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MEXICO: Iguala: 43 desaparecidos, 43 historias (primera parte)


Presentamos la primera parte de una serie de perfiles de los normalistas raptados por la policía de Iguala, elaborados a partir de lo que sus amigos y familiares ponderan de sus hijos y compañeros, cuya presentación con vida reclaman sin titubeos.

En la Normal Rural de Ayotzinapa, la ausencia de los 43 jóvenes desaparecidos por la Policía Municipal de Iguala, Guerrero, el pasado 26 de septiembre, se siente de una forma especial: se siente con su presencia multiplicada por 5 mil, en carteles que sus compañeros ordenan metódicamente, cada uno con el rostro de uno de los normalistas secuestrados, para marcarlos en una esquina con un sello de la escuela, uno por uno. Y con esos 5 mil carteles, los normalistas buscarán hacer presentes a sus compañeros secuestrados en todas las calles de Chilpancingo, donde este martes se prevé que los alumnos de Ayotzinapa se manifiesten.

Por ello, sumándonos al esfuerzo de hacer presentes a estos jóvenes secuestrados, que le faltan no sólo a Ayotzinapa, sino al país entero, hoy presentamos la primera parte de una serie de perfiles de los normalistas raptados por la policía de Iguala, elaborados a partir de lo que sus amigos y familiares ponderan de sus hijos y compañeros, cuya presentación con vida reclaman sin titubeos.

 

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Jhosivani es un joven de 20 años, “delgado y de cara espigada”. Así lo describen sus familiares, y por sus ojos rasgados, sus compañeros normalistas lo apodan Coreano. “Él es de los hermanos pequeños, y es un joven que asistió aquí (a la Normal de Ayotzinapa) por la necesidad que se vive en el municipio y en el estado.”

Con amabilidad, sus familiares aceptan hablar, aún ante la certeza de que la prensa ha contribuido al ambiente de criminalización en contra de estos jóvenes, que se forman en esta escuela-internado, para convertirse en maestros de primarias rurales.

“Nosotros somos de Omeapa, que es una comunidad que está a 15 minutos de la cabecera municipal, Tixtla, y aún así se vive con mucha carencia, con mucha falta de servicios. Para ir a la secundaria y a la preparatoria, Jhosivani tenía que caminar cuatro kilómetros hasta la carretera, para tomar el transporte, y luego caminaba esos mismos cuatro kilómetros de regreso. Toda la familia se dedica al campo y, al ingresar a la Normal, él buscaba una oportunidad de sobresalir, aspiraba a tener una profesión y ayudar a la comunidad, porque en Omeapa mandan maestros que no son de aquí, son de lejos, y son profesores que no le ponen suficiente interés a la niñez para que pueda tener un conocimiento más amplio, y si los niños quieren algo un poco mejor, tienen que ir a las escuelas de Tixtla.” Por eso Jhosivani quiere ser maestro en Omeapa.

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Luis Ángel es de la Costa Chica, de San Antonio, municipio de Cuautepec. Le apodan Amiltzingo, siguiendo la tradición escolar de repartirse motes. “De entre los compañeros desaparecidos, él es uno de los que más siento su ausencia –dice uno de sus amigos, luego de llorar por algunos segundos, al ver su fotografía–. Él es muy cariñoso con su mamá, con sus hermanos, muy amigable, y si bien es cierto que casi no hablaba, cuando entró a la Casa Activista (comité en el que los normalistas pueden inscribirse de forma voluntaria para recibir formación política), él cambió, y yo le dije una vez ‘cosa fiera te has vuelto’, porque argumentaba muy bien. Cuando acabamos nuestra primera semana a prueba como normalistas, toda mi sección había quedado de ir a mi casa a que comiéramos, nos bañáramos en la presa y nos divirtiéramos, pero ese día, Luis Ángel fue el único que me acompañó, y comimos y cortamos mangos y fuimos a la presa y jugamos futbol… Él es uno de los que más siento su ausencia…”

De los 20 jóvenes de reciente ingreso a la Normal que se inscribieron a la Casa Activista, diez están entre los 43 normalistas raptados el 26 de septiembre.

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A Marco Antonio, los normalistas lo apodan Tuntún. “Él es mi amigo –dice uno de sus compañeros, y llora por lo bajo–, me llevo muy bien con él, tiene como cinco años que lo conozco, compartimos tocadas de rock, le gusta mucho Saratoga, Extravaganza, los Ángeles del Infierno. Él es de Tixtla y su papá no está, no existe… y su mamá es gente humilde, pero trabajadora. Marco Antonio es compañero de la Casa Activista de la Normal y es bien alegre, siempre echaba relajo, y yo por más que trataba de enojarme con él, no podía: siempre me hacía reír. Él es así, relajista, le gusta mucho bromear. Yo soy serio, pero con este compañero nunca me pude enojar, aunque él moliera…”

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A Saúl lo conocen como Chicharrón, y es “desmadroso hasta donde más no se puede. Es de los que trata de hacerte reír hasta donde más, muy bromista, muy amigable. Él fue el que me rapó, él nos rapó a todos los de la Casa Activista, con la maquinita, y yo tenía fotos de ese momento en mi celular, pero los policías me lo quitaron (el 26 de septiembre)”.

Su mamá, primero desconfía, pero luego suelta su enojo: “¡Nos tienen que ayudar! Mi hijo Saúl tiene 18 años cumplidos y es de Tecuanapa, yo soy campesina… A mi hijo le falta un dedito –dice, y se mira el dedo anular de la mano izquierda, con añoranza–, cuando estaba chiquito lo mordió el molino, estaba moliendo mi cuñada y él metió la mano en la banda, estaba jugando, y le cortó su dedo y el otro, el dedo medio, se lo cosieron y quedó así, no estaba derechito…”

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Jorge Antonio “tiene 20 años –dice su mamá–, y es de aquí, de Tixtla… Él tiene un hoyito en la mejilla izquierda y estaba llenito, pero luego adelgazó, porque la mayoría de los muchachos aquí están delgados…”

La Normal de Ayotzinapa cuenta con campos de cultivo donde los alumnos siembran granos y hortalizas, y en donde tienen, además, algunas vacas y cerdos, con lo cual cubren parte de su alimentación, ya que los recursos que para dicho fin destina el gobierno estatal “nunca alcanzan”, dice uno de los 500 estudiantes que viven en este plantel, “siempre hace falta”.

Desde que la Policía Municipal de Iguala emboscó, el pasado 26 de septiembre, a los normalistas que habían acudido a dicho municipio para realizar una jornada de boteo, además, el gobierno estatal suspendió totalmente el abasto de alimentos a la Normal.

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Abel tiene 19 años, señala su padre, un campesino indígena de la región de Tecuanapa. “Él tiene una mancha atrás de la oreja derecha. Él tiene como 1.62 de altura y es delgado, flaquito. Somos del campo…”

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A Carlos Lorenzo lo bautizaron sus amigos como “el Frijolito” y es de la Costa. Se trata de un joven de 19 años, “un chamaco”, caracterizado por ser “muy amigable, muy humilde, y muy parlanchín también, pero siempre en la disposición de ayudar a las personas”. Hace algunas semanas, recuerdan, “vinieron a la Normal unos señores de Tixtla que tenían un enfermo y necesitaban donadores de sangre. Y el Frijolito fue el primero en ponerse de pie, al final, fuimos seis compañeros a donar, y él fue el único que pasó todos los exámenes, porque todos los demás no la hicimos. A mí me declararon principios de anemia; a otro, principios de gripa; uno más fue descartado, porque tenía un dolor muscular en la pantorrilla, y así, al final sólo Carlos pudo donar, y ayudó a esas personas”.

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Adan Abraján es del Barrio de El Fortín, en Tixtla, localidad resguardada por la Policía Comunitaria. “Yo lo conozco desde hace cuatro años, a él lo conocí jugando futbol, los dos estábamos en un equipo de futbol, los Pirotécnicos de El Fortín, él vive por ahí, jugábamos futbol en el mismo equipo… Él debe de tener 20 años. Él es un amigo mío. Su mamá trabaja en su casa, su papá es campesino…”

 

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Felipe Arnulfo “tiene 20 años –dice su padre, un anciano indígena, que articula con suma dificultad algunas palabras en español–. Somos de Rancho Papa, municipio de Ayutla. Somos campesinos.”

Felipe se cayó de espaldas siendo chiquito, narra, con ayuda de otro padre que traduce sus palabras, “y tiene una cicatriz en la nuca”.

