CRONICA DE UN ENCUENTRO: Lectura Popular de la Biblia desde las Mujeres Saber que sabemos


XIV Encuentro Nacional Ecuménico de

Mujeres, Pedagogías y Biblia

Buenos Aires, 27 y 28 de noviembre de 2010

MEMORIA

SÁBADO

El sábado 27 de noviembre desde muy temprano en la mañana fueron llegando desde diferentes lugares aquellas que nos dimos cita en un círculo de mujeres sabias.

“Saber que sabemos” es una expresión que invita a un reconocimiento mutuo, horizontal, circular, como portadoras de un saber propio y de un saber colectivo.

Es una expresión que también invita asaborear, a explorar, a indagar aquello que sabemos.

Es tambien una autoafirmación de una capacidad y un atributo que nos fueron negados por siglos y siglos.

Mujeres y sabiduria, mujeres y conocimiento, mujeres y ciencia, no siempre fueron binomios aceptados con facilidad para las instituciones hegemónicas, en las que se centralizó históricamente el poder político, el poder económico, el poder ideológico, el poder simbólico y cultural.

Saber que sabemos es, entonces, la proclamación de una autoridad que experimentamos, de una convicción que sostenemos, de una vivencia que nos habita.  En definitiva, es el enunciado llano de una experiencia de poder.  Y en tal medida, es un desafío que nos invita a reconocernos “sujetos de saber”.

El territorio en el que gestamos este encuentro

ISEDET es una casa ecuménica de estudios teológicos ubicada en uno de los barrios más populares de la ciudad de Buenos Aires.   Amplia, luminosa y acogedora nos ofreció su Aula Magna para desarrollar nuestras actividades.  Dicha Aula se halla en el subsuelo, por debajo de las aulas y espacios académicos por donde circula la cotidianidad del quehacer teológico.     Y estar en el subsuelo era como haber descendido al vientre de este gran pez que navega por discursos sobre Dios, sobre la Vida, sobre la Biblia, sobre el sentido de la Mision y del Saber en este mundo.

Asi que descendimos y allí habitamos durante los días del encuentro.   Y, como Jonás en el relato bíblico, en el silencio y en la penumbra, fuimos transformadas por nuestras propias provocaciones en forma de pregunta, de queja, de incertidumbre, de sospecha, de búsqueda y de sorpresa.   Nuestros cuerpos se tornaron metáfora viva de tales despliegues.  La Palabra liberada nos iba haciendo danzar, rodar, girar, caer, desmayar, saltar, contorsionar, estirar, replegar, abrazar, reir y llorar.  

Saber que sabemos es un descenso a los “infiernos” donde ya no podemos negar las convicciones que tenemos y donde ya no podemos callar “lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos; lo que hemos mirado y nuestras manos han palpado acerca de la Palabra que es Vida” (1Jn 1,1)  y Vida tambien para nosotras las Mujeres.

Nos dábamos cuenta, además, que estábamos literalmente siendo abrazadas por la tiernaPachamama que abría su vientre para recibirnos, acunarnos y hacernos nacer como mujeres sabias.   Estabamos enterradas como la semilla, esperando nacer y estallar.  Nuestro dialogos comunicaban mutuamente el ánimo de no abandonar el esfuerzo por ver la luz, por recuperar el fuego que necesitamos para vivir.

Releímos el antiguo cuento de “Vasalissa, la niña la sabia”  buscando claves para no perder el rumbo en nuestra búsqueda.  Las narrativas populares siempre contienen sabiduría y entran en dialogo con nuestros Textos Sagrados, los de la Vida y los de la Biblia.  Asi que nuestra primera etapa se detuvo en el tramo de la lectura en la versión de Clarisa Pinkola Estes.

Fuente:

http://alwari.wordpress.com/mujeres-que-corren-con-los-lobos/introduccion/capitulo-3-el-rastreo-de-los-hechos-la-recuperacion-de-la-intuicion-como-iniciacion/

Lectura del cuento “Vassalissa, la niña sabia”

Nos dividimos en tres grupos tomando el criterio de las experiencias de vida segun las edades: las más jóvenes, las de mediana edad y las mayores.

La consigna fue: leer el cuento y profundizaruno o dos de los siguientes ejes.

