren las consecuencias de la crisis económica, para que sean sostenidos por su fe en Dios, quien nunca abandona a sus hijos”

Y pensé, quizá también los cristianos tengamos que hacer algo para cambiar esta situación en lugar de sólo esperar a que los parados se sostengan por su fe (Mc 6, 30-44).

Le agradezco su atención, querido hermano en la fe, son pocos los foros en los que se nos escucha, pero no por eso mi necesidad de ser escuchada es menor.

Que Dios le bendiga en su tarea.

 

PD: Casi se me olvidaba otra pregunta urgente, monseñor, que me planteo como catequista de niños (a título personal, por supuesto, no como representante de ningún grupo): ¿Por qué si el 99 % de las catequistas son mujeres, el 99 % de los delegados de catequesis son varones? No tema, el tema de la mujer lo voy a dejar para su próxima visita a nuestra parroquia, en la que seguramente… estaremos todavía en un barracón. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Orango: donde las mujeres proponen.


Mi matriarca me propuso el matrimonio hará unos once años, tras sólo tres meses de noviazgo. Coincidencia o no, en Orango Grande también son las mujeres (heterosexuales) quienes proponen matrimonio a los hombres: ellas siempre son las que eligen.

Para los amantes del ecoturismo, respetuoso con la naturaleza y la cultura locales, una ONG española ecologista (Fundación CBD-habitat) gestiona un proyecto turístico de calidad, sin injerencias en la cultura local, cuyos beneficios se distribuyen entre la población nativa.
Para más información al respecto: www.orangohotel.com
Me apena confirmar que una desviación patriarcal del cristianismo es el principal enemigo de esta peculiar cultura, tal como explica este artículo que he traducido de USA Today...
Fotografía de Rebecca Blackwell
Él sólo tenía 14 años cuando la chica entró en su cabaña y colocó ante él un plato de pescado. Como todos los hombres en esta isla africana, Carvadju Jose Nananghe sabía exactamente qué significaba eso. No tenía la opción de rechazarlo. Con el corazón acelerado, elevó el plato aromático basado en una antigua receta, accediendo con un bocado a casarse con la chica.
“Yo no sentía nada por ella”, dice Nananghe, ahora con 65 años. “Luego, tras comer ese plato, fue como un flechazo: sólo la quería a ella.”
En este archipiélago de 50 islas al oeste de África, son las mujeres, y no los hombres, quienes eligen. Ellas proponen públicamente colocando a sus futuros novios un plato de pescado preparado con distinción, marinado en aceite de palma roja. Una vez hecha la oferta, los hombres no pueden negarse.
Rechazarlo, explica Nananghe, recordando ese día hace medio siglo, hubiera significado deshonrar a su familia. “En cualquier caso, ¿por qué querría un hombre escoger a su esposa?”
“El amor aparece primero en el corazón de la mujer”, explica él. “Una vez está en la mujer, sólo entonces puede saltar al corazón del hombre”.
Pero las bruscas mareas y estrechos canales que mantenían a los forasteros alejados de estas islas remotas ya no pueden seguir protegiéndoles del mundo moderno. Los jóvenes de Orango, a 40 millas al oeste de la costa de Guinea Bissau, encuentran trabajo como transportistas turísticos en los hoteles de las islas más modernizadas. Otros recolectan el aceite de las palmeras y lo venden en tierra firme.
Vuelven practicando una nueva forma de cortejo, una que los ancianos encuentran totalmente escandalosa.
“Ahora el mundo está patas arriba”, se quejaba Cesar Okrane, con sus 90 años, con los ojos oscurecidos por las cataratas. “Los hombres ahora van detrás de las mujeres, en vez de esperar a que ellas se les acerquen”.
Para un hombre, atreverse a proponer una relación es peligroso, dicen los tradicionalistas de esta isla de 2.000 habitantes.
“La elección de la mujer es mucho más estable”, explica Okrane. “Raramente había divorcios. Ahora, con los hombres eligiendo, el divorcio se ha convertido en la norma.”
No hay informes oficiales disponibles, pero todos los lugareños coinciden en señalar que ahora la tasa de divorcios se ha disparado respecto a los tiempos en que el hombre esperaba una propuesta en un plato.
Tras la proposición, ellas se proveen de los materiales para construir la casa, tomados de las blancas playas que rodean el archipiélago. Las mujeres han construído todas las casas de este poblado, usando lianas como cuerdas, cortando hierba para los tejados y moldeando ladrillos con arcilla rosada. Sólo cuando la casa se ha construído, un proceso que dura cuatro meses, la pareja podía mudarse y hacer oficial su matrimonio.
Existen numerosas culturas matrilineales en distintos reductos del planeta, incluso en otras partes de África. Por ejemplo, la de la provincia de Yunnan (China) y en el noreste de Tailandia, dice la antropóloga Christine Henry, investigadora del Centro Nacional Francés para la Investigación Científica.
La etnia de Orango se distingue por la incuestionada autoridad femenina en cuestiones amorosas. “No sé de otros lugares donde ocurra de manera tan indiscutible”, dice Henry, autora de un libro que recoge las costumbres del archipiélago.
Uno de los evidentes signos de cambio es el material elegido para la casa más nueva de la isla: el cemento. Además, está siendo construída por obreros contratados, no por las mujeres nativas.
Aunque las sacerdotisas todavía controlan las relaciones de la isla con el espíritu de la Tierra, su influencia está siendo puesta en duda por los misioneros cristianos que han establecido aquí sus iglesias.
“Cuando me case, será en una iglesia, con un vestido blanco y un velo”, cuenta Marisa de Pina, de 19 años, con pose desenfadada. Nos explica que en la iglesia protestante a la que asiste les enseñan que son los hombres, no las mujeres, quienes deben dar el primer paso. Así pues, ella está a la espera de que un hombre se le acerque para proponerle matrimonio. Para justificarlo, da un salto al interior de su cabaña y sale con un Nuevo Testamento lleno de post-its, cartas y demás documentos.
Su decisión ha causado estragos en el seno de su familia.
Al igual que su sobrina, Edelia Noro viste ropa de centros comerciales, en vez de los vestidos confeccionados con materia prima local. Ella también va a la iglesia. Pero ella no cree que estas injerencias del exterior lleguen a alterar su sistema de cortejo.
Aunque las costumbres únicas de estas islas van desapareciendo, quedan bolsas de resistencia. A menudo, las mujeres convencen a los hombres de la vuelta a las costumbres pasadas.
Laurindo Carvalho (23 años) conoció a su chica con 13 años. Trabajaba en un hotel, vestía tejanos, poseía un teléfono móbil y vivía como un hombre moderno, y así pensó que podría burlar la tradición y pedir matrimonio a esa chica. Con una bofetada, ella le rechazó.
Pasados seis años, cuando ambos tenían 19, escuchó alguien llamar a la puerta. Fuera, su amor estaba aguantando un plato de delicioso pescado con una amplia sonrisa en los labios.
Carvalho aún sigue llevando los tejanos y deportivas Adidas, pero se ve a sí mismo implicado en la fibra matriarcal del pueblo. “¡Aprendí de forma clara y tajante que aquí un hombre nunca se adelanta a una mujer!”, admite.
Rebecca Blackwell
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Mujeres reivindican sus derechos con una marcha en Guatemala


Mujeres con estandartes de varios colores marcharon el 8 de marzo en la ciudad de Guatemala para reivindicar derechos de las mujeres. Según las convocantes, entre mil y 2 mil mujeres cubrieron el recorrido por el centro histórico.
Audios disponibles:
Sandra Morán, integrante del Sector de Mujeres. (derechos) – 47 seg. (371 Kb.)
María José Herraiz, de la colectiva La Cuerda. (día de la mujer) – 25 seg. (199 Kb.)
En el mar de colores se podía apreciar, además, la diversidad de feminismos presentes para llenar la arteria principal de la capital guatemalteca.

Los mensajes fundamentales fueron contra la violencia machista y la necesidad de que las autoridades reconozcan el genocidio que se produjo durante los 36 años de guerra interna.

Además, las mujeres reclamaron la generación de garantías para el ejercicio de los derechos humanos.

María José Herraiz, de la colectiva La Cuerda, reflexionó que el espacio de reivindicación de las mujeres “cada día es más concurrido”.

La representante de La Cuerda enfatizó que el Gobierno nacional no reconoce que hubo un genocidio y está incrementando la militarización. Herraiz señaló que “incluso en un contexto como ése”, las mujeres celebran con alegría.

Sandra Morán, lideresa del Sector de Mujeres, coincidió en destacar que “la marcha estuvo muy concurrida, por sectores diferentes”.

La militante expresó que “con este Gobierno muchos de los espacios que estaban ganando, se están cerrando, como el de la Secretaría Presidencial de la Mujer”.

“No sólo estamos en la demanda, estamos también en la construcción de propuestas, en la construcción de ese sujeto político plural que, finalmente, logre cambiar este país”, expresó Morán.(PÚLSAR)

www.agenciapulsar.org

LA PENITENCIA Y EL AYUNO EN LA IGLESIA PRIMITIVA



“Quien desea verdaderamente el reino de Dios, hace penitencia”  (SAN JERÓNIMO, siglo IV)

Los primeros cristianos procuraron revivir en sus vidas la Pasión de Cristo, tomando la propiacruz para seguirle, identificándose con Él mediante el espíritu de sacrificio y de penitencia. Supieron encontrar la mortificación en su vida ordinaria, en el cumplimiento de sus deberes, en lo pequeño de cada día. Vivían la sobriedad.

