Antiguo Testamento, Éxodo e identidad cultural: JUAN STAM


Juan Stam

Evangelio, Cultura y Religiones (7)

Antiguo Testamento, Éxodo e identidad cultural

 El evento central de la historia que dio carácter especial a Israel fue el éxodo. La tradición judía se proyecta hacia detrás a los patriarcas y la creación, y adelante hacia los profetas y el Mesías.

20 DE JULIO DE 2014

A propósito he querido comenzar la serie sobre este tema en su “mero centro”, la encarnación de Cristo, y avanzar a la resurrección, el pentecostés y las epístolas. Ahora, aunque brevemente, vamos a echar un vistazo atrás al AT.

Igual que por el NT, comenzaré por el punto central, el Éxodo, y luego nos devolveremos atrás a los patriarcas y la creación.

YAHVISMO Y LA IDENTIDAD CULTURAL
El evento central de la historia hebrea, que dio su carácter especial a Israel, fue el éxodo. Básicamente, la tradición judía se proyecta detrás desde el éxodo, a los patriarcas y la creación, y adelante desde el éxodo hacia los profetas y el Mesías. Y central al éxodo es la revelación de DIOS como YHVH, en la visión que recibió Moisés ante la zarza que ardía y no fue consumida.

El sagrado nombre divino — tan sagrado que ningún judío debía pronunciarlo — representa en muchos sentidos la máxima exclusividad de la fe de Israel.

Ningún dios de ningún otro pueblo se llamaba “Yahvé”, ni podría llamarse así. Yahvé es el único y verdadero Dios y, como insisten los profetas, no hay otro a su lado. El Yahvismo fue así un rechazo tajante de la religión de los vecinos de Israely en especial del Baalismo de los Canaanitas.

Recientemente Norman Gottwald (The Tribes of Yahweh Orbis 1979, pp.667-691) y otros han cuestionado fuertemente el concepto de la singularidad única (“Uniqueness”) de la fe de Israel.

Sus argumentos tienen mucho de convincentes, pero él también reconoce fuertes diferencias de énfasis de la fe de Israel, dentro del marco del Cercano Oriente Antiguo, y otros elementos prácticamente exclusivos en Israel.

Significativamente, Gottwald identifica las siguientes características específicas de la fe de Israel: (1) “el celo exclusivo y anormal de Yahveh” (p.671, 693 “jealousy”); (2) “su indiferencia intencional hacia el averno” (671, 693 “underworld”); (3) “su rechazo del fetichismo sexual” (p.694); (4) “las demandas económicas limitadas del sacerdocio” (p.695);(5) “prominencia de la historiografía `popular’ yahvista” (p.696), y (6) “los paradigmas yahvistas de salvación” (p.698).

Así Gottwald también reconoce una notable singularidad en la fe de Israel, especialmente en el “celo” de Yahveh como único DIOS verdadero, que no tolera rivales.

La actitud del AT ante las religiones vecinas es una mezcla paradójica de un exclusivismo predominante junto con elementos que tienen mucho de “sincretismo”.

Las escrituras hebreas constantemente ordenan a Israel a no ser como los demás pueblos. Las ordenanzas morales y rituales del Código de Santidad, por ejemplo, van precedidas y seguidas por exhortaciones a no actuar como los cananeos (Lev 18.3,24-30; 20.22-24).

A la vez, como demuestra Gottwald, Israel tiene mucho en común con la religión de su época. Yahveh se llama también por los nombres comunes de los dioses: El, Elyon, El Shaddai, y aun Baal.[14]

En uno de los aspectos más sagrados, el Templo mismo, Hiram el fenicio participó en su construcción, básicamente con el estilo de la arquitectura de la época.[15] También hay numerosos paralelos con los escritos ugaríticos de Ras Shamra, tales como las formas poéticas de muchos salmos y detalles específicos como “la serpiente veloz” y “serpiente tortuosa” de Isa 27.1. Un pasaje tan importante como Gen.1 está lleno del lenguaje de los mitos babilonios de creación. A menudo estos documentos extra-bíblicos nos ayudan mucho a entender el AT.

Podemos estar bastante seguros de acertar si concluimos que la religión de Israel está marcada por un claro exclusivismo en lo esencial de su fe, pero una significativa adaptación cultural en la articulación y aplicación de esa fe.

Autores: Juan Stam
©Protestante Digital 2014

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El respeto debido a nuestros hermanos mayores


Digo, pues: ¿Ha desechado DIOS a su pueblo? ¡De ninguna manera! (Romanos 11, 1a BTX)

Que nadie se extrañe ni se asuste: los judíos son nuestros hermanos mayores. No nos referimos al hecho de que cierto porcentaje de la población de nuestro país —bastante elevado, en opinión de algunos genealogistas— sea de raigambre hebrea. Hablamos exclusivamente en términos religiosos: el judaísmo fue la matriz en la que se gestó el primer cristianismo palestino del siglo I de nuestra Era. Es cierto que aquel judaísmo no era el actual, y que desde un punto de vista puramente étnico los que hoy se llaman judíos no proceden necesariamente de aquellos que encontramos en las páginas del Nuevo Testamento o en los escritos de Flavio Josefo. Es evidente. Pero sea como fuere, desde el punto de vista de la fe los judíos son nuestros hermanos mayores, y como tales, dignos de todo nuestro respeto. Lo que constatamos, por desgracia, es que el mundo cristiano ha estado —y en realidad sigue estando— muy lejos de manifestarlo como es debido.

Una corriente de pensamiento muy arraigada en siglos pretéritos, y con sus correspondientes representantes en nuestro tiempo actual, ha difundido a los cuatro vientos que los judíos son “el pueblo deicida” por antonomasia, vale decir, los asesinos de Cristo. En consecuencia, tienen bien merecidos todos los padecimientos que han ido sufriendo a lo largo de los veinte siglos de historia cristiana, desde la toma y destrucción de Jerusalén por Tito en el año 70 hasta el holocausto nazi del siglo XX, pasando por las persecuciones inquisitoriales, bautismos forzosos o expulsiones, pogroms o matanzas colectivas, y confinamiento en ghettos muy bien delimitados, cosas que nuestro país conoce de sobras, como la mayoría de los europeos, digan lo que digan. Esta forma de pensar, inspirada en un principio por un celo cristiano mal entendido (deseos de “vengar” o “reparar” las injurias que padeció nuestro Señor de manos de sus compatriotas), ha ido reforzando —cuando no ha gestado directamente— el antisemitismo visceral que constatamos en la cultura occidental, y que, dígase lo que se quiera, sigue vivo en muchos sectores del pensamiento contemporáneo. Estamos cansados de leer noticias procedentes del Medio Oriente, tendenciosamente redactadas, en las que se critica de forma sistemática y acerva, y en muchas ocasiones irracional, cualquier acción emprendida por el actual Estado de Israel frente a sus enemigos palestinos o de otros estados árabes, sea la que sea. Y nos aterra la peligrosísima moda de negar la realidad del holocausto nazi, que parece calar entre algunos elementos sociales de clara tendencia ultraderechista y se infiltra hasta en escuelas e iglesias. Es cierto que, en conciencia, no siempre podemos aplaudir la actuación del Estado judío contemporáneo (la de ningún estado, judío ni gentil, en realidad). Pero ello no puede obligarnos a negar hechos históricos demasiado recientes y bien documentados, o a cerrar los ojos a la realidad de que el mundo cristiano no ha tratado demasiado bien al pueblo judío. Hay que ser equilibrados por encima de todo.

Si esta forma de pensar nos parece errónea, e incluso peligrosa, no lo es menos la que, yéndose al otro extremo, ve en los judíos el único pueblo real de DIOSy hace de la Iglesia cristiana un simple “paréntesis” en la Historia de la Salvación, como si se tratara de un remiendo temporal, una especie de “zurcido teológico” que viene a maltapar un agujero no deseado. Bien decimos que esta forma de pensar es, cuando menos, tan peligrosa como la anterior. Del antisemitismo visceral e irracional (¡y radicalmente anticristiano!, todo hay que decirlo) se pasa a un filojudaísmo exagerado, que no solo no se justifica con las Sagradas Escrituras, sino que deviene campo abonado para una serie de fantasías en extremo repudiables, una mitología carente de fundamento histórico serio, y una peligrosísima teología. Recordamos con estupefacción las especulaciones sobre el milenio futuro a que son tan proclives ciertos grupos fundamentalistas de nuestros días, según las cuales será necesario (?) volver a restaurar el Templo de Jerusalén con todo su sistema sacrificial veterotestamentario y su sacerdocio levítico, cosas que parecen constituir el núcleo exclusivo de la fe de algunos; nos vienen a la memoria, y con no pequeña dosis de tristeza, conversaciones mantenidas con ciertos creyentes de buena fe, pero de escaso conocimiento escriturario, dispuestos a creerse cuanto afirmen autores judíos acerca de los libros de la Biblia o de sus figuras más destacadas, por más disparatado o ilógico que pudiera parecer, simplemente porque lo dicen los maestros judíos, al parecer la última palabra en asuntos de esta clase; y nos producen verdaderos escalofríos las discusiones mantenidas en ciertos grupos evangélicos contemporáneos acerca de la necesidad real de evangelizar a los judíos, dado que, si como se empeñan algunos, son el único pueblo real de Dios y la Iglesia solo es un paréntesis, ¿para qué molestarles o crearles un conflicto innecesario? No necesitan el Evangelio porque son Israel de todos modos y ya conocen lo suficiente al Señor.

Lo hemos dicho desde el principio de esta reflexión: los judíos son nuestros hermanos mayores, y por ello se hacen acreedores de todo nuestro respeto. Es decir, no deben ser tratados con menosprecio, pero, y atención a ello, tampoco con un excesivo miramiento, como si no formaran parte de la gran familia humana. Para nosotros los cristianos constituyen, juntamente con los demás pueblos de la tierra, ese prójimo al que Jesús nos insta a amar como a nosotros mismos, nunca menos, ni tampoco más. Asimismo, forman parte también de esas ovejas por las que Cristo dio su vida, de esa humanidad caída susceptible de redención y a la que es necesario hacer partícipe de las Buenas Nuevas. Jamás los escritos apostólicos del Nuevo Testamento sugieren, ni de lejos, que los israelitas estén exentos de la predicación del Evangelio, o que no deban conocer al Mesías para su salvación. Al contrario, lo que leemos en las Escrituras es que el propósito divino consiste en hacer de judíos y gentiles un único cuerpo, una única familia en Cristo, que es la Iglesia, donde tales distinciones o barreras no pueden tener lugar. El verdadero Israel de DIOS no lo componen aquellas doce tribus históricas descendientes de Jacob, que ya no existían como tales cuando los últimos libros del Antiguo Testamento vieron la luz, sino el conjunto de la humanidad redimida, sea cual fuere su procedencia, su raza o su cultura. Quienes se empeñan hoy, llevados por un deficiente conocimiento de las Escrituras, en deslindar lo que Dios ha unido en Cristo, haciendo de Israel y de la Iglesia dos polos opuestos o dos compartimentos estancos, cometen un gravísimo error de enfoque que los aleja del hilo conductor del Evangelio.

El pueblo judío hoy sigue necesitando que los cristianos oremos por él, pidamos sobre él la BENDICIÓN divina para que el Señor le abra los ojos y le quite el velo de que habla San Pablo Apóstol en 2 Corintios 3, 12ss. Y los creyentes cristianos también necesitamos que los judíos oren por nosotros y vean en nosotros esos hermanos pequeños que tienen mucho que aportarles y a los cuales también pueden instruir. Han resultado hasta la fecha altamente provechosos los estudios conjuntos realizados sobre ciertos temas escriturarios desde una perspectiva seria. No todos los especialistas judíos son simplemente maestros talmudistas que se limitan a repetir tradiciones anquilosadas y fantásticas, alejadas en realidad del Antiguo Testamento, de la misma forma que no todos los estudiosos cristianos son fundamentalistas obsesionados en unos cuantos temas a los que se aferran como a clavos ardiendo.

DIOS nuestro Padre tiene un hermoso plan para los judíos, nuestros hermanos mayores sin duda alguna. Nunca los ha rechazado ni repudiado como tales. Simplemente, espera su conversión a la fe de Jesús el Mesías, de igual manera que espera con la misma paciencia la de los gentiles. Unos y otros somos beneficiarios de aquella promesa inicial hecha al patriarca Abraham, padre de todos los creyentes: Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra (Génesis 12, 3b). Una promesa que solo en Cristo puede hacerse realidad. Y así será.

Dios bendiga a nuestros hermanos mayores. Paz sea sobre Israel, ahora y siempre.

 

http://www.lupaprotestante.com/blog/el-respeto-debido-a-nuestros-hermanos-mayores/

El pueblo de la promesa: A propósito de los bombardeos de Gaza. JUAN ESTEBAN LONDOÑO


 13/07/2014

Desde el martes 1 de julio, en celebración del Ramadán, la aviación y la marina de guerra israelí iniciaron una ofensiva en la que ya se registran más de cien ataques contra los habitantes de Palestina. En ellos, han muerto cerca de ochenta personas, en su mayoría civiles, siete de ellas niños. Informes de la ONU advierten desde hace tiempo que Gaza será un lugar “inhabitable” en 2020, ya que a la escasez se unirán la contaminación de la tierra y la muerte de los recursos hídricos, tanto subterráneos como costeros [1].

Muchos cristianos piensan que Israel tiene el derecho a la tierra palestina, pues en ella radican las promesas de Dios. Más de 1.500 iglesias en los Estados Unidos y en más de 50 países extranjeros han venido dedicando sus servicios dominicales a enseñar la importancia del apoyo cristiano a Israel [2]. El pastor evangélico John C. Hagee, fundador y presidente del Movimiento Cristianos Unidos por Israel, dice que apoyar el sionismo es un mandato bíblico: “Los cristianos deberían apoyar a Israel porque simplemente es lo correcto”, comenta este líder.

Sin embargo, una mirada bíblica más detenida permite pensar las cosas de otra manera. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la promesa al pueblo de Dios puede comprenderse como una promesa de apoyo espiritual, bajo el compromiso del seguimiento de las enseñanzas de las Escrituras, las cuales enseñan el amor al prójimo, incluso al enemigo. Muchos judíos, cristianos y musulmanes han comprendido mejor este tipo de enseñanzas, y están lejos del apoyo a las incursiones violentas sobre tierras ocupadas en nombre de cualquier religión.

Un ejemplo por excelencia para hablar de la promesa y de la pertenencia a las bendiciones de Abraham, son las palabras de Jesús de Nazaret que aparecen en el Evangelio de Juan:

“Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero ahora intentan matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Eso no lo hacía Abraham. Pero ustedes obran como su padre… El padre de ustedes es el Diablo y ustedes quieren cumplir los deseos de su padre. Él era homicida desde el principio; no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él.” (Juan 8,39-42).

Desde la perspectiva de Jesús, Abraham convivió con sus vecinos y fue bendecido por Dios. Mientras que los que intentan matarlo, son  catalogados como hijos del diablo, independientemente de su origen racial. Los homicidas son hijos de Satán. Por lo tanto, si Israel es el pueblo de Dios, debe hacer las cosas de Dios. Pero, al asesinar a los palestinos demuestra que está más cerca de las obras del demonio que de Dios.

Al leer el Antiguo Testamento, nos damos cuenta de que Abraham, en quien se personifica al pueblo entero de Israel, es presentado como un migrante, un forastero, un viajero, que va a una tierra extranjera a convivir pacíficamente con los moradores de aquellas ciudades:

Abraham partió a la tierra del Neguev, acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar (Genesis 20,1).

El Abraham bíblico encuentra a Dios también en las tierras cananeas, descubriendo igualmente su presencia divina entre los paganos (Gen 12,7; 13,14; 15,1; 17,1; 18,1). Encuentra, por tanto, que el Dios que se revela en aquellas tierras bajo los nombres de El, El Olam, El Elyon y El Shadday es el mismo que más adelante se revelará como Yahvé. La divinidad, aunque tenga diferentes expresiones (tales como Yahvé, el Padre o Alah –Alah es un nombre bíblico correspondiente al Dios ‘El’), es una.

En Génesis, se da la promesa a Abraham de que en él “serán benditas todas las familias de la tierra” (Gen 18,8). Es decir, que el patriarca representa un modelo de convivencia pacífico con los vecinos y un centro de bendición no sólo espiritual, sino también de fertilidad (Gen 17,16), de crecimiento económico (Gen 24,35), de relaciones políticas (Gen 24,60) y de importancia social (Gen 12,2). Como señala Norman Habel:

“Los relatos de Abraham presentan al héroe relacionado pacíficamente con una serie de habitantes de diversas culturas. Él les compra tierra a los heteos, intenta salvar a los sodomitas después de rescatar su propiedad robada, paga los diezmos al rey de los jebuseos, hace un pacto con los temidos filisteos y comparte la tierra con Lot, su pariente, el ancestro de los amonitas y moabitas. Abraham es el claro mediador de relaciones pacíficas y de la bendición de la tierra. Él es el símbolo de un pueblo inmigrante que busca vivir en paz y construir enlaces con los pueblos que ya existían en la tierra anfitriona, cuyo derecho a ella es por tanto reconocido.” (Habel, 2002: 28).

Los arqueólogos judíos de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel Finkelstein y Neil Asher Silvermann, han demostrado que el pueblo de israelita no se diferenciaba ni en genética, ni en cultura, ni siquiera en religión con los pueblos cananeos de la época que hoy son llamados los palestinos (“filisteos” – Nótese que Palestina es llamada así porque es la “tierra de los filisteos”).

Según estos investigadores, hacia el año 1.000 antes de Cristo, los pueblos que convivían en la tierra que hoy se llama Israel/Palestina eran pacíficos. Finkelstein señala que las aldeas no estaban fortificadas, ni se descubrieron armas en estas poblaciones, ni tampoco hay indicios de incendios o de destrucciones súbitas.

La investigación arqueológica ha concluido que tanto los israelitas como los palestinos proceden de la misma tierra cananea. La aparición del primitivo Israel fue el resultado del colapso de la cultura cananea, no su causa. La mayoría de los israelitas no llegó de fuera de Canaán, ni la posesión de la tierra fue violenta. Los textos del libro de Josué son comprendidos por los historiadores como literatura épica, al estilo de la Ilíada y la Odisea, que narran de forma imaginativa la forma en que los israelitas querían recordar su historia.

El Israel histórico es más bien la comunidad que se va formando dentro de las condiciones materiales de vida del Canaán antiguo, con muchos más detalles y mucha más concretización de vida que lo que la Biblia pueda generalizar. Este Israel indiscutiblemente ha vivido procesos más complejos, tal como la vida misma es más compleja que las descripciones que se puedan hacer de ella. Para ello es importante ir a la investigación histórica y tratar de reconstruir los procesos fundamentales de la lucha y vida del pueblo, para poder acercarse a la experiencia que van desarrollando de Dios, y a la manera como se configura el pueblo que poco a poco se va convirtiendo, para mal o para bien, en el portador de un mensaje de fe fundamental para la humanidad.

Por esto, hay que distinguir el Israel de las tradiciones culturales y el Israel histórico. El pueblo descrito en la Biblia es el pueblo idealizado, leído a la luz del presente de quienes escriben y quienes leen, quienes luchan por resistir. Es el Israel arquetípico, ancestral y simbólico que le permite al pueblo ahora disminuido tener un horizonte hacia el cual caminar y la conciencia de una procedencia pura, fuerte y combativa. Este símbolo de Israel descrito en el Antiguo Testamento es fundamental para el caminar del pueblo. Se trata no tanto del Israel del pasado, sino del Israel del futuro de la promesa, del que ve Pablo en Romanos 9-11 como el pueblo de la promesa, no por la carne sino por la experiencia de la fe que se actualiza en el presente de cada generación:

“No es que haya fallado la promesa de Dios. Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas; ni todos los descendientes de Abraham son verdaderamente sus hijos; sino que Dios había dicho: De Isaac nacerá tu descendencia. Es decir, que los hijos de Dios no son los hijos carnales, sino la verdadera descendencia son los hijos de la promesa” (Romanos 9,6-8).

En este sentido, también la presentación de Israel como un pueblo genéticamente exclusivo es una idealización. El pueblo de Dios no es pueblo de Dios por un origen geográfico, ni siquiera religioso. El pueblo de Dios es pueblo por la promesa y la gracia divinas. Pablo tiene razón cuando dice que Israel es un Israel espiritual y no un Israel de la carne. Y el evangelio de Juan afirma que ser hijo de Dios no es asunto de carne ni de sangre ni de voluntad de varón (Jn 1,12-13), sino un asunto espiritual, proveniente de Dios.

Por lo tanto, no hay ningún argumento para decir que los israelitas que están bombardeando Gaza y asesinado a palestinos son hijos privilegiados de Dios o lo hacen en nombre del Dios de la vida (de hecho, muchos de los palestinos asesinados por los israelitas son cristianos). Porque no se reconoce a los hijos de Dios por las doctrinas que profesen o los libros que lean: “Por sus frutos los conocerán” (Mt 5,16), dijo el Maestro, justo después de haber afirmado el amor a los enemigos y la bienaventuranza para los hacedores de paz (Mt 5,9.43-48). De modo que no son los hijos de Dios los que profesan una genética particular (si es por genética, todos somos hijos de Dios, pues descendemos de Adán, quien era hijo de Dios), sino los que hacen las obras y la voluntad de su Padre. “No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre del cielo.” (Mt 7,21).

Bibliografía

-Habel, Norman C. (2002). “La tierra como país hospedador”. En: Tierra prometida. Abraham, Josué y Tierra sin exclusión. Quito: Ediciones Abya-Yala.

-Finkelstein, Israel y Silvermann, Neil Asher (2003). La Biblia desenterrada. Madrid: Siglo XXI.

 

[1] http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/pan-poca-comida-estruendo-y-miedo-llenan-mesas-gaza-med-articulo-503354

[2] http://www.consuladodeisrael.com/noticias/noticia/archive/noticias/2010/05/17/El-porque-los-cristianos-sionistas-realmente-apoyan-a-Israel.aspx

 

http://www.lupaprotestante.com/blog/el-pueblo-de-la-promesa-proposito-de-los-bombardeos-de-gaza/

EL CUENTO DE NUNCA ACABAR


Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces (Is. 2, 4 RVR60) Desde la decisión tomada por la ONU en 1947 acerca del reparto de Palestina en dos estados, uno árabe y otro judío, llevada a efecto el 14 de mayo de 1948 con la declaración de independencia del estado de Israel, este antiguo y venerable país que los cristianos designamos con el término neutro Tierra Santa se ha convertido, no ya en un polvorín a punto de estallar, sino en un volcán en erupción permanente, como vienen evidenciando de continuo los noticiarios, de forma muy especial en estos últimos días. Dejando de lado mitos mejor o peor forjados y fantasías desbordadas, que de todo hay, lo cierto es que la presencia judía en el país no data de 1948 en exclusiva, ni siquiera de finales del siglo XIX o comienzos del XX, cuando se empezaron a establecer en Palestina colonias de inmigrantes procedentes en su mayoría de Centroeuropa o la Rusia zarista. Los judíos han habitado esta región del globo desde hace milenios en realidad, pero nunca en exclusiva, siempre compartiéndolo con otros pueblos en mayor o menor proporción. Ya el Antiguo Testamento nos da testimonio de la presencia de otras naciones u otras etnias en territorio hebreo desde los días de la conquista efectuada por Josué hasta la restauración protagonizada por Zorobabel, Esdras y Nehemías. Y en tiempos de Jesús, zonas enteras del territorio ostentaban con total notoriedad grandes contingentes de población no judía bien instalada, de forma que podían considerarse autóctonos con pleno derecho. La toma y destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d.C. no eliminó la presencia judía en el país, pese a lo que a veces se afirma, sino que ésta siguió siendo una realidad, especialmente en ciertas zonas septentrionales. Y así se perpetuó bajo los sucesivos dominios romano, bizantino, árabe, turco y británico hasta el reparto decretado por la ONU. ¿Actuó bien este organismo internacional, recién fundado a la sazón? ¿Tomó la decisión más adecuada?, cabría preguntarse. Muchos historiadores contemporáneos ya señalaban en su momento la urgencia un tanto exagerada de aquellas medidas, provocada sin duda por la entonces reciente masacre judía orquestada por los nazis en Alemania y zonas europeas ocupadas, que pesaba mucho en la opinión pública occidental. A nadie se le ocultó que hubo grandes presiones sobre los países que en principio se oponían a un reparto de Palestina, dada la innegable influencia de los Estados Unidos, verdadero vencedor de la 2ª Guerra Mundial, y especialmente de sus senadores y magnates judíos, con lo que se entendía que el nuevo estado de Israel no sería más que una sucursal de Washington en el Medio Oriente. Y no faltaron, cómo no, quienes dentro del campo evangélico —anglosajón, particularmente— ventearan biblias en mano el infalible “cumplimiento” de ciertas profecías veterotestamentarias. Por desgracia, el reparto de Palestina en dos estados diferentes abrió la caja de los truenos y provocó una guerra sin cuartel que llega hasta nuestros días entre dos pueblos, no sólo hermanos por sus orígenes ancestrales, sino hermanados por una convivencia histórica (¡y pacífica en su mayor parte!) de siglos. En el momento en que redactamos esta reflexión bullen los noticiarios con imágenes impactantes de los ataques israelíes a Gaza. Aún no se han borrado de nuestra memoria los cuerpos destrozados, las ambulancias, las sirenas, las gentes desesperadas. Mañana o pasado volveremos a oír de otro atentado terrorista árabe en alguna ciudad de Israel que provocará efectos similares de horror y devastación. Y luego otra vez escucharemos acerca de razzias de castigo de la aviación o el ejército israelí en territorio palestino. Y la opinión pública volverá a estar dividida entre quienes apoyan incondicionalmente a Israel y quienes se decantan con igual fuerza de convicción por los árabes palestinos. Lo decimos tal como lo pensamos: no podemos, personalmente, tomar partido por ninguno de ambos bandos; no hallamos razones para justificar una escalada de violencia tal que destruye de manera inmisericorde vidas humanas sin distinción de edad, sexo o condición. Desde esta página condenamos por igual el bárbaro, sanguinario, irracional e inhumano terrorismo árabe y las expediciones de castigo israelíes que hoy, según algunos, son más que nada ejecutoras de un genocidio paralelo al que otrora efectuaran los nazis en Alemania contra los judíos. No hay idealismos que valgan ante la realidad de una masacre que va mucho más allá de una simple reivindicación territorial por ambas partes o de una defensa nacional, y que no tiene visos de solución a corto plazo. Y desde luego, como cristianos y protestantes no encontramos razón alguna para semejante baño de sangre inocente. Ni siquiera supuestos “cumplimientos proféticos”, al estilo de lo que se lee y se propaga por medio de cierta literatura sectaria de baja calidad y harto tendenciosa, amén de las aportaciones de gente mal informada en las redes sociales. Árabes palestinos e israelíes están condenados a dialogar y a entenderse, lo quieran o no. Convecinos y compatriotas durante mucho siglos, unos y otros pueden alegar idénticos derechos históricos de ocupación de la tierra, pues ambos pueblos pueden muy bien considerarse hoy por hoy autóctonos del país. Ni existen ya los antiguos hebreos de tiempos de Moisés o Josué —los israelitas actuales, como los judíos contemporáneos en general, ostentan una enorme mezcolanza étnica, lingüística y cultural que los hace muy distintos de aquellas doce tribus bíblicas—, ni tampoco los prístinos habitantes del país mencionados en las Escrituras (cananeos, heteos, jebuseos, etc.). La historia política del antiguo Israel veterotestamentario halló su fin con la desaparición del estado judaíta en 587 a.C. El estado judío independiente regido por la dinastía Asmonea iniciado el 129 a.C. concluyó con la presencia romana en el 63 a.C. y la instauración poco después de la monarquía herodiana, amiga y vasalla de Roma. Y finalmente, el significado religioso o teológico del pueblo de Israel del Antiguo Testamento encontró su plenitud en la persona y la obra de Jesús el Mesías. Huelga, pues, cualquier fantasía supuestamente teológica (de ciencia ficción en realidad) que pretenda hoy aplicar al actual estado de Israel declaraciones de los antiguos profetas hebreos. Es imperativo, por lo tanto, que israelíes y palestinos encuentren una vía de entendimiento, al igual que otros pueblos enfrentados que existen en el mundo y de los que no se habla tanto, que no son noticia o no tienen por detrás el todopoderoso paraguas mediático de los Estados Unidos. Nuestro mayor deseo y nuestra oración para los habitantes de Tierra Santa, judíos o árabes, es que haya paz. Entendemos que no será fácil, que hay demasiadas heridas abiertas, demasiados odios permanentemente avivados. Pero siempre queda una puerta abierta a la esperanza, y es a ella a la que llamamos hoy. Y como creyentes cristianos esperamos que la proclamación de las buenas nuevas del Señor Resucitado, rechazadas por los judíos y por los árabes (en esto sí que están de acuerdo), permita que la paz sea una realidad palpable en esa vieja y entrañable tierra en la que halló su pleno cumplimiento la Historia de la Salvación.   http://www.lupaprotestante.com/blog/el-cuento-de-nunca-acabar/

Monseñor Livieres: “Estoy seguro de la inocencia del Padre Urrutigoity”


Carta Informativa sobre el Pbro. Carlos Urrutigoity

13 de noviembre de 2008

El Padre Carlos Urrutigoity es un sacerdote incardinado en mi Diócesis de Ciudad del Este, Paraguay, y es Superior de las Comunidades Sacerdotales de San Juan. Recibí a estas Comunidades a pedido de la Santa Sede, por una carta del Cardenal Francis Arinze, de fecha 2 de abril 2005.

Desde el 2001 hasta el 2005 hubo una fuerte campaña de difamación en Internet contra este sacerdote, al que se lo acusaba de supuestos abusos de orden sexual. Como este material ha comenzado a ser difundido por algunos inescrupulosos entre los fieles de Ciudad del Este, es mi responsabilidad dejar bien en claro la verdad del caso.

He dedicado mucho tiempo y energía a investigar el caso del Padre Carlos Urrutigoity. Dado el carácter dramático de las acusaciones aparecidas en Internet, era mi deber como Obispo estar seguro de su inocencia antes de aceptarlo definitivamente en mi Diócesis. Además, me resultó un caso muy interesante porque soy abogado civil y tengo un doctorado en derecho canónico. Por lo tanto, me informé detalladamente de los pormenores del caso y consulté con personas expertas, tanto en lo profesional jurídico como en la vida sacerdotal y religiosa, quienes al mismo tiempo conocían en profundidad todo el asunto. Ellas también me recomendaron encarecidamente a las Comunidades de San Juan, y al Pbro. Urrutigoity en particular. Trabajé en esta materia estrechamente con el Nuncio Apostólico, quien estuvo siempre muy bien informado de todo, y sólo procedí con su permiso. Estoy seguro no sólo de la inocencia del Padre Urrutigoity, sino de su idoneidad para el ministerio sacerdotal –todos hemos comprobado aquí en Ciudad del Este que es un muy buen sacerdote, fiel a su vida de oración y dedicado por completo al trabajo con los fieles.

Contra lo que se lee en Internet, lo primero que hay que afirmar es que no hay, ni hubo nunca ningún proceso penal contra el Pbro. Carlos Urrutigoity, ni en la justicia civil ni en la de la Iglesia. Esto se debe a que, a pesar de la cantidad de alegatos que aparecen en Internet (todos orquestados por una misma fuente), la justicia de los EE.UU. y la eclesiástica comprobaron que no había acusaciones fundadas y creíbles de abuso sexual contra menores –de hecho,ningún menor acusó jamás al Padre de algo semejante.

Todos sabemos que hubo recientemente en EE.UU. una gran campaña de acusaciones contra sacerdotes, investigadas a fondo por la justicia civil y eclesiástica, bajo la fuerte presión de la prensa. Las supuestas acusaciones contra este sacerdote fueron también investigadas, independientemente, por dos fiscales de distrito en el Estado de Pensilvania. Como es de público conocimiento por las declaraciones a la prensa que en ese momento hicieran las oficinas de los fiscales, no se procedió con ningún proceso penal, por falta de mérito, es decir, porqueno había ninguna acusación seria y creíble.

En cuanto a la justicia de la Iglesia, el Dicasterio con competencia propia sobre esta materia es laCongregación para la Doctrina de la Fe. Esta Congregación, después de una exhaustiva investigación tanto en los EE.UU. como en Roma, se expidió sobre el caso en cuestión en carta a Mons. Joseph Martino, Obispo de Scranton, de fecha 20 de julio de 2005 (Prot. N. 238/2004-21480), no dando siquiera lugar a un juicio canónico contra el Pbro. Carlos Urrutigoity porque, a pesar de lo que se decía en Internet, no había una sola acusación de menores contra el sacerdote: «Es evidente por la información contenida en las Actas que no ocurrió ningún delito canónico, y, [consiguientemente] ningún proceso judicial penal puede ser iniciado»(1).

Ya Mons. James Timlin, cuando era el anterior Obispo de Scranton –la Diócesis de origen del sacerdote en cuestión– realizó investigaciones intensivas de las primeras acusaciones que ahora aparecen en Internet como «probadas» cuando, en realidad, quedaron por completo desechadas. El Obispo investigó el asunto personalmente, asistido por el abogado civil de la Diócesis, por su Obispo auxiliar y por su Vicario para el Clero. La información obtenida fue, después, evaluada para mayor objetividad por el Consejo Independiente de Revisión Diocesano, formado por laicos notables del lugar, en noviembre de 2001. El resumen de lo discutido fue escrito por el Sr. James Early, Canciller diocesano: «Se dejó en claro “que no había ninguna queja explícita y directa acerca de actividad sexual inapropiada de la parte del Padre Urrutigoity”»(2).

Consiguientemente, el Obispo Mons. James Timlin, en reiteradas OPORTUNIDADES, expresó en público y por escrito su convencimiento moral de que dichas acusaciones, y otras alegadas después, eran no sólo falsas, sino aún motivadas por intereses económicos y por venganzas personales, apoyadas por una fuerte campaña de calumnias que duró más de cuatro años, tanto en el Internet como en la prensa local. Cito por brevedad sólo una de sus declaraciones de prensa, la del 15 de febrero de 2002: «Como Obispo de Scranton, continúo dando mi apoyo de todo corazón a las Comunidades de San Juan durante estos tiempos tan difíciles. Ruego encarecidamente a todos que no juzguen negativamente esta materia en lo que concierne a estos alegatos sin comprobar antes todos los hechos. Es muy difícil y confuso conocer los hechos debido a las falsas acusaciones que están siendo hechas por enemigos de las Comunidades. Las Comunidades se encuentran en este momento bien y merecen el apoyo de sus amigos»(3).

La Diócesis de Scranton recibió también una numerosísima correspondencia con testimonios muy positivos de los ex-alumnos, padres, directivos, colegas y fieles de las Comunidades de San Juan, en apoyo del Pbro. Carlos Urrutigoity y de los otros miembros de dicha institución. Estos fieles, espontáneamente o en respuesta a las investigaciones oficiales de la misma Diócesis, afirman no sólo la inocencia del mencionado presbítero, sino también su probidad moral y espiritual, y los excelentes frutos de su labor apostólica.

Como es de norma en estos casos, se procedió también a extensas evaluaciones sicológicas del Padre Urrutigoity. Para mayor objetivad e independencia de criterios, hubo dos evaluaciones independientes de una semana cada una: una llevada a cabo por el Rev. Padre Benedict Groeschel, sacerdote franciscano y psicólogo de reconocida trayectoria en los EE.UU., y la segunda, por el Instituto Psicológico Southdown, de Canadá. Las dos coinciden categóricamente en la clara heterosexualidad del sacerdote, y en que no se presentan patologías. Para no extenderme indebidamente, cito sólo un pasaje de los informes (Fr. Benedict Groeschel, CFR,  Ed.D., Counseling Psychologist, 27 de octubre 2001): «En lo que concierne a las inquietudes suscitadas contra él acerca de inmoralidad sexual que algunos han alegado, no se encuentra ningún indicador de algo de este tipo… algunos conservadores de extrema derecha son tan paranoicos que son perfectamente capaces de asesinar el buen nombre de alguien, sin absolutamente ninguna prueba más que sus propias sospechas… No he visto nada en estos tests e informes que pueda señalar el menor indicio de tendencia homosexual».

Finalmente, quiero dar mi testimonio personal. He conocido al Padre Urrutigoity y a su familia desde 1991.  A esto se ha agregado la experiencia directa que he tenido de él como sacerdote en el ministerio que ha ejercido, bajo mi directa supervisión, durante estos tres años en mi Diócesis. Durante dos de esos tres años, él ha vivido conmigo en el Obispado. Debo destacar su correctísimo comportamiento sacerdotal, su eficacia pastoral y delicada obediencia. He recibido también el testimonio muy positivo de muchos fieles que lo han conocido aquí en Paraguay. Además, quisiera expresar mi admiración por la calidad espiritual y humana de los miembros de las Comunidades de San Juan que han acompañado al Pbro. Urrutigoity en mi Diócesis.

En mis recientes viajes a Roma, conversé largamente de este asunto con el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei», y con el Vicepresidente de la misma Comisión, Mons. Camille Perl.  Ambos me agradecieron lo que—por sugerencia de ellos—yo fui haciendo con los miembros de las Comunidades de San Juan. Ya he señalado también quefui informando al Nuncio Apostólico con todo detalle acerca de este caso, y no procedí sino con su aprobación. Tengo en mis archivos copia de todo lo que he citado aquí, incluso los testimoniales numerosísimos de alumnos y fieles.

Coincido con el Obispo James Timlin que, en el fondo, la campaña de calumnias (¡mas de 500 páginas de emails y artículos de Internet orquestados por una persona!) contra el Pbro. Carlos Urrutigoity tuvo por motivo venganzas ideológicas y fuertes intereses económicos.

Quiero asegurar a todos que jamás he protegido o encubierto a alguien culpable de ningún crimen. Mi trayectoria en estos casos es muy clara, especialmente en lo que se refiere a sacerdotes con acusaciones de abuso sexual. En los tres casos en que me ha tocado juzgar y hallar culpable a alguien, actué con toda firmeza jurídica – uno de ellos se hizo muy notorio en la prensa local porque se trataba de Saltos del Guairá. Pero así como no he dudado en condenar al culpable, jamás castigaré a un inocente, víctima de calumnias. Estoy seguro de la inocencia del Pbro. Carlos Urrutigoity y tengo evidencia de su muy positivo trabajo sacerdotal. La Iglesia necesita de muchos y buenos sacerdotes, y no voy a sacrificar a ninguno bueno, por más fuertes que se desaten las tormentas contra ellos.

Es muy cierto que ha habido casos de verdaderos abusos dignos de condenación. Pero también ha habido sacerdotes y religiosos inocentes condenados por falsas acusaciones y campañas de calumnias. La inocencia se presume, y en este caso, ha quedado probada después de mucha investigación, tanto a nivel de la justicia civil de los EE.UU. como la de la Iglesia.

La Iglesia necesita de muchos y buenos sacerdotes. Defendamos a los que tenemos y esperemos del Señor que multiplique en el FUTURO santos ministros sagrados.

 

+Rogelio Livieres
Obispo de Ciudad del Este

(1) «It appears from the information in the Acta that no canonical delict occurred, and no penal judicial process can be initiated».

(2) «It was noted that there was the ‘absence of any explicit and direct complaint about improper sexual activity on the part of Father Urrutigoity’».

(3)«As the Bishop of Scranton, I continue to support the Society of Saint John wholeheartedly during these very difficult times.  I urge everyone not to come to any negative judgments regarding the allegations made against two of the Society’s priests without verifying all the facts.  It is confusing and difficult to arrive at the facts because of all the erroneous accusations being made by enemies of the Society.  The Society at this point is alive and well and deserves the support of its friends

Insólito: los alemanes rompieron la Copa del Mundo durante los festejos


MUNDIAL 2014

Wolfgang Niersbach, presidente de la Federación de Futbol Alemana, confesó que uno de los futbolistas dañó el trofeo en la celebración. “¡Pero no se preocupen! Tenemos especialistas que pueden arreglarlo”, avisó.

Khedira y Lahm besan la Copa del Mundo… Luego, no lo cuidaron tanto. Foto: Reuters.

dom jul 20 2014 18:54

No la cuidaron lo suficiente… Wolfgang Niersbach, presidente de la Federación de Fútbol Alemana, (DFB, por sus siglas en alemán), admitió que el trofeo que les entregó la FIFA por ganar el Mundial no estuvo a salvo de algunos golpes y rasguños durante las celebraciones.

El directivo, de hecho, reveló que uno de los futbolistas que se consagró por cuarta vez en su historia tras derrotar por 1-0 a Argentina en el Maracaná, fue el que dañó la Copa del Mundo. “Hemos estado investigando con insistencia quién fue el que rompió el trofeo, pero las investigaciones no han arrojado resultados”, explicó.

La selección alemana fue recibida por una multitud en Berlín, a principios de la semana, y realizó un recorrido por la ciudad antes de mostrarse ante el público en un escenario especialmente montado. Pero el festejo, evidentemente, se excedió ya que el trofeo fue dañado por un integrante “no descubierto” del equipo.

“En algún punto, una pequeña pieza de nuestro trofeo de la Copa del Mundo se desprendió”, declaró Wolfgang Niersbach al portal alemán Die Welt. “¡Pero no se preocupen! Tenemos especialistas que pueden arreglarlo”.

Sin embargo, los alemanes pueden respirar aliviados ya que el trofeo que les fue entregado es solamente una réplica de la Copa del Mundo que fue presentada en Maracaná el 13 de julio y que tiene un valor estimado de 10 millones de euros.

La FIFA desistió de entregarle el trofeo original a las asociaciones desde que la Copa Jules Rimet fue robada en 1983 a la selección de Brasil.

 

http://www.ovaciondigital.com.uy/futbol/insolito-alemanes-rompieron-copa-mundo.html

MEXICO: “MAMA ROSA” LIBERADA Y CON RESPALDO DE IGLESIA Y PERSONALIDADES


ORFANATO-MEXICO

México, 20 de julio (Télam).- María Rosa Verduzco, más conocida como “Mamá Rosa”, recibió hoy un fuerte RESPALDO de la Iglesia tras quedar liberada, anoche, de los cargos por abusos y explotación de niños y adultos en la casa-hogar La Gran Familia, que fundó en los 60 y dirige en la ciudad mexicana de Zamora.
La mujer, de 81 años, debió ser internada por problemas de hipertensión en un centro de salud de esa ciudad del estado de Michoacán. Ella y otras ocho personas fueron detenidas el martes último acusadas de innumerables delitos de explotación infantil. Seis de los acusados siguen a disposición de las autoridades federales. Entre ellos hay un hombre y una mujer que llevan el apellido Verduzco, como muchos de los niños que durante más de cinco décadas fueron adoptados o registrados por la fundadora con su nombre, reportó la agencia alemana Dpa.
Mamá Rosa quedó en libertad anoche al aplicarse el acuerdo de la senectud 04791, según fuentes de la Subprocuraduría Especializada en Investigaciones de Delincuencia Organizada (Seido).
La dependencia federal presentó denuncias por delitos de trata de personas, explotación infantil, extorsión y los que resulten.
Sin embargo, debido a su edad Verduzco pudo ampararse en ese acuerdo que se encuentra integrado en el Código Penal Federal, según explica hoy el diario La Jornada de México.
El cardenal Norberto Rivera Carrera, en su homilía de hoy, dijo que a Mamá Rosa, sin “sin saber si era culpable o no, ya la querían quemar en leña verde”.
En tanto, el ex presidente Vicente Fox Quesada, anunció su intención de reabrir el albergue “La Gran Familia” y solicitó este mediodía a Verduzco que se haga cargo de él, según reproduce el diario “La Reforma” del Distrito Federal.
Por vía telefónica, ante reporteros, el ex mandatario mexicano se comunicó con Verduzco y le hizo la propuesta, que ella aceptó, agregaron las fuentes periodísticas.
Fox detalló que en las instalaciones intervenidas por fuerzas federales pretende crear un internado bajo el AUSPICIO de la Fundación Vamos México, que preside la ex primera dama Marta Sahagún.
Este fin de semana más de 150 niños y adolescentes empezaron a ser trasladados a otros sitios o fueron entregados a sus padres. Algunos abandonaron la casa sonrientes y otros entre lágrimas.
El caso repercutió en el mundo y generó debate en México por el prestigio que tenía la casa-hogar -a unos 450 kilómetros al oeste de Ciudad de México- que, apoyada por organismos gubernamentales y privados, recibía niños abandonados o entregados por sus padres por problemas de conducta o económicos.
La cifra total de rescatados es de 607, entre niños y adultos también retenidos contra su voluntad, según las denuncias. Los datos oficiales detallan que había 438 menores, entre ellos seis bebés, 159 adultos y 10 personas de edades no determinadas.
La fiscalía distribuyó fotografías donde se ve basura acumulada, baños sucios y colchones apilados en un patio. Unas 20 toneladas de desechos fueron retiradas del lugar. (Télam).-

 

http://www.elcomercial.com.ar/index.php?option=com_telam&view=deauno&idnota=473721&Itemid=116

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