El libro de los salmos que el Papa regaló a su mayordomo


La trama Vatileaks no deja de sorprendernos. Ahora Antonio Socci, periodista de ‘Libero’, revela la respuesta que Benedicto XVI dio a la carta que Paolo Gabriele le envió para pedirle perdón.

Ya se sabía que durante las vacaciones del Papa en Castel Gandolfo, desde la celda de la Gendarmería vaticana, Paolo Gabriele escribió al Papa para pedirle perdón por todo lo sucedido. En una carta el ex mayordomo decía ser consciente de haberle ofendido y de haber defraudado su confianza. Sin embargo, nunca se dijo nada de la respuesta del Papa a esta carta.

De su puño y letra escribió Gabriele al Papa pidiéndole perdón, y de su mismo puño y letra contestó Benedicto XVI. Lo cuenta un periodista de Libero: «Benedicto XVI respondió enviado a Gabriele un libro de los Salmos, que aparecía citado en la carta». El Papa le regaló el libro del Antiguo Testamento, a su ex mayordomo, al causante de la mayor fuga de documentos en el Vaticano y en él, le escribió su bendición apostólica, dirigida personalmente a Paolo Gabriele.

Un gesto que se interpretaba, sin miedo a equivocarse, como el perdón del Papa. Sin embargo Paolo Gabriele lleva dos semanas cumpliendo la condena de 18 meses que el Tribunal vaticano le sentenció y ya no está tan claro que Benedicto XVI le levante la pena que debe cumplir.

Casi con plena seguridad, Benedicto XVI habrá perdonado interiormente la traición de su mayordomo, con un gesto de libertad interior del que solo son capaces las grandes personas, pero la gracia efectiva y el retiro de la condena se retrasa por motivos que parecen ajenos a la voluntad del Papa. Y es que se trata de un asunto de la Secretaría de Estado, ya que Gabriele no ha pedido perdón a las demás personas afectadas en el escándalo. Especialmente a Tarcisio Bertone, segundo de abordo en el Vaticano y de la que toda esta fuga de documentos se entreveía un complot para desprestigiarle.

El perdón está concedido, el envío del libro de los Salmos lo ratifica, pero lo que no está tan claro en este Vatileaks interminable es que vaya a hacerse realmente efectivo. Sería restar importancia a un escándalo demasiado grande.

 

http://www.religionconfidencial.com/cronica_de_roma/078957/el-libro-de-los-salmos-que-el-papa-regalo-a-su-mayordomo

La Obispo Regina Nicolosi, RCWP Desafíos Nienstedt Arzobispo de la Arquidiócesis de Minneapolis-St. Pablo en la Enmienda de Matrimonio y «Obamacare»


Querido arzobispo Nienstedt,
Estáis mal guiando a los fieles.   Me refiero a sus estados de cuenta que: 1) Los católicos deben votar «sí» sobre la enmienda del matrimonio y   2) Deberían oponerse partes de «Obamacare», especialmente la estipulación de que las píldoras de la mujer control de la natalidad sería cubierto mediante seguro de su empleador. 
Lo que es más engañosa sobre estas dos posiciones es su insistencia en que el «sí» en la Enmienda y un «no» a la cobertura de control de la natalidad son fundamentales para nuestra fe católica. No sólo creen que es su deber como obispo a los fieles acerca de esta fe, pero además, usted declara que su lucha es necesario para preservar la «libertad religiosa» de la Iglesia Católica.   Pero hay más. Usted cree que tiene derecho a obligar a sus propias concepciones morales no sólo en su católica «fiel», pero en otros que no comparten sus convicciones y creencias.
Actualmente estoy leyendo un libro de un teólogo moral católica, Margaret Farley.   El título del libro es «Simplemente Amor».  Permítanme compartir con ustedes las cuatro fuentes que espera un teólogo moral de usar antes de tomar una decisión.   Ellos son: escritura , la tradición, las disciplinas seculares y la experiencia contemporánea.
Muy poco se ha escrito en las escrituras acerca de la homosexualidad y nada sobre control de la natalidad.   La tradición de la Iglesia católica ofrece una variedad de opiniones y prácticas sobre ambos temas.   La mayoría de estas opiniones y las prácticas se ha demostrado que surgen de la comprensión negativa de la sexualidad y de las mujeres en la larga historia de nuestra iglesia.   mayoría de los estudiosos de las disciplinas seculares de la psicología, la sociología, la medicina y la educación ofrecen una visión de la homosexualidad y el matrimonio, las mujeres que difieren mucho de los suyos y de sus hermanos en la jerarquía. 
En lo que se refiere a la experiencia contemporánea, permítanme compartir con ustedes que mi marido y yo tenemos una hija, Claudia.  Claudia está casada con Lisa.   Juntas adoptaron cuatro hijos.
De ninguna manera el matrimonio de nuestra hija amenazar a mi esposo y mi matrimonio de   casi 44 años.   Estos cuatro nietos son educados y amados y   están prosperando igual que otros muchos nuestros nietos.
Por favor, deje de usar los recursos de la Arquidiócesis, en especial los recursos financieros, para abogar por la restricción de los derechos humanos y elecciones.   El mensaje de nuestro hermano Jesús tiene poco que ver con el control de la sexualidad de los demás y mucho más con la justicia y el amor.
 
Regina Nicolosi
El obispo católico, capellán jubilado
250 Overlook Carril
Red Wing, MN 55066
651 388 6059

POLONIA Inmigrantes encuentran una voz


Por Robert Stefanicki

Layla Naimi. / Credit:Robert Stefanicki/IPS
Layla Naimi.

Crédito: Robert Stefanicki/IPS

VARSOVIA, nov (IPS) – Para impulsar a las autoridades de Polonia a enmendar leyes relativas a los inmigrantes indocumentados fueron necesarias huelgas de hambre y un caso como el de Layla Naimi.

Las autoridades ya no estarán obligadas a enviar a los inmigrantes a centros de detención y, tras varias quejas, el fiscal abrió una investigación sobre el ubicado en Lesznowola, cerca de Varsovia.

El Ombudsman (defensor del pueblo) y el Ministerio del Interior anunciaron que se realizarían inspecciones en todos los centros de detención de extranjeros, junto con miembros de la Fundación para los Derechos Humanos de Helsinki y la Asociación de Intervención Legal.

A mediados de octubre, 73 personas en cuatro centros de detención de inmigrantes en Polonia iniciaron una huelga de hambre. Sus reclamos eran: derecho a la información en un idioma que comprendieran, derecho a mantener contacto con el mundo exterior, derecho a una adecuada atención a la salud, a educación para sus hijos, a mejoras en las condiciones sociales, poner fin a los abusos y a la violencia excesiva, y también a la criminalización de los detenidos. En el pasado, huelguistas fueron mantenidos en aislamiento y castigados, sin que el público supiera nada sobre eso.

Actualmente hay 380 inmigrantes indocumentados mantenidos en seis centros de detención, también llamados «campamentos cerrados». Son solicitantes de asilo que esperan que sean procesadas sus peticiones. Su delito: haber ingresado a la Unión Europea (UE) sin documentos adecuados.

En esos campamentos no se permiten visitas, pero IPS habló con algunos inmigrantes liberados en los últimos tiempos del centro de refugiados de Lesznowola, uno de los puntos donde tuvieron lugar las protestas.

Una de ellos, Layla Naimi, escapó de Teherán hace un año, sin la posibilidad de despedirse de su familia. «Mis opciones eran irme o que me encarcelaran», dijo.

Naimi era activista de Change for Equality (Cambio por la Igualdad), una iniciativa que busca recabar un millón de firmas para cambiar las leyes que discriminan a las mujeres en Irán. Esta campaña ganó premios internacionales, pero a las autoridades conservadoras iraníes no les gustó, por lo que las activistas fueron perseguidas.

Naimi tuvo la suerte de estar lejos de su casa cuando la policía iraní la fue a buscar. Pero le confiscaron su pasaporte y su computadora.

Con un falso documento de identidad, Naimi viajó a Turquía, y de allí a Holanda. En el aeropuerto de Amsterdam solicitó asilo. La policía holandesa fue amable y la ayudó. Luego de tres meses, Naimi recibió la noticia de que sería deportada a Polonia. Ella nunca había estado en este país, pero antes de abandonar Irán consiguió una visa polaca.

En agosto, Naimi llegó a Varsovia. «Un policía me empezó a gritar. Yo no entendía por qué», relató. La encerraron y no le dieron ni alimentos ni agua por 24 horas. «Pedí una sábana para acostarme. El policía que me la trajo me dijo: ‘Ahora soy tu amigo. ¿Qué me vas a dar a cambio?’», añadió.

Tres días después, la transfirieron a Lesznowola. «Eso no es ni un centro ni un campamento. Es una prisión», dijo.

Por todas partes había guardias, rejas, cámaras de circuito cerrado. Naimi caminaba una hora luego del desayuno, y otra más luego de la cena. A las seis de la mañana, los guardias hacían un registro de rutina. «Incluso sacaban mis bragas del armario y miraban dentro. Yo preguntaba: ‘¿No querrá que me quite las que llevo puestas?’. Su respuesta: ‘Me haría feliz verte desnuda’».

El acoso sexual no se limitó a las palabras. «Uno de los guardias intentó tocarme de atrás mientras yo barría el piso», relató Naimi.

«Ellos beben alcohol, una puede olerlo. Tienen un juego: evaluar a las mujeres. ‘Esta vale 40 zloty’ (13 dólares), ‘esta solo vale 10 zloty, porque usa hijab’», dijo.

Según ella, la comida era mala. No había agua embotellada, ni siquiera en verano. Y tampoco había suficiente jabón o papel higiénico.

«Me daban lástima los niños. Había nueve, cuyas edades iban entre seis meses y 16 años. Había televisión y una mesa de ping-pong en la sala de estar. Una vez los varones destrozaron una pelota. Como castigo, la sala de estar fue cerrada por tres días», recordó Naimi.

El médico de Lesznowola tenía una sola cura para todas las enfermedades: píldoras de paracetamol. En una ocasión, Naimi tuvo dolor de estómago. «Pedí para ver al médico, pero el guardia declaró que yo me veía bien», señaló.

Ahora liberada, Naimi ignora qué ocurrirá. «No sé cuál es mi estatus legal, por qué estoy aquí, qué me sucederá. Me entrevistaron en el aeropuerto cuando llegué, pero sin un intérprete. Luego de 40 días de encarcelamiento hubo una segunda audiencia. Solo entonces estuvo presente el intérprete de mi idioma nativo, el farsi, aunque me resultó difícil entenderlo porque usaba un dialecto de la frontera afgana», recordó.