La Iglesia de los primeros tiempos también conservó la práctica del ayuno, siguiendo el ejemplo de Jesús en el desierto. Los Hechos de los Apóstoles mencionan celebraciones de culto acompañadas de ayuno. San Pablo, en su misión apostólica, no se conforma con sufrir hambre y sed cuando las circunstancias lo exigen, sino que añade repetidos ayunos. La Iglesia ha permanecido fiel a esta tradición, procurando mediante el ayuno disponernos a recibir mejor las gracias del Señor. 

Presentamos a continuación algunos textos de los primeros escritores cristianos que reflejan cómo vivían el ayuno y la penitencia.

 

Necesidad de la mortificación

El alma se perfecciona con la mortificación en el comer y beber; también los cristianos, constantemente mortificados, se multiplican más y más. Tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, del que no les es lícito desertar.

(EPÍSTOLA A DIOGNETO, 5-6)

Hermoso es mortificar el cuerpo. De ello te persuada Pablo, que sin cesar lucha y se sujeta con violencia (cfr. 1 Cor 9, 27), e inspira santo temor, con el ejemplo de Israel, a cuantos confían en sí mismos y condescienden con su cuerpo. Que te persuada el mismo Jesús, con su ayuno, su sometimiento a la tentación y su victoria sobre el tentador (cfr. Mt 4, 1 ss).

(SAN GREGORIO NACIANCENO, Discurso 14, 2-5)

No creamos que es suficiente un fervor pasajero de la fe, porque es preciso quecada uno lleve continuamente su cruz, para dar a entender de este modo, que es incesante nuestro amor a Jesucristo.

(SAN JERÓNIMO, Comentario a San Mateo, 10, 96)

El camino por el que viene el Señor, penetrando hasta dentro del hombre, es la penitencia, por la cual Dios baja a nosotros. De aquí el principio de la predicación de Juan: haced penitencia.

(SAN JERÓNIMO, Comentario sobre el libro del profeta Joel, 25)

(La mortificación…purifica el alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nebulosidades de la concupiscencia, apaga el fuego de las pasiones y enciende la verdadera luz de la castidad.

(SAN AGUSTÍN,  Sermón 73, 5)

  Si eres miembro de Cristo, tú, quienquiera que seas […], debes saber que todo lo que sufres por parte de aquellos que no son miembros de Cristo es lo que faltaba a la pasión de Cristo. Por esto la completas, porque faltaba; vas llenando la medida, no la derramas; sufres en la medida en que tus tribulaciones han de añadir en parte a la totalidad de la pasión de Cristo, ya que Él, que sufrió como cabeza nuestra, continúa ahora sufriendo en sus miembros, es decir, en nosotros.

(SAN AGUSTÍN, Comentario sobre el Salmo 61, 7)

Sobre el Ayuno

(El libro del Pastor de Hermas refleja el estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II. Tras una larga pausa de tranquilidad sin sufrir persecución, parece que no era tan universal el buen espíritu de esos primeros tiempos. Junto a cristianos fervorosos, había muchos tibios; y esto en todos los niveles de la Iglesia. No es de extrañar, pues, que el libro gire en torno a la necesidad de la penitencia y el ayuno…)

Los ayunos agradables a Dios son: no hagas mal y sirve al Señor con corazón limpio; guarda sus mandamientos siguiendo sus preceptos y no permitas que ninguna concupiscencia del mal penetre en tu corazón […]. Si esto haces, tu ayuno será grato en la presencia de Dios.

(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 3)

Este ayuno es sobremanera bueno, a condición de que se guarden los mandamientos del Señor. Así pues, el ayuno que vas a practicar lo observarás de este modo: ante todas las cosas, guárdate de toda palabra mala y de todo deseo malo y limpia tu corazón de todas las vanidades de este siglo. Si esto guardares,este ayuno tuyo será perfecto.
    (HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 4)

Por lo demás, lo harás de esta manera: después de cumplido lo que queda escrito, el día que ayunes no tomarás sino pan y agua, y de la comida que habías de tomar calcularás la cantidad de gasto que correspondería a aquel día y lo entregarás a una viuda, a un huérfano o a un necesitado. Y te humillarás de manera que quien tomare de tu humillación sacie su alma y ruegue por ti al Señor.

(HERMAS, “El Pastor”, Comparaciones, 5, 1-4)

Alegrad, pues, vuestros rostros. (…) ayuna, y ayuna con alegría.

(SAN BASILIO EL GRANDE, Homilía sobre el ayuno, 1)

Así como es peligroso pasar los límites de la templanza en el comer, también está fuera de razón abatir demasiado el cuerpo con abstinencias excesivas, inutilizándole para todo lo bueno por haberle enflaquecido demasiado. Estamos, pues, obligados a cuidar de nuestros cuerpos.

(SAN BASILIO EL GRANDE, Sobre la verdadera virginidad, 27)

En otros tiempos del año hay algunos ayunos por los cuales se merece premio si se observa: mas en Cuaresma peca el que deja de ayunar. Los otros ayunos son voluntarios; pero los de Cuaresma son de obligación: a los otros nos convidan; pero a estos nos obligan: y no tanto son precepto de la Iglesia, como del mismo Dios.

(SAN AMBROSIO, Sermón 3, 148)

Hablaba del ayuno del alimento como una práctica necesaria para ser caritativo, del ayuno constituido por la continencia con vistas a la santidad, del ayuno de las palabras vanas o detestables, del ayuno de la cólera, del ayuno de la propiedadde los bienes con vistas al ministerio, y del ayuno del sueño para dedicarse a la oración.

(BENEDICTO XVI presenta a San Afraates el Sabio, 21 noviembre 2007)

Del libro:
ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Gabriel Larrauri  (Ed. Planeta)

Fuente: http://www.primeroscristianos.com/index.php?/news/view/la_penitencia_y_el_ayuno_en_la_iglesia_primitiva/

Encuentro internacional por la paz y la solución política al conflicto colombiano


Adital

Los asesinatos en Colombia por razones políticas, las personas desaparecidas, desterradas y los costos de la guerra serán heredada por las nuevas generaciones de esta nación latinoamericana. Convencidos que la paz es un asunto de todos y todas, se hace imprescindible que la sociedad en su conjunto participe y genere alternativas que dinamicen su búsqueda. Con este propósito, queremos organizar enLausana,Suiza, un “Encuentro internacional por la paz y la solución política al conflicto colombiano”, a celebrarse entre los días 23-25 Marzo 2012.

Están entre los objetivos del encuentro: ayudar a visibilizar internacionalmente la realidad colombiana y promover la solidaridad en torno a la búsqueda de una salida política al conflicto, establecer las bases para generar un proceso que permita crear escenarios para la salida política al conflicto contribuyendo en los esfuerzos en esa dirección, sentar bases para que los y las colombianas en Europa participen como sujetos colectivos de un proceso encaminado a buscar la paz con justicia social, entre otros.

Según la ACNUR, Colombia ocupa el primer lugar en desplazados internos en el mundo, con aproximadamente 5 millones de personas, sin embargo la tragedia no se detiene allí. Al hablar por ejemplo de la desmovilización de los paramilitares, del silencio y/o la negación del conflicto y de las reinterpretaciones actuales de la realidad colombiana, el periodista Alfredo Molano hace una comparación terrible cuando dice que si se alinearan para ser fusiladas las 135’000 personas asesinadas por los paramilitares entre junio de 2006 y diciembre de 2010 (Periodo del proceso de “Justicia y Paz”) la fila sería de 173 kilómetros, es decir; la distancia que hay de Bogotá a Tunja, o de Cali a Popayán, o mucho mayor que la distancia entre Berna y Ginebra.

Fuente: Comité organizador

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=65168

José Oscar Beozzo: ‘Tenemos que alentar, en vez de matar, la profecía dentro de la Iglesia’


Emilia Robles
Coordinadora de Proconcil
Adital

09.03.2012


Teólogo y experto en el Concilio Vaticano II
Fotos: Luis Medina

Nacido en São Paulo, Brasil, en 1941, José Oscar Beozzo es sacerdote, teólogo, reconocido historiador de la Iglesia y de Brasil, asesor de obispos y experto en el Concilio Vaticano II. Precisamente, la entrevista se realiza camino de Bolonia, donde presenta una ponencia en el marco de un curso sobre este acontecimiento eclesial, de cuya apertura se cumple este año su cincuenta aniversario. Cercano y sencillo en el trato con todos. Sensible al “grito de los pobres”, se percibe, a ojos vista, su talante contemplativo y pacificador. Y no pierde la esperanza en una Iglesia que se mire más en el Evangelio y que escuche y dé participación a todo el Pueblo de Dios.

¿Qué imagen de la Iglesia Católica Romana proyectó en el mundo el Vaticano II?

– Muchos lo sentimos, tanto en su preparación como en su realización, como un “tiempo de primavera” y deaggiornamento, de “ponerse” al día la Iglesia con el mundo. De una parte, significó la apertura de la Iglesia a la ciencia, a la técnica; y, en el plano político y económico, un reconocimiento positivo de la democracia, con escucha de las propuestas de más igualdad social. De otro lado, significó volver a las fuentes. Juan XXIII decía que la Iglesia tenía que mirarse otra vez en el Evangelio. Significaba volver a la Palabra de Dios, a los Santos Padres y a la Gran Tradición, en contraposición a estar más atentos a pequeñas tradiciones recientes.