  • Primera tarea: Dejar morir a la madre demasiado buena
  • Segunda tarea Dejar al descubierto los mecanismos, propios y del entorno, que nos esclavizan.
  • Tercera tarea: Alimentar la intuición y dejarla actuar.
  • Cuarta tarea: Recorrer el bosque aunque esté oscuro.
  • Quinta tarea: El encuentro con la Sabia oscura
  • Sexta tarea: Ordenar la casa del alma a partir de otras lógicas.
  • Séptima tarea: La separación entre “esto y aquello”.
  • Octava tarea: La indagación de los misterios, aprender a preguntar.
  • Novena tarea: Volver a la práctica desde una experiencia de sabiduría
  • Décima tarea: La modificación de las sombras negativas.

Producir un afiche grupal-sintesis y reservarlo para la tarde.  Compartimos el almuerzo.

 Sábado a la tarde

A las 15 hs nos reunimos nuevamente a partir de una vivencia desde la Biodanza

que colabore en la autoafirmación y el enraizamiento sobre nuestro propio ser (cuerpo y discuros)

Posteriormente focalizamos en el significado del lema  SABER QUE SABEMOS y nuestro camino de 15 años de Lectura Popular de la Biblia con ojos de Mujeres.   Explicitamos nuestra metodología de proponer itinerarios a través de diversas narrativas o textos sagrados: los de las culturas populares, los de la Biblia, los de nuestro propio cuerpo y sus relaciones, así como la autoridad del propio discurso.

 

El arte de narrar en nuestros encuentros de mujeres

 Nuestros encuentros siempre inician con una mirada sobre nuestra vida cotidiana.  La experiencia es el lugar donde trabajamos para interpretar lo que sucede y poder transformarlo.   La vida de las mujeres y sus experiencias es el punto de partida infaltable para reflexionar sobre Pedagogías y saberes de mujeres.

A lo largo de nuestros encuentros hemos descubierto diversas mediaciones para evocar este tesoro de sabiduría que es la vida y la experiencia de cada mujer con su historia, sus búsquedas, sus esperanzas y utopías. La más importante de las mediaciones ha sido siempre atrevernos a confiar en que “la otra” es como “un espejo” en el que puedo verme y  reconocerme en mis diferencias como su igual.

Una de las mediaciones que hemos privilegiado es la de encontrarnos,  mirarnos cara a cara y compartir la vida.  Atrevernos a mirarnos en el espejo de “la otra”.  La vida de otra mujer,  diferente, pero igual a mi, que se presenta ante cada una como un tejido que habla, con quien podemos cruzar e intercambiar miradas y nuestras visiones del mundo y de Dios.

Nos hacemos mujeres en-red-adas en historias y discursos 

La construcción de nuestra identidad es siempre un proceso que hacemos entretejidas y en-redadas en historias de otras / os y en discursos compartidos.

Las narrativas y los discursos familiares y sociales que recibimos nos entregan una herencia culturalmente muy rica sembrada de ideas, símbolos, costumbres impregnados de códigos éticos acerca de lo que significa ser mujer, cómo construir el mundo, en qué creer, cómo amar y ser amadas, cómo relacionarnos con los demás y con Dios.

Cuando nos llega el turno de acoger y acompañar la vida nueva que nace en nosotras y alrededor nuestro lo hacemos transmitiendo y transformado esa herencia recibida contando nuevos relatos y experiencias. A este entretejido personal que hacemos con lo recibido del pasado, lo que vivimos en el presente y lo que proyectamos para el futuro podemos darle el nombre de identidad narrativa.[1] .  La conciencia de género arraiga en nuestra identidad cuando podemos integrarla a nuestra narrativa personal y entretejerla.

Nuestra identidad es una construcción dinámica que nunca acabamos. Tejemos y destejemos hasta dar con nuestro diseño personal en alianza con los diseños de las otras/os. Gracias a esto es que podemos transformarnos y transformar el mundo en que vivimos.

