ALGUN DIA LA IGLESIA INSTITUCIÓN DEBERÁ PEDIR PERDÓN A LAS MUJERES


El viernes 16 de julio, algunos periódicos, entre ellos La Vanguardia, en la página
internacional publicaba un artículo sobre «La Iglesia y la modernidad» titulado: «CONDENA EL SACERDOCIO FEMENINO «. Y un subtítulo: «El Vaticano incluye la ordenación de la mujer entre los delitos más graves «. Empieza diciendo: «La Iglesia católica no sólo se niega a manera rotunda la posibilidad de que las mujeres sean ordenadas sacerdotes. Dentro de la normativa hecha pública ayer sobre «los delitos más graves», se incluye entre ellos el intento de ordenar una mujer. En el mismo paquete de normae de gravioribus delictis, anunciadas para la Doctrina de la Fe-la exSant Oficio-, figuran la pederastia, la apostasía, la herejía y el cisma. «
La jerarquía eclesiástica, una vez más, arremete contra las mujeres con toda su
misoginia y una vez más pone de manifiesto un sexismo, fruto de su limitación
humana, que enturbia el Evangelio cuestionando el mensaje integrador, paritario y
liberador de Jesús para toda la humanidad y no sólo para la mitad masculina.
Él, nunca se refirió a las mujeres con normativas especiales para ellas, nunca
hablar de una vocación específica propia de su sexo, como enseguida hizo Pablo, los
llamados Padres de la Iglesia y la teología tomista. Jesús fue y sigue siendo: «El
primero y el único amigo de las mujeres «en la Iglesia-como dice Uta Rankin, teóloga feminista, en su libro: «No y Amén.»
Ahora bien, colocar al mismo nivel la pederastia y el ejercicio de un servicio a la Comunidad responsable y vocacional al que puede ser llamada una mujer, es repugnante, injusto y humillante para el sexo femenino y de rebote para todo el Pueblo de Dios que no puede ni debería permitir continuar perpetuando y alimentando este rechazo a las mujeres que una parte, por cierto la más minoritaria de la Iglesia, ha tenido a lo largo de los siglos hacia ellas y por que se ve todavía lo tiene muy vigente actualmente. Hay que denunciar este abuso de poder,
de lo contrario nos hacemos cómplices de la injusticia, de la marginación y del desprecio que, dentro de la Institución eclesial, sufren más de la mitad de las personas creyentes por un hecho puramente accidental, ya que nadie elige nacer mujer u hombre. Y este hecho no puede ni debe condicionar la vida de nadie. Y menos aún, querer avalar este pecado apelando a la voluntad de Dios. Muchas mujeres, si creyéramos de verdad que nuestro Dios es un Dios patriarcal, sexista y jerárquico, el dejaríamos bien aparcado en nuestras vidas.
Estas afirmaciones, normativas y declaraciones atentan la condición humana, los
Derechos Humanos de las Mujeres y de las Niñas, además de restar credibilidad a una entidad que autoconsideraban fiel intérprete de la Revelación. Las mujeres, al igual que los hombres, antes que mujeres somos personas, seres humanos y como tales debemos tener los mismos derechos y los mismos deberes que todos los seres humanos, sin que el sexo sea un impedimento en los diferentes ámbitos donde nos movemos y vivimos: familiares, sociales y religiosos.
La Jerarquía sigue sacralizando el masculino como si éste fuera el sexo perfecto,
modélico, el único acabado y digno para acceder al «sagrado». Su comprensión ante las debilidades, los pecados de todo tipo y las miserias de los varones, es una constante a lo largo de los siglos frente a la dureza y la intransigencia empleada hacia las «pecadoras hijas de Eva «, como les ha gustado nombrar hacernos desde muy pronto, culpándola siempre del «Mal en el mundo».
No piensan que esta discriminación de lo femenino que han hecho y que continúan haciendo, constituye un aval consciente o inconsciente de la violencia de género ejercida sobre las mujeres en todas las culturas y en todas las religiones al considerarlas inferiores a los varones y por lo tanto, supeditadas a ellos. Y esta violencia parece no tener fin. Que el siglo XXI, el discurso eclesial continúe siendo peyorativo, malevolente y vejatoriopara la mitad de los seres humanos, considerándolos más que indignos para el altar, además de afianzar el
concepto de su inferioridad respecto al varón, se presenta ante nuestro mundo
occidental, actualmente anacrónica, fuera de su realidad social yevolutiva y sobre todo antievangélica. No es el reflejo del testimonio de un Jesús que amó las mujeres, que
se sintió querido por ellas, que las aceptó en su grupo como discípulos, que las
hizo Apóstoles del Reino y los devolvió la dignidad que los hombres les habían arrebatado.
Por ello, las mujeres seguimos enamoradas de Él. Es nuestro principal valedor, dentro y fuera de la Iglesia. Y nos empuja a seguir trabajando para unaComunidad eclesial que
valore y acepte como iguales todas las aportaciones y la riqueza de las personas creyentes
que la forman.
La institución eclesial continúa disminuida y débil. No ve bien. Es bizca, como dice
la M. Teresa Josa Farré, sólo ve de un ojo, el ojo masculino, le falta el ojo femenino para convertirse en la fiel seguidora de un Cristo hecho humanidad total, es decir: mujer y hombre. Y que no recupere el ojo que le falta, aparecerá pecadora no sólo ante elgénero
humano sino, sobre todo, ante un Dios que ama y valora como igualestodas sus
criaturas.
Superar la misoginia eclesiástica y avanzar hacia una auténticaComunidad de iguales-como afirma la prestigiosa teóloga feminista Elisabeth SchüsslerFiorenza-debe continuar siendo una prioridad en nuestros objetivos para hacer visible y creíbleel rostro integrador del Dios de Jesús.
  Magda Tomàs i Ribes

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: