Haitianos indocumentados enfrentan dificultades para regularizar situación en República Dominicana


Adital

La situación de los descendientes de migrantes, en su mayoría haitianos, expatriados en República Dominicana continúa complicada para los que permanecen en aquel país. A pesar de los innumerables llamamientos de Amnistía Internacional y de las Naciones Unidas, reunidas este mes en la Convención Interamericana contra el Racismo, la Discriminación Racial y la Intolerancia Correlacionada, pocas respuestas positivas dan los gobiernos de la isla caribeña.

 

El agravante está en el Plan Nacional para la Regularización de Extranjeros, iniciado este mes en República Dominicana, que consiste en exigir documentos y el registro formal en el Departamento de Inmigración, para regularizar la permanencia como extranjeros, y así permitir la permanencia y el trabajo en el territorio. El problema es que muchos ciudadanos haitianos y sus descendientes expatriados no tienen ninguna documentación. Los documentos exigidos por las autoridades dominicanas son: certificado de nacimiento, documento de identidad y pasaporte.

 

Los periódicos dominicanos señalan que uno de los principales problemas del plan es que los expatriados haitianos no completan el registro debido a la falta de documentos. El Grupo de Apoyo a los Refugiados y Repatriados (Garr) teme que la escasa documentación que tienen quede retenida en los puestos de registro. Así, convoca a las autoridades haitianas a actuar urgentemente para evitar que los descendientes de haitianos caigan en lo que llaman la “trampa” del Estado dominicano, que tiende a regularizar sólo una pequeña cantidad de expatriados de Haití.

 

Al Gobierno de Haití se le encargó, durante la reunión bilateral en Ouanaminthe, el 7 de enero de 2014, de proporcionar documentos de identificación adecuados a los trabajadores migrantes para concluir el proceso de regularización. Cosa que no han hecho con agilidad. Excepto el Decreto presidencial publicado en el Diario Oficial del 16 de enero de 2014 –que concede a cualquier persona sin un certificado de nacimiento, en un período de cinco años, la gratuidad para la regularización de su estado civil– ningún anuncio oficial se hizo para dar cuenta de la situación de los registros de haitianos en el exterior y regularizar la permanencia en República Dominicana. Posición que los vuelve vulnerables y, muchas veces, expuestos a todos los tipos de violaciones de derechos humanos. Sin contar con la posibilidad de que los expatriados vuelvan a Haití para obtener la documentación y no lograr retornar a sus casas en el país vecino.

 

El Garr afirma que, para resolver esta situación, es esencial que el gobierno haitiano modernice el sistema de registro e identificación, para que todos los haitianos y haitianas puedan tener acceso a sus documentos, independientemente de dónde ellos se encuentren. En ese sentido, los procedimientos para la obtención de los documentos deberán simplificarse y los costos reducirse. Así, es necesaria la creación urgente de una unidad especial de emisión de pasaportes en República Dominicana y que nuevos consulados se abran en áreas con alta concentración de haitianos.

 

Ex-cónsul critica

 

El ex-cónsul de Haití en República Dominicana, Edwin Parison, afirmó que apoya la idea de la unidad de emisión de pasaportes haitianos en territorio dominicano, en declaración a la prensa dominicana, el 16 de junio pasado. De acuerdo con Parison, hoy director ejecutivo de la Fundación Zile, las autoridades haitianas no tienen disculpas válidas por la falta del servicio: “Los migrantes haitianos en territorio dominicano tienen el derecho a los documentos de identidad. Creo que es inaceptable que sean tratados como parientes pobres, mientras el 56% de los pasaportes haitianos emitidos en el exterior son para esa comunidad”.

 

Parison criticó el hecho de que todos los pasaportes haitianos son producidos fuera del país, específicamente en la Embajada de Haití en Washington, hoy la única entidad que emite pasaportes haitianos en el exterior. Este modo de actuar, según él, va a desacelerar la entrega de pasaportes, cuya tramitación se estima en dos o tres meses.

 

El diplomático aprovechó la oportunidad para solicitar al Gobierno de Haití que revise la forma de emisión de los pasaportes haitianos para hacer el trámite más accesible para los expatriados de República Dominicana. Rogó que las autoridades haitianas trabajen para agilizar la prestación de servicios de documentos de identidad a todos los haitianos migrantes, especialmente a aquellos que están en el territorio vecino. De acuerdo con informaciones proporcionadas por el ministro dominicano de Interior y Policía, José Ramón Fadul, más de 31 mil personas ya solicitaron el registro, de los cuales el 97% son ciudadanos haitianos.

 

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

 

http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=81278

TRES LLAMADAS DE JESÚS: JOSE ANTONIO PAGOLA


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ISSN: 1579-6345

ecleSALia 2 de julio

de 2014

PREMIO ALANDAR 2011″

 

 

14 Tiempo ordinario (A) Mateo 11, 25-30

 

JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

ECLESALIA, 02/07/14.- El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en alguno sectores de nuestras comunidades.

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón contínuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.

Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.

“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.

Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.

“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”.

Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven “perdidos”, (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

 

TRE APPELLI DI GESÙ

José Antonio Pagola. Traduzione: Mercedes Cerezo

L’evangelo di Matteo ha raccolto tre appelli di Gesù che noi, suoi seguaci, dobbiamo ascoltare con attenzione, perché possono trasformare il clima di scoraggiamento, stanchezza e noia che a volte si respira in qualche settore delle nostre comunità.

Il Venite a me, voi tutti che siete stanchi e oppressi, e io vi darò ristoro, è il primo appello. È diretto a tutti quelli che vivono la loro religione come un carico pesante. Non sono pochi i cristiani che vivono oppressi dalla loro coscienza. Non sono grandi peccatori, Semplicemente sono stati educati a tenere sempre presente il loro peccato e non conoscono la gioia del perdono continuo di Dio. Se s’incontrano con Gesù, si sentiranno ristorati.

Ci sono anche cristiani stanchi di vivere la loro religione come una tradizione invecchiata. Se s’incontrano con Gesù, impareranno a vivere felici con Dio. Scopriranno una gioia interiore che oggi non conoscono. Seguiranno Gesù non per obbligo ma per attrazione.

Prendete il mio giogo sopra di voi, perché è dolce e il mio peso leggero. È il secondo appello. Gesù non opprime nessuno. Al contrario, libera il meglio che c’è in noi poiché ci propone di vivere facendo la vita più umana, degna e sana. Non è facile trovare un modo più appassionante di vivere.

Gesù libera da paure e pressioni, non le introduce; fa crescere la nostra libertà, non le nostre schiavitù; risveglia in noi la fiducia, mai la tristezza; ci attrae verso l’amore, non verso le leggi e i precetti. Ci invita a vivere facendo il bene.

Imparate da me, che sono mite e umile di cuore, e troverete ristoro per la vostra vita. È il terzo appello. Dobbiamo imparare da Gesù a vivere come lui. Gesù non complica la nostra vita. La fa più chiara e più semplice, più umile e più sana. Offre riposo. Non propone mai ai suoi seguaci qualcosa che egli non abbia vissuto. Ci invita a seguirlo per la stessa via che egli ha percorso. Per questo può comprendere le nostre difficoltà e i nostri sforzi, può perdonare le nostre lentezze e i nostri errori, animandoci sempre a rialzarci.

Dobbiamo concentrare i nostri sforzi nel promuovere un contatto più vitale con Gesù in tanti uomini e donne che hanno bisogno d’incoraggiamento, riposo e pace. Mi rattrista vedere che è proprio il loro modo d’intendere e di vivere la religione che conduce non pochi, quasi inevitabilmente, a non conoscere l’esperienza di confidare in Gesù. Penso a tante persone che, dentro e fuori della Chiesa, vivono “smarriti”, senza sapere a quale porta bussare. So che Gesù potrebbe essere per loro la grande notizia.

 

THREE INVITATIONS FROM JESUS

José Antonio Pagola.

Matthew’s Gospel gathers together three invitations from Jesus that we his followers need to listen to attentively, since they can transform the climate of discouragement, weariness, boredom that often pervades some parts of our communities.

“Come to me, all you who labor and are overburdened, and I will give you rest.” This is the first invitation. It’s directed toward all those who live their religion as a heavy burden. Not a few Christians live beaten down by their conscience. They aren’t great sinners. They simply have been taught to always have their sin before them and they don’t know the joy of God’s continuous forgiveness. If they meet Jesus, they will find themselves relieved.

There are also Christians tired of living their religion as a worn-out tradition. If they meet Jesus, they will learn to be fully alive with God. They will discover an inner joy that they don’t know yet. They will follow Jesus, not out of obligation, but out of attraction.

“Shoulder my yoke… it is easy, and my burden is light.” This is the second invitation. Jesus doesn’t weigh anyone down. On the contrary, he frees up what‘s best in us, since he proposes that we live our lives making them more human, worthy, whole. It’s not easy to find a more passionate way of living.

Jesus frees us from fear and pressure, he doesn’t impose these on us; he makes our liberty grow, not our slavery; he awaken in us trust, never sadness; he draws us to love, not toward laws and precepts. He invites us to live by doing good.

“Learn from me, for I am gentle and humble in heart, and you will find rest for your souls.” This is the third invitation. We need to learn from Jesus how to live like him. Jesus doesn’t complicate our life. He makes it clearer and simpler, more humble, more whole. He offers rest. He never puts onto his followers something that he hasn’t lived himself. He invites us to follow him on the same path that he has walked. That’s why he can understand our difficulties and our struggles, he can forgive our stupidities and our faults, always encouraging us to get up again.

We need to focus our efforts to promote a more vital contact with Jesus in so many men and women who need courage, rest, and peace. I’m saddened to see that it is precisely their way of understanding and living religion that leads so many, almost inevitably, to not know the experience of trusting in Jesus. I think about so many people who, both within and outside of the Church, live ‘lost’, without knowing at what door to knock. I know that Jesus would be good news for them.

 

JESUSEN HIRU DEI

José Antonio Pagola. Itzultzailea: Dionisio Amundarain

Mateoren ebanjelioak Jesusen hiru dei jaso ditu. Haren jarraitzaileok arretaz entzun beharrekoak. Izan ere, eraldatzen ahal baitute gure elkarteetako sektore batzuetan arnasten den giroa, etsipen, neke, asperraldizko giroa.

«Zatozte nigana nekaturik eta larri bizi zaren guztiok. Nik neuk lasaituko zaituztet». Hauxe da lehenengo deia. Erlijioa zama astun bezala bizi dutenentzat da. Ez dira gutxi beren kontzientziak estuturik dituen kristauak. Ez dira bekatari handi. Soil-soilik, honela hezi dituzte: beren bekatua beti begi aurrean izateko, eta ez dute ezagutzen Jainkoaren etengabeko barkazioaren poza. Jesusekin topo egiten badute, arindurik sentituko dira.

Bada beste kristau-talde bat ere: erlijioa, ahitua den tradizio bezala bizi duena. Jesusekin topo egiten badute, Jainkoarekin gustura bizitzen ikasiko dute. Gaur ezagutzen ez duten barne poza aurkituko dute. Jesusi jarraituko diote, ez obligazioz, baizik hark erakartzen dituelako.

«Hartu nire uztarria, eraman erraza baita eta arina nire zama». Hauxe da bigarren deia. Jesusek ez du inor estutzen. Aitzitik, gugan den alderik hobena liberatu egiten du; izan ere, bizitza gizakoiago, duinago eta sanoago eginez bizitzea proposatzen digu. Ez da erraza bizitzeko hori baino era biziago bat aurkitzea.

Jesusek liberatu egiten gaitu ikaratik eta estutasunetik, eta ez ditu eragiten; gure askatasuna hazarazi egiten du, eta ez gure morroi-mirabetza; konfiantza esnatzen du gu baitan, eta ez tristura; maitasunerantz erakartzen gaitu, eta ez lege eta arauetarantz. On eginez bizitzeko gonbita egiten digu.

«Ikasi nigandik, bihotzez otzana eta apala naizela, eta izango duzue atsedenik». Hauxe da hirugarren deia. Bera bezala bizitzen ikasi behar dugu Jesusengandik. Jesus ez datorkigu geure bizitza korapilatzera. Argiago eta xumeago bihurtzen du, umilago eta sanoago. Atsedena eskaintzen digu. Ez die sekula proposatzen bere ikasleei berak bizi izan ez duen ezer. Berari jarraitu, berak egin duen bide beretik jarraitzeko eskatzen digu. Horregatik, ondo asko ezagut ditzake gure zailtasunak eta ahaleginak; horregatik, barka ditzake gure trakeskeriak eta erroreak, beti ere jaikitzeko animoa emanez.

Honetara bildu behar ditugu geure ahaleginak: Jesusekin bizi-harremanak eragitera, arnasa-, atseden- eta bake-premia duten hainbat eta hainbat gizon-emakumerengan. Tristura sentitzen dut ikustean, hain juxtu ere erlijioa ulertzeko eta bizitzeko erak daramala aski jende, kasik ezinbestean, Jesusengan konfiantzarik ez izateko esperientziara. Gogora datorkit hainbat eta hainbat jende, Elizaren barnean nahiz kanpoan, «galdurik» bizi dena, zein ate jo ez dakiela.Badakit, Jesus izan litekeela albiste handia halako jendearentzat.

 

TRES CRIDES DE JESÚS

José Antonio Pagola. Traductor: Francesc Bragulat

L’evangeli de Mateu ha recollit tres crides de Jesús que hem d’escoltar amb atenció els seus seguidors, ja que poden transformar el clima de desànim, cansament i avorriment que de vegades es respira en alguns sectors de les nostres comunitats.

“Veniu a mi tots els qui esteu cansats i afeixugats, i jo us faré reposar”. És la primera crida. S’adreça a tots els que viuen la seva religió com una càrrega pesada. No són pocs els cristians que viuen aclaparats per la seva consciència. No són grans pecadors. Senzillament, han estat educats per tenir sempre present el seu pecat i no coneixen la joia del perdó continu de Déu. Si es troben amb Jesús, se sentiran alleujats.

Hi ha també cristians cansats de viure la seva religió com una tradició gastada. Si es troben amb Jesús, aprendran a viure a gust amb Déu. Descobriran una alegria interior que avui no coneixen. Seguiran Jesús, no per obligació sinó per atracció.

“Accepteu el meu jou, perquè és suau, i la meva càrrega, lleugera”. És la segona crida. Jesús no atabala ningú. Al contrari, allibera el millor que hi ha en nosaltres ja que ens proposa viure fent la vida més humana, més digna i més sana. No és fàcil trobar una manera més apassionant de viure.

Jesús allibera de pors i de pressions, no els introdueix; fa créixer la nostra llibertat, no les nostres servituds; desperta en nosaltres la confiança, mai la tristesa; ens atrau cap a l’amor, no cap a les lleis i preceptes. Ens convida a viure fent el bé.

“Feu-vos deixebles meus, que sóc benèvol i humil de cor, i trobareu el repòs”. És la tercera crida. Hem d’aprendre de Jesús a viure com ell. Jesús no complica la nostra vida. La fa més clara i més senzilla, més humil i més sana. Ofereix descans. No proposa mai als seus seguidors una cosa que ell no hagi viscut. Ens convida a seguir-lo pel mateix camí que ell ha recorregut. Per això pot entendre les nostres dificultats i els nostres esforços, pot perdonar les nostres ineptituds i errors, animant-nos sempre a aixecar-nos.

Hem de centrar els nostres esforços en promoure un contacte més vital amb Jesús en tants homes i dones necessitats d’encoratjament, de descans i de pau. M’entristeix veure que és precisament la seva manera d’entendre i de viure la religió el que condueix a no pocs, gairebé inevitablement, a no conèixer l’experiència de confiar en Jesús. Penso en tantes persones que, dins i fora de l’Església, viuen “perduts”, sense saber a quina porta trucar. Sé que Jesús podria ser per a ells la gran notícia.

 

GALLEGO

TRES CHAMADAS DE XESÚS

José Antonio Pagola. Traduciu: Xaquín Campo

O evanxeo de Mateu recolleu tres chamadas de Xesús que habemos escoitar con atención os seus seguidores, pois poden transformar o clima de desalento, cansazo e aburrimento que ás veces se respira nalgúns sectores das nosas comunidades.

“Vinde a min todos os que estades cansos e angustiados. Eu heivos aliviar”. É a primeira chamada. Está dirixida a todos os que viven a súa relixión como unha carga pesada. Non son poucos os cristiáns que viven angustiados pola súa conciencia. Non son grandes pecadores. Sinxelamente, foron educados para teren sempre presente o seu pecado e non coñecen a alegría do perdón continuo de Deus. Se se atopasen con Xesús, sentiríanse aliviados.

Hai tamén cristiáns cansos de viviren a súa relixión como unha tradición gastada. Se se atopasen con Xesús, aprenderían a viviren a gusto con Deus. Descubrirían unha alegría interior que hoxe non coñecen. Seguirán a Xesús, non por obrigación senón por atracción.

“Cargade co meu xugo porque é levadeiro e a miña carga lixeira”. É a segunda chamada. Xesús non angustia a ninguén. Ao contrario, libera o mellor que hai en nós e proponnos vivirmos facendo a vida máis humana, digna e sa. Non é doado atoparmos un modo máis apaixonante de vivirmos.
Xesús libera de medos e presións, non os introduce; fai crecer a nosa liberdade, non as nosas servidumes; esperta en nós a confianza, nunca a tristeza; atráenos cara ao amor, non cara ás leis e preceptos. Invítanos a vivirmos facendo o ben.

“Aprendede de min que son manso e humilde de corazón e atoparedes descanso”. É a terceira chamada. Temos de aprender de Xesús a vivirmos coma el. Xesús non complica a nosa vida. Faina máis clara e máis sinxela, máis humilde e máis sa. Ofrece descanso. Non propón nunca aos seus seguidores algo que el non viva. Invítanos a seguilo polo mesmo camiño que el percorreu. Por iso pode entender as nosas dificultades e os nosos esforzos, pode perdoar as nosas torpezas e erros, animándonos sempre a levantarnos.

Temos de centrar os nosos esforzos en promovermos un contacto máis vital con Xesús en tantos homes e mulleres necesitados de alento, descanso e paz. Entristéceme ver que é precisamente o seu modo de entenderen e de viviren a relixión o que conduce a non poucos, case inevitabelmente, a non coñeceren a experiencia de confiar en Xesús. Penso en tantas persoas que, dentro e fóra da Igrexa, viven “perdidos”, sen saberen a que porta chamar. Sei que Xesús podería ser para eles a gran noticia.

 

 

 

 

eclesalia.net

Carta abierta por ellos y por ellas


29.06.14 | 23:37.

Estimados amigas y amigas

Comparto día a día los anhelos y esperanzas, el dolor y la angustia de muchas personas, mujeres, niños, familias enteras, que se ven abocadas a la desesperación y al fracaso. No tienen trabajo ni perspectivas de tenerlo. Las buenas noticias de la recuperación económica aun no les han llegado a ellos y ellas que son los últimos, los invisibles, pero no por eso menos reales e importantes.

Me duele ver cómo hay tantas personas que muy cerca nuestro no pueden tener una vida feliz, con sus necesidades fundamentales cubiertas, pero me anima saber que si entre todos sumamos complicidades, podemos parar el golpe y facilitar que se pongan de pie, que luchen y que con esfuerzo salgan adelante.

Enjugar lágrimas, escuchar confidencias nacidas de la desesperación, consolar, acompañar y comprender, conjugado con la búsqueda de recursos, la animación de voluntarios, y la pasión por construir una humanidad más humana, en la que entre todos nos ocupemos con compromiso de “llenar la botella que para muchos está medio vacía”, no siempre es fácil.

Después de compartir tantos años el paso por este túnel oscuro, que llamamos crisis, con personas muy concretas, con historias que tal vez nunca se expliquen, pero que son dignas de ser contadas, porque revelan el fracaso de la humanidad y la lucha a muerte por la vida de nuestros semejantes; después de ponerme en su piel y vivir desde la proximidad vital, hoy, “mi vida son mis causas, y mis causas valen más que mi vida”, porque son vidas, amables y con derecho a ser vividas.

No sé cómo, pero estoy segura que si estas palabras os llegan y veis que podéis ayudarme a ayudar, encontraréis la fórmula de crear nuevas complicidades, de sumar sinergias y de activar el cambio de forma pacífica, reconciliadora y digna de nuestra humanidad.

Solo deciros que trabajo con 250 voluntarios, que atendemos una Plataforma de alimentos con más de 1.300 familias, que tenemos un albergue para personas sin hogar y sin techo: que estamos abriendo pisos para familias, pisos que buscamos y que conseguimos desde el diálogo y la amistad –que debemos mantener cada mes con sus respectivos gastos- , que próximamente abriremos espacios con duchas, lavanderías y ropero, para evitar que los que ya no tienen agua y luz, se degraden y pierdan su dignidad. Además estamos creando empresa de huertos ecológicos, cooperativas de consumo y de confección y diseño de ropa con mujeres y hombres que vienen de una situación de exclusión social o que estaban en riesgo de caer en ella. Además tenemos programas para apadrinar familias con niños para que no se les corten los suministros. No dejamos de lado la opción por la alfabetización, el apoyo escolar, el acompañamiento para buscar trabajo y para evitar que la situación lleve a la desesperación a quienes padecen y sufren….

Mucho trabajo, muchísimos retos. Todo hecho con voluntarios, lo que garantiza que todas las ayudas van directamente a las personas que las necesitan sin que se pierda nada en estructuras.

Me encantaría que activéis vuestra creatividad, vuestra generosidad y que si queréis compartir para que algunos estén un poquito mejor, os lo agradeceré inmensamente.

Os dejo un correo y estamos en contacto. Perdonad mi atrevimiento, pero no puedo menos que clamar por “ellos/as” los que no cuentan”, para que entre todos evitemos una fractura social y para que la justicia haga germinar entre nosotros la paz que nace de la fraternidad.