Los cuentos nos acompañan en nuestra vida

Como ya hemos hecho en otras oportunidades en nuestros encuentros de lectura popular de la Biblia desde las mujeres[2] nos gusta adentrarnos en la sabiduría arquetípica que nos aguarda en los antiguos relatos. Hemos aprendido a descubrir las huellas de esta sabiduría ancestral en textos del mundo de la Biblia y también en textos extra bíblicos como los cuentos tradicionales de las más diversas procedencias. Hemos aprendido a saborear emociones, alegrías y tristezas, preguntas, deseos profundos, las búsquedas y aprendizajes inconclusos y los riesgos que éstos traen a nuestra vida, las habilidades y destrezas que desarrollamos las mujeres en nuestros procesos de crecimiento. Confirmamos desde esta breve experiencia que “los cuentos son una medicina,”[3]

Además, hemos podido descubrir y reconocer que los cuentos tienen “instrucciones que nos guían en medio de las complejidades de la vida.”[4] Los cuentos están cargados de los más variados personajes que podemos encontrar a lo largo de nuestra vida. Sus tramas narrativas despliegan diversas relaciones de sentido, de encuentro y desencuentro, de poderes, de amor y desamor. A través de los cuentos nos vamos familiarizando con símbolos que nos ayudan a tratar de desentrañar estas relaciones y aprender a imaginar cómo posicionarnos personalmente cuando nos toque vivir situaciones similares. Gracias a los cuentos encontramos dimensiones de nuestra alma y del mundo en que vivimos a las que no llegaríamos por nosotras mismas. Los cuentos nos adelantan o anticipan los posibles caminos que tendremos que andar para llegar a ser mujeres.

Los cuentos nos transmiten una sabiduría ancestral para que podamos enfrentarnos a las dificultades que siempre estarán en nuestras vidas y que son inevitables.[5]

Sospechar, deconstruir y reconstruir desde la sabiduría arquetípica.

Además de este aspecto beneficioso que nos aportan los cuentos hay sin embargo otro aspecto que no queremos dejar pasar por alto ya que tiene graves consecuencias para la vida de las mujeres y varones. El hecho es que los cuentos forman parte de los imaginarios y discursos sociales a partir de los cuales construimos nuestra identidad de género las mujeres y los varones. Tal como explica una autora:  “pareciera que los cuentos tradicionales tienen la estructura del sueño: personajes extraños, seres míticos, desenlaces inesperados, acciones irreales…Sin embargo, a diferencia de los sueños, los cuentos destinados a ser escuchados por la infancia están dotados de intencionalidad, quizá inconsciente para quienes los escribieron e inventaron: se caracterizan porque, sistemáticamente, describen a la mujer o la niña que los protagoniza como si fuera tonta: así se presenta a las princesas; o malísima, como las madrastras y las brujas. Las tontas o distraídas como Caperucita serán salvadas por un varón: el cazador; o las sirvientas, rescatadas de su miseria por un príncipe, como le sucedió a Cenicienta.    Esta dimensión intencional diferencia los cuentos tradicionales de la estructura del sueño, que cumple otras funciones liberadoras para quienes duermen. Los cuentos, si bien crean el clima de ensoñación y concentración en los niños y niñas que escuchan, se sirven de él para incorporar ideas sexistas y discriminatorias mientras dura ese estado casi hipnótico que la escucha atenta del cuento produce. Estas narraciones son las que han propiciado y acompañado la subordinación del género mujer y han coadyuvado en la confusión respecto de los derechos de cada uno y de cada una. También contribuyeron a prejuiciarse acerca de lo que se consideran características femeninas y masculinas, que son resultado de las prácticas culturales de la historia, de los avatares psicológicos, y no son inamovibles, esenciales o inmodificables.”[6]

La narración de cuentos forma parte de los discursos a través de los cuales los niños y las niñas aprenden a insertarse en el ambiente y la cultura donde nacen. Esta antigua práctica social de contar cuentos hace que las personas adultas tejan con los niños y niñas una red de acuerdos acerca de cómo deben comportarse, qué está permitido y que no. A través de los cuentos aprendemos a establecer los primeros pactos que nos guiarán a lo largo de la vida y serán como señales invisibles que orienten los pactos sociales y políticos que gobiernen nuestra sociedad. Detenernos a mirar de cerca algunos cuentos y destejerlos (deconstruirlos) puede ser una práctica que nos permita re-escribir relatos y discursos nuevos para una nueva red de relaciones entre mujeres, entre varones y entre mujeres y varones.


