UN DIALOGO PROFUNDO HECHO COMUNIÓN. Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


 

Es la Hna. María, mi maestra del Colegio, aunque nos vemos muy de tarde en tarde, cuando puedo, me gusta visitarla, ella se encuentra en la casa de la Hermanas Mayores. Con ocasión del entierro de otras de mis maestras, recién nos hemos vuelvo a encontrar.

Nuestro diálogo giro alrededor de la vivencia de la Eucaristía en nuestras vidas. Mi maestra es una mujer de 86 años, muy limitada en su andar, por su peso, pero tiene la cabeza, en plena lucidez.

Tanto en el Colegio, como ahora, no hemos tenido obstáculos en poder conversar y compartir nuestras vivencias del alma. Ella, en mi juventud, siempre supo adaptarse a mi adolescencia, me prestaba libros, que me ayudaran y orientaran en la búsqueda de la Esencia Divina, sobre todo me sabia escuchar.

Ante de hacerme presbitera, la visité y le conté, la búsqueda en que andaba, me hizo toda clase de preguntas, casi como un examen de conciencia. Preguntas que a su vez me hacían reafirmar en mi intento. Le respondí con argumentos. Ante la desobediencia, le respondí: Dice en Hechos 5:29: “Es nuestro deber obedecer primero a Dios, antes que a los hombres”. Ante su preocupación por la Excomunión latae sententiae, le comenté: nadie, me puede quitar o borrar mi bautismo, esto no es asunto ni de dogma, ni doctrina, es cuestión de revisar el Canon 1024, que dice: “solo todo varón bautizado, puede acceder al Orden”, acaso ha sido diferente el agua, con que hemos sido bautizadas las mujeres de la de los varones?  Le compartí experiencias vividas por falta de quien, atender a un enfermo y darle el Sacramento de la Salud. Al final, su conclusión fue: “Vas a hacer mucho bien!”. Me arrodillé, le pedí su bendición y me la dio.

Una vez ordenada, la volví a ver, le mostré fotos de la Ordenación y de algunas de las Eucaristías que he presidido, en las Comunidades y le dice: María, hasta el día de hoy, no he celebrado una sola Eucaristía igual a la otra. Es la Comunidad, la que participa, la que concelebra, yo solo recojo y presentó a la Esencia Divina, sus deseos, agradecimientos y alabanzas al Espíritu Divino.

Le contaba, cómo le explicaba a las Comunidades, que cada Eucaristía es una acción de gracias y antes del Ofertorio, pasaba por frente de cada uno/a recogiendo en mis manos, preguntándoles: “Vos, que querés agradecer y ofrecer hoy a la Esencia Divina?” y la gente va diciendo, van participando. Todo lo que el Pueblo de Dios ha dicho, lo traigo en mis manos (simbólicamente)  coloco en el corporal, para ofrecer junto con el pan y el vino…En la Homilía, ellos/as también han participado, porque no hacemos monólogos. En el momento de la Consagración, todas y todos consagramos, porque el compromiso de entrega y de servicio es de todos/as y de cada uno/a. Al terminar la Eucaristía, tampoco nos vamos en “paz”, es imposible, no podemos. La Eucaristía apenas se inicia, el compromiso es mucho, hay mucho trabajo por hacer, en la familia, en el barrio, en el trabajo, en la calle…con gran alegría y gozo vamos saliendo a anunciar el Evangelio!

Con todo mi anterior compartir, deje a mi maestra y regresé a casa. Al tiempo la volví encontrar y le dije: he venido a que sigamos nuestro diálogo profundo de común-unión. ¿Y saben qué me dijo?: “No he podido volver a vivir la Eucaristía, sin dejar de tener en cuenta, tu compartir de aquel día, ni la de la TV. Ni la de la Capilla”.  Imposible, no abrazarnos! Imposible, no agradecer a la Esencia Divina su manifestación a través de mí maestra…

Gracias, Esencia Divina por mi familia, por mis maestras, que me educaron en la fe, me dieron pistas para buscarte, preparándome cada día para el abrazo acogedor y divino en el manto de la Vida!

 

Envigado, Febrero 15/14

*Asociación Católica Romana Mujeres Presbiteras.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. freddy rodriguez
    Feb 16, 2014 @ 16:07:01

    Olguita. Muchas Gracias por tu experiencia de Fe profunda y es muy hermoso saber que tu caminar en esa búsqueda deja las provocaciones a su seguimiento de manera total y profunda. Todo el asunto de nuestra Espiritualidad se debiera vivir así y las cosas cambiarían radicalmente y nos darían más felicidad .
    Que Nuestro Señor te siga Bendiciendo y llenando de sus Dones y los contagien en tu caminar dejando LUZ para muchos que están en la obscuridad.
    Abrazos y unión de oraciones. Matilde

    Responder

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