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Emiliano Alen lo bautizaron como “Pilas”, porque es tranquilo e inteligente. “No da relajo, él es de los pocos que llevan orden, es sereno y razona mejor las cosas, le gusta tener todo ordenado, en su lugar”. Emiliano fue uno de los 20 alumnos de primer ingreso que, hace dos meses, se inscribieron voluntariamente en la Casa Activista de la Normal. De ellos, diez se encuentran entre los 43 normalistas secuestrados el 26 de septiembre.

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César Manuel es de Huamantla, Tlaxcala, y entre los normalistas es “Panotla, así le decimos, pero también le decimos Marinela, porque en una ocasión fuimos a Jalisco, a un movimiento, y se ‘levantaron’ algunos carros con producto, y el chofer de uno de estos vehículos no quiso manejar, se salió y se fue, pero Panotla se llevó la camioneta, que era de la empresa Marinela… él debe de tener 19 años, aproximadamente… él es desmadroso, conviví con él, inmediatamente nos hicimos buenos amigos”‘.

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Jorge, “el Chabelo”, es una persona tranquila “y muy sensible”, afirma uno de sus amigos. “No te puedes enojar con él porque lo haces sentir mal de forma fácil. Me gusta su tranquilidad, su paciencia, él no te dice las cosas de mala fe, nunca te va a sacar una grosería, él es más tranquilo, él nunca faltó el respeto, nunca albureó a nadie, es uno de los que se ve más jóvenes de la Casa Activista”. Sus padres aguardan en la cancha deportiva de la Normal de Ayotzinapa, junto con los padres del resto de los jóvenes raptados, y se abrazan al hablar de él. “Tiene 19 años y somos campesinos del municipio de Juan R. Escudero, Guerrero… nuestro hijo tiene una cicatriz en el ojo derecho…”

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“Mi hijo se llama José Eduardo Bartolo Tlatempa, tiene 17 años y es de Tixtla –dice el padre de este joven secuestrado–, es estudiante de primer año de la Normal Rural y nosotros tenemos la esperanza de que él se prepare, que sea un profesionista… yo soy trabajador de la obra, albañil de oficio, y en este momento estoy desempleado, pero lo que importa ahorita es este problema, el rapto de nuestros muchachos, y queremos que se solucione de manera inmediata.”

*Nota publicada el 7 de octubre de 2014.

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Israel tiene 19 años y es de Atoyac, y sus amigos lo apodan “Chukyto”. Su mamá sostiene un cartel con el rostro de su hijo y lo exhibe a los automovilistas, durante la toma de la caseta de Palo Blanco, en la Autopista del Sol, realizada ayer por los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, junto con otros padres y madres que, como ella, exigen la presentación con vida de los 43 normalistas secuestrados por la Policía Municipal de Iguala, el pasado 26 de septiembre. “Él es medio robusto –dice su madre, bajita, vestida humildemente–. Tiene una cicatriz en la cabeza, porque se cayó en la escuela, en la Normal. Su piel es morena clara, su nariz media chata. Él es un buen muchacho, se vino con mucha ilusión a estudiar, pero no esperábamos que fuera a pasar esto. Yo le exijo al gobierno que haga algo, que aparezcan todos nuestros hijos, estamos muy dolidos…”

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Antonio es un joven elocuente y con una especial capacidad para retener información, conocimiento. Por eso le pusieron “Copy” sus amigos y compañeros de la Casa Activista, elcentro de formación política al que, de forma voluntaria, pueden acudir los jóvenes normalistas. “Le pusimos Copy, porque en nuestros talleres de orientación política, él se expresaba de una manera avanzada, él es una persona muy inteligente, que se las sabe de todas todas, de lo que le preguntes. Él echa desmadre, pero relajado, uno no se ríe de su desmadre, sino de la forma en que lo dice… es como muy pacífico el compañero. El Copy está empezando a tocar la guitarra y también le gustan mucho los videojuegos, se la pasa jugando parte del día, con el PSP… pero lo que más le gusta, lo que le encanta, es la lectura, tenía tiempo para jugar, pero más tiempo para leer… Le pusimos Copy porque en un taller de estudio él se aventó como diez minutos declamando sobre temas que uno ni siquiera domina, y él nomás con lo que escucha y con lo que lee, se aventó una intervención admirable…”

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Christian Tomás tiene 18 años, y proviene de Tlacolula de Matamoros, Oaxaca, desde donde se trasladó su padre, tan pronto fue denunciado el rapto de los 43 jóvenes normalistas. “Yo soy jornalero, gano 600 pesos semanal, máximo, y eso cuando hay, porque a veces no hay trabajo, pues… Mi muchacho quiere ser maestro porque él tiene necesidad, y tiene también gusto por ser maestro, esa es la profesión que él quiere, pero lo frenaron, lo detuvieron… –el señor detiene su hablar en seco, medita, nunca baja la mirada, pero sus ojos se crispan de desesperación–: ¡¿Qué vamos a hacer?!”

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A Luis Ángel, de 20 años, sus compañeros normalistas lo conocen como “Cochilandia”, pero aclara uno de ellos, “no sabemos por qué, así llegó ya, con el apodito… Él es un chavo serio, trabajador, y aquí lo estamos esperando. Y quiero que él sepa –advierte– que no vamos a parar hasta encontrarlo, que no vamos a parar hasta hacer justicia.”

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Miguel Ángel tiene 23 años, y “ya es grande”, según sus compañeros, cuya edades oscilan, mayoritariamente, entre los 17 y 20 años. Su mejor amigo recuerda que “él antes tenía su propio local en su pueblo, Apango, municipio Mártir de Cuilapa, cortaba el pelo y así salía adelante. Es un chavo bajito, no había entrado a estudiar antes porque no tenía feria, y se dedicaba mejor a ayudarle a sus papás, con su negocio, y a trabajar en el campo, todos sus hermanos ya se juntaron y él era el que ayudaba a sus papás, él es el más chico, él los cuidaba… y ahora no está, se lo llevaron… A la Normal vinimos juntos a hacer el examen y la prueba y compartimos muchos buenos momentos, como camaradas… Siempre fue chido, él apoya, ayuda, te da consejos, él nunca espera a que tú le des algo, él, al contrario…  Ese día, el 26 de septiembre, él y yo íbamos juntos, en el mismo asiento del autobús, y quedamos de no despertarnos, pero empezaron los balazos y desafortunadamente él corrió para un lado y yo para otro, yo me subí en un bus y a él lo arrestaron los policías de Iguala, yo logré escapar, pero desde entonces lo busco… su mamá me ha comentado que quiere ir hasta México para pedir ayuda, porque es su hijo chiquito y está desaparecido…”

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Antes de ingresar a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Benjamín, de 19 años, había sidoeducador comunitario del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), un sistema de la Secretaría de Educación Pública, mediante el cual se comisiona a jóvenes voluntarios para realizar labores de alfabetización en poblaciones marginadas, aisladas, rurales e indígenas de todo el país. “Él ya había dado clases –destaca un compañero, con admiración–, y por lo mismo, le interesó desarrollar su vocación de profesor. Él nos comenta que le gustó trabajar con los niños de primaria, el compañero tiene mucho interés en ser maestro. Y, por lo mismo, al compañero le gusta estudiar, incluso él se pone enfrente de nosotros y lee el libro, y provoca una discusión sobre el tema que se está planteando… él se pone ora sí que como moderador, y también da sus puntos de vista, me llevo muy bien con el compañero, es amable, respetuoso, y recién apenas se acaba de juntar con su esposa…”

Sus amigos lucen tristes al hablar de él, pero luego una chispa de alegría brota. “Benjamín tiene distintos apodos –dice uno–, le decimos Comelón, por ejemplo…” Y otro normalista se apresta a añadir: “Y también le decimos Dormilón”…

“En fin –resume el primero– todo lo que termine en ‘ón’… Dormilón porque duerme mucho el camarada, y Comelón, porque un día hubo una mesa de diálogo, y pusieron unas galletas, y él se las acabó todas… Él es originario de un pueblito de adelante de Chilapa, es un chavo serio y a la vez relajista…”

Y entonces interviene nuevamente el segundo amigo: “¡Sí! El Comelón tiene tiene una voz muy grave, y su risa, cuando se ríe, él contagia, porque lo hace de una manera especial, muy grave, pero no feo, él contagia con su risa…”

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Alexander viene del poblado El Pericón, municipio de Tecuanapa, Guerrero, y tiene el firme anhelo de ser maestro. “Y nadie le podía quitar esa idea –dice su padre–. Él tiene 19 años y le interesaba mucho dar clases, esa fue su decisión… Él es un buen muchacho, nosotros somos campesinos y él nos ayudaba en el campo… pero quiso estudiar… Y yo le exijo a la autoridad que haga su trabajo como debe de ser, que no tapen a los culpables de la masacre que cometieron los policías de Iguala y su presidente municipal, eso se quiere: justicia. Y así como vivos se los llevaron, quiero que vivos los regresen…”

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Leonel es de la comunidad de El Magueyito, municipio de Tecuanapa, y para sus amigos “es una persona seria, pero sí tiene sentido del humor el camarada, él no tiene apodo, es el Leonel, es una persona seria y un día me contó que soñaba ser maestro, porque quería sacar a sus padres adelante… él me contó que su padre es campesino y su mamá ama de casa… su sueño es ayudarlos, atenderlos”.