[1] Ricoeur P., La vida en busca de un narrador…

[2] Por ejemplo: La vendedora de fósforos trabajado en el LPB_M-2002;  Las mil y una noches: Sherezade y Vasalisa la Sabia trabajados en el LPB_M- 2003

[3] Pinkola Estés Clarisa, Mujeres que corren con los lobos, Ediciones B – Grupo Zeta, Buenos Aires, 2001, p.24.

[4] idem p.24.

[5] Bettelehm Bruno, Psicoanálisis de los cuentos de Hadas, Editorial Crítica, Grupo editorial Grijalbo, Barcelona, , pp.14-15.

[6] Giberti Eva, en La otra y yo, p. 16-17.

A continuación retomamos la producción de los grupos.

Resumen de las producciones:

*La sabidura esta en mí misma.

*Tiene que haber una decisión – esto es conspirativo del patriarcado- de buscarla- el patriarcado nos ha alejado de nuestra propia sabiduría y de la sabiduría de otras.  Es un trabajo clandestino-

*Saber que sabemos opera sobre la propia Identidad enfrentándonos a la pregunta sobre ¿quién soy? ¿quién quiero ser? y ¿quién no quiero ser?

A las 16,30  recibimos a la Dra.Diana Maffiacon su aporte “La cuestión del conocimiento y su relación con las experiencias y las prácticas de las mujeres”.

Las preguntas que hicimos y que que motivaron su aporte fueron:

  • ¿Cómo construir un conocimiento que nos empodere como Mujeres?
  • ¿Cómo interpretar las experiencias a partir de una mirada feminista?
  • ¿Cómo recuperar la historia y los procesos de estos 10 últimos años para visibilizar la sabiduría de nuestras prácticas populares?
  • ¿Cómo explicitar nuestras pedagogías y/o epistemologías?

 

19 00  hs. Con las claves de Diana trabajaríamos sobre la memoria de los últimos 10 años, es decir tomando como hito la crisis que vivio nuestro pueblo en diciembre del 2001.

Durante la noche nos dedicamos un tiempo de meditación personal mientras nos tomamos la tarea de confeccionar nuestra propia muñeca, que representa la voz interior de nuestra sabiduría.  La consigna fue conectarnos con nuestros ciclos de vida-muerte-vida.   El Laberinto de Chartres, ya conocido en otros encuentros, sirvió de ícono para representar nuestros recorridos y senderos de mujeres atravesados a lo largo de estos años.

La tarea consisitió en aplicarnos a una interpretación

de nuestros ciclos vitales de mujeres

como una Pedagogía de la Autonomía

según las categorías del gran pedagogo brasileño Paulo Freire

desde la Educación Popular.

 

Descubrimos que los procesos que atravesamos casi nunca son lineales, de ahí los círculos y espirales. Vivimos diferentes procesos, ritmos, profundidades o conciencias de género en las diferentes dimensiones de nuestra vida.  La claridad casi nunca es total.  De ahí la necesidad de acompañarnos con ternura creando alianzas y redes.

 DOMINGO

Durante la mañana hicimos un repaso por nuestra pedagogia de lectura bíblica feminista.  Repasamos las principales claves de hermenéutica feminista que nos ayudaron en estos años a recorrer senderos teologicos y místicos de mujeres.   En tantas narrativas bíblicas leídas, compartidas e interpretadas a la luz de nuestra vida, hicimos un entrecruce con las pedagogías de otros muchos grupos de Mujeres que tambien recorren senderos de liberación y construcción de justicia y vida plena para todos y todas.

A partir de la figura de Maria Magdalena y del relato del encuentro con Jesus resucitado compartimos la interpretación motivadas por la escultura Alejandro Santana que se encuentra en la localidad patagónica de  Junín de los Andes

Juan 20,11-18

 María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro.

Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados una a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”.

María respondió: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. 

 Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 

 

Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. 

Ella, pensando que era el   cuidador de la huerta, le respondió: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo”. Jesús le dijo: “María!”.

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: “Raboní!”, es decir, “Maestro mío!”.

Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he subido al Padre.

Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes””.

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos

que había visto al Señor

y que él le había dicho esas palabras.

 

FUENTE: http://saberquesabemos.wordpress.com/

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: