Limpieza de Imagen


01 14:00:52 de junio de 2013
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El padre Manuel, hoy inocente de todo cargo, también recurrió a sus hermanos para pedir techo y comida… (Nancy Velásquez, Virgen Consagrada).

 

Permítanme gritar. Lo pide mi espíritu. Porque estas  láminas que presento más abajo no me dejan dormir. ¡Menos en un día de lluvia cuando una se pone un poco más reflexiva!
 
1) Del afiche de Caritas me mueve la frase: “Soy Católica Siempre”
2) Del afiche del Medio: “Son pocos los que oran por ellos”
3) De la foto del P. Manuel Hervia: “Su historia”
Esa es la motivación para pedirles me dediquen un tiempito y su oración.
Y si pueden, y mi reflexión está en consonancia con su sentir, hagan correr por sus correos mi intervención.
Hace dos años conocí al P. Hervia y a la Hna. Pablina Celedón en su calidad de “imputados” cuando sobre ambos pesaba una acusación salvaje.
Él habría violado a cinco niñas de entre 4 y 7 años, en el Hogar de Menores que dirigía la Hna. Pablina. A ella (de 75 años aprox.) se le acusaba de ser su amante y encubridora.
Supe del caso a través de la prensa. Y al estar con ellos confieso que me quedé confundida. ¿Consagradas (os) como yo, viviendo esto? Siniestro porque aquí las cosas espirituales se quiebran, se rompen, se hacen añicos. Sólo el amor y misericordia de nuestro buen Señor, que pone siempre a personas anónimas que tienden la mano con una sonrisa o una sopita para calmar el nervio y la desesperación, sostienen. Personas que entienden el corazón humano y que dan compañía en la oración para no decaer. ¡Pero son tan poquitos!
Por cosas del destino me vi compartiendo con ellos una vez al mes. Por lo que soy observadora de su proceso interior y testigo del dolor inmenso de ambos. De la impotencia de saberse inocentes. De la rabia al comprobar la maldad humana que les robaba la dignidad. Dolor por la incomprensión o silencio de sus pares.
Se sentían solos, humillados, abandonados. Por mi trabajo en las cárceles sé que el tiempo, solo el tiempo da luces de culpabilidad o inocencia. Y eso me llama a pedir para ellos “La urgente restitución de imagen”.
En los primeros meses se preguntaban; ¿Cómo defenderse? ¿De qué vivir? ¿Cómo cubrir los gastos judiciales? ¿Cómo hacerse de medicinas para paliar en parte el deterioro físico producto de la situación que vivían? ¿Y la vergüenza de ser llamados delincuentes- imputados?
¿Y la presunción de inocencia mientras no se demuestre culpabilidad?
La última pregunta cuestiona. Nuestro país es exageradamente castigador. Castiga en todas las capas sociales. En todos los estamentos. Lamentablemente en el ámbito religioso se es más duro. Aunque la sirena de alarma es la “Misericordia”.
En verdad los vi enfermos de dolor. Las luces aparecían en sus ojos sólo cuando pensaban en el día que se aclare todo y se declare su inocencia. Pero el tiempo se hace eterno cuando se pierde la libertad. Esto también lo aprendí con los encarcelados.
El SENAME se querellaba una y otra vez. Los perseguía permanentemente.
Curiosa esta institución. Usa todos los medios cuando acusa. Y cuando es acusada pone paños fríos y hace silencio. El SENAME es como un árbitro saquero.
Las Hermanas del Purísimo Corazón de María no cuidaron ni defendieron a su Superiora. Tal vez buscando el “bienestar de las niñas que cuidaban”. Pero a ratos pienso que cuidando también su propia imagen. Yo suponía que conocían más a una hermana con la que viven que a cuidadoras o niñas que vienen y van ¿…?
Las acusadoras eran dos profesionales despedidas por mal uso de poder contra las niñas. Juraron venganza. Y lo lograron. Tuvieron al cura y a la monjita dos años viviendo en el mismo infierno.
El bien siempre vence al mal
La justicia falló.
Sólo el The Clinic lo registró; “El perseguidor Marco Mercado, en una audiencia ante el 7º Juzgado de Garantía, formuló la decisión de “no perseverar”, no acreditó la veracidad de los testimonios de las menores denunciantes.
El magistrado Ponciano Sallés confirmó la petición y levantó las medidas cautelares contra Hervia, y la monja Pablina Celedón, acusada también por los mismos hechos.
En la oportunidad Mercado reveló que “por error” recibió un mail, donde los querellantes se coordinaban con el Cavas de la PDI para hacer cuadrar los relatos.
El OS-9 de Carabineros tampoco quedó fuera, porque le ofrecieron a la fiscalía un video con la confesión de una menor, registro que nunca existió”.
En otra entrevista que el P. Hervia concedió a The Clinic en 2011 se lee;
¿Si la justicia lo declara inocente? ¿Volverá a la Iglesia?
El Padre respondió; “Creo que tengo que volver. No he hecho ningún daño”.
La Justicia hizo su trabajo, falló; INOCENTES Y CASO CERRADO.
Él y la Hna. Pablina alegaron inocencia siempre. A ella no la he vuelto a ver. Se fue a vivir a casa de su hermana fuera de Santiago. Una monja de más de 25 años de consagración volvía a casa “imputada”. El padre Manuel también recurrió a sus hermanos para pedir techo y comida.
¿POR QUE ESCRIBO ESTO?
Por el silencio de los católicos que conocemos esta historia o muchas otras de igual injusticia.
¿ME PREGUNTO POR QUÉ ME CRUCÉ EN SUS VIDAS? LA RESPUESTA LA   ENCUENTRO EN EL ¿PARA QUÉ? HE ESPERADO DE OTROS, ACCIONES DE DESAGRAVIO. ¿SOY YO QUIEN DEBE PERMITIRSE ESE MINUTO DE VALENTIA POR FE, AMOR A LA IGLESIA Y A SUS PASTORES?
Porque desde el fallo que decreta inocencia espero día a día una nota de prensa donde se limpie la imagen de ambos. Miro Google y sólo encuentro que “The Clinic” cubrió la noticia.
No me refiero a confirmar la inocencia. “Me refiero a limpieza de imagen”
1)      Espero una nota de desagravio del SENAME. No se puede creer en una institución que no pide perdón. Porque entonces los sigue considerando culpables.
2)      Espero una nota fraterna de la Comunidad Religiosa que expulsó a la Hna. Pablina. Una nota a la prensa para devolver la evangélica confianza en ellas.
Errar es humano. Pedir perdón engrandece a las personas y a las instituciones.
3)      Una nota o muchas notas de católicos comprometidos o anónimos que les apoyen.
Ambos religiosos han dado la vida por los hijos de Dios. No son “aparecidos recientes”. Son personas que, a su manera y en su estilo, han dejado los pies en la calle predicando y anunciando el Amor de Cristo. ¿Es mucho pedir?
Detrás de este sacerdote y de la religiosa mencionada hay un hombre y una mujer que merecen un trato digno. Son inocentes según la justicia de los hombres. Son sagrados según la justicia de Dios. ¿Y los culpables dónde están? Habrá para ellos también un par de años “imputados” por las mentiras elaboradas cruelmente.    
NANCY VELASQUEZ A., Virgen Consagrada.

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