¿Noticias de verdad sobre monseñor Romero?


Carlos Ayala Ramírez, director de Radio YSUCA
26/08/2014

Distintos medios de comunicación dieron a conocer las declaraciones del papa Francisco sobre su deseo de una beatificación expedita de monseñor Óscar Arnulfo Romero, pues se han cumplido todos los requisitos procesales. La noticia constata lo difícil que es ahora ignorar al obispo mártir; su testimonio y aporte son reconocidos en la Iglesia y en la sociedad global. Si hacemos memoria, debemos recordar que incluso en los momentos en que se tenían los vientos en contra, tanto dentro como fuera de la Iglesia, su legado no logró ser silenciado ni enterrado. No obstante, todavía quedan corrientes que, aunque ya no pueden desconocer que Romero fue un pastor que luchó por alcanzar la paz y la justicia en El Salvador, persisten en sus intentos por manipular su trayectoria. Es el caso de algunos medios informativos que hacen pasar la opinión propia como noticia, mezclando el hecho con una interpretación ideológica del mismo. El resultado: manipulación o distorsión de la realidad a través del ejercicio periodístico. Eso es lo que ha ocurrido, por ejemplo, en la cobertura de La Prensa Gráfica —cuyo lema es “Noticias de verdad”— a ese acontecimiento eclesial.

La nota del matutino comienza destacando lo que dijo Francisco sobre la beatificación de monseñor Romero. Luego, pone un ligero contexto en el que afirma que “Romero denunciaba la represión de los militares salvadoreños al inicio de la guerra interna de 1980-1992, y fue asesinado en 1980”. Y de inmediato, pasa al comentario: “Romero fue uno de los principales proponentes del movimiento de la teología de la liberación, que la Congregación de la Doctrina de la Fe del Vaticano en los años 80 buscó acallar por temor a los elementos de marxismo que contenía”. Lo publicado en la noticia de La Prensa Gráfica es falso en varios sentidos, y dada la importancia y naturaleza del tema, consideramos oportuno aclarar algunos puntos.

En primer lugar, monseñor Romero no es un “proponente” de la teología de la liberación, si por ella entendemos el movimiento teológico latinoamericano que empezó a sistematizarse a principios de la década de los setenta. Todo lo contrario: Romero fue un crítico de esta. Son conocidos sus escritos de inicios de esa década, publicados en el semanario católico Orientación, donde plantea claramente un rechazo y distanciamiento frente a lo que él denominaba “ciertas teologías a la moda, que se alejan del depósito de la fe”. Recordemos que monseñor no fue elegido Arzobispo porque fuera liberal o avanzado, sino por su tendencia tradicionalista y conservadora. Cierto es también que su fe cristiana profunda, su inserción en el mundo de los pobres, su capacidad de indignación ante la injusticia y su alto espíritu de compasión ante el sufrimiento humano lo llevaron a comprender que la Iglesia y la teología que surgían en América Latina no eran rechazadas por los poderosos porque fueran marxistas, sino porque habían optado por los pobres, la justicia y la liberación. Hablar de monseñor Romero como uno de los impulsores de la teología de la liberación es, por ende, desconocer el origen histórico de esta teología, es asumir el prejuicio ideológico como un hecho; en definitiva, es distorsionar la realidad.

En segundo lugar, se pretende asociar a monseñor Romero con la teología de la liberación, asumiendo que esta tiene un principio ajeno o contrario a la fe, y que ha sido “acallada” por la ortodoxia católica. También aquí hay desinformación y mentira. El mismo texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1984, al que hace referencia la noticia, reconoce la legitimidad de esta teología al señalar que ha surgido de “una preocupación privilegiada, generadora de compromiso por la justicia, proyectada sobre los pobres y las víctimas de la opresión”. Y subraya que la llamada de atención —no “acallar”, como refiere La Prensa Gráfica— “de ninguna manera debe interpretarse como una desautorización de todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a la ‘opción preferencial por los pobres’. De ninguna manera podrá servir de pretexto para quienes se atrincheran en una actitud de neutralidad y de indiferencia ante los trágicos y urgentes problemas de la miseria y de la injusticia”.

El documento explica, además, que la “aspiración a la liberación toca un tema fundamental del Antiguo y Nuevo Testamento”, y que el concepto “teología de la liberación” es plenamente válido: “Designa una reflexión teológica centrada sobre el tema bíblico de la liberación y de la libertad, y sobre la urgencia de sus incidencias prácticas”. Que en el texto se reconociera la importancia de la liberación para la fe cristiana —por mucho tiempo olvidada en la teología oficial— fue, en gran medida, gracias a la teología de la liberación. Por tanto, se equivocan quienes pretenden cuestionar la labor pastoral de monseñor Romero asociándolo a una teología presuntamente “acallada”. Y no solo se equivocan, sino que mienten, porque hubo un reconocimiento oficial de la necesidad y urgencia de una teología de la liberación para la fe y la práctica cristiana.

En tercer lugar, hay que recordarle a los medios mal informados o sesgados que el término “liberación” es central en la revelación y en la proclamación evangélica. Junto con la “salvación”, es uno de los términos fundamentales para expresar la acción divina y, en el Nuevo Testamento, para caracterizar la acción y mensaje de Jesús de Nazaret. En el Éxodo, se manifiestan de manera admirable las características esenciales del Dios de Israel: actúa por amor compasivo hacia los que llama su pueblo; conoce bien los sufrimientos de los suyos, oye sus clamores y no permanece indiferente, porque el sufrimiento y el clamor de los desvalidos conmueve su corazón, y, en consecuencia, reacciona liberando a su pueblo. La liberación, pues, no es un tema teológico entre muchos, menos una moda, sino algo central de la revelación (del modo de ser de Dios) que ha sido efectivamente recuperado por la teología que surgió en América Latina. Para el teólogo Jon Sobrino, «lo específico de la teología de la liberación consiste en un modo concreto de ejercitar la inteligencia, guiado por el principio liberación”. Es decir, no es solo un tema, sino un principio (fundamento) que pone en marcha un proceso intelectual y que ofrece siempre un sentido y una luz determinada. A tal grado es esto así, que se llega a afirmar que la teología es liberadora o no es teología.

De monseñor Romero se sabe que fue un conocedor de la teología del Vaticano II y que su pensamiento se concretó cada vez más en las intuiciones fundamentales de Medellín y de Puebla: la liberación integral y la opción preferencial por los pobres. De ahí que se estima que su teología puede considerarse de la liberación, es decir, una teología cristiana, basada en la revelación de Dios, en la tradición y en el magisterio de la Iglesia. Fue también una teología latinoamericana, porque recogió y respondió —desde una perspectiva bíblico-pastoral— a los sufrimientos y esperanzas de los pueblos del subcontinente. Creyó en un Dios-Amor, que desciende para defender y liberar a los oprimidos. Es esta la raíz de su pensamiento teológico, de su ministerio, de su vida, de su martirio y de su pronta beatificación. Sin duda, esto es lo que tiene presente el papa Francisco al pedir un proceso expedito. Muchos de estos aspectos deberían estar presentes en los medios informativos para que, al hablar de este tema, sus publicaciones sean auténticas noticias de verdad.

 

http://www.uca.edu.sv/noticias/texto-3127

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