Una pastora da testimonio de reconciliación en medio de protestas por discriminación racial


Estados Unidos

Una pastora da testimonio de reconciliación en medio de protestas por discriminación racial

Renita Lamkin, en una manifestación en Ferguson. / Huffington Post
Renita Lamkin recibió el impacto de una bala de goma mientras intentaba calmar los ánimos en una manifestación en Ferguson. El debate racial vuelve tras la muerte de Michael Brown, un menor que fue abatido por la policía, a pesar de que se encontraba desarmado.

15 DE AGOSTO DE 2014, FERGUSON

Un adolescente afroamericano llamado Michael Brown recibió un disparo de la policía el pasado fin de semana. El joven, que se encontraba desarmado, falleció a causa del mismo; una noticia que durante toda la semana ha levantado protestas en todo el país, especialmente en la localidad del suceso, en Ferguson (Missouri).

Las protestas que se realizaron en la ciudad han llevado a enfrentamientos de gravedad entre manifestantes y la policía, levantando una ola de críticas a la actuación policial y de las autoridades. Tras los incidentes del martes y el miércoles, el jueves se vivió una jornada más tranquila.

En las redes sociales, se ha extendido el lema “Hand up don’t shoot!” (Manos arriba, no dispares) y ha sido tema de discusión principal durante toda la semana.

Una de las imágenes de las manifestaciones es la de la pastora Renita Lamkin, de la Iglesia Metodista Africana, que se implicó en las protestas para intentar fomentar el entendimiento sufriendo las consecuencias en su propia carne.

“Estaba en medio de la calle, entre los manifestantes y la policía, tratando de mediar entre ambos grupos. Y de repente se produjo un estallido”, cuenta al Huffington Post. Ese estallido era una bala de goma, disparada por la policía, que impactó en su abdomen.

Según contó la prensa que era testigo de la manifestación, Lamkin estaba diciendo “Jesús, Jesús, Jesús” cuando recibió el disparo.

 La bala le provocó quemaduras en la piel, aunque ella no se mostró demasiado enfadada por ello, y sus palabras fueron para fomentar la paz. “Todas las personas necesitan ser escuchadas. Sus vidas tienen valor. La gente está sufriendo y tiene que ser escuchada”, explica Lamkin. “Amad a las personas, amad a las personas, escuchadalas”, concluía.

La llamada a la reconciliación parece que ha tenido un efecto positivo en las últimas horas. “En comparación con lo de ayer, estamos en paz. Esto servirá para un mejor mañana”, dijo un residente.

El jueves incluso algunos manifestantes incluso se detuvieron para saludar cariñosamente y charlar con el capitán Ron Johnson, un nativo negro de St. Louis que ahora está supervisando la seguridad.

“Esta es mi comunidad. Mucha gente que veo caminar en esta marcha son personas que conozco”, dijo Johnson.

Muchos han criticado el enfoque militar con el que las fuerzas de seguridad en Ferguson respondieron a los manifestantes.

Fuentes: CBN, Huffington Post, Christian Post

Editado por: Protestante Digital 2014

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El discurso más emocionante de un mendigo contando por qué no puede conseguir un trabajo


En muchas ocasiones hemos oído aquéllo de que la solución para las personas sin techo pasa por que se busquen un trabajo. Pero, ¿qué tan fácil es realmente para un mendigo conseguir un trabajo? Las razones que llevan a una persona a terminar en la calle son numerosas y complejas. Puede haber problemas familiares, emocionales, e incluso injusticias. Pero el hombre del siguiente vídeo te hará recapacitar profundamente sobre las posibilidades de encontrar trabajo por parte de una persona que está en la calle. No puedes dejar de verlo.

Original: Kim Clark perteneciente a una serie de videos titulados AskingBigQuestions.com para la tevisión pública WNIT

 

http://muhimu.es/pobreza-desarollo/trabajo-mendigo/

Padre Urrutigoity: “Si yo tuviera el problema de pedofilia que me atribuyen, no debiera servir como sacerdote”


                                                        Carlos Urrutigoity, ex vicario general de la diócesis de Ciudad del Este

“La Teología de la Liberación es una anticuada ideología que fracasó”

Ex vicario general cree que “los aires primaverales” de Francisco existen “sólo en la prensa”

José Manuel Vidal, 15 de agosto de 2014 a las 19:30

Con el paso de los años, uno comprende que muchos liberales no promueven para nada la libertad; y que muchos conservadores no conservan en realidad nada, ya que no entienden el sentido de la verdadera tradición

El padre Carlos Urrutigoity/>

El padre Carlos Urrutigoity

(José Manuel Vidal).- Estuvo en el centro de todas las miradas en la reciente visita apostólica a su diócesis Ciudad del Este. De hecho, antes de la llegada de los visitadores, el padre Carlos Urrutigoity, fue relevado de su cargo de vicario general de la diócesis de Ciudad del Este. En entrevista exclusiva con RD, el sacerdote niega las acusaciones de pederastia, asegura que la Teología de la Liberación “es una ideología anticuada que fracasó” y cree que los “aires primaverales” del Papa existen “sólo en la prensa”.

¿Cómo se encuentra tras la visita apostólica? ¿Tuvo ocasión de entrevistarse con alguno de los dos visitadores o con ambos?

Para sorpresa mía y de muchos, los Visitadores no me llamaron a ninguna entrevista ni me pidieron ningún tipo de información. Al parecer, estaban concentrados en otras áreas. Sólo pude conversar unos minutos con el Cardenal Santos y Abril durante una de sus visitas. No me hizo preguntas ni me pidió ningún informe.

¿Cree que los visitadores llegaron con ideas preconcebidas?

No quisiera juzgar ni prejuzgar. Es cierto que todos tenemos ideas preconcebidas, ya que es parte de nuestro proceso de conocimiento. Pero no sabría decir a ciencia cierta cuáles serían las ideas con que vinieron los Visitadores.

Todos ellos me parecieron observadores muy puntillosos, aunque no parecen haberse interesado en algunos de los temas que uno esperaba. Por la impresión que me dio el Cardenal, no dudo que presentará al Santo Padre un relato muy puntual.

Tampoco se puede negar que, haciendo generalizaciones, los informes que habían llegado a Roma eran más bien negativos, ya que procedían de los opositores de siempre a nuestro Obispo y su obra. Pero los Visitadores se encontraron con una realidad muy distinta: una Iglesia muy unida y activa; muy evangélica y progresiva. Y nos alentaron mucho en ese sentido.

¿Su renuncia al cargo de Vicario General vino impuesta desde Roma? ¿Por qué?

Antes de la Visita Apostólica, el Nuncio sugirió a nuestro Obispo que era mejor que yo no fuera Vicario General.

Por mi parte, desde un comienzo, cuando el Obispo me pidió que aceptara el cargo, a mí me pareció inconveniente, por no decir francamente imprudente. Dadas todas las calumnias y difamaciones en Internet, era obvio que cualquier promoción sería cuestionada con facilidad y nuestro Obispo sería blanco de ataques. Pero él insistió, ya que los sacerdotes y los dirigentes laicos, cuando fueron consultados, en su gran mayoría propusieron mi nombre. Al final, un sacerdote es un hombre de obediencia. Con confianza asumí esa responsabilidad y con confianza la dejo ahora que la Iglesia me lo pide.

No hay cambios a efectos prácticos. Ya hace más de un año que he venido encargándome casi exclusivamente de temas económicos, puesto que nuestra Diócesis, por ser de creación muy reciente, no tiene rentas para sostener los enormes gastos que tenemos debido al apostolado creciente y a la formación de tantísimas vocaciones. Mes a mes estamos mendigando. Así que el Obispo me pidió que contribuyera, junto con una comisión de laicos expertos en esta materia, a promover esas rentas para aliviar la tarea de los futuros Obispos. De hecho, pues, no era yo sino el Vicario General segundo (dada la ingente actividad, teníamos dos Vicarios Generales en nuestra Diócesis) quien se encargaba más de los temas de la Curia.

