Detenido el arzobispo de Delhi


Marcha de religiosos a favor de los dalits

 

Por marchar a favor de los dalits

La policía ha cargado y golpeado a los manifestantes con violencia

Fides, 11 de diciembre de 2013 a las 17:28

 Los obispos piden que una delegación de losmanifestantes sea recibida por el gobierno y el Parlamento

(Agencia Fides) – Su Exc. Mons. Anil Couto, Arzobispo de Delhi, ha sido arrestado hoy por la policía de Delhi, junto con otros obispos de otras confesiones. Lo ha confirmado el Padre Joseph Chinnayyan, vicesecretario general y portavoz de laConferencia Episcopal de la India.

El arzobispo estaba participando, junto con otros dirigentes y numerosos fieles laicos de las iglesias cristianas, en una marcha pacífica para protestar en favor de los derechos de los dalits.

Los manifestantes llegaron a la zona de Jantar Mantar y se dirigían hacia el Parlamento de la India. Según la información de la Agencia Fides, la policía ha cargado y golpeado a los manifestantes con violencia, deteniendo a un buen número.

Entre los detenidos, está el Arzobispo Anil Couto, los obispos protestantes cristianos Alwan Masih, Roger Gaikwad y Vijayesh Lal, líder de la «Evangelical Fellowship of India», así como el católico John Dayal, Secretario General de la «All India Christian Council».

Según el Padre Chinnayyan, los obispos piden que una delegación de los manifestantes sea recibida por el gobierno y el Parlamento, que está reunido en sesión de asamblea.

Los líderes cristianos «serán liberados esta tarde», ha dicho el portavoz. Sin embargo, se ha presentado una denuncia contra la policía de Delhi por agredir y golpear a sacerdotes y religiosas católicas.

La marcha pedía la derogación del Decreto Presidencial de 1950 que legaliza la discriminación, negando la igualdad de derechos a los cristianos y los musulmanes de origen dalit. La discriminación se ha ampliado a los sijs en 1956 y a los budistas en 1982.

Las minorías religiosas en la India consideran esta medida «totalmente inconstitucional», «pero los gobiernos que se han sucedido han hecho oídos sordos», dice Mons. Anil Couto. También en el pasado hubo protestas pacíficas, pero hoy la policía «ha actuado brutalmente contra los manifestantes indefensos», dicen los cristianos.

En una nota enviada a la Agencia Fides, el «Consejo Global de Cristianos Indios (Gcic)» dice estar «conmocionado y consternado por el arresto provocatorio de los obispos y de otros líderes». El Consejo recuerda otro precedente el 2 de noviembre de 1997, algunos obispos fueron arrestados por defender a los dalits.

Algunos líderes políticos como Jayalalitha, Primer Ministro del Tamil Nadu, ha apoyado fuertemente la petición de los dalit cristianos y musulmanes al afirmar que «la cuestión no puede tolerar más demora» y que «debe ser llevado ante el Parlamento».

 

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Investigan a un cura de Girona después de un asesinato en su casa


El asesino confeso asegura haber mantenido relaciones con él a cambio de drogas

El Obispado quiere conocer la versión del sacerdote antes de tomar una decisión

Redacción, 10 de diciembre de 2013 a las 18:04
Jaume ReixachJaume Reixach

 

 El acusado indicó que el cura le proporcionaba droga y dinero si tenía relaciones sexuales con él

Francesc Pardo, obispo de Girona/>

Francesc Pardo, obispo de Girona

  

El Obispado de Girona ha abierto una investigación interna al párroco de Riells(Girona), Jaume Reixach, después de que un joven de 22 años fuera asesinado el jueves en casa del sacerdote, en Blanes, y porque el homicida confeso asegura haber mantenidorelaciones sexuales con el sacerdote a cambio de dinero y drogas, acusaciones que el párroco, que ha continuado con su actividad litúrgica habitual, ha negado.

La institución ha emitido un comunicadoeste martes en el que manifiesta su intención de saber la versión del cura, de los posibles testigos y de los policías encargados de la investigación de este caso, antes de tomar una determinación.

El presunto autor de la muerte de un joven el jueves en la vivienda de Reixach declaró este lunes ante el juez que asesinó a la víctima por haberlo increpado más de una vez con bromas sexuales sobre su mujer y su hija.

En declaraciones a Europa Press, el abogado de la defensa, Horacio Carlos Airaudo, ha asegurado que el acusado, de 44 años y origen filipino, explicó que decidió matar al joven de origen brasileño porque le decía que su mujer y su hija participaban en orgías en el piso del párroco.