Tras dos meses de confinamiento, Layla Naimi fue puesta en libertad: la Oficina de Extranjeros reconoció la alta probabilidad de que cumpliera las condiciones para recibir el estatus de refugiada.

«Todavía tengo pesadillas», dijo.

IPS también habló con una familia árabe liberada de Lesznowola pocos días antes, tras siete meses prisionera. La madre y dos hijos que pidieron no revelar su identidad confirmaron la mayor parte de lo que dijo Naimi sobre las condiciones en el lugar.

También se quejaron de que les sirvieron cerdo, que los musulmanes no comen.

Esta familia, junto con otra en Lesznowola, realizaron una huelga de hambre durante tres días. Ahora viven en un campamento abierto. Dicen que está sucio, que no se consigue un cambio de sábanas, pero por lo menos se puede ir a la ciudad, a los comercios, a la mezquita.

Pero ¿les permitirán quedarse en Europa?

«En Polonia, el derecho al asilo es una ilusión: apenas 1,6 por ciento de quienes lo solicitan reciben estatus de refugiados, mientras que 18 por ciento reciben protección temporaria, durante apenas dos años, antes de tener que volver a su país», dijo a IPS la activista Marta Rozowska, defensora de los derechos de los refugiados.

«Esta familia árabe no podrá reunirse con el padre a menos que uno de sus integrantes reciba el estatus de refugiado y presente una demanda de reunificación familiar. Por desgracia, este procedimiento puede durar entre seis meses y dos años», añadió.

(FIN/2012)

 

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=101849

Pentágono encubre violaciones de soldados-mujeres


EE.UU

La noticia más censurada N° 16:

Ernesto Carmona


 

En 1970, las mujeres soldados representaban el 1 por ciento de todas las fuerzas armadas de EEUU. Hoy ese número aumentó a aproximadamente el 15 por ciento, casi 200.000 en total. Como el número de soldados femeninos crecen, hasta el Pentágono reconoce en sus propios informes el creciente problema de las agresiones sexuales militares en zonas de guerra: aumentaron en 26 por ciento entre 2007 y 2008, y en otro 33 por ciento al año siguiente.

Lamuerte en 2005 de la mujer-soldado raso del ejército de EEUU LaVenaJohnson fue declarada oficialmente suicidioporel Pentágono (ministerio de Defensa, DoD, su sigla en inglés), pero continúaejemplificando laviolenciasexualque padecen las mujeres-soldadomientras sirven a supaís. LaautopsiadeJohnsonrevelóheridascontradictoriascon la versión oficial de “suicidio”,incluyendoabundantes quemadurasquímicasque se cree fueron provocadas para destruirevidenciade ADNdejada por laviolación.
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LaVena Johnson
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El Pentágono ha intentado intimidar a reporteros y redactores que trabajaban historias sobre Jonson, uno más entre por los menos veinte casos en que soldados de sexo femenino han muerto bajo circunstancias sospechosas. Las muertes misteriosas coinciden con un aumento de la  violencia sexual contra mujeres entre los militares.
Según el DoD, en 2010, hubo en total 3.158 informes de agresión sexual en los cuarteles militares, pero ese mismo ministerio estima que este número representa sólo el 13,5 por ciento de los asaltos reales, porque el número total de violaciones y agresiones sexuales militares sería superior a 19.000 al año.
El Proyecto Censurado desenterró esta noticia publicada originalmente por el periodista independiente John Lasker, de Columbus, Ohio, en Toward Freefom, 14 de julio 2011. El caso del “suicidio” en Irak de la mujer soldado de 19 años, descrita como “amorosa y feliz”, apunta a una desconocida historia, cobarde, abusiva, sórdida y mucho más amplia, imposible de ser conocida por la clientela de los grandes medios de información
Intentarán investigación independiente
La decisión del Research Institute de Filadelfia (CCIRI, sigla en inglés) de investigar el caso, tal vez finalmente convierta en un hecho conocido para un público mucho más amplio la historia de Lavena y las muertes misteriosas de otras mujeres soldados negras mientras “servían a la patria” en bases en Afganistán e Irak.
El CCIRI, que antes investigó los asesinatos de Tupac Shakur (desaparecida, caso de 1996) y Levy Chandra (pasante del Congreso, 2001), tiene sus propios peritos balísticos y forenses, más un psicólogo experto en suicidios, capaces de dar una buena mirada al archivo de la investigación militar y a fotos de la autopsia. Todos tienen serias dudas de que Lavena se haya quitado la vida.
«No hay duda [que la investigación y conclusión del suicidio] de los militares tiene problemas», dijo Sheryl McCollum, directora del CCIRI. «Si hay cualquier signo de asesinato, no se puede invocar automáticamente un suicidio».
Militares controlan los medios
Mientras el CCIRI tiene el coraje de enfrentar este potencial encubrimiento militar, medios importantes, como CBS News 60 Minutes y ABC News, intentaron informar sobre la muerte de Lavena, pero se echaron atrás con la transmisión de la historia, a pesar que CBS y ABC gastaron miles de dólares en el envío de varios equipos a la casa de los Johnson. 60 Minutos también pagó para que el cuerpo de Lavena fuera exhumado para una segunda autopsia, de acuerdo con su padre, el Dr. John Jonson, de St. Louis.
«Nadie va a tocar la historia de Lavena ni con un palo de tres metros», dijo el Dr. Jonson, aludiendo a las empresas de los grandes medios de comunicación. El Pentágono tiene agarrada financieramente a la industria mediática con la amenaza de retirar la publicidad del ejército de los canales, explicó el padre de la mujer soldado.
«De seguro que los militares no querrán admitir que mujeres negras soldados son violadas y asesinadas, porque ya tienen dificultades para contratar y retener a las mujeres negras», dijo aToward Freedom. Sería devastador para el reclutamiento difundir historias en los medios de comunicación más importantes sobre mujeres soldados negros brutalmente violadas».
El Pentágono ha tratado de intimidar a los reporteros y editores que trabajan historias sobre Lavena. El magazine Essence, por ejemplo, fue amenazado con el retiro de los dólares pagados por la publicidad militar si lanzaba al público una historia sobre Lavena. La revista cedió al Pentágono contando una historia aguada que los editores justificaron por la supervivencia del magazine que se inclinó para evitar la pérdida de la publicidad militar. Justamente, la publicidad busca más jóvenes reclutas como Lavena entre las mujeres negras.
“La familia de Lavena se esfuerza por crear conciencia acerca del caso de una hija que amaba a servir a su país y vivió para hacer la diferencia en ayudar a otros”, escribió Lasker . El ejército de EEUU era su destino, dijo su padre. Ella era del ejército en tercera generación, así que su familia no se sorprendió cuando a la ex-violinista estudiantil de honor se le ordenó ir a Irak en 2005.
Según la versión del ejército, a pesar que Lavena siempre mantuvo una actitud positiva, el 18 de julio 2005 su espíritu dio un giro tremendo. Esa tarde, dicen los militares, su nuevo novio de dos meses rompió con ella por correo electrónico desde su casa en Kentucky. Bueno, lo que sigue en la versión castrense es fácil de imaginar: se metió en una tienda vacía de Kellogg Brown and Root (KBR), constructora filial de Halliburton, la incendió con aerosol y tranquilamente se suicidó con su M16 después de comprar varias botellas de gaseosa y a 24 horas de haber hablado con su madre por teléfono satelital para anunciarle que pasarían juntas la Navidad. «No decores el árbol sin mí». Ésta fue la versión militar oficial. Caso cerrado.
Violaciones a granel
Pero hay otra historia encubierta. Dos expertos en balística, Donald Marion y Cyril Wecht, le dijeron a la familia que las heridas Lavena no eran consistentes con un M16 y la supuesta herida de salida de bala en la parte superior de la cabeza parece más una herida causada por una pistola de 9 mm.
La autopsia militar de Lavena reveló un labio partido, dientes rotos, marcas de arañazos en el cuello, pero no heridas graves. Sin embargo, en la segunda autopsia –pagada por CBS 60 Minutes–, nuevos rayos X revelaron que el cuello estaba roto. Aún más extraño, la segunda autopsia mostró también que los militares habían retirado parte de la lengua, la vagina y el ano y no se lo dijeron a los Johnson, ni lo documentaron en la primera autopsia.
Por inverosímil y retorcido que parezca, la extracción de partes del cuerpo, en algunos casos el corazón o el cerebro, o ambos, se ha dado en otros cadáveres de mujeres soldados que perecieron por causas «no relacionadas con combate».
El Dr. Johnson cree que los militares extrajeron partes del cuerpo de Lavena para ocultar lo que realmente le pasó a su hija: Trauma Sexual Militar o MST, eufemismo que es la designación oficial para las violaciones de milicos.
En otro caso, en julio de 2005, Jamie Leigh Jones, de 20 años, denunció que fue violada y golpeada por empleados de KBR y encerrada en un contenedor de transporte por los administradores, después que ella buscó a la policía. Jones y sus abogados, que perdieron una demanda federal civil contra KBR en julio 2011, dijeron que otras 40 empleadas mujeres KBR que trabajaban en Afganistán e Irak les contaron historias de violaciones, palizas y acoso sexual.
Además de la frialdad de los militares frente al caso, los Johnson dijeron que el Congreso casi no ha movido un dedo para ayudar. Un equipo de funcionarios quiso investigar la muerte de Lavena, pero no logró conseguir siquiera las fotos de la autopsia
La ex coronel Ann Wright, retirada del ejército y ahora activista por la paz –navegó por el Mediterráneo con la Flotilla de la Libertad de Gaza–, dijo que hay muchas más muertes sospechosas de soldados femeninos y la versión de los militares simplemente no es creíble.
De hecho, dijo Wright, hay más de 20 muertes de soldados femeninos bajo escrutinio. Casi todos se han producido en bases de Afganistán o Irak. De estos 20, los informes militares de 14 dictaminaron suicidio, incluyendo a Lavena Johnson. Y al igual que los Johnson, muchas de estas familias se niegan a aceptar la explicación de los militares, creyendo que sus hijas murieron a manos de sus soldados-compañeros o contratistas.
Como las agresiones sexuales militares en zonas de guerra aumentaron en 26% entre 2007 y 2008, y en 33% al año siguiente, el incremento se debe a que los soldados varones saben que pueden salirse con la suya, dijo Wright. Una encuesta de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental 2008 encontró que el 50% de las militares víctimas de agresión sexual nunca reportaron el crimen porque sentían que sus oficiales al mando pasarían por alto los cargos o, peor aún, de alguna manera los silenciarían.
En una zona de guerra, el aire de intimidación a raíz de una violación puede adquirir connotaciones a otro nivel, simplemente porque la víctima está rodeada de violencia y confusión, dijo Wright. «Van a decirte: ‘¿Vas a estar muerta para mañana. Violarla a usted es sólo el costo de la guerra. Lo que haremos ahora simplemente será añadir (su asesinato) a la seguridad insegura’».
Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno
Citas y referencias:
● John Lasker, “Sexual Violence Against Women in the US Military: The Search for Truth and Justice,” Toward Freedom, July 14, 2011, http://www.towardfreedom.com/women/2474-sexual-violence-against-women-in-the-us-military-the-search-for-truth-and-justice
● http://www.mediafreedominternational.org/2011/08/27/sexual-violence-against-women-soldiers-on-the-rise-and-under-wraps
Estudiante investigador: Taylor Falbisaner (Sonoma State University)
Evaluador académico: Peter Phillips (Sonoma State University)

http://alainet.org/active/59419

UNA BÚSQUEDA ESPIRITUAL CRECIENTE


Escrito por  

Claves de comprensión y perspectivas

Ni las personas ni los grupos humanos pueden soportar por mucho tiempo el vacío existencial. En un primer momento, quizás se eche mano de la compensación y de la «distracción», pero la insatisfacción creciente desencadenará una actitud de búsqueda de la plenitud presentida: es la búsqueda espiritual. Algo así parece estar sucediendo entre nosotros.

A ojos de muchos analistas, resulta innegable que, en nuestro medio sociocultural, nos hallamos frente a un creciente resurgir de la espiritualidad. Y que dicho resurgir corre paralelo a un no menos evidente declive de la religión institucional. Hasta el punto de que, según ellos, nos encontraríamos ante el umbral de una etapa transreligiosa, transconfesional y postcristiana. ¿Es así en realidad?

En el presente trabajo, intento ofrecer unas claves que permitan facilitar la comprensión de lo que nos toca vivir en este campo, así como las perspectivas que se abren ante nuestros ojos.

Me parece oportuno empezar por aproximarnos al concepto mismo de «espiritualidad», para saber a qué nos referimos exactamente. Habrá que delimitar luego las relaciones entre religión y espiritualidad, así como el lugar de esta en el diálogo con la ciencia. Trataremos de comprender qué se quiere significar cuando se habla de «postcristianismo» y terminaremos reivindicando la importancia de cuidar –ya desde la infancia- la inteligencia espiritual, si queremos avanzar hacia una vida de mayor plenitud.

 

Qué es espiritualidad

Cuando se habla de «espiritualidad» desde una opción religiosa o confesional, parece inevitable que aquella sea comprendida y explicada a partir de la perspectiva de la propia religión, a la que se le asignará un estatus superior.

En efecto, al dar por sentada la verdad «mayor» de la propia creencia, se entenderá la espiritualidad como la práctica por medio de la cual se busca ahondar en la vivencia de la fe que se ha asumido.

Como consecuencia de este modo de hacer, se adopta un concepto reductor y estrecho de espiritualidad, a la que, intencionadamente o no, se le ha sobreimpuesto el corsé de la religión.

Más adelante, nos detendremos expresamente en la relación que se da entre ambas. Por ahora, solo quiero llamar la atención sobre la importancia de empezar hablando de la espiritualidad, sin someterla a los cánones rígidos de una u otra religión.

La llamada dimensión espiritual constituye una dimensión absolutamente básica de la persona y de la realidad. Sobre ella precisamente se asientan las diferentes «formas» religiosas o religiones, como soporte y vehículo a la vez de aquella dimensión que empuja por vivirse.

Por eso me parece importante iniciar esta reflexión acercándonos a la espiritualidad, como una realidad previa a las religiones en cuanto tales. Pero antes aún, hay que aludir a lo que esa misma palabra suele despertar en nuestros contemporáneos.

«Espiritualidad» ha llegado a ser una palabra desafortunada. Para muchos significa algo alejado de la vida real, algo inútil que no se sabe exactamente para qué puede servir o, como mucho, un «añadido», superfluo o poco significativo, a lo que es la vida ordinaria. Frente a eso llamado «espiritual», de lo que se podría fácilmente prescindir, lo que interesa es lo concreto, lo práctico, lo tangible.

Pero «espiritualidad» es, además, una palabra gastada. Gastada y estropeada, porque ha sido víctima de una doble confusión: el pensamiento dualista que contraponía espíritu a materia, alma a cuerpo, y la reducción de la espiritualidad a la religión.

Como consecuencia, se produjo un rechazo más y más generalizado hacia ella en la cultura moderna. Por una parte, la modernidad, celosa de la racionalidad y de la autonomía, arremetía contra una religión (institución religiosa) poderosa, autoritaria y dogmática, que parecía desconfiar de lo humano. Por otra, cegada en su propio espejismo adolescente, la misma modernidad cayó en un reduccionismo tan estrecho que no aceptaba sino aquello que fuera materialmente mensurable.

Ambos factores –el rechazo de la religión y el encierro en un materialismo cientificista- condujeron al olvido de la dimensión más básica de lo real, promoviendo con ello una cultura chata y empobrecedora de lo humano, que todavía sigue estando mayoritariamente vigente.

Pero el contraste continúa. En medio de esta cultura heredera de la que desechó la religión y, con ella, la espiritualidad, estamos asistiendo a un emerger notable del anhelo espiritual. Y, como en cualquier moda, no es infrecuente que aparezcan sucedáneos, a los que se coloca la etiqueta de «espiritual», pero que no encajan en lo que es una espiritualidad auténtica. Los riesgos de engaño o reducción vienen de dos direcciones.

Por un lado, en ciertos círculos de la Nueva Era o influidos por ella, suele presentarse la espiritualidad como la búsqueda de un bienestar que, por más que se designe como «integral», no parece superar los límites del narcisismo y de la charlatanería. Frente a la «dureza» de la situación cotidiana, es tentadora la huida a «paraísos narcisistas», refugios de un ensimismamiento adolescente, que nuestra propia cultura promueve.

Por otro lado, en los grupos religiosos más estrictos, probablemente por un instintivo mecanismo de defensa, se promueve una «espiritualidad» rígida y exclusiva, con notables tintes dogmáticos y autoritarios.

En el primer caso, parece imperar la ley del «todo vale», con tal de que favorezca el bienestar: representaría al postmodernismo extremo. En el segundo, el criterio parece ser la creencia mental de estar en posesión de la verdad: sería la voz del integrismo mítico.

Pues bien, con todo este trasfondo, queremos hacer luz a partir de la pregunta primera: ¿qué es la espiritualidad?

En una aproximación suficientemente amplia e inclusiva, puede entenderse la espiritualidad como la dimensión de Profundidad de lo real.

Bajo mi punto de vista, de este modo, se hace justicia a la dimensión espiritual como parte constitutiva de toda la realidad. Ello significa reconocer que no existe absolutamente nada al margen de esta dimensión. Más aún, todo lo que podemos percibir, como «formas» infinitamente variadas, no son sino «expresión» de aquella Profundidad de la que todo emerge.

Con esto, no se afirma ningún dualismo entre aquella dimensión última y las manifestaciones que percibimos. Al contrario, en admirable sintonía con lo que vamos percibiendo desde diferentes ámbitos del saber –desde la física cuántica hasta la psicología transpersonal, desde la mística hasta recientes estudios en el campo de las neurociencias-, lo que se nos muestra es una admirable y elegante no-dualidad, en la que nada se halla separado de nada, siendo solo la mente la que nos hace creer en una realidad fraccionada y separada en partes, tal como ella misma la ve.

De entrada, el término «espiritualidad» nombra una cualidad, una capacidad o incluso un ámbito del saber que tiene como referencia directa e inmediata al «espíritu». Por tanto, solo lo podremos entender si previamente desciframos el sentido de este otro.

Pero no es una tarea fácil. Basta intentarlo para que se ponga de manifiesto la incapacidad de la mente para referirse adecuadamente a todo lo que no es objetivable.

Si rastreamos esa palabra en la tradición judeocristiana, hallamos algún dato significativo. En la Biblia hebrea, el espíritu presenta forma femenina: es «la Ruaj», la brisa, «aleteo» de Dios sobre las aguas, soplo impetuoso que genera vida. Aliento, soplo, viento, respiración, fuerza, fuego…, con nombre femenino que habla de maternidad y de ternura, de vitalidad y de caricia.

Si Ruaj es femenino, su traducción griega lo convierte en el neutro «lo Pneuma». Como si en su intrínseca dificultad para imaginarlo, el mismo término nos estuviera diciendo que se trata de una Realidad que, no solo trasciende el género (está más allá de la distinción sexual), sino también el concepto de «individuo» y hasta de «persona» (por definición, lo neutro no puede ser «personal»; en todo caso, transpersonal).

Con la traducción latina (Spiritus), el Espíritu se hizo masculino, y así ha llegado hasta nuestras lenguas modernas. Pareciera como si, con este cambio, volviéramos a sentirnos cómodos: finalmente, podríamos dirigirnos a él como una persona y en masculino. Eso casaba bien con nuestra conciencia egoica y patriarcal.

Si algo tienen en común todos esos nombres es que remiten a la intuición de un «principio vital» o «latido» (hálito, respiración), que se encontraría en el origen de todo lo que es. No es extraño que «Espíritu» haya sido uno de los términos más comunes para nombrar a la Divinidad, en cuanto Dinamismo de Vida.

Fuente de todo lo que es, principio vital, dinamismo de vida, el espíritu constituye, por tanto, el núcleo más hondo, la identidad última de todo lo que es, la Mismidad de lo Real.

Pero no como una «entidad» separada, sino como «constituyente» de todas las formas, en un abrazo no-dual. En razón de esa misma no-dualidad, podemos ver, palpar y saborear al Espíritu en todas las formas de la realidad: todas lo expresan y en todas se manifiesta, sin negarlas ni anular las diferencias.

Una vez más, es necesario decir que no hay ningún tipo de dualismo, como si, además del espíritu, hubiera «otra» realidad al margen de él; pero tampoco se trata de un panteísmo indiferenciado. Es todo más sutil y, en cierto modo, más simple: el Uno expresado en lo Múltiple, como dos caras de la única Realidad.

Si entendemos por «espíritu» el principio vital y constitutivo de todo lo que es, habremos de concluir que «espiritualidad» es la capacidad de «ver» esa dimensión profunda y última de lo real y vivir en coherencia con ello.

En esta acepción primera y genuina del término, no hay todavía conceptos ni creencias. Hay, sencillamente, un reconocimiento y una capacidad. Una percepción intuitiva –preconceptual- del misterio mismo del existir.