¿Se fue contando, a pesar de todo, con el apoyo de su Obispo monseñor Livieres?

Gracias a Dios, he contado con el apoyo no sólo del Obispo, sino de los laicos, seminaristas y sacerdotes, que son la gente que lo conoce a uno y con quienes uno trabaja. Incluso lo hicieron por medio de declaraciones públicas muy valientes y que están a disposición de quien quiera consultarlas.

¿Son veraces las acusaciones de abusos sexuales presentadas contra usted en USA?

Sobre este tema ya hemos brindado muchísima información, y muy precisa, a la que me remito: está a disposición de todos en varios documentos y publicaciones, pero en particular, y de modo sintético, en el «Resumen Explicativo sobre la Visita Apostólica» que se halla en la página web oficial de nuestra Diócesis.

Si yo tuviera el problema de pedofilia que me atribuyen las campañas de prensa, evidentemente no debiera servir como sacerdote. No hay lugar para eso en el ministerio, ya que es un grave desorden y desequilibro psicológico y emocional -no sólo un pecado gravísimo.

¿Considera que el abuso sexual por parte de un sacerdote o religioso no sólo es un pecado, sino un delito que debe ser perseguido por la justicia civil?

Concuerdo totalmente: el abuso sexual no es sólo un pecado, sino un delito. Como tal, debe ser tratado por todas las instancias involucradas, incluidos los tribunales civiles, además de los de la Iglesia. Pero, aparte de la intervención de la justicia eclesiástica y de la estatal, estos casos requieren la imprescindible atención pastoral y de los profesionales de la salud.

También le acusan a usted de pertenecer a los círculos eclesiásticos más conservadores y hasta próximos a los tradicionalistas.

De ningún modo tomo como «acusación» el ser tradicional. Porque es una parte de la condición de un católico, que debe asumir la totalidad de la historia y la tradición viva de la Iglesia, sin reduccionismos excluyentes. Eso sí: no me considero ni me gusta ser «conservador». Con el paso de los años, uno comprende que muchos liberales no promueven para nada la libertad; y que muchos conservadores no conservan en realidad nada, ya que no entienden el sentido de la verdadera tradición.

Creo que las personas debemos ser como el árbol de la Iglesia, que habiendo crecido de la semilla más pequeña, es hoy un árbol frondoso donde todo tipo de aves encuentran hogar. Debemos tener hondas raíces en la tradición, en los orígenes y fuentes de nuestra fe; pero, al mismo tiempo, desarrollarnos con gran capacidad de novedad y crecimiento hacia el presente y el futuro. Es lo que hemos estado haciendo en la Iglesia en Ciudad del Este, donde todo tipo de carismas multiplican sus frutos con un fuerte sentido de unidad en la fe, pero en un gran respecto a la legítima diversidad. El respeto por las fuentes de la fe nos ha dado gran vigor. El respeto por la libertad del Espíritu nos ha dado gran dinamismo. Lo invito a conocer nuestra Diócesis, que a pesar de todas las falencias humanas, está experimentando un notable crecimiento gracias a la aplicación de los principios pastorales del Concilio Vaticano II.

Yo fui educado como seminarista en la Fraternidad San Pío X. De hecho, me ordenó sacerdote Mons. de Galarreta. Les debo muchísimo. Pero cuando el tradicionalismo se vuelve conservador, deja de ser verdadera tradición: se fosiliza, se esclaviza a la letra y pierde el espíritu, el sentido de la tradición verdadera.

Como ejemplo de nuestra actitud en la Diócesis, en los planes de estudio de nuestros institutos de formación sacerdotal hemos tratado y seguimos tratando de aplicar las muy criteriosas e innovadoras prescripciones de los más de treinta documentos emitidos sobre el tema por los Papas y la Congregación para la Educación Católica desde el Concilio Vaticano II hasta el presente. Y lo hacemos desde la audacia de una verdadera inculturación, es decir, de las reales condiciones y promesas de nuestra condición en la patria grande hispanoamericana.

¿Comulga usted de corazón con las reformas y los nuevos aires primaverales que soplan de Roma de manos del Papa Francisco?

Yo comulgo de corazón con todos los Sucesores de Pedro. En cada Eucaristía la Iglesia me ha enseñado que no puedo celebrar los misterios de la salvación sin esa profunda comunión con Pedro y los sucesores de los Apóstoles, los Obispos «que promueven la fe católica y apostólica», como dice la Plegaria Eucarística I. Muchas cosas me han gustado de lo que hicieron los Papas. Otras, no. Se llamen Francisco o se llamen Benedicto. Se llamen san Juan Pablo II o se llamen Pablo VI. En la fe, unidad. En lo opinable, diversidad.

No es posible hablar responsablemente sobre reformas que, hasta ahora, sólo se conocen de un modo vago a través de campañas y opiniones periodísticas. Como es sabido, la Iglesia tiene otros tiempos, madurados por la consulta universal, el diagnóstico y la reflexión común: en otras palabras, el diálogo en comunión. Se están preparando las reformas y eso llevará tiempo si se quiere hacerlas bien. Como nos enseñó el Señor, «por sus frutos los conoceréis». Así que por los frutos espirituales de esas reformas sabremos si son buenas, «primaverales», o no. Hasta que no haya hechos, cualquier juicio me parece superficial y prematuro.

En cuanto a los nuevos aires primaverales, también me parece que son sólo eso: aire en la prensa. La Iglesia se renueva en la santidad, en la humildad, en la oración y en el silencio. ¡Cuántas primaveras anunciadas y nunca llegadas! ¡Cuántos desiertos temidos, y después jardines florecidos! El Espíritu sopla donde quiere, no cuando y como queremos los hombres.

Me parece que vivimos en una Iglesia institucional demasiado preocupada por «el qué dirán», por la opinión del mundo. Y muy poco preocupada por la opinión de Dios y de la verdad que nos hace libres -libres, entre otras cosas, de la tiranía de los respetos humanos.

Tenemos que preocuparnos mucho más de las necesidades de los católicos comprometidos, que deben ser verdadera luz para todos. Hay que cuidar más la perseverancia, fidelidad y crecimiento de los que están adentro. Con una vida de familia intensa, es espontáneo salir a buscar a nuevos hermanos y que, cuando venga, permanezcan porque encuentran lo que verdaderamente buscaban. No podemos atar las decisiones en la Iglesia a las opiniones de los que quieren no-Iglesia. Porque al fin nos quedamos sin nada: sin católicos comprometidos y también sin los no-Iglesia, ya que nunca les interesó la novedad de formar parte del Cuerpo Místico de Cristo.

Es lo que ha ocurrido con las iglesias más liberales y «al día»: se han vaciado y han caído en la irrelevancia. Perdieron la esencia -y, al final, incluso el respeto de ese mundo al que idolatraron. Lo que nosotros necesitamos es una Iglesia de fe hacia arriba, y no de propaganda hacia fuera. Evangelización y conversión interior, sí. Propaganda, no. Lo que todos necesitamos es la Buena Nueva de la fe. No buenas noticias en una prensa complacida.

¿Conoció y trató al Papa Bergoglio en su época de arzobispo de Buenos Aires?

Casi toda mi vida como seminarista y sacerdote ha transcurrido fuera de la Argentina, así que nunca tuve la oportunidad de conocer y tratar de cerca al Cardenal Bergoglio.

¿Le agrada que, en cierto sentido, Francisco esté rehabilitando la Teología de la Liberación o es una corriente que está moribunda?

No sé cuál es el «cierto sentido» al cual Usted se refiere, pero la Teología de la Liberación entendida como imposición de un mesianismo terrenal -de un Reino de Dios en este mundo y para este mundo- es una anticuada ideología que ya pasó de moda en la primera venida de Cristo al mundo, cuando Él superó la decadencia religiosa del mesianismo terrenal en la que había caído buena parte de la jerarquía religiosa de Israel. La Teología de la Liberación, en este sentido, es algo fracasado y que ha producido una gran corrupción espiritual y una gran esterilidad en la Iglesia. En el Paraguay tenemos ejemplos de esta corrupción y esterilidad con nombre y apellido.

Fue una de las tantas ideologías impuestas desde algunas Universidades europeas y subvencionadas por las Iglesias ricas. Ya no tiene vigencia, ni creo que haya alguien que piense que la tenga, salvo pequeños grupos de diletantes intelectuales. A mí lo que me interesa es la Teología, a secas: el conocimiento y la celebración de Dios y nuestra liberación del mal, del pecado, de la ignorancia y del error. Cuando a la Teología se le añaden adjetivos ideologizantes, empieza a perder amplitud y equilibrio, y se llena de «verdades alocadas», como decía Chesterton.

¿Qué opina de la guerra de Israel contra Gaza? ¿Y de la persecución de los cristianos en Oriente Medio y en otras partes del mundo?

La política no es mi terreno, así que no creo que mi opinión tenga mucho valor. Siendo una guerra tan desigual y desproporcionada, supongo que habrá fuertes intereses económicos detrás de todo esto. Cui prodest? ¿A quién aprovecha esta carnicería en Gaza e Israel?

En cuanto a la persecución de los cristianos, evidentemente nuestra época es época de grandes y numerosos mártires. Según las estadísticas presentadas por la Santa Sede a las Naciones Unidas, cada cinco minutos ha muerto un cristiano por su fe en los últimos años. Y esto es sólo en referencia al martirio que viene de la sangre. En Occidente conocemos otra forma de martirio, que es el martirio de la reputación y de la distorsión. Algo de esto conozco yo por experiencia. ¿Hay alguna película en el cine o serie en TV en la que la religión «institucional» o los sacerdotes no tengan roles de malvados o de enfermos mentales?

Todo esto, sin duda, es muy bueno para la Iglesia y los creyentes. Es la verdadera primavera de la Iglesia de la que tanto se ha venido hablando. Primavera, no de slogans, sino de sangre. Primavera de Dios y del Espíritu. Porque la sangre de los mártires ha sido y seguirá siendo semilla de creyentes. El dolor nos aprieta y debemos despertarnos de toda vana ilusión: sólo Dios salva y sólo Él basta. La Iglesia de los mártires es la Iglesia pobre y para los pobres de verdad, los pobres de Yahvé.
Algunos titulares:

-Vivimos en una Iglesia institucional demasiado preocupada por el qué dirán y por la opinión del mundo, y muy poco preocupada por la opinión de Dios

-La pedofilia no es sólo un pecado gravísimo, es un desorden y desequilibro psicológico y emocional

-Cuando el tradicionalismo se vuelve conservador, se fosiliza, se esclaviza a la letra y pierde el espíritu

-Si yo tuviera el problema de pedofilia que me atribuye la prensa, evidentemente no debiera servir como sacerdote

-No podemos atar las decisiones en la Iglesia a las opiniones de los que quieren no-Iglesia

-Necesitamos una Iglesia de fe hacia arriba y no de propaganda hacia fuera

-Necesitamos la Buena Nueva de la fe, no buenas noticias en una prensa complacida

-La Teología de la Liberación es una anticuada ideología que ya pasó de moda. Algo fracasado y que ha producido una gran corrupción espiritual y una gran esterilidad en la Iglesia

-Cuando a la Teología se le añaden adjetivos ideologizantes, empieza a perder amplitud y equilibrio, y se llena de «verdades alocadas»

-La nuestra es época de grandes y numerosos mártires

-Los “aires primaverales” de Francisco existen sólo en la prensa

 

Párroco de Gaza: La ofensiva israelí contra los palestinos es como una “bomba atómica”


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El párroco Manawel Musallam cuenta las condiciones en las cuales vive la población de la Franja después de 4 semanas de bombardeos. Niños y adolescentes heridos “en lo físico y en el espíritu”, incapaces de “encontrar alegría, hablar de paz o de ofrecérselas a otros”. Con su modo de actuar Israel “no sólo está destruyendo la humanidad de la gente de Gaza, sino también la de su pueblo”.

“Lo que la población de Gaza sufrió en estas semanas es comparable con el lanzamiento de una bomba atómica. Las explosiones de masa contra esta tierra han transformado a más de medio millón de personas en refugiados, otra vez más. No tienen más una casa, ni un lugar donde ir. Sus existencias fueron llevadas lejos, desaparecieron”.

Quien habla con AsiaNews es el p. Manawel Musallam, párroco de la Santa Familia en Gaza y dirige un escuela en ese lugar. Justo hoy Israel y Hamás han iniciado una nueva tregua de 5 días, ya “manchada” esta noche, por un ataque aéreo por parte de Tel Aviv, respondiendo a cohetes de Hamás. Un cese del fuego aún pendiente de un hilo, en el cual el sacerdote no pone ninguna esperanza.

Observando los sufrimientos padecidos por la gente de Gaza, el p. Musallan habla sobre todo de los niños y los jóvenes. “por 14 años- cuenta a AsiaNews el p. Musallam- he dirigido una escuela en el barrio de Shejeiya. La mayor parte de nuestros estudiantes habitaba justamente allí. En las pasadas semanas, Shejaiya fue destruida: muchos jóvenes fueron asesinados, otros heridos. Algunos quedaron huérfanos o se los llevaron; otros han visto morir a sus propios hermanos. Ahora yo pido: si por si acaso estos chicos vuelven a la escuela, ¿En qué condiciones estarán? ¿Lograrán estudiar, cantar, leer, danzar, escribir?”.

El dolor de los jóvenes palestinos, subraya el sacerdote, “es una herida física, mental y espiritual. Desde el año 2007 hasta hoy han vivido 4 guerras en apenas 7 años. Reaccionar en modo positivo a una realidad del género es imposible. ¿Soy capaz de probar alegría en sus corazones? ¿Puedo hablar de paz y ofrecerla a otros? ¿esto preparado a mara y tener compasión y aceptar a Israel? ¿Cómo podemos convencer a esto muchachos a no odiar a Israel, a explicar a ellos sobre la posibilidad de convivir con Israel, si éste continúa a atacarlos?

En la Franja de Gaza viven 2 millones de personas: mitad de la población de la entera Palestina. Vivir años “como refugiados”, sin la posibilidad de conducir una existencia normal, con la amenaza constante de un nuevo conflicto, creó “una dificultad espiritual y mental”. Los palestinos, explica el p. Musallam, “están rechazando al existencia de Israel a sus espaldas. Se preguntan en nombre de cual realidad o virtud humana podrían aceptar la presencia de este Estado. En la Biblia el profeta Oseas dice: “Siembren para ustedes la justicia y cosecharán con bondad”. Pero Israel no está sembrando justicia, manchada como está de sangre de mujeres y niños, sin respeto por el derecho a la vida de estas personas, destruyendo cada cosa en modo indiscriminado”

Con sus acciones, nota el párroco, “Israel no se da cuenta que no sólo está destruyendo la humanidad de la gente de gaza, sino también la de su pueblo. Todos los soldados que están combatiendo, ¿qué le dirán a sus hijos, a sus madres a sus familias? ¿Cómo podrán hablar de paz a sus familias? Tomarán conciencia [de lo que han hecho], porque no podrán hablar de paz. Porque la paz no puede ser construida o aceptada en la miseria, en la humillación del otro, en el terror, en el miedo, enla destrucción. La paz se construye sólo sobre la paz. La paz puede dar seguridad, no lo contrario. La guerra no puede crear la paz”.

A la luz de esto, para el p. Musallam es difícil confiar en el buen éxito de la tregua en curso. También por culpa de la actitud de la comunidad internacional. “Podemos dice- estar agradecidos por las manifestaciones en signo de solidaridad por nuestra condición, pero no podemos perdonar el silencio. Gaza no puede ser bloqueada para siempre y su gente no puede ser dejada en estas condiciones para siempre: extenuada por el hambre, por la rabia, por el miedo”.

Asia News  /  Religión Digital  /  Reflexión y Liberación

 

http://www.reflexionyliberacion.cl/articulo/3716/parroco-de-gaza-la-ofensiva-israeli-contra-los-palestinos-es-como-una-bomba-atomica-.html

PARAGUAY:   Lucha por la tierra: 115 casos de asesinatos de campesinos y campesinas en 24 años


Violencia
13.08.2014

Natasha Pitts
Adital

A lo largo de 24 años, por lo menos 115 vidas de campesinos y campesinas fueron perdidas en virtud de la lucha por la tierra en Paraguay. El país tiene un largo historial de casos involucrando la participación criminal de latifundistas y hasta inclusive de integrantes de gobiernos. Esta página de la historia de Paraguay es contada en el “Informe Chokokue 1989 – 2013 – El Plan sistemático de ejecuciones en la lucha por el territorio campesino”, de autoría de la Coordinadora de Derechos Humanos de Paraguay (Codehupy). Chokokue, en idioma Guaraní, significa campesino/campesina.

El nuevo informe da continuidad a otro, difundido en 2007, que reúne datos de 1989 a 2005 y que denuncia 77 casos de ejecuciones arbitrarias y desapariciones forzadas, mostrando también un patrón que compromete la responsabilidad del Estado. La nueva edición une las informaciones del informe anterior y agrega nuevas. Ambos registran y denuncian los casos de dirigentes e integrantes de organizaciones campesinas ejecutados y desaparecidos en el marco de la lucha por las tierras y en el contexto de ataques organizados en contra de comunidades rurales, para apoderarse de territorios campesinos.

La Codehupy relata que, durante la última actualización de datos para el informe, recibieron informaciones sobre cuatro posibles ejecuciones en Norte Pyahu (Departamento de Caaguazú) y otras siete víctimas en Laterza kue (también Departamento de Caaguazú), casos que, así como los 115 denunciados en el informe, “fueron planificados y tuvieron la coherencia de una finalidad política”.

Este plan sistemático se articula entre terratenientes e intereses corporativos ligados a algunos sectores del modelo del agronegocio que, aliados con líderes políticos tradicionales, mantienen capturado al Estado, sirviéndose del mismo y utilizando sus medios de represión para perpetrar estos crímenes y garantizarse impunidad. Particularmente están comprometidos en este plan las instituciones de seguridad y de justicia del Estado: el Ministerio Público, el Poder Judicial y la Policía Nacional, cuyas actuaciones ilegales gozan del respaldo explícito del sistema político”, se denuncia en el Informe.

Una de las historias contadas es la de Martín Ocampos Páez, 45 años, asesinado el 12 de enero de 2009, en Hugua Ñandu, Concepción. Martín y la esposa eran dirigentes comunitarios de Hugua Ñandu y militantes de la Organización Campesina del Norte (OCN). Martín también era radialista y director de la radio comunitaria local y, por tener acceso a ese medio de comunicación, denunciaba a narcotraficantes, sojeros y latifundistas de la región, además de estimular la organización social comunitaria. Su activismo le generó en 2006, la detención y acusación de ser integrante del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Tres años después, fue asesinado en su casa por dos hombres. Su caso fue archivado por la Fiscalía y no hubo investigaciones.

Hace un año, el 14 de agosto de 2013, el dirigente campesino de Concepción, Lorenzo Areco, de 37 años, tuvo el mismo destino. Areco estaba activo en la lucha por la tierra en su región. En 2005, fue parte del proceso de lucha por la recuperación de las tierras que, actualmente, forman el asentamiento Reconquista. También era secretario de la Asociación de Productores del Asentamiento Reconquista, Secretario de Tierras de la Organización Campesina Regional de Concepción y miembro del Núcleo Director del Partido Popular Tekojoja. Areco fue asesinado en un atentado cometido por pistoleros, cuando circulaba en moto cerca de su trabajo. Existe una investigación abierta, pero no hubo avances en el caso.

Y así como ellos, a tantos otros hombres y mujeres les robaron la vida brutalmente para alimentar la ganancia por la acumulación de tierras. La Codehupy pide que la gravedad de esta situación sirva para que la población paraguaya decida denunciar los casos de asesinato en el campo, que ocurren constantemente en el país.

Lea el informe completo aqui.

Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com

 

http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=81963

¿EL CLERICALISMO FUENTE DE EMPLEO? Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*


 

“Háganlo todo gratuitamente. Gratis lo recibieron, denlo gratis”

Mateo 10:8

 

Algo, se ha venido olvidado, de aquellas enseñanzas de Jesús, en su Evangelio. Recuerdo que ante las crisis de empleo que se vive en España, en los medios de Comunicación estuvo apareciendo un infortunado aviso publicitario, que decía:

 

“Quieres un trabajo?” Hazte cura”

                                  “No te prometo una vida de aventuras, te prometo una vida apasionante”.

ver: nuevatribuna.es | | 15 Marzo 2012 – 15:30 h.

¿De dónde viene y para dónde va, ese aviso? Eso no es lo importante. Lo importante es el hecho, que confunde a tantos fieles cristianos, y perjudica al Reino de Dios, en su Iglesia.

 

Ser clérigo, es acaso una profesión o una carrera, como las demás que conocemos?  O peor aún, es acaso una profesión, sin muchas exigencias…En todo caso, lo que estamos viendo y viviendo, déjenme decirlo aunque nos duela, este tipo de actitudes están rompiendo con la “sucesión apostólica”. No me refiero al poder, sino al servicio pastoral, humano, y apostólico  que enseñó Jesús (Mat 9:35; Mat 10:8; Mat 28:19-20)

 

En ningún texto bíblico o teológico, encuentro el que Jesús, haya fijado una tarifa a sus buenos servicios, tampoco ordenando a hombres o mujeres  y menos cobrándole a los pobres.

 

Habrá quien argumente: “Entonces, qué significa el Diezmo?” Fíjate de dónde viene y a qué corresponde:

 

“Diezmo” es una palabra hebrea ma´aser, en latín es “decimus”, ambas significan lo mismo; “una décima parte”.

 

Pregunta: ¿Es una Ley, norma, tradición ó costumbre? Si mal no recordamos, en Génesis 4:4, es Abel quien aparece ofreciendo “las primeras y mejores crías de su rebaño”.  Este texto, al igual que muchos otros, está bajo sospecha. Sara y Abraham conocieron esta práctica, mucho antes que Israel fuera nación=pueblo y tuviera una Ley.

 

En Génesis 28:22, Jacob también ofrece diezmar cuando dice: “…y todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”. Bien, podemos descubrir que a través de estos textos, que el diezmo no es una Ley, ni una obligación, es toda una actitud de AGRADECIMIENTO, por lo que hemos recibido o por recibir, a la Esencia Divina.

 

Hasta aquí vemos que es una actitud que surge de abajo, de un pueblo, conformado por mujeres y hombres, que fue aprendiendo a ser agradecido y así lo manifestaron. La Ley aparece más tarde legislando sobre el diezmo, nunca es primero la Ley en enseñar. La Ley, aprende y se hace, de las necesidades del pueblo. Por eso se dice también que “cuando una Ley, ya no sirve, hay que romperla”! Ghandi.

 

Miremos, lo que dice la ley en el Levítico 27:30-32

 

“La décima parte de todos los productos de la tierra, sean semillas o frutos de los árboles, pertenece al Señor, es algo dedicado al Señor. Si alguien desea rescatar algo del diezmo, deberá añadir una quinta parte sobre el valor de lo rescatado. También será consagrado al Señor la décima parte de todo el ganado, tanto vacuno como ovino, es decir, todo lo que esté bajo el control del pastor”

 

No olvidemos que Israel es un pueblo de tradición agrícola. Existía gran preocupación por las viudas, los huérfanos, los inmigrantes (extranjeros) y los pobres. El diezmo debía cubrir sus necesidades. (Det 14:28-29).

 

Dejo hasta aquí la reflexión a partir del A.T. Aunque hay mucho que comentar, acuñado con muchas otras citas bíblicas.