Sor Lucía Caram
info@fundaciorosaoriol.org
Tel 93 873 4928
Tel. 628 33 10 49

Si quieres ayudarnos: La Caixa ES43 2100 3093 0722 0031 6970

 

http://blogs.periodistadigital.com/sintoniacordial.php/2014/06/29/p354324#more354324

ARGENTINA FAIE afirma que es un retroceso en el diálogo la manera en que se realizó el Te Deum del pasado 25 de mayo


Buenos Aires, lunes, 30 de junio de 2014 (ALC) – En una carta de principios de junio, dirigida al Secretario de Culto de la Nación, Embajador Guillermo Oliveri, la conducción de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE), expresó “sentimiento de frustración” por la manera en que se desarrolló el Te Deum del pasado 25 de mayo en la Catedral Metropolitana, entendiendo “que es un retroceso en el camino del diálogo y amplitud que este Gobierno nos ha propuesto…”

La nota completa dice:

Hemos visto con reconocimiento como en años recientes se dio lugar a la presencia y expresión de la pluralidad del arco religioso y a las distintas corrientes del cristianismo en ocasión de la celebración religiosa que acompaña a la Fiesta Patria del 25 de Mayo. En esas oportunidades hubo una participación abierta de diversas confesiones y religiosidades presentes en nuestro pueblo, dando testimonio así de un crecimiento en el reconocimiento de la diversidad y pluralismo que aportan a la cultura de nuestra nación.

Nuestra vocación de continuar en esa línea se expresó ante esa Secretaría mediante una nota enviada a Ud. el 20 de febrero del corriente año, y luego en una conversación con el Subsecretario, Emb. J. Landaburu, sostenida el 13 de mayo, días antes de la celebración del Te Deum. En esa conversación se ratificó la voluntad de tener una participación interreligiosa en el acto del año en curso.

Es más, la invitación recibida de la Secretaría General de la Presidencia de la Nación con fecha del 21 de marzo de 2014 señalaba el carácter interreligioso del Te Deum. Más adelante se nos comunicó sobre la participación de una pastora de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina convocada en representación de nuestras iglesias.

Sin embargo, ya en el acto religioso en la Catedral Metropolitana pudimos comprobar que el mismo siguió los pasos de un acto exclusivamente de la Iglesia Católica Romana, y que a los representantes de otras confesiones se les relegó a un rol totalmente pasivo, de silencioso acompañamiento. Debemos reconocer que ello nos ha provocado un sentimiento de frustración y entendemos que es un retroceso en el camino del diálogo y amplitud que este Gobierno nos ha propuesto y que fuera reclamado en la homilía del Cardenal. ¿Cómo puede haber diálogo cuando se escucha una sola voz?

Sabemos de la disposición de esa Secretaría para escuchar todas las voces y de la amplitud con que hemos sido recibidos por la Presidenta de la Nación en más de una ocasión, y cómo ha expresado su voluntad de ver a las distintas confesiones e iglesias participando en diversas actividades y programas de gobierno que hacen a la vida pública. Por ello hemos vivido esta situación como un paso atrás en este camino. Confiamos que haya sido una situación particular y que en próximas ocasiones podamos volver a tener, en momentos tan importantes para la vida de nuestro pueblo, una expresión  respetuosa de la diversidad religiosa y una muestra de la unidad en la diversidad que hace a la composición y riqueza de nuestro pueblo.

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Vale recordar que hace varios años se cambió la tradición que realizaba los Te Deum en la Catedral Metropolitana, sede del Arzobispo porteño, realizándose los mismos en distintas catedrales de provincias argentinas, sumándose en las últimas celebraciones la participación activa de líderes religiosos ecuménicos. Este año la Presidenta regresóa la Catedral porteña y el Te Deum tuvo las características que relata la FAIE.
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Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (ALC)

29 JUNIO/14 IGLESIA CATÓLICA INCLUSIVA “SAN ROMERO DE AMÉRICA”


Iglesia Católica Inclusiva Oscar Romero
El boletín para el domingo, el 29 de junio 2014
13 domingo de tiempo ordinario

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Mis amigos y amigas:

Hoy, 28 de junio de 2014, cumple un año desde que el Senado aprobó la ley
de reforma de inmigración. La Cámara de Representantes ha tenido un año en
el que ellos han tenido la oportunidad de detener la separación de las
familias, la deportación de personas que sólo quieren vivir y trabajar,
para hacer frente al miedo estado militar estamos cayendo más y más en la
constitución de las zonas francas alrededor de nuestras fronteras. Han
perdido este año, y en el entretanto miles de familias han sido separadas,
miles de vidas desarraigadas.

Pienso en mi joven amigo Rafael que fue deportado con su madre el pasado
verano. Llevó a través del desierto a los tres años de edad, no tenía
memoria de México. En las fotos su madre ha enviado desde entonces, es
doloroso ver el dolor y enojo en sus ojos inocentes.

Pienso en el otro chico, Johnny, sobrino de la pareja en nuestra comunidad,
que se fue a México cuando su padre fue deportado, a pesar de que nació
aquí. Dijeron que él había crecido muy delgada, que nostalgia de cosas como
cereales para el desayuno y las hamburguesas. ¿Qué se siente al ser
obligados a ir a vivir en lo que es un país extranjero, cuando eres un niño?

Pienso en nuestro amigo Marconi, deportados en Enero sin la ropa que
intenté llevar a él, a quien no hemos escuchado en meses. Espero que
esté bien.

No es sólo las deportaciones que han desgarrado nuestra pequeña comunidad
aparte, pero el temor a la Patrulla Fronteriza, tan activa en nuestra zona,
que mantiene a la gente de nuevo. Eso, y la falta de trabajo — después de
la I-9 las redadas que costó tantas su trabajo hace dos años, algunos
agricultores han cambiado a cultivos menos intensivos en mano de obra.
Ellos dicen que la Patrulla Fronteriza está intensificando su actividad,
con paradas de tráfico informó sobre Ruta 104. Casi todas las personas de
nuestra comunidad que han sido detenidos fueron detenidos por “conducir
cuando Méxicano.”

Hace poco que he oído a alguien decir que no tenían idea que la inmigración
es un problema en el área de Rochester. Nuestra iglesia es la prueba
viviente de que es.

Bendiciones y amor para todos,

Chava+ RCWP

Iglesia Católica Inclusiva Oscar Romero
Una comunidad inclusiva de la liberación, la justicia y la alegría
adorar en el marco de la Tradición católica
Misa: Los domingos, 11 am
de San José Casa de Hospitalidad
402 South Ave Rochester, NY 14620

La Iglesia cambia algo para no cambiar


Desde que Bergoglio se sienta en Roma como obispo de la ciudad eterna, hace ya más de un año, ha dado igual que sus declaraciones sean únicamente brindis al sol.

Julio Reyero | Periódico CNT

Los grandes medios de comunicación, sobretodo los que escenifican un alineamiento con aquello que se llamaba izquierda, no paran de ensalzarlo y de ver “brotes verdes” donde no hay más que tierra yerma. Que sus zapatos no sean de diseño y haya elegido llevar un pectoral de plata en lugar de uno de oro ha llegado a exagerarse hasta el punto de verlo llevar “una cruz de latón o de calzar unos zapatos raídos” (según Belén Carreño en el suplemento “Qué está pasando en la Iglesia” publicado poreldiario.es).

La última medida de relevancia de la Conferencia Episcopal Española, ha sido sustituir a Rouco Varela de su dirección por Ricardo Blázquez, algo cuya respuesta mediática encaja perfectamente con el ejemplo anterior. Abulense de más de setenta años, se ha querido ver en su nombramiento un signo de los “nuevos tiempos” y por tanto se ha tenido que alabar la medida edulcorando su pasado aunque sea por comparación a la bestia parda que representa Rouco Varela. Tal es así que pocos medios de comunicación generalistas, prácticamente ninguno, ha reflejado que llevamos 14 años con una Conferencia episcopal que sustituye en su presidencia a Rouco por Blázquez y a Blázquez por Rouco siendo uno el vicepresidente del otro del 2008 al 2014. Seis años de vicepresidente, que se dice pronto, para acabar viendo su actual elección como presidente como un signo del cambio, algo verdaderamente bizarro.

Pero hay dos aspectos en los que se puede demostrar la falacia de este intento de aparentar un cambio progresista al poner a Blázquez ahora a la cabeza del órgano ejecutivo del clero español.

Se ha atribuido a Rouco el papel de azote de herejes por su ataque público y constante a quienes no siguen los preceptos católicos. Un ejemplo que se ha utilizado ha sido su presencia física en las manifestaciones antiabortistas disfrazadas de familiares, mientras que se señaló la ausencia de Blázquez como un gesto más conciliador de este prelado, que evitaba echar más leña al fuego.

Sin embargo los mismos periodistas olvidaron el desplante que el actual arzobispo de Valladolid le hizo a Soraya Saenz de Santa María cuando ésta fue designada para dar el pregón de la Semana Santa por sus responsables. Según Blázquez su condición de casada civilmente hacía inapropiada su elección. De igual forma a finales de 2008 arremetía contra los derechos de gays y lesbianas señalando su deseo de volver a prohibir la consideración de matrimonio a sus uniones por considerarlo una “desfiguración” del sacramento. Aprovechando el micrófono también tuvo palabras para calificar de “duro golpe” la aprobación de la ley que peyorativamente se ha llamado del “divorcio express”.

En definitiva la sensación es de estar ante lo que vulgarmente se conoce como la representación del “poli bueno” y del “poli malo”. Rouco con sus diatribas constantes contra todo lo que no sea heterosexualidad inserta en el matrimonio y en defensa de una sociedad públicamente religiosa cuyo catolicismo impregne todas sus instituciones, es decir, el “poli malo” de pecadores, ateos y librepensadores; y Blázquez con su perfil más “moderado”, su talante negociador y diplomático que obtiene resultados por otros medios, es decir, el “poli bueno” que además ahora viene de la mano de nuestro “Papa pobre”.

La fuerza de la combinación de ambas cabezas de la misma hidra es incalculable, una vez que ya comprobamos en qué consiste el “dialogante” carácter de Ricardo Blázquez. En el año 2007 Rodríguez Zapatero obtuvo el dudoso honor de ser el presidente que más dinero público entregó a la iglesia en toda la historia de la democracia. Esto ocurrió tras las negociaciones protagonizadas por Blázquez con el gobierno para subir la asignación de cada x en la casilla del IRPF del 0,42%, que se entregaba hasta entonces, a un 0,7%. Esta simple medida supuso ingresar un 30% más mientras que prácticamente hubo el mismo número de personas que marcaron la casilla respecto al año anterior. Fueron más de 60 millones de euros por encima de lo recaudado el año anterior, por lo que Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, salió muy sonriente explicando su satisfacción en rueda de prensa. Esas fueron las nueces obtenidas de los golpes que sus colegas, entre los que se encontraba Rouco, daban en las calles voceando sobre lo que las mujeres tienen que hacer con sus cuerpos.

Pero si todavía había alguna duda sobre la alineación que tiene Blázquez en las distintas “sensibilidades” de la iglesia cualquiera puede comprobar cómo en el año 2010 fue el encargado nombrado por la Santa Sede de la visita apostólica del movimiento Regnum Christi, punta de lanza laica de los ultraconservadores Legionarios de Cristo. Rouco ha demostrado también gran simpatía por la estructura creada por Marcial Maciel, pederasta confeso y fugado y adicto al dinero y a los tranquilizantes, aunque últimamente se ha decantado por el impulso al otro gran peligro social: el camino neocatecumenal de Kiko Argüello.

Viendo la trayectoria del señor Blázquez y sus habilidades, sobretodo a la hora de recaudar, no solo desconfiamos de que constituya una renovación en la jerarquía de la iglesia española, sino que hay que tener la certeza de que son dos tazas del mismo caldo.

 

http://www.alasbarricadas.org/noticias/node/31557

La profecía en la Iglesia José Comblin


CUADERNOS OPCION por los POBRES – CHILE

MOVIMIENTO TEOLOGIA para la LIBERACION

Correo: opcion.porlospobres.chile@gmail.com

Rosas 2090 – D. Santiago – Chile

Introducción

 

En su último libro sobre Don Helder, Marcelo Barros recuerda las últimas palabras que recibió de Don Helder pocos días antes de su muerte. Don Helder hablaba ya con dificultad y balbuceaba. Sin embargo él reconoció a Marcelo y le dijo “No deje caer la Profecía”. Este fue su último mensaje1[1].

Esas palabras muestran hasta qué punto Don Helder todavía estaba lúcido. Él había sido el gran profeta de América Latina por lo menos durante 30 años, después de su conversión en 1955. Fue reducido al silencio y se quedó callado durante 15 años. Quince años duró la lenta agonía del profeta. Aún así no podía aceptar que la profecía muriera. Percibía que, en la Iglesia, la profecía se estaba apagando,  pero no podía conformarse. Sufría, callaba y esperaba, aguardando las señales de los tiempos para ver si una nueva profecía aparecía para decir otra vez lo que el Espíritu quería decir a las Iglesias. En el fondo del  corazón nunca se desesperó, sino que seguía esperando contra toda esperanza, así como hacía cuando estaba siendo perseguido y calumniado durante el régimen militar.

Don Helder era de la generación de los Obispos de Medellín y Puebla. Pues, desde los años 50 la profecía resonaba con fuerza en América Latina.  Los profetas encontraron en el Vaticano II un apoyo firme y una verdadera iluminación. Los profetas ya estaban actuando antes del Concilio, pero el Concilio permitió que su voz fuese ampliada y autorizada. Los obispos latinoamericanos estaban muy atentos a los debates conciliares. Don Helder estaba discretamente presente con Don Manuel Larraín, obispo de Talca, en Chile, con quien fundó el CELAM, animando a sus colegas y, sobre todo animando el grupo “de los pobres”, que al final del Concilio firmó el Pacto de las Catacumbas. El mensaje profético de Medellín nació en la catacumba de Santa Domitila, en el día 16 de noviembre de 1965, cuando 40 obispos de todos los continentes asumieron el compromiso de hacer de la liberación de los pobres la prioridad absoluta de su ministerio. Entre ellos estaban los latinoamericanos que hicieron Medellín. Fue un gran acto profético.

No había solamente obispos, ya que muchos sacerdotes, religiosos,  religiosas y laicos se sintieron empujados por la fuerza del Espíritu y también hablaron y actuaron como profetas. Sobre todo en la época de los regímenes militares en América Latina, muchos profetas fueron muertos por causa de su palabra. Se tenía la impresión de que la Iglesia estaba volviendo a los primeros tiempos.

Así decía el documento de Puebla: “En los últimos diez años comprobamos la intensificación de la función profética. Asumir tal función ha sido trabajo duro para los pastores. Hemos procurado ser la voz de los que no tienen voz y testimoniar la misma predilección del Señor con los pobres y los que sufren. Creemos que nuestros pueblos sintieron que estamos más cerca de ellos. Ciertamente logramos iluminar y ayudar. Ciertamente, también, podríamos haber hecho más. Ahora, colegialmente, intentaremos interpretar el paso del Señor por América Latina.”[2]

El documento de Puebla decía también: “Es de suma importancia que este servicio del hermano siga la línea que nos traza el Concilio Vaticano II: «Cumplir antes que nada las exigencias de la justicia para no quedar dando como ayuda de caridad aquello que ya se debe por razón de justicia; suprimir las causas y no sólo los efectos de los males y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan liberando progresivamente de la dependencia externa y se  basten a sí mismos»”.[3]Era el mensaje profético.

El Concilio Vaticano II tuvo el coraje de pronunciar la palabra “justicia”, palabra prohibida por las elites dominantes en América latina y en el mundo entero. También Medellín pronunció esa palabra prohibida! El centro del mensaje profético en América Latina fue la palabra “justicia”. Muchos murieron por haber pronunciado tal  palabra.   La palabra justicia es una de las palabras claves de la profecía. Por eso podemos reconocer en Medellín una expresión del Espíritu de profecía.

Lo que los pobres esperan es la justicia. Incluso cuando  son humillados por el sistema -contentándose con las limosnas que les son concedidas – ellos no dejan de ser seres humanos con todos los derechos que eso comporta. Tienen  derecho a la justicia – y el profeta tiene la misión de recordar que ésta es la voluntad de Dios. A los pobres el profeta les recuerda que son seres humanos con  derecho a la justicia y a los privilegiados recuerda que donde hay injusticia  es la justicia loque debe existir. Por eso los profetas fueron perseguidos.

Durante muchos siglos no se habló de profetas en la Iglesia. Pero el Concilio Vaticano II  rehabilitó los carismas. Para el Concilio, el Espíritu Santo dirige a la Iglesia por dos medios: el magisterio y los carismas. Desde los orígenes de la eclesiología en la baja Edad Media, fue admitido como verdad indiscutible que el Espíritu Santo dirige a la Iglesia por medio de la jerarquía. Esta tiene por misión dirigir el pueblo de Dios. Este papel de la jerarquía era considerado como exclusivo durante siglos. Solamente con el Vaticano II se reconoce que el Espíritu Santo  dirige a la Iglesia no solamente por la jerarquía, sino  también por los carismas.[4]

Sin embargo, los textos del Concilio no explicitan el papel de la profecía.  En Lumen Gentium, 25, el Concilio expone la función  profética de la jerarquía, pero usa la palabra “profética” para expresar lo que se expone en el tratado del magisterio, lo que queda muy distante del sentido bíblico.  Y en la misma constitución, en el número 31, el Concilio habla de la misión profética de los laicos, pero se refiere al papel de testimonio y enseñanza de los laicos en el mundo, lo que también permanece lejos de la profecía en el sentido bíblico.  De igual modo, cuando Apostolicamactuositatem habla del papel profético de los laicos, se trata de su misión de enseñar, también lejos del sentido bíblico.

Al contrario, en el decreto sobre el ecumenismo Unitatisredintegratio, sin mencionar la palabra profecía, el texto conciliar habla de la crítica profética de la Iglesia por los que están dentro o fuera (n° 4) de la necesaria reforma continua de la Iglesia por el hecho de ser una institución humana (n° 6).  En el número 7, el texto contiene una confesión de los pecados contra la unidad.

También la Gaudium et Spesalude a una necesidad de escrutar los signos de los tiempos a la luz del evangelio (n° 4). Ahora bien, la Iglesia no tiene respuestas ya listas para todos los desafíos que aparecen. Ella necesita de la iluminación de personas que tienen una lucidez especial para entender las llamadas que están en los signos de los tiempos. (n° 44).

Los carismas pueden ser dados a un obispo o a un sacerdote, pero el Espíritu Santo elige libremente entre todos los cristianos. Los carismas proceden del Espíritu sin que se sepa por qué son dados a tal persona y no a otra. Entre todos los carismas, Pablo destaca la profecía – que es lo más útil para la Iglesia. El Espíritu orienta a su Iglesia también por los profetas. Esta afirmación del Vaticano II abre una etapa absolutamente nueva para el futuro de la Iglesia.

Los profetas no toman el lugar de la jerarquía, ni la jerarquía corre riesgo de eliminar a la profecía, pues el magisterio conserva el depósito de la fe, o sea, la Biblia con su interpretación correcta. El magisterio enuncia una doctrina que tiene valor universal, independientemente de las situaciones históricas. Guarda fielmente la revelación. Sin embargo, la revelación no enseña el sentido de cada momento, no muestra de que manera el evangelio va a ser vivido en una época determinada. La jerarquía no recibe ninguna revelación sobre eso. No sabe por si sola identificar el pecado del mundo actual, ni el camino de salvación de ese pecado. La experiencia muestra que la jerarquía se equivocó muchas veces en la conducción de la Iglesia en determinadas circunstancias. El Espíritu muestra el camino por otros medios. La jerarquía debe estar atenta alos signos de los tiempos que algunos cristianos tienen el don de entender. Debe escuchar si no quiere equivocarse y provocar desastres.

El papel del profeta no consiste en enunciar o explicar la doctrina revelada, sino que en descubrir y decir cómo se aplica esa revelación en determinada situación y en determinado tiempo y lugar.  El profeta posee sensibilidad para percibir lo que está ocurriendo y el sentido de los acontecimientos, donde está el pecado y por donde viene la salvación aquí y ahora. La ordenación no confiere esa sensibilidad. Esta no es un don que se pueda adquirir, o que sea permanente. Ella es dada por el Espíritu para el tiempo determinado por él.

¿En qué consiste esa profecía? ¿Cuál es el concepto de profecía que vamos usar en este libro?

En primer lugar, la profecía no se separa de la persona del profeta, pues éste profetiza con toda su vida. La profecía no es puro discurso, sino que acción pública de gran visibilidad. La persona del profeta se levanta en medio de su pueblo. El profeta no habla solamente con palabras, sino que habla con toda su vida.

La profecía es palabra de Dios a su pueblo aquí y ahora. Es actualización de la palabra de Dios, que fue la misión de Jesús en esta tierra. Por eso ella es 100% religiosa y 100% política – pero política en un sentido bien particular. Esta política no es conquista ni ejercicio de poder. Por el contrario, el profeta no tiene ningún poder y no pretende conquistar un poder, o sea, ninguna capacidad de imponer nada a sus coterráneos. La profecía es política porque es pública, se dirige a la sociedad entera y a sus gobernantes y anuncia un cambio radical de toda la sociedad. No sustituye la política que es propia del gobierno, mas denuncia las injusticias del gobierno y anuncia un cambio en la sociedad y en sus gobernantes.

Dios quiere salvar o liberar a la humanidad del estado de injusticia y de dominación en que ella se encuentra. Por eso constituye un pueblo para realizar su designio. Sin embargo este pueblo se olvida de su misión y se entrega a los mismos vicios que afectan a los otros pueblos. Dios envía profetas para recordar esa misión y provocar la conversión, la vuelta a los orígenes.

El profeta se dirige al pueblo. Su acción y sus palabras son actos públicos. El profeta se dirige al mismo tiempo a los jefes del pueblo, a aquellos que detentan el poder justa o injustamente, y también al pueblo en general. Él se siente como la encarnación del mensaje de Dios a la totalidad de su pueblo. Pues Dios quiere recordar en primer lugar que ese pueblo es su pueblo y que los jefes, en lugar de desviar al pueblo de su misión, tienen el deber de promoverla.

El profeta denuncia la corrupción del pueblo de Dios, que no se da cuenta de que se apartó de su misión para ser un pueblo como los otros: conformado con la  dominación y la injusticia. El profeta denuncia también la corrupción de los dirigentes del pueblo que abusan de su poder para corromper al propio pueblo. El profeta predica la conversión total de las personas y de la sociedad en sus estructuras. Por esto el profeta es perseguido, denunciado, maltratado, apartado del pueblo y hasta muerto. Hay ocasiones en que el pueblo se arrepiente y escucha la palabra de Dios – lo mismo puede ocurrir con determinadas autoridades que no habían actuado honestamente. Pero el profeta vive en una inseguridad permanente, porque no sabe lo que va ocurrir y la experiencia de sus predecesores le muestra los riesgos de su misión.