A esta capacidad podemos designarla, por tanto, como «inteligencia espiritual». Es ella la que nos permite intuir el Misterio y, simultáneamente, reconocer nuestra identidad más profunda.

Se suele decir que el «despertar espiritual» consiste en la capacidad de separar la conciencia de los pensamientos. De eso se trata exactamente. Caer en la cuenta de la identificación con la mente, de la que provenimos, y reconocer que ahí no está nuestra verdadera identidad.

La espiritualidad o inteligencia espiritual, al hacernos crecer en comprensión de nuestra verdad, nos pone en camino de desapropiación. Por eso, a más espiritualidad, menos ego y menos egocentración. Es fácil advertir que el criterio decisivo de una existencia espiritual no puede ser otro que la desegocentración, la bondad y la compasión, unidos a la ecuanimidad de quien ya ha descubierto que su verdadera identidad trasciende todo vaivén y toda impermanencia.

Lo expresa con nitidez Javier Melloni, cuando escribe que «la dirección que no ha de variar, aunque se cambien los vehículos y los caminos, es el progresivo descentramiento del yo, tanto personal como comunitariamente… Esta es la única certeza, el único discernimiento: ir convirtiendo nuestra existencia en receptividad y donación». Porque, ¿cuál es la meta? Y responde el propio Melloni de una manera sabia y hermosa: «La tierra pura de un yo descentrado de sí mismo que se hace capaz de acoger y de entregarse sin devorar, porque sabe que proviene de un Fondo al que todo vuelve sin haberse separado nunca de él».

A partir de este concepto de espiritualidad, se desprenden dos primeras conclusiones: por un lado, la percepción de que el cuidado de la espiritualidad y el cultivo de la inteligencia espiritual son decisivos si se quiere acceder a una vida plena; por otro, la constatación de que, así entendida, la espiritualidad es previa a cualquier religión, de modo que las diferentes confesiones religiosas no serán sino «modulaciones» o formas (mentales) específicas de aquella intuición original.

 

Religión y espiritualidad

Hay dos imágenes que se suelen utilizar habitualmente para hablar de la relación entre ambas: la del vaso y el agua, o la del mapa y el territorio.

La espiritualidad es el agua que necesitamos si queremos vivir y crecer; la religión es el vaso que contiene el agua. La espiritualidad es el territorio último que anhelamos, porque constituye nuestra identidad más profunda; la religión es el mapa que quiere orientar hacia él.

Cuando se vive al servicio de aquella, la religión constituye un medio valioso o una «cinta transportadora» –en palabras de Ken Wilber- que facilita la conexión con la dimensión espiritual: es el vaso que proporciona el acceso al agua; el mapa que baliza el camino hacia el territorio.

Sin embargo, cuando la religión se absolutiza, todo se desencaja. Lo que no es sino un medio, se arroga cualidad de fin último, haciendo que todo gire en torno a ella. Se hacen presentes el dogmatismo y la exclusión. En esa misma medida, la persona religiosa proyecta en la religión la seguridad con la que sueña.

Quizás no esté de más señalar que esa tendencia a la absolutización constituye una característica del modo de funcionar de nuestra mente. Es consecuencia de la propia limitación de la misma y va de la mano de la necesidad psicológica de seguridad.

Con todo, sin embargo, parece claro que entre religión y espiritualidad no tiene por qué haber enfrentamiento, así como tampoco identificación. Esta afirmación conlleva dos conclusiones inmediatas: por un lado, una religión conscientemente alentada por la espiritualidad resulta beneficiosa y eficaz. Por otro, la afirmación de la no-identificación entre ambas permite reconocer la existencia de una espiritualidad laica o incluso atea.

Porque el Territorio de la espiritualidad es siempre compartido: ahí nos encontramos con todo lo que es, con el Misterio que se expresa en toda la realidad, y del que las religiones –hijas de su tiempo- han querido dar una explicación.

Por eso creo que, valorando la riqueza propia de cada religión, tenemos que dar un paso más… hacia el Horizonte o Territorio al que las religiones (mapas) apuntan: ese es el camino de la espiritualidad.

La religión es una construcción cultural, a través de la cual los humanos han tratado de canalizar, expresar y sostener –consciente o inconscientemente- el Anhelo espiritual que reconocen como dimensión constitutiva de su mismo ser.

En ese sentido, puede decirse que las religiones son interpretaciones o lecturas del misterio mismo del existir. Presentándose en complejas configuraciones, ofrecen caminos y propuestas de sentido. Como dice Javier Melloni, cada religión es un camino hacia el desvelamiento de lo Real.

Eso explica que la religión afecte a los grandes enigmas de la vida. En ellas, el ser humano pretende encontrar la luz que necesita para desvelar el misterio que envuelve su origen y su destino, para interpretar el sentido y el propósito de la existencia, para descubrir las causas del dolor que lo aqueja y, en fin, para encontrar un poco de alivio a sus incontables males.

Sin embargo, todas ellas se ven acechadas por dos graves peligros: aliarse con el poder y confundir su creencia con la verdad. Cuando eso ocurre –y ha ocurrido históricamente en todas ellas-, se produce la absolutización de la religión. Lo que era solo una construcción humana y un medio para facilitar la percepción y vivencia del Misterio, se convierte en un fin en sí mismo. En ese preciso momento, la religión se torna peligrosa.

Del mismo proceso de construcción de la religión forma parte la presunción de ser revelada por la Divinidad. A partir de ahí, el paso siguiente es sencillo: si nuestras creencias han sido reveladas, eso significa que son verdaderas; poseemos la verdad. De ahí que el innegable conflicto que supone el hecho de que religiones diferentes tengan la misma pretensión –el conflicto de «verdades» enfrentadas- se haya de resolver forzosamente declarando cada una que todas las demás están equivocadas.

En un nivel de conciencia mítico, en el que aparecen las religiones, era inevitable que, en las configuraciones teístas, se concibiese a Dios como un «ser separado», y que se entendiese la así llamada revelación como un «dictado divino». ¿Cómo no iba a producirse el paso siguiente que llevaba a creer al propio pueblo como el «elegido», y al propio libro sagrado como «la verdad» dada a conocer por Dios?

En cuanto tomamos conciencia de aquel nivel de conciencia y, simultáneamente, trascendemos el modelo mental (dual) de conocer, el concepto mismo de «revelación» se modifica radicalmente.

En ese momento, también, reconocemos con facilidad la distinción entre la religión, en cuanto forma histórica concreta, y la espiritualidad, como dimensión constitutiva del ser humano y de toda la realidad.

Con esta toma de conciencia, la religión queda desnudada de cualquier pretensión absolutizadora. Más aún, el objetivo mismo se reorienta: ya no se trata de propagar la religión y lograr que tenga cada vez más fuerza, sino de potenciar la dimensión espiritual, es decir, la consciencia de nuestra identidad más profunda.

En esa tarea nos encontramos con todos los seres humanos, más allá de las referencias, religiosas o no, de cada cual. Podremos seguir valorando las religiones –los «mapas»- en toda la riqueza que han vehiculado y las capacidades espirituales que despiertan, pero sin olvidar que son solo medios relativos. Pueden, por tanto, ser trascendidas. Y, de hecho, podemos encontrarnos con todas las personas, sean religiosas o no, en el cuidado y cultivo de aquella dimensión espiritual irrenunciable.

 

Hay vida más allá de la ciencia

El trato que ha recibido la espiritualidad explica, en gran medida, no pocas características del modo de comprendernos, percibirnos y vivirnos en nuestro contexto sociocultural. Consumismo, economicismo, egocentrismo, vacío existencial… son manifestaciones de un mundo en el que se ha olvidado la dimensión genuinamente espiritual del ser humano. Al alejarnos de nuestra identidad profunda, han de aparecer necesariamente la ignorancia, la confusión y el sufrimiento.

Hemos logrado increíbles avances en el campo científico, técnico y tecnológico pero, al desconectar de quienes realmente somos, apenas hemos crecido en sabiduría ni en plenitud. Y venimos a constatar que tanto el poderío material como el mismo pensamiento filosófico no han logrado liberarnos del sufrimiento inútil y estéril.

En el origen de esa «desconexión» de nuestra verdadera identidad, han jugado papeles diferentes la religión y la ciencia. Como decía en el parágrafo anterior, la religión, al tiempo que se absolutizaba, ha manejado un concepto reductor y empobrecedor de la espiritualidad. En consecuencia, la atención se desviaba hacia las prácticas religiosas, las creencias y los rituales, en lugar de ofrecer prácticas espirituales que hubieran permitido a las personas vivirse conectadas con su raíz última. Además, y debido a aquella «reducción», fue la misma religión la que, aun inadvertidamente, provocó entre sus adversarios un rechazo de la propia espiritualidad.

La ciencia moderna, por su parte, cayó en otro reduccionismo no menos empobrecedor, al arrojarse, de un modo totalmente acrítico, en los brazos de lo que conocemos como materialismo, positivismo o cientificismo.

El origen de la trampa, sin embargo, fue el mismo en ambos casos. Tanto la religión como la ciencia se absolutizaron, como si no existiera otra cosa más allá de ellas. Hemos tenido que padecer las consecuencias de tales posturas reductoras para empezar a despertar y venir a reconocer que, tanto más allá de la religión como más allá de la ciencia, sigue habiendo vida…

Para empezar, hoy nadie duda de que los postulados básicos del materialismo (y del cientificismo) son creencias metafísicas absolutamente indemostrables y peligrosamente reductoras. ¿En nombre de qué se puede sostener que no existe sino lo que puede ser comprobado «científicamente»? ¿Quién decide los límites de lo real? ¿Qué fundamento tiene la afirmación de que la razón es el modo supremo de conocimiento? ¿Dónde se apoya la arrogancia de que fuera de la ciencia no hay verdad?…

No es que se rechace la ciencia, sino únicamente sus pretensiones absolutistas. La ciencia es una herramienta extraordinaria para operar en el mundo de los objetos. Y la razón crítica constituye un logro irrenunciable de la humanidad. Los llamados «maestros de la sospecha» (Nietzsche, Marx, Freud) nos abrieron los ojos para ver que las cosas no son lo que parecen y que haremos bien en someter a crítica todo tipo de creencias.

Y eso mismo vale también para la ciencia…, a no ser que se arrogue un estatus «religioso» de intocabilidad, con el que ha aparecido con demasiada frecuencia. Es entonces, al aproximarnos a ella desde una actitud crítica, cuando caemos en la cuenta de la trampa del cientificismo: ha olvidado que existe otro modo de conocer superior y previo a la razón.

Es un modo de conocer al que tenemos acceso justamente cuando somos capaces de acallar el pensamiento y «conectar», de una manera directa, inmediata y experiencial, con la verdad que somos. El modo racional (mental, dual, cartesiano) funciona admirablemente en el mundo de los objetos, pero es incapaz de ir más allá; cuando lo intenta, no hace sino objetivar toda la realidad, reduciendo y empobreciendo nuestra percepción.

Reconociendo la validez de ese acceso, es innegable que existe otro, anterior a la razón, que nos pone directamente en contacto con aquella dimensión de lo real que escapa a la razón y la ciencia. Este es el terreno de la espiritualidad; y a la capacidad para adentrarse en él se le está empezando a llamar «inteligencia espiritual».

Cuando esta dimensión se olvida, se produce una amputación grave del ser humano, con consecuencias sumamente empobrecedoras para la vida de las personas, que son condenadas a una sensación de vacío y nihilismo. Es lo que ha ocurrido, en parte, en nuestro ámbito cultural: la ciencia ha propiciado un desarrollo material inimaginable, pero el cientificismo ha empobrecido la experiencia humana hasta límites insostenibles.

Por eso me parece, a la vez, profundamente revelador y esperanzador el hecho de que sea, dentro mismo de la ciencia, donde se haya producido un cuestionamiento radical de los postulados materialistas y de las pretensiones cientificistas.

A pesar de que las implicaciones de sus resultados no se hayan plasmado todavía en el imaginario cultural colectivo, la física cuántica ha revolucionado los presupuestos sobre los que se asentaba la física clásica o newtoniana. En sus escasos cien años de vida, ha supuesto un cambio radical de paradigma, de consecuencias enriquecedoras. Efectivamente, a tenor de sus descubrimientos incontestables, las cosas no son lo que parecen: la mente –y el llamado «sentido común»- nos engañan con mucha facilidad.

Curiosamente, la principal intuición procedente del nuevo paradigma científico no es tecnológica. La física cuántica viene a confirmar algo para lo que no se hallaba explicación racional: la estrecha relación entre nosotros y con todo el cosmos. Experimentos contrastados en el mundo de las partículas elementales han superado las viejas concepciones atomistas, para afirmar que la realidad a la que denominamos universo es un todo integrado, sin fisuras.

Y, curiosamente, esa es la experiencia espiritual genuina. A partir de ahí, parece que la actitud sabia consiste en abrirnos a esa nueva visión que está emergiendo, ya que –como decía Krishnamurti- «de esta crisis solo podremos salir mediante una transformación radical de la mente».

El denominador común de esta nueva cultura emergente es el holismo: Como ha escrito Ervin Laszlo, «entre nosotros se extiende una nueva epidemia: cada vez son más las personas infectadas por el reconocimiento de su unidad». Es así: crece por doquier la conciencia de la interrelación de todo, de la no-separación, de la no-dualidad radical. Y esa nueva conciencia, que va conformando una nueva cultura, afecta también a todas las dimensiones de nuestra experiencia: a la economía, a la ecología, a la política, a las relaciones, a la religión…

Por eso, tanto en las discusiones en torno a la ciencia, como las que ocurren en el ámbito de la religión, sería bueno partir del reconocimiento expreso de lo que realmente se halla en juego. De otro modo, parece inevitable que se sucedan los enfrentamientos y controversias estériles en torno a «mapas» y «etiquetas», que nos lleven a confundir nuestras creencias con la verdad.

Y lo que se halla en juego no es algo baladí. Se trata, nada menos, que de un cambio en el modelo de cognición. Probablemente, el giro más revolucionario de esto que llamamos «postmodernidad».

Venimos de un modelo mental, dual, egoico o cartesiano. Tal modelo, basado en la dualidad inicial sujeto/objeto, perceptor/percibido, se revela adecuadamente operativo en el mundo de los objetos. Sin embargo, ese es también su límite. Dado que pensar es sinónimo de objetivar, cuando desde ese modelo queremos aproximarnos a realidades que no son «objetos», el modelo se colapsa y nos engaña. Naturaleza, seres humanos, vida, verdad, realidad, «lo que es», Dios… Se trata de realidades inobjetivables: cuando las pensamos, las convertimos en objetos, al tiempo que toda la realidad queda separada, fraccionada y, de ese modo, distorsionada.

Basta salir del estrecho cerco del modelo mental para captar su engaño y su trampa. Podemos recurrir a la imagen (metáfora) del océano y las olas. El modelo mental se detendría exclusivamente en la singularidad de cada ola, absolutizando la separación entre ellas y olvidando la naturaleza común de agua, que comparten.

Sin embargo, hay otro modo de ver, desde la no-dualidad. Y ahí las cosas cambian por completo. Esa nueva visión nace de otro modo de conocer, el modelo no-dual, que se basa en la aproximación no-mental a lo real. Se trata de una aproximación respetuosa a «lo que es» en la que, silenciada la mente, acogemos el Misterio que se muestra, nos reconocemos y descansamos en él.

Volviendo a la metáfora antes aludida, desde el modelo no-dual se advierte, antes que nada, el agua que constituye, conforma y se expresa en cada una de las olas. La perspectiva cambia radicalmente.

Sin forzar demasiado la imagen, puede afirmarse también que el referente natural de la religión es la «ola», mientras que el de la espiritualidad es el «agua». El paso del modelo mental al no-dual es coherente con aquel que va de la religión a la espiritualidad. ¿Significa esto el final de la religión?

¿Hacia un horizonte postcristiano?

A veces se escucha decir que, cuando pase esta generación, «las iglesias se quedarán vacías». Con esa frase se estaría expresando el innegable y acelerado declive que está experimentando, en nuestro medio, la religión institucional y, concretamente, el cristianismo.

Sin entrar ahora en las circunstancias históricas que, durante siglos, han podido ir acumulando, en la memoria colectiva, un rechazo visceral hacia la religión, concretamente en nuestro país –por ejemplificarlo en una sola frase: el anticlericalismo encuentra su caldo de cultivo en el clericalismo-, me parece indudable que, debido sencillamente al nivel de conciencia en el que históricamente aparecen, las religiones traen con ellas algunos elementos que, si se toman literalmente, chocan frontalmente con los nuevos paradigmas culturales.

Me refiero, en concreto, a cuatro de sus características más destacadas: el carácter mítico, la visión heterónoma, la insistencia en la creencia (mental) o credo y la idea de un dios separado e intervencionista.

Es fácil apreciar cómo cada uno de esos rasgos característicos de la religión entra en franca contradicción con la nueva sensibilidad que nace con la modernidad y que se acentúa con el paso al nivel transpersonal de conciencia. En esquema, podría representarse de este modo:

Características de la religión mítica Conquistas de la modernidad y percepciones transpersonales
Pensamiento míticoHeteronomía

Creencia

Idea de un dios separado e intervencionista

RacionalidadAutonomía

Silencio transmental

Unidad (no-dualidad) de todo lo que es

No es extraño que la religión haya entrado en una crisis que alcanza a sus propios cimientos. Por eso, parece inútil, a la par que engañoso, tratar de sortearla, eludiendo la confrontación con la modernidad y con la más reciente perspectiva transpersonal.

A mi modo de ver, esa crisis únicamente podrá resolverse en la medida en que la religión renuncie, consciente y radicalmente, a cualquier absolutización y asuma vivirse al servicio de la espiritualidad, es decir, al servicio del ser humano que anhela vivir en toda su verdad.

Ello le exigirá la humildad de reconocer abiertamente que su credo no puede ser nunca la verdad, sino un «mapa», entre otros, que apunta hacia el Territorio inefable y la Verdad inaprensible. Así, relativizando las creencias, podrá dedicar sus esfuerzos a una doble práctica: la práctica de la transformación individual –en la línea de trascender la mente y favorecer la desapropiación del ego- y la práctica de la justicia, como expresión de la Unidad que somos. Es decir, podrá pasarse del particularismo religioso a la espiritualidad inclusiva.

¿Significa esto el fin del cristianismo? ¿Será cierto que caminamos hacia una espiritualidad postcristiana? Lo que importa, a mi modo de ver, no son las respuestas, más o menos acertadas, a esas cuestiones, sino las implicaciones que la misma pregunta encierra.

Personalmente, no me parecería extraño que las religiones, tal como hoy las conocemos, llegaran a desaparecer. En cuanto configuraciones históricas, deudoras del momento en el que nacieron, son formas transitorias y perecederas.

Otra cosa es la intuición de la que son portadoras, y en la que los humanos nos «re-conocemos: el mismo Anhelo vital, el núcleo de la genuina espiritualidad.

En concreto, en el caso cristiano, aquella intuición es la que pivota en torno a la figura y el mensaje de Jesús. Y lo que vengo diciendo todavía cobra más relevancia cuando tenemos en cuenta que el Maestro de Nazaret no pertenecía a la clase religiosa ni fundó ninguna religión. El suyo es un mensaje de sabiduría dirigido al corazón humano, que fácilmente resuena en nosotros. Por tanto, ese mensaje puede vivirse en clave religiosa, pero también en otra clave laica o, simplemente, no-religiosa.

Al reconocer la no-identificación de la espiritualidad con la religión, aquella vuelve a recuperar la «amplitud» y la «hondura» que la caracteriza, así como su capacidad de poder ser vivida en cualquier paradigma cultural, porque lleva en sí misma las claves de la imprescindible «traducción» a los nuevos «idiomas» que van apareciendo a lo largo de la historia de la humanidad.

En la «amplitud» que caracteriza a la espiritualidad, se trasciende el estrecho marco de las creencias y de las formas históricas y somos conducidos al territorio sin límites de la Vida, que experimentamos de un modo inmediato y autoevidente y que percibimos compartido por todos. La espiritualidad es amplia e inclusiva: puede ser religiosa, pero puede ser también no-religiosa, laica, agnóstica o atea. Se trata solo de «mapas» diferentes que no impiden el reconocimiento del territorio vital compartido.

Y también, más allá de las formas religiosas, la espiritualidad manifiesta la «hondura» que la define: la misma hondura que nos constituye. De ahí que la espiritualidad no viene a ofrecer nada «añadido», sino sencillamente a desvelar la profundidad de lo que somos. Todo lo demás –credos, no-credos, ritos, normas…- son solo parte de aquellos «mapas», que dejan de absolutizarse, porque el interés está puesto en el territorio cuya voz nos reclama. Un territorio que ya no situamos en un «Paraíso lejano», ni tampoco en un «Dios separado», sino que constituye el Fondo de todo lo real, en la no-dualidad que todo lo abraza y que en todo se manifiesta.

Pero, para sortear las trampas reductoras de las que venimos –tanto religiosas como científicas-, necesitamos impulsar el cuidado de la inteligencia espiritual.

