HOMENAJE A GERARDO VALENCIA CANO: EN SU CUMPLEAÑOS; AGOSTO 26  


Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP*

 

Cómo no recordar a Gerardo en su cumpleaños, y cómo no dar gracias a la Esencia Divina de la Vida, por el regalo de la vida de Gerardo, en medio de su familia, con sus amistades, por su ministerio; en el Seminario de Yarumal, en el Vaupés, en Buenaventura y sus ríos, en el CELAM, y con las misioneras USEMI?

 

Se le recuerda como hermano, amigo, pastor, religioso, músico-compositor, místico, hombre comprometido, hombre de fe!

 

Imposible olvidar, las enseñanzas, y los desafíos que con su palabra y testimonio nos movieron el piso, a quienes estuvimos cerca de él compartiendo la vida.

 

Para llegar hacia Gerardo no había que hacer fila, ni pedir cita, lo mismo atendía, en el atrio, en el bus, en la calle, en la sacristía, en el comedor, que en la oficina. No tenía chofer, ni guardaespaldas. El mismo manejaba la camioneta del Vicariato, ayudaba llevando las remesas de las misioneras al embarque del rio Calima, sin que por ello perdiera su dignidad episcopal. Era inquieto, de andar de ligero, de prisa, con las antenas puestas, siempre atento al acontecer de la realidad no solo de la isla Cascajal=Buenaventura, sino del mundo entero.

 

De él, escuchábamos las noticias de Tanzania, (Africa), Estados Unidos, América Latina, Inglaterra, Israel, como si estuviera hablando  del Barrio Calimita, Pueblo Nuevo, La Independencia, o La Marea. No teníamos T.V. no había internet ni computadores, solo un radio, que apenas si entraba la señal si es que energía había, cuando la planta servía. Con él, vivíamos informadas. Escucharle era una delicia, era un gran comunicador.

 

Hombre sencillo, de mirada profunda, vestir austero, gozón de las cosas simples y sencillas; “a mí, dame, mazamorra, y el dulce de brevas con arequipe”. Nada exigente en la comida, lo que se le servía eso comí.

 

Aplicó y vivió en intensidad lo que se comprometió a cumplir cuando se adhirió al Pacto de las Catacumbas, en la catacumba de Santa Domitila-Roma, Nov 16 1965 en unión de 40 obispos, liderados por Dom Helder Cámara, con quien le unía una gran amistad, al igual que con Mons. Leonidas  Proaño, Samuel Ruiz y Pedro Casaldaliga y otros más.

 

El mencionado “pacto” es una invitación a los “hermanos en el episcopado” a “vivir en pobreza” y ser una Iglesia “servidora y pobre” como lo quería Juan XXIII y lo ha venido manifestando el Papa Francisco.  Proponen los firmantes despojarse de símbolos o privilegios de poder trabajando con los pobres y por lo pobres, haciéndoles centro fundamental de la Iglesia para el Reino de Dios.

 

¿Tendrá lo anterior algo que ver con lo que dice Francisco de  “oler a ovejas”?

Yendo más lejos, Gerardo y los demás obispos conciliares que firmaron dicho documento, acaso con este hecho, no estaban firmando un documento en que implícitamente estaban diciendo: no al clericalismo?

 

He aquí el documento al que Gerardo se adhiere y nos invita a cumplir:

 

“Nosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza según el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunción; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Señor Jesucristo, con la oración de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas diócesis; poniéndonos con el pensamiento y con la oración ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras diócesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero también con toda la determinación y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:

  1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.
  2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.
  3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc, a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.
  4. En cuanto sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.
  5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de Padre. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.
  6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.
  7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.
  8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis.
    Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.
  9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.
  10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.
  11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:

* a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
* a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.

  1. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así,
    * nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
    * buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;

* procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores;
* nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.

  1. Cuando regresemos a nuestras diócesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.

Que Dios nos ayude a ser fieles (1)

 

Además de todo lo que fue la vida de Gerardo, como líder espiritual y pastoral pide al clero del Vicariato, vivir como viven los pobres con un salario mínimo, empezando por él mismo. En Enero de 1972 el salario mínimo era de $1.500.oo, (pesos col) hoy, 42 años más tarde, ese salario mínimo esta en $616.000.oo (pesos col).  El Decreto #44 expedido Enero 14 de 1972,(2) lo dejó firmado en su escritorio en la mañana, para hacerlo llegar, a sus sacerdotes hermanos, a quienes ya se los había anunciado. En la tarde estaba en Medellín, para dirigirse a Yarumal a una reunión con sus hermanos javerianos, le faltaban pocos días para entregar su vida en Los Farallones de Ciudad Bolivar, en el fatal accidente del 21 de Enero del mismo año.

 

 GRACIAS ESENCIA DIVINA POR LA VIDA DE GERARDO. Y A TI GERARDO GRACIAS POR TU TESTIMONIO Y COMPROMISO EN EL PROYECTO DE JESUS DE NAZARETH

 

BIBLIOGRAFIA:

 

 

 

 

*Presbitera Católica Romana

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