ARGENTINA: Arranca el juicio por el asesinato del obispo Angelelli


nov052013

 

Religión Digital

Menéndez y Estrella, los únicos imputados vivos
Falleció durante los años duros de la dictadura de Videla
Angelelli, Enrique Ángel y otro s/homicidio calificado, tentativa de homicidio calificado, asociación ilícita agravada en calidad de autores mediatos y en concurso real, causa de lesa humanidad

La justicia federal de La Rioja arrancó esta mañana con el juicio por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, perpetrado el 4 de agosto de 1976 mientras viajaba en auto desde Chamical hacia la capital de La Rioja, y que se intentó simular como si hubiese sido un accidente.

Ante el Tribunal Oral Federal de La Rioja se juzga al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y al vicecomodoro Luis Fernando Estrella, dos de los cinco imputados originales, dado que los otros tres fallecieron.

La causa se tramita bajo la carátula “Angelelli, Enrique Ángel y otro s/homicidio calificado, tentativa de homicidio calificado, asociación ilícita agravada en calidad de autores mediatos y en concurso real, causa de lesa humanidad”.

La acusación está a cargo del fiscal federal Horacio Salman y las querellas del ex juez Miguel Ángel Morales, abogado de la familia de Angelelli y de la Iglesia.

Morales señaló esta semana que no hay ninguna duda que (el obispo) fue asesinado”.

Para el abogado “la expectativa es que comience el juicio porque se están muriendo muchos de los imputados y testigos y tenemos el riesgo de que se profundice la impunidad”.

El 4 de agosto de 1976, Angelelli y el ex sacerdote y amigo personal Arturo Pintos regresaban a la capital riojana desde la localidad de Chamical, luego de participar de una misa en memoria de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, quienes habían sido asesinados y que pertenecían a su diócesis.

Angelelli y Pintos viajaban en una camioneta Fiat 125 Multicarga, cuando a la altura de la localidad de Punta de los Llanos, a unos 100 kilómetros de la capital riojana, por alguna razón la camioneta no respondió y terminó volcando.

A raíz del vuelco, Angelelli salió despedido y su cuerpo fue encontrado unos metros más adelante sobre el pavimento, con los brazos en cruz, mientras que Pintos estuvo durante varios minutos inconsciente.

Sin embargo, testigos y el propio Pintos declararon después que fue un automóvil blanco, presuntamente un Peugeot 504, el que provocó el incidente al cruzarse por delante de la camioneta que conducía el obispo, quien supuestamente traía consigo el resultado de la investigación de los asesinatos que él mismo había encarado. Incluso, algunas versiones indican que los ocupantes de ese auto blanco bajaron y dispararon en la nuca del obispo.

La autopsia posterior confirmó que Angelelli murió a consecuencia de un golpe de elemento contundente en el hueso occipital, además de haber sufrido otras heridas y lesiones, incluida la fractura de varias costillas.

Sin embargo, durante la instrucción de la causa se estableció que Angelelli fue asesinado porque, desde julio de 1976, investigó por cuenta propia los homicidios de Murias y Longueville.

(RD/Agencias)

 

 

http://www.redescristianas.net/2013/11/05/arranca-el-juicio-por-el-asesinato-del-obispo-angelelli/

La flagrante discriminación de la mujer en la Iglesia es un escándalo


forcades-avila_270x250Entrevista realizada a la Hermana Benedictina Teresa Forcades: “Ningún Papa se ha atrevido a prohibir ex cathedra el sacerdocio femenino.”

 

ReligiónDigital.com

(José Manuel Vidal).- Es médico, teóloga y monja de clausura. Y sin embargo, Teresa Forcades, la benedictina del monasterio de St. Benet de Montserrat, es conocida en todo el mundo. Un video de Youtube contra las multinacionales y la trampa de la gripe A la catapultó a la fama. La entrevistamos en Madrid, el día 7 de octubre, aprovechando la presentación de su libro ‘La teología feminista en la Historia’ (Fragmenta). Sor Teresa asegura que la situación de marginación de la mujer en la Iglesia es “un escándalo” y que “ningún Papa se ha atrevido a prohibir ex cathedra el sacerdocio femenino”. Pero también reconoce que es en la Iglesia y en su monasterio donde más respetada se ha sentido en su ser mujer.

¿Por qué una monja de clausura como usted escribe un libro sobre ‘La teología feminista en la Historia’?

El libro fue una propuesta de la editorial Fragmenta. Y me lo propusieron, porque sabían que me había formado con la teóloga Elizabeth Schüssler Fiorenza. La conocí en Barcelona en 1992, antes de las Olimpíadas. Yo me iba a estudiar a Estados Unidos, a especializarme en medicina interna. Ella venía de Harvard y dio una conferencia. Una conferencia en la que se rompió la comunicación, porque la traductora que sabía mucho inglés, no sabía nada de Teología. Salí para ayudar en la traducción del inglés al catalán y se salvó la situación. Elizabeth quedó encantada y me invitó a visitarla en Harvard. Al final, fue ella la que vino a Buffalo, en el norte del Estado de Nueva York, donde estaba mi hospital, a dar otra conferencia.

¿Y tuvo que salir de nuevo como traductora espontánea?