El profeta anuncia también la fidelidad de Dios a su pueblo y la renovación de la misión confiada a una minoría, a un resto que asume la palabra de su Dios. Después de las tinieblas aparece una luz. La profecía es el llamado que despierta y fortalece a esa minoría fiel.

En la historia del pueblo de Dios siempre aparecieron profetas verdaderos – y también siempre aparecieron falsos profetas. No pretendemos aquí hacer una historia del profetismo, sino que solamente recordar algunos momentos importantes de esta historia de la profecía. Este recuerdo ayudará a descubrir o reconocer a los profetas que Dios puede suscitar en nuestro mundo  en esta época de la historia. Ayudará también a hacer el discernimiento entre los verdaderos y los falsos profetas  Pues nuestra preocupación es entender mejor lo que hace el profeta, lo que es la profecía – a partir de las diversas etapas históricas de su manifestación. Esto nos ayudará a situar mejor lo que es propio de la profecía  hoy.

Cuando hablaban de justicia para los pobres, los profetas de América Latina se referían a la Biblia. Tenían la convicción de que estaban renovando la palabra de los profetas del Antiguo Testamento y de las primeras comunidades cristianas.

De hecho, durante toda la historia de Israel antes de Jesucristo y durante los primeros siglos de historia de la Iglesia, las narraciones y los testimonios escritos de los profetas del Antiguo Testamento siempre fueron la principal referencia. En cada fase de la historia, los profetas de Israel fueron la primera referencia, aquellos que constituyeron el modelo del profetismo.

En la teología católicapostridentina, los profetas del Antiguo Testamento ocuparon poco espacio. Ellos aparecieron en la Apologética. Las profecías y los milagros relatados en la Biblia eran pruebas de la credibilidad de la revelación cristiana. Lo que se tomaba en cuenta en las profecías era la descripción de Jesús, antes de Jesús. Era esto  el milagro. El hecho que los profetas del Antiguo Testamento habían anunciado lo que iba a acontecer con Jesús era considerado como prueba del carácter sobrenatural de la revelación bíblica. De esta forma, el papel de los profetas se reducía al anuncio de hechos de la vida de Jesús. No se creía que hubiese algo interesante en la relación del profeta con la sociedad de su tiempo.

En vez de eso, los estudios exegéticos de los últimos tiempos, basados en el método histórico, enfatizaron este aspecto de la actividad de los profetas. Fue un verdadero descubrimiento. En América Latina, el redescubrimiento se realizó también gracias al cambio del modo de presencia de la Iglesia en la sociedad. Se descubrió que había muchas analogías entre la actividad de los profetas del Antiguo Testamento y la nueva actividad de la Iglesia, o, por lo menos, de un sector de la Iglesia. Esto renovó el interés por los profetas del Antiguo Testamento. Los profetas fueron leídos y comentados principalmente en las comunidades eclesiales de base porque daban apoyo a las actividades públicas de las comunidades.

Por otro lado, la renovación de la lectura de los profetas del Antiguo Testamento facilitó la nueva comprensión de Jesús como profeta. La vida terrestre de Jesús se iluminaba por la comparación con los antiguos profetas.

Finalmente, una nueva lectura de los profetas orientó una renovación de la eclesiología. El Concilio Vaticano II dice: “El pueblo santo de Dios participa también de la misión profética de Cristo”[5]. En la eclesiología latinoamericana este tema fue muy desarrollado – pues la misión profética de Jesús era su actividad pública en medio de su pueblo.

Por todas estas razones, es de gran utilidad el retorno permanente a los profetas del Antiguo Testamento.  El Antiguo Testamento  no perdió el valor de revelación. No fue suprimido por el Nuevo Testamento. Los profetas no fueron dispensados por el advenimiento del Mesías. Por el contrario, ellos proporcionan el contexto histórico de la vida terrestre de Jesús y nos permiten comprender mejor su mensaje. Pues el pueblo reconoció en Jesús un profeta. Por esto, los profetas permanecen como referencia permanente. Para los cristianos, los profetas continúan hablando- pues, en América Latina muchos aprendieron a escuchar la palabra de los profetas para entender su significado para los tiempos de hoy. Descubrieron que había muchas analogías entre las situaciones vividas por el antiguo pueblo de Israel y las situaciones vividas actualmente por el pueblo latinoamericano[6].

En el Nuevo Testamento, Jesús aparece como profeta. Esto quiere decir que muchos gestos y muchas palabras de él se explican por la referencia a los profetas. Evidentemente, Jesús era más que un profeta.  Sin embargo,  muchos elementos de su actividad terrestre solamente se entienden bajo la luz de los profetas.  Y el pueblo reconocía en él un profeta porque él actuaba como un profeta.

Las nuevas cristologías buscan entender y explicar el sentido humano de la vida de Jesús. Buscan comprender también el lazo que une las actividades terrestres de Jesús. Para este fin, la lectura de los profetas es indispensable. Por otra parte, los propios evangelios hicieron muchas referencias a los profetas del Antiguo Testamento.

Jesús permanece como el prototipo de los profetas. Los discípulos entendieron a Jesús a la luz de los profetas. Por otro lado, Jesús es quien nos permite resaltar el valor permanente de los profetas del Antiguo Testamento, dejando de  lado elementos relacionados con la cultura de aquel tiempo y que hacen  que los profetas nunca lo hubiesen sido por completo.

Después de la resurrección de Jesús, aparecen profetas en las comunidades cristianas. El propio pueblo de los discípulos de Jesús recibió el calificativo de profeta. El Nuevo Testamento proporciona elementos que nos permiten saber algunas cosas de los ministerios de la Iglesia antigua, de su aparición y de su evolución.

En los primeros siglos, hubo  diversidad de ministerios en las comunidades. Al lado de presbíteros, obispos y diáconos, hubo también profetas. Tenemos pocos documentos sobre la organización de las comunidades, pero la simple existencia de este ministerio basta para cuestionar la actual estructura exclusivamente jurídica y formal de la Iglesia.

La diversidad de ministerios en las primeras comunidades también cuestiona  el verticalismo en la Iglesia, tal como se consumó a fines del siglo XIX, con los pontificados de Pío IX y León XIII. En la  estructura actual, que viene de esa época, el escalón superior – el Papa – nombra y controla el segundo escalón – que son los obispos, y los obispos nombran y controlan el tercer escalón – que son los presbíteros. Hoy, el obispo nombra también a los diáconos que fueron agregados al tercer escalón. Este sistema  creado por la Curia romana constituye una centralización perfecta. Ahora bien,  los profetas no son nombrados, ni reciben su poder del poder jerárquico. Por consiguiente, hubo una época en que había ministros no nombrados por la jerarquía, y la situación actual no es fiel a la estructura de la Iglesia de los primeros tiempos.

De a poco los profetas desaparecieron, principalmente cuando la Iglesia se integró a la estructura del Imperio Romano. Entonces, apareció el clero como clase dedicada a la religión, según el modelo del Imperio Romano.  Poco a poco, el clero fue definido por su papel sagrado, como dueño de los gestos y de las palabras sagradas, lo que lo aisló progresivamente de la masa del pueblo cristiano.  Constituyó con el tiempo una casta que se renueva por cooptación,  sin ninguna intervención del pueblo.

Si el orden de los profetas  desapareció, aparecieron personalidades que, sin tener el título de profetas, reasumieron de hecho el papel de los profetas. En el siglo IV, hubo obispos que tuvieron una actuación semejante a la actuación de los profetas del Antiguo Testamento. Fueron los defensores de la justicia, y de los pobres, enfrentando a las autoridades y a las clases dirigentes del Imperio. Entre los más famosos encontramos, en el Oriente a S. Juan Crisóstomo, S. Gregorio Nacianceno y S. Basilio, y, en Occidente, S. Ambrosio.

Es probable, tal vez sea una certeza, que hubiese habido en todas las épocas de la historia de la Iglesia profetas o profetisas. Pero su ministerio no siempre fue identificado o reconocido como ministerio profético.Hubo algunas épocas históricas más marcadas por el profetismo y otras más marcadas por el legalismo. Naturalmente, muchas cosas dependieron de las condiciones históricas.

En el Imperio Romano de Oriente la Iglesia terminó integrándose al sistema imperial. Ella pagó un precio alto por la centralización de los ministerios y por la dependencia estrecha del emperador y de su administración. El precio fue la pérdida de toda la parte oriental o asiática de la cristiandad y la pérdida de Egipto y de sus prolongaciones en África. La mayor parte de la cristiandad oriental prefirió abrir las puertas a los musulmanes, porque para ellos, el imperio de Constantinopla era peor que el Islam.  ¿Dónde estaban los profetas para impedir esa integración de la Iglesia imperial en el Imperio Bizantino?

Necesitamos hacer investigaciones, porque la historiografía actual no destaca este aspecto de la vida eclesial. Ella destaca el desarrollo del monaquismo, que no parece haber ejercido una actividad importante relativa a la opresión de los pobres y a la justicia.

En Occidente, después de la ruina del Imperio Romano, durante siglos, la Iglesia procuró conciliar los restos de la civilización romana con el sistema y la cultura tribal de los invasores germánicos. Esta actividad fue desarrollada por muchos obispos y varios de ellos fueron canonizados por el pueblo. En determinadas circunstancias, ellos tuvieron que enfrentar comportamientos bárbaros de los invasores y actuar como defensores del pueblo. De igual modo, muchos monjes se dedicaron a crear una nueva economía y mantener la herencia de la antigua cultura. Dada la situación en que vivían, actuaron más como organizadores sociales que como profetas.

Hay una cierta analogía entre el profetismo y la inmensa campaña contra la violencia de los señores de la tierra – que recibieron el nombre de “Paz de Dios” o “Tregua de Dios”. Lo que se buscó fue prohibir la guerra durante ciertasépocas del año consideradas  más sagradas. De esta manera la Iglesia procuró limitar las devastaciones de las cuales los  labradores pobres eran las víctimas. Los predicadores de la Paz eran de cierto modo profetas.

Surge el verdadero profetismo – sin que tal nombre aparezca – cuando se constituyen las primeras ciudades libres de Occidente. No todas esas ciudades tuvieron el mismo nivel de libertad. Algunas formaron verdaderos Estados independientes. Otras adquiririeron tantos privilegios que podían pelear con los nobles o con los obispos. En estas ciudades, nació el Occidente moderno. En ellas, aparecieron instituciones de libertad – como, por ejemplo – las asociaciones de trabajadores libres. En ellas nació también el capitalismo y la división de las clases sociales, con las primeras luchas populares.

Por primera vez, después de siglos de dispersión en un mundo puramente rural, los cristianos tuvieron que tomar una actitud delante del nuevo capitalismo y de las luchas de clase. Los campesinos de la era feudal eran en general pobres,  no teniendo  posibilidad de formar masas importantes. Una vez en las ciudades,  los pobres sintieron que podían tener fuerza. En las ciudades surgieran personalidades que encontraron en su fe cristiana motivaciones fuertes para asumir la defensa de los pobres y enfrentar al sistema feudal. Algunos manifestaron fuertes semejanzas con los antiguos profetas. Esto comenzó en el siglo XII.

En el contexto de la fundación de las ciudades, nació la aspiración para una reforma de la Iglesia. Durante 400 años, resonó el grito por “Reforma”.  Este grito pretendía  acabar con la riqueza de la Iglesia – sobretodo de los monjes y de los obispos –y con la asociación del clero con la nobleza y los reyes,  garantía de la riqueza y de los privilegios del clero. Era renunciar a todo lo que hacía del clero una clase privilegiada, al lado de la nobleza.

Muchas veces, en la división entre ricos y pobres, el clero estaba en medio de los ricos, luchando para defender sus privilegios.

En este contexto, aparecieron personalidades que se hicieron intérpretes de la reforma. Se dirigían a los pobres, mostrando una cara pobre de la Iglesia. El drama de la pobreza llenó toda la Edad Media desde el siglo XII. Estuvo en el origen de los “movimientos de pobreza”. En ellos, los temas de la reforma de la Iglesia y de la reforma de la sociedad estaban profundamente unidos.

En general, los “reformadores” fueron rechazados por la autoridad eclesiástica – que no  soportaba sus críticas. Fue el caso de Pedro Valdés, de Lyon que terminó fundando una Iglesia de los pobres, comunidad paralela que todavía existe – los Valdenses.

Otros consiguieron la aceptación de los Papas, como Francisco de Asís[7] o Domingo de Guzmán[8]. En aquel tiempo Inocencio III estaba abalado por la incapacidad de responder al desafío de las nuevas “sectas”, particularmente los cátaros, que se expandían rápidamente. Estos eran, en el fondo, movimientos de protesta contra la riqueza del clero. Por esto, negaban todo lo que daba poder al clero. Eran  Iglesias de los pobres – semejantes un poco  a  los actuales pentecostales.

El Papa confiaba en la capacidad de las grandes órdenes monásticas, particularmente la Orden de los Cistercienses, para luchar contra las sectas populares. Pero los benedictinos de Cluny y los Cistercienses de Citeaux eran riquísimos, tenían centenares de monasterios y grandes propiedades. San Bernardo promovió la Orden de Citeaux  para protestar contra la riqueza de los Benedictinos, pero en cien años la nueva orden era tan rica como la Orden Benedictina de Cluny.  Esos monjes ricos eran incapaces de convencer a los pobres, que adherían con entusiasmo a las nuevas Iglesias “heréticas”. Los discípulos de Francisco de Asís y de Domíngode Guzmán pudieron, por lo menos en parte, convencer a  los pobres porque eran también pobres. El testimonio de la pobreza era la manifestación profética de la época.

La cuestión de la pobreza estuvo en el centro de los debates en la Iglesia desde el siglo XII hasta el siglo XVI. Durante 400 años el pueblo cristiano pidió la reforma.

El drama era la riqueza de la Iglesia, fuente de todos los vicios y de todas las corrupciones. El drama era la estructura  de la  cristiandad,  que  hacía del clero una  clase privilegiada,  estrechamente  asociada a los  dueños de la tierra y del poder. El propio papa era el jefe político y militar de los Estados Pontificios y reclamaba el derecho de gobernar a la cristiandad por encima del Emperador y de los reyes. Por esto usaba 3 coronas.

La riqueza y el poder de la jerarquía y del clero alimentaban  un inmenso escándalo en medio de los pueblos y más que nunca resonaba el grito por “¡Reforma!”.  Pero no había reforma. La cristiandad continuaba gritando “¡Reforma!”- pero la reforma no acontecía.  La reforma debía tener como objeto principal cuestionar la riqueza y el poder del clero.

Roma resistía cada vez más, a los pedidos de los pueblos y estaba decididaa no hacer la reforma. Este endurecimiento de Roma se afirmó, sobretodo, a partir de Juan XXII (1316 – 1334), que condenó a los llamados espirituales franciscanos – también llamados deFraticelli[9] – y proclamó que era herético afirmar que Jesús no tenía propiedad[10]. A partir de entonces, se radicalizó cada vez más el conflicto entre la jerarquía y los movimientos de pobreza.

Desde entonces, el tema de la pobreza fue eliminado en la jerarquía. Los profetas de la pobreza – como JanHuss y Savonarola- fueron condenados.

Sin embargo, durante el siglo XV la tensión aumentó, los movimientos de oposición se hicieron más fuertes, pero los papas aún tuvieron el poder suficiente para impedir una explosión. La represión fue  aumentando. Finalmente en el siglo XVI. se produjo la gran explosión, extrapolando el control de Roma – que no consiguió más impedir la Reforma protestante. Gran parte de Europa se estaba desplazando para el protestantismo y abandonando a la Iglesia romana.  Los papas tuvieron que recurrir a los reyes aún católicos y al Emperador. Fueron decenas de años de guerras, pero el Papa consiguió salvar o reconquistar  la mitad de Europa, perdiendo la otra mitad. Vino el Concilio de Trento, pero, en lugar de reforma, el Concilio levantó barreras contra la contaminación protestante y preparó las guerras de religión del siglo XVII.

Los herederos de los profetas de la Edad Media fueron expulsados de la Iglesia católica romana. Había entre ellos verdaderos profetas, pero no fueron escuchados y fueron condenado como herejes. Lutero en primer lugar, pero también varios de sus seguidores – como Thomas Münzer y otros.

Citaremos sólo algunos profetas de aquella época medieval,  que vivieron en conflicto permanente  con la jerarquía de la Iglesia – que defendía sus propios privilegios en nombre de los derechos de Dios. Esos profetas pedían una reforma. Fue una época dramática, pero rica en profetismo – al contrario de la época siguiente. Sería necesario escribir un libro especial sobre la Iglesia y la pobreza del siglo XII al siglo XVI.

La elección de los nombres que citaremos es discutible pero no hay duda que tales  nombres  fueron importantes y pedimos disculpas por no citar  a otros que también serían importantes.

De modo particular, dejamos de lado algunos profetas de los siglos XIV y XV, porque fueron inspirados por el género literario apocalíptico y anunciaron terribles castigos divinos, así como hacían los autores de apocalipsis  en el judaísmo y en los orígenes del cristianismo. Que nos perdonen personas como S. Vicente Ferrer.

A partir del Concilio de Trento, la Iglesia cayó cada vez más en la dependencia del emperador y de los reyes católicos (Francia, España, Portugal). Consecuentemente, no se habló más de los pobres, ni de reforma del clero, ni de riqueza de la Iglesia. El Papa tuvo que conformarse y entregar el poder a los reyes. Durante más de 300 años dejó de existir la preocupación por la justicia y por los pobres. Ese fue el contexto en que se escribió toda la época colonial de la América Latina.  La Iglesia llegó a América casi siempre como dependiente del rey. En una etapa de plena expansión del absolutismo monárquico, ¿quién aún podía  invocar la justicia?

Sin embargo, la conquista de América dio  oportunidad para que una primera generación de misioneros – sobre todo dominicanos y franciscanos – levantase la voz contra la violencia de la conquista y la dominación de los conquistadores que destruyeron pueblos y civilizaciones. Los primeros misioneros llegaron antes del Concilio de Trento, cuando los reyes católicos estaban aún penetrados por la teología medieval. Después del Concilio, el absolutismo radical de la monarquía ya no dejó más ningún espacio para la profecía. La Iglesia permaneció durante 250 años bajo la dependencia total de las monarquías, que la redujeron a la función de legitimar la dominación colonial y la de crear una cultura nueva centrada totalmente en el culto tridentino, y destinada a sustituir las antiguas culturas de los pueblos vencidos.

Hubo una época de verdadero profetismo en el siglo XVI, sobretodo en la primera mitad del siglo. Algunos misioneros penetraron en el interior del continente antes de los conquistadores para defender a los indígenas, y fueron reconocidos como tales por ellos. Otros enfrentaron a los conquistadores cuando éstos ya estaban destruyendo  “las Indias”.

Para los latinoamericanos de la generación de Medellín, ellos fueron considerados los precursores. Encabezando la generación, estaba fray Bartolomé de Las Casas, el dominicano que dedicó su vida a la defensa de los indígenas, exigiendo justicia. El documento de las conclusiones de Puebla enumera a algunos de esos defensores de los indios que fueron verdaderos profetas: Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas, Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, Juan del Valle etc. – y también el primer obispo mártir, Antonio Valdivieso[11]. Fue una generación de gigantes, verdaderos defensores de la fe, que enfrentaban la codicia y la violencia de los conquistadores.

En la segunda mitad de aquel siglo, Felipe II obligó  los frailes a quedarse  en sus conventos. Acabó la época profética. Comenzó la época de la conversión forzada y de la religión puramente cultual. Desde entonces fue prohibido hablar de la esclavitud de los negros, de la destrucción de los indios en las minas o en las plantaciones. Era prohibido pronunciar la palabra justicia.

En lugar de los profetas, entraron los oradores sagrados – como el padre Vieira, que hicieron literatura de la palabra de Dios y procuraron convencer a los esclavos de que la esclavitud había sido para ellos un gran beneficio, pues, gracias a ella, pudieron ser bautizados y pasaron a tener la puerta del cielo abierta.

Dejaremos de lado los siglos del absolutismo monárquico en que la Iglesia católica y las Iglesias protestantes fueron sumisas a la sociedad establecida. Fue la época en que se consolidaron las ortodoxias, con cada Iglesia constituyendo una sola figura típica. El movimiento intelectual se dedicaba a la apologética: los católicos se defendían de los protestantes; y los protestantes de los católicos. El contexto de las luchas interconfesionales no se prestaba  a una acción de los cristianos en la sociedad. Tanto católicos como protestantes debían reforzar su dependencia de los reyes para luchar contra el partido opuesto.

Durante el siglo XIX, las Iglesias lucharon para evitar la separación de la Iglesia y del Estado, formando la masa de los partidos conservadores fieles al sistema del siglo XVII. En esa época no había gran diferencia  entre las Iglesias de Europa o de América Latina. La misma lucha entre liberales progresistas y católicos conservadores existió en ambos continentes. Dejaba poco espacio para los profetas. Los católicos debían constituir el ejército del papa en la lucha contra el liberalismo y, después, contra el socialismo.

En el siglo XIX – ocupada en defenderse de la burguesía y de la secularización, fiel a un conservadorismo condenado por la historia – la Iglesia no entendió lo que estaba ocurriendo: el nacimiento de la industria y la formación de un proletariado explotado, dominado, reducido a una condición de casi esclavitud. El problema era la justicia pero, de  modo general, los católicos creyeron que la solución sería la caridad – o sea, la limosna.

Algunas voces proféticas se levantaron para asumir el desafío de la miseria de los obreros. Algunos eran laicos, como FredericoOzanam; había también algunos sacerdotes.  Fueron pocos los que entendieron y abrazaron la causa de los obreros. Para eso era necesario descubrir la explotación de la cual los obreros eran víctimas. Esos pocos denunciaron el silencio de la Iglesia. Casi todos fueron condenados por la jerarquía – como Daens, en Bélgica, excomulgado por el obispo de Gante. Todos esos laicos y sacerdotes tuvieron la osadía de entrar en el gran conflicto social nuevo, que era el conflicto entre la clase obrera y  las elites de las naciones – en las cuales se encontraba también el clero.