 

En el N.T. No podemos pasar por alto, lo que Jesús dejó manifiesto en el Evangelio de Mateo capítulo 23, al referirse a los líderes religiosos de su tiempo, y no digamos a qué se está refiriendo, dejemos que Él mismo nos lo diga:

 

“Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que cierran a la gente la entrada en el reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan entrar a los que quieren entrar”.

 

“Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, que devoran las haciendas de las viudas y que, para disimular; pronuncian largas oraciones! Por eso ustedes recibirán mayor castigo”.

 

“Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas, que ofrecen a Dios el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero no se preocupan de lo más importante de la ley, que es la justicia, la misericordia y la fe.”

 

Con las reflexiónes anteriores en A.T. y ahora con Jesús, en N.T. volvemos a ubicarnos en el tema propuesto.  Jesús, en ningún momento pretendió  abolir la ley. Veamos que dijo:

 

“No piensen que yo he venido a anular la ley de Moisés o las enseñanzas de los profetas. No he venido a anularlas, sino a darles su verdadero significado…Y les digo esto: Si ustedes no cumplen la voluntad de Dios mejor que los maestros de la ley y que los fariseos, no entrarán en reino de los cielos”  Mateo 5:17;20.

 

 

Pregunta: ¿Qué tiene que ver el diezmo, con el clericalismo?  No le habías visto la relación? Pues, yo tampoco, hasta que en las comunidades, fue saliendo el tema.

 

Sí les escucharas a las vecinas y amigas lo que dicen: “Es que no hay nada más hermoso que tener un hijo sacerdote, en la familia”.  “Claro, es que es tan divino, que hasta se sube de clase”.  ¿Uy! qué diría Jesús, de estos comentarios?

 

No en vano, el mismo Papa Francisco ha percibido esta peligrosa situación dentro de la Iglesia, cuando se refirió a que “la vanidad, el arribismo, es una actitud de la mundanidad espiritual que es el peor pecado de la Iglesia”. Denunció el llamado “carrerismo” o hacer carrera en la Curia romana, “la búsqueda de ventajas que entran plenamente en esta mundanidad espiritual”…”quien cede a esa vanidad autorreferencial en el fondo esconde una miseria grande” (Ver EFE 14.03.2013)

 

Esto nos hace reflexionar cada vez más sobre la preocupación que se viene gestando en ciertos grupos, -dentro y fuera de la Iglesia- respecto a la “sucesión apostólica”;  pero no se preocupan de lo más importante de la ley, que es la justicia, la misericordia y la fe.” Mat.23:23

 

Aquí está implícita la Visión y Misión de la propuesta de Jesús de Nazaret. Lo que hace que miremos cuidadosamente que todo ministerio dentro de la Iglesia, sea diaconado, presbiterado, incluido el episcopado, a ejercer, debe ser gestado “desde abajo”. Estos ministerios, no es para conseguirlos, ni poniéndoles precio, es decir comprándolos, ni por ternas, roscas o amiguismo.

 

Ya es hora de no seguir fomentando dichas actitudes, que solo llevan a fomentar un clericalismo “desde arriba”. El liderazgo dentro de la Iglesia, es un llamado vocacional, no es una profesión o carrera y menos a toda  “carrera”.

 

Ya es hora de que lo laicos se empoderen de los valores y ministerios de la Iglesia, diciendo “adiós” al clericalismo y entendiendo y haciendo entender el verdadero significado de la “sucesión apostólica”.  Cuidando y vigilando “los diezmos, ofrendas y primicias de Dios”, que son sagradas, son de Dios, no son para uso personal,  o empresas particulares, ni privadas. Son para atender y cubrir las necesidades de los pobres. Gestando y dando empleo, cultura, salud, vivienda, generando PAZ. No al clericalismo y mucho menos sus actitudes, “que cierran a la gente la entrada en el reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan entrar a los que quieren entrar”. Mat.23:23

 

Por un ministerio presbiteral, capaz de hacer realidad la PAZ, comprometidos/as en el Reino de Dios, en búsqueda de la Justicia, Equidad,  e Inclusividad, viviendo el proyecto de Jesús de Nazaret, aquí y ahora.

 

No olvidar la advertencia de Jesús:

 

“No pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero”

 

Mateo 6:24

  

BIBLIOGRAFIA:

 

Biblia Hispanoamericana. Editorial Verbo Divino. Sociedades Bíblicas 2013.

 

http://www.integridadysabiduria.org/y-ique-dice-la-biblia-sobre/303-el-diezmo

 

http://conozca.org/?p=120

 

http://www.20minutos.es/noticia/1758855/0/papa-francisco/vanidad-arribismo/pecados-iglesia/#xtor=AD-15&xts=467263

 

*Presbitera Católica Romana.

 

 

 

 

COLOMBIA: Vicente Mejía fue un cura de armas tomar y desarmado.


 

Vicente Mejía – Un cura de armas tomar y desarmado  (Fotos)

 

Número 57 • julio 2014

 Predicó en los tiempos en que Domingo Laín, Manuel Pérez y Camilo Torres dejaron los hábitos para ir al monte en busca de soluciones heroicas y cruentas. Trabajó con los basuriegos y los tugurianos de la ciudad, levantó la hostia en la tierra más profana, y defendió los ranchos de lata y cartón con el “Dios te salve María”. Fervor de Medellín.

 

Eucaristía en el basurero de Medellín celebrada por Vicente Mejía. 1964.

Vicente Mejía

El sacerdote que levantó a Medellín

Óscar Calvo Isaza*

*Profesor de la Universidad de Antioquia.

Tomado de:

 http://www.universocentro.com/NUMERO57/VicenteMejia.aspx

 

Sacerdote, predicador del dios de la basura, protagonista de las jornadas disidentes de Medellín en 1968, fundador de asentamientos ilegales, organizador de movimientos de base y agitador revolucionario, Vicente Mejía Espinosa fue uno de los más destacados dirigentes de las luchas populares urbanas en Colombia entre 1960 y 1980. Perseguido y amenazado por la curia y el gobierno, salió del país e inició un prolongado exilio en 1979. Tras su partida contrajo matrimonio, abandonó el sacerdocio católico y se convirtió en pastor protestante para continuar su apostolado entre inmigrantes, indígenas y habitantes urbanos de Ecuador, Estados Unidos y Uruguay. Como muchos hombres y mujeres de América Latina, su testimonio profético emana de la participación directa y decidida en las luchas populares.

 

Hijo de Vicente Mejía Echeverri y Berenice Espinosa Muñoz, el pequeño Vicente (Fredonia, Antioquia, 1932) creció en una familia religiosa y conservadora conformada por seis hermanos. El padre, un notable pueblerino, comerciante y funcionario público, estudió con los jesuitas; y la madre, ama de casa, hija de propietarios de fincas cafeteras, también fue educada por religiosas en Medellín. En su infancia fue acólito y acompañó a los curas y monjas misioneras en sus correrías por las zonas rurales. Como parte de una familia católica, inmerso en el ambiente de fanatismo religioso propio de la época, fue testigo de los primeros asesinatos y venganzas que presagiaban el inicio de la confrontación sectaria entre conservadores y liberales. A los trece años ingresó al Seminario Menor en Medellín. Poco después, en 1948, su familia fue víctima de extorción por parte de los liberales y decidió instalarse también en la ciudad.

 

Confirmada su vocación sacerdotal, cursó tres años de filosofía y cuatro años de teología. Aunque fue un estudiante “del montón”, aprobó los exámenes y realizó los rituales correspondientes hasta ser ordenado presbítero por el arzobispo de Medellín Tulio Botero Salazar, en 1958. Su primera designación fue como coadjutor en la parroquia de Armenia Mantequilla donde, según su testimonio, llegó con la sotana nueva y la tonsura a la vista, como un brujo, “chorreando óleo”. El sacerdote recién ordenado hacía misa, bautizaba y confesaba, pero también visitaba la gente y hacía romerías cuando cobraba los diezmos de las cosechas o el levante de ganado, recibía las cargas o los animales y agradecía a cada feligrés por ser “el más católico” del lugar. A finales de los años cincuenta las zonas campesinas estaban atravesadas por la violencia sectaria y el bandidaje social, de manera que fue testigo de masacres y tuvo que hacer funerales masivos. En muchos sentidos el cura era un actor central en la política del medio rural, con una autoridad que emanaba del mundo sagrado de los rituales de la vida cotidiana, pero al mismo tiempo estaba profundamente comprometido con el poder de las élites locales y las relaciones de dominación.

 

La experiencia en la organización social y la propaganda evangélica la obtuvo más tarde, como vicario cooperador del municipio de Yolombó, donde fue enviado por el arzobispo en septiembre de 1960. Allí la experiencia del cura rural cobró un nuevo sentido en el contexto de los planes del Vaticano de emprender una nueva misión de la Iglesia en América para enfrentar la amenaza del comunismo. En Yolombó, Vicente participó en los programas de reforma agraria y de “rehabilitación” adelantados por el Estado en las zonas de conflicto, que incluían la organización de las comunidades en juntas de acción comunal, cooperativas de producción y abastecimiento, junto a la promoción de las escuelas radiofónicas que la Iglesia había desarrollado con éxito como método pastoral. Su aprendizaje llegó a su punto más alto en 1962, durante la Gran Misión de Medellín que movilizó a centenares de sacerdotes y misioneros de Colombia y de España, quienes introdujeron nuevos estilos de sacerdocio y compromiso con las comunidades. En la vereda La Floresta de Yolombó, además del púlpito, el cura tenía una emisora en la que combinaba efectivamente los temas religiosos, los anuncios dirigidos a los problemas cotidianos de la gente y la convocatoria para participar en la organización comunitaria. A eso le sumaba la distribución de cartillas agrícolas, manuales de organización de la comunidad y el periódico católico El Campesino, que circulaban como apoyo para las tareas de alfabetización.

 

Esos primeros años de sacerdocio entre el campesinado resultaron decisivos. Vicente fue nombrado vicario a cargo del barrio Villa del Socorro de Medellín en 1963. Este era un barrio “modelo” construido por la Fundación Casitas de la Providencia, en el nororiente de Medellín, donde habían sido trasladados a la fuerza los habitantes de los tugurios del Centro de la ciudad. Las élites políticas, económicas y religiosas que dirigían la fundación planearon el barrio como un espacio de educación y rehabilitación moral de los inmigrantes pobres, los recicladores de basura y los destechados. De acuerdo con el modelo verificado antes en los patronatos industriales, un sacerdote, en este caso Vicente, debía regir el comportamiento de la gente, asegurando por medio de la moral católica una integración no conflictiva en la vida urbana. Al principio lideró el esfuerzo comunitario para construir un templo denominado San Martín de Porres y encontrar donaciones y asistencia para los tugurianos a través de Caritas y otras instituciones de caridad. Sin embargo, en el curso de un año, Vicente se distanció del papel pastoral asignado y empezó a comprender de otra forma su lugar en la comunidad.

 

Una influencia decisiva fue Germán Guzmán Campos, sacerdote y sociólogo, autor principal del libro La Violencia en Colombia, cuya lectura estremeció al vicario y contribuyó a formar su visión crítica de la realidad social. Guzmán estuvo en Villa del Socorro acompañando a Mejía en la celebración de la Semana Santa, no está claro si en 1963 o en 1964. A su lado vivió una clara trasformación pues, al parecer, Guzmán incluyó en los actos litúrgicos escenificaciones e interpretaciones novedosas sobre el significado revolucionario de la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo: “Él predicó, le explicó al pueblo sus deberes y sus derechos, y la gente se enloqueció. A mí me acabó de abrir los ojos y yo dije ‘¡pero qué fenómeno!’. En ese momento habló de Camilo por primera vez”. De la mano de Guzmán viajó a Bogotá para conocer a Camilo Torres Restrepo, con quien se reunió en la Escuela Superior de Administración Pública. Camilo prometió visitar Villa del Socorro en un viaje próximo a Medellín, pero ese encuentro nunca se concretó.

 

Un día Mejía escuchó las palabras del jesuita Alejandro del Corro, fundador en Chile del Servicio del Trabajo del Hogar de Cristo, quien había llegado a la ciudad para fomentar la organización de cooperativas de recicladores. Del Corro decía que los pobladores podían salir de la pobreza a través de la basura. El vicario de Villa del Socorro aprendió así, de manera intuitiva, la importancia de vincular a las organizaciones económicas populares, en este caso las cooperativas de reciclaje, con la organización y la movilización política entre los tugurianos: “Yo fui llevado por los habitantes del barrio Villa del Socorro al basural. Fue el primer lugar de trabajo, observé todo, la metodología de recolección de subproductos de la basura, cómo la gente reciclaba el cartón, el papel, la chatarra, la comida, escogían la mejor comida podrida de la ciudad, de restaurantes y de los domicilios. La gente reciclaba la comida y a la gallina la llamaban gumarra. A la gumarra cocida le tocaban el buche, ‘el buche y pluma’, y si la veían gordita se quedaba para consumir en ese mismo día. Tenían sus fogoncitos para almorzar en tarros y la gente comía de la basura: fruta podrida, naranjas podridas, banano podrido”. Con algunos de estos pobladores el cura ensayó otra dimensión de su apostolado, una nueva liturgia que escenificó a campo abierto en el basurero de Medellín durante la procesión de la Virgen del Carmen, patrona de los recicladores, en julio de 1964. Junto a los camiones de basura, sobre cartones y desperdicios, con una sotana impecable y la hostia levantada al cielo, comenzó a hablar a los recicladores de un dios de la basura, de un Cristo pan y verbo encarnado en los presentes.

A principios de los años sesenta los tugurianos y otros inmigrantes pobres de diversos oficios, en lugar de esperar la providencial caridad, se confundieron con otras personas sin casa para fundar los nuevos asentamientos de El Popular, en el nororiente de Medellín. Cientos de personas habían llegado desde distintas partes de la ciudad para tomar unos terrenos deshabitados en la periferia. En los pliegues de las montañas, entre los matorrales, comenzaron a aparecer las primeras casas de palos y cartón. Los propietarios informaron de la situación y las autoridades se hicieron presentes para levantar las casetas y evitar la construcción de viviendas duraderas. Pero los invasores llamaron al cura y este llegó con su sotana para enfrentar a la policía, evitar el desalojo y abrir paso a los nuevos ocupantes. Hubo, al parecer, forcejeos, clamores y lágrimas, pero la situación llegó al clímax cuando el sacerdote subió a una roca, hizo en el aire la señal de la cruz con sus manos, y comenzó a gritar a los cuatro vientos algunas palabras sagradas, clamado una respuesta de la multitud. La gente comenzó a responderle a sus “Dios te salve María” con otros tantos “Santa María, madre de Dios”, y la oración común cobró la forma de un coro poderoso que siguió cincuenta veces hasta completar el rosario. “Todo el mundo empezó a cantar y la policía derrotada”, según el testimonio del padre Vicente. Federico Carrasquilla, primer párroco del barrio El Popular, dice que aquél “era el puro cura revolucionario que espantó a Medellín. Le hablaba a la gente a las mil maravillas. Tenía una sensibilidad bárbara. Y tenía un jeep y se pasaba recogiendo todo el día cosas para la gente. Él fue el que hizo todo el barrio y le decía a la gente: ‘Cuando venga la policía, llámenme’”. Así, en Medellín como en otros lugares del continente, los símbolos y los rituales católicos comenzaron a ser resignificados como parte de las estrategias de lucha y resistencia de los pobladores urbanos.

