LOS SACERDOTES CASADOS, SIGNO DEL ESPÍRITU (III)


30.06.13 | 10:40. Archivado en Signos de los tiempos

 

Vocaciones son los “talentos” (Jesús) y los “carismas” (Pablo)
Todos estamos llamados a ser cristianos, porque todos tenemos la capacidad, “talento” o “carisma” para “amar gratis”. Es un don que Dios da a todo ser humano, y que se vincula a la racionalidad y libertad. Pablo dice que la capacidad de “amar” es el carisma (la “gracia”) “más excelente”. Los otros talentos sin este amor “no sirven” al bien, e incluso pueden convertirse en agentes de perversión contra uno mismo y los demás. Jesús vive y propone este “amor”, similar al del Dios Padre-Madre que hace salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos: “amaos como yo os amo”.

Los demás talentos, como la propia vida, son dones gratuitos, que, la experiencia nos dice, están repartidos fuera de nuestro control. Talentos en la sociedad y en la comunidad cristianas. Para el creyente, todos los talentos son “llamadas”, “vocaciones”, del Espíritu de Dios para el desarrollo de la propia vida y de la ajena. Diversos grados de inteligencia, creatividad, libertad (Gál 5,13-18: “vuestra vocación es la libertad”: capacidad de autodominio, de disponer de sí mismo), audacia emprendedora, confianza en la vida, capacidad organizativa, intuiciones valiosas, interpretación de la realidad, aguante ante las dificultades, capacidad curativa, capacidad de enseñar…

El celibato obligatorio, para ejercer cualquier “carisma”, carece de inspiración bíblica
Más aún, la inspiración bíblica lo contradice: “Dios creó al hombre, varón y mujer, a imagen suya” (Gen 1,27). Es la pareja quien refleja la imagen del Dios-Amor. “No es bueno que el hombre esté solo; voy hacerle una compañera” (Gen 2, 18). Jesús no lo exigió a sus apóstoles, ni lo recomendaba (Mt 19,11-12). Los apóstoles estarían casados. De Pedro nos consta por casualidad. Para los judíos casarse y tener hijos era voluntad o mandato de Dios creador: “creced y multiplicaos” (Gén 1, 28). El clan familiar se ocupaba de colocar en matrimonio a sus hijos.

Que no es “ley del Señor” claramente lo dice Pablo: “Sobre las vírgenes no tengo precepto del Señor” (1 Cor 7,25). Más aún, Pablo da un criterio para elegir obispo, que con la ley celibataria se ha perdido: “que gobierne bien su propia familia” (1Tim 3, 4). Y para aquellos que decidieron no casarse o permanecer viudos, les aconseja: “si no se pueden contener, que se casen, pues es mejor casarse que abrasarse” (1Cor 7, 8-9). Es norma bíblica, y, por tanto, por encima de cualquier otra norma eclesial. Dios no quiere que el ser humano esté “reprimiendo” su naturaleza habitualmente.

Impostores hipócritas
El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos apostarán de la fe prestando atención a espíritus embusteros y a enseñanzas de demonios, valiéndose de la hipocresía de impostores marcados a fuego en su propia conciencia, que prohíben casarse y abstenerse de manjares que Dios creó…” (1Tim 4,1-3). ¡Qué bien se define a los fanáticos de la ley: “impostores marcados a fuego en su propia conciencia”! Si se abrieran los archivos que guardan los expedientes de secularización de presbíteros y obispos, veríamos cuánto disparate, engaño y dolor han tenido que sufrir los sometidos a esta legislación tan despótica de la Iglesia. “Prohibir casarse”, dice el texto revelado, es de “impostores hipócritas”. Pues hasta aquí han llegado algunos dirigentes eclesiales en su afán por mantener en el celibato a miles de sacerdotes en contra de su voluntad. Dar largas a las solicitudes, obligarles a mentir, dar por hecho su inmadurez, etc., son hechos que demuestran la voluntad de impedir o prohibir algún tiempo un derecho fundamental humano, como es el matrimonio. Así lo reconocen dirigentes de ASCE (Asociación de Sacerdotes Casados Españoles) en mensajes de Twitter enviados recientemente al Papa y a varios cardenales: “Santidad: Paralice canonización Juan Pablo II. Retuvo más de seis mil dispensas de sacerdotes solicitantes durante muchos años” (03-04-2013), (24-04-2013). “Paralicen beatificación Paulo VI. Su Encíclica “Coelibatus sacerdotalis” contiene humillaciones y vejaciones a sacerdotes secularizados”. (20-04-2013). “El rescripto de secularización sacerdotes es humillante, impropio, casi vejatorio. Cambien todo el sistema. Urge” (16-04-2013).

Con mucho sentido común, Pablo pide los mismos derechos para toda persona dedicada a la promoción del Evangelio. Además se trata de un derecho natural humano, como el derecho primario de comer y beber: “¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber?, ¿acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?… (1Cor 9,4-5). Un poco antes, al hablar del tema matrimonio y virginidad, tras sostener la libertad como criterio básico, “según el don particular que Dios le ha dado” (7, 7-9), plantea el caso del enamoramiento entre un misionero itinerante y su compañera de trabajo soltera, caso repetido infinidad de veces en la historia de nuestra Iglesia: “Supongamos que uno con mucha vitalidad piensa que se está propasando con su compañera y que la cosa no tiene remedio: que haga lo que desea, no hay pecado en eso; cásense. Otro, en cambio, está firme interiormente y no siente una compulsión irresistible, sino que tiene libertad para tomar su propia decisión y ha determinado dentro de sí respetar a su compañera: hará perfectamente. En resumen, el que se casa con su compañera hace bien. y el que no se casa, todavía mejor” (1 Cor., 7, 36-38). ¿No es mejor esta solución que la solución actual que “tantos problemas ha traído a la Iglesia y a las personas”, “ha traído muchos escándalos, mucho sufrimiento”, “ha causado mucho daño y dolor” (son expresiones de otros mensajes de Twitter enviados recientemente al Papa y a varios cardenales).
Seguirá.

Rufo González

 

 

http://blogs.periodistadigital.com/atrevete-a-orar.php/2013/06/30/los-sacerdotes-casados-signo-del-espirit-1

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