¿Nos atreveríamos a hacer algunos cambios en la liturgia pensando en la evangelización de nuestro pueblo?


Arnaldo Zenteno S. J.
jun172013

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Algunas preguntas mordientes…
Introducción.
Pensando en las puertas que ha ido abriendo el Papa Francisco, quiero pensar que también va a abrir algunas puertas en relación con la Liturgia.
Desde el Concilio Vaticano II la Celebración de la Eucaristía y en general la Liturgia ha recibido un aire nuevo y un inmenso impulso renovador antes impensable. Un primer cambio fundamental fue el poder celebrar en la Lengua propia de cada lugar.

La invitación Conciliar a la participación activa, consciente y piadosa en las Celebraciones se ha concretado de muy diversas maneras, una de ellas es en la música y canto de las celebraciones. Otro cambio ligado a otros aires renovadores del Concilio es el de la predicación más bíblica y menos moralizante. Sin embargo podemos preguntarnos si no nos hemos detenido a medio camino y si no hemos caído en la Rutina. ¿Nuestras Celebraciones son en verdad una Liturgia viva, encarnada y expresión de una Fe comprometida? O ¿seguimos atados a un ritualismo y a la imposibilidad de hacer aunque sea pequeños creativos cambios? ¿Nuestra Liturgia es tan universal y uniforme que se vuelve algo casi abstracto alejada de la vida concreta de nuestro Pueblo?¿No se puede aplicar a nuestras Celebraciones lo que decía el Papa Paulo VI al final de la 2ª. Etapa del Concilio que un grave mal de nuestro tiempo es la separación, el divorcio entre la Fe y la Vida. ¿Es también un grave mal de nuestro tiempo la separación o el divorcio entre la Liturgia y la Vida?

Dentro de los cambios que convendría hacer en la Liturgia para avanzar en la línea que nos señala el Concilio Vaticano II, y en los gestos de cercanía con el Pueblo con que se ha ido comunicando el Papa Francisco, sería bueno ir cambiando algunas de las fórmulas tradicionales de la Liturgia que dan una visión distorsionada del Dios que nos revela Jesús.

Para entender por qué hablo de la necesidad de hacer algunos cambios en las formulaciones litúrgicas, les pido que pensemos en estos cambios de cara a la gran cantidad de católicos que casi su único contacto con el mensaje de Jesús, es la Misa Dominical. En la práctica ese para ellos es el único espacio en que de alguna manera van formando su visión de Dios, del mensaje de Jesús, del pecado y del perdón etc. Por eso mi pregunta es en el modo como celebramos la Eucaristía ¿Qué mensaje están recibiendo? No en teoría, ni solo por la predicación, nuestra celebración ¿es una invitación a recibir la Buena Noticia de Jesús? ¿Despierta la confianza en Dios nuestro Padre querido y en su perdón, quita los miedos, enciende la alegría y el deseo de Dios y su Reino de amor, justicia y solidaridad? Para esos católicos de domingo les queda claro y sentido que Dios es Padre Misericordioso y Dios de todo Consuelo ( 2ª.Cor) y que Jesús es nuestro hermano y que su sueño y pasión por el Reino de Dios, es por una Vida Digna especialmente para los más pobres y excluidos?

Veamos algunos ejemplos de algunas fórmulas litúrgicas que convendría cambiar si nos atreviéramos a hacerlo sin por ello sentir que cometemos una falta grave. Y ojalá lo hiciéramos para estar más de acuerdo con el espíritu de Jesús y para así responder a la necesaria y adecuada evangelización que nuestro Pueblo espera y a la cual tiene derecho.

Veamos algunos ejemplos concretos de esto que voy planteando.

a) Si pensamos en las palabras de la Consagración, obviamente no son una fórmula mágica. Aun antes de la aprobación Conciliar en Chile la Misa ya se celebraba en español-autorizado esto por los Obispos y por Roma, pero las palabras de la Consagración tenían que ser en Latín.

Desde 1966 y 1969 se autorizó entre nosotros la Celebración en español, pero en las palabras de la Consagración se tenía que utilizar el vosotros y no el ustedes. Y ahora después de tantos años viene desde Roma la autorización de emplear el Ustedes…y tuvo que venir desde Roma. Pero además se pone una traducción – creo que literal del latín- donde se nos dice que hay que decir: La Sangre derramada por “muchos”, en lugar de por “todos” o por la humanidad.