Respuesta.- Fui a su conferencia, donde no hizo falta traducir, y nos volvimos a encontrar. Y, como consecuencia, me puse a traducir uno de sus libros al catalán, su libro de hermenéutica bíblica feminista. El libro me gustó mucho y lo traduje para profundizar en su contenido. Cuando acabé la traducción, fui a entrevistarme un par de veces con Schüssler Fiorenza, para comentarle mis dudas y mis reflexiones. Ella, a la vista de cómo había recibido, entendido y procesado su libro, me animó a estudiar Teología y me escribió una carta de recomendación para estudiar en Harvard.

Un recorrido vital que conocían en la editorial.

Respuesta.- Efectivamente. Además, había dado unas conferencias sobre teología feminista en Barcelona. Y cuando la editorial lanzó esta colección de libros breves, introductorios, que pudiesen servir de manual en las Universidades, para introducir una disciplina teológica, me pidieron el libro y yo acepté con gusto.

P.- Como teóloga feminista, ¿le duele especialmente la actual situación de la mujer en la Iglesia?

R.- La situación de la mujer en la Iglesia tiene una historia compleja que incluye tanto la discriminación como la promoción. La discriminación le duele a cualquier persona que esté por la justicia y que entienda que el Evangelio implica crecimiento humano a todos los niveles. En el Evangelio se aprende también el realismo de saber que cuando una persona intenta vivir el mensaje de Jesús, suele quedarse en los márgenes. En ese sentido, la situación de las mujeres es testimonio de que hay verdades cuyo lugar estará siempre en los márgenes hasta la escatología final.

P.- Es decir, que se siente usted preparada para seguir en los márgenes o en la frontera y sin aspirar al altar.

R.- La dinámica de los márgenes evangélicos consiste, a mi juicio, en la promoción de la justicia a todos los niveles, pero con el realismo de saber que, en cuanto se consigue un paso hacia adelante, se genera un proceso en el que el que no quiera quedarse instalado, seguirá encontrando razones para seguir caminando hacia los márgenes. De ahí mi defensa teológica de los márgenes.

P.- ¿Y la prohibición de la presencia femenina en el altar?

R.- La conclusión de la comisión bíblica pontificia, a la que Pablo VI pidió que estudiase el tema fue que no hay razón bíblica alguna para privar el acceso de las mujeres al ministerio ordenado. Eso era en el año 1976. En 1974, se habían realizado las primeras ordenaciones de mujeres en la Iglesia episcopaliana. Pablo VI vio venir que se iba a producir la misma demanda en la Iglesia católica y, por eso, pidió a la comisión pontificia que estudiara el tema.

P.- ¿Qué dice, en concreto, el documento de la comisión pontificia?

R.- Asegura que en las Escrituras no hay nada en contra. Tras conocer las conclusiones de la comisión, Pablo VI publicó un motu proprio en el que decía que consideraba que no debía ordenarse a mujeres en la Iglesia Católica.

P.- Y más adelante vino el intento de cierre definitivo de la cuestión por parte de Juan Pablo II.

R.- Sí, pero ningún Papa se ha atrevido a proclamar esa prohibición ex cathedra.

P.- ¿Esta flagrante discriminación de la mujer en la Iglesia es un escándalo?

R.- Sí. Recomiendo a quien quiera profundizar este tema el libro del profesor Gary Macy ‘La historia oculta de la ordenación de las mujeres’.

P.- ¿Y cómo vive esa situación, en un momento en el que, además, la sociedad civil avanza hacia la paridad?

R.- No me gusta el esquema que se plantea colocando a la sociedad civil en la vanguardia y a la Iglesia en la retaguardia en algo en lo que debería ser pionera. Entiendo que la situación entre varón y mujer y la manera de concebir lo femenino y lo masculino en la sociedad contemporánea occidental dista mucho de ser satisfactoria. Lo que más me interesa debatir teológicamente actualmente son las teorías críticas de Lacan y de algunos postestructuralistas contemporáneos. Porque, de momento y reconociendo que puede haber otras personas que hayan vivido la experiencia contraria, donde me he sentido más respetada en mi ser mujer es en la Iglesia y, en concreto, en mi monasterio. En comparación con otros ámbitos, como pueden ser el hospital o la Universidad, me quedo con el monasterio, pero con mucho, como espacio de libertad y de respeto. En mi relación con los monjes de Montserrat, por ejemplo, descubro unas posibilidades de interacción más ricas que las que en general he vivido o he observado entre varones y mujeres que son colegas en el hospital o en la universidad.

P.- Luego, la Iglesia no es tan anti-femenina como suele decirse.

R.- Mire, hay que empezar a hablar de este tema con veracidad, porque, de lo contrario, pareciera que aquí tenemos, por un lado, una sociedad liberada, oasis o meca para las mujeres y, por el otro, la Iglesia que es una institución de opresión y de desastre. Mi experiencia atestigua todo lo contrario. Porque, si fuese así, quizás ya no estuviese donde estoy.

P.- ¿Quiere decir que hay un espacio de libertad enorme dentro de la Iglesia a pesar de los pesares?

R.- Lo ha habido siempre. Lo que ocurre es que también hay que denunciar que, entre los cuadros de mando de la Iglesia hay una falta absoluta de representación de las mujeres. Y ése es el escándalo del que hablábamos.

