En México 4,200 sacerdotes cometen algún tipo de abuso sexual con su feligresía


Néctar Augusto Montesinos

Tuxtla 13 de febrero de 2012.- Casi 30% de los 14 mil sacerdotes católicos que se calcula existen en México -unos 4 mil 200- cometen algún tipo de abuso sexual con su feligresía.

Tales cálculos provienen de los dos únicos centros de derechos humanos que investigan en el país los atropellos de los ministros de culto: el Departamento de Investigaciones sobre Abusos Religiosos (DIAR) y el Centro de Investigaciones del Instituto Cristiano de México (ICM).

El investigador Jorge Erdely, director académico del ICM, afirma: «De acuerdo con mi experiencia, calculo que alrededor de 30% de los sacerdotes mexicanos está involucrado en algún tipo de abuso sexual. Es una cantidad similar a la de España, donde se realizó una encuesta seria que arrojó esta cifra». Con él coincide, en entrevista por separado, el abogado Raymundo Meza Aceves, director jurídico del DIAR: «Nuestras estadísticas son similares.

Estamos hablando de 30%. Es una cifra alarmante. En ella incluimos la llamada ‘cifra negra’, es decir, los casos que los fieles no denuncian por temor o por vergüenza». Inclusive, algunos de nuestros casos los hemos turnado a sus respectivas comisiones estatales de derechos humanos.» -¿Ha logrado que se arreste a ministros de culto? -Solamente a seis. Y le confieso que ninguno de ellos ha sido un sacerdote católico. ¡Nada! ¡Ningún católico! Muchas veces hasta los mismos agentes del Ministerio Público los protegen. Dicen: ‘Pobrecito, es un sacerdote, no lo podemos arrestar’.

Otras veces interviene el obispo y las cosas llegan hasta ahí. Ejemplifica con un caso que, en 1994, trató en León, Guanajuato. El religioso salesiano Juan Manzo Cárdenas abusó sexualmente de varios menores, en la casa hogar Niño Don Bosco. Se introducía a los dormitorios donde pernoctaban 120 menores y abusaba sexualmente de algunos de ellos.

La madre de una de las víctimas, el menor Carlos Rafael Rey Osorio (cuyo nombre se publica con autorización familiar) fue la única que se atrevió a denunciar los hechos. Se integró la averiguación previa número 203/994 y se descubrió que el director del plantel, el salesiano Juan Manuel Gutiérrez Guerrero, ya tenía conocimiento de los ilícitos. Comenta el abogado: «Recuerdo que el director exculpaba a su religioso, argumentando que tenía simplemente ‘una conducta de debilidad’.

El caso llegó al entonces obispo de León (Rafael García González) y a la Procuraduría de Derechos Humanos de Guanajuato. Pero no logramos nada. El juez, Jesús Luna Hernández, negó la orden de aprehensión, escudándose en que la averiguación estaba mal integrada, mientras que la Procuraduría de Derechos Humanos sólo emitió una recomendación, pidiendo que se tuviera más cuidado. Fue todo». ´´

Manzo Cárdenas quedó en la total impunidad. «Sus superiores lo mandaron por un tiempo a África para enfriar el asunto. Después, regresó al país. Tengo entendido que hoy está en Tijuana. Continúa con los salesianos, como si nada hubiera pasado.

Tenemos documentados muchos casos más. Aparte de los muchísimos otros que permanecen ocultos».

Y Meza Aceves toca un altero de abultadas carpetas dispuestas sobre la mesa

. Contienen averiguaciones previas, misivas, testimonios escritos a mano, recortes de prensa, etcétera. -¿No les ha llegado ningún caso de algún obispo o de algún líder religioso importante acusado de pederastia? -Sí, por supuesto. Nosotros aquí llevamos el caso del apóstol Samuel Joaquín, dirigente mundial de la Iglesia Luz del Mundo, de Guadalajara.

