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Espacio Ronda – PABLO D’ORS – La Espiritualidad de Charles de Foucauld

Un paseo por el mundo. Mujer, violencia y silencio


15M Ronda
dic272014

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Guatemala un país con unos 14 millones de habitantes, poco más de la mitad mujeres, la violencia machista tiene un saldo escalofriante, donde la violencia callejera estableció desde hace ya una década que una vida no valía nada, y el machismo que la violencia de género puede asesinar casi 600 mujeres sólo el año pasado. (Periodismohumano)
Máxima García, víctima de las violaciones múltiples durante la guerra civil guatemal-teca (Javier Bauluz / Piraván)
El primer trabajo con ellas es que no piensen que es normal que abusen de ellas

En el decenio 2000-2010 más de 5.500 mujeres fueron asesinadas por violencia de género.

Virginia Tum en su casa narrando cómo su marido primero y ahora su hijo mayor la maltratan física y psicológicamente (Javier Bauluz)

Bruna Pérez, superviviente de la matanza de Río Negro, Guatemala (Javier Bauluz)

Guatemala, uno de los países con menor influencia política y, por tanto, atención del continente latinoamericano. Una falta de interés que se mantuvo durante los treinta años que una guerra civil masacró a su población, especialmente a la de origen maya. Un conflicto en el que las cifras, que son personas con nombres, apellidos, padres, madres, hijas e hijos, desbordaron proporcionalmente las dictaduras de Chile, Argentina o Uruguay.

Más de 200.000 personas fueron torturadas, asesinadas y desaparecías en más de 600 matanzas, más de 440 comunidades mayas exterminadas y más de medio millón de desplazados para salvar sus vidas.
“La percepción de las fuerzas armadas en torno a los mayas como aliados naturales de la guerrilla contribuyó a incrementar y a agravar las violaciones a sus derechos humanos, demostrando un marcado componente racista de extrema crueldad que permitió el exterminio en masa de las comunidades mayas indefensas -incluidos niños, mujeres y ancianos- a través de métodos cuya crueldad escandaliza la conciencia moral del mundo civilizado” Informe de la Comisión del Esclarecimiento Histórico de la ONU.

La Relatora Especial sobre la Violencia contra la mujer, Radhika Coomaraswamy, fue muy clara en su informe ante la Comisión de DDHH de la ONU de 2001. “El hecho de que no se investigue, enjuicie y castigue a los culpables de las violaciones y la violencia sexual, ha contribuido a crear un clima de impunidad que actualmente perpetúa la violencia contra la mujer”.

Las violaciones, las mutilaciones, la explotación sexual, las esterilizaciones a fuerza de violarlas y desgarrarlas, de provocarles abortos forzados, de feticidios -rajarles el vientre y sacar los fetos-, fueron torturas cometidas sistemáticamente por el Ejército y por los paramilitares contra estas mujeres. Mientras se lo hacían les decían por ser indígenas, “no son gente, son animales”. Muchas de estas mujeres nunca contaron estos críme-nes y las que lo hicieron, o se supo en su comunidad, fueron rechazadas, despreciadas, expulsadas.

Está naturalizada la violencia contra las mujeres. Antes, durante y después del conflicto. Las mujeres han vivido en unos niveles de desigualdad descomunales con respecto al resto de la sociedad. No se reconocen como sujetos. El primer trabajo con ellas es conseguir que piensen que son seres humanos, que no es normal que abusen de ellas.

El 88% por ciento de las mujeres violadas y torturadas fueron indígenas, una cultura en la que son las mujeres las transmisoras de la cultura, de la lengua, de la forma de curar… Es decir, de su ser maya.

La violencia asedia a la mujer, sólo por ser mujer, y favorecido por ser pobre e indígena, desde su nacimiento: aunque ha descendido en los últimos años y no hay cifras de fuentes fiables, el incesto y el abuso sexual sigue afectando a muchos menores, el 80% de ellos niñas. La violencia machista ha causado la muerte de unas 5.500 mujeres en la última década -y eso sólo según el registro de la Policía-, el 80% con armas de fuego, y sólo en 2010 se interpusieron más de 46.000 denuncias por violencia de género. El 98% de los casos queda en la impunidad.