El Manifiesto comunista de Karl Marx era de 1848. La Encíclica RerumNovarumera de 1891 y fue recibida con mucha hostilidad por la burguesía católica y con  gran indiferencia por parte del clero. Fue solamente después de la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) que algunos profetas asumieron abierta y públicamente la causa de los obreros con cierta resonancia.  En esa fecha, la mayor parte de los obreros ya estaba fuera de la Iglesia. Como dijo un sindicalista francés: “Nosotros no abandonamos la Iglesia, ella nos abandonó”.

En América Latina, la industrialización comenzó más tarde,  pero la Iglesia también llegó atrasada. También en América Latina, los obreros hallaron en el socialismo una nueva propuesta para sustituir la de la Iglesia,  que los había abandonado.

Algunos pensaron en una forma de socialismo cristiano, pero la idea fue condenada por Pio X, quien hizo alianza con la burguesía  contra los movimientos socialistas. No quería que los cristianos frecuentasen el mundo socialista.

Nació la democracia cristiana que, en los orígenes, quería de cierto modo retomar el programa socialista, sin el socialismo. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la democracia cristiana se situó entre los conservadores – liberales y los socialistas.Después de la Segunda Guerra Mundial, llegó a asumir el poder en varios países de la Europa occidental- a veces con los socialistas, ahora mucho más moderados y anticomunistas, y a veces con los liberales. Esta posición se reveló cada vez más utópica desde los años 60 y actualmente casi desapareció como tal. Subsiste la palabra “democracia cristiana” en un partido político en Alemania, pero éste se transformó en el gran partido conservador de derecha.

Lo que alimentó a la democracia cristiana fue la Acción Católica, sobre todo la Acción Católica de tipo franco – belga, o sea, la acción católica especializada. Esta se distanció de los movimientos conservadores, conquistando con dificultad cierta autonomía en la Iglesia, gracias sobre todo al apoyo de Pio XI, aunque recuperada en buena parte por Pío XII.

Después de la Segunda Guerra Mundial, o sea, después de 1945, algunos católicos quisieron ir más lejos que la Acción Católica. Querían una reforma más radical de la Iglesia, para que ella pudiese entrar de nuevo en el mundo de los pobres.Fueron las últimas tentativas para salvar la Iglesia en Europa. Pero todos fueron condenados por Pío XII, que tornó imposible cualquier transformación profunda de la Iglesia. La herencia de Pío XII fue lo que limitó el alcance de las reformas del Vaticano II.

Hubo voces verdaderamente proféticas como la de Henri Godin – que había sido prisionero en Alemania durante años – y descubrió, en el campo de prisioneros, la inmensa distancia existente entre la Iglesia y la clase obrera. Publicó France, pays de mission?,que estuvo en el origen de la Misión de Francia y de la Misión de Paris. Hubo otros movimientos, sobretodo en Francia – que era el país más descristianizado de la época – y en el cual la ausencia de la Iglesia en el mundo popular era más evidente.

En la misma época, aparecieron también teólogos con vocación profética que pregonaban una profunda reforma de la Iglesia, sobre todo de su presencia en el mundo.  Es el caso, por ejemplo, de los dominicanos franceses Y. Congar y M.D. Chenu – ambos condenados por Pío XII. En el Concilio Vaticano II, ejercieron mucha influencia, aunque estuviesen muy conscientes de los límites impuestos al Concilio por la fuerza de los conservadores.

El Concilio Vaticano II fue preparado por la Acción Católica. Pero él fue realizado  cuando la democracia cristiana estaba en el apogeo de su poder. El Concilio no podía tomar una posición crítica. La mayor parte de los miembros  del Concilio compartía la visión social de la democracia cristiana. Sin embargo, ésta iba – luego después del Concilio  -, a entrar en una fase de declinación,  sobre todo por causa de la gran transformación neoliberal del Occidente, que no le dejaría más espacio.

Por esto,  el Vaticano II no puede ser considerado un Concilio profético. Fue Concilio reformador,  dentro de límites muy estrechos. Sin embargo, en el contexto del Concilio aparecieron voces proféticas. En primer lugar, la voz de Juan XXIII, que lo convocó. El papa estaba consciente de que el Concilio no sería lo que él habría deseado. Pero sus mensajes y su ejemplo permanecen como señales que interpelan a la Iglesia hasta hoy, porque los pontificados siguientes no pudieron silenciar la novedad de su profecía. Juan XXIII deseaba que el Concilio reconociese que la Iglesia era de los pobres y que la Iglesia aprendiese a hablar de modo comprensible por la humanidad de hoy. No consiguió ni una cosa ni la otra.

En el Concilio, se levantaron algunas voces de obispos. La más fuerte fue la del cardenal Lercaro, arzobispo de Bolonia.Lercaro hizo llamados vibrantes para que el Concilio se definiese claramente sobre el desafío de los pobres. Lercaro no fue escuchado. La mayoría del Concilio no estaba preparada para entender lo que él quería decir. Hacía tantas generaciones que los pobres habían dejado de ser  desafío para los obispos. Sin embargo, algunos obispos – unos cien – escucharon y se reunieron al margen de las sesiones conciliares para preparar lo que vendría después del Concilio. En este grupo, había varios brasileños y su gran animador era Don Helder. Fue allí que nació la idea de una asamblea latinoamericana  para divulgar el Concilio en el continente, yendo más lejos que la asamblea conciliar. Esperaban que aquello que el Concilio no podía entender, pasaría a ser reconocido y proclamado en América Latina.

Los profetas  se refieren siempre a los pobres y a la connivencia entre la Iglesia y los ricos, los poderosos.  En el inicio,  la Iglesia era pobre porque hecha de pobres y de ella hacían parte sólo algunos ricos. No era necesario que los profetas recordaran a los pobres. Pero era necesario que los pobres guardasen su autoconfianza y mantuviesen su fe frente a una sociedad poderosa que los rodeaba.  Cuando la Iglesia fue adoptada por el Imperio, los cristianos encontraron una sociedad muy desigual y muy injusta. Entonces, hubo voces proféticas para denunciar la injusticia. Con la desagregación del Imperio Romano, obispos y monjes asumieron la ayuda a los pobres – bastante numerosos, debido  a un completo desorden social. Los pobres venían a pedir ayuda a la casa del obispo o al monasterio. La ayuda era como una limosna. A partir del siglo X, comienzan a aparecer nuevas ciudades y, dentro de ellas, nacen obras destinadas a las necesidades de los pobres: hospitales, escuelas y comedores populares. Muchas veces, esas obras eran asumidas por laicos, que creaban una fundación. Un grupo de laicos asumía la mantención. La Edad Media fue la época de la caridad por cauda de la multiplicidad de obras de ayuda a los pobres[12].

Cuando aparecen ciudades mayores, que reúnen gran cantidad de trabajadores en vista del comercio y del inicio de la industria, comienza a manifestarse la división de clases. Había una clase de patrones, que era  dueña de las empresas y de las herramientas. Y había la clase de los que ofrecían su mano de obra.  La desigualdad comenzó a producir movimientos sociales. Los pobres comenzaron a protestar en diversos lugares, en los siglos XI y XII.. La protesta contra la opresión social venía siempre  acompañada con una protesta contra la jerarquía y riqueza del clero. Diversos profetas aparecieron.

En el siglo XIII, la injusticia comienza a ser asumida por los frailes mendicantes, franciscanos y dominicanos, sobretodo. Nuevas voces proféticas se levantan en la Iglesia. Así, hasta el Concilio de Trento, el grito de los pobres va a crecer. Habrá, aún, frailes en medio de los movimientos – como Savonarola en Florencia. Un profeta como JanHuss será quemado por orden del Concilio de Constanza, y eso provocará una insurrección en toda la Bohemia. El Papa enviará cuatro cruzadas para reprimir el movimiento.  La Bohemia fue destruida, pero hasta hoy JanHuss es héroe nacional en Praga.

En el siglo XVI, el movimiento social crece aún más con la llamada guerra de los campesinos en Alemania. En realidad, fue más que una revuelta de campesinos, fue una revolución de todo un pueblo miserable. El héroe fue Tomás Munzer, que se adhirió al movimiento protestante. No fue aceptado por Lutero, que convocó a la nobleza alemana para aplastar al movimiento. Los rebeldes fueron exterminados. Tomás Munzer es considerado un precursor de las revoluciones sociales modernas. Fue un profeta, pero un profeta rechazado tanto por la Iglesia católica como por el movimiento protestante.

Después del gran cisma, la prioridad fue dada a la guerra religiosa durante el resto del siglo XVI y todo el siglo XVII. En América, nadie levantaba la voz contra la destrucción de los indígenas o la esclavitud de los negros importados de África.  Los pobres quedaron callados y nadie consiguió hablar en nombre de ellos. La religión se tornó puramente cultual. No miraba más a la tierra sino  solo al cielo. No se realizaron más actos reales de lucha por la justicia, sino  solo actos simbólicos. El pueblo podía cantar maravillosamente el Magníficat, pero este canto no inspiraba ninguna acción.

Cada uno de los asuntos evocados aquí será objeto de un capítulo. Nuestra preocupación es la misma de don Helder: ¿Qué ocurre con la profecía hoy día? ¿No habría más injusticia? ¿No habría más opresión de los pobres? ¿La Iglesia actual es la Iglesia de los pobres? ¿O la Iglesia está de tal modo contaminada por la ideología oficial y por el sistema dominante que no se atreve a hablar, o ni  se da cuenta que podría hablar? ¿La Iglesia  se habría convencido de que la palabra murió y qué no sirve hablar porque el sistema es más fuerte que nunca?

¿Aún hay profetas? ¿Dónde están?

CAPÍTULO 2.  Jesús Profeta

El Concilio de Calcedonia (453) definió que Jesús era plenamente Dios y plenamente hombre. Pero nadie es hombre “en general”. Todo ser humano es particular. Todos los seres humanos tienen un lugar y un papel definido en la sociedad – de acuerdo con los tiempos y lugares y en consonancia con la evolución de la cultura. Jesús no podía ser hombre en general. Debía ocupar un lugar determinado en la sociedad humana, y más concretamente, en la sociedad judaica de la Palestina. Debia situarse en la sociedad dentro de la historia de un pueblo. Sin eso, si fuese un hombre “en general”, nadie le habría prestado atención.

La tradición teológica cristiana no le dio mucha importancia a la vida terrestre de Jesús, a sus acciones, a sus proyectos en esta tierra. Valoró más a la adoración de Jesús que al seguimiento de Jesús. Dio más valor al culto que a la memoria de Jesús. Fueron autores no cristianos, judíos o liberales, que -sobretodo a partir del siglo XVIII- estudiaron la vida terrestre de Jesús, usando tanto la tradición judaica como las ciencias históricas y la filosofía crítica.

Sin embargo, en este caso podemos aplicar la sentencia de los romanos: “faz est ab hostedoceri” (es lícito ser instruido por el enemigo). A partir del siglo XX la teología cristiana empezó a dirigir su atención también a la vida humana de Jesús. No fue más posible desconocer la historicidad de la Iglesia y, por consiguiente, la historicidad de Jesús. El cristianismo no es un culto atemporal prestado fuera de la realidad histórica de los seres humanos. El propio Jesús vivió dentro de la historia humana y ocupó, dentro de ella, un lugar determinado.

Jesús profeta

Jesús tenía conciencia de ser um profeta. Entendió su misión dentro de las categorías de la religión de Israel y se identificó[13] con los profetas.Él mismo marcó la diferencia entre él y los profetas del Antiguo Testamento. Pero las semejanzas eran tan grandes que se atribuyó a si mismo el título de profeta, título que también  le atribuyó el pueblo.

Jesús sabía que había sido enviado por el Padre como profeta. En el pueblo de Israel, los profetas eran una categoría bien conocida y definida. Era un modo muy especial de ser hombre. Jesús era profeta. Como profeta podía ser reconocido e identificado por su pueblo. Sin esa identificación, él no hubiera sido nada.

Jesús estaba en continuidad con los profetas de Israel. No solamente era un profeta semejante a ellos, sino que  él se realizó el modelo – el ejemplo perfecto del profeta. De este modo, los profetas de la antigua Ley fueron vistos como precursores, como preparaciones del papel profético de Jesús. En esta condición, Jesús inauguró un nuevo modo de ser profeta – que pasa a ser modelo desde entonces y que perdura hasta hoy.   Jesús está en el centro de la historia del profetismo. Nadie fue igual a él, pero todos se refirieron o se referirán a él como profeta.

Que Jesús fue profeta, lo testimonia  su vinculación con Juan  Bautista.  Los cuatro evangelios presentan a Jesús en continuidad con Juan[14].  El más antiguo de los Evangelios, el de Marcos, empieza su narración con la misión profética de Juan (Mc 1, 4-11). Así dice claramente que la misión de Jesús está vinculada a la misión de Juan. Mateo explicita mucho más el mensaje de Juan, y conecta también ese mensaje con la misión de Jesús que fue a Juan para ser bautizado (Mt 3, 13-17). Lucas repite casi la misma descripción de la misión de Jesús en conexión con la venida de Juan. Agrega la cita de Is 40, 3-5 que hace de Juan el precursor de jesús, el que le preparó los caminos. El evangelio de Juan es el que más exalta la subordinación de Juan a Jesús. Juan niega ser el Mesías y niega ser Elías o un profeta (Jn1, 19-21). En el cuarto evangelio Juan da testimonio sobre Jesús y se proclama su servidor (Jn 1, 29-34).

Sin embargo, según Mateo, Jesús proclama que Juan es un profeta, y el mayor de los profetas. Él es Elías, que debe volver (Mt 11, 9-14; comparar con Lc 7, 24-28). Mateo dice que “todos consideran a Juan como un profeta”( Mt 21,26). Jesús denuncia la incredulidad de los sumos sacerdotes y de los ancianos porque no creyeron en Juan Bautista (Mt 25, 32).

Había gente que pensaba que Jesús era Juan Bautista resucitado (Mc  8, 28). El propio Herodes se hacía esa pregunta (Lc 9, 7-9).

Si Juan fue profeta y Jesús se situó en continuidad con él, es prueba que Jesús era profeta también. Si los judios podían ver en él a Juan resucitado, fue porque el comportamiento de Jesús era semejante al comportamiento de Juan, aunque el contenido del mensaje pudiese ser distinto y que varias formas de actuar  pudiesen sermuy diferentes también.

El pueblo identificó a Jesús como profeta, lo que significa que las manifestaciones de Jesús eran las de un profeta: “ Las multitudes respondían:  ‘Es el profeta Jesús  de Nazaret de la Galilea” (Mt 21,11). “Jesús preguntó: ‘¿Quién dicen las multitudes que soy yo?’  Ellos le respondieron: ‘Algunos dicen que tú eres Juan, el Bautista; otros, Elías;  mas para otros, tú eres unode los antiguos profetas que resucitó’” (Lc 9,19).

El propio Jesús aceptó la identificación cuando, siendo rechazado por su patria, dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su patria y en su casa” (Mt 13,57; comparar con Mc 6,4; Lc 4,24). Más tarde, un vez que su muerte se aproximaba, Jesús dijo: ”no es posible que un profeta pderezca fuera de Jerusalén”  (Mt 13,33).  Jesús lamenta la suerte de Jerusalén; “Jerusalén, Jerusalén, tú que matas a los profetas (Mt 23,37).

En el evangelio de Juan también decían: “Este es verdaderamente el Profeta” (Jn 7,40). Los jefes contestaron esa proclamación del pueblo: “Indaga y verás que de Galilea no surge  profeta” (Jn 7,52). El ciego que recuperó la vista dijo: “¡Es un profeta!” (Jn 9, 17). La propia samaritana proclama: ” Veo que tú eres un profeta” (Jn 4, 19).

Los evangelios pertenecen a las comunidades cristianas y se escribieron entre 40 y 50 años después de la muerte de Jesús. Saben y proclaman que Jesús es más que un profeta, pues después de la resurrección hubo todo un proceso de reinterpretación de Jesús por la fe de los discípulos. Sin embargo, durante su vida terrestre Jesús fue conocido como un  profeta. Si los discípulos, interpretados por Pedro, confesaron que Jesús es el Mesías (Mc 8, 29), el resto del pueblo lo ignoró, lo que es explicado por el evangelista por una severa prohibición de Jesús. Esta explicación puede haber sido agregada después de la resurrección. Pues  la huída de los discípulos después de la prisión de Jesús, insinúa que ellos aún no sabían que él era el Mesias.

¿Porque el pueblo identificó a Jesús como profeta? Los evangelios sugieren que fue, en primer lugar, por causa de los milagros – en los que se manifiestan las señales de la presencia activa de Dios. Jesús fue identificado sobretodo con Elías y Eliseo. De hecho, los profetas escritores no dejaron memoria de grandes milagros. Pero Elias era muy popular en Israel en los tiempos de Jesús y los evangelios le atribuyen um gran valor. Por esto, la historia de Elías y Eliseo era bien conocida y muy significativa.

El evangelio de Marcos destaca la sucesión entre Juan y Jesús. ”Después que tomaron preso a Juan, Jesús fue a Galilea. (Mc. 1,14).  Y  preguntaron  a Jesús: ¿Por qué Elías debe venir primero? Y Jesús confirma que Elías debe venir primero y ya vino. (Mc 9,11-13).

En la Antigüedad había muchas personas con fama de curanderos. Pero sus dones no significaban más que la manifestación de un poder extraordinario. Ese poder no les daba autoridad, salvo autoridad sobre los demonios y todas las fuerzas del mal.

El tema de los milagros de Jesús fue muy discutido desde el momento en que se aplicó a la Biblia el método histórico-crítico. No trataremos de esto aquí, pues lo que nos interesa es que esos milagros fueron atribuidos a Jesús[15]. Fueron atribuidos por las tradiciones de las cuales se hacen intérpretes los evangelios, 40 ó 50 años después de Jesús.  Pero es difícil negar que ya hayan sido interpretados así y narrados por los contemporáneos.

Sabemos que los milagros son rápidamente ampliados por la tradición popular oral, y este proceso puede haber sido aplicado a los milagros de Jesús. Los milagros pueden haber sido ampliados, haciéndolos hechos maravillosos.  Pero la fama de realizar milagros  no surge a partir de la nada. Siempre hay  un fondo de verdad. Aquí mismo, en el Nordeste brasileño, inumerables milagros son atribuidos al padre Cícero – y debe haber un fondo de verdad, porque esto no se atribuye a muchas personas.

Llama la atención el hecho de que varios milagros de Jesús, los más extraordinarios, son la reproducción de  milagros de Elias y de Eliseo.

La resurrección de la hija de Jairo y del hijo de la viuda de Naím evocan a la resurrección del hijo de la Sunamita por Eliseo (comparar Mc 5, 21-43; Lc 7, 11-17 con 2Rs 4, 8–37) y la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta por Elías (1 Rs 17, 7-24). La multiplicación de los panes evoca el episodio  de Eliseo (comparar Mc 54, 35 -42 con 2 Rs 4, 42-44). Jesús cura al leproso como Eliseo curó a Naamán de la lepra (comparar Mt 8, 1-3 con 2Rs 5).

¿Qué ocurrió históricamente? Por lo menos algo que permitió que el pueblo comparase los milagros de Jesús con los milagros de Elías y Eliseo. Las señales de Jesús eran señales de profetas. Justificaban la identificación de Jesús como profeta[16].

Un segundo elemento que asemeja Jesús a los profetas es la persecución. Jesús se identifica con los profetas porque es perseguido como ellos. Elías, por ejemplo, fue perseguido y tuvo que huir por haber provocado la derrota de los falsos profetas (1Rs 18, 20-30). Jesús explica la razón por la cual es perseguido por las autoridades de Israel. Compara su muerte violenta con la muerte de los profetas en Jerusalén: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas !” (Mt 23,37).”Sois hijos de aquellos que asesinaron a los profetas.  Pues bien! Colmad también vosotros la medida de vuestros padres! (Mt 23, 31-32).  Jesús se coloca em la categoria de los profetas por las persecuciones sufridas.

Se puede discutir la autenticidad de varios anuncios que Jesús hizo de su muerte. Algunos pueden haber sido colocados después de los acontecimientos. Sin embargo, dada la hostilidad de las autoridades, poco a poco Jesús no podía no haber llegado a la convicción de que sería asesinado.

Jesús, como profeta, denuncia.Jesús no hizo oposición directa a las autoridades civiles o militares, al emperador, al procurador o al ejército romano. Los profetas anteriores lo hicieron porque había reyes en Israel. En tiempos de Jesús, el rey estaba lejos y no había recibido ningún mandato de conducir al pueblo de Dios como los reyes de Israel. Sin embargo, la proclamación de la llegada del Reino de Dios no podía no ser entendida como una crítica radical del reino de Cesar.

Jesús fue denunciado al procurador romano como un peligroso subversivo y fue condenado a muerte por el procurador romano, el representante del emperador. Los textos evangélicos detacan, sobretodo, la responsabilidad de las autoridades judaicas en esa condenación a la muerte. Esta insistencia puede haber sido provocada por la separación creciente entre el pueblo de los judíos y las comunidades cristianas después de la destrucción de Jerusalén. Por otro lado, una vez separadas del judaísmo, las comunidades cristianas desparramadas por el Imperio Romano, estaban en adelante sin gozar de los privilegios que los romanos habían concedido a los judíos de la Diáspora. Ellas no estarían tan inclinadas a entrar en un conflicto radical con el Imperio.

En todo caso, Jesús fue condenado por Pilatos que no podía dejar de descubrir en Jesús un peligro para la seguridad del Imperio romano. No se puede relativizar la responsabilidad romana en la muerte de Jesús. Las acusaciones de las autoridades judáicas no podían dejar de despertar sospechas en Pilatos  y la seguridad del Imperio era su prioridad absoluta.