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Everardo es originario de Omeapa, tiene 21 años, y lo conocen en la Normal de Ayotzinapa como El Shaggy, porque, ríen sus amigos al confesar, “se parece al de Scooby Doo… yo estudié con él en el Conalep, donde salió como técnico en mecánica automotriz, y luego nos encontramos aquí, en la Normal… él ya era relajista desde el Conalep… y como Shaggy, él se enoja mucho con la desigualdad, particularmente cuando se trata de comida: si a ti te daban seis tortillas en la comida y a él cinco, él se enojaba, hasta por una tortilla, muy congruente con el personaje de Shaggy…”

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Doriam tiene 19 años, pero es una persona de baja estatura y “se ve como un niñito”, dice uno de sus compañeros de primer nivel de la Normal, “y por eso le decimos Kínder… él es una persona seria, pero cuando echa desmadre sí causa gracia, pues… él proviene de Xalpatláhuac, Guerrero y tiene un hermano, aquí, en la Normal… ellos iban juntos, entraron juntos, se apoyan mucho, se ve pues esa fraternidad de hermanos, y los dos fueron secuestrados juntos…”

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Jorge Luis tiene 21 años y es el hermano mayor de Doriam, el Kínder. “Yo conviví mucho tiempo con Jorge Luis –dice su amigo, afligido–, él es un compañero serio, él me contó que ha trabajado en diferentes taquerías y que le gustaba ese tipo de trabajo… pero quería progresar, y le gustaba la vocación de maestro, él habla mucho de eso, igual que su hermano… él es un hombre que le gusta el desmadre, le decimos Charra, ese apodo ya lo traía, y se lo pusieron porque tiene una cicatriz en la pierna, que se había raspado, pero se le hizo más grande la cicatriz, y por eso le dicen Charra, porque es como si se la hubiera hecho con una charrasca… ellos tenían un grupito, eran el Charra, Kínder, Magallón, Chivo, todos de la misma emparentados o cercanos… Charra y Kinder son hermanos, y Magallón es su primo, a los tres los buscamos.”

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Marcial (de 20 años) se está preparando para ser maestro bilingüe, él habla una lengua indígena… y él y todos los otros muchachos que se preparan para ser maestros bilingües vienen de pueblos todavía más pobres que los del resto de nosotros, y por eso mismo le echan todavía más ganas a la chamba, y sí, de verdad, le chambean con más fuerza. Él es un chavo bajito, buena onda…”

Él es primo de Jorge Luis y Doriam, y sus amigos lo apodan “Magallón”, porque su familia tiene un grupo musical con ese nombre, “es un grupo tropical –dice uno de sus amigos, y ríe al recordarlo– y entonces él, a cada rato, va cantando canciones de por allá, de la Costa Chica, que es su tierra, se la pasa cantando cumbias y canciones tropicales, y dice que toca la trompeta y las tarolas. Yo nunca lo vi hacerlo, pero sí le creo…”

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Jorge Aníbal es de Xalpatláhuac, y es de la banda de los Kínder, son primos todos ellos, a él le dicen Chivo, y no sé por qué…se trajo ese apodo de su pueblo. Es serio el Chivo, casi no echa desmadre, sí es llevado, pero casi nunca echa desmadre…”

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“Él es el Abe, dormía en el mismo lugar que nosotros. Nos ubicaron en el mismo dormitorio. El compañero Abelardo le gustaba el futbol, un día hicimos un partido y él era el más activo y el que metió muchos goles… Yo lo llegué a conocer cuando nos trasladamos a ese lugar. Él es originario de Atliaca, Guerrero…”

Otro de sus compañeros habla: “Él es una persona seria, sí habla, pero nunca echa desmadre, es una persona que se da a respetar con los demás. Nunca le falta el respeto a nadie ni anda criticando. Le encanta el futbol y le encanta estudiar también, porque agarraba un libro y agarraba otro y otro…Él es parte de la Casa Activista.”

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A Cutberto le dicen “El Kománder” de Atoyac, porque, afirman sus compañeros normalistas, “tiene cierto parecido como el cantante, y aunque él se ve de alguna manera muy malo, porque es robusto y un hombre grande, es alto el chavo, en realidad es muy amigable el camarada, y trabajador también, porque cuando vamos nosotros a trabajar a los campos de cultivo de la escuela, él le echa ganas… Y sí, él tiene una mirada muy fuerte, pero es engañosa, porque el Kománder es totalmente diferente a lo que se ve, él es muy relajiento, y muy agradable: a cualquier persona que le habla, él le responde de buena manera… nunca responde de mala manera, todos son sus amigos… Y le encanta contar un chiste de Bob Esponja, que no recuerdo, la verdad, no es ningún gran chiste, pero lo que lo hace muy gracioso es que, cuando lo termina de contar, él se ríe imitando a la perfección la risa de Bob Esponja, y eso es lo que causa gracia a los demás… sí, se ganó la amistad de todos los compañeros que estamos aquí…”

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Bernardo tiene 21 años, y es una copia fiel de su padre, pero en chiquito. “Él es mi hijo –dice el señor, quien omite mencionar su nombre, como todos aquí, por temor a la persecución de los grupos criminales y las autoridades coludidas con ellos–. Bernardo tiene en su pecho un lunar, como una manita de gato… Él es un muchacho responsable en la casa y en la escuela. Yo soy campesino y él tenía mucha ilusión de ser maestro, de ayudar a los niños y a los señores adultos que no saben leer ni escribir. En nuestra comunidad hay mucha gente que está rezagada en educación y su ilusión era ayudar…  No es posible que le hagan esto a los muchachos, su único delito fue estar estudiando, ir a recabar fondos para hacer sus prácticas, no se vale que les trunquen sus carreras, sus vidas, y no porque yo crea que ellos están muertos, sino que me refiero a los muchachitos que quedaron tirados, muertos, por el ataque del 26-27 de septiembre, que fue una noche de terror…”

Y la noche no termina.

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Jesús Jovany, el Churro para sus amigos normalistas, es el mayor de cuatro hermanos, y es “el único apoyo de su mamá”, narra su prima, quien marchó por casi cinco horas manteniendo en alto una pancarta con el retrato de este joven de 21 años. Jesús Jovany viene de Tixtla y “se encuentra cursando el primer año de carrera de normalista rural, y fue convocado a la jornada de boteo del 26 de septiembre, cuando desgraciadamente fue desaparecido por la policía de Iguala. No sabemos nada de él… él es un hombre noble y dejó a una sobrina de un año, porque su hermana es mamá soltera y él, aunque es tío de la niña, funge como su figura paterna… él es alguien sumamente noble, está en contra del maltrato hacia las mujeres, es buen estudiante y realmente entró a la Normal porque quiere dedicarse al magisterio, le gustan los niños…”

La joven habla primero serena, pero su voz se crispa luego y reclama, con furia: “¡No sabemos nada de él y exijo, como familiar, como ciudadana, como ser humano, exijo la presentación con vida de Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, así como la de sus 42 compañeros! ¡Y exijo justicia para sus tres compañeros asesinados, igual que para el muchacito de los Avispones y para los dos transeúntes que desgraciadamente perdieron la vida en el ataque de la policía! ¡Y quiero juicio para José Luis Abarca (alcalde de Iguala, quien se dio a la fuga luego de pedir licencia al cargo) y para su esposa (María de los Ángeles Pineda), que está vinculada con el narcotráfico, porque es hermana del famoso narcotraficante conocido como El MP! ¡Y Aguirre Rivero se tiene que hacer responsable! ¡Y para a los atacantes, para ellos queremos que caiga todo el peso ya no sólo de la ley, sino todo el castigo de la sociedad!”

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Mauricio tiene 18 años, y lo apodan “Espinosa”, explican sus amigos “porque cuando quedó pelón –puesto que es tradición en la Normal de Ayotzinapa el que los alumnos de primer ingreso deben raparse–, tiene cierto parecido con Espinosa Paz, el cantante, y porque también tiene así como el bigotito… Él es de un pueblo que se llama Matlalapa o Matlinalapa, algo así, de por La Montaña, y se prepara para ser maestro bilingüe… El compa es tranquilo, pues, se lleva bien con todos, pues, siempre en igualdad con todos…”

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Durante la marcha de este miércoles en Chilpancingo, los familiares de Martín, originarios del municipio guerrerense de Zumpango, portaron una amplia manta con la fotografía de este joven. “Él es un primo muy cercano y querido –dice una de sus familiares–, forma parte de ocho hermanos, él es el quinto, tiene 20 años y es un joven con inquietudes, a él le gusta jugar futbol y le va al Cruz Azul…”

Para sus compañeros normalistas, “Martín es un compa que sí echa relajo, como todos, pero no es pesado, es tranquilo, es respetuoso…”

Y es, subraya su prima, “un muchacho con ganas de salir adelante, y por eso está en la Normal…” .

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Magdaleno, o El Magda, como es conocido en la Normal de Ayotzinapa, tiene 19 años, “y es tranquilo, echa desmadre sano, es noble el compa… él viene de La Montaña, y estudia para convertirse en maestro bilingüe, para para dar clases a los niños indígenas que no hablan español…

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Giovanni tiene 20 años, y en la Normal es conocido como el Espáider, “porque cuando corre brinca, o sea no corre bien o, más bien, tiene su propio estilo para correr, brincando así como si se estuviera colgando de las telarañas, y también le ponía de su parte, le hacía así –y el joven que habla se lleva hacia el centro de la palma las yemas de los dedos anular y medio–, como cuando el Hombre Araña echa telarañas de las manos…”

Otro de sus amigos pone el colofón: “Y además es flaquito…”

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José Luis llegó hasta la Normal de Ayotzinapa desde Amilzingo, Morelos, “y le decimos Pato, porque se parece al Pato Donald, y por la voz, porque tiene voz de pato –sus amigos ríen cuando uno de ellos recuerda ese detalle–… Él tiene 20 años y es serio, tranquilo, siempre te habla bien, es buena onda, pero es callado… o sea: no echa mucho desmadre”.

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Julio “no tiene apodo –dice uno de sus compañeros normalistas–, simplemente es El Julio, ya es más grande (tiene 25 años) y viene de Tixtla, es buena onda el bato, pero calladito, no echa mucho relajo así con todos, nomás con unos pocos con los que se lleva, pero es agradable siempre…”

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A Jonás “le decimos Beny porque su hermano va también aquí, pero en segundo año, y se llama Benito… entonces, ellos son los Benis… Él es alto, gordito, es de la Costa Grande, del Ticuí, municipio de Atoyac de Álvarez y con su hermano se lleva muy bien, son muy parecidos, sólo que él es más clarito de la piel, es más alto, aunque él es el menor…”

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Miguel Ángel tiene 27 años y le apodan “Botita” porque su hermano mayor también estudia en la Normal, y “el hermano es el Bota, entonces, él, en automático, fue el Botita…” El diminutivo, sin embargo, contrasta, reconocen sus amigos. “Es de estatura media y gordo, pues, y él sí que es desmadroso, siempre amigable, sano, no pesado, no es alburero…”

Otro de sus amigos interviene: “Él es buena onda, nos ha apoyado mucho, a mí en lo específico me ha ayudado cuando he tenido problemas así comunes, pues, pero me ha echado la mano, está al pendiente de los demás, es un chavo así como muy solidario con todos, muy buena onda, y cuando entramos a clases, él nos hace el paro: si salíamos de comisión o algo así, él le explicaba al profe…”

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Christian tiene 21 años y el anhelo de ser maestro sólo compite con su gusto por la danza folclórica. “A él le decimos Hugo. Este compañero es de mi generación de la prepa, y es tranquilo, no echa tanto desmadre, es amigable el chavo, somos de Tixtla, y le decimos el Hugo porque tiene varias playeras con el estampado Hugo Boss, así de serigrafía pues…”

Junto con los normalistas, este miércoles marchó su primo, que con voz ronca de tanto gritar, explica: “Él no es sólo mi primo, él es mi amigo… es una persona muy aplicada, muy dedicada, que se dedicó al estudio y a la danza, él es todo un amigo y es injusto que una persona que dedica su tiempo al estudio, alguien que tiene la característica de esforzarse, sufra consecuencias trágicas a manos del gobierno…”

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José Ángel tiene 18 años y “es mi amigo Pepe –dice uno de sus compañeros, en la habitación que comparten dentro de la Normal, junto con otros dos jóvenes, y en la que no hay un solo mueble, ni siquiera camas, sino sólo pliegos raídos de hule espuma– Es el Pepe… y le gusta el futbol, mucho, y por eso mismo se lleva bien con todos, echa relajo, pues…”

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Carlos Iván tiene 20 años y, aunque es calmado, “sus más amigos le dicen Diablo, el Diablito… quién sabe por qué –dice un normalista–, la verdad es que es bueno el bato, no se mete con nadie, tranquilo, pero en buena onda, no payaso pues…”

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José Ángel tiene 33 años y es, de los 43 normalistas desaparecidos, el de mayor edad. “Él es de Tixtla –dice uno de sus amigos– y es más grande que nosotros, pero aunque era más grande no era manchado, sino que, al contrario, nos apoyaba en todo, nunca se comportó con nosotros como si fuera distinto por la diferencia de edad, nunca… él es amigo de todos…”

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Israel proviene de la comunidad indígena de Atliaca, que se encuentra a la mitad de camino entre Tixtla y Apango. En la Normal, su apodo es “Aguirrito”, pero, aclaran sus amigos, no le gusta mucho el mote. Sin embargo, siguiendo la tradición entre los normalistas, el apodo no lo escoge el que lo porta… “Le decimos Aguirrito porque está gordito, igual que el Aguirre, el gobernador… y sí, le paramos una chinga, la verdad, pero no fuimos nosotros, sino que como está gordito, los de bilingüe le pusieron así, él también se está preparando para ser maestro en comunidades indígenas. Y la verdad es que es muy agradable, pero sí se enojaba cuando le llegaban a decir Aguirrito… Y cómo chingados no (ríe)… Pero esos fueron sus compas de bilingüe, cabrones…”

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Ni el Sínodo ni el Papa Francisco han tomado decisiones doctrinales


VATICANO DESMIENTE A MEDIOS

  • Discuten propuestas para un documento de trabajo que será enviado a las diócesis para preparar el Sínodo de 2015
14 oct 2014 – 18:46 CET

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(Foto AP)

VATICANO, 14 de octubre (Al Momento Noticias).- Ante las noticias difundidas ayer sobre un supuesto cambio doctrinal de la Iglesia con respecto a las parejas homosexuales, el sitio web de noticias de la Santa Sede, News.va, señaló este martes que las discusiones que tienen lugar en el Sínodo de la Familia no son “ni doctrina ni normas definitivas”, sino propuestas para un documento de trabajo que será enviado a las diócesis para preparar el Sínodo de 2015.

“Ante todo, es importante recordar una vez más que lo que se habla en el Sínodo no es ni doctrina ni normas definitivas: no habrá ‘resultados’ del Sínodo, ya que el Sínodo solo está preparando un documento de trabajo que será discutido en todas las diócesis del mundo para preparar el sínodo de octubre de 2015”.

“Será este segundo Sínodo el que presente una serie de recomendaciones al Papa, y él aprobará lo que considere mejor para el pueblo de Dios. Pero por el momento, no hay nada definitivo en ningún sentido, por lo que las noticias que atribuyen tal o cual decisión al Papa o al Sínodo no son ciertas”, señaló.

En ese sentido, ante la confusión generada en los fieles, News.va invitó a buscar “información de primera mano sobre el sínodo” en los medios de la Santa Sede.

Por su parte, la Secretaría General del Sínodo –a través del P. Federico Lombardi-, también advirtió que a la “Relatio post disceptationem” se le ha “atribuido un valor que no corresponde a su naturaleza”.

“Dicho texto –recordó-, es un documento de trabajo, que resume las intervenciones y el debate de la primera semana y que ahora se propondrá a la discusión de los miembros del Sínodo reunidos en los Círculos menores, según lo previsto por el mismo reglamento del Sínodo”.

El vocero vaticano indicó que el trabajo de los Círculos menores se presentará a la Asamblea en la Congregación general matutina del próximo jueves, 16 de octubre.

AMN.MX/fm

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¿El gobierno de Estados Unidos TIENE PATENTADO EL VIRUS DEL ÉBOLA?


¿Cómo es explica eso de patentar un virus? ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Un negocio de las transnacionales farmacéuticas en contubernio con la OMS?  Hay que averiguar más.

Miren lo que dice la Dra. Teresa Forcades, monja benedictina del monasterio de St. Benet.

