“Nunca vivimos nuestra relación con culpa”


Mariela Zabala (39) es la mujer de Nicolás Alessio, el cura al que la Iglesia Católica le prohibió ejercer el sacerdocio en 2011, entre otras cosas por apoyar el matrimonio igualitario.

Ella es antropóloga y docente de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Su historia es diferente del de otras mujeres que se relacionaron con sacerdotes, porque supo decodificar que el celibato era una norma social y por lo tanto podía ser desarmada sin culpa.

“Nuestra historia con Nico era bastante conocida. Pero nunca participé en la actividad parroquial de él para no generar conflictos por ser ‘la novia del cura’”, señaló.

“Nosotros nunca negamos nuestra relación. Nuestra política era: ‘El que pregunta es porque sabe’, entonces le confirmábamos su presunción. Nunca nos ocultamos. A medida que la situación se fue blanqueando empezamos a convivir. De todos modos, nosotros teníamos un modo de vincularnos corporalmente, sin decir un ‘te quiero’ explícito, si no a través de otras señales”, expresó la mujer.

“Cuando quedé embarazada decidí que no iba a ser una madre soltera. Yo quería una familia para mi hijo y que él pudiera decirle a Nico ‘papá’ en público. Él hubiera seguido siendo sacerdote si lo hubieran dejado. A mí no me hubiera molestado porque es lo que él quiere, es su vocación”, comentó Mariela.

Mariela recordó que el primer beso con Nicolás se lo dieron en el bar Unión, un sábado por la noche.

“Al día siguiente fui a misa para poder decodificar que lo que me pasaba era parte de una norma social y que podía ser deconstruida sin culpa”, dijo.

Mariela recordó también los momentos difíciles cuando se produjo la salida de Nicolás de la Iglesia. Ella estaba haciendo su tesis doctoral y de pronto todo cambió. “’Nos vamos’, me dijo Nico con un plantín en la mano”.

En ese momento, Mariela le envió una dura carta a Dante Simón, vicario judicial del Arzobispado. “Para que sus dichos no me causen una herida necesito poner en palabras la indignación que me invade por sus declaraciones”, comenzaba la carta.

Algunos párrafos dejaron traslucir el dolor de aquellos momentos. “(…) Mi familia fue constituida cuando ustedes ya le habían iniciado el juicio por ‘desobediencia’ (a Nicolás). La desobediencia fue haber acompañado y defendido el modo de vida de hombres y mujeres que se permitieron vivir su amor. (…). Gracias a nuestro trabajo mantenemos nuestro hogar. Ustedes nunca le dieron un peso a Nicolás, como sí hacen con muchas mujeres-madres que gritan desgarradas en las puertas del Arzobispado el abandono del sacerdote, que creían que las amaba, gestando un hijo, fruto de esa relación. Una manera económica de pedirles el silencio”.

Actualmente, la fe cristiana de Mariela sigue inquebrantable.

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