El Juzgado de Instrucción 4 de Blanes decretó prisión provisional sin fianza para el presunto autor tras su declaración, en la cual indicó que el cura le proporcionaba droga y dinero si tenía relaciones sexuales con él, hechos que, según afirmó, se produjeron durante los últimos 18 años.

El letrado ha explicado que el homicida estaba bajo los efectos de la metanfetamina cuando decidió cometer el asesinato, agrediendo con un arma blanca a la víctima en el domicilio del párroco, donde residía el fallecido.

La víctima residía en este piso particular después de haber conocido al cura en Brasil, puesto que el párroco decidió llevárselo a Blanes para darle apoyo económico y le presentaba públicamente como su «ahijado».

El presunto autor del crimen, Eulogio L., conoció al cura de Riells en Filipinas hace unos 20 años, cuando el párroco hizo un viaje a ese país, y también lo trasladó a Blanes porque el cura le ofreció ayuda para encontrar trabajo.

(RD/Ep)

 

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Tú y yo aparecemos en la Biblia


10/12/2013, Juan María Tellería

BibliaOpinión

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Mas no ruego solamente por éstos (Jn. 17, 20a)

Hace no demasiados días manteníamos una animada charla con un vecino denuestra localidad, persona realmente simpática y dicharachera, acerca de las últimas noticias emitidas por los medios de comunicación. Como era lógico, uno de los asuntos tratados fue la entonces enfermedad terminal de Nelson Mandela, que en aquel momento aún no había fallecido; su deceso tendría lugar pocos días después. Lo que nos llamó particularmente la atención fue que en un instante muy concreto de aquella conversación el vecino lamentó, no la precariedad de la salud del antiguo mandatario sudafricano o su inminente fin, sino algo sorprendente; con un poso de gran amargura en la voz emitió literalmente las siguientes palabras: “De éste [Nelson Mandela] todo el mundo se acordará, pero de la gente como nosotros no se acuerda ni D…” Hemos de decir, en honor a la verdad, que nos quedamos muy sorprendidos al escuchar aquel exabrupto, no sólo por su irreverencia, algo nada habitual en esta persona, sino por la mezcla de sentimientos negativos que evidenciaba: descontento, desánimo, tristeza.

No cabe duda de que todos los seres humanos deseamos ser estimados y valorados por quienes nos rodean, por nuestro entorno inmediato familiar, social o laboral cuando menos, y si es posible por muchos más. Y por supuesto, a todos nos gusta pensar que quienes vengan después también nos recordarán con cariño. Somos así. El anhelo de notoriedad está inscrito en nuestros genes, aunque en unos se desarrolle más que en otros. Sinceramente, las palabras de este nuestro vecino nos han obligado estos días a pensar y a pensar mucho. Y desde luego, en tanto que creyentes no podemos ni siquiera imaginar que Dios no se acuerde de nosotros o no nos tenga en cuenta. Al contrario. Precisamente, leyendo la Biblia esta semana hemos hallado unas palabras muy conocidas de Jesús en las que, como reza el versículo que encabeza esta reflexión, nuestro Señor no sólo ruega por sus discípulos inmediatos, vale decir, los Doce y otros que le acompañaban en su ministerio terrenal, sino también, prosigue el sagrado texto, por los que han de creer en mí por la palabra de ellos (Jn. 17, 20b). Declaración ésta que no tiene desperdicio y que nos invita a considerar, por lo menos, tres puntos básicos.

En primer lugar, nuestro Señor hace una clara referencia al futuro, lo cual no deja de resultar harto interesante. El Evangelio según San Juan es, precisamente, el texto neotestamentario que más hace hincapié en la realidad de una salvación concluida y consumada por el ministerio de Jesús, su muerte y su resurrección. Así lo expresan algunos grandes teólogos. La redención ya es un hecho definitivo acaecido en la historia, no algo que haya de tener lugar en un momento posterior. Frente a la declaración constante del Redentor de que aún no era su hora, como leemos en los primeros dieciséis capítulos, el 17 se inicia con la sentencia lapidariaPadre, la hora ha llegado (v. 1). De ahí que Jesús pueda anticipar con total seguridad la realidad de unos creyentes futuros. Puesto que la redención ya es un hecho, la buena nueva se extenderá y habrá quienes la creerán en los tiempos venideros. Personalmente nos resulta del todo impactante el atisbar el alcance de esta declaración. Quienes habían de creer por el testimonio apostólico no sólo eran los creyentes cristianos de la primera generación que escucharon de viva voz la proclamación realizada por los Doce, sino también cuantos a lo largo de los siglos leerían ese testimonio de fe contenido en los propios Evangelios, los Hechos, las Epístolas o el Apocalipsis. Ahí están comprendidos quienes nos han precedido y quienes vendrán después, y naturalmente también nosotros. Jesús nos tuvo en cuenta a cuantos íbamos a vivir en los siglos y milenios posteriores a sus días.

En segundo lugar, las palabras del Señor apuntan a una cantidad tal de seres humanos que por fuerza se impone en el texto el más riguroso de los anonimatosen relación con ellos. Los que han de creer en mí conforman un número incontable de hombres y mujeres, niños y ancianos, de todas las latitudes que el sol alumbra, de todas las épocas que sucederían a los tiempos de Jesús, de todas las razas y etnias existentes o por existir, de todas las clases y estamentos sociales concebidos y concebibles desde entonces hasta hoy y más allá. Cada cual con su propia individualidad, sus rasgos estrictamente personales, sus características distintivas, sin duda alguna, pero no mencionados por nombre. El autor del Cuarto Evangelio no hubiera dispuesto en su momento de papiros ni tinta suficiente de haber tenido que consignar (¡tras especialísima revelación divina además!) uno por uno los nombres de todos y cada uno de los creyentes futuros. De cualquier forma, tampoco importa demasiado. Es cierto que para cualquiera de nosotros nuestro nombre propio es uno de los sonidos más hermosos de que podemos disfrutar en esta vida, pero en tanto que creyentes cristianos somos conscientes de una realidad un tanto distinta: estamos llamados a llevar y proclamar el nombre de Cristo. Como discípulos de Jesús no es nuestro nombre, sino el suyo aquél que hemos de difundir. Y ello no implica un anonadamiento o una aniquilación de nuestra individualidad, al estilo de algunas religiones y filosofías orientales, sino precisamente todo lo contrario, ya que la vida del discípulo de Jesús está marcada y señalada para alcanzar su plenitud precisamente cuando el Señor es exaltado. Es decir, que Cristo se acordó de nosotros en su llamada oración sacerdotal (Juan 17) sin necesidad de mencionarnos a cada uno por nuestro nombre.

Y finalmente, Jesús destaca a este ingente número de seres humanos futuros del que nosotros hoy formamos parte como personas especialmente distinguidas simplemente por creer en él. Sí, hemos leído bien: creer. Sorprendente una vez más. Jesús podría haber mencionado, aunque fuera sólo de pasada, grandes hechos o proezas llevados a término por amor a él y al evangelio, un testimonio sellado muchas veces con la sangre de los mártires, una historia turbulenta en la que no iban a faltar querellas doctrinales con grandes defensores de la más estricta ortodoxia frente al error, países enteros ganados para el mensaje cristiano debido a las labores persistentes y al tesón de misioneros entregados, la influencia que acabaría con la esclavitud, proclamaría los derechos humanos, avivaría la conciencia social de la dignidad de las personas, etc. No lo hace. Señala únicamente la fe en él. En este mismo Evangelio, en un texto anterior, dirá que el Paráclito (el Espíritu Santo) convencería al mundo de pecado por cuanto no creen mí (Jn. 16, 9). La incredulidad en relación con el Hijo de Dios es el gran pecado que pierde a este mundo. La fe en Cristo es lo que señala y distingue al discípulo de Cristo, de manera que basta con este rasgo para caracterizarlo frente al resto (nocontra el resto). Proezas notables se han llevado a cabo a lo largo de la historia en el conjunto de los campos de la actividad y el conocimiento humanos, así como verdaderas manifestaciones de heroísmo que hoy llenan libros y documentación de todo tipo, e incluso labores altruistas producto de una entrega total a ideales muy elevados. Jesús no apela a nada de todo ello para caracterizar a sus discípulos de tiempos futuros. Simplemente señala que ellos creerán en él.

Dios se acuerda de su pueblo, en definitiva; lo tiene en cuenta, lo considera, lo valora grandemente. La oración de Jesús elevada a su Padre nos engloba a cuantos profesamos la fe en él y nos otorga un sello especial: somos suyos, él nos conoce.

Con un fundamento tal se explica que el cristianismo sea un movimiento llamado a perdurar hasta el fin de los tiempos.

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Juan María Tellería

El pastor Juan María Tellería Larrañaga es en la actualidad profesor y decano del CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas),Centro Superior de Teología Protestante.

 

http://www.lupaprotestante.com/lp/blog/tu-y-yo-aparecemos-en-la-biblia/

[Francisco] Contra el viento de proa de la Curia Hans Küng


29nov2013
Infligiría un gran daño a la credibilidad del Papa Francisco que los reaccionarios del Vaticano le impidieran poner en práctica lo que predica acometiendo la reforma a todos los niveles que necesita la Iglesia.
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La reforma de la Iglesia está en marcha: en su escrito apostólico Evangelii gaudium, el papa Francisco refuerza no solo su crítica al capitalismo y al dominio del dinero, sino que habla de una reforma de la Iglesia «en todos los niveles”.
En concreto, defiende reformas estructurales: la descentralización hasta el nivel de los obispados y parroquias, la reforma de la cátedra de San Pedro, la revalorización de los laicos frente al clericalismo desbordado y una presencia más eficaz de la mujer en la Iglesia, sobre todo en los órganos decisorios. Habla también claramente en favor del ecumenismo y del diálogo interreligioso, en especial con el judaísmo y el islam.
Todo esto ha obtenido una amplia aprobación mucho más allá de la Iglesia católica. Su rechazo indiferenciado del aborto y de la ordenación de las mujeres podría suscitar la crítica y es aquí donde probablemente se pongan de manifiesto los límites dogmáticos de este papa. ¿O es que en esto quizá esté bajo la presión de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de su prefecto, el arzobispo Ludwig Müller?
Este expuso su postura archiconservadora en un largo escrito publicado el 23 de octubre pasado en el L’Osservatore Romano, en el que recalcó la exclusión de los sacramentos de los divorciados que se hayan vuelto a casar. Dado el carácter sexual de su relación, supuestamente viven en pecado mortal, a no ser que convivan «como hermano y hermana” (!).
Algunos observadores se preguntan con preocupación: ¿sigue el papa emérito Ratzinger actuando como una especie de papa en la sombra a través del arzobispo Müller y de Georg Gänswein, el secretario personal de Ratzinger y prefecto de la Casa Pontificia, a quien el pontífice anterior también promovió? Como cardenal, en 1993, Ratzinger llamó al orden a los entonces obispos de Friburgo (Oskar Saier), Ratisbona-Stuttgart (Walter Kasper) y Maguncia (Karl Lehmann) cuando propusieron una solución pragmática a la cuestión de la comunión de divorciados que habían vuelto a contraer matrimonio. Es típico que el actual debate, 20 años después, lo vuelva a desencadenar un arzobispo de Friburgo, Robert Zollitsch, también presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Zollitsch se atrevió a proponer otra vez la necesidad de replantearse la praxis pastoral del trato con los divorciados que se vuelven a casar. ¿Y el papa Francisco?
A muchos la situación les parece contradictoria: aquí reforma eclesiástica, allí el trato a los divorciados; el Papa querría avanzar, el prefecto de la fe frena. El Papa piensa en personas concretas, el prefecto, sobre todo, en la doctrina católica tradicional. El Papa querría ejercer la caridad, el prefecto apela a la justicia y santidad de Dios. El Papa querría que el sínodo sobre cuestiones de familia convocado para octubre de 2014 encontrara soluciones prácticas; el prefecto se apoya en argumentos dogmáticos tradicionales para poder mantener el despiadado statu quo. El Papa quiere que este sínodo acometa nuevos avances reformistas, el prefecto, que anteriormente fue un profesor neoescolástico de Dogmática, cree poder bloquearlos de antemano. ¿Sigue teniendo el Papa bajo control a este vigilante suyo de la fe?
¿Sigue el Papa emérito Ratzinger actuando en la sombra a través de Müller y Georg Gänswin?
Al respecto hay que decir que el propio Jesús se manifestó de forma inequívoca contra la disolución del matrimonio. «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Marcos, 10, 9). Pero lo hizo sobre todo para favorecer a la mujer, que en aquella sociedad estaba en desventaja jurídica y social frente al hombre, el único que podía repudiar a su mujer en el judaísmo. De este modo, la Iglesia católica, secundando a Jesús, incluso en una situación social completamente distinta, debería pronunciarse expresamente en favor del matrimonio indisoluble, que garantice a los contrayentes y a sus hijos relaciones estables y duraderas.