Una cuestión decisiva: el cuidado de la inteligencia espiritual

Frente a un concepto reduccionista, que limitaba la inteligencia a la capacidad de resolver problemas mediante un razonamiento lógico, en los últimos treinta años estamos asistiendo al reconocimiento de las diferentes «líneas» o dimensiones que implica. Entre ellas, H. Gardner, el primero en hablar de las «inteligencias múltiples», señala las siguientes: lingüística, musical, lógico-matemática, corporal o kinestésica, espacial o visual, intrapersonal, interpersonal y naturista. Por su parte, K. Wilber se refiere a las distintas «líneas de desarrollo» que puede recorrer la inteligencia: cognitiva, interpersonal, psicosexual, emocional, moral…

En concreto, en los últimos años se está prestando una atención especial al cuidado de la «inteligencia emocional», con todas sus repercusiones, y más recientemente aún, a la «inteligencia espiritual». Si la primera se refiere a la capacidad de nombrar y gestionar las propias emociones, y de relacionarnos con los otros constructivamente, la segunda puede definirse como la capacidad de trascender el yo, separando la conciencia de los pensamientos.

La inteligencia espiritual dotaría a las personas de las siguientes capacidades:

• capacidad de reconocer, nombrar y dar respuesta a las necesidades espirituales;
• capacidad de trascender la mente y el yo: somos más que la mente;
• capacidad de separar la conciencia de los pensamientos;
• capacidad de percibir la dimensión profunda de lo real;
• capacidad de percibir y vivir la Unidad (No-dualidad) que somos.

De un modo sencillo, podría decirse que la inteligencia espiritual es la capacidad de leer la realidad desde su dimensión más profunda y vivir en coherencia con ello.

Pero más allá, incluso, de las definiciones que podamos dar, lo que parece innegable es que –como ha escrito Francesc Torralba- el ser humano, independientemente de su credo religioso o adscripción confesional, sea religioso o no, «padece unas necesidades de orden espiritual que no puede satisfacer ni desarrollar si no es cultivando la inteligencia espiritual».

La inteligencia espiritual abre ante nosotros un horizonte ilimitado, que nos permite ubicar todo lo que ocurre en su verdadero contexto. Nos capacita para ver en profundidad, superando la visión estrecha de una mente absolutizada.

Es el cuidado de esta capacidad que llamamos inteligencia espiritual lo que nos va a permitir crecer en conciencia de lo que somos. Sin ella, no lograremos salir de la confusión ni del sufrimiento.

Esto nos hace ver también la importancia de cuidar esta capacidad en el proceso educativo de niños y adolescentes. De otro modo, les estaremos privando de una de las mayores riquezas con las que puede contar el ser humano.

Afortunadamente, cada vez es mayor el interés de padres y educadores por ayudar a los niños y jóvenes a entrar en contacto con esa dimensión. De formas distintas, se está buscando el modo y las «herramientas» para que los más jóvenes puedan experimentar la dimensión profunda de la realidad, empezar a vivirse desde ella y comprobar que es «desde dentro» como se operan los cambios eficaces y donde se encuentra la felicidad.

En cierto sentido, esa demanda podría sintetizarse diciendo que, así como desde hace unos años se ha empezado a tener en cuenta la llamada «inteligencia emocional», quizás sea hora de abrirnos a la riqueza que aporta la «inteligencia espiritual».

No hace mucho tiempo, un profesor de primaria me decía: «Cada vez tengo más claro que uno de los mejores servicios que podemos hacerles a los chicos es ayudarles a observar su mente». Lo que planteaba con esas palabras es claro: hay que trabajar el desarrollo de la mente, pero tienen que descubrir que son más que la mente.

Hablar de «inteligencia espiritual» no significa hablar de religión, sino de «interioridad», «profundidad», de «conciencia transpersonal, transmental o transegoica», de «no-dualidad». Significa experimentar que somos más que nuestros pensamientos y emociones y que, cuando accedemos a esa dimensión, todo es percibido de un modo radicalmente nuevo.

Cualquiera que entra por ese camino puede comprobar por sí mismo cómo la llamada «inteligencia espiritual» potencia capacidades como la serenidad, la observación desapegada de lo que ocurre, la ecuanimidad, la libertad interior, la compasión…

De hecho, en aquellos centros educativos en los que se ha empezado a trabajar la «educación de la interioridad», hasta los profesores más escépticos han terminado reconociendo que, tanto la vivencia personal de los muchachos como las relaciones entre ellos, se han enriquecido notablemente. Y que, para sorpresa de muchos, terminan siendo los propios alumnos quienes reclaman la práctica de la meditación, como modo de acallar la mente y aprender a vivir en el presente.

Como decía al inicio, el interés de los educadores por esta cuestión es cada vez más claro. Y, paralelamente, son más los colegios que se hallan embarcados en esta tarea, como una inquietud que se contagia. Genéricamente, se suele hablar de «Educación de la interioridad», debido a que, para muchos de nuestros contemporáneos, la palabra «espiritualidad» viene cargada de connotaciones negativas. Porque se asocia a algo anacrónico, obsoleto, doctrinario, confesional… Sin embargo, al mismo tiempo, se está empezando a revalorizar aquello a lo que la espiritualidad genuina se refiere: la dimensión profunda, sin la que todo lo humano se empobrece, abriéndose camino el vacío existencial. Debido precisamente a esta nueva consciencia que está emergiendo, y superados los arcaicos y reductores prejuicios materialistas de donde veníamos, son cada vez más las personas que están «saliendo del armario espiritual». Quizás nos estamos haciendo más conscientes de que el olvido de esa dimensión profunda conduce a una «anemia espiritual» insoportable (Mónica Cavallé), cuya consecuencia es la egocentración y el vacío.

Por el contrario, el trabajo con los niños en este campo, puede realizar un gran sueño: que, traspasando el reduccionismo del «mundo chato» (Ken Wilber), que ha caracterizado a gran parte de nuestra cultura –anclada en una visión obsoleta de la realidad, que depende del modelo materialista de la física clásica, hoy ya superado-, seamos capaces de acompañar a los niños en el encuentro con su interioridad. Para que, a la vez que construyen y afirman su identidad psicológica (el «yo»), aprendan que son infinitamente más que él y, gracias a la práctica de la atención, sean capaces de vivir en el presente y de reconocer su Identidad más profunda, aquella identidad «compartida», en la que experimentamos, simultáneamente, la Plenitud de ser y la Unidad con todos y con todo.

El sueño es que, en el siglo XXI, se reconozca la dimensión espiritual (transpersonal) de la vida humana, con todo lo que ello implica a todos los niveles. Porque negar o no tener en cuenta la dimensión espiritual es reducir al ser humano, olvidando precisamente aquello que lo constituye en su verdad última. El cultivo de la auténtica espiritualidad no es una huida del mundo real; no es tampoco la adhesión a una confesión religiosa, a unas creencias o dogmas. Es la práctica que conduce nada menos que a experimentar y vivir lo que realmente somos. Por eso, solo esta experiencia nos garantiza encontrar «nuestra casa», hallarnos a nosotros mismos en aquel «lugar», donde hacemos la experiencia de Unidad con todos y con todo, donde «todo está bien». Únicamente ahí nos encontramos -más allá de nuestro «pequeño yo»- con nuestro verdadero Ser. Y eso lo cambia todo… ¿Cómo privar a los niños del descubrimiento y vivencia de esta dimensión (interior, profunda, espiritual, transpersonal…) en la que, frente al vacío nihilista, propio del yo, se juega la plenitud de la vida?

Enrique Martínez Lozano

Revista Aragonesa de Teología
36 (julio-diciembre 2012) 7-22
CRETA, Zaragoza.

 

http://feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2945-una-b%C3%BAsqueda-espiritual-creciente.html

ENHORABUENA, ENRIQUE


Escrito por  

Enrique Martínez Lozano, este sacerdote turolense (¡Teruel existe, vaya que sí!), es un gran maestro espiritual. Posee el carisma de la luz, la gracia del consuelo, el don de la palabra hablada y escrita. Es un maestro espiritual para este siglo XXI con su nuevo paradigma cultural y su renovada búsqueda espiritual. Con su gracia y su riesgo.

Enrique conoce en primera persona la gracia y el riesgo de nuestro tiempo, que es el tiempo de Dios, como todos los tiempos. Hace pocos días difundió entre sus amigas y amigos una carta, dando una noticia importante para él y para todos nosotros: «Quiero compartiros que he tomado la decisión de dejar el ministerio sacerdotal, por lo que he pedido la secularización».

Leí la carta (breve, sobria, rotunda) muy de prisa y con enorme sorpresa. ¿Había leído bien? La volví a leer reposadamente. Era verdad. ¿Pero de qué me extrañaba? Todo era tan límpido y franco, todo era tan lógico y coherente con su pensamiento y trayectoria, y todo me era tan familiar. Me alegré profundamente por él y por muchos. Hace tiempo que había encontrado su lugar en el mundo en la anchura del Espíritu, y ahora lo habita plenamente. ¡Enhorabuena, Enrique!

No ha sido «una decisión nada fácil», nos asegura, y cuesta poco entenderlo. La institución clerical es una maraña que lo ata todo, hasta las entrañas de uno mismo; la demanda ajena interfiere fusiona con el propio, y la historia personal tiene su ritmo, necesita su tiempo. Y cuando, a través de innumerables censuras, chantajes y presiones sufridas durante años, los nudos se desanudan y los hilos de la vida se unen uno a uno, es un milagro que hay que celebrar como un nuevo nacimiento.

Como todo nacimiento, también éste conlleva ruptura, dolorosa como toda ruptura. Y sucede con frecuencia que se apela a la «comunión eclesial» para encubrir mejor indecisiones y temores. Pero Martínez Lozano lo dice sin tapujos: «No me siento ya dentro de esa estructura». Punto. Él vive una comunión más honda. He aquí un creyente, uno más, que necesita salir «del marco institucional» de la Iglesia para ser fiel al espíritu de la Vida. Es muy fuerte para el que debe hacerlo, y es muy fuerte para la institución eclesial que un maestro espiritual como Enrique deba abandonarla para poder seguir siéndolo. También lo hizo Jesús de Nazaret: fiel al corazón de la Vida y dispuesto a lo que viniera, rompió con su familia, con su profesión y su digno salario de albañil-bricolador, con sus relaciones sociales, y también en el fondo –lo más duro de todo– con el sistema religioso del Templo y de la Ley.

Muchos –entre ellos no pocos teólogos considerados como abiertos y críticos, pero en el fondo anclados todavía en el viejo paradigma dogmático– acusan precisamente a Enrique Martínez Lozano de haberse cargado el dogma cristológico y la fe de la Iglesia. ¿Qué dogma, qué fe, de qué Iglesia? Identifican la Iglesia con una institución dogmática y jerárquica, que nunca jamás le pasó por la cabeza a Jesús. Identifican la fe en él con unas categorías mentales tan metafísicas y dualistas (dos naturalezas, divina y humana, una persona divina, segunda persona de la Trinidad…) que pasmarían o divertirían al profeta de Nazaret. Identifican a Dios con un personaje separado del mundo y dotado de psicología humana, que toda las tradiciones místicas, también la cristiana, siempre han superado (¿No han leído en San Juan de la Cruz que «el centro del alma es Dios» o que «Dios habita sustancialmente el alma»?). Son libres de pensar como piensan, si así les parece mejor. ¿Pero por qué ese empeño en condenar a todos los que hablan otro lenguaje? ¿Por qué confunden el lenguaje con la fe en lo esencial que es indecible? ¿De dónde les viene sino de su ego estrecho esa obsesión de poseer la verdad y de identificarla con unas ideas y además las suyas?

¡Enhorabuena, Enrique! Seguro que tu teología no es la única, ni tú lo pretendes. Pero es necesaria, para liberarnos a tanta gente de las angustias y angosturas de las pobres ideas de nuestro yo más ilusorio. Sigue siendo libre y enseñando a tanta gente a ser libre, feliz y más generosa. Sigue iniciando a hombres y mujeres de hoy en una espiritualidad unificada, integradora, dialogal, samaritana. Una espiritualidad cada vez más necesaria. Sigue enseñando que Lo Que es Es Amor, y que todos nosotros también, a pesar de todo, y más allá de toda dualidad, somos Lo Que Es, y cómo llegar a serlo y respirar por fin.

 

José Arregi

 

http://feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/2946-enhorabuena-enrique.html

Levantaos, alzad la cabeza: Cristo ha Nacido!


¿Tiene algún sentido celebrar la Navidad en medio de esta sociedad que ha olvidado su significado liberador y cuyo sistema social y económico contradice los valores de esta fiesta? Cristo nace, el Mundo Nuevo que él inaugura, mundo sin pobres, de fraternidad y libertad, de Sabiduría y Amor, ya está en los corazones y quiere expandirse a la sociedad y a la historia a través de nuestras manos y nuestros labios. También a través de nuevas estructuras sociales que protejan a los débiles de los lobos que ponen al dinero o al poder sobre las personas. ¿Algo de esto es lo que anuncia la Navidad del Corte Inglés? ¿Es lo que anuncian algunos cristianos comprometidos con el capitalismo brutal? Evidentemente, no. Sin embargo, incluso en aquellos que lo combaten, creyendo, a veces, ser sus seguidores, Cristo nace. La esperanza no muere, el deseo de justicia y amor en los corazones de los pobres, tampoco. Celebremos pues esto, comprometiéndonos con ello. Entonces la celebración no sea una adormidera de las consciencias o un hedonismo embrutecedor, sino una fuente de Revolución contra la injusticia y de Vida frente a la muerte.
Esta Navidad de la Crisis nos pilla en plena victoria aparente de un mundo viejo y decadente, el mundo del capitalismo desenfrenado. Aquí en España hemos pasado de un gobierno socialdemócrata, presionado y autoderrotado por los especuladores, a ser gobernados ahora directamente por ellos, por “los mercados”. En el nuevo gobierno contamos con “perlas” como un ministro de Defensa que es propietario de una empresa de armas, un ministro de economía, que dirigía en España a una de las empresas que parece que más estafas cometieron en el mundo financiero y cuya caída ha hecho agravar la crisis más aún, un ministro, encargado de dar las licencias a las televisiones, contertulio de una tv. privada llamada intereconomía, otro que parece posee siete coches entre otras cosas… Ninguno ha temblado en jurar sobre la Biblia y frente a un crucifijo. Nada de esto parece augurar nada bueno para la gente normal y sencilla, para los trabajadores y trabajadoras, para la mayoría.
En cualquier caso, no es sólo esto lo que existe, es la España oficial, pero la real, la que va a ir sufriendo los recortes en educación, sanidad, protección al desempleo, a los marginados, etc… está cada día más consciente de que las cosas no pueden seguir por las vías que van. Es necesario un cambio en un modelo político y económico cada día más deshumanizado y menos democrático, además de corrupto en demasiadas ocasiones (no se escapan, parece, ni miembros de la familia real). En los corazones de la España real la Navidad es esperanza de un cambio, despertar de este mal sueño.
¿Y Llegará la Navidad también a iluminar a lo queda del Psoe? Parece que sigue enlodado en vías sin futuro entre Chacón o Rubalcaba. Por esos caminos no creo que vayan los deseos de los militantes y de los trabajadores, que, pese a todo, le han dado sus votos. Quizá la Navidad le pueda llegar a través de propuestas como las que hace izquierda Socialista de Málaga.
En cualquier caso, el cambio que necesitamos no es sólo político, es personal y espiritual también, necesitamos conectar con lo más profundo de la realidad, con el Misterio. Sin esa conexión con el Misterio, con Dios, nuestras acciones para cambiar serán reduccionistas y en ocasiones empeorarán aún más lo que tenemos. Hay que conectar con el Misterio y comprometernos con una transformación de nuestra sociedad, para que esa conexión con el Misterio no sea una mera pantomima, como la que hacen ciertos políticos al jurar sus cargos ante la Biblia mientras desmantelan la protección a los pobres, o un autoengaño, sino una realidad que nos transforme a nosotros y a la sociedad. Y hacerlo, no desde el odio, sino desde el Amor, incluso, a los injustos. Combatir la injusticia de forma no violenta y sin dañar la dignidad de las personas, incluso de aquellas que cometen injusticias. Pero de un modo eficaz y no con meras utopías idealistas.
Cambiar el corazón y cambiar las estructuras, es mi deseo para esta Navidad. Feliz Navidad a tod@s.
Que el Señor os inunde con su Gracia.
http://wwwespiritualidadprogresista.blogspot.com/

LA REPRESIÓN DEL DESEO MATERNO Y LA GÉNESIS DEL ESTADO DE SUMISIÓN INCONSCIENTE


Casilda Rodrigáñez y el deseo materno.

Por un comentario de María llegué a la web de Casilda Rodrigáñez y a su blog. Empecé a leer y me di cuenta de que todo lo que ella escribía era una forma ordenada y razonada de explicar lo que para mí eran sólo intuiciones caóticas e informes, vivencias dispersas que intento, desde mi condición de hijo, ordenar, por la liberación de mi madre y de todas las madres, incluída la de mi matriarca, mi mejor amiga.

Gracias María por remitirme a esta autora, ha sido toda una revelación.

Extraigo unos pocos párrafos de su libro que me han parecido geniales:

LA REPRESIÓN DEL DESEO MATERNO Y LA GÉNESIS DEL ESTADO DE SUMISIÓN INCONSCIENTE

El concepto de deseo materno provoca un cambio en nuestro universo semántico y simbólico, y un paradigma distinto de humanidad que incluye un paradigma de ‘pareja’ distinto. Como se dice en este libro, la unidad básica o pareja básica del tejido social humano no debería ser la sustentada por la líbido coital, sino la que sustenta la líbido materna. Aquí sí que hay que darle la vuelta a la tortilla, porque si en nuestras vidas y en nuestro universo simbólico no cambiamos el paradigma de pareja, creo honestamente que la humanidad no tiene salvación posible.
——
La respuesta es que, tan presos y presas estamos del pensamiento falocéntrico en materia de sexualidad, que no nos podemos imaginar otra sexualidad que no sea la que depende del falo. Hasta tal punto que incluso el psicoanálisis tuvo que inventar mecanismos de asociación, de transferencia, etc., para explicar los deseos y pulsiones sexuales que no aparecían vinculadas al coito sino a otras funciones sexuales de la mujer y de las criaturas, y que el pensamiento falocéntrico no podía aceptar por sí mismas.
Así se llega a afirmar que el deseo que tiene el bebé del cuerpo materno es el deseo de acostarse con la madre, es decir, de realizar el coito con ella. Semejante disparate es el pilar sobre el que se ha construido el famoso Complejo de Edipo (del que trataremos más adelante), por el que se atribuye al recién nacido no sólo el deseo de consumar el coito con la madre sino también el deseo de matar al padre.
¿Cómo han conseguido que traguemos con esta barbaridad de que el bebé desea realizar el coito con la madre, cuando la verdad es algo tan elemental y evidente? Aunque bien es cierto que no es distinto que creerse, como se cree la mitad de Occidente, que Jesucristo está en la hostia consagrada.
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Por eso decimos que, en lugar de hablar de sociedad matrilineal sería más propio decir sociedades matrifocales o ginecofocales, porque la estabilidad y la economía de los núcleos humanos no estaba basada en el matrimonio -en la pareja heterosexual- sino en los grupos de mujeres con sus criaturas; los varones del grupo acudían a otros grupos para formar pareja por un tiempo determinado, pero estos emparejamientos no daban lugar a nuevas residencias y no constituían un grupo familiar nuevo; con lo cual, entre otras cosas, eran unos emparejamientos mucho más libres que los de ahora. No constituían un grupo familiar nuevo porque no había intención de crear o continuar linajes o estirpes, porque no había patrimonio que perpetuar; la maternidad estaba desligada del patrimonio y seguía sus propias leyes: las del deseo de protección, de cuidados mutuos y de proveer bienestar: la reproducción humana no podía estar vinculada a la reproducción del patrimonio porque no existía. Los varones, aunque pasasen épocas de su vida fuera, eran considerados miembros del grupo en el que habían nacido, y participaban en el dar y recibir bienestar y en la protección de las criaturas de su grupo, puesto que era lo que de niños habían recibido, aprendido y, en concreto, compartido con sus hermanas. Cuando se marchaban, la madre y las criaturas no quedaban desamparadas porque estaban protegidas por el grupo y parientes consanguíneos. En fín, dice Martha Moia que en los grupos ginecofocales la ‘identidad’ no era individual sino grupal. Las relaciones humanas se basaban en el afán de dar y recibir bienestar,satisfacción mutua y protección. Para esto no hace falta una identidad individual. La identidad individual aparece cuando hay que fijar herederos, primogénitos, esclavos, etc. (…) La represión exterior se organiza en torno a los patrimonios.
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Todo es propiedad privada (es decir, un patrimonio). Todo el planeta Tierra es propiedad privada; no queda un metro cuadrado sin acotar y sin propietario. Puedes comprar o vender un pedazo de tierra, incluso puedes regalarlo, pero siempre como una propiedad, como una posesión. Así ocurre con el deseo y con el amor. En cuanto aparece, inmediatamente es metabolizado por el sistema y transmutado en objeto de posesión; y si se resiste u ofrece dificultades a dicha metabolización, entonces sencillamente no puede ser, se le condena a la extinción. Dado que en este mundo la propiedad privada (y por lo tanto el patrimonio y por lo tanto la familia) es la garantía de no carecer, la posesión quita el miedo consciente -aunque nunca podrá hacer desaparecer el miedo inconsciente primario: esta es nuestra tragedia. Cuando poseemos y nos sentimos poseidos/as parece que no sentimos el miedo.
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El reconocimiento de que hay una líbido femenina maternal que se orienta hacia la criatura que la mujer alumbra, socaba los cimientos del discurso patriarcal.Este reconcimiento llevaría, entre otras cosas, al fin del matrimonio, es decir, de la pareja heterosexual monogámica estable como célula básica y principio de autoridad de la sociedad, y rompería lo que Deleuze y Guattari llaman la triangulación edípica del deseo. En realidad, el reconocimiento de que la sexualidad primaria es una sexualidad maternal, cóncava y no falocéntrica, no habría permitido una interpretación del mito de Edipo en los términos del Complejo de Edipo; habría conducido a la interpretación más sensata de Eric Fromm de que es en la violación del principio maternal donde se encuentra el orígen y el meollo de casi todas las neurosis.