En traducciones serias de la Biblia, se dice que eso es un modismo que en realidad equivale a todos. Pero aun prescindiendo de esa explicación ¿quién de nosotros se atrevería a afirmar que Jesús no entregó su vida por todos, sino solo por muchos? ¿Eso predicaríamos y enseñaríamos en el catecismo? Y ¿Quiénes son esos muchos? ¿nosotros? o ¿los católicos devotos?.Se podrían citar muchos estudios bíblicos que analizan muchos pasajes bíblicos que nos hablan de la salvación universal. En ese sentido la interpretación de “por muchos.” hay que verla en ese contexto, y no como un texto aislado de discutible interpretación. Se puede consultar al respecto un estudio amplio y bien documentado de Noé Soto Valdez sobre la Universalidad de la Salvación de Cristo (pueden ver el resumen de este artículo en el No. 199 -2011de Selecciones de Teología)

b) Lo central en la vida Cristiana es el Seguimiento de Jesús en la construcción del Reino. Me pregunto y podemos preguntarnos ¿Cómo está presente el Seguimiento de Jesús y su pasión por el Reino en las fórmulas oficiales de la Liturgia y en el modo como celebramos la Eucaristía? Creo que excepto en el Padre Nuestro, no se menciona el Reino de Dios en el Ritual de la Misa.

c) La proclama tan importante: Con Cristo, con El y por El…a ti Dios Padre Omnipotente todo honor y toda Gloria ¿No sería mejor en el espíritu de Jesús y como proclama Pablo en la 2ª.Corintios, decir: a Ti Dios Padre Misericordioso y Dios de todo Consuelo ¿Cuándo habló Jesús en esos términos de Padre Omnipotente? Y ya que toqué este punto me pregunto ¿nos atrevemos a decir en las celebraciones: Dios Padre-Madre?, y en lugar de Todopoderoso, ¿podríamos proclamar Dios Padre-Madre Todo Amoroso? Tal vez les parecerá que exagero, y puede ser exageración, pero es bueno decir lo que pensamos, ventilar diversos puntos de vista y aun atrevernos a ponerlo por escrito.

Respecto al “todo honor y toda Gloria” es bueno tener presente que cuando Jesús nos habla de la Gloria del Padre nos dice que consiste en que seamos auténticos discípulos suyos (Jn 15). Y en el espíritu del Magnificat, Mns. Romero proclama: La Gloria de Dios consiste en que los pobres tengan vida transformando lo que Sn. Ireneo proclamó en el siglo II – La Gloria de Dios consiste en que los hombres (hoy diríamos: los hombres y mujeres) tengan vida. Este modo de entender evangélicamente la Gloria de Dios ¿cómo lo expresamos en la Celebración de la Eucaristía?

d) La Formulación del Credo que es un punto muy delicado de tocar, pero que no podemos dejar de lado. Como bien decían varios santos padres y como el teólogo y canónigo González Ruiz sintetizó en una frase, Creer es comprometerse-obviamente según el Reino de Dios. Pero-perdonen de nuevo el atrevimiento- tal como está formulado el Credo que proclamamos en las Eucaristías, aunque sin duda es verdadero y tiene una larga historia en la vida de la Iglesia sobre todo por las controversias teológicas y para rechazar o condenar las herejías. ¿A qué nos compromete y qué tiene que ver con nuestra vida concreta?

Pensando en la realidad eclesial y que muchos católicos no va ni va a ir a Catecismo, ni a talleres de formación y que casi su única referencia es la Misa, la formulación del Credo que actualmente proclamamos ¿Qué mensaje les deja y qué omisiones importantes tiene? Si proclamamos-lo que es cierto: Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra ¿Dónde queda el Padre Misericordioso y el Dios de todo consuelo que proclama Pablo? ¿Dónde queda Dios Amor de que nos habla Juan en su carta? ¿Dónde queda el Abba, Padre querido como invocaba Jesús?

De paso les digo que unas 6 veces se habla en las fórmulas litúrgicas de Dios “Todopoderoso” o de Dios “Omnipotente” Esa insistencia ¿la hallamos en el Evangelio? En sus tentaciones mesiánicas Jesús rechaza expresamente la tentación del poder. Jesús entra a Jerusalén en un burrito, no en coche y grandes caballos como los poderosos de su tiempo. Jesús camino de Jerusalén y en la Última Cena critica esa ansia de poder de los discípulos y critica a los reyes que oprimen a los pueblos, se sienten sus dueños y todavía quieren que los llamen bienhechores. Que no sea así entre ustedes, advierte Jesús a los discípulos. En ese contexto y en el contexto del uso y abuso del poder que se da en la familia, grupo, cooperativa, gobierno etc…¿Es conveniente o tiene sentido subrayar tanto al hablar de Dios, el decir que es Todopoderoso?

En un sentido semejante al referirnos a Dios, en el Yo confieso ante Dios Todopoderoso, eso más bien nos daría miedo. Es muy distinto si nos confesamos ante Dios nuestro Padre Misericordioso tal como nos lo muestra Jesús en la Parábola llamada del Hijo Pródigo.

Al proclamar nuestra Fe en Jesús- en esa formulación del Credo, aun diciendo verdades muy verdaderas, al común de los mortales se nos atora entender el “descendió a los infiernos”. Y sobre todo nos preocupa que su Misión Misericordiosa, su compasión salvadora allí no aparece, y sí se subraya el que ha de venir a Juzgar a vivos y muertos. Algo fundamental en la vida y predicación de Jesús es el Reino de Dios, y esto no aparece en el Credo que proclamamos cada domingo. Y nuestra fe en el Espíritu Santo, se proclama simplemente “Creo en el Espíritu Santo” y no alcanza allí ni siquiera un adjetivo o algo que indique su Misión como nos la anuncia Jesús en el Evangelio y proclaman los apóstoles desde su predicación en Pentecostés.

e) Al invitar a orar antes del Prefacio decimos: Oremos hermanos para que este sacrificio mío y de ustedes sea agradable a Dios “Todopoderoso” para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia. ¿No sería mejor decir sea agradable a Dios que es Amor, o a Dios nuestro Padre querido? Me pregunto ¿en qué pasaje del Evangelio Jesús nos dice que invoquemos a Dios como Todopoderoso? Y en lugar de terminar diciendo que sea para bien de su santa iglesia ¿no sería mejor decir para bien de toda la humanidad? O al menos podríamos decir para bien de su santa Iglesia y de toda la humanidad. Son detalles, podrán decir, pero reflejan un espíritu, una teología y una mentalidad. Y reflejan también una práctica y un enfoque de nuestra pastoral.

f) Repetidamente pedir perdón. Me pregunto ¿por qué tantas veces en la Misa (al menos 9 veces) – pedimos perdón? Parecería que habría que arrancarle el perdón a Dios, pero el Evangelio nos habla que al Padre se le conmueven las entrañas y es el primero que corre a abrazar al hijo y darle su perdón. ¿No bastaría pedir perdón en el acto penitencial, recordarlo en las palabras de la Consagración del Vino y pedirlo en el Padre Nuestro? Y además cómo evitar que algunas oraciones de perdón y el invocar el “sacrificio” de Jesús, den la impresión de que se hacen como para aplacar a un Dios justiciero.

Conclusión.

Espero no haberme excedido en mis preguntas y comentarios, y espero que se entienda el espíritu con que las hago. También quiero decirles que no soy ingenuo, y que soy consciente de que aun los pequeños cambios que sugiero, es casi imposible que se aprobaran de Roma- aunque tal vez ahora con el Papa Francisco se puedan ir haciendo. También es casi imposible que los sacerdotes y las comunidades parroquiales fueran haciendo algunos cambios-como antes muchos sacerdotes usaron el “ustedes” en lugar del “vosotros” aun antes de que este “gran” cambio se aprobara.

Sobre lo que he escrito quiero decirles con sencillez que me anima a escribirlo el amor apasionado a nuestro Pueblo, su hambre y su necesidad de una evangelización y celebraciones encarnadas en su vida concreta. También me anima a escribirlo un amor muy profundo a la Eucaristía como centro de nuestra vida cristiana donde especialmente unimos nuestra vida, nuestra pequeña vida a la vida de Jesús, donde unimos nuestro pequeño y frágil amor, al inmenso Amor de Jesús y su pasión por el Reino, donde el pequeño pan que es nuestra vida, en Jesús se transforma en pan, alimento bueno para los demás y en particular para tantos excluidos de la Mesa de la Vida.

No sé si estén de acuerdo conmigo, pero como esto me apasiona vuelvo comentarles lo que les decía anteriormente: cuando los domingos y en las grandes fiestas veo los templos abarrotados y pienso en la poca y débil evangelización con que muchas de esas personas llegan a la Misa, se me estremece el corazón con Jesús al ver a las multitudes y sentirlas como ovejas sin pastor. Esas multitudes llegan buscando aunque sea vagamente a Jesús, y muchas llegan con mucha hambre de Jesús y de su Palabra de Vida. Ante esa realidad conviene preguntarnos: Tal cómo celebramos la Misa y con las oraciones que en ella hacemos, y tal como predicamos ¿Nuestras Celebraciones predomina el Rito o son en verdad alimento de vida para ellos? ¿Son el Encuentro que deberían ser con Jesús y su Reino? ¿Son nuestras celebraciones un espacio de Comunión y encuentro fraterno? En nuestras Eucaristías ¿se realiza lo que proclamaba y soñaba el Concilio?: Que los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de la humanidad sean también nuestras y que en ellas hallen con plenitud el sueño, la plegaria y el compromiso por la vida digna, vida plena que Jesús quiere para todos.

Managua, Nicaragua. Junio 2013

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

 

 

 

 

http://www.redescristianas.net/2013/06/17/nos-atreveriamos-a-hacer-algunos-cambios-en-la-liturgia-pensando-en-la-evangelizacion-de-neustro-puebloarnaldo-zenteno-s-j/

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