La cifra rebasa a las víctimas de Ciudad Juárez, la urbe mexicana fronteriza con Estados Unidos y conocida mundialmente por la cadena de feminicidios.

Radhika Coomaraswamy, fue muy clara en su informe ante la Comisión de DDHH de la ONU de 2001. “El hecho de que no se investigue, enjuicie y castigue a los culpables de las violaciones y la violencia sexual, ha contribuido a crear un clima de impunidad que actualmente perpetúa la violencia contra la mujer”. El 98% de los crímenes quedan sin castigos, según la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala.
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EN POCAS PALABRAS

15-M RONDA http://www.facebook.com/15MRonda DICIEMBRE 2014 Nº3

http://www.redescristianas.net/2014/12/27/un-paseo-por-el-mundo-mujer-violencia-y-silencio15m-ronda/

IGLESIA PRESBITERIANA. ORDENAN MUJER SACERDOTE: EN VALLES


Ordenan a mujer como sacerdote: EN VALLES

El Manana de Valleshace 40 minutos

La Iglesia Evangélica “El Divino Redentor” será la primera en ordenar a una mujercomo ministra o pastora religiosa, proceso que comenzó en …

Una crítica al libro “Jesús y las mujeres” (551)


Hoy escribe Antonio Piñero

Publico hoy unos extractos de la crítica a mi libro “Jesús y las mujeres”, y remito a la “Revistadelibros” (edición electrónica del 23 diciembre 2014) para consultar, al que le interese, la crítica entera. La reseña es obra del Prof. Dr. D. Raúl González Salinero, del que hay un somero curriculum al final.

Es innegable que la visión «feminista» de la teología cristiana suscitó, y aún suscita, encendidos debates que han obligado a dar respuesta a cuestiones deliberadamente ignoradas por la exégesis tradicional. Es innegable que la visión «feminista» de la teología cristiana suscitó, y aún suscita, encendidos debates que han obligado a dar respuesta a cuestiones deliberadamente ignoradas por la exégesis tradicional.

El autor, Antonio Piñero, emprende en esta obra el estudio de la relación que existió o pudo existir entre la figura histórica de Jesús y el mundo femenino de su entorno, no sin antes interrogarse sobre el carácter de verosimilitud histórica que presentan las fuentes disponibles. No olvida Piñero que, debido a la maraña de relatos diversos y a veces contradictorios presentes en el conjunto heterogéneo de textos que conforman el canon neotestamentario, existen dificultades para percibir en su justa medida la posición y actuación de Jesús respecto de las mujeres –incluida su madre– con que mantuvo relación directa y, sobre todo, sus convicciones más profundas acerca del mundo femenino.

Por ello, resulta prioritario para el autor examinar científicamente unos textos que, desde su mismo origen, han sufrido una constante superposición ideológica que fue alejándolos paulatinamente de la realidad sobre la que pretendían asentarse. No puede, sin embargo, ignorarse que todavía persisten en ellos, aunque desvirtuados, algunos retazos de noticias procedentes de diversas tradiciones orales que pudieron aproximarse mucho más al momento en que vivió el Jesús histórico. Acceder a este tipo de información, que correspondería a lo que el autor denomina estrato A, sólo es posible a partir del análisis científico conforme a la metodología propia de la Filología y de la Historia antigua.

Puede afirmarse que, desde un punto de vista legal, el lugar que ocupaba la mujer judía en la sociedad civil no se diferenciaba mucho del que estaba asignado a la mujer pagana en esa misma época: su capacidad de movimiento estaba restringida en ambos casos al ámbito doméstico y su participación en la esfera pública (tanto en el ámbito político como social) era, también en ambos casos, prácticamente nula. Ahora bien, aun admitiendo estos presupuestos, sin la necesidad de cargar las tintas en los aspectos negativos observables en el mundo judío del siglo I, cabría preguntarse, tal y como hace Antonio Piñero, si el ministerio de Jesús estuvo verdaderamente encaminado a la «liberación» social de la mujer.

Muchos son los temas que, a tenor de la información desvelada por las fuentes, nuestro autor se ve obligado examinar concienzudamente para ofrecer una respuesta sobre el particular que obedezca exclusivamente a la evidencia histórica.

El análisis de todos estos aspectos que, desde su conocida independencia ideológica y su rigor científico, Antonio Piñero lleva a cabo en esta documentadísima obra, conduce irremediablemente hacia la negación de cualquier «revolución» de Jesús en favor de una supuesta «liberación» de la mujer judía de su época. De hecho, la presencia de mujeres en la vida del Maestro no fue realmente significativa, ni siquiera en sus últimos días. El texto que, en este sentido, adquiere mayor relevancia es Lucas 8, 1-3 (inspirado, aunque modificado, en Marcos 15, 40-41), donde se menciona el nombre de alguna de ellas y se da a conocer su condición de simples sirvientas.

La función de humilde servicio de las mujeres para con Jesús y su grupo no parece haber supuesto un cambio ni tampoco una proclamación teórica por parte del Nazareno de un deseo de cambio o mejora del estatus de la mujer» (p. 95). El autor reconoce, finalmente, que «el Jesús de la historia trastocó hasta cierto punto ciertos valores religiosos de la sociedad de su tiempo», pero, al mismo tiempo, «no parece –concluye– que pusiera los fundamentos teóricos para una nueva consideración del papel de la mujer en esa sociedad en la que vivió»

Raúl González Salinero es profesor de Historia Antigua en la UNED. Sus últimos libros son Biblia y polémica antijudía en Jerónimo (Madrid, CSIC, 2003), Las persecuciones contra los cristianos en el Imperio romano. Una aproximación crítica(Madrid, Signifer, 2005), Judíos y cristianos durante la Antigüedad tardía. Entre la convivencia y la controversia (Barcelona, Riopiedras, 2006) e Infelix Iudaea. La polémica antijudía en el pensamiento histórico-político de Prudencio (Madrid, CSIC, 2010).

Para leer más en Revista de Libros, edición electrónica, dirigida por Álvaro Delgado-Gal;
http://www.revistadelibros.com/resenas/las-mujeres-en-torno-a-jesus

En otras ocasiones he alabado y recomendado esta revista. Ahora, a pesar de que alguien pueda creer que mi alabanza es interesada, lo vuelvo a hacer. Me parece muy seria, la gente escogida para las reseñas escribe muy bien y los temas, aunque rara vez de religión, son actuales, pues la selección de llibros a comentar está muy bien hecha.

Saludos cordiales de Antonio Piñero
Universidad Complutense de Madrid
http://www.antoniopinero.com

¿Rehabilitará Francisco a Hans Küng?


Francisco y Küng, ¿un acercamiento?

“Quedo a su disposición”, reza una de las cartas escritas por el Papa al teólogo

“A Küng no le obsesiona su rehabilitación; esa beneficiaría más a la Iglesia católica que a él”

Jesús Bastante, 26 de diciembre de 2014 a las 08:02

¿Cogerá el papa Francisco un día el teléfono y llamará a Küng para decirle que queda rehabilitado, que la Iglesia no puede permitir que muera como teólogo no católico uno de los teólogos más relevantes?

Hans Küng, teólogo/>

Hans Küng, teólogo

(Manuel Fraijó).- Hacía bastante tiempo que no subía la empinada cuesta que, en la hermosa ciudad universitaria de Tubinga, conduce a la casa de Hans Küng. Hace unas semanas pude volver a hacerlo, reconozco que con bastante emoción. Se me acumulaban los recuerdos.

Había conocido al maestro en todo su esplendor, allá por 1970. En mi retina siguen grabadas sus magníficas clases, sus seminarios, su cercanía humana, su apertura ecuménica, su acendrada fe, su pasión por una Iglesia humilde, dialogante, ecuménica, fiel al mensaje de Jesús, atenta a las necesidades del mundo y siempre dispuesta a reformarse. A sus alumnos nos impactaba, sobre todo, su apasionante recreación de la figura de Jesús de Nazaret; probablemente es uno de los teólogos del siglo XX que mejor ha hablado de él. Su libro Ser Cristiano, de 1974, consagrado casi en su integridad a la persona de Jesús, se ha hecho acreedor a un prolongado agradecimiento. Una y otra vez ha vuelto Küng a hablar bien de Jesús, la última en su libro Jesús (Trotta 2014).

Ahora, mientras enfilaba aquella cuesta, esta vez en la grata compañía de su editor español,Alejandro Sierra, y de su mujer, Christiane -le iban a hacer entrega de los primeros ejemplares del tercer volumen de sus memorias, Humanidad vivida-, pensaba en el título del libro de Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión.

Yo recordaba al Küng resistente, al teólogo joven y vigoroso, viajero incansable, lleno de energías y proyectos; pero era consciente de que unos minutos después me iba a encontrar ante un Küng familiarizado ya con la sumisión a la que obligan las enfermedades y los años. Tiene 86. Había leído el impresionante capítulo XII de la Humanidad vivida, titulado En el atardecer de la vida, un conmovedor relato de sus males de ahora y de sus esperanzas de siempre; un relato que emocionará a todo el que se entregue a su lectura.

Además, estaba informado de que, a finales del mes de junio, su avanzado párkinson le mostró su cara más siniestra: a punto estuvo de forzar el final, de provocar la última sumisión. Pero el párkinson tal vez no había contado con la fuerza y las energías acumuladas de este empedernido deportista, atleta, senderista, nadador y esquiador; en definitiva, no había contado con el Küng resistente.

Fue un encuentro de los que nunca se olvidan. Ante nosotros teníamos al Küng de siempre: sonriente, cordial, ameno. Las huellas de la enfermedad eran perceptibles, pero continuaba siendo el “hombre erguido” que evocaba E. Bloch. Le encantó la edición española de sus Memorias. Y, con notable satisfacción, nos comunicó que la editorialHerder está publicando sus Obras Completas en 24 volúmenes. Con sonrisa pícara añadió: “Esto es efecto del papa Francisco“. Se refería al hecho insólito de que una editorial católica publique sus obras.

Y, con gran satisfacción, desplegó sobre la mesa dos cartas del Papa, cuidadosamente archivadas, una de las cuales incluye en este volumen de sus memorias. Es notable su entusiasmo por la figura del actual papa. Le encuentra grandes semejanzas con su admirado Juan XXIII; reconoce que está llevando a cabo reformas necesarias, largamente esperadas y tenazmente defendidas por él y por otros muchos teólogos.

Calladamente yo me preguntaba si esas reformas incluirán su rehabilitación. Es sabido que, hace más de 30 años, Juan Pablo II le privó de su condición de teólogo católico. ¿Cogerá el papa Francisco un día el teléfono -está demostrando que sabe hacerlo- y llamará a Küng para decirle que queda rehabilitado, que la Iglesia no puede permitir que muera como teólogo no católico uno de los teólogos de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI que más han contribuido a la difusión y profundización del catolicismo en el ancho mundo?

Pensaba en esta posibilidad al contemplar una y otra vez aquella interminable estantería que contiene sus más de 60 libros, algunos de ellos muy voluminosos, traducidos a múltiples idiomas. Una estantería que ha proyectado mucha luz sobre los grandes temas de la vida humana: Dios, Jesús, la Iglesia, las religiones del mundo, el sentido de la vida, la ética, el más allá, el origen de la realidad, la deseada paz, la política y la economía, la música, y un abultado etcétera. Me venían a la mente los elogios que otro grande de la teología, K. Barth, le dedicó cuando solo era una joven promesa: “Le tengo a usted por un israelita en quien no hay engaño”; y terminaba deseando al joven doctor que viniera sobre él el Espíritu.