P.- Libertad para las mujeres en la Iglesia-pueblo de Dios y falta de representatividad entre su jerarquía.

R.- Tenemos que cambiar esa noción de Iglesia que mira primero hacia arriba. Para hablar de la Iglesia, primero tenemos que mirar hacia abajo. Y abajo encontramos unas fundadoras y unas iniciativas que no tienen correlato en el mundo civil. Al menos hasta ahora. Vamos a ver qué ocurre en el siglo XXI.

P.- Se la suele señalar a usted y acusar de todo tipo de herejías desde algunas páginas webs de los sectores más conservadores. ¿Tiene miedo?

R.- Me acuerdo de la ‘perfecta alegría’ de san Francisco y creo que es esencial para un cristiano saber que, cuando todos te aplauden, vas mal. Desatar las iras de ciertos sectores, no es en sí mismo garantía de que una va bien, pero es un poco mejor que cuando todo el mundo te aplaude.

P.- ¿La Iglesia jerárquica española está demasiado encerrada en sí misma y ejerce un excesivo control en sus filas?

R.- Está claro que, desde el Vaticano II, ha habido una involución. Y, en la iglesia española se puede constatar que el miedo existe y que hay falta de libertad para hablar con voces distintas, que es lo que suele pasar cuando la gente habla desde su experiencia. Esa uniformidad de expresión es muy preocupante.

P.- ¿Falta pluralismo en la Iglesia española? O dicho de otra forma, ¿son capaces los obispos españoles de asumir que hay distintos modelos o distintas sensibilidades eclesiales y que todas son válidas?

R.- Hay muchos obispos que son capaces. El problema es que no sólo es cuestión de aceptar eso, sino de vivirlo. Los obispos tienen el deber-derecho de ejercer su responsabilidad pastoral de acuerdo con su propia conciencia, no pueden simplemente suplir su criterio con el criterio que les llegue desde arriba. En este sentido, el obispo no sólo acepta la pluralidad, sino que se convierte en generador de la misma y la vive.

P.- Usted es religiosa benedictina. ¿Tiene futuro la vida religiosa o se ha terminado su época? ¿Cómo la ve?

R.- La veo muy bien. La vida religiosa ha ido cambiando a lo largo de la Historia y sólo tendrá futuro si sigue haciéndolo. El cambio es inherente a la vida religiosa y sólo las ramas que no cambian tienden a desaparecer. A lo mejor, las benedictinas acabamos, pero esos espacios de comunidad de personas que entienden que sus vidas no se plenifican en una vida de pareja sino en la relación de comunidad siempre existirán. Porque, además, son personas que dan testimonio de que ése es el modelo para todos en el mundo escatológico.

P.- La vida religiosa como anticipación de la vida celestial.

R.- Ésta es la antropología cristiana. La vida de pareja es sacramento del mismo amor de Dios, pero lo es de una forma temporal. La vida de comunidad lo es de una forma escatológica, porque Dios nos llama a ser personas que entiendan que la relación con toda la humanidad, con todas y todos aquellos creados a imagen de Dios, es una relación de amor absoluto, una relación de dar y recibir como la de la Trinidad. Esta vida de comunión trinitaria es la que la utopía cristiana nos propone.

P.- Pero eso también se puede vivir en el matrimonio: estar abierto a todos y amar a todos.

R.- Claro, pero el matrimonio es hasta que la muerte nos separe. Y por eso decía Jesús: ‘No lo entendéis’. Porque, en el cielo, la gente no se casa.

P.- ¿Su video del 2009, denunciando el montaje de la famosa gripe A, tuvo tanto éxito porque desmontaba la superficialidad en la que se mueven los grandes poderes fácticos de la información en un mundo globalizado?

R.- Hay que ser claros en la crítica a este desastre de la sociedad contemporánea que es el aumento de la desigualdad riqueza-pobreza en los últimos 50 años. Ése es un escándalo mucho más grande que la injusticia con las mujeres en la Iglesia de la que hablábamos antes, aunque no tiene mucho sentido comparar injusticias, porque cada una es absoluta en sí misma. Hay mucho que criticar a la sociedad contemporánea, pero no como un eslogan. Porque si bien es cierto que existe esa superficialidad, también lo es que, por primera vez, está coexistiendo con gente que realmente cree que no debe esperar a que le venga de arriba la solución de las cosas.

P.- Hay también mucho bueno en la sociedad actual.

R.- Efectivamente, hoy hay más gente que toma en sus manos las riendas de su vida. Es cierto que estamos atravesando una etapa neoliberal que, a nivel estructural, se puede comparar con otras etapas de la historia en las que hubo un creciente malestar de la población.

P.- ¿En qué le hace pensar esa creciente indignación que cunde por doquier, incluido el mundo árabe?

R.- Estoy muy preocupada por lo que está pasando ahora mismo en Libia o en Siria. O por lo que pueda pasar en Irán. Especialmente desde la perspectiva de las grandes mentiras políticas. Ya lo hicieron dos veces, pero parece que no escarmentamos. Ocurrió en Irak y luego nos lamentamos. Y con Gadafi creo que ha pasado lo mismo. Se miente para justificar una intervención militar. ¿Por qué no intervenimos en Arabia Saudí, para liberar a las mujeres, y sí lo hacemos en Afganistán?

