Jean Vanier: medio siglo de la comunidad del Arca


La eliminación de los más frágiles lleva a la muerte

“En su actitud de acogida, Jean Vanier ve a Jesús en los otros”

Josep Miquel Bausset, 05 de agosto de 2014 a las 09:00
Jean VanierJean Vanier

 Y es que en nuestro mundo hay demasiada gente desesperanzada, demasiados gritos sin respuestas, demasiadas personas que mueren en la soledad. Por eso la necesidad de unas comunidades basadas en el amor

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La Comunidad del Arca

  • La Comunidad del Arca

(Josep María Bausset).- El 5 de agosto de 1964, hoy hace 50 años, Jean Vaniercompró una casa vieja, a 100 kilómetros de París, donde comenzó a acoger personas, sin familia, que tenían una discapacidad psíquica. De esta manera nacía la primera comunidad del Arca, un espacio que, como su nombre indica, mostraba ya desde sus inicios, el espíritu de acogida de Vanier.

Nacido el 10 de septiembre de 1928, Jean Vanier hizo la carrera militar, que abandonó el 1950, para estudiar filosofía y teología. Un día, cuando fue a visitar a su amigo, el P. Thomas Philippe, capellán de una residencia con personas con una limitación mental, Vanier descubrió que aquellas personas tenían una gran capacidad de ternura y también de sufrimiento.

Humanista, filósofo y teólogo y sobre todo hombre con un corazón grande, Vanier fundó hoy hace 50 años la primera comunidad del Arca, para acoger en un ambiente familiar, a personas con una discapacidad intelectual y para humanizar la vida de estos hombres y mujeres, demasiados heridos por la incomprensión y por el rechazo social.

En una sociedad como la nuestra que exige una perfección, muchas veces exagerada, las personas con una cierta fragilidad nos invitan a aceptar las propias limitaciones. Vanier lo continúa haciendo así a través del camino del corazón, que consiste en poner a las personas en un primer plano. Sobre todo a las personas rechazadas y heridas. De esta manera, cada comunidad del Arca ayuda a sus miembros a reconocer que hay muchas cosas en nuestro interior que se han de purificar, tinieblas que han de transformarse en luz y miedos que se han de transformar en confianza.

En su actitud de acogida, Jean Vanier ve a Jesús en los otros. Pero, como dice él, no al Jesús de los dogmas, sino a aquel que vive, respira y camina a nuestro lado. A aquel que humaniza nuestra vida.

Apasionado y comprometido en la lucha por la dignidad y por los derechos de las personas discapacitadas intelectualmente, Jean Vanier, acogiendo a estos hombres y mujeres (con más de 150 comunidades en 40 países) se ha convertido en un hermano para todos los que viven con él. A las comunidades del Arca todos comparten la misma vida, la misma mesa, las celebraciones, la amistad y la confianza mutua. Por eso las comunidades del Arca son espacios de vida y de crecimiento, donde todos son necesarios.

Como decía D. Bonhoeffer, “en una comunidad hemos de saber que no solo los débiles necesitan a los fuertes, sino que también los fuertes no pueden prescindir de los débiles, ya que la eliminación de las personas más frágiles, lleva a la comunidad a la muerte”.

Sabiendo que nacemos y que morimos en medio de una extrema fragilidad, Vanier comenzó a humanizar la vida de aquellos que son los más vulnerables, haciendo de cada comunidad del Arca, una familia. De esta manera, los miembros del Arca pueden descubrir las heridas que todos llevamos en el corazón, para así asumirlas y poder llegar a sanarlas, renaciendo movidos por la esperanza.

Y es que en nuestro mundo hay demasiada gente desesperanzada, demasiados gritos sin respuestas, demasiadas personas que mueren en la soledad. Por eso la necesidad de unas comunidades basadas en el amor. De aquí que René Lenoir nos recuerde como los niños indígenas del Canadá, si les prometen un premio al que acierte una pregunta, todos juntos buscan la solución, que dan, juntos, al mismo tiempo. Estos niños, enraizados fuertemente en un clima comunitario, consideran intolerable que solo uno de ellos gane un premio y los otros pierdan. Pero desgraciadamente la civilización occidental, fuertemente competitiva, ha olvidado el valor de la comunidad. Por eso Jessie Jackson, discípulo de Martin Luther King, decía: “Mi pueblo es humillado”. Y la Madre Teresa de Calcuta: “Mi pueblo tiene hambre”, subrayando el aspecto colectivo y no el individual, como Vanier en las comunidades del Arca desde hace 50 años.
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Tomado de:
http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2014/08/05/jean-vanier-religion-iglesia-comunidad-arca-medio-siglo-debiles.shtml

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