Jesús encontró a otro rey que era vasallo de los romanos, pero gozaba del título de tetrarca, Herodes[17]. Un día “algunos fariseos se aproximaron (de Jesús) y le dijeron: “Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte” (Lc  13,31). Y Jesús llamó a Herodes “zorro” (lc 13,32), aunque no lo hubiese acusado de adulterio como hizoJuan Bautista lo que le valió la muerte. Jesús no quería morir por una cuestión de adulterio. Su mensaje envolvía toda la historia de Israel y toda la problemática del mundo. Si debía ser condenado, que fuese por causa del reino de Dios. Jesús no entró en conflicto con el rey Herodes.

La misión de Jesús no era política en el sentido de que no quería restaurar la antigua teocracia que había en Israel antes del exilio. Pero era política, en el sentido moderno de la palabra, porque cuestionaba toda la estructura de la sociedad. Hoy en  día el problema político fundamental no es la guerra y sí la estructura de la sociedad. Hoy, el profeta es político en el sentido de Jesús: critica a los gobernantes que quieren mantener las estructuras establecidas, que son injustas.

Jesús y los sacerdotes[18]

Jesús fue preso, juzgado y condenado por el Sumo Sacerdote ( Mc 14,43-65 y paralelos)). Los sumos sacerdotes, con el apoyo de todo el Sanedrín, amarraron a Jesús y lo llevaron a Pilatos aduciendo muchas acusaciones en contra de él. La hostilidad de la clase sacerdotal ya se había manifestado antes y Jesús estaba muy consciente de eso. “Y comenzó a enseñarles que  era necesario que el Hijo del Hombre sufriese mucho, que fuese rechazado por los ancianos, los Sumos Sacerdotes y  escribas, y que fuese muerto” ( Mc 8,31). Cuando Jesús entró en el  templo después de expulsar a los vendedores “los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblose le acercaron, mientras enseñaba, y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” (Mt 21, 23).

En varias ocasiones, Jesús criticó duramente a los sacerdotes. Cuando expulsó a los vendedores del templo, impidió que se ofrecieran sacrificios y, de ese modo, contrariaba directamente el interés de los sacerdotes. En la parábola del Buen Samaritano, Jesús no disculpa al sacerdote, colocándolo debajo de un samaritano.

Por otra parte, Jesús anunció la destrucción del templo como castigo de Dios, lo que quitaba a los sacerdotes su razón de existir (Mt 24, 2). Puede ser que este anuncio formara parte de un conjunto apocalíptico usado por Jesús o que la tradición haya introducido en los recuerdos de Jesús este anuncio apocalíptico para mostrar que él conocía el futuro.

En el conjunto, a pesar de la oposición radical de los sumos sacerdotes que exigieron la muerte de Jesús, los evangelistas no destacaron mucho a los sacerdotes. Este relativo silencio se puede explicar por el hecho de que el templo ya había dejado de existir cuando los evangelistas escribieron. Ya no había sacerdotes. Por eso,  los evangelios destacaron más a los escribas y fariseos. Sucede que, después de la destrucción del templo, los cristianos no necesitaron más debatir con los sacerdotes. Los representantes de Israel que no quisieron reconocer a Jesús como Mesías fueron los escribas, – o sea, los doctores de la ley, y los fariseos. Con estos, los cristianos tuvieron que debatir.

Jesús no dio mucha atención a los falsos profetas y en esto se distanció de los grandes profetas del Antiguo Testamento. En el discurso apocalíptico, Jesús anunció: “Aparecerán falsos mesías y falsos profetas que harán señales y prodigios capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos” (Mc 13,22). Con seguridad, este discurso es una composición ulterior, posterior a la ruina de Jerusalén e inspirada en la corriente apocalíptica que se desarrolló mucho en el siglo I, que fue de grandes tragedias para el pueblo de Israel.  En este oráculo Jesús no parece aludir a personas determinadas. Los antiguos profetas dirigían sus críticas contra los profetas profesionales bien conocidos. Esto nos lleva a pensar que el oráculo contra los falsos profetas haya sido agregado por los discípulos más tarde, cuando ya aparecieron  divisiones en las Iglesias.

Así  también cuando Jesús dice: “Tengan cuidado con los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de oveja, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7,15), él no parece designar a ninguno de esos falsos profetas.  Después de él, surgieron dentro de las comunidades cristianas personas tratadas por los escritores del Nuevo Testamento como falsos profetas.  Era una continuidad con el Antiguo Testamento, aunque los nuevos falsos profetas hayan sido muy diferentes de los antiguos. Para Pablo, los falsos profetas son los que predican la fidelidad a las leyes judáicas condenadas por Jesús.

Sucede que en tiempos de Jesús ya no existían, hacía mucho tiempo, los grupos de profetas que vivian cerca del templo y eran consejeros del rey. Los evangelios no indican ningún altercado entre Jesús y algún falso profeta. Pero, en tiempos de Jesús, los profetas de la corte fueron sustituidos por los doctores de la Ley – el grupo que vamos examinar ahora.

Jesús y los doctores

Los escribas o doctores de la Ley[19](los traductores usan, sobre todo, estos términos) son  guías del pueblo que sustituyen a los profetas. Pero ellos no reciben revelaciones divinas y no pronuncian oráculos. Enseñan lo que aprendieron de Moisés. Comentan la Ley aplicándola a las circunstancias presentes. Reivindican la autoridad de Moisés. Nadie se improvisa escriba o doctor. Es necesario estudiar durante muchos años a los pies de un maestro ya reconocido. Fue así que Pablo recibió, a los pies de Gamaliel, “una formación rigurosa, conforme a la ley de nuestros padres” (At 22, 3).

El comportamiento de Jesús en relación a los doctores fue determinado, en primer lugar, por su comportamiento frente a la Ley de Moisés (Mt 5, 17-20). Sin embargo Mateo presenta a Jesús como exigiendo un perfeccionamiento de la Ley. Ver los cinco ejemplos de perfeccionamiento, que llegan a ser corrección de la Ley, en Mt 5, 21-48. Jesús acusa a los doctores, ante todo, por dar una interpretación literal y restrictiva de la Ley. En segundo lugar, los acusa de practicar el arte de interpretar la Ley de manera torcida. Interpretan la Ley de tal manera que ellos siempre salen justificados y aplican a los pobres todo el rigor de la letra.

El capítulo 23 de Mateo reúne una serie de sentencias que condenan el comportamiento de los escribas. Estos dicen, pero no hacen (v. 2). Atan pesados fardos y los imponen en los hombros de los otros, y, sin embargo, ni siquiera los mueven con un dedo (v. 4). Hacen oraciones para ser vistos (v. 5). Les gustan los primeros lugares (v. 6). Disfrutan de los títulos de “maestro”, “padre”, “doctor” (vs. 8-10). Después de esto, vienen las maldiciones que denuncian todaslas formas de hipocresía de los doctores. Ese capítulo 23 es implacable. A los escribas ,Mateo asocia con los fariseos, aunque las dos categorías sean distintas. Un doctor puede o no ser fariseo, y un fariseo puede o no ser doctor. El doctor enseña por la palabra y el fariseo enseña por sus actos. De todas formas, ambas clases suscitan el rechazo de Jesús.

La severidad de los antiguos profetas contra los falsos profetas se dirige ahora contra los doctores y los fariseos, o sea, los que defienden exteriormente la Ley, pero no la practican, usando la astucia de quien estudió muy bien a la Ley y aprendió las maneras decontornar todas sus exigencias.

De ahora en adelante, los adversarios de Dios dejan de ser los servidores de falsos dioses y falsas religiones. Los adversarios son ahora, los que corrompen la Ley de Dios con su comportamiento social. Para Jesús, el centro deja de ser la religión. El centro son los hermanos, el prójimo. Esto es justamente lo que los doctores no saben, o no quieren saber.

Jesús es severo cuando se encuentra con un doctor.  Cierta vez, uno de ellos se aproximó, ofreciéndose para seguir a Jesús.  Jesús respondió de un modo claro: “No”. (Mt 19,20).

Los fariseos ocupan un lugar importante en los evangelios[20]. Ellos observan el modo de actuar de Jesús, se escandalizan, lo interpelan. Más aún que los doctores, los fariseos fueron los interlocutores que cuestionaban a Jesús. Los fariseos eran los “perfectos”, los más fieles observantes.

Los fariseos se escandalizaban porque Jesús comía con los pecadores (Mc 2,16; Lc  5,27-32), porque los discípulos de Jesús no practicaban los ayunos que ellos practicaban (Mc 2,18), porque Jesús decía que lo que entraba por la boca no era impuro, pero sí lo que salía de la boca, relativizando de ese modo las leyes de  pureza (Mt 15,12). Los fariseos querían una señal del  cielo, pero Jesús se negaba, ya que había dado tantas señales, que ellos no supieron reconocer (Mt 16,1-5). Un fariseo que lo había invitado a comer se escandalizó porque Jesús acogió a la mujer pecadora que se había acercado a ély le perdonó los pecados (Lc 7,36-50). Otro fariseo, que también lo había convidado a comer, se escandalizó porque Jesús no hizo las abluciones antes de comer (Lc 11,37). Los fariseos quedaron escandalizados porque Jesús curó un enfermo en día sábado (Lc 14,1-6). Se escandalizaron porque Jesús acogió a los pecadores y a loscobradores de impuestos (Lc 15,1-2). “Los fariseos, que eran amigos del dinero, escuchaban todo esto y se burlaban de Jesús” (Lc 16,14) – porque Jesús había criticado a los que procuraban acumular dinero.

Jesús condena la hipocresía y el egoísmo de los fariseos. Denuncia con fuerza la falsedad de la religión de ellos, justamente porque las apariencias de santidad engañan más. La actitud de Jesús es muy severa. Sobretodo en el Evangelio de Lucas, aunque también en los otros sinopticos, parece que los enemigos principales de Jesús fueron los fariseos.

Movidos por esos escándalos, los fariseos luego comenzaron a conspirar:”Los fariseos se confabularon contra él  buscando los medios para hacerlo perecer” (Mt 12, 14).

Jesús acusa a los fariseos de anular la palabra de Dios en nombre de la tradición:son hipócritas. Inventan falsas leyes para dispensarse de aplicar las verdaderas (Mt 15,1-9). Son una “generación mala y adúltera” (Mt 16,4). “Son ciegos que guían a los ciegos” (Mt 15,14). “No son los sanos que necesitan médico, sino los enfermos. Yo vine a llamar no a los justos, sino que a los pecadores, para que ellos se conviertan” (Lc 5,31-32).  ¡Vosotros fariseos sois como el exterior de la taza y el plato que purificáis, pero vuestro interior está lleno de rapacidad y de maldad. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro?“ (Lc 11,39-40).

“Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan de conversión” (Lc 15,7). “Ustedes muestran vuestra justicia a los ojos delos hombres, pero Dios conoce vuestros corazones:  lo que para los hombres es superior, es abominación a los ojos de  Dios” (Lc 16,15).

La parabola del fariseo y el recaudador de impuestos es como un resumen de todas las acusaciones hechas a los fariseos. Una religión de fachada que tiene sus raíces en el orgullo (Lc 18,9-14).  En el capítulo 23, Mateo condensa las críticas de Jesús que se dirigen a los escribas y fariseos – aunque se aplican en primer lugar a los fariseos, por lo que consta en otros textos relativos a ellos.

En el cuarto evangelio, hay textos más favorables a los fariseos. Juan destaca la persona de Nicodemo, que era fariseo y uno de los notables entre los judíos. “El vino, de noche, a ver a Jesús y le dijo: “Rabbi, sabemos que tú eres un maestro  que viene de parte de Dios, pues nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no estuviere con él” (Jn 3, 2).

En el día de la fiesta de las Tiendas, los fariseos murmuraban por causa de las palabras de Jesús. Entonces, Nicodemo tomó la defensa de Jesús: “¿Acaso nuestra Ley condenaría a un hombre sin haberlo escuchado y sin saber lo que él hace?” (Jn 7,51). Pero sus colegas replicaron: “”Examina (las Escrituras) y verás que de Galilea no surge profeta” (Jn 7,52).

Cuando José de Arimatea logró que Pilatos autorizara el sepelio de Jesús, Nicodemo lo acompañó. “El trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unas cien libras” (45 kilos). (Jn 19, 39).

Otro fariseo honesto era Gamaliel, “doctor de la ley estimado por todo el pueblo” (He 5,34). Miembros del Sanedrín querían condenar a los apóstoles. Entonces Gamaliel invocó este argumento: “No se metan más con esos hombres, y déjenlos ir ahora!  Pues si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres,  desaparecerá por sí mismo;  y si es de Dios, no podréis hacerlos desaparecer. No os arriesguéis a entrar en contienda con Dios”.          (He 5,38-39).  Se ve, pues, que – en la óptica del evangelio de Juan – No todos los fariseos merecieron la severidad que Jesús manifestó en relación a ellos, de acuerdo con los sinópticos.

Para concluir esta parte podemos afirmar que el modo de ser y de actuar de Jesús lo colocaba en la continuidad de los profetas, aunque hubiese diferencias entre ellos. Con Jesús, los adversarios ya no son los falsos profetas que introducen ideas o prácticas paganas en el pueblo de Dios, sino  las propias autoridades israelitas que desvían el pueblo de la verdadera religión.

Objetivo de la profecía: el reino de Dios

El mensaje fundamental de la profecía de Jesús es el anuncio de la llegada del reino de Dios. Los  profetas antiguos constantemente anunciaron el reino de Dios – con esas palabras o con palabras equivalentes. Sin embargo, para ellos, el reino de Dios – o sea, la realización de las promesas de salvación y de felicidad – ocupa mucho menos espacio en sus profecías que el anuncio de los castigos que amenazaban al pueblo de los paganos o al pueblo de Dios debido a su infidelidad a la alianza.

Los antiguos profetas se oponían inmediatamente a  la política de los reyes. Su preocupación era la suerte inmediata del pueblo en medio de los problemas en que éste se encontraba. Querían una conversión inmediata pues el peligro era inminente. Los castigos de Dios estaban a la puerta. Era preciso actuar inmediatamente para  alejar esos peligros. Todo era a corto plazo. Sin embargo, frente a situaciones calamitosas, o despues de la realización del anuncio de las catástrofes, los profetas dejaban siempre una esperanza: en el futuro Dios vendrá y reinará de nuevo, reconciliado con su pueblo.

Entre los profetas y Jesús, estuvo el movimiento apocalíptico, que se desarrolló, sobretodo, a partir del siglo II a.C. y proporcionó una abundante literatura. Los últimos textos de la Biblia judáica – por ejemplo el libro de Daniel, que es del siglo II – y partes tardías introducidas en los libros de los profetas, fueron textos apocalípticos. En aquella época, las personas más religiosas dejaron de esperar un reino de Dios en esta tierra. Creían que esta tierra no tenía más remisión ni salvación. El mundo entero debía ser destruido y Dios vendría a crear otro mundo, que sería su reino. Tal reino no procedería de este mundo – no estaría en continuidad con la historia de este mundo – sino que irrumpiría como un corte venido del cielo. Después de destruir la humanidad actual, Dios salvaría a sus elegidos en un mundo nuevo, creado por él. Nosotros debíamos prepararnos para esa gran fecha, ese gran acontecimiento. Los autores apocalípticos procuraban detectar las señales del fin del viejo mundo y el advenimiento del nuevo.

Históricamente Jesús era contemporáneo de ese movimiento religioso apocalíptico. Sin embargo, su mensaje no era apocalíptico. No hablaba de un reino de Dios después de la destrucción del mundo. Su anuncio principal era el reino de Dios en esta tierra para la humanidad actual. En este sentido, Jesús volvió a la perspectiva profética de una llegada del reino de Dios en esta tierra.

Él no definió en forma abstracta lo que es el reino de Dios. Se refirió mucho a este reino en forma de parábolas, o de paradojas, o de alusiones misteriosas.  Asimismo, los evangéliossinopticos ofrecen un testimonio indiscutible: el Reino de Dios fue el objetivo anunciado y proclamado por Jesús. Por esto no hay duda de que el reino de Dios haya sido el centro de su mensaje.

Cuando los misioneros cristianos hablaron y escribieron para un público no judaico, abandonaron el concepto de reino de Dios – que era algo ajeno a la cultura helenística, así como es ajeno a la nuestra.   Pablo y Juan hablan de “vida”. Pero transferieron para la vida el carácter misterioso del reino de Dios.

El significado del reino de Dios de Jesús fue uno de los asuntos más controvertidos de la exégesis del Nuevo Testamento. Aparecieron varios autores y varias escuelas que procuraron explicar, en forma racional, lo que Jesús quiso decir[21].

La discusión nació cuando algunos autores del siglo XIX empezaron a escribir la “Vida de Jesús”. Antes de esto, los evangelios eran usados como fuente de argumentos teológicos para defender una teología – sea ortodoxa, sea heterodoxa. A lo sumo, algunos autores procuraron armonizar los tres o los cuatro evangelios para sacar de ellos una sola historia. No se preocupaban tanto en descubrir lo que Jesús había anunciado, toda vez que las ortodoxias ya sabían lo que Jesús debía haber dicho.  El anuncio del reino de Dios era el anuncio de la  teología de ellas. El Reino de Dios debía significar el contenido de los libros de teología o de los dogmas de la Iglesia. No había la preocupación de investigar el sentido del reino de Dios tal como fue anunciado por Jesús o entendido por los evangelistas.

En el siglo XIX, los evangelios y el cristianismo fueron varias veces reinterpretados dentro de las categorías de la filosofía liberal, emancipada de la teología.  En el protestantismo nació una teología liberal de acuerdo, entre otros, con las posiciones de Kant – para éstos el reino de Dios es la sociedad que practica las virtudes.

En la Iglesia católica, la vigilancia del magisterio no permitió que estas ideas penetrasen en el pueblo cristiano. E.Renan escribió una historia liberal de la vida de Jesús que tuvo mucha divulgación. Renan fue expulsado de la Iglesia y combatido como la encarnación del diablo. El libro de Renan fue el preferido de los liberales de los países latinos, que lo usaron en la lucha contra la Iglesia católica. En el mundo liberal, el reino de Dios sería la democracia liberal.  Cabría a ella realizar los sueños de Jesús en esta tierra. Sería la realización, por la razón, de aquello que la Iglesia había anunciado pero no realizado.

Sin embargo, ni la teología ni la filosofía liberal resistieron al escándalo de la Primera Guerra Mundial. Nadie más creía que la democracia liberal pudiese realizar el ideal de un reino de Dios.

Ahora bien, en el inicio del siglo XX, dos exégetas protestantes – A. Schweitzer y J. Weiss – defendieron la tesis de que tanto los evangelios como Jesús surgieron en un contexto cultural totalmente diferente de la filosofía liberal democrática. Jesús vivió en un mundo de creencias apocalípticas y debía ser interpretado dentro de esas categorías. Él nada tenía de filósofo. Entonces nació el desafío de buscar un equivalente de ese mundo apocalíptico en nuestra cultura. Aparecieron varias escuelas que no necesitamos evocar aquí[22].

La interpretación predominante hoy es la de que el reino de Dios, evocado por Jesús, es, al mismo tiempo, futuro y presente.Jesús habla del Reino futuro después de la ruina de este mundo. Los oráculos más claros están en el capítulo 24 de Mateo y paralelos.

Sin embargo, hay textos que hablan de un reino futuro que podría estar no tan distante y que se realizaría en la historia. Por ejemplo, el pedido de la venida del reino de Dios del Padre Nuestro. Jesús puede hablar de la venida después de la destrucción apocalíptica del mundo, pero también habla del efecto de la predicación de los apóstoles, esto es, del efecto producido por la realización de la misión entregada por Jesús a los apóstoles.  Eso también se da en las tres bienaventuranzas más antiguas y más auténticas (Lc 6,20-21), que  prometen a los pobres una salvación en el mundo futuro, pero también en un futuro situado en esta tierra. Es ésta la interpretación que predomina en América Latina.

Hay otros textos que hablan indiscutiblemente del reino de Dios aquí en esta tierra. El resumen de la predicación  de Jesús según Marcos se refiere claramente al tiempo presente:  “Se cumplió el tiempo,  el reino de Dios se aproximó; convertíos, y creed en el evangelio” (Mc 1,15). A propósito del ayuno, que los discípulos de Jesús no practican, Jesús pregunta “¿pueden los convidados a las bodas ayunar mientras está con ellos el esposo?” (Mc. 2,19).

A propósito de los exorcismos, Jesús dice: “Pero si es por el Espíritu de Dios que yoexpulso los demonios, entonces el reino de Dios ya os alcanzó” (Mt 12,28).

“El reino de Dios no viene como un hecho observable.   No se dirá: ” Hélo aquí ohélo allá”.  En efecto, elreino de Dios  está entre vosotros” (Lc 17,20-21). Hay dos traducciones posibles: “dentro de vosotros” o “en medio de vosotros”, que es la traducción más frecuente.

Las parábolas del crecimiento muestran que el comienzo del reino ya está presente y está creciendo en esta tierra. Es la parábola de la semilla (Mc 4,26-29) o la parábola del  grano de mostaza (Lc 13,18-21).

Jesús resalta más la llegada actual que la llegada final. En esto es diferente de los autores de apocalipsis. Para estos, el reino de Dios está en el fin de esta historia y no se anuncia  llegada alguna para ahora.  Los milagros, las sanaciones operadas por Jesús, su opción por los pecadores, por los pobres y por los rechazados de la sociedad son señales de la llegada del reino de Dios aquí y ahora.  Son las señales que los fariseos o los doctores no consiguen comprender.

De la misma manera, Jesús insiste menos  en las denuncias de la corrupción de las autoridades de Israel que en su programa positivo –  que él llama de perfección de la Ley. También exalta las virtudes de los samaritanos, de los paganos, de las prostitutas y  otras categorías consideradas como pecadoras por los doctores, o las virtudes de los pobres, la fe de los ciegos y otros enfermos. Abre el horizonte limitado de los jefes religiosos de Israel de aquel tiempo. El reino de Dios está abierto para todos.  El reino de Dios  no se limita al Israel histórico, sino que convoca a todos los seres humanos, comenzando por los que los escribas y fariseos rechazan.

De cualquier manera, el mensaje de Jesús se sitúa en el universo religioso del judaísmo de aquella época.  Viene, entonces, el problema de traducir ese mensaje en categorías contemporáneas. He aquí algunas consideraciones.

En el judaísmo, nació el concepto de história por el cual se da valor al tiempo. En todas las otras civilizaciones – el tiempo no tiene valor, ni incluso en la filosofía griega. En Israel, la vida está asociada a la espera de las realizaciones de las promesas. Israel es el pueblo que recibió las promesas y  aguarda su cumplimiento.  Debe ser fiel al mensaje recibido por Abrahan y confirmado por los patriarcas, por Moisés y todos los profetas. Por la fidelidad a la Ley, los hijos de Israel se preparan para la llegada del reino de Dios, cuando todas las naciones estarán reunidas alrededor de la gloria de Dios, su creador. El tiempo significa fidelidad, paciencia, esperanza contra toda esperanza.  Es una caminata para un estado final de plena realización y perfecta felicidad.

Sucedió  que muchas veces Israel fue infiel, se desvió del propio camino, imitó a pueblos vecinos que ignoraban las promesas y la Ley. Hubo períodos de traición. Entonces los profetas vinieron a llamar al pueblo para la conversión y para el retorno a su vocación propia. La historia fue hecha de caídas y de conversiones. Después de los profetas, vinieron los doctores de la Ley, que prestaron más atención a la letra de la Ley que a su espíritu y que crearon otra desviación: el literalismo de la Ley que legitima la dominación de unos sobre otros, y anula prácticamente la Ley con el pretexto de servirla.   Por lo menos así fue la interpretación que Jesús dio a la situación en que se encontraba Israel.

Jesús mantiene y confirma, como buen israelita, las promesas, la Ley, la vocación propia de su pueblo. Pero agrega un elemento nuevo que va a transformar todo – o sea, todo el significado de la historia de Israel. Jesús anuncia la llegada del reino de Dios con su presencia en la Galilea. Eso cambia todo. Pues, para los profetas antiguos, la actitud para con Dios era de espera. Era confiar en la promesa y quedar vigilando, procurando  entender las señales de los tiempos y  preparándose por medio de la fidelidad a la Ley.

Ahora bien, el reino de Dios aparece en este mundo como una realidad inicial, como una semilla. De la semilla debe nacer un árbol. Este crecimiento de la semilla será obra del Espíritu Santo.  El Espíritu Santo  actúa dentro de los discípulos. El Espíritu Santo no hace milagros, no cambia el mundo por un golpe mágico. No transforma la sociedad humana por un milagro repentino. El Espíritu Santo transforma el mundo por la acción de los discípulos de Jesús. ¿Quién va a construir un mundo de justicia y misericordia? Serán los que van a colocar sus energías al servicio de esa construcción del reino, de una humanidad que levanta a los pobres y reduce la arrogancia de los poderosos,  una humanidad en que se aplicarán las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús.

El llamado se dirige a todos. Pues con la llegada del reino, las fronteras desaparecen. Todas las barreras que los judíos habían levantado para defender su identidad  ante los otros pueblos –  templo, sacrificios, sacerdocio, circuncisión, legalismo, prohibiciones de contactos humanos, discriminaciones de todo tipo – desaparecen.  Todo desaparece  para que todas las creaturas humanas puedan construir juntas un reino de paz y justicia.

Esta es una tarea gigantesca. Los discípulos de Jesús no pueden dejar de hacer la experiencia de su debilidad.  Pero Dios quiere usar la debilidad de sus servidores para construir su reino.  Su fuerza acompaña la debilidad de sus servidores.

Una Ley verdadera necesita ser construida para expresar la voluntad de justicia y misericordia.  Será la tarea del Espíritu Santo, por medio de los discípulos de Jesús, que acogen el llamado. Esta Ley no tiene límite, nunca legitima cualquier tipo de punto de llegada.. Jamás alguien podrá decir: “ya cumplí  todo lo que Jesús quería”. Siempre podría haber sido hecho más y mejor, pues el amor no tiene límite. Ninguna Ley limita la tarea de los discípulos, la Ley requiere que se vaya siempre más allá.

Sin embargo, lo que aconteció con los israelitas ocurrió también con los cristianos. Fueron infieles a su misión. Dejaron de entender el mensaje de Jesús. Crearon nuevas fronteras, se separaran de otros pueblos como si formasen de nuevo un pueblo particular de elegidos. Hicieron leyes que oprimen a los pobres y permiten un nuevo fariseísmo. Se olvidaron de los pobres y humillados. Imitaron los comportamientos de los paganos. Legitimaron con motivaciones religiosas la injusticia, la violencia y el individualismo. Por eso la historia continúa siendo aún una sucesión de caídas y de conversiones – esta vez universalmente y no solamente en una pequeña provincia del imperio romano.

Por eso el papel profético no termina con Jesús.   Jesús fue un profeta de nuevo tipo, que anunció una apertura total de Israel y una historia terrestre del reino de Dios. Jesús dio la palabra final a los mensajes de los profetas que hablaron antes que él. Pronunció la palabra definitiva, pues él mismo fue la palabra.

Sin embargo, no impidió, sino que abrió un nuevo profetismo. Así como el pueblo de Israel necesitó de profetas para recordar su vocación al propio pueblo, así también el nuevo pueblo de Dios necesita  nuevos profetas para no caer en una infidelidad sin remedio.

Tratar de este nuevo profetismo es justamente el objetivo de este libro. Vamos a detectar, en la historia de los 2000 años que nos separan de Jesús, algunas señales, algunas etapas de este profetismo. Claro  que no cabe, en este pequeño volumen, una verdadera historia del profetismo cristiano. Pero, por lo menos, será una introducción que más tarde otros autores podrán retomar y ampliar en una obra realmente histórica.

Los profetas cristianos son diferentes de los profetas del antiguo Israel porque se apoyan no solamente en las promesas de Dios, sino  también en la presencia actual del reino de Dios, aunque sea apenas un comienzo. Dentro de ese contexto, vuelven a asumir los temas de los profetas antiguos, queriendo ahora no una conversión al reino de Dios futuro, sino  al reino de Dios ya presente.

 

CAPÍTULO  7. – La Profecía en la Sociedad Industrial

El cristianismo nació en una sociedad rural, aunque hubiese – en el Imperio Romano –  algunas grandes ciudades, que fueron destruidas por las invasiones bárbaras. Las comunidades paulinas se constituyeron en algunas grandes ciudades – pero ellas desaparecieron junto con esas ciudades. No hay continuidad histórica entre la Roma capital del Imperio y la Roma que renace en la Edad Media.

Hasta el siglo XX, la mayoría de la población vivió en el campo, practicando la agricultura y la ganadería, las grandes riquezas tradicionales de los pueblos de aquella época. Hubo una civilización  rural que, en sus líneas básicas, era común a los grandes Imperios del Extremo Oriente, a los pueblos de África, de Europa y de América. Había diferencias importantes entre ellos, pero para todos el pasaje a la sociedad industrial fue – o aún es – un cambio radical en las concepciones del mundo, en la vida del ser humano y de la representación que él hace de sí mismo; en el trabajo, en la economía, en el nuevo modo urbano de vivir. Hay una continuidad entre el campesino egipcio de 5000 años antes de Cristo y el campesino europeo hasta  1900 y en algunas regiones hasta el año 2000, pero hay una brusca ruptura entre el campesino del siglo XX y el obrero de este mismo siglo.

Con el advenimiento de la sociedad industrial, ocurre una ruptura radical. Todo cambia. La vida cambia de sentido y de expresión.  Las nuevas ciencias, las nuevas tecnologías, aumentan inmensamente la productividad del trabajo, lo que permite la creación de millares de nuevas actividades desconocidas en los milenios anteriores. Sin embargo, hay una continuidad entre la religión del campesino egipcio de 5000 antes de Cristo y el campesino europeo del siglo XIX – e incluso en buena parte del siglo XX.

Los campesinos que adoptaron el cristianismo le dieron una interpretación muy específica. Hicieron una composición entre las religiones rurales tradicionales y el cristianismo. Los cristianos “puros” siempre fueron  minoría.

En la interpretación rural del cristianismo, la religión agrícola tradicional era la que de hecho contaba -mucho más que la enseñanza de la teología cristiana. Siempre hubo algunos grupos sensibles al evangelio y que aprendieron el catecismo.  Pero, en el fondo del alma de muchos, lo que predominaba y lo que encuadraba  el cristianismo, era la religión rural milenaria. Esto no constituía un mal.  Significaba que el camino del evangelio ya estaba preparado, teniendo sus referencias dentro de los cuadros de la cultura de los agricultores.

Sin embargo,  entre el campesino creyente de 1900 y el ciudadano indiferente de 1950 la distancia era inmensa.  Las antiguas religiones perdían terreno en la sociedad industrial y nuevas religiones aparecían sin contacto con la cultura rural. Esto muestra claramente que el cristianismo que vive en una cultura  cambia cuando pasa a otra.

El aparecimiento de la sociedad industrial torna obsoleta la síntesis entre el cristianismo y la cultura rural. En Europa, el cambio fue más lento y  duró casi 2 siglos. En el Tercer Mundo, él se hizo en una generación. Las generaciones nacidas y educadas en la cultura industrial, ya no entienden la religión de sus abuelos – y, a veces, ni siquiera la religión de sus padres.Si escuchan hablar de ella, creen que se trata de una ficción. No hay más diálogo posible. El evangelio aún atrae a personas que lo encuentran, pero la Iglesia deja mucha indiferencia. Porque, en la Iglesia  hay mucho más que el evangelio: hay toda una cultura. Lo que está en crisis no es el evangelio ni la Iglesia primitiva. Lo que está en crisis es la tradicional religión rural que era la base que sustentaba a la Iglesia. Consecuentemente, la crisis afecta a todas las estructuras de la Iglesia que fueron el resultado de 1.500 años de convivencia con la cultura rural.

Las estructuras, los obispos, el clero, los religiosos, las parroquias, el catecismo, la liturgia oficial, todo eso se quebranta y suscita indiferencia si no se expresa en la nueva cultura de la sociedad industrial.

La Iglesia tomó mucho tiempo para entender lo que estabaaconteciendo.  Finalmente, la  transformación no fue tan repentina ni simultánea en todos los países de la cristiandad antigua.

La industrialización no ocurrió al mismo tiempo en todos los lugares. Comenzó en Inglaterra que era protestante y por esto no llamaba la atención de los católicos. Alcanzó a Bélgica en el inicio del siglo XIX, después a Francia entre 1810 y 1820. Pasó para Alemania a mediados de aquel siglo y allí se expandió muy de prisa. En Italia, llegó en el siglo XX – salvo en algunas áreas.  También en España, la industrialización comenzó con el siglo XX – principalmente en Cataluña y en el país Vasco; en el resto del país fue, sobre todo, después de la muerte de Franco, después de 1975. En América Latina, la industrialización comenzó en la segunda parte del siglo XX. Por esto, la crisis de la religión cristiana se desparramó progresivamente por la cristiandad desde principios del siglo XIX, sobre todo después de las revoluciones de 1848. Hoy en día aún hay algunos rincones en que se mantiene un resto de cristiandad, pero sin perspectivas para el futuro.

La religión tradicional entró en crisis con la industrialización porque la clase obrera no fue evangelizada y la Iglesia se refugió en la clase campesina, que estaba disminuyendo irreversiblemente. Esos campesinos mantenían la religión tradicional y permitían que el clero continuase en la ilusión de la cristiandad. Sin embargo, el fenómeno de la descristianización progresaba sin parar.

Durante mucho tiempo el clero creyó que lo que estaba aconteciendo era obra del demonio (liberalismo, socialismo, marxismo, secularización, etc.) o de los impíos, de políticos sectarios y de una propaganda anti-cristiana de mala fe. Se apoyaba en la fidelidad de las regiones aún no industrializadas. Por esto no se reconocía en la irreligión un hecho cultural  inevitable que exigiría una nueva expresión exterior del cristianismo. No se conseguía entender que la evolución era inevitable y no se procuró saber lo que estaba aconteciendo culturalmente. El clero no tenía capacidad para eso. La Iglesia romana hacía todo lo que estaba a su alcance  para que el clero no se informase.

Por  esto la respuesta del clero fue el retorno a una identidad fuerte, constituida por la defensa del sistema tradicional, dando origen a los sucesivos tradicionalismos que hoy en día predominan en la Iglesia Católica. Sin embargo, el resultado es que la misión en la sociedad industrial se torna cada vez más distante. La Iglesia se cierra en su pasado. Los laicos se van – lo mismo ocurre con miembros del clero y de las congregaciones religiosas. Permanecen fieles los grupos fundamentalistas, lo que torna el problema cada vez más insoluble.

En la nueva sociedad industrializada o en vías de industrialización, liderada por la nueva ciencia y por las nuevas tecnologías, no había espacio para los privilegios y el monopolio cultural de la Iglesia. A medida  que la Iglesia perdía sus privilegios en la sociedad, el clero pasó a quejarse de que esta siendo perseguido. Desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano hasta llegar a las leyes de laicización de las instituciones sociales, todo fue interpretado como persecución a la Iglesia y a Cristo, como agresión contra Dios. Frente a la evolución de la antigua cristiandad, la Iglesia se refugió en un reducido grupo de fieles como en una fortaleza e inició un período de condenaciones pensando detener de esa manera,  la salida de los hombres y de las mujeres imbuidos en la nueva cultura. La base de la política de Roma fue la condenación de todos los errores contemporáneos y el recogimiento de los católicos en un gueto cada vez más cerrado. Esto fue contraproducente. Se esperaba“la caída de Babilonia” y el renacimiento de la cristiandad. El clero no podía imaginar que tendría que subsistir sin los privilegios de la antigua cristiandad.

Esta evolución es bien conocida: “Mirari Vos” de Gregorio XVI, en 1832; el “Syllabus” de Pio IX, en 1864;“Pascendi”, de Pio X, en 1907, y las condenaciones de centenares de teólogos y filósofos “modernistas”. Todo culminó en las condenaciones por parte de Pío XII, de los mayores teólogos, de los sacerdotes obreros – y con la excomunión de los comunistas, ignorando que en Italia muchos comunistas continuaban sintiéndose católicos.

Aparte de estas condenaciones, muchas otras fueron desencadenadas, haciendo que la Iglesia se tornase una fortaleza aislada del mundo, y alejando cada vez más a las nuevas generaciones – que no comprendían más su mensaje.

Fue Juan XXIII que, en el discurso inaugural del Concilio, declaró el fin de la época de las condenaciones. Ese discurso fue profético, la mayor profecía desde la Edad Media – o desde los primeros misioneros de America. Juan XXIII no era teólogo, pero tenía la sensibilidad del nuevo mundo industrial, aunque hubiese sido hijo de campesinos tradicionales. Él sentía que el cristianismo debía ser presentado dentro de una nueva cultura. Tenía la percepción de los signos de los tiempos.

El Concilio Vaticano II respondió en parte a la palabra profética de Juan XXIII. La mayoría de los obispos no estaba preparada para entender. Aún así fue la primera señal del reconocimiento parcial de una sociedad nueva, fundada en una  cultura nueva. Se tornó lugar común decir que el Concilio Vaticano II fue un Concilio profético. Hay ahí una exageración, sobretodo porque el Concilio no realizó el segundo pedido de Juan XXIII:  la nueva formulación de la doctrina en una forma comprensible para los contemporáneos, y el hecho de no haber conseguido reconocer el papel de los pobres en la Iglesia.

Mas el mensaje del Vaticano II, aunque aparentemente aceptado, no convenció a todos. Dentro de la fortaleza, muchos católicos tradicionales creían que aún se podría rehacer la cristiandad, sobre todo a través de los “movimientos”, estimulados por el Papa Juan Pablo II, que también creía que se podía rehacer la cristiandad. Él partía de la experiencia de Polonia y de la resistencia de la Iglesia al comunismo. No se daba cuenta de que era más fácil resistir al comunismo que a la atmósfera de la nueva sociedad industrializada, o  la cultura de la sociedad capitalista. Esta deja toda la libertad a la Iglesia, porque la considera como monumento de la historia humana, en virtud de su glorioso pasado, pero organiza la sociedad como si ella no existiese. La Iglesia  no es más perseguida, porque perdió la credibilidad.. Aún hay un grupo de fieles, a pesar de todo, pero está disminuyendo. Por eso mismo, la época de las condenaciones aún no llegó a su fin como quería Juan XXIII. Muchos aún creen que, por las condenaciones, se puede revertir la evolución actual.

Las exigencias de la nueva sociedad industrial fueron  formuladas primero dentro del liberalismo, y más tarde, dentro del socialismo. El liberalismo fue la doctrina dominante hasta la Comuna de Paris (1871), y el socialismo fue avanzando hasta el golpe de los fascismos que conquistaron una gran parte de las masas. Después de la guerra, el socialismo predominó de nuevo, pero de un modo más atenuado.  Con la Segunda Revolución Industrial, de los años 70, se creó un “consensus” universal, procedente de los Estados Unidos (Consenso de Washington). Con eso,  venció la ideología de la no ideología y, en la práctica, el predominio de la economía capitalista, que hace del crecimiento de la riqueza financiera la finalidad de la sociedad humana: la religión fue confinada a la vida privada de quien se interesaba por ella.

En todo ese período, la jerarquía se colocó al lado de los partidos conservadores. Condenó las revoluciones liberales o socialistas. Condenó las filosofías e ideologías que se apartaban de la escolástica, considerando que en la escolástica estaban todas las respuestas a los problemas humanos. En todo, política o filosofía, el clero descubría la voluntad de destruir a la Iglesia – cuando, en verdad, se trataba de destruir los privilegios de la cristiandad medieval. Quería tener el monopolio del pensamiento y de la organización social en nombre de una doctrina que consideraba cristiana, aunque haya sido la de una época realmente excepcional.  En lugar de buscar en todas las novedades aquello que combinaba con el cristianismo, quiso la totalidad de la cristiandad. El clero contó con los partidos conservadores para reconquistar los privilegios. Contó también con los fascismos en Italia, en España y en Portugal. Los papas lideraron esa guerra defensiva contra la sociedad moderna -, algunos con más agresividad, como Gregorio XVI, Pío IX, Pío X o Pío XII; otros de forma más moderada como León XIII, Benedicto XV, Pío XI. En una época de guerra, el mando queda más concentrado. La centralización romana fue la herramienta que permitió esa guerra defensiva que, finalmente, se transformó en guerra perdida. Para los soldados, la primera cualidad es la disciplina. Por esto, los papas insistieron tanto en la superioridad del clero, en su disciplina y en la importancia de su subordinación al episcopado y al papa. El papel de los laicos en la Iglesia, decía Pío X, era obedecer. En la guerra debe reinar la uniformidad: todos los soldados deben ser iguales y las reglas son las mismas para todos.

Dentro de este contexto, nacieron innumerables obras admirables de educación, de salud, de ayuda a los necesitados – obras de caridad dentro del mundo rural, esencialmente. Centenares de congregaciones religiosas nacieron para trabajar en estas obras de caridad. Se decía que ni el Espíritu Santo sabía cuántas eran las congregaciones religiosas femeninas! No faltaron heroísmos de caridad y de apostolado. Lo que faltó fue la lucidez de la jerarquía – y de los papas en primer lugar.  Pero,¿podría haber sido de otro modo? La jerarquía no conseguía entender  lo que estaba aconteciendo. Identificaba la causa de la Iglesia de sus tiempos con la causa de Cristo. Toda su formación, todo el contexto de la fortaleza asediada solamente podían confirmar  la jerarquía en su buena fe. Casi todo el clero aprobaba y estimulaba – y el partido conservador apoyaba. ¿Cómo discernir con lucidez lo que estaba ocurriendo?

Hubo algunos profetas, pero hasta  Juan XXIII pudieron influir bien poco.

Sin embargo, surgieron católicos conscientes de la situación, laicos en primer lugar, pero también  sacerdotes y algunos obispos. El Papa Juan XXIII también estaba consciente de los desafíos que debían ser enfrentados y quiso imprimir otra orientación a la Iglesia. Pero era anciano.  Murió pocos años después de asumir y la continuidad no estaba asegurada, ya que su sucesor era un intelectual que no tenía el vigor de los campesinos.

Hubo católicos que alertaron que la pastoral de la Iglesia estaba siendo una pastoral de suicidio, por no partir de un conocimiento real de la situación pensando que se podía prolongar indefinidamente el pasado[23]. Pero esos católicos no fueron escuchados a no ser por cristianos de base que no tenían ningún poder para cambiar. Hablaron en el desierto.  Recordemos algunos de estos nombres.

118 Cf. Pierre Pierrard, L’Église et les ouvriers en France (1840-1940), Hachette, Paris, 1984, 600 p.

Antes de hacer nuestra lección, necesitamos tener conciencia clara de que el verdadero desafío de aquel tiempo – el hecho que debía llamar la atención – no era la filosofía, ni la teología, ni la política, sino era el clamor de la miseria de la clase obrera. Desde el punto de vista cristiano este fue el hecho dominante de toda la época de la implantación de la sociedad industrial. El hecho más gritante y decisivo para los cristianos no era la situación pública de la Iglesia, sino la trágica nueva pobreza creada por la industria. El gran escándalo era la condición en que se encontraba la clase obrera. El silencio, la timidez, y, en el fondo, la ignorancia de la miseria obrera fue lo que determinó el destino de la Iglesia en Europa.

Pío XI afirmó: “el gran escándalo del siglo XIX fue que la Iglesia perdió la clase obrera”. Podemos agregar: la perdió por ignorancia, por cobardía, porque el clero se convirtió en una clase de funcionarios de Dios, pegados a la sacristía y viviendo en la ilusión del pasado.

Entre los años 1810 y 1820 aparecieron las primeras denuncias de esta miseria. Después, aparecieron filosofos sociales que denunciaron el hecho e imaginaron una alternativa, el socialismo. Estas utopias desembocaron, finalmente, en una obra sintética que iría a  marcar un  siglo: El manifiesto del Partido Comunista de Karl Marx- que es de 1848. La encíclica RerumNovarum de León XIII fue publicada en 1891, más de 40 años después del Manifiesto.Aún así, Leon XIII tardó desde su elección, en  1878, hasta 1891 – presionado por grupos de católicos que aguardaban con impaciencia. La encíclica se debe a los teólogos, pastores y obispos de la Unión de Friburgo. La propuesta llegaba tarde, toda vez que la clase obrera ya estaba ingresando en la “Iglesia paralela” – el socialismo. Este fue el único refugio de los trabajadores para acoger  la reivindicación proveniente de su situación de miseria y  expresar sus angustias  resultantes de un trabajo masacrante que les era impuesto. Aún así,la encíclica fue acogida con  indiferencia casi total. En gran parte  de las diócesis, ni siquiera fue mencionada.

Hubo profetas que mostraron este drama fundamental para la Iglesia. Hablaron en el desierto. Fueron escuchados sólo mucho más tarde – en realidad sólo después de la Segunda Guerra Mundial. La clase obrera estaba sumergida en múltiples dificultades, mientras  la jerarquía estaba preocupada con las filosofías modernas, con los teólogos que buscaban  dialogar con un mundo moderno, y con los católicos amenazados por la tentación socialista,  mantenidos en el silencio  – como si el problema básico de la Iglesia fuese la doctrina, y no la caridad; como si el peligro fuese intelectual, y no concreto y material.

Algunos de los problemas de la clase obrera eran éstos: trabajo diario de 12 a 14 horas – sin descanso semanal; ninguna seguridad en el trabajo, con máquinas que mataban o herían; sin jubilación, con salarios miserables, que mal permitían comer papas – porque el pan era demasiado caro para los obreros; trabajos de niños en las fábricas; habitaciones miserables peores que las actuales favelas; tratamiento inhumano, bajo continua vigilancia.

Hubo voces proféticas, pero muchos años fueron necesarios para que fueran escuchadas por el conjunto de la jerarquía, del clero y de los laicos con influencia en la Iglesia. Al lado de la lucha contra la modernidad, la tragedia de la clase obrera aparecía como asunto lateral secundario.

Es oportuno recordar  dos obispos que levantaron la voz, tomaron iniciativas y estuvieron en la base de la encíclica RerumNovarum: Don W. Ketteler, obispo de Maguncia, en Alemania, y Don Gaspar Mermillod, obispo de Ginebra, en Suiza, que pasó muchos años en Francia y hablaba a partir de su experiencia en París.

Wihelm von Ketteler nació en una familia noble en 1811. Estudió derecho y fue funcionario de la administración prusiana. Pero renunció, en 1838, para protestar contra actitudes prepotentes del gobierno prusiano. Se ordenó sacerdote en 1844. En 1848, año de varias revoluciones en Alemania, participó en la Asamblea Nacional de Frankfurt. Desde su ordenación levantó la voz para denunciar la situación social. Predicó que, en el sistema social dominante, no había posibilidad de cumplir los deberes de cristiano para un obrero. En 1850, fue hecho obispo de  Maguncia. Su nombre había sido vetado por el gobierno de Baden cuando fue propuesto para Friburgo. Lo mismo hizo el gobierno prusiano cuando su nombre fue propuesto para Colonia, y después para la diócesis de Posen. Estuvo al frente de todos los movimientos populares católicos que exigían leyes sociales. Su libro « La cuestión obrera y el cristianismo », publicado en 1864, tuvo mucha repercusión. El fundó, en Frankfurt, una asociación de reuniones libres de personas dedicadas a los problemas obreros en Alemania y en Austria. El grupo formado por él entró en la Unión de Friburgo (Suiza), fundada en 1884. Esta Unión presionó al Papa León XIII, que después  se inspiró en sus trabajos para publicar la RerumNovarum. Dicen los historiadores que fue el único obispo realmente popular en Alemania  en el siglo XIX. Murió en 1877.

GaspardMermillod nació en Suiza, en 1824. Se ordenó sacerdote en 1847. Fue párroco en Ginebra. En 1873, al ser nombrado vicario apostólico de Ginebra, lo expulsaron de Suiza – pues personas influyentes de  la ciudad, de mayoría protestante, creían una ofensa pública que allí  hubiese un obispo católico. Fue a residir en Francia donde pasó a comprender  mejor los problemas sociales y comenzó a ser el intérprete de los derechos de los trabajadores, protestando contra todas las formas de opresión de las cuales eran víctimas.

En Francia, sobretodo en Paris, la fuerza de su palabra denunciadora escandalizó al público de la burguesía católica.  Mas la jerarquía francesa no tenía autoridad sobre él.

En 1883, León XIII logró que él pudiera volver a Suiza con el título de obispo de Lausanne y Ginebra, con residencia en Friburgo. Fue el principal inspirador de la encíclica “RerumNovarum”, gracias a las relaciones de amistad con el Papa.

Fundó, en Friburgo, la Unión de Friburgo, que juntó a  los principales líderes católicos que levantaban la voz en favor de la clase obrera. Fue hecho cardenal en 1890 y murió en Roma, en 1892, después de haber visto la tan deseada publicación de la  “RerumNovarum”.

Muchos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos fundaron obras de asistencia para los nuevos pobres de la clase obrera. Estas obras constituyeron una ayuda valiosa para muchos obreros, pero no cambiaron su condición. También hubo movimientos y organizaciones de ayuda. Estos movimientos publicaron libros, revistas y diarios, pero sin conseguir cambiar la estructura de la sociedad.  Si estuviésemos escribiendo al respecto de la caridad en los siglos XIX y XX, habría mucho que registrar, pero aquí estamos evocando la profecía en el pasado de la Iglesia.  Por eso,  vamos solamente a  recordar algunas voces proféticas, voces que sacudieron la sociedad y con las cuales  la clase popular se identificó- al menos una parte de ella.

Daremos solamente una muestra. Nos limitaremos a personas de  lengua francesa toda vez que fue en Bélgica y en Francia que comenzó la industrialización del continente europeo. Toda elección es más o menos arbitraria. No hay remedio. Vamos a citar sólo seis nombres.

Felicité de Lamennais[24]

Lamennais pasó por una evolución profunda. Era un sacerdote desconocido de Bretaña, pero entre 1817 y 1823 publicó cinco volúmenes de apologética “Essai sur l’indifférenceemmatière de religião”. Esos libros provocaron una explosión en una Iglesia cuyo clero no tenía formación intelectual. A partir de 1825 empezó a criticar la monarquía atada a las estructuras antiguas. Empezó a arrimarse a los liberales. Fue el primer católico que buscó contactarse más positivamente con la revolución francesa y su herencia. Comenzó a exaltar las libertades como de inspiración cristiana. En 1830 explotó la Revolución  de Julio que expulsó a la vieja dinastía francesa.

Lamennais triunfaba. Era la llegada de las ideas liberales en la Iglesia, la entrada de la Iglesia en el mundo moderno.

En 1830, con un grupo de colaboradores ilustes, fundó un diario llamado “L’avenir” (El futuro) que duró 13 meses pero provocó profundos remezones en la sociedad francesa. El diario tenía por lema: “Dios y la libertad”. Nació una forma de catolicismo liberal, aunque plenamente respetuoso del magisterio de la Iglesia. En 1831, Lamennais viajó a Roma, pensando que podría lograr el apoyo del nuevo Papa, Gregorio XVI. Pero éste era doctrinario, riguroso, profundamente hostil a todas las ideas liberales que ya habían penetrado dentro de los Estados pontificios. El proyecto de Lamennais era una conciliación entre el cristianismo y las ideas de la Revolución Francesa, sobretodo en el tema de las libertades.

La respuesta del Papa fue fulminante y destruyó radicalmente todas las ilusiones de Lamennais. Fue la encíclica “Mirari vos”, de 1832. El Papa condenaba como locura y delirio las libertades que eran la herencia de la Revolución Francesa, la libertad de conciencia, la libertad de opinión y  la libertad de prensa. La primera reacción de Lamennais fue la de sumisión. Pero  resolvió no cambiar sus posiciones políticas. Sus colaboradores se apartaron delante de la condena romana. Él mismo fue condenado nominalmente en 1834.

Sin embargo, aquí empezó una vida nueva, en adelante excluida de la comunión eclesial. Profesó un cristianismo de Jesús sin referencia a la estructura clerical.  En 1834 publicó un librito con el título de « Parolesd’umcroyant » (Palabras de un creyente). Ese libro fue un gran acontecimiento en las letras francesas del siglo XIX. Era un libro escrito con entusiasmo y acentos proféticos. Era la lectura del Evangelio a partir de la miseria de los obreros. Describía con lirismo esa miseria y condenaba a todos los que creaban y mantenían ese estado de esclavitud. En 1834 vendió ocho ediciones. ¡Una edición popular de 1835 vendió 40.000 ejemplares, en aquellos tiempos!

Se cuenta que los tipógrafos, que imprimian el libro, se conmovieron tanto que lloraban trabajando. Ellos se sentían profundamente comprendidos. Los obreros juntaban sus monedas para comprar un ejemplar para el grupo. En varios talleres se hacía la lectura en voz alta durante el trabajo.

Lemennais siguió escribiendo sobre el tema hasta 1848. En febrero de ese año empezó la revolución popular en París.  Se decretó la Segunda República. Pues bien, esa revolución quiso ser cristiana, invocando al Evangelio. Hubo una etapa de coincidencia entre el socialismo y el cristianismo. Los historiadores creen que esa gran novedad que fue la revolución de 1848 se debió a la penetración del mensaje de Lamennais. Tanto es así que la primera generación socialista estaba muy impregnada de cristianismo, aunque distante de la Iglesia como institución. En esa generación estaban los primeros ideólogos: Saint-Simon, Fourier, Cabet, Buchez, Leroux, Louis Blanc  que publicó un « catecismo socialista ». Comenzaba asi:

« Pregunta: ¿Qué es el socialismo?

Respuesta: El socialismo es el Evangelio en acción

Pregunta: ¿Cómo es eso?

Respuesta: El socialismo tiene como finalidad realizar en la humanidad las cuatro exigencias del Evangelio : 1°) Amense unos a otros ; 2°) No hagan a los demás lo que no quieren que ellos hagan a ustedes ; 3°) El primero entre ustedes debe ser el servidor de los demás ; 4°) Paz a los hombres de buena voluntad »[25]

Esta situación duró poco. Hubo elecciones que dieron la mayoría a los conservadores porque en el mundo rural las ideas nuevas aún no habían penetrado. Existió una reacción fuerte de la burguesía y la Iglesia se asustó y se colocó claramente al lado de la burguesía. La Revolución de 1848 fue la última vez en que el cristianismo y la clase obrera caminaron juntos. Durante breve tiempo se entendió que el socialismo y el cristianismo no eran necesariamente enemigos. Pero la condena de Lamennais cortó todas las posibilidades de este entendimiento.

Después de 1848, los obreros fueron apartados de la Iglesia que los creyó peligrosos. No fueron los obreros que dejaron a la Iglesia, sino que ella abandonó a los obreros.  La influencia de Marx empezó a introducir el ateísmo en la conciencia de los obreros  – que ya estaba bastante machucada en el embate contra el clero que tomaba el partido de los ricos. En la Comuna de París de 1871, que se constituyóen breve revolución, en la cual los obreros  dominaron Paris durante algunos meses, la separación  entre el clero y los  obreros fue total. La Comuna fue derrotada por el ejército y 20.000 obreros fueron  fusilados – aparte de miles de otros que fueron enviados a cárceles en Oceanía. La Iglesia daba apoyo a esa represión.Algunos años después, los católicos franceses construyeron la actual basílica del Sagrado Corazón, enMontmartre para la expiación no de los pecados cometidos por la cruel represión, sino de los pecados cometidos por los obreros de la Comuna de París.

Entre 1870 y 1880, la clase obrera quedó totalmente excluida y los obreros considerados como criminales se refugiaron  en el socialismo que les proporcionó el equivalente a una ”nueva Iglesia”[26].

Algunos católicos preocupados por la incredulidad de los obreros fundaron obras, asociaciones para obreros « católicos » que nunca adquirieron importancia social. Eran obras destinadas a reincorporar  los obreros a la Iglesia, lo que ya estaba perdido de antemano. Esos líderes católicos no levantaron una voz profética para pedir la liberación de los obreros. Querían solamente que volvieran a ser buenos católicos[27].

De cierto modo podemos afirmar que la Encíclica « RerumNovarum » tenía acentos proféticos porque denunciaba la injusticia de la que los obreros eran  víctimas, se expresaba con indignación y pedía reformas sociales importantes. Pero era demasiado tarde. Los profetas habían hablado, pero no fueron oídos, y los obreros ya habían adherido al socialismo.

Ahora bien, asimismo la « RerumNovarum » solamente empezó a ser estudiada y tomada en serio después de la Primera Guerra Mundial. Antes de eso ya habían hablado otras voces proféticas – venidas de sacerdotes y sobretodo de laicos. Tales voces tampoco fueron oídas.

Marc Sangnier[28]

Hijo de una familia importante, Marc Sangnier, como estudiante secundario fundó con un grupo de amigos, en 1893 un movimiento para reconciliar la Iglesia y la Revolución. Quería formar un movimiento democrático. En los primeros años el movimiento se dedicó a la educación popular. En 1884 el grupo fundó una revista « Le Sillon » que fue la bandera del movimiento.  Querían un movimiento de laicos y no buscaban asistentes eclesiásticos. Luego se difundió en todo el país y también fue conocido fuera de Francia. En 1905 el movimiento se situaba claramente a la izquierda y apoyaba las causas del socialismo. Defendía proyectos de reforma social.

Marc Sangnier era una personalidad fuerte, carismática, que sabía entusiasmar multitudes. Su discurso era revolucionario en sintonía con la causa de los obreros. Para él la educación  popular quería realmente formar militantes obreros.

Una vez que el movimiento tomó posiciones de izquierda en la política, nació y creció rápidamente la hostilidad de la burguesía católica, de la jerarquía de Francia y del clero en general. En 1910 el Papa Pio X condenó el movimiento por medio de una carta enviada a los obispos de Francia. Marc Sangnier se sometió inmediatamente y suspendió la publicación de Le Sillon. Sin embargo, a largo plazo, la influencia fue grande. Miles de militantes terminaron creando, entre los católicos, un ambiente más favorable a las reformas sociales capaces de cambiar las condiciones de los obreros.

Después de la guerra, Marc Sangnier fue elegido diputado de París y organizó, poco a poco, un partido católico de izquierda. Fundó en 1924 el Partido Democrático Popular que pasará a tener siempre una representación pequeña en la Cámara pero un  significado importante como símbolo de un cristianismo comprometido con la clase obrera. En 1936 Sangnieraplaudió la victoria electoral del Frente Popular que permitió por primera vez a los partidos populares llegar al gobierno. Pero la Iglesia, como institución, permanecía fiel a la burguesía, luchando en contra el gobierno popular. No supo entender a los profetas.

 

 

Emmanuel Mounier[29]

Emmanuel Mounier nació en Grenoble en el Sudeste de Francia, en 1905. Sus antepasados eran campesinos, pero su padre era farmacéutico en Grenoble. Tuvo una infancia y adolescencia comunes. Hizo sus estudios de filosofía primero en Grenoble y después en París, donde llegó en 1927. En 1932 fundó la revista “Esprit” con un grupo de grandes intelectuales. Fue el animador del grupo hasta su muerte.

Profundamente cristiano, hombre de convicciones fuertes, verdadero líder, él constituyó el más fuerte movimiento católico laico cuya meta era buscar la completa inserción en el mundo contemporáneo. Abordó todos los temas. Se metió en los problemas sociales con un fervor sin límites. Despertó una elite cristiana que orientó toda una generación y aún ejerce una fuerte influencia. Creó un fuerte impacto en Brasil, ya que muchos líderes sociales y políticos cristianos de izquierda se inspiraron en “Esprit”, que era un movimiento independiente del clero. Lejos de la finalidad de recristianizar el mundo por un retorno a La cristiandad, quería entrar plenamente en los problemas del mundo. Una parte de los fundadores del PT en Brasil fueron inspirados por él y por la revista “Esprit”, sobre todo en Sao Paulo.  Mounier  iba más allá de la democracia cristiana, aún muy unida a la Iglesia institucional.

La mayoría de los católicos, siguiendo al clero y a la jerarquía, rechazaba la mano extendida del partido comunista, rechazaba al gobierno popular de 1936, apoyaba a Franco en la Guerra Civil Española y aprobaba la conquista de Etiopía por Mussolini. Los católicos no percibían que se estaban aislando en un gueto cada vez más cerrado. No percibían que se hacían prisioneros de la clase dominante que buscaba el apoyo de la Iglesia. No se daban cuenta de que la Iglesia estaba apartándose cada vez más de la sociedad humana real.

Mounier escribió un libro sobre “La fallecida cristiandad” que fue el origen de muchos trabajos sobre este tema. Mounier murió a los 45 años de edad, aún joven, pero el movimiento fundado por él aún sigue uniendo católicos y protestantes en el servicio al mundo, que es el servicio a los pobres. Fue un profeta que quiso despertar a la Iglesia, mostrándole que estaba en un camino equivocado, que le cerraría todas las puertas del mundo. El nudo era la clase obrera. Aislada de la clase obrera, la Iglesia se condenaba  al gueto.

Joseph Cardijn

Joseph Cardijn nació en 1882, en una familia obrera, cerca de Bruselas. Cuando se ordenó sacerdote en 1906 juró a su padre que jamás traicionaría la clase obrera ni renegaría de sus orígenes. En 1911, nombrado cooperador en una parroquia obrera de Bruselas, tiene la experiencia de que había en la clase obrera una fuerte hostilidad al clero y a la Iglesia. Vio que un adolescente católico no podía seguir la fe cuando entraba en el mundo del trabajo. En 1915 fue nombrado asistente de las obras sociales de Bruselas y asesor de los sindicatos cristianos.  Pero él buscaba otra cosa. Quería que hubiera obreros comprometidos, como cristianos decididos a formar una sociedad nueva. Quería la salvación del proletariado por el proletariado. Quería que los propios trabajadores fueran agentes de su liberación.

Con la aprobación de Pío XI fundó la Juventud Obrera Católica (J.O.C.). El Movimiento tuvo, inmediatamente, gran expansión. En el Congreso de los 10 años,  100.000 jóvenes trabajadores se reunieron en el mayor estadio de fútbol de la ciudad. En 1926, el Movimiento nació también en  Francia, enClichy. Diez años después, 80.000 jocistas celebraron su aniversario.

La JOC lanzó temas que animaban a toda la Acción Católica: prioridad del Reino de Dios sobre la salvación individual del alma; método de ver-juzgar-actuar. Los trabajadores asumieron la dirección del Movimiento que se expandió por todo el mundo.   Llegó también a Brasil después de la Segunda Guerra Mundial, con la ayuda de dos militantes belgas: un hombre y una mujer.

La JOC tuvo una inmensa repercusión porque convenció a  obispos, sacerdotes y laicos de que era necesaria una conversión de la Iglesia. En lugar de llamar al mundo a volver a la Iglesia, colocó a la Iglesia al servicio del mundo, por la liberación de la clase obrera. Este cambio de perspectiva tuvo influencia decisiva en el Concilio. En Brasil los obispos más comprometidos fueron formados por el método jocista.

Sin embargo, Cardijn sufrió una restricción. Cuando fundó la JOC planeaba una Iglesia obrera independiente de la parroquia, que sería una inmensa comunidad de trabajadores. Los sacerdotes y obispos no  aceptaron y quisieron que la JOC permaneciese unida a la parroquia. Esto limitó mucho la expansión del movimiento porque los obreros, ya mentalizados por el socialismo, estaban totalmente ajenos a la parroquia y no podían imaginar su presencia al lado de los patrones y los burgueses que los oprimían.

Este paso aún no ha sido dado. La parroquia sigue siendo la mediación obligatoria de la comunidad cristiana. Aún la Conferencia de Aparecida en 2007, que reconoció los límites de la parroquia y pretende multiplicar las pequeñas comunidades, mantiene la dependencia de la parroquia.

Henri Godin

Fue el autor de un pequeño libro “France, pays de mission?” (¿Francia, país de misión?) publicado en 1943.  Este libro  provocó gran impacto e intentó abrir nuevas perspectivas para enfrentar la problemática de la segunda mitad del siglo. Su repercusión fue mundial. El cardenal Suhard, arzobispo de Paris, leyó el libro en una noche!.

Godin fue ordenado en 1933. Comenzó su ministerio en Clichy, gran periferia popular y socialista en París, donde había nacido la JOC. Descubrió la masa obrera lejos de la parroquia. Fue encardinado en Paris en 1935, nombrado asesor de la JOC. Descubrió que la cultura burguesa penetró inconsciente, pero profundamente, en el clero e incluso en los mismos militantes que actuaban dentro de la Iglesia. El lenguaje de la Iglesia es incomprensible para las personas simples. Godin publicó varios libros en un lenguaje popular. Los libros se vendieron en millones de ejemplares. Recorrió el país enseñando, exhortando, orientando. No se convenció de la eficacia de la JOC en la clase obrera. Quería una inserción más profunda en el mundo popular. En enero de 1944 fundó la Misión de Paris con algunos colegas de la diócesis de París. Poco tiempo después, murió accidentalmente – carbonizado por el cobertor eléctrico que usaba. Pero la Misión de París siguió.

Después de La Misión de París, en los siguientes años, se multiplicaron los sacerdotes obreros, seculares o religiosos[30].  Para vivir insertos en la clase obrera, fueran a trabajar en fábricas, haciéndose verdaderos trabajadores. Llegaron en Francia a ser aproximadamente mil (cien en Bélgica). La experiencia encontró la oposición de la burguesía: a los patrones no les gustaba saber que había sacerdotes entre sus obreros. Temían que ellos fueran una influencia revolucionaria. Por parte del clero surgieron otras dificultades: ¿como conciliar la dignidad sacerdotal con el trabajo en una fábrica? Este fue el argumento que invocó Pío XII- entre setiembre de 1953 y enero de 1954 – para obligar a los sacerdotes obreros a dejar este tipo de trabajo.

La mitad se sometió y la otra mitad no, quedando  al margen de la institución. La condenación de Pío XII creó un trauma en la Iglesia de Francia, hasta que después del Concilio, se volvió a permitir lo que había sido prohibido.  Sin embargo ya eran otras las circunstancias. Algunos volvieron a las fábricas, pero el entusiasmo de los años 50 no reapareció.  Y los obreros estaban todavía más distantes  de la Iglesia.

Los sacerdotes obreros fueron la última gran manifestación profética en la historia de la Iglesia en Europa y la condenación  de Pio XII fue el final de la preocupación por los pobres. Desde entonces el  proceso de descristianización  no paró más de propagarse.