P.- ¿Le gustaría que el Papa fuese a Somalia en un gesto profético que detuviese o paliase la muerte de tantas personas y tantos niños inocentes?

R.- Éste puede ser otro de esos eslóganes de los que desearía separarme. Quizás ahora, cuando todo el mundo está mirando a Somalia, me gustaría que el Papa fuese a otra parte. Porque los desastres proliferan. Por ejemplo, ¿qué está pasando en Sudán?

P.- ¿Nos engañan los medios de comunicación?

R.- Tengo la impresión, confirmada con el caso de la gripe A, de que otro de los mayores escándalos actuales es la falta de libertad en el mundo de la información. Hay más libertad periodística Periodista Digital o en Vida Nueva que en ‘El País’ o en ‘La Vanguardia’.

P.- Volvemos al lugar por el que empezaba: en la Iglesia se vive mejor.

R.- No me gustaría morderme la lengua a la hora de criticar lo criticable de la Iglesia, pero que nadie me pida que diga que en la sociedad civil hay mayor libertad que en la Iglesia, porque no es cierto. Lo cual no quiere decir que la Iglesia no tenga nada que aprender de la sociedad no-eclesial. Lo ha hecho siempre.

P.- ¿Participó o vio la JMJ? ¿Qué le parece ese tipo de eventos?

R.- No la vi mucho. Fueron las tres hermanas más jóvenes del monasterio y volvieron muy contentas. El evento macro-eclesial quizás sea un signo de los tiempos. Asistí en Venezuela a uno de esos eventos macro con motivo del 90 aniversario de la muerte de monseñor Romero y me pareció algo extraordinario. Lo mismo puede ocurrir con la gente que fue a ver al Papa. Estos grandes eventos eclesiales quizás sean un signo de los tiempos del siglo XXI. Lo importante es el tipo de mensaje que en ellos se transmite y cómo se utilizan esos espacios.

P.- ¿Y cómo se utilizaron en la JMJ?

R.- Creo que hubo un predominio de articulaciones conservadoras o de mensajes hacia los jóvenes en esquemas de nosotros-ellos (Iglesia-sociedad), pero también hubo espacios donde se pudo compartir la fe con una visión más abierta.

P.- ¿Tiene esperanza en el futuro de la sociedad y de la Iglesia? ¿Es usted una mujer esperanzada?

R.- Sí.

P.- Por ejemplo, ¿podemos ver un cambio en la Iglesia a corto plazo?

R.- Más que a corto plazo, hoy mismo. Me gustaría tener sobre la realidad la mirada que Jesús nos pide. Una mirada para ver que los campos están dorados o maduros y sólo faltan los segadores. Esa mirada que ve, como dice San Pablo, que el mundo está embarazado de Dios. O, incluso ya de parto y en lugares donde una no se lo esperaría. Eso es lo que da esperanza.

 

 

http://www.religiosasdelsagradocorazon.org.mx/wordpress/?p=8170

Austria; la misa de Martha se arriesga a la excomunión


Sacerdocio femeninoSACERDOCIO FEMENINO

La cofundadora del movimiento “Somos Iglesia” se encuentra en ruta de colisión con el Vaticano

GIACOMO GALEAZZI
CIUDAD DEL VATICANO

Martha Heizer, profesora de religión de Innsbruck, cofundadora y directora de «Somos Iglesia», desafía al Vaticano y anuncia su intención de celebrar misa incluso corriendo el riesgo de pagar con la excomunión. En realidad la cuestión quedó definitivamente zanjada tras la respuesta del entonces prefecto del antiguo Santo Oficio, Joseph Ratzinger sobre la doctrina de la carta apostólica «Ordinatio sacerdotalis».

 

 

La duda que surgió entonces estaba relacionada con la facultad de la Iglesia de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres. El no de la doctrina a las mujeres sacerdote, aclaró el actual Pontífice, es «definitivo» en cuanto dicha doctrina se funda en la Palabra de Dios escrita y constantemente conservada y aplicada en la Tradición de la Iglesia desde el inicio. Esta ha sido propuesta de manera infalible por el magisterio ordinario y universal (constitución dogmática «Lumen gentium» del Concilio Vaticano II). Arraigado en el Nuevo Testamento, el ministerio sacerdotal cristiano, desde el principio, se confería sólo a los hombres. La teóloga tirolesa Martha Heizer y su grupo de creyentes propone que se haga posible la eucaristía sin sacerdotes, recurriendo a formas privadas de celebración. Se trata de un uso del cual hay que dar parte inmediatamente a la Santa Sede ya que forma parte de los “delicta graviora”. Los siete los puntos del llamado a la desobediencia de los párrocos promotores de la  Pfarrer-iniziative tienen que ser examinados individualmente y no en conjunto- subraya la agencia católica Adista. La comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, por ejemplo, podría ser concedida aunque con determinadas condiciones». En abril de 1995 un pequeño grupo de católicos de Innsbruck guiado por Thomas Plankesteiner y, precisamente, por Martha Heizer, promovió un «Llamado del pueblo de Dios» compuesto por cinco puntos (más democracia en la Iglesia, un papel más amplio de la mujer, celibato sacerdotal facultativo, una moral sexual diferente). Este fue dirigido a la jerarquía de la Iglesia católica confiando en obtener respuestas concretas.