 

***

Su participación en la toma de terrenos urbanos y las liturgias heterodoxas comenzaron a preocupar a sus superiores, así que el obispo le ofreció la posibilidad de estudiar para distanciarlo de Villa del Socorro. Mejía eligió ir a París y no a Roma. Viajó en septiembre de 1964 e ingresó como oyente en el Institut D’Estudes Sociales del Institut Catholique de Paris, famoso en la época por ser uno de los espacios privilegiados para la formación del clero progresista. En 1965 obtuvo el diploma y adelantó una licenciatura en ciencias sociales que terminó en 1967, cuando pasó a estudiar un curso anual de desarrollo en el Institut International de Recherche et de Formation, Education et Development. Durante estos años leyó las obras de Mao, Marx y Marcuse con el filtro anticomunista de sus maestros y aprendió algunos rudimentos de las ciencias sociales aplicadas a los problemas del desarrollo en el Tercer Mundo. Concluyó sus estudios con una monografía titulada La participación de las masas en la reforma agraria en Colombia. Durante su estancia en París vivió la situación en América Latina a través de las noticias distantes sobre Camilo Torres, quien en marzo 1965, durante una reunión en Medellín, presentó una plataforma política y comenzó una intensa correría por diversas regiones del país. A mediados de ese año, y luego de un conflicto abierto con las autoridades eclesiásticas, Camilo fue reducido al estado laical. Coordinado con la dirigencia del recién creado Ejército de Liberación Nacional (ELN), Camilo Torres puso en marcha el periódico Frente Unido, reunió multitudes en las plazas públicas y buscó estructurar un movimiento político nacional. Sin embargo, por órdenes del comandante de esa organización guerrillera, Fabio Vásquez Castaño, abandonó intempestivamente el proyecto político de masas y se sumó a las filas de la insurgencia en diciembre de 1965. Cuando Camilo cayó muerto en su primer combate en febrero de 1966, Vicente y otros estudiantes colombianos se tomaron por la fuerza el consulado en París exigiendo la entrega del cadáver que fue desaparecido por oficiales del Ejército en el departamento de Santander. La imagen de Camilo Torres, el sacerdote guerrillero, jugó un papel central en las definiciones políticas y en la imagen pública de Vicente como agitador revolucionario, pero a diferencia del cura bogotano, el levita antioqueño nunca se sumó como combatiente a las filas insurgentes.

 

Vicente regresó a Colombia a finales de 1967. En febrero de 1968 fue nombrado párroco del barrio Caribe, un lugar medular al norte de Medellín donde estaba en auge la creación de asentamientos populares construidos por el Estado, por urbanizadores ilegales o por la iniciativa y las luchas de los pobladores. En los primeros meses de 1968, otros dos sacerdotes que habían estudiado en Europa solicitaron su nombramiento en las nuevas parroquias de estos asentamientos: Federico Carrasquilla en el barrio El Popular y Gabriel Díaz en Santo Domingo Savio. Desde mediados de ese año, Vicente comenzó a ser investigado y perseguido por los organismos de inteligencia del Estado. Los primeros registros de inteligencia señalaron que Mejía y otros sacerdotes realizaban reuniones para difundir el programa del Frente Unido, organización liderada por Monseñor Germán Guzmán Campos, que se identificaba con la plataforma política que representó Camilo Torres poco antes de pasar a la clandestinidad. Los espías del gobierno observaron supuestos vínculos del levita con obreros maoístas del Partido Comunista de Colombia, cuyo brazo armado, el Ejército Popular de Liberación (EPL), había comenzado a operar en el noroeste del departamento de Antioquia.

 

Los seguimientos de los organismos de inteligencia se reactivaron tras un fracasado intento de desalojo de los tugurios en el sector de la Estación Villa. En el lugar, el alcalde y el secretario de gobierno encontraron los ranchos adornados con banderas de Colombia y a un grupo de tugurianos organizados, con el apoyo de sacerdotes, estudiantes y sindicalistas, que presentaba a Vicente como su vocero y llamaba a la organización de los destechados de toda la ciudad para luchar contra los planes de erradicación. En Medellín esta movilización social se puso en contacto con las concepciones teológicas y pastorales planteadas en el Concilio Vaticano II, cuando en 1968 se realizó en la ciudad la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Como estaba ocurriendo por esos mismos días a propósito de la visita papal a Bogotá, donde las autoridades civiles y militares habían implementado un plan para recluir por unos días a los habitantes de la calle, en la capital antioqueña se quería desalojar los tugurios para maquillar la miseria urbana ante la visita de los obispos latinoamericanos y la prensa internacional. La policía, en estrecha colaboración con los cuerpos de inteligencia civil y militar, había trazado un operativo que apuntaba a desactivar cualquier intento de las organizaciones sociales o de los movimientos políticos disidentes para efectuar manifestaciones o distribuir propaganda contra el gobierno.

 

En las jornadas de Medellín, en agosto y septiembre de 1968, Vicente acompañó, junto a los dirigentes de sindicatos independientes, los estudiantes de varias universidades y la Central Nacional Provivienda, la resistencia de los tugurianos contra la erradicación. Según los informes de inteligencia, Vicente planeó una manifestación de los tugurianos hacia el Seminario Mayor, sede de la II Conferencia, como una forma de poner en evidencia la miseria y la injusticia que habían sido acalladas durante la visita del Papa a Bogotá. Unas quinientas personas, en su mayoría tugurianos, marcharon desde barrio Caribe hasta el Seminario pero ningún jerarca católico los recibió y esa denuncia colectiva quedó en el olvido. En el coliseo de la ciudad se reunieron unas dos mil personas convocadas por los sindicatos independientes, en especial la católica Acción Sindical de Antioquia (ASA), para denunciar las políticas laborales del gobierno y enviar un mensaje a los obispos latinoamericanos. En un encendido discurso taquigrafiado por periodistas extranjeros y espías del gobierno, Vicente invocó el nombre de Camilo Torres en defensa de la gente sin techo, citó a Hélder Câmara para sostener que la revolución tendría lugar con la Iglesia o contra la Iglesia, e hizo un llamado a los obispos para comprometerse en las luchas del pueblo.

 

En diciembre de 1968, cincuenta sacerdotes celebraron una reunión en Buenaventura para discutir el impacto del Concilio Vaticano II y las conclusiones de Medellín. El grupo se denominó Golconda, en referencia al nombre de una finca donde se había celebrado una primera reunión, a mediados de ese año, para discutir la encíclica Populorum Progressio de Pablo VI. Sin embargo, la reunión de Buenaventura evidenció un rápido proceso de radicalización de los participantes, quienes produjeron el Documento final del segundo encuentro del grupo sacerdotal de Golconda, un manifiesto que hacía una interpretación revolucionaria de las conclusiones de Medellín. Según el testimonio de Vicente, además de los debates ideológicos, teológicos y políticos, en Buenaventura se trazó un plan de organización y se nombraron encargados de la dirección nacional y los responsables del movimiento en distintas regiones. El documento escandalizó a las élites colombianas de la época y en breve las jerarquías católicas amenazaron con amonestaciones, cambios de parroquias y otras sanciones a los sacerdotes firmantes. Entre 1968 y 1969 los mecanismos de coordinación del naciente movimiento quedaron rotos y solo un pequeño grupo, el más radicalizado políticamente, persistió en el movimiento. Entonces las figuras más visibles de Golconda fueron los curas Noel Olaya, Luis Currea, René García, Manuel Alzate y Vicente, acompañados de los sacerdotes españoles Carmelo García y Domingo Laín y la monja estadounidense Carol O’Flynn. Monseñor Gerardo Valencia Cano figuraba como la autoridad del movimiento, pero su participación fue contenida y ocasional.

 

Vicente Mejía. Medellín, S. XX. Anónimo.