Estados Unidos: “Los días del dólar están contados”


RT

Los días del dólar como la divisa internacional de reserva están contados, mientras el tiempo de Estados Unidos como superpotencia expira, según el exsubsecretario del Tesoro de Estados Unidos y uno de los cofundadores de la ‘reaganomía’, Paul Craig Roberts.

“El mercado de bonos es una burbuja, el mercado de valores es una burbuja, el dólar es una burbuja (…). El tiempo del dólar está a punto de terminarse, aunque puede perdurar unos cuantos años más”, insistió el exasesor de Ronald Reagan en una entrevista con ‘Sprott Money’. El dólar asumió el papel de moneda de reserva mundial después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la única economía industrial en el mundo que quedó intacta fue la de Estados Unidos, explica Roberts. De este modo, Estados Unidos fue el único país cuya divisa podía apoyarse en la producción de mercancías y servicios. Con lo cual, los pagos en dólares tenían sentido, porque daba confianza en pagos de otros países.

Sin embargo, hoy en día hay muchos países desarrollados y hay muchas divisas alternativas que se comercializan libremente. Según Roberts, el hecho de que “el papel del dólar como moneda mundial haya terminado” se debe a dos motivos claves: la impresión masiva de nuevos billetes y las sanciones.

“La consecuencia de emitir tantos billones de dólares nuevos para apoyar los precios de los bonos del Tesoro de Estados Unidos sería destruir la moneda fiduciaria: detrás de estos dólares no hay servicios ni mercancías. Desde el 2008, los servicios y mercancías no han crecido en proporción a los dólares que la Reserva Federal ha creado”, argumenta el economista.

Según él, con su política exterior Washington está impulsando a que países poderosos como China o Rusia queden fuera del sistema de pagos en dólares. “La aplicación de las sanciones primero contra Irán, un productor petrolero, y luego contra Rusia, resultaron esencialmente en que Rusia mueva una gran parte de su energía fuera del sistema del dólar. Y es muy probable que otros productores de energía sigan su ejemplo”.

“Lo que pasa ahora entre los países del BRICS —Rusia, China, Brasil, la India y Sudáfrica— es que simplemente evitan el dólar y, desde luego, es mucho más barato para ellos. (…) Si los BRICS tienen éxito al organizar sus pagos internacionales con sus respectivas divisas propias y simplemente abandonan el uso del dólar, esto resultaría en la caída de la demanda del dólar en los mercados de divisas”, argumenta Roberts.

Desde su punto de vista, la postura vulnerable de la divisa nacional sacude también el peso de Washington en la arena política internacional. “El fundamento del poder estadounidense en el mundo es el dólar como una moneda internacional de reserva. Es la fuente de la hegemonía financiera estadounidense. Toda cosa que debilite o destruya este papel, debilita y destruye también el poder estadounidense”, concluye el analista.

http://www.argenpress.info/2014/10/estados-unidos-los-dias-del-dolar-estan.html

El Estado Islámico utiliza ‘niños bomba’


ISIS

La estrategia militar de los yihadistas se amplía dando cabida a los atentados, para los que se valen de sus propios “soldados” más jóvenes.

FUENTES Fuente Latina AUTOR Redacción P+D 13 DE OCTUBRE DE 2014 13:41 h

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Un niño es aleccionado por ‘el belga’, militante del Estado Islámico. / VICE News
Leer más: http://protestantedigital.com/internacional/34164/el_estado_islamico_utiliza_ninos_bomba

 

Un niño es aleccionado por ‘el belga’, militante del Estado Islámico. / VICE News La ciudad siria de Kobane continúa resistiendo los ataques del Estado Islámico. En la última semana, la intensificación de los ataques aéreos sobre las posiciones del ISIS ayudó a las tropas kurdas a recuperar parte del terreno perdido. Los combates continúan a diario en las calles de las ciudad, según explican combatientes kurdos a la prensa internacional. Los atentados con cohes bomba han empezado a ser una constante por parte de los yihadistas.

Según pudo saber Protestante Digital, ISIS ha comenzado a utilizar también atentados suicidas. La mayoría de los portadores de las bombas son niños, de entre 10 y 14 años, los cuales han sido retenidos en su momento por los yihadistas y a los que se les ha sometido a un proceso de “lavado de cerebro”, explican misioneros cristianos cercanos a la zona de conflicto. Este fin de semana se registraron atentados en el norte de Siria e Irak, dejando unas 40 víctimas mortales entre los soldados kurdos. En Bagdad, donde desde hace varias semanas operan células de los yihadistas, también han sufrido atentados en barrios chiíes de la capital (el ISIS es un movimiento mayoritariamente suní). Según las autoridades, se contabilizaron 34 víctimas mortales y cientos de heridos. El Estado Islámico ha reclamado la autoría de estos atentados suicidas, reivindicando además a los “soldados” como de procedencia europea.

 

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COLOMBIA. PROBLEMATICA INDIGENA.La Puria vuelve a echar raíces


Por: Andrés Bermúdez Liévano, Lun, 2014-10-13 06:49
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Hace un año 135 familias embera katío, que estaban desplazadas en Medellín, volvieron a su resguardo en las montañas chocoanas. Foto: Andrés Bermúdez Liévano
Para llegar a La Puria hay que atravesar los tupidos Farallones del Citará hasta arribar a El Carmen de Atrato, el primer pueblo del Chocó desde el lado antioqueño. De este frío pueblo de montaña -cien metros más alto que Bogotá- sale la destartalada carretera a Quibdó, que demora unas cuatro horas en recorrer apenas un centenar de kilómetros.
A las dos horas de camino aparece una valla con un mosaico de fotos indígenas y un saludo en embera. “Daí iuja”, ‘nuestro resguardo’, dice. De ahí sale un sendero que serpentea por entre tres montañas y sus valles, cruzando los cañones de tres ríos, hasta finalmente llegar -tras tres horas a pie- a una meseta neblinosa llena de casas de madera y techos de cinc, que se elevan del fangoso suelo como si fueran palafitos.
Es La Puria, el hogar de 135 familias embera katío que hace un año dejaron las difíciles calles de Medellín y regresaron a las neblinosas montañas, en la frontera entre Chocó y Antioquia, donde nacieron. A pasos lentos pero orgullosos y determinados, están de vuelta a sus tierras ancestrales y sus vidas de antes, en lo que es uno de los retornos colectivos de víctimas pioneros en el país.
La guardia indígena, que apenas existía, hoy es el sostén social del resguardo. Ya no comen con la limosna que recogían en una ciudad cuya lengua aprendieron a la fuerza, sino de sus sembradíos de maíz, sus platanares de primitivo y sus pollos. Sus niños ya no mueren de enfermedades fácilmente tratables y nadie les dice a dónde no pueden ir.
A lo largo de las últimas dos décadas El Carmen tuvo que convivir con varias guerrillas (aguantando una cruenta toma de las Farc en 2000) y los paras, pero fue particularmente asolada por una diminuta guerrilla de 45 hombres.
Sus valles eran el feudo del Ejército Revolucionario Guevarista, una pequeña disidencia del ELN que armó tolda aparte a comienzos de los noventa -por considerar a los elenos demasiado blandos en sus posiciones- bajo el mando del comandante carmeleño ‘Cristóbal’ y su familia.
El ERG, liderado por la familia Sánchez de la cercana vereda de Guaduas, sembró el terror en toda la carretera que desciende hacia la capital chocoana y en los 17 resguardos indígenas del Carmen, donde viven emberas chamí, katíos y dóbida (los ‘de río’).
Una primera oleada masiva de emberas, de los tres tipos, salió en 2001. Otra más en 2007, poco antes de que el ERG se desmovilizara durante el segundo gobierno de Álvaro Uribe. Cientas de otras familias salieron, a cuentagotas, entre esos años. El pueblo ya aprendió a convivir con muchos de los ex guerrilleros de este grupo -que viven en el pueblo como cualquier otro carmeleño- pero hasta ahora comienza a recibir a todos los campesinos e indígenas que salieron expulsados por la guerra.
Muchos embera llegaron al pueblo del Carmen o a Quibdó, pero la inmensa mayoría terminó -por razones aún misteriosas- en Niquitao, un céntrico barrio de Medellín donde resultaron presa fácil de una red de microtráfico que también controlaba el alquiler de las viviendas y las vacunas a quienes piden limosna. Eso les permitió un control total sobre los embera, que muchas veces a duras penas hablaban español.
En 2012 la Alcaldía de Medellín les propuso volver a La Puria, siguiendo el ejemplo de sus exitosos retornos en San Carlos y Granada en el Oriente antioqueño.
No ha sido un proceso fácil, como lo muestra el hecho de que el regreso definitivo -en una región cuya seguridad ha mejorado notablemente- ha tomado dos años y todavía está lleno de desafíos. Su historia es uno de los referentes a nivel nacional, pero también muestra que el regreso de las grandes comunidades desplazadas por la guerra -sobre todo las de indígenas y afro- avanza poco a poco y sigue siendo frágil y precario.
Sobre todo ahora que, poco a poco, comenzará a disminuir el apoyo de la Alcaldía de Medellín, cuyo visionario equipo de atención a víctimas diseñó el regreso de los embera en medio de una apuesta de Alonso Salazar y ahora Aníbal Gaviria por apoyar los retornos a otros municipios de Antioquia -e incluso el Chocó- como una manera de alivianar la carga que supone el desplazamiento para la ciudad.
Durante un año hicieron censos de la población embera, hablaron con ellos y -tras seis meses- los persuadieron de volver, convencieron a las entidades del Carmen. Hasta el último minuto los embera fueron blanco de las bandas locales: la noche anterior al regreso varios hombres armados los amenazaron para que no se fueran y, todavía hoy, una mujer mayor de La Puria reconoce que recibe llamadas de Niquitao. Pero el retorno se dio el 18 de julio del año pasado.

Los cuatro puentes que tiene el camino a La Puria -abandonados, caídos o tumbados por la guerrilla- fueron reconstruidos. Foto: Andrés Bermúdez Liévano
“No hay medida más efectiva para la reparación de las víctimas que poder devolverse al territorio y reconstruir sus vidas”, dice Luz Patricia Correa, la coordinadora de la Unidad Municipal de Víctimas de Medellín y una de las funcionarias con mayor experiencia en atención al desplazamiento en todo el país.
Para la ciudad y para el equipo de víctimas, probablemente el más innovador en el país a la hora de diseñar estrategias para enfrentar el desplazamiento, tenía sentido económico ayudar a la gente volver. Ese fue el argumento que convenció al Concejo de Medellín en 2008, cuando arrancó el retorno a San Carlos que ha costado unos 20 mil millones de pesos y que ya ha acompañado a unas mil familias campesinas.
Pero también tiene un sentido más amplio, tanto que tanto Alonso Salazar como Aníbal Gaviria incluyeron las ideas de los retornos y del desarrollo de los municipios aledaños en su Plan de Desarrollo. “Todo lo que Medellín tiene es el resultado de lo que pasa en las regiones a su alrededor. La ciudad entiende esa conexión y que su desarrollo depende del de los otros municipios. Apoyar a la gente a volver es ayudar el desarrollo de esos pueblos”, dice Correa.
Hace apenas un año el camino a La Puria era intransitable. Poco a poco los embera fueron limpiando lo que era un sendero perdido entre el rastrojo. Con la ayuda de los ingenieros de la Alcaldía de Medellín y plata de la Unidad de Víctimas, repararon los cuatro puentes que llevan hasta el caserío central.
El primero atraviesa un hilito de agua, que en realidad es un río Atrato que viene bajando desde el Cerro del Plateado donde nace arriba de El Carmen y todavía está lejos de ser el más caudaloso del país. El segundo, sobre La Borrasca, estaba caído desde las épocas en que el ERG lo tumbó. Otro más, sobre el Río Grande, era un pasadizo de concreto sin barandas.
El último, justo en frente al pueblo, se bambolea ferozmente cuando la gente cruza, agachada por obligación para poderse sostener del cable. A unos metros están las patas de cemento recién levantadas de un nuevo puente, que arrancaron a construir hace mes y medio con los ladrillos que todos -hombres y mujeres- traen desde afuera en canastos cafeteros. En unos tres meses el cruce sobre La Marsella será ya uno seguro.
“Ellos [el ERG] eran los dueños del camino. Decían si uno podía pasar o no. Acá uno no podía trabajar libre”, dice Alfonso Queragama, un hombre de espalda ancha, pelo al rape y mochila al hombro que a sus 35 años es uno de los líderes más visibles de la comunidad. Se detiene en una curva para señalar entre el rastrojo. Entre las ramas y troncos entretejidos del bosque andino se alcanzan a ver las hojas alargadas de un plátano. A su lado se adivina la silueta de varios más. “Ahí puede ver como el monte ha crecido en estos años y todo el trabajo que queda por delante”, dice el nieto de uno de los diez aventureros que hace cuatro décadas guiaron a sus familias desde el caserío de Aguasal en el Alto Andágueda chocoano, a dos días de viaje por las montañas.
Para él, como para la mayoría en el resguardo, el sendero es un mapa del sufrimiento de la comunidad en el pasado. Elkin, el segundo de sus cinco hijos, murió de apenas tres años cuando él intentaba llevarlo al Carmen para que le trataran una meningitis. Los centinelas del ERG les cortaron el paso y tuvieron que regresar a su casa. El niño murió sin recibir atención médica.
Ese camino, que hace una década era tierra de nadie, hoy es transitado todos los días por la guardia indígena y los comunica con el mundo exterior.
Una identidad embera a punta de guardia y chaquiras
“Cada retorno es una receta diferente. Reconstruir el tejido social es difícil, como cuando se rompe un vaso y toca volver a pegarlo vidrio por vidrio”, dice Julia Marín, una antropóloga vallecaucana que lleva dos décadas trabajando con retornos indígenas y que lideró el de La Puria.
En La Puria el vidrio más grande fue la guardia indígena que hace un año era un grupo de cuatro hombres. Hoy son una disciplinada guardia civil y no armada de 85 personas, incluyendo a diez mujeres y a diez adolescentes, que toman turnos de una hora cada noche para cuidar a la comunidad. Con sus bastones de madera colgados del hombro, vigilan los caminos y también velan porque la comunidad cumpla las normas que entre todos han acordado.
Ellos mismos diseñaron los logos de la guardia y también el color aguamarina brillante de sus chalecos, que escogieron tomando como modelo un paquete de Doritos Megaqueso.
Cuando llegó la hora de ponerle un nombre a la guardia la decisión fue aún más fácil. Por unanimidad escogieron a Enrique Arce, un líder que en los años ochenta se enfrentó a los colonos paisas de Andes que se apoderaron de las minas de oro indígenas en el río Colorado -a un par de días de viaje- y las recuperó para su comunidad.
Su heroica lucha -y también su misteriosa muerte en 1983 a manos de un grupo de policías que lo habían emborrachado- es una de las historias centrales de El oro y la sangre, el célebre libro reportaje que escribió el periodista antioqueño Juan José Hoyos sobre la violencia minera en el Chocó.
“Él era un hombre que defendió el territorio de los indígenas. Nuestra historia estamos poniendo ahí”, apunta con orgullo Arcesio Arce, el ex gobernador cuando arrancó el retorno y hoy jefe de la guardia, mientras señala un afiche. Allí, desde el techo del recién estrenado centro comunitario donde se hacen desde las reuniones del cabildo hasta las danzas, mira adusto el rostro de su tío lejano.
“Nosotros lo tenemos como ejemplo de lucha, sí, pero sin armas. Es una lucha en paz”, dice Diego Uribe Arce, que fue uno de los primeros embera en desplazarse a Medellín y que hoy es uno de los veteranos de la guardia indígena.

Diego Uribe, que será el jefe de la guardia el año que viene, es uno de los familiares lejanos del mítico Enrique Arce que le da nombre. Foto: Andrés Bermúdez Liévano
Aunque no lo dice, casi todo lo que hace Uribe -que el próximo año será jefe de la guardia- busca emular el ejemplo del que también es pariente distante suyo. En el muro de entrada de su casa hay un dibujo, pintado por él, de un embastonado Arce cuidando un árbol.
Uribe sonríe al mostrar su grafiti guardián y la réplica del afiche de Arce que cuelga de una de sus ventanas. Ese gesto le ilumina su mejilla, pintada con un patrón de triángulos y líneas geométricas tradicional de los embera. Por todos lados hay pequeños iconos de su ídolo: sobre el pecho luce un collar largo de chaquiras multicolores con una silueta del viejo líder y de su clavícula cuelga un bastón cuya cabeza es a su vez un diminuto Arce cargando otro bastoncito.
A los guardias y otros líderes de la comunidad los están formando en una ‘escuela de gobierno’, una serie de talleres y charlas en las que -una vez al mes- aprenden de profesores visitantes como el nasa Guillermo Tenorio y el guambiano Álvaro Tombé, dos de los líderes veteranos del Cric caucano. La guardia visitó durante una semana el resguardo embera chamí de Cristianía, uno de los más robustos de Antioquia y padres de la organización indígena del departamento.
El segundo vidrio del vaso fue encontrar de qué vivir, una tarea difícil teniendo en cuenta que los embera katío no son muy buenos agricultures.
Como sus tierras llevaban rato sin cultivar, arrancaron poniéndose la misión recuperar las semillas locales que mejor se adaptan al clima húmedo y frío de La Puria. El maíz chocosito lo hallaron en un consejo comunitario afro una hora más abajo en la vía hacia Quibdó. Su primera cosecha se murió completa, dado que la tierra estaba -de puro y físico abandono- reseca y falta de nutrientes, pero las siguientes van poco a poco rindiendo más.
El fríjol chengue lo consiguieron en el resguardo de Cristalina, en Urrao. Trajeron gallinas de pico criollas, que no vienen con el pico genéticamente aserrado y se adaptan mejor a una comunidad que no está habituada a darle de comer a los animales sino a dejarlos que recolecten.
Las mujeres tienen, ahora mucho más que antes, una voz en los asuntos de la comunidad. Diez de ellas entraron a la guardia, mientras otras cuarenta crearon la cooperativa artesanal Biabú -“bien, gracias” en embera- que trabaja las chaquiras y la cestería. Aún es difícil vender sus productos desde El Carmen, pero poco a poco han ido encontrado nichos y ahora están trabajando en un encargo del alcalde Aníbal Gaviria para la próxima cumbre de ciudades capitales en Medellín.
“Acá yo hago cestos con los juncos que busco en la cordillera. Allá [en Medellín] hacíamos artesanías para pagar la pieza, pero la vida era dura. Acá ya no pasamos hambre”, dice María Lía Queragama, una de las artesanas más experimentadas de La Puria.
“Lo más importante es que se reivindiquen como indígenas. O si no se quedan como víctima, una categoría que les es cómoda porque saben que tienen derecho a atención, pero que no es ningún proyecto de vida”, dice Julia Marín, que acompañó los retornos embera en las Comunidades de Paz de San José de Apartadó en 1997 y luego el de los zenúes de el Volado en el Urabá antioqueño.
Durante un año la Alcaldía mantuvo un equipo permanente acompañándolos dentro de La Puria: dos personas de atención psicosocial, dos especialistas en temas productivos y dos expertos en infraestructura, que compartían una pequeña casa de madera justo enfrente del flamante centro comunitario y el cepo. Desde hace algunos meses ningún funcionario duerme en el resguardo, pero todavía hay un equipo de tres -uno de cada área- viviendo en El Carmen y visitando un par de veces a la semana.
El retorno en medio de la ausencia estatal
El renacer de La Puria, aunque muy exitoso, muestra las complejidades de los retornos étnicos. Un grupo de familias campesinas tarda unos seis meses en asentarse, desde que regresa a su terruño hasta que ya lo ha puesto a producir exitosamente. En cambio, una comunidad indígena o afro demora como mínimo dos años en lograrlo.
No hay un cálculo sobre cuántos quisieran retornar, pero el trabajo que se viene es grande si se tiene en cuenta que son uno de los grupos que más ha sentido los rigores de la guerra. Solo los indígenas han puesto 138.485 víctimas oficialmente reconocidas por la Unidad de Víctimas, cuya cuenta ya va por los 6,8 millones en todo el país. Teniendo en cuenta que el censo de 2005 sitúa la población indígena del país en 1,3 millones, eso significa que 1 de cada 10 indígenas han sido víctimas. Una situación similar viven los afrodescendientes, que han puesto 622.559 víctimas.
Por ahora apenas hay algunos ejemplos, casi todos embera, y ninguno afro. La Unidad de Víctimas nacional, que dirige Paula Gaviria, lideró un retorno en Pueblorrico (Risaralda) con los 500 embera chamí desplazados en Bogotá y más recientemente uno de 31 comunidades en el Alto Andágueda chocoano. Eso muestra que, para ayudar a las comunidades étnicas a volver a las tierras de donde fueron expulsados, todavía falta mucho.
​Uno de los retos grandes es convencer a las alcaldías que no vean los retornos como una carga sino como oportunidades de fortalecer sus economías locales. Así tenga presupuestos exiguos, su papel es decisivo: el alcalde del Carmen, el primer mandatario del pueblo que visita un resguardo, se vinculó ofreciendo los exámenes de RH de los retornados y ahora acaba de poner 6 millones de pesos para el puente nuevo.
El hospital está haciendo visitas médicas periódicas, con vacunación incluida, en La Puria y los otros 16 resguardos. El efecto en salud ya se siente, en una comunidad donde -como en casi todas las indígenas- las tasas de mortalidad infantil eran muy altas. En los primeros seis meses del retorno murieron seis niños, pero en los nueve que han corrido de este año ninguno.

La recontrucción de la guardia indígena, el sostén social del resguardo, fue una de las tareas más importantes del retorno. Foto: Andrés Bermúdez Liévano
Hace poco visitaron varios funcionarios de la Unidad de Víctimas nacional para ver cómo avanza el retorno puriense. Los sentaron en el centro comunitario y ante ellos desfilaron una decena de líderes con interminables listas de peticiones al Gobierno: desde una cárcel y linternas hasta cosas más lógicas como pupitres para las escuelas del resguardo y becas universitarias para los jóvenes.
Algunas de esas cosas las podrán pedir como parte de la reparación colectiva, un proceso que la Unidad planea comenzar pronto. Pero la gran mayoría se le escapan a las entidades a cargo de las víctimas, que -pese a coordinar el sistema nacional de 49 entidades, que todos llaman el Snariv- no tienen ninguna manera efectiva de jalarles las orejas cuando no lo hacen.
Ahora el Gobierno nacional y el del Chocó, que han estado casi totalmente ausentes, tendrán que garantizar que la vida en La Puria siga siendo sostenible a largo plazo. Que ese centenar de familias tengan salud, educación, cultivos y oportunidades de vida, casi todas ellas lujos en el departamento más pobre del país.
Por ahora la lista de promesas incumplidas es larga, pese a que hace un año hubo una “mesa interinstitucional” en la que una decena de entidades se comprometieron a acompañar a La Puria. De la mayoría no hay rastro.
El colegio de La Puria tiene 138 estudiantes y apenas una veintena de pupitres, mientras en Bajo Río Grande los veinte niños se turnan una banqueta comunal. Desde hace un año solicitaron pupitres a la Secretaría de Educación del Chocó y a la Diócesis de Istmina que la maneja en El Carmen, pero siempre reciben la misma respuesta: no hay plata.
Prosperidad Social, el súper ministerio que maneja todos los programas sociales del gobierno Santos, prometió venir y nunca cumplió su palabra. Tampoco ha venido el Ica, a quienes buscaron para asesorías en semillas. O el Incoder, que tendrá bajo su ala el proceso de ampliación del resguardo que ellos quieren para englobar unas tierras que le pertenecen a varias familias. “Acá trabajamos contra, no con”, dice una funcionaria.
Si bien La Puria muestra lo complejos que son los regresos de la Ley de Víctimas, también es un campanazo de alerta para el Gobierno sobre el tipo de acción coordinada e inversión estatal que requerirá aterrizar los acuerdos de La Habana.
“Yo leía el punto de desarrollo rural y pensaba ‘esto es retornos’. A los territorios donde están las Farc la gente querrá volver, pero esa reflexión no se está haciendo y el Plan Nacional de Desarrollo tiene que privilegiarlos porque son la manera más efectiva de recuperar el territorio”, dice Luz Patricia Correa, que -junto con Aníbal Gaviria y el ministro Juan Fernando Cristo- está trabajando una propuesta para regionalizar más la atención a las víctimas. “La paz territorial no es otra cosa que apoyar los retornos”.
En lo alto de las montañas del Carmen están ya las primeras semillas.
Esta historia es parte de una serie sobre la Ley de Víctimas financiada por la Unión Europea y Oxfam.
     
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    Tras tres horas a pie desde la carretera a Quibdó, por un sendero que serpentea por entre las montañas, se llega a La Puria, el revitalizado caserío más grande del resguardo que es el centro de su vida comunitaria.

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Perfiles relacionados:
Aníbal Gaviria Correa
Luz Patricia Correa
Enviado por: Maura Nasly Mosquera <afrolider@yahoo.com>

Domingo XXIX Tiempo Ordinario 19 octubre 2014 Evangelio de Mateo 22, 15-21. Enrique Martinez L


 

 

En aquel tiempo, los fariseos se retiraron y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y de dijeron:

— Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no te fijas en las apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

       Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

— ¡Hipócritas!, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. El les preguntó:

— ¿De quién es esta cara y esta inscripción?

Le respondieron:

— Del César.

Entonces les replicó:

— Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

 

******

 

DIOS Y EL CÉSAR: ¿DESDE DÓNDE NOS VIVIMOS?