 

El consenso fue amplísimo en Austria (505.000 firmas, en Alemania 1.800.000, mientras fueron menores en otros países europeos, aunque siempre decenas de miles, 35.000 en Italia). Las firmas fueron presentadas en el Vaticano en octubre de 1997 por casi quinientos delegados de toda Europa. Fue escrita una carta al papa Wojtyla, que no respondió.  «Ninguna de las reformas propuestas ha sido llevada a cabo, a pesar de la frustración por este fracaso, que por otra parte era previsible, del Llamamiento ha surgido un movimiento internacional», refiere Adista. La sigla es IMWAC (International Movement We Are Church) y en el que participan las secciones nacionales (Noi Siamo Chiesa en Italia, Somos Iglesia en España, Wir Sind Kirke en los países de lengua alemana, Nous Sommes aussi L’Eglise en Francia , We Are Church en Reino Unido y en Estados Unidos). El pasado mes de julio, la cuestión de la ordenación femenina fue motivo de polémica también en Portugal. El Cardenal José Policarpo, Patriarca de Lisboa se vio obligado a difundir una carta para puntualizar que respecto a la ordenación de las mujeres se encuentra «en comunión con el Papa». El Patriarca tuvo que hacer frente a la polémica suscitada por algunas de sus declaraciones («no existe ningún obstáculo teológico fundamental» a la ordenación de las mujeres, aunque subrayaba que «no hay ningún Papa que tenga poder al respecto. Esto llevaría a tensiones, y sucederá solo si Dios quiere que suceda y si forma parte de sus proyectos»).

 

 

En su explicación, el cardenal Policarpo reconoció que él mismo nunca había «tratado sistemáticamente la cuestión». Y especificó: «El hecho de que no haya mujeres entre estos sucesores y cooperadores no significa hacer de menos a las mujeres, sino la búsqueda de la complementariedad entre lo masculino y lo femenino plenamente materializada en la relación de Cristo con María». En los primeros tiempos de la Iglesia, puntualizaba el purpurado, «es conocida la armonía entre el hecho del sacerdocio apostólico conferido a los hombres y la importancia y la dignidad de las mujeres en la Iglesia». Para el Cardenal Policarpo, una de las causas de la reivindicación del sacerdocio femenino es «la pérdida de conciencia de la dignidad sacerdotal de todos los miembros de la Iglesia, reduciendo la expresión sacerdotal al sacerdocio ordenado».

 

De todos modos, el Magisterio más reciente de los papas, interpreta esta tradición ininterrumpida de ordenar solamente a los hombres «no solo como una forma práctica de actuar, que puede cambiar al ritmo de la acción del Espíritu Santo, sino como una expresión del misterio mismo de la Iglesia, que tenemos que acoger en la fe». Por lo tanto, «estamos invitados a respetar el magisterio del Santo Padre, en la humildad de nuestra fe, a seguir profundizando la relación del sacerdocio ministerial con la cualidad sacerdotal de todo el Pueblo de Dios y a descubrir el modo femenino de construir la Iglesia, en el papel decisivo de la misión de nuestras hermanas, las mujeres». En conclusión, la esperanza es que Martha comprenda que una misa no vale una excomunión.

Eva, Maria y Sacerdocio Femenino.


La teología Cristiana, en especial la Católica, sitúa a la mujer en una categoría inferior. Considera al hombre el espíritu y a la mujer la materia que se reproduce, que niega de su sexualidad, subrayando la condición de subordinar su vida al cumplimiento de su función reproductiva, condenado a la mujer a parir sin límites y sin condiciones.

La condición de subordinación en la que ha vivido la mujer a través de la historia cristiana, se presenta como el resultado de una decisión divina: un castigo de Dios. El hombre contra la mujer por su participación en el pecado original. Ya en el Antiguo Testamento la mujer aparece como lo negativo, símbolo de la carne, de la tentación, con una Eva sin entidad propia, fruto de la costilla del hombre representando el pecado, el mal, quien además era la responsable de la muerte y el dolor de toda la humanidad.

La Iglesia Católica ampara la misoginia, como queda demostrado a lo largo de la historia. Santo Tomas de Aquino, de la Orden Dominicana, escribe así en su Suma Teológica “la mujer es una cosa imperfecta y ocasional, se halla sometido al hombre, en quien naturalmente hay mejor discernimiento de la razón”

Tertuliano de Cartago, apologista cristiano, escribió que “cada mujer debiera estar caminando como Eva, acongojada y arrepentida, y como castigo debía sentir el dolor de dar a luz a los hijos, necesitando del marido y siendo dominada por éste”.

En la Carta de los Obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y l Mundo, publicado por el Vaticano el 31 de Julio del 2004, expone la clara animadversión hacia la mujer en defensa del Dios Varón.En este discurso Ratzinger afirma, que Dios a través de la Iglesia Católica ha decidido levantar el castigo a la mujer. Todo lo que ella tiene que hacer es seguir el ejemplo de la Virgen Maria y sus “disposiciones de escucha, acogida, humildad, fidelidad, alabanza y espera” En el nuevo testamento las interpretaciones machistas de los textos bíblicos realizadas por la Iglesia Católica se acentúan, transformando la figura de una Maria joven, pletórica, en esa mujer hecha para el dolor, la aceptación resignada, sin capacidad de iniciativa y consagrada de por vida a la castidad.