 

Vicente participó en diversas protestas y actos de resistencia en los primeros meses de 1969. Durante este periodo los informes de agentes de inteligencia del Estado sobre las actividades de Mejía fueron filtrados cotidianamente al arzobispo Tulio Botero Salazar. En febrero fue detenido por las autoridades por oponerse nuevamente al desalojo de tugurios en la Estación Villa, justo cuando comenzaba una “Semana Camilista” en el tercer aniversario de la muerte del cura guerrillero. En la Semana Santa los sacerdotes de Golconda realizaron las misas con discursos y canciones revolucionarias en Bogotá y Medellín. Tras la realización de los actos litúrgicos en una parroquia de Bogotá, Domingo Laín fue detenido y expulsado del país, de la misma forma que unos meses atrás habían sido expulsados sus dos compañeros residentes en Cartagena, los misioneros españoles Manuel Pérez y José Antonio Jiménez. En Medellín, el acto central convocado por Vicente fue el sermón de las siete palabras, que difundió en forma masiva a través de la radio y con la ayuda de los sindicatos independientes. En sus palabras ante la feligresía del barrio Caribe, el cura trasmutó la pasión, la muerte y la resurrección de Cristo en un llamado a convertir el sufrimiento y la opresión en una fuerza revolucionaria para luchar por la salvación del pueblo. Este Sermón de las Siete Palabras fue publicado y distribuido con gran éxito por los sindicatos e inspiró el periódico Siete, que reunió a diferentes grupos de la izquierda revolucionaria en Medellín en los años siguientes. Pero también desató la ira de las élites locales y generó presiones para que el arzobispo amonestara a Mejía y a Gabriel Díaz, quien había organizado misas de protesta en Santo Domingo Savio. Botero Salazar ordenó cambiarlos a parroquias rurales, una decisión que fue resistida sin éxito por los curas con el apoyo de sus feligreses. Mejía fue nombrado vicario ecónomo en la parroquia de Yolombó, el mismo pueblo donde había estado a principios de los sesenta. Sin embargo, esta vez su paso por la parroquia terminó en pocas semanas por un conflicto con los notables locales, quienes lo acusaban de pertenecer a la guerrilla y de apoyar un paro cívico en la región. Rodeado en la iglesia del pueblo por simpatizantes y detractores, bajo amenazas de muerte, Vicente tuvo que regresar precipitadamente a Medellín escoltado por efectivos del ejército.

 

En octubre de 1969, René García, Manuel Alzate, Luis Currea y Vicente iniciaron una gira nacional en la Universidad del Valle y participaron en una manifestación en la Plaza de Caicedo para conmemorar la muerte del Che Guevara. Pero cuando los sacerdotes se desplazaban a Medellín para continuar la gira y participar en un evento en la Universidad de Antioquia, fueron detenidos por agentes de seguridad del Estado. En el mismo operativo, en otros lugares de Medellín, también arrestaron a una decena de líderes sindicales y populares por la sospecha de que tenían planeada una toma con tugurios en la recién inaugurada ciudad universitaria. Según algunos testimonios los levitas fueron golpeados por agentes de inteligencia, lo que generó polémica en la prensa nacional y un debate en el Senado. A finales de noviembre fueron liberados. Poco después fueron trasladados y exonerados de sus tareas pastorales, al mismo tiempo que Carmelo García y Carol O’Flynn eran expulsados de Colombia. La corta vida de Golconda estuvo marcada por una dura represión y por tensiones entre facciones más o menos proclives a la violencia como método revolucionario. Entre tanto, Domingo Laín, Manuel Pérez y José Antonio Jiménez regresaron clandestinamente a Colombia para incorporase a las filas del ELN.

 

A pesar de pertenecer al sector más radical de Golconda, Vicente no abandonó el sacerdocio pero quedó sin cargo eclesiástico. Quiso vivir de su propio trabajo y se convirtió en reciclador de basura. En este trabajo el cura harapiento y basuriego obtuvo alguna celebridad pública y el aplauso de las señoras caritativas de la ciudad, pero sobre todo adquirió experiencia sobre el proceso de reciclaje y se ganó la admiración de sus compañeros de oficio. Hombres y mujeres enseñaban al cura a trabajar con el cartón, el papel, los plásticos, los frascos y los huesos que dejaban los camiones, a organizar los materiales en bultos y llevarlos para la venta a las bodegas. Con el tiempo, el cura dejó el trabajo manual y comenzó a trazar la obra social a la que se dedicaría durante los años setenta: la creación de organizaciones económicas populares de los recicladores y tugurianos de Medellín. Rehabilitado por el arzobispo hacia 1973, pudo dar misa de nuevo y pasó a ser uno de los ayudantes del párroco en La América, sector de clase media en el occidente de Medellín. Allí arrendó un local en donde comenzó a funcionar la Corporación Social de Solidaridad con los Tugurianos, un proyecto de cooperativa de recicladores y una cooperativa de materiales de construcción. Allí también conoció a la ingeniera química argentina María Teresa Louys, quien fue asistente personal y asesora técnica en los proyectos. La cooperativa de reciclaje llegó a reunir cientos de trabajadores, a construir bodegas con maquinaria, tener vehículos de trasporte y canales de distribución entre las industrias. La cooperativa de producción de materiales tenía como epicentro el tejar La Margarita, pero este proyecto no logró funcionar bien por la precariedad de la maquinaria. La Corporación contó con el apoyo de fundaciones ecuménicas europeas, especialmente de Suecia, que facilitaron parte de la financiación —también se vincularon algunos empresarios y políticos locales— para formación de las cooperativas, la adquisición de maquinaria, el pago de locales y salarios. Vicente viajó a Suecia, donde recibió una calurosa acogida y obtuvo los fondos para el desarrollo de sus proyectos. Las cooperativas eran el complemento de un trabajo político permanente, más silencioso, adelantado entre los tugurianos y los ocupantes de tierra en Medellín. Desde finales de los sesenta, Vicente había participado decididamente en la conformación de juntas directivas, luego denominados comités populares, que servían como organizaciones de base independientes de las juntas comunales controladas por los partidos tradicionales. Estas organizaciones, influidas de forma decisiva por la izquierda revolucionaria, jugaron un papel central en la toma de terrenos y en la formación de nuevos asentamientos en diversos puntos de la ciudad, como los barrios Camilo Torres, Fidel Castro y Lenin, por solo citar algunos nombres.

 

A mediados de los setenta comenzaron a surgir conflictos entre los tugurianos por el empleo de los recursos de las cooperativas, pero también por diferencias políticas entre sectores de la izquierda revolucionaria, cuyos miembros participaban en los proyectos. Hacia 1978 estos conflictos se agravaron por incendios, al parecer provocados por agentes de seguridad del Estado, que destruyeron instalaciones y equipos de la cooperativa de recicladores. En ese mismo año, la situación para el trabajo de Vicente se volvió más compleja con la promulgación del Estatuto de Seguridad Nacional y la elección de Alfonso López Trujillo como nuevo arzobispo coadjutor de Medellín. Si con el Estatuto de Seguridad los militares adquirieron mayor poder y se multiplicaron las detenciones arbitrarias, las torturas y las desapariciones en diferentes lugares del país, con la llegada a Medellín del líder del sector más conservador de la Iglesia latinoamericana se profundizó la purga contra los sectores progresistas del clero. En 1979, Vicente y María Teresa Louys quedaron envueltos en una trama por la posesión de un arma de fuego y por esconder a un guerrillero. Advertidos de que eran perseguidos por la inteligencia del Estado y de que su detención por los militares era inminente, decidieron salir de Medellín hacia Cali, y de allí hacia Ecuador a través de un paso fronterizo selvático. En Ecuador, la pareja decidió casarse y Vicente abandonó el sacerdocio católico. En Medellín, la fuga de la pareja fue aprovechada por las élites locales y los sectores inconformes entre los tugurianos para difundir la idea de que Mejía se había fugado con su amante y robado el dinero de los proyectos de cooperación sueca destinados a los pobres. Vicente acepta que hubo problemas en la administración de los recursos y la ejecución de los programas por la inexperiencia empresarial de los recicladores y algunos errores propios, pero niega categóricamente la apropiación de dineros, una afirmación que atribuye a la propaganda militar para atacar su integridad moral en la defensa de los desposeídos.

 

 

En los años ochenta Vicente y María Teresa iniciaron un prolongado exilio que los llevó a Perú, México, Francia, Bélgica, Estados Unidos, Guatemala, Uruguay y Ecuador. Hace poco, después de tres décadas de exilio, Vicente Mejía, el cura que escandalizó a Medellín, regresó al país. UC

Vicente Mejía fotografiado por Óscar Calvo en Ibarra, Ecuador. 2012.

Vicente Mejía – Un cura de armas tomar y desarmado

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