Aún hubo algunas experiencias en medio de los pobres, pero sin la importancia significativa de antes.

SoeurEmmanuelle

No podía faltar una mujer. El problema era elegir. SoeurEmmanuelle era francesa pero perteneció al Tercer Mundo, en medio de los musulmanes.

Entró a la congregación de Nuestra Señora de Sion para dedicarse a los niños pobres. Fue enviada a Estambul, después a Alejandría, en Egipto. En 1970 empezó con una presencia viva en los campamentos de El Cairo, donde pasó 22 años. Tuvo, entonces, una proyección internacional por dar a conocer la pobreza y cuestionar los países más ricos. Murió en Francia a sus casi 90 años.[31]

Juan XXIII

El último profeta de Europa fue Juan XXIII. Él soñaba con una Iglesia de los pobres. Con él estaba el cardenal Lercaro de Boloña. Pero el Concilio estaba en otra onda.

 

“La Profecía en la Iglesia”, editado por Paulus en 2008, en Sao Paulo.

Difusión solicitada y traducción responsable de Juan Subercaseaux A.

La pobreza, la exclusión y la desigualdad debilitan el funcionamiento democrático de la sociedad

 SI TU y YO NO LE HACEMOS LÍOS A LOS ABUSADORES …  ¿¡  ENTONCES  QUIEN  ?!

Jesús fue ayer en el templo y ahora: “UN INDIGNADO”

 

         Poverty, exclusion and inequality undermine the democratic functioning of society 

 IF YOU DO NOT ME and TROUBLE abusers … THEN  WHO ?!

Jesus was in the temple yesterday and now: “A SHOCKED

 

 

 

[1] Cf. Marcelo Barros, Don Helder Câmara. Profeta para nuestrosdías, Editora Rede da Paz, Goiás, 2006, p. 20.

[2] Cf. Documento de Puebla, n.268.

[3]Cf. Documento de Puebla n. 1146, citando Apostolicamactuositatem, n. 8

[4]Cf. Lúmen Gentium, n. 4. El texto menciona los carismas, pero no explicita los diversos carismas.

 

[5] Cf. Lúmen Gentium, 12ª.

[6]Cf. Profetas y profecías: nuevas lecturas, (Estudios bíblicos n. 73), ed. Vozes, Petrópolis, 2002.

 

[7] Existe una literatura inmensa sobre S. Francisco de Asís. Por ahora cito apenas los estudios de un gran historiador contemporáneo, Jacques LêGoff, San Francisco de Asís, Rio de Janeiro, ed. Record, 2001.

[8] Entre todas las obras sobre S. Domingo, la mejor aún es la más clásica, de M.H. Vicaire, Histoire de saint Dominique,  Cerf. Paris, 2 vol. , 1957.

[9] Cf. a Constitución GloriosamEcclesiam, DS, 910-916.

[10] Cf. a Constitución Cum inter nonnullos  (1323), cf. DS 930-931.

 

[11]Cf. Conclusiones de Puebla, n.8.    

[12]Cf. Michel Mollat, Les pauvres au Moyen Age, Hachette, Paris, 1978.

[13]Cf. Gerd Theissen y Annette Merz, El Jesús histórico, Loyola, São Paulo, 2002, p. 263-304.

[14]  Sobre la relación entre Juan y Jesús, cf. GerdTheissen y Annette Merz, El Jesús histórico, Loyola,  p. 220-236.

 

[15]Ver una buena introducción al tema de los milagros en su valor histórico  en la obra de GerdTheisssen y Annette Merz, El Jesús histórico, p. 305-340.

 

[16]Hoy endia los milagros no son señales de profecía, sino que de santidad. La exigencia de milagros determinada por la Curia romana para que la santidad de una persona pueda ser proclamada, ayudó mucho a esa asociación entre milagro y santidad. Cuando una persona deja fama de santidad, inmediatamente nace la preocupación de descubrirle milagros para promover los procesos de beatificación y canonización. Em aquellos tiempos el milagro era señal de la presencia del poder de Dios. El poder de Dios estaba con el profeta.

 

[17]Cf. GerdTheissen y Annette Merz, El Jesús histórico, p.255-257.

[18]Cf. Gerd Theissen y

 Annette Merz, o. c. p.253-255.

 

[19]Cf. GerdTheissen y Annette Merz, o.c., p. 248-250

 

[20]Cf. GerdTheissen y Annette Merz, o. c., p. 250-252

 

[21] Ver una rápida y resumida presentación de ladiscusión em Gerd Theissen y Annette Merz, O Jesus histórico,  p. 263-288.

[22]Cf. GerdTheissen y Annette Merz, o.c., p.266-269.

 

[23]Cf. Pierre Pierrard, L’Église et les ouvriers en France (1840-1940), Hachette, Paris, 1984, 600 p.

 

[24]Cf. A. Latreille et al., Histoire du catholicisme en France  t. 3, Spes, Paris, 1962, p. 273-292.

 

[25]Cf. Pierre Pierrard, o.c., p. 139.

 

[26]Cf. Pierre Pierrard, o.c., p. 312-342

[27]Cf. Pierre Pierrard, o.c. p. 286-312

[28]Cf. Pierre Pierrard, o.c., p.385-403

 

[29] Cf. el especial de la revista Esprit, dic.. de 1950, “Emmanuel Mounier”,  1905-1950.

 

[30]Cf. François  Leprieur, Quand Rome condamne,  Plon/Cerf, Paris, 1989, p.295-397

[31]Cf. Soeur Emmanuelle, Richesse de la pauvreté, Flammarion, Paris, 2001

 

Fuente: http://www.amerindiaenlared.org/biblioteca/5783/la-profecia-en-la-iglesia

Minientrada

“No estoy en venta”: cuando la vida de un niño cuesta 30 euros


Presentación del documental de Misiones Salesianas

Misiones Salesianas lanza una campaña para atajar el tráfico de seres humanos en África del Oeste

 

Más de 20 millones de personas en todo el mundo son mercancías, traficadas contra su voluntad

Jesús Bastante, 24 de junio de 2014 a las 18:49

Más de un millón de niños vendidos, más de 7 millones de menores explotados, más de 300.000 reclutados para morir y matar en las guerras

(Jesús Bastante).- ¿Cómo se vive después de que tus padres te hayan vendido como esclavo por apenas 30 euros?¿Cómo convencer a una sociedad de que los niños no son mercancía? ¿Cómo frenar esta espiral destructiva, que dice lo peor del ser humano? Estas son algunas de las preguntas que surgen después de visionar “No estoy en venta. Tráfico de seres humanos en África del Oeste”, el documental que esta tarde ha presentado Misiones Salesianas en el CaixaForum de Madrid.

 

Un documental que recoge, a lo largo de 15 trepidantes minutos, las historias de Rachidi y Jules, dos niños benineses que fueron vendidos como esclavos, explotados y maltratados. Y su rehabilitación gracias a la impagable labor de hombres y mujeres como el salesiano Juan José Gómez, y todo el equipo de Misiones Salesianas.

 

Ana Muñoz, de Misiones Salesianas, habló del trabajo de esta ONG, presente en 133 países de todo el mundo, trabajando por los más desfavorecidos. “No estoy en venta”, también es el lema de la campaña, que denuncia que en el mundo, más de 20 millones de personas en todo el mundo son mercancías, traficadas contra su voluntad. Sin contar entre ellas, lamentablemente, a las que son obligadas a casarse, prostituidas o secuestradas para vender sus órganos.

 

“El tráfico de personas es la esclavitud del siglo XXI”, denunció la responsable de la ONG. La venta de personas “es desgraciadamente algo normal en algunos países”. Más de un millón de niños vendidos, más de 7 millones de menores explotados, más de 300.000 reclutados para morir y matar en las guerras. Niños, como en el caso de Rachidi, vendido por 30 euros.

 
Tras la proyección, tuvo lugar una mesa redonda, en la que participaron Jesús Díez Alcalde, teniente coronel y analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos;Nicolás Castellano, periodista experto en inmigración; y el salesiano Juan José Gómez, misionero y director del Centro Don Bosco Portonovo, en Benin.

 

Díez Alcalde comenzó su intervención resaltando la importancia de la educación para evitar desastres como el del tráfico de esclavos en Benin, y en todo el mundo. “No todo África es negativo. Es un gran continente, donde viven más de 1.000 millones de personas“, señaló el teniente coronel, quien se preguntó si “lo que estamos haciendo es suficiente” para atajar esta lacra.

 

“El potencial de África es brutal. Es el continente más rico del mundo, el que tiene la mayor capacidad para crecer”, subrayó el militar, quien no obstante contempló con pesar cómo la sociedad civil y gubernamental no funciona en algunos de estos países. Lo estamos viendo en Malí o República Centroafricana. Y también en el ascenso de los grupos yihadistas, que “no son una novedad. Está ocurriendo desde hace mucho tiempo. Sería conveniente preguntarnos adónde mirábamos entonces nosotros“.

 

Díez Alcalde culminó denunciando cómo en el último año un millón de personas han tenido que abandonar sus casas en Centroáfrica. “Es como si en los últimos meses la gente hubiera tenido que abandonar Bilbao o Sevilla“. ¿Qué estamos haciendo desde la Unión Europea?

 

Por su parte, Nicolás Castellano apuntó que “España es el principal punto de entrada de las víctimas de secuestros y trata de personas desde África y Latinoamérica“. El periodista trazó el perfil de las personas -hombres, mujeres y niños- que son vendidas, y de la relevancia económica del tráfico de seres humanos: 32.000 millones de euros en todo el mundo, al nivel del tráfico de droga.

Hoy, conocemos el secuestro de más de 200 niñas en Nigeria, pero “Boko Haram lleva secuestrando y matando a gente desde hace más de diez años”, subrayó el periodista, quien denunció el doble rasero de hacer portadas cuando las “celebrities” se involucran, y no en los momentos en los que que se dan malos tratos en aeropuertos o Centros de Internamiento de Extranjeros. “No estamos haciendo lo suficiente”.

Pese a que desde 2009 España cuenta con la legislación para proteger a mujeres que huyen de la trata, en todo este período -¡cinco años!- únicamente se han beneficiado de la acogida dos personas. Ello sin contar a los hijos de las mujeres vendidas y explotadas.

 

Finalmente, Juanjo Gómez presentó respuestas a varias preguntas. La primera, ¿qué es tráfico infantil? “Todo acuerdo que tenga por objeto la alienación a título gratuito u oneroso de un niño”. Eso lo dice la ley de Benin, el mismo país, precioso y duro, que sufre esta lacra. “Unos 600.000 niños están siendo traficados en Benin”, denunció el misionero.

 

Los gobiernos occidentales son, según el misionero, en buena medida causantes de que esta mentalidad continúe. “En las fronteras no se controlan ni las personas ni las mercancías: con 500 francos pasas la frontera sin carta de identidad“.

 

“El Estado hace lo que puede. ¿Qué respuestas dan las ONG?”, se preguntó. “Nosotros estamos en el tema de la prevención y la formación”, señaló, destacando el papel de la religión. “No hacemos proselitismo, favorecemos la relación con Dios. En nuestros centros hay personas de todas las religiones“.

¿Qué efectos produce el tráfico infantil? Descenso de población, de la educación, disminución del nivel… “Estamos cortando y anulando el nivel de un país, porque se les está impidiendo ser niños”, añadió Juanjo Gómez.

 

“La solución está ahí, con las familias, y trabajando con la sociedad, porque hace falta un cambio de mentalidad”.

 

http://amerindiaenlared.org/biblioteca/5800/no-estoy-en-venta-cuando-la-vida-de-un-nino-cuesta-30-euros

Taller de Lectura Popular de la Biblia


 

Número 33 – Por Víctor Castaño 06/2014

Unas líneas para comentar en apretada síntesis, algunas de las cosas que tuvimos la oportunidad de compartir y reflexionar el fin de semana del 24 y 25 de mayo. Convocados por Obsur, nos juntamos en el taller Lectura Popular de la Biblia guiado por Ildo Bohn Gass, Secretario Nacional del CEBI (Centro de estudios bíblicos), con sede en Sao Leopoldo, RS, Brasil.

 

El CEBI es un movimiento bíblico, creado para la defensa y promoción de la vida, concibiendo el estudio de la Biblia, no como el estudio en sí mismo, sino como un instrumento para la promoción de la vida y la defensa de la dignidad humana.

 

Comenzamos con una afirmación muy tajante, muy clara, que fue el eje de nuestro encuentro y que encontramos en Lc 4,18: El Espíritu del Señor esta sobre mí. Él me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos.

 

Una metodología a la manera de Lc 24, 13-35

 

El comienzo fue a partir de un muy buen análisis y reflexión sobre el pasaje de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Lo primero fue proponer que los discípulos podían haber sido una pareja con un niño pequeño, algo que a muchos de nosotros no se nos había ocurrido, que bien podría haber sido.

 

Separamos el pasaje en cuatro grandes partes, lo que resultó muy esclarecedor para entender la metodología que nos propone Jesús:

 

  1. Escuchando la realidad, Jesús caminaba con ellos, pregunta. Se parte de los temas concretos de las personas (versículos 13 al 24).
  2. La iluminación, acercar la Palabra (versículos 25 al 27).
  3. Muy interesante cómo se plantea la reunión en la casa, momento de hospitalidad, de acogida. Reconocen a Jesús y comparten el pan. La importancia de compartir la Palabra, entender que no alcanza con leer la Biblia, que se trata de entenderla junto a nuestros hermanos (versículos 28 al 32)
  4. Y por último la vuelta al camino, entusiasmados, iluminados. Sin miedo, decíamos, con esperanza. Ellos van a dar testimonio en su lugar, en su contexto, van a dar la lucha global (versículos 33 al 35).

Aprendimos que el objetivo es enseñar la Palabra, que significa con 3 postulados:

  • Ayudar a vivir mejor, compartiendo
  • Con los ojos bien abiertos y el corazón caliente
  • Y sobre todo dándole a la comunidad, un lugar de mucha importancia

Siguiendo a Pablo

 

Más tarde nos adentramos en el estudio de lo que fue la prédica de San Pablo, analizando diferentes temas tratados en la Biblia, desde la óptica del fundador de una de las líneas de nuestra Iglesia Católica. El fin de semana fue un muy buen momento para intercambiar y profundizar en unas cuantas cosas, diferencias entre las líneas de Pablo y Pedro, la línea que ha predominado en nuestra Iglesia. La Iglesia fue evolucionando y en un momento se hizo énfasis en la óptica revolucionaria de Pablo.

 

Se afirma que Pablo no fundó una religión, lo que hizo fue pretender modificar las estructuras sociales, superando todas las formas de violencia. ¿Cómo se expresaba Pablo? No elaboraba grandes doctrinas, mandaba cartas pastorales para ayudar a las comunidades a que vivieran mejor.

 

Analizamos varios textos, entendiendo la manera tan particular que tenia Pablo de escribir, transcribiendo parte de la pregunta que le hacían y luego confrontando una respuesta. Una cosa muy valiosa del encuentro fue descubrir cuál es el género literario de las cartas de Pablo: la diatriba. “Diatriba” viene a ser como un debate que se daba entre las comunidades y Pablo. Por tanto hay versículos que son parte de la carta que le enviaban y otros que son parte la respuesta. El problema es que no están discriminados y entonces hay que identificar cuál es la que remite y cuál la respuesta de Pablo.

 

Pablo no es bien visto en la Iglesia por su línea teológica: incomoda. Nos decía que el Señor es espíritu que da la libertad. Pablo movía las estructuras del imperio Romano, incomodaba al sistema político. Analizamos la carta a los Romanos, donde pide que no nos acomodemos, que analicemos y busquemos lo que propone Jesús.

 

Ya entrando a analizar lo que fue el legado de Pablo, se hizo mucho hincapié en que el Imperio Romano le cortó la cabeza porque era muy peligroso políticamente. Nos decía Ildo y nos ayudaba a analizar que la muerte de Jesús fue una muerte política. Quien condenó a Jesús fue el Sanedrín, consejo elegido por el poder político, que fue quien lo crucificó (la muerte era una herramienta de muerte utilizada por el Imperio romano). También la muerte de Pablo fue una ejecución política.

 

Para los judíos lo importante era La Ley, para Jesús, lo importante es la VIDA. Eso provocó un enfrentamiento entre Pablo y los judíos. Un tiempo bien interesante y de mucho intercambio fue cuando analizamos lo que significaba la circuncisión. De cómo solo los hombres podrían llegar a tener la Alianza con Dios, porque las mujeres no pueden ser circuncidadas. Se hablaba de la circuncisión del corazón, de la que hablaba Pablo. En los primeros tiempos de la Iglesia, la mayor discusión fue el tema de la necesidad de ser primero judío, para luego poder ser cristiano. Otra de las diferencias que planteaba Pablo a los judíos, es que la Salvación no es un mérito, para Pablo es un regalo.

 

Dedicamos bastante tiempo para conversar sobre otra de las cuestiones polémicas en la Iglesia Católica actual, que es el sacerdocio de las mujeres, cosa que Pablo admitía según Rm 16,7, donde se nombra una “apóstola” de Jesús. Compartimos algunos apuntes sobre la visión de Pablo con referencia a las mujeres: en la casa, en la comunidad y en la misión. Hablamos de la experiencia femenina en la religiosidad popular, de la necesidad antropológica, humana de la gente, de tener una imagen femenina.

 

¿Qué significa seguir a Jesús, según Pablo? Vivir en AMOR, LIBERTAD y reafirmando la VIDA.

 

Para terminar

 

En un momento se plantea qué es tener fe, a lo que respondimos sobre la importancia de abrirse, acoger a Jesús, adherir a Él, dejarse transformar por Él.

 

En medio del encuentro conversamos sobre las Comunidades Eclesiales de Base, enemigas del capitalismo, objetivo de la CIA, así como la Teología de la Liberación. Vimos también que la Teología de la Prosperidad, línea de muchas iglesias pentecostales, surgieron financiadas por la CIA para contrarrestar el avance de la Teología de la Liberación. Definimos nuestro gran enemigo: el capital, y vimos cómo la religión debe ayudar a ser libre a las personas. Analizamos el momento actual, como un tiempo de conflictos hacia adentro de nuestra Iglesia y hacia afuera, buscando siempre la utopía de un Mundo mejor.

 

Hoy no podemos cambiar las estructuras capitalistas, debemos hacer una revolución silenciosa, cambiando las estructuras desde la base, corroyendo, cual termitas en la madera, las estructuras del capitalismo y subvirtiendo el Orden Mundial.

 

Link: http://www.obsur.org.uy/carta/hechosdichos/index/474

 

http://amerindiaenlared.org/biblioteca/5782/taller-de-lectura-popular-de-la-biblia

Sacerdote, ¿para qué?


 

23.06.14 | 22:36. Carlos Alberto Alvarado

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Llevo unos días preguntándome por el papel de mi dimensión sacerdotal hoy en día. Las respuestas son muchas: algunas de altas autoridades eclesiásticas, en cuanto que las exhortaciones pontificias, episcopales y demás no dejan de hacer hincapié en todo esto del sentido del sacerdocio en el S. XXI; otras, de personas cercanas que te dicen sobre lo que debes hacer como cura y sobre aquello que limita tu rol y tu ser sacerdotal; y algunas más de gente lejana, dada esa tendencia que tiene el ser humano a hacer comentarios incluso de lo más nimio de cada persona. Sin embargo, la respuesta no deja expresarse en forma de una petición continua de las personas con las que me encuentro día a día. Pero, ¿qué he notado que piden? Estas son solo algunas respuestas
Humanidad: no dejo de pensar en que en muchos casos puede que la unica forma en que la liturgia, las palabras, las exhortaciones, los consejos, y todo aquello que desde posiciones eclesiásticas damos por importante, adquiera sentido es mostrándonos realmente tal y como somos, con nuestras fortalezas y nuestras debilidades, como seres humanos capaces de sonreír pero también de sufrir por aquellos a los que queremos. ¿Cuantas veces escondemos este gesto de humanidad creyendo que así tendremos mayor autoridad? o ¿cuantas veces preferimos expresar un consejo sin siquiera comprender lo que la otra persona está sufriendo? Yo creo que la cercanía pasa por el gran gesto de reconocer nuestra humanidad al completo, sin el miedo deplorable a mostrar nuestras propias debilidades.Una humanidad que muchas veces se ve necesitada más de un “estoy contigo” que de un “tienes que hacer esto”.

 

Cercanía: da la impresión de una cierta propensión a construir muros y barreras entre nuestra realidad, muchas veces acomodada, y la situación concreta de personas que sufren o que ahnelan algo mejor. Ese mismo muro es el que tantas veces nos permite elaborar discursos persecutorios, contar historias rancias y aspirar a la conversión forzada de muchas personas (me pregunto a qué).Yo creo que es tiempo, como hacen muchos hermanos religiosos y sacerdotes así como tantas religiosas que se desviven diariamente por los demás, de bajar a la realidad concreta de los que nos rodean: conocer sus sufrimientos, aprender de sus dolores, caminar a su lado, y ofrecer un gesto cercano y amable, compasivo y misericordioso que acoja todas las dimensiones de la persona concreta que se acerca. Puede que no cueste, si cabe utilizar esta palabra, más que un abrazo, un toque en el hombro; en definitiva, algo simbólico pero real que exprese ese sentir empático con los demás.

Evangelio: pero hablamos de una “Buena Nueva” que hable de amor en lugar de persecución; que exprese acogida en vez de intolerancia; que sea abierto en lugar de estrechamiento doctrinal. Un Evangelio que hable de Cristo Vivo y presente entre nosotros, en lugar de la misma historia repetitiva y a veces aburrida de alguien que vivió hace 2000 años. Es decir, “una PALABRA DE DIOS viva y eficaz, tajante como espada de doble filo”, capaz de desconcertarnos cuando tenemos todas las seguridades, pero habilidosa para construirnos desde un Cristo que se hace real.

 

El problema: todo esto necesita testimonio de vida, conviccion creyente, sabiduría compartida y esos espacios de encuentro para compartir nuestra vida. ¿alguna vez nuestros espacios eclesiales lo serán? ¿alguna vez seremos capaces de generar nuevamente esa capacidad de cercanía?

 

En definitiva: compasión y empatía. Juntos podemos.

 

http://amerindiaenlared.org/biblioteca/5780/sacerdote-para-que

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