Esta reflexión no es contra la religión, sino específicamente contra las manifestaciones discriminatorias que se solapan tras el lenguaje religioso y que se estiman como productos de la historia. Son los hombres (varones y mujeres) los que han consolidado la desigualdad como medio de cumplir funciones sociales específicas; por ejemplo la segregación del ámbito de lo femenino (la casa y la crianza, con una multiplicación de los valores simbólicos de lo íntimo) del de lo masculino (volcado a lo exterior) pudo resultar una adaptación puntual y eficaz. Por tanto pueden redefinirse las pautas convivenciales y los mecanismos ideológicos que las justifican.

La teología feminista, muy activa, por ejemplo en el seno del catolicismo, no se propone desmontar la religión, sino las justificaciones de la discriminación: por ejemplo en lo relativo al sacerdocio femenino, y frente al argumento de que los carismas sacerdotales solo los otorga el Espíritu Santo a los varones, contestan que no es que la tercera persona de la Trinidad sea machista, sino que lo son los que tienen que reconocer dichos carismas, pues no los buscan en las mujeres.

Se manifiesta, por tanto, una necesidad de generar un marco común de comportamiento que, consensúe la desaparición de este tipo de terribles prácticas discriminatorias y vejatorias. Se trata de un problema muy complejo: el de la necesidad de una ética común, que desde el respeto de las diversidades culturales y religiosas, pero a la par sin caracteres etnocéntricos y religiocéntricos que la desvirtúen, sirva para acabar en este caso con la discriminación.

Clelia se nos fue ayer 4 de noviembre


nov052013

 

Moceop

La despedimos en su casa de 14 a 23hs en Gaona 1367,hoy 5 de Noviembre
Partiremos a las 10 de la mañana
hacia el Jardìn de Paz El Campanario de Florencia Varela
Ruta Provincial Nª36 Km 34.2 (ex Ruta 2) Rotonda de Alpargata
CLELIA LURO, EL AMOR DE JERONIMO
Querida madre, querida abuela, querida bisabuela, amiga querida,
Ayer a la noche 4 de noviembre y después de breves horas de internación en el Sanatorio Guemes, Clelia decidió irse a reunirse con Jerònimo, que habìa partido hace 13 años.

Luego del fallecimiento de Jeronimo, ella nunca fue la misma, lo extrañó cada instante de estos 13 años.

Se mantuvo ocupada, inquieta, tratando de editar sus cartas, haciendo libros, difundiendo su pensamiento, continuando la lucha por el celibato opcional y con los curas casados, preparando la fundación que llevará su nombre. Pero fue mucho dolor, que la fue apagando.

Clelia fue una guerrera, con Jero pelearon por su amor hasta en el Vaticano.

Un cura? No, un simple cura no era, no.
Era el obispo de Avellaneda!, Monseñor Jerónimo Podestá.

Sufrieron. Pero eso los hizo más fuertes. Atentados, exilio y persecuciones, Y siguieron juntos, siempre juntos.

Le dolìa la Iglesia, y estuvo siempre presente tratando de ayudar a pensar a quienes harìan una verdadera Iglesia del Pueblo de Dios en Marcha. Le dolìa el paìs, luchaba por acompañar los procesos de cambio que se dieron en estos años en los que siempre pensaba y sentìa que a Jerònimo le hubiera gustado vivir y compartir en esta pujante Latinoamèrica Unida.

Se adoraron. Fueron muy felices.

Una historia de amor y lucha, rodeada de hijas, nietos y biznietos, amigos entrañables, compañeros fieles y leales.

Una vida rica de conocimiento y aprendizaje, sumado a su inmensa Fe .

Una ideología clara, donde el ser persona era lo primordial.

Una mujer muy fuerte, que defendió hasta hoy, su historia de vida.

Gracias por habernos dado la vida y habernos acompañado con tanto amor.

Tu Gran Familia te va a extrañar…

 

 

http://www.redescristianas.net/2013/11/05/clelia-se-nos-fue-ayer-4-de-noviembre/

¿TIENEN LAS MUJERES DERECHO AL SACERDOCIO?: DIETMAR MIETH


Haben Frauen ein Recht auf das Priestertum?, Teologische Quartalshcrift 173 (1993)
242-244

En una sociedad democrática los derechos y las libertades fundamentales están en
primera línea. El filósofo social John Rawls, al que hemos de agradecer una “Teoría de
la justicia” (1971), ha establecido la exigencia según la cual, de acuerdo con el principio
de la igualdad de oportunidades, en un Estado democrático de derecho los cargos y los
puestos deben ser accesibles a todos, independientemente de sexo, clase o raza. Por
esto, nuestra conciencia democrática, al hecho de obstaculizar el acceso de la mujer a
cargos y puestos en la sociedad, lo denomina sexismo, con un diagnóstico semejante al
de racismo o dominio de clase.
Este constituye sucintamente el punto de partida de las mujeres para plantear en la
Iglesia, con el apoyo de muchos hombres, la exigencia del acceso de la mujer al
sacerdocio. Esta exigencia se basa en el principio de derecho de la antropología de los
sexos: tanta igualdad como sea posible, tanta desigualdad como sea necesario. Pues,
mediante esta concepción de los derechos humanos -hoy aceptada también en derecho
natural-, se rechaza no sólo la doctrina de la subordinación de la mujer al hombre,
falsamente fundada en el orden de la naturaleza, sino también la polaridad varón-mujer
de una metafísica de lo eterno masculino y lo eterno femenino.
Si la teoría de la subordinación constituía la expresión evidente de unas relaciones de
dominio incuestionables, la teoría de la polaridad se presentó desde el comienzo como
una legitimación, aparentemente favorable a la mujer, de la distribución de roles
existente. La peculiaridad corporal y psicológica de la mujer fue sublimada
metafísicamente y la veneración poética de lo femenino cohonestaba la asignación de
roles en vigor. Polaridad y legitimación del dominio es lo que expresa el adagio latino
Divide et impera (divide y domina). En otras palabras: el que distribuye domina. Y
hasta hoy, los que distribuyen son los hombres. Según el principio de la justicia
distributiva, el reparto debía hacerlo una autoridad independiente o había que
consensuarlo entre las partes. Esto no quiere decir ciertamente que no existan
diferencias. Sino que lo que esas diferencias significan ha de decidirse conjuntamente
por mujeres y hombres, no únicamente por éstos últimos.
En la cuestión del sacerdocio de la mujer en la Iglesia católica entran en juego dos
realidades: las funciones directivas, o sea el dominio (aunque al poder eclesiástico se le
dé el nombre de “servicio”, no deja de ser dominio) y las acciones sacrales. En todo
caso, dominio o servicio, ¿por qué no han de contribuir al servicio también las mujeres?
Si se trata de las funciones directivas de la mujer, se recurre a una forma de sociedad
propia de la Iglesia y distinta de una democracia moderna (argumento eclesiológico). Y
si se trata de las acciones sacrales se apela al argumento cristológico. Comencemos por
el argumento eclesiológico. Los derechos humanos o los derechos democráticos
fundamentales no justificarían la reivindicación de libre acceso en la Iglesia, porque la
Iglesia es una institución salvífica divina. Ciertamente que existen instancias éticas, en las que la Iglesia se diferencia de la sociedad (“Pero entre vosotros no debe ser así”).

Pero existen también necesidades, o sea, elementos básicos de las instituciones sociales,
sin los cuales éstas no pueden funcionar y en los cuales la Iglesia no puede diferenciarse
de una sociedad “perfecta”. En ese nivel de elementos básicos se sitúan los derechos
humanos y los derechos fundamentales. ¿Por qué la Iglesia ha de diferenciarse de la
sociedad secular en los aspectos positivos, como quien dice, en perjuicio propio, y no
más bien en aquellos ámbitos en los que las sociedades seculares quedan rezagadas
respecto a sus propias reivindicaciones?

Al afirmar que la peculiaridad de la Iglesia excluye esos derechos y esas
reivindicaciones para las mujeres, tales puntos de vista reducen el argumento
eclesiológico al absurdo. En esas cuestiones la Iglesia podría perfectamente
comportarse de una forma democrática análoga, o sea, por relación a los derechos
humanos como derechos fundamentales. Si no lo hace gravita sobre ella una pesada
carga moral.

Se sale al paso de esa carga con el argumento cristológico. El servicio sacral se presenta
tan estrechamente ligado a la persona de Cristo y sacramentalmente tan enraizado en él,
que entre Jesucristo y la función sacral de servicio ha de existir una identidad de sexo.
Tales especulaciones no se razonan lógicamente, sino que sólo se sugieren por
asociación de ideas. La secuencia sacral-sacramental-continuidad-identidadmasculinidad
no es concluyente, porque el sexo de Cristo pertenece a su verdadera
humanidad. Y a esa verdadera humanidad se remite todo el género humano, mujeres y
hombres. Hay que entender la masculinidad de Cristo no exclusiva, sino
inclusivamente. Según Pablo, por el bautismo la inserción en Jesucristo y la pertenencia
a él actuarán como testigos de las comunidades cristianas primitivas. Una mujer
bautizada puede, pues, pronunciar las palabras de Pablo; “Ya no vivo yo, sino que
Cristo vive en mí”.

Parece abstruso que este ser en y como Cristo pueda ser superado por una identidad
superior de carácter sacramental-ontológico, fundada en la ordenación sacerdotal, o que
pueda justificarse una unión con Cristo, a la que la mujer no pueda aspirar. El que en
teología, a causa de una actitud convencional, lesiona los testimonios fundamentales de
la fe debería ver de no servirse de ellos como prueba.

Es de todos conocido el hecho de que los primeros testigos de la resurrección fueron
mujeres. Si uno relee 1 Co 15 y advierte una vez más qué importancia da Pablo al
testimonio de la resurrección para el servicio primario en la Iglesia, no puede menos de
sonreír ante los esfuerzos especulativos por justificar la exclusión de la mujer de ese
servicio.