Significó también el fin de la reforma tridentina, no en lo más positivo que esta tuvo, de plantear necesarias reformas de la Iglesia, sino en la parte dura de la Contrarreforma. Al proponer eldiálogo ecuménico, Juan XXIII creaba un clima muy distinto al de Trento. Esto fue percibido por los observadores de las distintas Iglesias cristianas; y, este clima pronto se extendió al judaísmo, a las grandes religiones y, por ende, al ser humano, a todos los hombres de buena voluntad que quisieran comprometerse por la Justicia y por la Paz.

– ¿Cómo cree que fue la recepción del Concilio?

– Yo diría que, en general, hubo una buena recepción inicial del Concilio, con alegría. Pero, mirando ya al final, una sola Iglesia, la brasileña, salió del Concilio con un plan pastoral aprobado por todos los obispos. En él se tomó el conjunto del Concilio y se definieron seis prioridades pastorales, y con esto quedó claro para toda la gente en nuestra Iglesia brasileña lo que había que hacer. De manera que, en diez años, las exigencias inmediatas de toda la Iglesia en todos sus planes, actividades y acciones, fueron desarrollar las grandes líneas del Concilio. Mientras tanto, otras Iglesias tardaron mucho, entraron en peleas, hubo mucha división… y no lograron, yo diría, crear una visión clara, para toda la gente, de por dónde había que seguir.

También es cierto que, para toda América Latina, la Conferencia de Medellín fue una bendición, en el sentido de que había que desmenuzar el Concilio frente a los problemas del continente. Y este era uno de los problemas del Vaticano II: que en el momento de pensar la Iglesia en el mundo de hoy, se pensó mucho más en reconciliar a la Iglesia con la modernidad, que plantear críticamente que esta modernidad tenía dos caras: de un lado, esta cara atractiva de ciencia y técnica, y de otro, una modernidad que representaba colonización, rapiña, guerras…

Fue difícil abordar esta en el Concilio. La Populorum Progesssio fue en algún modo la respuesta a este grito; y Medellín sí fue capaz de afirmar que, en este mundo dividido, el lugar de la Iglesia es con los oprimidos y con sus esfuerzos por liberarse. Medellín tradujo el Concilio, pero innovó además al contextualizar los problemas y al apuntar por dónde debería caminar la Iglesia de forma mucho más clara.

Sin embargo, por ejemplo África pidió durante 30 años un concilio africano, justamente para repensar lo a la luz del los problemas del continente, con su rostro y su voz propios. Y no lograron más que un Sínodo para África en Roma, muy controlado. Este es un ejemplo de un déficit importante en el posconcilio.

– ¿Qué grandes ejes del Concilio pueden seguir siendo “brújula” hoy?

– El mundo ha tenido un cambio mayor y más vertiginoso en estos últimos 50 años que en los veinte siglos anteriores. Esto nos exige repensar el Concilio. Hay que diferenciar cuáles son las intuiciones y líneas del Vaticano II que hay que seguir desarrollando y apuntar otras nuevas. Creo que algunas de las que se deben continuar son las siguientes.

Para empezar, la Iglesia como “Pueblo de Dios”. Ahí estaríamos todos aquellos que por el Bautismo fuimos injertados en Cristo, como dice san Pablo. Sin olvidar que Cristo murió por toda la Humanidad. Y, desde esa perspectiva, el concepto Pueblo de Dios se extiende a toda la familia humana. Hoy día, el reto del ecumenismo se debe orientar a la transformación de una sociedad que no se puede aceptar. Hay que volver a un ecumenismo que mire a toda la humanidad y que mire a los problemas más graves de hoy. Que la cuestión de las religiones se plantee también en el sentido de qué pueden hacer las religiones en la tarea de construir la paz, la justicia, en el cuidado de las personas y en la salvaguarda la Creación.

Otra, para mí muy importante, es que el Concilio puso de nuevo la Palabra de Dios en el centro de la vida de la Iglesia. Para nosotros, en América Latina fue fundamental poner la Biblia en manos del Pueblo, con un método de lectura popular de la Biblia, que se hace en comunidad, vinculando la propia experiencia a la Palabra de Dios y pensando en todo aquello que en el mundo debe ser transformado, porque no está de acuerdo con lo que Dios sueña para sus hijos e hijas, ni para la Creación en su conjunto. Esto no debe servir, en modo alguno, para menospreciar el inmenso aporte de las ciencias bíblicas, sino para resaltar que el lugar primero de la palabra de Dios es entre las manos del Pueblo, para dar sentido a la esperanza y a la vida de las personas.

Por otra parte, tuvimos una reforma de la liturgia, de la celebración; y en ella lo importante fue la participación de las personas en la celebración y que es todo el Pueblo quien celebra. Es un pueblo sacerdotal el que está celebrando. Claro que hay funciones dentro de la celebración: uno que va a presidir, otro que va a leer, otro que va a cantar… pero es la Asamblea la que celebra. Esta liturgia debe ser también inculturada. Debe arrancar de las tradiciones, las costumbres, el arte, la danza, la creación de cada pueblo.

Y, por último, quiero resaltar que es preciso hoy rescatar y seguir desarrollando la opción preferencial de la Iglesia por y con los pobres, porque en esta gran crisis económica volvemos a crear millones de pobres. Aquí estamos de nuevo ante una cuestión clave a desarrollar, cuestión de la que ya se habla en el Concilio y que desarrollan Medellín, Puebla y, más recientemente, Aparecida.

– ¿Cómo refuerza el Vaticano II el papel de las Iglesias locales y qué evolución ha tenido ese intento?

– En el Concilio se volvió a subrayar una antigua tradición de que la Iglesia particular, la Iglesia local, alrededor de su obispo, es verdadera Iglesia. Se le da un papel importante a cada obispo en relación con su Iglesia. Ahí se avanzó mucho, queda patente en Christus Dominus, en Lumen Gentium, al hablar de la Iglesia local, en comunión, todas ellas, con sus obispos como sucesores del Colegio Apostólico y en comunión con Pedro. Lo que pasa en este momento, quizá por el temor de que se mermara la unidad de la Iglesia con la inculturación, es que se volvió a reforzar el centro romano, buscando una uniformidad, que no era lo que pensaba el Concilio para las Iglesias.

Pienso que las estrategias para asegurar la interrupción de una larga tradición de centralización, reequilibrando las relaciones internas en la Iglesia entre lo local y lo universal, no fueron suficientes. Lo que se añoraba en el Concilio es que en el centro romano hubiera una actuación más colegiada del ejercicio de la autoridad. Para lograrlo, se pensó en un sínododonde se retomara la función deliberativa del Concilio. Pero cuando Pablo VI creo el Sínodo, lo creo como una instancia meramente consultiva, lo que le resta poder y eficacia.

No obstante, en la Iglesia de América Latina sí existe una experiencia de tener asambleas episcopales deliberativas (Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida). Esta es una contribución clave (aunque no sea la única experiencia a poner en marcha) para pensar otra Iglesia posible, donde las Iglesias locales tengan su manera de analizar las cuestiones, sus maneras de deliberar; y finalmente, bajo la asistencia del Espíritu Santo, decidir los caminos pastorales, en clave de comunión con toda la Iglesia, pero con decisiones y magisterio propio.

– ¿Qué nuevos temas señalaría hoy para trabajar en clima conciliar?

– Uno de ellos es la grave crisis ambiental, la contaminación atmosférica, la destrucción de las florestas, fuentes de agua y recursos; gastamos más de lo que la naturaleza pueda reponer en su sistema. Esta conciencia es reciente. Esta crisis amenaza a toda la humanidad, pero en particular a los más pobres. La crisis ambiental genera hoy más desplazados que las guerras o la política. Y, sin embargo, la apertura de puertas se suele reducir al plano político. Esto es chocante, porque nuestra responsabilidad en la crisis climática es mayor, por esta sobrexplotación de los recursos económicos, sobre todo en los países ricos.

Otra cuestión que empezó a ser discutida en el Concilio, pero que hoy alcanza dimensiones intolerables, es la desigualdad dentro de la Iglesia entre laicos y clérigos, pero mucho másentre mujeres y hombres. Aunque el Concilio proclame la total igualdad entre hombres y mujeres y la igual dignidad entre todos los seres humanos, en la práctica la Iglesia continúa marginando hoy a las mujeres al prohibirles la entrada en los ministerios ordenados. Esta es una grave cuestión que ya no se puede dejar de lado.

– ¿Hay temas candentes hoy que, aun planteados en el Concilio, no pudieron ser adecuadamente debatidos?

– Así es. Para mí, uno de los principales fuela discusión sobre la guerra y la paz. Estábamos de lleno en la Guerra Fría, tuvimos la crisis de octubre del 62, de los misiles soviéticos en Cuba, el bloqueo norteamericano y llegamos al borde de la guerra nuclear. En la discusión sobre este capítulo, había tres posiciones distintas. Estaban quienes defendían aún el antiguo concepto de ‘guerra justa’, es decir, que los inocentes agredidos tienen derecho a defenderse. Ya Pío XII, sin embargo, ante las guerras mundiales, viendo que ya no eran ejércitos los que combatían y que había bombardeos sobre población civil, quiso superar ese concepto, diciendo que cualquier guerra total que afecta a la población civil es inmoral. Juan XXIII fue más allá, diciendo que, frente a las armas de destrucción masiva, ninguna guerra podía ser una guerra justa, y que se debían de armar mecanismos de negociación o lograr el concurso de una autoridad internacional.

Y por último, un grupo de obispos, entre ellos Helder Camara subrayaban que la gran guerra de hoy era la guerra contra el hambre, la guerra contra el subdesarrollo, y que la carrera armamentística era una carrera contra los pobres. Desgraciadamente, no se consiguió hacer una síntesis de intereses compartidos, y en la Gaudium et Spes aparecen, yuxtapuestos, elementos de las tres posiciones. Este es un tema candente que hoy exigiría ser repensado de una manera integradora, pero resaltando que todos los recursos tendrían que ser utilizados para luchar contra la pobreza, contra el hambre y las enfermedades.

Otro tema bloqueado fue la cuestión familiar. Es cierto que hubo un gran avance en el Concilio, al salir de la trampa histórica de los dos supuestos fines del matrimonio: la finalidad principal, se decía, que era la procreación, y la secundaria, que se decía –a mi entender, de una manera muy mala– que era para salvar la concupiscencia, algo que venía desde san Agustín. El Concilio acogió de una manera muy clara la posición de decir que el fin del matrimonio es el amor entre los esposos y la constitución de la sociedad familiar, y que, dentro de esta sociedad, los hijos eran un bien, que debe estar orientado, en su planificación, por la maternidad y paternidad responsable. El problema y la contradicción se generaron cuando se entró en el tema de los medios para la limitación de la natalidad. En este momento, el enfrentamiento creció.

Pablo VI retiró este tema de la discusión conciliar y constituyó una comisión plural que examinara estas cuestiones de manera más tranquila. Esta comisión trabajó varios meses, y, en sus conclusiones, más del 95% de los miembros asumieron la posición de que era lícito el uso de la píldora y de otros medios artificiales. El Papa se conturbó y aumentó la comisión con personas que pensaban de otra manera. Esa comisión volvió a trabajar, y al final se convencieron, incluso también estos últimos, de la posición contraria. Pablo VI parece que finalmente pasó la cuestión a dos moralistas de Washington que pertenecían al grupo minoritario de la comisión. Estos le dijeron al Papa que si él permitía que se legislara en contra de lo que decía la Casti Connubii (1932), estaría desacreditando el magisterio pontificio. Algo que, de hecho, entiendo que no habría sido así, porque las condiciones eran otras y la situación era otra de la época de la Casti Connubii –por esa regla de tres, la Iglesia y el Magisterio no avanzarían–.

Sin embargo, Pablo VI quedó atrapado en la contradicción y cedió a estas presiones. Y así, la Humanae Vitae integra las principales intuiciones del Concilio respecto a la familia y a la responsabilidad de los cónyuges, pero condena todos los medios artificiales. Esto creó un abismo y una fractura dentro y fuera de la Iglesia. Cincuenta años después, seguimos pendientes de abrir un debate claro y saludable sobre estas cuestiones.

Desde mi punto de vista, otra cuestión muy actual y deficientemente zanjada fue la discusión que se armó alrededor de la vida y ministerio de los presbíteros, cuando los obispos entraron al tema del celibato eclesiástico. El primero en abrir el debate con una crítica a la posición de la Iglesia latina fue el patriarca Máximos IV, para recordar que en la Iglesia Católica Romana había una tradición de un clero con familia: es decir, las 22 Iglesias católicas en Oriente están abiertas a que su clero tenga familia. Y, de acuerdo con esto, recordaba Maximos IV, en la tradición latina no debemos hablar de este tema como si hubiera una única tradición en la Iglesia.

Así se inició el debate, pero otros obispos de las Iglesias occidentales entraron en él expresando también que las comunidades tenían derecho a la Eucaristía y a su acompañamiento pastoral por los presbíteros, y que esto no se verificaba. Entonces, un camino sería admitir que personas como los viri probati –hombres casados reconocidos dentro de la comunidad– pudieran recibir el ministerio presbiteral dentro de la comunidad y seguir casados. Otros entraron también al tema, diciendo directamente que había que separar la vocación al ministerio y la vocación al seguimiento de Jesús en el celibato. Y había también, por otra parte, una denuncia expresa de situaciones escandalosas en la Iglesia relacionadas con un celibato impuesto y que había que poner fin a esto.

Es decir, varios coincidían en que la cuestión era importante y debía ser tratada de otra manera. Pero antes de que se entrara al debate teniendo en cuenta todas estas consideraciones, Pablo VI lo suspendió. Pidió que le escribieran a él las sugerencias y propuestas, que las tendría en cuenta, y después escribió la encíclica Sacerdotalis Caelibatus. De nuevo, esto produjo una gran crisis, porque incluso el cardenal Suenens le dijo al Papa que había traicionado la propuesta de sinodalidad y colegialidad y que toda la Iglesia debía haber sido consultada en este tema. A pesar de que Pablo VI volvió a retomar el tema, esta es una cuestión que no se resolvió. A mi modesto parecer, no estuvo bien retirar estas cuestiones del debate conciliar, y hoy deberían ser necesariamente retomadas de una manera adecuada.