 

Parece que Jesús era un maestro en desactivar preguntas capciosas…, y en poner en evidencia a quienes urdían trampas con la única finalidad de atraparlo en ellas.

Eso ocurre en este caso. También cuando le preguntan sobre la resurrección, apelando a un planteamiento absurdo (Mc 12,18-27); cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio exigiendo su condena (Jn 8,1-11); o cuando le cuestionan la autoridad desde la que actúa (Mt 21,23-27)…

El diálogo auténtico solo es posible cuando nace de la humildad y del respeto al otro. Se origina en una actitud de apertura y gusto por conocer y valora la aportación de los otros –aunque sea discrepante- como una riqueza.

En ausencia de tales actitudes, el diálogo se hace imposible. En esos casos, Jesús –consciente de que, tras la adulación, hay una intencionalidad engañosa- opta por mostrar lo inadecuado de la actitud y de la pregunta misma. Y lo hace con salidas ingeniosas, que llevan implícita una carga de profundidad.

 

En este caso, se trata de una cuestión particularmente sensible para un pueblo dominado por el Imperio romano y sometido a una gravosa presión impositiva.

Para empezar, Jesús muestra la incoherencia de quienes le piden que se defina. Los fariseos, opuestos al ejército de ocupación y celosos pregoneros de la única autoridad divina, manejan monedas paganas y, para un judío piadoso, idolátricas. En efecto, la moneda llevaba, en el anverso, la imagen del César Tiberio adornado con la guirnalda de laurel que indicaba la dignidad divina, con esta inscripción: “Tiberio César Augusto, hijo del divino Augusto”. Y, en el reverso, figuraba la leyenda “Pontífice Máximo” y la figura de la madre del emperador sentada en un trono de dioses.

Pero Jesús no solo desenmascara la incongruencia de quienes le tienden la trampa, sino que introduce una afirmación cargada de consecuencias, que trasciende por completo la “anécdota” del debate: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

 

En contra de lo que frecuentemente se ha interpretado, a partir de un literalismo engañoso, no se trata de establecer una separación dualista entre dos ámbitos supuestamente enfrentados. Tal lectura distorsiona la realidad y conduce, entre otras cosas, a un espiritualismo desencarnado.

No es cuestión de realidades separadas, sino de niveles de profundidad. Quizás podría decirse de este modo: “Retirad al César lo que es de Dios”. Con esta expresión, se apuntaría en la dirección adecuada. Porque lo que hace la respuesta de Jesús es desactivar por completo cualquier absolutismo político, toda absolutización del poder.

No se trata de reservar “lo espiritual” para Dios y dejar que de “lo material” se ocupe el César. Porque tal separación entre ambos ámbitos existe únicamente en nuestra cabeza. Se trata de reconocer que solo lo transpersonal es absoluto; lo personal (egoico), incluido el poder, es siempre relativo y su único sentido le viene de ser un servicio a las personas.

Nadie ni nada puede arrogarse un poder absoluto. Solo Dios es Dios. La palabra de Jesús, por tanto, apunta nada menos que a un modo de vivirse; o, más exactamente, cuestiona acerca del desde dónde nos vivimos: ¿desde el nivel de lo relativo (el César) o desde el nivel profundo (Dios)?

Lo espiritual no es lo puesto a lo material. Porque no tiene que ver con el qué, sino con el desde dónde. No existen cosas que serían “espirituales” (rezar, sacrificarse, servir…), frente a otras que no lo serían (reír, jugar, divertirse, trabajar…). Todo es espiritual…, siempre que lo vivamos desde nuestra verdadera identidad, es decir, desde aquel “lugar” en el que nos reconocemos uno con todo lo que es.

Por decirlo brevemente: si se entiende bien, podría decirse que no se trata de elegir –de un modo dualista- entre “Dios o el César”, sino de vivir todo lo del “César” desde “Dios”.

 

http://www.enriquemartinezlozano.com

 

COLOMBIA-CALI: Falta la poeta mujer en este parque caleño.


 22 de Octubre, Cali, 4:00 a 18:00 
 —  CARMIÑA NAVIA  * en el PARQUE DE LOS POETAS. Invita “Casa de Poesía de Cali”. Informes: JENNY CABRERA    elparquedelospoetascali @ gmail.com. Blog:  http: // . elparquedelospoetas.blogspot com /  Click Derecho Sobre la imagen párrafo ampliarla En Una nueva ventana. LUEGO haga clic en Sobre la imagen alcalde para Ampliación. *  http://fdpv.blogspot.com/ 2014_09_25_archive.html

Papa Francisco: no nos encerremos en nuestras ideas, abrámonos a las sorpresas de Dios.


GABRIEL BOUYS / AFP
Abrirse a las sorpresas de Dios, no encerrarnos a los signos de los tiempos. Es lo que ha afirmado Papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. Comentando las palabras de Jesús a los doctores de la ley, el Papa ha exhortado a los fieles a no permanecer encerrados en sus propias ideas, sino caminando con el Señor encontrando siempre cosas nuevas.

Jesús habla a los doctores de la ley que le piden un signo y los define como “generación malvada”. Papa Francisco parte de esta cita del Evangelio para detenerse en el tema de las “sorpresas de Dios”. Muchas veces, observó, estos doctores le preguntan a Jesús por los signos, y Él les responde que no son capaces de “ver los signos de los tiempos”.

“¿Por qué estos doctores de la ley no entendían los signos de los tiempos y pedían un signo extraordinario (Jesús se lo doy después), por qué no entendían? Antes que nada, porque estaban cerrados. Estaban cerrados en sus sistemas, habían organizado fenomenal la ley, una obra maestra. Todos los hebreos sabían lo que se podía hacer y lo que no, hasta donde se podía llegar. Estaba todo organizado, todos se sentían seguros allí”.

Para ellos, añadió, eran “cosas extrañas” las que hacía Jesús: “Ir con los pecadores, comer con los publicanos”. A ellos, les dijo “no les gustaba, era peligroso; estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos”, los “teólogos, habían creado a lo largo de los siglos”. El Papa reconoció que, “la habían hecho por amor, para ser fieles a Dios”. Pero “se encerraron allí”, sencillamente habían olvidado la historia. Habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero es el Dios de las sorpresas”. Por otro lado, dijo Francisco, “también a su pueblo, Dios les ha reservado sorpresas muchas veces” como cuando “le salvó de la esclavitud de Egipto”.

“Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo, que nunca reniega de sí mismo, que nunca dice que se ha equivocado, nunca, pero nos sorprende siempre. Y ellos no entendían y se encierran en ese sistema hecho de buena voluntad y le piden a Jesús que haga un signo. No entendían los muchos signos que hacía Jesús y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón! Segundo, habían olvidado que ellos eran un pueblo en camino. ¡En camino! Y cuando nos encaminamos, cuando está en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía”.

Y añadió, “un camino no es absoluto en sí mismo”, es el camino hacia “la manifestación definitiva del Señor. La vida es un camino hacia la plenitud de Jesucristo, cuando vendrá por segunda vez”. Esta generación, retomó “busca un signo”, pero, dice el Señor “no se le dará ningún signo, como no sea el signo de Jonás”. Es decir, “el signo de la Resurrección, de la Gloria, de esa escatología a la cual nos dirigimos”. Y estos doctores, afirmó, “estaban encerrados en sí mismos, no abiertos al Dios de las sorpresas, no conocían el camino y menos esta escatología”. Así, cuando en el Sanedrín Jesús afirma ser el Hijo de Dios “se rasgaron las vestiduras”, se escandalizaron diciendo que había blasfemado. “El signo que Jesús les da, afirmó, era una blasfemia”. Y por esto, “Jesús dice: generación malvada”.

Estos, observó de nuevo el Papa, “no han entendido que la ley que ellos custodian y aman” era una pedagogía hacia Jesucristo. “Si la ley no lleva a Jesucristo, afirmó, si no nos acerca a Jesucristo, entonces está muerta. Y por esto Jesús les reprende por estar cerrados, por no ser capaces de reconocer los signos de los tiempos, por no estar abiertos al Dios de las sorpresas”.

“Y esto debe hacernos pensar: ¿Estoy tan pegado a mis cosas, a mis ideas, cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona quieta o una persona que camina? ¿Creo en Jesucristo, en Jesús, lo que ha hecho: morir, resucitar y termina la historia, creo que el camino sigue hacia la madurez hacia la manifestación de gloria del Señor? ¿Soy capaz de entender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? Podemos hacernos hoy estas preguntas y pedir al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta ley santa no termina en sí misma”.

Y “en camino”, afirmó, es una pedagogía “que nos lleva a Jesucristo, al encuentro definitivo, donde se dará este gran signo del Hijo del hombre”.

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