Sacerdotes amenazados ayudan a migrantes


EFE | Fecha: 11/08/2012

El Sacerdote Alejandro Solalinde dejó México por amenazas de muerte

El Sacerdote Alejandro Solalinde dejó México por amenazas de muerte – Univision

El sacerdote católico Alejandro Solalinde está enfrentado con uno de sus superiores

VIDEO:  Alejandro Solalinde enfrentado con superiores – Univision

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Padre Alejandro Solalinde está contento de poder quedarse en albergue de inmigrantes

VIDEO:  Padre Solalinde seguirá lucha por inmigra… – Univision

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El Sacerdote Alejandro Solalinde dejó México por amenazas de muerte

VIDEO:  Alejandro Solalinde se fue de México – Univision

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Condenan amenazas contra Solalinde

VIDEO:  Condenan amenazas contra Solalinde – Televisa

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Sin importar las amenazas

MEXICO –  Enfrentados con el narcotráfico, la Iglesia y el Estado, sacerdotes con una fe a prueba de amenazas, como Alejandro Solalinde o Pedro Pantoja, son la única esperanza para los emigrantes centroamericanos que a su paso por México en su camino hacia EEUU sufren extorsiones, asesinatos y secuestros.

¿Estás de acuerdo con la labor de los sacerdotes? Opina en los Foros.

«Lo primero que necesitan es que se respete su dignidad. Ellos solo quieren pasar, no quieren hacerle daño a nadie, por eso hay que acompañarles y sobre todo protegerles», declaró a Efe el padre Pedro Pantoja en la capital mexicana.

Responsable de la «Casa Belén, posada del Migrante» en Saltillo, municipio del norteño estado de Coahuila, uno de los más azotados por la violencia, relató que las amenazas son «el pan de cada día» y lamentó que en México se esté viviendo una situación atroz a la que bautiza como «el paradigma de la crueldad social».

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el flujo de indocumentados que pasan por el país es de alrededor de 400.000 al año, de los cuales cerca de 70.000 son detenidos en el camino y sometidos a vejaciones y extorsiones por parte de autoridades corruptas y miembros de los cárteles del narcotráfico.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), funcionarios de migración, así como autoridades municipales y estatales, abusan de los indocumentados en su paso por México.

Con visible indignación, el padre Pantoja enumeró cruentos episodios cometidos contra indocumentados en México en los últimos años, entre ellos la matanza de San Fernando, en el norteño estado de Tamaulipas, en la que 72 emigrantes fueron asesinados en agosto de 2010.

«Pensábamos que ya habíamos visto todo en la cuestión del sufrimiento de migrantes, pero no», dijo apenado, tras recordar con impotencia cómo hace tres años en la CIDH, en Washington, las autoridades mexicanas «se burlaron de nosotros diciendo que éramos unos exagerados».

Más en Univision.com: http://noticias.univision.com/mexico/noticias/article/2012-11-08/sacerdotes-amenazados-ayudan-a-migrantes#ixzz2Bg5RjzRC

Minorías fueron decisivas para victoria de Obama


Por Jim Lobe

WASHINGTON, 7 nov (IPS) – El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se aseguró un segundo mandato en los comicios del martes 6 gracias a la mayoría conseguida en el colegio electoral, si bien también derrotó en cantidad de votos a su contrincante, Mitt Romney. Las minorías negra y latina resultaron clave.

Todavía se están escrutando los sufragios, sobre todo en la costa oeste del país, donde se espera que se ensanche el margen a favor del mandatario y candidato del gobernante Partido Demócrata.

De acuerdo a los últimos datos de escrutinio, Obama obtuvo 303 votos electorales y Romney 206. Se necesitan 270 para ganar la Presidencia.

El mandatario recibió 50,3 por ciento de los sufragios, y Romney, 48,1 por ciento, con una diferencia entre ambos que es hasta ahora de 2,5 millones de votos.

En las elecciones legislativas, los demócratas aparecen ganando tres escaños más en el Senado, ampliando la mayoría que ya tenían. Pero la Cámara de Representantes probablemente se configure casi sin cambios, con un control firme del opositor Partido Republicano.

En consecuencia, no se verá alterado el actual equilibrio de poder entre las dos fuerzas que dominan el escenario político de Estados Unidos.

Pero la derrota de al menos dos candidatos republicanos al Senado que se identifican con el movimiento ultraderechista Tea Party podría conducir a este partido a posiciones más centristas, tal como hizo Romney en la campaña, luego de apelar a los sectores derechistas en las elecciones primarias.

Romney reconoció su derrota en una llamada telefónica a Obama poco después de la una de la mañana de este miércoles 7, hora del este del país, (06:00 GMT), y se dirigió a sus correligionarios en Boston con un llamado a la unidad.

Tal como se esperaba, Romney ganó en casi todos los estados del sur, si bien dos de los tres distritos «oscilantes», Virginia y Florida, se inclinaron por Obama.

El postulante republicano también se impuso en la región agrícola del medio- oeste, con excepción de Iowa, uno de los nueve estados oscilantes del país, donde el mandatario ganó con un claro margen. Romney triunfó asimismo en todos los distritos de las Montañas Rocosas, excepto en Nuevo México, Nevada y Colorado.

Por su parte, Obama ganó en el noreste, incluso en el tradicional bastión republicano de New Hampshire, y en los estados industriales de la costa atlántica y en los del alto medio-oeste, desde Minnesota a Maine y Maryland, y en el considerado como más importante distrito oscilante, Ohio.

El presidente, primer afrodescendiente que gobierna Estados Unidos, consiguió asimismo sólidos triunfos en California, el estado más poblado del país.

Resultó notable que Romney fuera derrotado en su propio estado, Massachusetts, al igual que lo fue su compañero de fórmula, Paul Ryan, en Wisconsin.

De hecho, si bien Ryan sirvió para galvanizar el apoyo de la base electoral derechista del partido, sus puntos de vista económicos, radicalmente opuestos al gobierno, y su repugnancia al aborto legal pueden haber jugado en contra, en especial entre las mujeres.

Los primeros análisis indican que una mayoría de 55 por ciento de las votantes se inclinaron por Obama, tal como en 2008, confirmando el importante retroceso de género que viene acosando a los republicanos desde hace más de una década.

Pero, si bien el voto femenino marcó una diferencia relevante en los estados donde la elección era reñida, la voluntad de las minorías étnicas, en especial de los afrodescendientes y de los latinoamericanos, fue incluso más crucial.

En concordancia con la estrategia de Obama, la concurrencia a las urnas de ambos grupos y la proporción de sus preferencias por el mandatario pueden haber marcado récords históricos, según los primeros datos.

Obama consiguió entre 70 y 75 por ciento de los sufragios de los «latinos», que habrían elevado su participación electoral en al menos 25 por ciento respecto de los anteriores comicios. Las organizaciones de esta minoría ya aseguran que estos resultados deberían colocar la reforma migratoria bien arriba en la agenda del presidente y del Congreso legislativo.

«Los demócratas la quieren, y los republicanos ahora la necesitan», dijo en referencia a la reforma el analista David Green, de CNN, quien fue consejero de los expresidentes Ronald Reagan (1981-1989), George Bush (1989-1993) y Bill Clinton (1993-2001).

Los latinos emitieron votos cruciales en estados del sudoeste y la costa atlántica, y los afroestadounidenses contribuyeron a alinear con firmeza los distritos industriales, en especial los del «cinturón del óxido» del norte y noreste, en las columnas de Obama. Las encuestas a boca de urna indican que el mandatario arrasó: se llevó 95 por ciento del voto negro.

Si bien la comunidad judía constituye apenas 2,5 por ciento del padrón electoral, su peso desproporcionado en estados oscilantes como Florida, Virginia y Ohio se consideraba clave para los dos partidos, que se emplearon a fondo para cortejarla.

De acuerdo a las encuestas, 70 por ciento de los votantes judíos eligieron a Obama, cuatro por ciento menos que en 2008, pese a las reiteradas acusaciones de Romney de que el presidente «dio la espalda a Israel», y de una campaña de seis millones de dólares, financiada por el potentado Sheldon Adelson, para persuadir a esa minoría de votar por los republicanos.

Para sorpresa de muchos analistas, que preveían una marcada declinación del apoyo juvenil a Obama, los electores jóvenes (18-29 años) tuvieron una concurrencia a las urnas que creció de 18 por ciento en 2008 a 19 por ciento ahora. Y su preferencia por Obama fue de 60 por ciento, mientras apenas 36 por ciento fue para el derrotado Romney.

El republicano, en cambio, consiguió 58 por ciento de los votos de los blancos, mientras Obama apenas logró 40 por ciento, retrocediendo respecto del 43 por ciento que había obtenido en 2008.

Pero los avances entre las minorías parecen haber sido más determinantes. Los blancos constituyen 72 por ciento del padrón electoral, dos por ciento menos que en los anteriores comicios.

Había en esta jornada electoral una cantidad de otros asuntos a consideración de los votantes de muchos estados. Hubo mayorías en varios de ellos para legalizar el matrimonio homosexual, un hecho en el que por primera vez las urnas contradicen fallos judiciales.

En Washington y en Colorado se aprobó la legalización del consumo de marihuana con fines recreativos, y en Massachusetts ocurrió otro tanto para su uso con fines medicinales. (FIN/2012)

 

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=101848

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