Se tiene la impresión de que el Espíritu no se ha portado nada mal con Küng. También me quedé con una frase, muy breve, de una de las cartas del papa Francisco: “Quedo a su disposición”. Küng no le va a pedir nada para él, pero los demás podemos, desde el respeto y la admiración que sentimos por el papa Francisco, rogarle que no eche en saco roto el caso Küng, que le haga un hueco en su agenda de reformas. Sabemos que no es un asunto fácil, pero Francisco se está especializando en temas arduos.

Digamos, finalmente, que, a estas alturas de la película, a Küng no le obsesiona su rehabilitación eclesiástica; esa beneficiará más a la Iglesia católica que a él. Está mucho más pendiente de la otra rehabilitación, de la que acontece cuando cae el telón de esta vida. En el citado capítulo 12 de la Humanidad vivida ofrece un vivo recuento de los numerosos “achaques” que hacen difícil su día a día. La muerte no es ya una amenaza lejana, sino un visitante que ya no se hará esperar demasiado: “Estoy a la espera”, preparado para “despedirme en cualquier momento”. De hecho, nos encontramos en el despacho en el que le gustaría morir, en el que ha trabajado desde que en 1960 llegó a Tubinga. Y en Tubinga desea ser enterrado. Ya ha comprado la que será su tumba. Reposará junto a sus entrañables amigos Walter Jens y su esposa Inge. Será su último homenaje a la amistad, su postrer intento de cercanía.

Su epitafio será sencillo y breve: “Profesor Hans Küng“. Desea ser recordado por su “oficio”: profesor. “No he sido un profeta, sino un profesor”. Un profesor que, en aquella tarde fría y lluviosa de Tubinga, transmitía paz, sosiego, serenidad. El teólogo de las muchas batallas se acerca al final con la serena certeza del trabajo bien hecho, del deber cumplido. “Mi obra está concluida“.

Ha escrito muchos libros, pero, como nuestro Unamuno, no se conforma con la inmortalidad que otorga la obra realizada, desea seguir viviendo él y no solo sus libros. Su fe cristiana le permite esperar un nuevo comienzo, otra vida más allá de la muerte. No desea el final, pero lo acepta con la confianza del viajero que sabe que no peregrina hacia ninguna parte. No es “la nada” nuestra última morada, escribe una y otra vez, sino el Misterio, al que algunas religiones, entre ellas el cristianismo, llaman Dios.

Eso sí: Küng desearía un final benigno, una buena muerte. Le gustaría morir como ha vivido: digna y humanamente. No querría sufrir la terrible y lenta agonía que en 1954 sufrió su joven hermano Georg, víctima de un tumor cerebral; tampoco desearía verse sumido en la demencia padecida por su amigo Walter Jens durante 10 años; y no le encuentra ningún sentido a una vida puramente vegetativa como la sufrida durante demasiados años por Ariel Sharon.

Como creyente cristiano sabe que la vida es un don de Dios. En su último libro, Glücklich sterben (Una muerte feliz), al que seguirá otro sobre los siete papas que ha conocido,rechaza expresamente el suicidio. No quisiera devolver su vida al Creador con ira y desesperación. Pero pide ayuda para un buen morir. Rechaza la alimentación artificial y la respiración asistida como formas de prolongar la vida. Y se pregunta si el acto de desconectar esas máquinas, lo que llamamos eutanasia pasiva, no es “tan activo” como el de suministrar una elevada dosis de morfina que causa igualmente la muerte, es decir, la eutanasia activa. Preguntas y más preguntas. Küng se ha pasado la vida practicando la teología de la pregunta.

Caía ya la tarde cuando me despedí, con más emoción que nunca, del maestro y del amigo. ¿Nos volveremos a ver? En Tubinga seguía lloviendo, como casi siempre por estas fechas.

Publicado en El País

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2014/12/26/la-serena-certeza-del-deber-cumplido-religion-iglesia-hans-kung-francisco-rehabilitacion-fraijo-teologo-vaticano.shtml

 

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