Él abusó sexualmente de cinco muchachas menores de edad. Pero tampoco pudimos hacer nada. Lo protegió la Procuraduría de Justicia de Jalisco y, a nivel nacional, la Subsecretaría de Asuntos Religiosos, de la Secretaría de Gobernación. «Mire, a esa Subsecretaría llegan muchos casos sobre abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Sin embargo, jamás los canaliza a las instancias judiciales. No hace absolutamente nada ante el problema. Incluso los archiva, catalogándolos como ‘casos de intolerancia religiosa’, que es un término erróneo.»

La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público -considera- debe tener un reglamento para que se incluyan sanciones a los que cometan pedofilia u otros delitos. Y asegura que los obispos que están ocultando los casos de pederastia de sus sacerdotes «incurren en el delito de encubrimiento». Jorge Erdely concuerda: «El obispo que conoce un caso de esos y no alerta a las autoridades comete encubrimiento.

Eso es muy obvio. Una cosa es la lealtad a la institución y otra encubrir actos delictivos. Con todo este escándalo actual sobre los abusos sexuales en el clero, creo que quienes están más atemorizados no son los sacerdotes pederastas, sino sus superiores, los obispos que los encubren y los cambian sólo de parroquia o de diócesis. «Con esto, lo único que hacen es darles más espacios idóneos para seguir delinquiendo, puesto que, según los estudios psiquiátricos, el pedófilo tiene índices impresionantes de reincidencia. Y hay sacerdotes que llegan a abusar hasta de 80 menores.»

-A usted, ¿cuántos casos de pederastas le han llegado? -Directamente, más de 200 casos para que les dé asesoría. Pero aclaro que no todos son de pedofilia; digamos que son de abusos sexuales en general, cometidos por ministros de culto. Celibato, «La jerarquía católica tiene acceso a esas cifras, por supuesto. Sólo basta con que concentre la información del tribunal eclesiástico que tiene en cada una de sus diócesis.

Incluso, puede hacerlo desde las parroquias. Y si además quisiera dar a conocer esas cifras, podría hacerlo fácilmente». Sin embargo, «el episcopado está empeñado en minimizar el problema y exculpar a sus sacerdotes pederastas.

Al mismo tiempo, le carga toda la responsabilidad a la víctima, haciéndola sentir culpable de que, si denuncia al sacerdote, dañará la imagen de la Iglesia». Señala que, si persiste la víctima en hacer la denuncia, hay una «segunda etapa» en la que hay «amenazas de excomunión e incluso represalias contra su familia», Considera que la pederastia «es un problema que radica en la estructura misma de la Iglesia: la imposición del celibato sacerdotal, la cultura del secretismo y los amplios espacios para la impunidad. El problema es interno, no externo».

Esta «estructura perversa» -dice- se ve apoyada por las leyes canónicas, cuyas leves sanciones, como la de la «amonestación», solapan aún más las prácticas pederastas. Erdely resalta que la «cultura para denunciar la pederastia» es el «factor externo» que hace diferente a la sociedad mexicana de la estadunidense: «Aquí todavía es un tabú cultural denunciar estos asuntos. Los mexicanos no queremos tocarlos. Tenemos miedo a no ser creídos. También influye el factor de la vergüenza. En nuestra cultura esto es extremadamente penoso. Y, además, es palabra contra palabra: la de la víctima y la del considerado líder moral.

Nadie está descubriendo el hilo negro. Siempre ha sido un secreto a voces la pedofilia de los sacerdotes. El arzobispo de Xalapa, Sergio Obeso, declaró enfático: «La ropa sucia se lava en casa». Y el presidente del episcopado, Luis Morales Reyes, argumentó «el derecho al silencio y a la reserva».

Chiapas / Diario La Luz Evangélico
12 de febrero de 2012

http://www.sectas.org/notas/4200-sacerdotes-cometen-algun-abuso.asp

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