Pero el arzobispo Müller ignora evidentemente que Jesús manifestó en este punto un mandamiento tendencial que, al igual que otros mandamientos, no puede excluir el fracaso y la renuncia. ¿De verdad puede alguien imaginarse que Jesús no habría condenado el trato que actualmente se dispensa a los divorciados? Él, que protegió de forma especial a la adúltera frente a los «ancianos”, que se dirigió especialmente a los pecadores y fracasados y que incluso se atrevió a prometerles su perdón. Con razón dice el Papa: «Jesús debe ser liberado de los aburridos patrones en los que le hemos encasillado”.
En vista de la actual situación de desamparo de esos millones de personas en todo el mundo que, pese a ser miembros de la Iglesia católica, no pueden participar de la vida sacramental, de poco sirve citar un documento romano tras otro sin responder de forma convincente a la pregunta decisiva: ¿por qué no hay perdón precisamente para este fracaso? ¿No ha fracasado de forma lastimosa la doctrina en lo tocante a la prevención del embarazo, sin que haya logrado imponerse en la Iglesia? Un fracaso semejante debería evitarse a toda costa en lo que respecta a la separación.
En cualquier caso, la solución no es reclamar nuevos «esfuerzos pastorales” y pretender que se concedan con mayor generosidad las anulaciones matrimoniales, como sugiere el arzobispo. El auténtico escándalo para muchos católicos no es que la gente se divorcie y se vuelva a casar, sino la desvergonzada hipocresía que esconden muchas anulaciones matrimoniales… ¡incluso cuando hay varios hijos!
Fue la reaccionaria estrategia de la Doctrina de la FE la que arrastró a la Iglesia a la crisis actual
Solo en el año 2012, en Alemania, el porcentaje de divorcios alcanzó el 46,2% respecto a los matrimonios celebrados ese mismo año. Si partimos de las tasas actuales de divorcio y se suma a ellas el creciente número de parejas católicas que solo se ha casado por lo civil o que vive sin vínculo matrimonial alguno, solo en Alemania prácticamente la mitad de las parejas católicas estarían excluidas de los sacramentos. No hay que olvidar tampoco los muchos niños afectados por la distorsionada relación de sus padres con la Iglesia. Se trata, por tanto, de problemas pastorales de mayor alcance que cuestionan de forma radical la credibilidad de la Iglesia oficial y del Papa.
Fue la estrategia retrógrada de la Congregación para la Doctrina de la Fe la que arrastró a la Iglesia a la crisis actual y la que tuvo como consecuencia el abandono de la Iglesia de millones de personas, en particular el de aquellos divorciados que contrajeron segundas nupcias y a los que se excluyó de los sacramentos. Haría un daño tremendo a la Iglesia católica que 50 años después del Concilio Vaticano II se estableciera en el Vaticano un nuevo cardenal Ottaviani —jefe entonces de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o Inquisición— que se sintiera llamado a imponer su visión conservadora de la fe al Papa y al concilio; o a la Iglesia entera.
E infligiría un daño inmenso a la credibilidad del papa Francisco que los reaccionarios del Vaticano le impidieran poner en práctica lo antes posible lo que predica con sus palabras y sus gestos, llenos de caridad y sentido pastoral. La curia no puede dilapidar el enorme capital de confianza que el Papa ha reunido en sus primeros meses. Incontables católicos esperan:
—Que el Papa perciba la cuestionable posición teológica y pastoral del guardián de la fe, Müller;
—Que ponga coto a la Congregación para la Doctrina de la Fe y la someta a su línea teológica de orientación pastoral;
—Que la elogiable encuesta dirigida a obispos y católicos laicos con respecto al próximo sínodo sobre las familias desemboque en decisiones claras, fundadas en la Biblia y cercanas a la realidad.
El papa Francisco dispone de las necesarias cualidades de capitán para gobernar el barco de la Iglesia sabia y valerosamente entre las tempestades de la época; la confianza de la grey de la Iglesia le servirá de apoyo. Ante el viento de proa curial, muchas veces tendrá que navegar en zigzag. Pero, así lo esperamos, con la brújula del Evangelio (y no del derecho canónico) mantendrá el rumbo franco hacia la renovación, el ecumenismo y la apertura al mundo. Evangelii gaudium es a este respecto una etapa importante, pero ni de lejos la meta.
[Traducción de Jesús Alborés Rey. El País, 28 NOV 2013].

 

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