El argumento cristológico tiene la arbitrariedad de depender exclusivamente de una
interpretación machista. Cabe afirmar sin más que ni el argumento eclesiológico ni el
cristológico pueden ser recibidos en la Iglesia católica como condic iones de derecho.
Todo lo demás son restos ideológicos. Empeñarse en esto lleva a la superstición.

El intento desesperado por dar con una fuente mariológica para los carismas y servicios
no sacrales, que específicamente se asignarían a mujeres, no se ajust a a la tradición
teológica que refiere todos los carismas y servicios a Cristo. No basta con parches
teológicos en la herida, como serían la reivindicación de una idéntica dignidad humana

de la mujer o su incorporación jurídica en una Iglesia masculina. Llenar el vacío con la
entrada de sacerdotes anglicanos tocados de sexismo debería hacer pensar.
¿Tiene, pues, la mujer derecho al sacerdocio? El argumento decisivo, que aduje al
comienzo, procede de la teoría de la justicia. La igualdad de oportunidades exige que
cargos y puestos sean accesibles a todos. En la medida en que la Iglesia debe asumir las
estructuras indeclinables de una sociedad justa, esa reivindicación vale también para
ella. Si además se producen en la Iglesia más participación y más democracia, esto
resulta simplemente correcto desde el punto de vista ético, pues la Iglesia no puede
quedar atrás respecto a las exigencias éticas. Así como por la encarnación de Cristo, la
realización de la rectitud humana y la humanidad en sentido moral son la pauta de la
existencia cristiana, del mismo modo la Iglesia, como institución divino-humana, no
puede, estructuralmente, quedar rezagada respecto a las condiciones indeclinables de la
justicia institucional.
Por esto hay una exigencia estructural respecto al sacerdocio de la mujer en la Iglesia.
No es lo mismo que una reivindicación personal o individual. Esa reivindicación
personal respecto al sacerdocio no tiene sentido ni para el hombre ni para la mujer. Pues
la posibilidad estructural común de acceso al sacerdocio no deja en suspenso todo lo
que depende de la aptitud, vocación, condicionamientos y elección por parte de la
Iglesia.
En la medida en que existe una reivindicación estructural de justicia en la Iglesia y en la
medida en que, como he intentado mostrar, no hay argumentos teológicos que la
invaliden, sino sólo los que la afianzan, los que tienen en la Iglesia el poder y el derecho
de decidir cargan sobre sí una culpa objetiva, si impiden a las mujeres el acceso al
sacerdocio. Sirviéndome de la distinción que propuso Karl Rahner entre culpa objetiva
y subjetiva, digo a ciencia y conciencia culpa objetiva. Esta sin culpa subjetiva no
constituye una culpa personal imputable. Pero puede ser que la falta de intención de la
dirección de la Iglesia, a la larga, equivalga a obstinación. En este punto importa evitar
el perjuicio de la Iglesia. La fórmula empleada por el magisterio de que “la Iglesia” no
peca, si no permite a las mujeres acceder al sacerdocio, plantea la cuestión de quién es
“la Iglesia”. En todo caso, los hombres de la dirección de la Iglesia no pueden ocultarse
tras “la Iglesia”, cuando ésta da señales inequívocas en el sentido de convertir la justicia
humana en testimonio de credibilidad. Hasta ahora, sin el sacerdocio de la mujer, este
testimonio es desatendido de una forma objetivamente culpable.
Pero -se objeta- ¿dónde está la prudencia pastoral, que cuenta con los estados de una
conciencia invenciblemente errónea en la Iglesia? Los que apelan a esto se rigen a
menudo menos por la verdad que por la costumbre. No se puede infravalorar la fuerza
agresiva de la costumbre, como ha quedado de manifiesto después de la reforma
litúrgica en la Iglesia católica y después de haber permitido el acceso de la mujer al
sacerdocio en otras Iglesias. La respuesta a esa objeción es doble. En el camino hacia lo
bueno y lo recto hay un avanzar paso a paso que les permite a los débiles caminar
conjuntamente. En esta línea, los obispados alemanes han solicitado (hasta ahora sin
éxito) el diaconado de las mujeres. El argumento de “tener en cuenta a los débiles”
(véase Rm 14; 1 Co 8-10) se esgrimiría de una forma creíble, si los fuertes en la Iglesia,
los que ocupan los puestos de responsabilidad, fueran realmente “fuertes” en sentido
paulino, o sea, aquellos que han alcanzado la libertad en Cristo. Pero, mientras ejerzan
un poder estructural que se apoya en la debilidad de la costumbre, no solamente pasan
por alto los testimonios de una solidaridad en la Iglesia, sino que impiden a la
humanidad de Cristo, que confirma teológicamente la justicia moral humana, el acceso a
las estructuras de la Iglesia.

Tradujo y extractó: MARIO SALA

 

 

http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol33/132/132_mieth.pdf

FUNERALES DE LÍDER OPOSITOR A LA MEGAMINERÍA A CIELO ABIERTO


 
Amigas y amigos del Medio Ambiente,
del agua, de la fauna y de la flora, de las montañas y del paisaje:
Tardes y buenas.

Les adjunto una crónica sobre los funerales de César García,
ayer, en Cajamarca,  con unas fotos.

Además, una columna de opinión de César Rodríguez, de DEJUSTICIA.

UN abrazo,
Héctor A. Torres, Rojas, Sociólogo.

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