En semana agitada, Papa Francisco propondría compromiso sobre divorcio


 

IHU – Unisinos
Adital

En la Iglesia Católica, así como en el Capitolio, a veces uno puede casi oler una solución de compromiso para un problema espinoso que va ganando forma. Éste puede ser el caso, ahora, en lo que tiene que ver con la permiso de que católicos divorciados y en segunda unión reciban los sacramentos, uno de los dolores de cabeza del Papa Francisco, durante una semana que promete ser muy ocupada. Créalo o no, el concepto clásicamente italiano de «mamma-ismo», que significa el control sobre un pareja por parte de una madre dominadora, puede desempeñar un papel fundamental en esto.

A partir de este lunes, Francisco va a participar de tres días de encuentros con su «G8», el consejo de ocho cardenales consejeros, un órgano del cual el cardenal Sean O’Malley, de Boston, es el único estadounidense. Se espera que ellos examinen las finanzas vaticanas y disminuyan la burocracia.

Después, en los días 20 y 21 de febrero, Francisco va a presidir un encuentro de la mayoría de los cardenales del mundo, poco antes del consistorio del sábado. Éste es un evento en que el Papa va a dar posesión del cargo a 19 nuevos miembros en el club más exclusivo de la Iglesia, el Colegio de Cardenales.

La sesión con los cardenales va a poner la mesa para una cumbre mundial de obispos a realizarse en octubre, para hablar sobre casamiento y familia. Entre las cuestiones difíciles está la de los católicos que se divorciaron y se casaron nuevamente sin una anulación; una declaración de la Iglesia que anula el primer casamiento, debe ser autorizada para recibir la comunión y los otros sacramentos de la Iglesia.

Es difícil exagerar la importancia de la cuestión a nivel de lo «cotidiano». Un estudio de 2007 descubrió que, en Estados Unidos, cerca del 10% de los católicos son divorciados y se casaron nuevamente 10 años después de su primer casamiento, un número que sube al 18%, si se considera después de los 20 años.

Encontrar una manera para permitir que esas personas reciban los sacramentos ha sido postergado por décadas, y Francisco pareció abrir la puerta para la flexibilización de las reglas durante un discurso en julio. Los cardenales más antiguos tienen divergencias, y el coordinador del G8 dice que el cambio es posible, pero tanto el zar doctrinal del Vaticano, como O’Malley indican que probablemente no lo sea.

El futuro cardenal alemán Gerhard Müller y O’Malley argumentaron que, dada la enseñanza de Cristo sobre el casamiento –»lo que Dios unió, nadie lo separe»–, alguien que se casa nuevamente sin una anulación está en desacuerdo con la fe y, por lo tanto, no puede recibir los sacramentos.

A veces ridiculizada como un «divorcio católico», una anulación es una declaración por parte de un tribunal de la Iglesia de que un casamiento nunca existió, en primer lugar porque una de las condiciones de validez no fue cumplida, como el libre consentimiento de ambas partes.

Ante esta tensión, un compromiso puede estar entrando en foco: ningún cambio en la prohibición de los sacramentos, pero un proceso más fácil y más amplio para la concesión de las anulaciones.

O’Malley propuso esa idea durante una reciente entrevista al diario The Boston Globe, diciendo que, tal vez, las anulaciones podrían acelerarse, al eliminarse la posibilidad de apelación a Roma, una disposición que muchas veces significa que un caso puede arrastrarse por años, si una de las partes quisiera impugnar el resultado.

Una conferencia de canonistas de la región italiana de la Liguria realizada el 15 de febrero pareció señalar hacia la misma dirección, argumentando que las bases sobre las cuales una anulación puede ser concedida deberían ser expandidas.

En particular, esos abogados canónicos propusieron el agregado del «mamma-ismo» a la lista, o sea, una situación en la que los cónyuges están tan completamente bajo el control de uno de los padres –generalmente, de acuerdo con los juristas, la madre– que ellos no tienen libre albedrío.

Ya se entienda el «mamma-ismo» como un concepto jurídico, o psicológico, o no, ilustra que muchas autoridades católicas están ávidas de que las anulaciones sean más amigables.

He aquí el por qué.

Muchos conservadores católicos creen que ahora es el momento equivocado para debilitar la defensa de la Iglesia de la santidad del casamiento, especialmente a la luz del creciente impulso del casamiento gay en todo el mundo desarrollado. Como se ve, permitir que los católicos divorciados y en segunda unión vuelvan a los sacramentos en masa equivaldría a tirar la toalla.

Liberales y moderados que quieren el cambio no pueden simplemente ignorar ese avance por parte de aquellos preocupados con las implicaciones doctrinales y políticas.

Anulaciones más rápidas, más fáciles y más baratas pueden ser una manera de dar a todos, al menos, un poco de lo que quieren –defendiendo la indisolubilidad del matrimonio, pero también proporcionando a millones de católicos divorciados y en segunda unión, una estrategia de salida a su estado de limbo.

Sabremos en breve si es así que piensan los casi 200 cardenales del mundo, que estarán compartiendo sus opiniones con Francisco esta semana.

*El reportaje es de John L. Allen Jr., publicado en el diario The Boston Globe, 17-02-2014.

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

 

http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=79503

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: