La guerra silenciosa contra las mujeres


La violencia sexual contra las mujeres es omnipresente, ha sido alentada como arma de guerra y constituye uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de los conflictos bélicos

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11/02/2014 14:27 Redacción

CIUDAD DE MÉXICO, 11 de febrero.- Les guste o no a los varones que lean este artículo, es un hecho demostrable que la violencia y las guerras han estado dominadas siempre por los hombres. No lo afirmamos nosotras las mujeres, lo acreditan las estadísticas de numerosos organismos internacionales serios y responsables.

En su más reciente colaboración para el diario español El País, el politólogo José Ignacio Torreblanca compartía con sus lectores una serie de cifras tan contundentes sobre la violencia ejercida por el género masculino, que nos dejó con ganas de compartir algunos datos. Solo por mencionar uno: según Naciones Unidas, el 70% de las mujeres han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida, una de cada cinco de tipo sexual. Y lo que es aún más increíble, las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidad de ser atacadas por su pareja o asaltadas sexualmente que de sufrir cáncer o tener un accidente de tráfico.

Podemos prohibir las bombas, pero detrás siempre hay un hombre…

Así rezaba uno de los epígrafes del artículo de Torreblanca. Y es que la cruda realidad afirma que el ser humano, desde hace milenios, ha demostrado una increíble capacidad de matar, y, además, de hacerlo en masa y sostenidamente. Para ello se ha servido de cualquier cosa a su alcance: un machete, un AK-47, explosivos convencionales o bombas atómicas.

La historia militar, argumenta el especialista, no deja lugar a dudas: “los ejércitos han estado formados por varones, que han sido los ejecutores casi en exclusiva de este tipo de violencia, y sus principales víctimas”. Alguien podrá argumentar que dentro de muchos grupos guerrilleros y bandas terroristas han participado mujeres, “a veces muy sanguinarias”; sin embargo, “la violencia bélica en manos de las mujeres ha sido una gota en un océano”. El resultado: “solo en el siglo XX, las víctimas de estos conflictos desencadenados y ejecutados por varones se cobraron la vida de entre 136 y 148 millones de personas”, agrega Torreblanca.

La peor vergüenza de una guerra: las violaciones

Según este especialista, la violencia sexual contra las mujeres es omnipresente, ha sido alentada como arma de guerra y constituye uno de los capítulos más vergonzosos, y más silenciados, de la historia de los conflictos bélicos.

Para nuestra desgracia, esta violencia sexual ocurre en todos los países que están en guerra. De acuerdo con cifras de la ONU, hoy, en pleno siglo XXI, en la República del Congo han ocurrido alrededor de 200.000 violaciones, una cifra similar a la ofrecida para Ruanda. Recordemos que, “en el corazón de la Europa educada, la violación también fue un arma de guerra interétnica en el conflicto de la antigua Yugoslavia, donde se estima que entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron violadas”, señala Torreblanca.

A esta barbarie hay que agregar: el aborto selectivo de niñas, los crímenes de honor, el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual o la mutilación sexual, que afecta a 130 millones de mujeres.

La violencia sexual ejercida contra las niñas y las mujeres en las zonas de conflicto ha sido tan abrumadora que en su Resolución 1.325 de 31 de octubre de 2000, la Organización de Naciones Unidas hizo visible por primera vez la necesidad de una protección explícita y diferenciada para las mujeres y las niñas en escenarios de conflicto, así como la contribución fundamental que las mujeres hacen y deben hacer en lo relativo a la resolución de conflictos y la construcción de la paz.

¿Es el hombre un arma de destrucción masiva?

Esto se preguntaba el articulista de El País al analizar una realidad que es incontestable: “los varones matan y se matan, mucho, y ejercen mucha violencia contra las mujeres”.

En Estados Unidos, las estadísticas señalan que el 90% de todos los homicidios cometidos entre 1980 y 2005 lo fueron por hombres, mientras que solo el 10% por mujeres; en España, por poner otro ejemplo, la población penitenciaria está compuesta en un 90% por hombres y en un 10% por mujeres. Finalmente, José Ignacio Torreblanca aseveraba: “podemos prohibir las armas largas, las armas cortas, las minas antipersona, las bombas de fósforo o de fragmentación, las armas bacteriológicas, químicas y nucleares, pero al final estaremos siempre en el mismo sitio: detrás de cada arma habrá un varón”.

El debate está abierto. Tú, ¿qué opinas?

 

http://www.excelsior.com.mx/de-la-red/2014/02/11/943254

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. LEILA ROSA BETANCUR DÍEZ
    Feb 11, 2014 @ 19:20:13

    Los varones no se pueden ofender por lo que éste artículo deja entrever. Es un hecho histórico registrado por el historiador Mircea Eliade y por Simone de Beauvoir que los primitivos varones ante el don de dar la vida que la naturaleza le otorgó a la mujer, sintieron celos. La reverencia que producía ese poder en la antigüedad hizo que nuestros masculinos compañeros inventaran la falacia de considerar más importante la astucia, la fuerza, el valor, la muerte recibida en las permanentes guerras por la sobrevivencia de la especie que la propia vida.acunada en el vientre materno. A partir de ahí se crearon esos patriarcales criterios sobre nuestro aporte femenino a la nueva vida. Según ellos, solamente aportábamos el recipiente. Éramos creaturas destinadas como la tierra al sometimiento a través de la fecundación de la semilla que poseía el que sometía por la fuerza, bien a la tierra, bien a la otra tierra que tenía apariencia humana. . Y así se fue construyendo la cultura de muerte que hemos heredado por milenios como especie humana. Hoy, parece que empezamos a sacar de las clandestinas catacumbas el valor de la vida. Los mismos hombres se están negando a ir a la guerra. Desde el concierto en Woodstock con su lema HAGAMOS EL AMOR Y NO LA GUERRA, desde la primavera de París, comenzó la reconquista del valor de la vida como don supremo y ahí vamos aprendiendo como niñ@s a caminar por la vida con valores de entrega amorosa, respeto, libertad, igualdad, y justicia hasta que lleguemos a la plenitud humana de la fraternidad universal.

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