COLOMBIA: CATEDRA DE LA PAZ


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“Jesús y la reforma de la Iglesia” JOSÉ MARIA CASTILLO Teólogo.


VIDEO, PONENCIA COMPLETA

 

https://www.youtube.com/watch?v=Z8d_KLJ5bEY#t=45

 

Duración: 1.10 h.

Las comidas de Jesús: JOSÉ MANUEL BERNAL


24.03.12 | 16:02. Archivado en Eucaristía

Se constata hoy un interés creciente por conocer la existencia y el sentido de las comidas de Jesús. Yo voy a fijarme aquí exclusivamente en las comidas relatadas por los sinópticos. El más importante es Lucas; en su evangelio se relatan nueve de estas comidas, incluidos los dos relatos de la multiplicación de los panes. Para elaborar esta breve reflexión voy a inspirarme en un interesante libro de Luis Maldonado: «Eucaristía en devenir», Sal Terrae, Santander 1997.

Hay que relacionar estas comidas con la última cena y con las comidas celebradas por el Resucitado con los discípulos. En este marco debemos situar contextualmente la primitiva celebración de la fracción del pan. Existe un nexo entre la eucaristía de la comunidad primitiva, las comidas con el Resucitado, la última cena y las comidas de Jesús antes de la cena. Este conjunto convivial marca, sin duda, el soporte antropológico y cultural de la eucaristía cristiana.

En primer lugar hay que hablar de la “mesa de la hospitalidad”. Es la nota principal de las comidas de Jesús. Se percibe esta dimensión tanto en la comida en casa de Zaqueo (Lc 19, 5-6) como al ser acogido Jesús en casa de las hermanas Marta y María (Lc 10, 38-42). Estas comidas, donde la hospitalidad y la acogida son la nota dominante, se sitúan en el marco de los viajes y desplazamientos de Jesús. Las comidas, sobre todo en el evangelio de Lucas, jalonan el laborioso VIAJE de Jesús a Jerusalén. Trasponiendo esta reflexión a la experiencia cristiana, Maldonado afirma que «la eucaristía es la expresión suprema de la hospitalidad» (o.c., 90). El emplazamiento de las comidas en el marco del gran viaje de Jesús a Jerusalén nos permite, además, interpretar estas comidas como símbolo de la Iglesia que camina, alimentada con la eucaristía y como pueblo peregrino, hacia el gran banquete mesiánico.

Las comidas de Jesús se definen también como la “mesa del perdón”, a la que son convocados, como comensales, los publicanos y los pecadores (Mt 9, 10-13). «Los discípulos de Jesús, reunidos en torno a él a través de la comensalidad compartida, dejan un sitio generoso a los que vienen de fuera y son pecadores, pero desean abrirse a la misericordia del Padre» (o.c., 82). Esto nos permite pensar que la eucaristía es también «el sacramento central del perdón» (o.c., 82), el signo de la acogida, de la reconciliación y de la misericordia.

Estas consideraciones me llevan de la mano a destacar otro aspecto de las comidas. Éstas constituyen la “mesa de la reunión” y de la acogida. La mesa reúne a los dispersos, a los diferentes, a los enfrentados. La mesa reúne, abre la casa y descubre el corazón. Es la mesa de la amistad compartida, la mesa de la comensalidad. Por eso «el sentido de la eucaristía es ser lugar de encuentro y comunión entre los de dentro y los de fuera, entre los de cerca y los de lejos, para ir formando de ese modo el único cuerpo que Dios quiere que sea la humanidad por él creada a imagen del cuerpo de su Hijo» (o.c., 81).

También hay que hablar de la “mesa de los pobres”. Los invitados a la mesa, en la perspectiva de Jesús, son los excluidos de la sociedad, los marginados, los mal vistos, los pecadores y los pobres. Esta perspectiva se destaca vigorosamente en la comida celebrada en casa de un fariseo importante (Lc 14, 1-25). Al gran banquete, animado por una comensalidad abierta y universal, son invitados todos «los que andan por caminos y cercas» (Lc 14, 23), «los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos» (Lc 14, 21). Estos son los comensales, los invitados a la mesa del Señor. Para que la eucaristía realice su función de solidaridad fraterna, trascendiendo la pura dimensión del símbolo, debe abrirse a los pobres, a los excluidos, a los desheredados de este mundo. Me sobrecogen estas palabras de Maldonado: «Aquí aparece toda la fuerza revolucionaria, contracultural, de una comunidad cristiana. Éste es el reino que quiere Jesús: un reino que celebra la comida de los hermanos reconciliados» (o.c., 101).

Finalmente hablamos de la “mesa de la eucaristía”. Los relatos de la multiplicación de los panes y el encuentro convivial con los de Emaús reproducen intencionadamente los mismos gestos que realizó Jesús en la última cena. Esos gestos quedaron definitivamente grabados en el subconsciente de la comunidad primitiva y eran reproducidos en la fracción del pan, en la eucaristía. Estas comidas, la última cena y las celebradas con el Resucitado, se definen por su referencia al triunfo trágico de Jesús sobre la muerte. Ese es el núcleo medular de su significado. Puede decirse que representan la comunidad de mesa con el Resucitado.

Quizás podamos concluir estas brevísimas reflexiones apuntando la idea de que, en la intencionalidad de los sinópticos, se perfila la pretensión de establecer un nexo de unión entre las comidas de Jesús y la fracción del pan celebrada por la comunidad cristiana primitiva. Las comidas, tan polifacéticas y ricas de sentido, nos acercan a la eucaristía, ofrecen una base de interpretación y la llenan de sentido. La evocación de las comidas de Jesús, realizada desde la experiencia de una comunidad cristiana consolidada, solo se explica desde la experiencia celebrativa de los evangelistas. Las comidas son un anuncio de la eucaristía; y ésta nos permite hacer una interpretación adecuada y pertinente de las mismas.

 

http://blogs.periodistadigital.com/jose-manuel-bernal.php/2012/03/24/las-comidas-de-jesus

 

GUATEMALA: “SEMINARIO BIBLICO-TEOLÓGICO” DE CEDEPCA


Desde CEDEPCA nos da mucha alegría compartir que el programa que hemos  conocido en el pasado como el “Programa de Formación Bíblico – Teológica” se ha convertido en el “Seminario Bíblico – Teológico” de CEDEPCA.

 

Este proyecto inició hace dos años; y durante este tiempo recogimos los sueños e ideas de estudiantes, docentes, amigos y amigas de CEDEPCA que nos motivaron a desarrollarnos. Fue así como en el segundo semestre del 2013 concretamos este sueño con el diseño de este proyecto, proyecto que fue aprobado por la honorable Asamblea de CEDEPCA el 29 de Agosto del 2014.

 

En este diseño se han integrado las ideas y aportes de estudiantes, docentes, personal y Junta Directiva de CEDEPCA, y la asesoría de una persona experta en el tema.

 

Nuestro desarrollo de Programa a Seminario no ha cambiado nuestros objetivos que nos han orientado siempre hacia  una Educación Bíblica y Teológica desde una perspectiva transformadora y liberadora.

 

Agradecemos a Dios por hacernos parte de su misión y por dirigir nuestros caminos; así también agradecemos a todas las personas que apoyan continuamente el trabajo de CEDEPCA, especialmente a quienes apoyan la educación bíblico – teológica.

 

¡Que cada persona con liderazgo cristiano en Guatemala, reciba una educación bíblico – teológica transformadora!

M.A. Neli Miranda                                                                  Licenciada Judith Castañeda
Decana                                                                                   Coordinadora General

 

REMITIDO AL E-MAIL

COLOMBIA: Sergio Urrego


Además de algunos docentes y directivas del colegio donde estudió, detrás del suicidio de Sergio Urrego también están los discursos de políticos como Roberto Gerlein, Alejandro Ordóñez y Marco Fidel Ramírez, quienes se dedican a enseñarle al mundo la manera “correcta” de vivir.Suicidio Sergio Urrego

Tenía 16 años, era inteligente, hábil para comunicarse, buen estudiante y, por lo que dice su nota de despedida, supongo que buen hijo y buen nieto.Era gay y tuvo una relación con un compañero del colegio. Se suicidó.

Me imagino una historia como la que cuenta Fernando Molano en su libro “Un beso de Dick”: un amor adolescente, a ratos confundido, un amor lleno de preguntas, empujado por la emoción de los encuentros y asustado por lo que podría pasar si se enteraran.

Se enteraron. A Sergio le confiscaron el celular en el colegio y allí encontraron una foto suya con su novio. Se besaban.

Eso bastó para que iniciara un proceso de entrevistas y preguntas, un proceso en el que buscaban culpables. El crimen era claro: dos muchachos se besaban.

Así que llamaron a los padres. Los de Sergio apoyaron a su hijo. Los del otro muchacho necesitaban culpables, no su hijo, otro. Así que denunciaron a Sergio por acoso sexual. Los padres, no el muchacho.

Y el colegio actuó febril y diligente y empezó la represión, se negaron a entregarle el boletín de notas y hubo más entrevistas y más preguntas, había que encontrar un culpable. La psicóloga hizo la miserable labor que aún hacen muchos de sus colegas: usó su lugar para exigir más, para poner más trabas, para aumentar la presión. A Sergio le informaron de la denuncia el 12 de julio.

Dejó varias notas de despedida. Su intención era clara y quiero honrarla: “… No quiero que los 16 años de vida que tuve se hallen con una oscura mancha llena de mentiras.”

Así que se tomó el tiempo de registrar los chats con su exnovio para que se viera que no hubo acoso. Solo puedo imaginar el dolor de ese proceso, tener que demostrar que nunca abusó de su pareja, que todo fue consentido y que el gran crimen era simple: se besaban.

Diecisiete días después, el 4 de agosto, Sergio Urrego se lanzó al vacío. Su carta de despedida dice: “me lamento de no haber leído tantos libros como hubiese deseado, de no haber escuchado tanta música como otros y otras, de no haber observado tantas pinturas, fotografías, dibujos, ilustraciones y trazos como hubiese querido…”

Al funeral fue casi todo su curso. Faltaron dos de sus compañeros. La reacción del colegio fue obligar al grupo a reponer el día, porque asistieron sin permiso como si se hubieran ido de fiesta. En esa reunión no hubo palabras de duelo para Sergio, lo llamaron: “anarco, ateo y homosexual”.

A Sergio lo mató la discriminación. Que sepamos, nadie lo golpeó, bastaron las palabras. Los discursos que señalaban lo “normal” y lo “anormal”. Los discursos moralistas de las autoridades del colegio. Me imagino esas reuniones y me dan náuseas.

Y lo mató la mentira. La que inventaron los padres del otro muchacho para negarse a lo evidente, para tratar de evitar lo inevitable: reconocer a su hijo como es. Y en toda esta tragedia, pienso en el muchacho y siento una inmensa compasión por él.

Pero a Sergio también lo mataron los discursos de políticos como Roberto Gerlein, Alejandro Ordóñez,Marco Fidel Ramírez, Clara Sandoval, Claudia Wilches, María Fernanda Cabal, Javier Suárez Pascagaza y de otros tantos que fungen de ciudadanos ejemplares y hablan de “comunismo ateo”, “dictadura homosexual” y “mafia LGBT”.

Escudándose en una supuesta moral intachable, denigran, insultan y mancillan todo lo que perciben propio de ese “estilo de vida homosexual” que tanto les aterra. Esos que se la pasan enseñándoles a otros cómo vivir la vida que ellos no van a lograr.

Miserables de espíritu que no miden el efecto y el impacto de sus palabras. Fariseos hipócritas que se rasgan las vestiduras por la “protección de los niños”, pero que no son capaces de reconocer que hay menores homosexuales, como Sergio, cuyo único crimen es simple: besarse con otros niños.

Llevo casi veinte años como activista. Algunos días el cansancio me vence, dan ganas de irse de viaje y de no enterarse de nada más, de cerrar la causa. Pero hechos como el de Sergio me hacen volver. Mientras haya un muchacho o una chica que se suicide por discriminación, siento que la sangre arde, que la causa obliga, así que refuerzo el espíritu y continúo.

Porque no quiero más Sergios ¡No más!

Enlaces relacionados:

El suicidio de un joven homosexual

Ser homosexual y ser feliz

Proteger a los niños de la diversidad sexual y de géneros

 

 

http://sentiido.com/sergio-urrego/

COLOMBIA: SOBRE SERGIO URREGO. PABLO LETAL


Ha sido inevitable que todo esto de Sergio haya revivido “las cicatrices de risas en la espalda” que aún conservo de mi infancia y mi adolescencia… Es recordar los dolores, la impotencia y la indefensión que se siente el no poder enfrentarse a un monstruo conformado por familia y escuela (por sólo hablar de los vinculos primeros y aparentes), recordar que cada palabra, cada burla, cada injuria sumados al silencio còmplice de maestros y maestras (cuando no de estas mismas acciones) se convertían en un golpe al alma y el cuerpo que se traducía en una ortopedia corporal porque era este el lugar que delataba, era tu existencia la que se develaba. A eso se sumaban los comentarios en voz baja de tu familia y el regaňo consecuente por sentarse así, hablar así y verse así. En esos momentos vivì esa sensación de extrañeza desdoblada donde no se quiere ser/hacer lo que se es/hace pero no se puede dejar de ser/hacer lo que se es/hace. Hoy siento rabia, mucha tristeza, mucho odio también. Extrañamente no sólo por Sergio, lo siento por mi, por ese niňo mariquita que hoy convertido en Pablo y quizá sólo un poco más masculinizado guarda en cada movimiento de su cuerpo las cicatrices de las acciones y las injurias que le formaron hoy, también lloro por las historias de estos queridos amigos míos que en medio de este contexto hemos podido abrirnos para hablar de esos niňos (ellos) que en un pasado tuvieron que amputarse la vida también. Pero hoy sobre todo lloro porque no es un Sergio, son cientos de ellos y ellas que tendrán que seguirse cortando las alas para volar. Hoy no sólo lloro, también he recordado cuánto les odia (con lo políticamente incorrecto que sea odiar) aquel chiquillo que aún está adentro a todos y todas las que fueron actores de esa historia de dolor.
Remitido al e-mail
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http://periodismo-alternativo.com/

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