– ¿Cómo hoy, en un nuevo y renovado proceso conciliar, se podrían superar bloqueos y mejorar la comunicación y la búsqueda de consensos?

– Sin duda, se deben implementar cambios en diferentes niveles. Y esta es una tarea colectiva. Pero yo me voy a limitar a señalar algunos importantes. Creo que habría que retomar una gran intuición primera. Cuando se empezó a preparar el Concilio, llegaron desde la Curia romana con una propuesta de consulta, con cuestionarios largos, larguísimos [risas], para que cada obispo contestara, sobre diversos puntos: liturgia, vida religiosa, la vida de los presbíteros, la formación de los mismos… Y entonces, Juan XXIII, les dijo: “No, hagamos algo distinto. Pregunten solo a los obispos cuáles son las cuestiones que ellos creen que se deben tratar”. Y así se hizo, de una manera totalmente abierta, una consulta hecha a toda la Iglesia y que incluyó también a facultades de Teología, universidades… Esta intuición de ponerse a la escucha es hoy es más necesaria que nunca, pero a una escucha de todo el Pueblo de Dios. Habría que escuchar cuáles son los gritos, las angustias, las cuestiones, las propuestas, no solo de obispos y de universidades. Hacer esto hoy día es mucho más fácil que en la época del Concilio. Hay más medios.

Y hay que sacar, asimismo, conclusiones de la propuesta mayor de la Lumen Gentium: de un lado, tener en cuenta al Pueblo de Dios y de otro, un ejercicio colegial y comunitario de la vida de la Iglesia. Tendríamos que encontrar y tener una manera más sinodal, más conciliar, que atravesara todas las instancias de vida de la Iglesia: conferencias episcopales, asambleas de presbíteros, conferencias de religiosos y religiosas.

Y hay otra experiencia muy rica: en torno a temas concretos, la Iglesia local con su representación debe hablar; es lo que llamamos Asamblea del Pueblo de Dios. En ella participa el Obispo, pero acude con laicos, con su Consejo Pastoral, con algunos presbíteros. Ellos mismos deben ponerse de acuerdo sobre cómo van a votar las cuestiones.

En resumen,debemos buscar fórmulas participativas, donde todos y todas tengan voz y voto. La manera de hacer tenemos que buscarla, pero que esté inspirada en la noción de Pueblo de Dios y de ejercicio colegial de la autoridad y de la toma de decisiones dentro de la Iglesia.

Una tercera cuestión, desde mi punto de vista, es que no podemos matar la profecía dentro de la Iglesia. La profecía quiere decir que más allá de todas las formulas que encontramos, hay un momento profético de decir que ‘esto que está pasando va en contra del Plan de Dios’, porque oprime a los pobres, porque margina a personas, porque daña la Naturaleza… Entonces hay que dejar siempre espacio abierto a la profecía, que representa la irrupción de Dios en la Historia.

Y aún señalaría otra cuestión: en este momento, tres cuartos de los miembros de la Iglesia Católica Romana están en Asia, África y América Latina, y es, quizá, una quinta parte de la Iglesia la que está en Europa. Pero para los católicos, las estructuras de decisión y poder están en Roma. Están en Ginebra para el Consejo Mundial de Iglesias, que afecta a los evangélicos; están en Londres para los anglicanos, mientras que un 60%de los anglicanos están en África… Hay que cambiar estas estructuras, porque hoy el mundo es otro; y la agenda de las comunidades eclesiales de estos países no coincide con la agenda de los centros de poder.

Hemos de enfrentamos a dar voz a todas estas comunidades en el mundo, porque quieren tener esperanza, caminar, y en cambio, son cada vez más controladas, más contestadas, menos oídas… Pienso, sin ir más lejos, en los 22 nuevos cardenales, ninguno de África, ningún cardenal residencial en toda América Latina (hay un cardenal latinoamericano, pero que está de residencial en la Curia romana). Esto no debe ser así, porque este Colegio es el que va a escoger el nuevo papa. Así que es un insulto a todas estas Iglesias el hecho de que no estén debidamente representadas. La Curia no es la Iglesia, es un servicio dentro de la Iglesia, pero no puede acumular tanto poder.

Por tanto, concluyo diciendo que hay que escuchar más ampliamente, hay que democratizar las estructuras de Iglesia, encontrar fórmulas de participación, dejar espacio a la profecía; estos son aspectos, a mi entender, muy importantes a cuidar, para avanzar mejor en el camino conciliar.

[Publicada el 9 de marzo de 2012 en el nº 2.792 de Vida Nueva].

http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?boletim=1&lang=ES&cod=65145

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