Un dios femenino


IRENE Boada 29/01/2015
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Entrar en una iglesia protestante y ver que una mujer dirige una ceremonia es muy agradable y la hace muy creíble. A las mujeres nos sumerge en un poder espiritual mágico y nos conecta religiosamente a las alturas. Esta sensación tan agradable la hemos ido sintiendo las mujeres en otros ámbitos en los últimos 30 años, a medida que hemos ido conquistando espacios profesionales a los que teníamos el acceso vetado. Un indicador con respecto al poder femenino actual es que, desde el 2004, la prestigiosa publicación Forbes publica una lista de las 100 mujeres más poderosas del mundo, basándose en el impacto de visibilidad y económico. No es, pues, una cuestión menor.

En estas últimas semanas se ha cumplido un sueño para mucha gente. Ha sido nombrada la primera mujer obispo anglicana. Ya hay mujeres obispos en algunos otros países del mundo protestante. Pero en el decadente mundo católico estas buenas noticias deberían tener consecuencias inmediatas si la Iglesia católica quiere continuar existiendo como una entidad seria y respetable. Conceptual e históricamente, las dos son iglesias muy próximas. La iglesia de Inglaterra acordó que las mujeres podían ser sacerdotes hace más de 20 años. Actualmente, las mujeres ya ocupan una tercera parte del sacerdocio. Ambos logros han sido alcanzados, obviamente, no sin dificultades. Incluso han estado a punto de causar cismas en el seno de la iglesia, ya que los grupos tradicionales se han opuesto duramente durante décadas. Pero, desde grupos como Women and the Church y Catholic Women’s Ordination, las mujeres han perseverado. Y el esfuerzo ha valido la pena. El mundo británico en el que se desarrolla la iglesia anglicana ha jugado un factor clave. El Reino Unido tiene una larga tradición en políticas para la igualdad y los derechos humanos, que están presentes en cualquier ámbito laboral y social. Esto ha supuesto una compleja legislación para eliminar barreras y reducir las desigualdades, la discriminación y acabar con los prejuicios en diversos ámbitos (edad, discapacidad, género, raza, religión u orientación sexual). Pues ahora también en el religioso.

De hecho, hay muchas desventajas prácticas en el concepto de una jerarquía religiosa exclusivamente masculina. En primer lugar, discrimina a las mujeres al excluirlas de un poder y de un estatus en la sociedad. Seguramente, hay tantas mujeres que querrían dedicar su vida a cuidar de las necesidades espirituales de la sociedad como hombres. Prohibir que las mujeres entren plenamente en el ejercicio religioso envía unas señales a la sociedad de que las mujeres son, de alguna manera, ciudadanas de segunda. Además, posiblemente en el caso de la Iglesia católica, si hubiera mujeres curas y mujeres obispos, seguramente no hubieran existido tantos casos de abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes. Como mínimo, se hubieran producido en la escala en que se han producido en el mundo que va desde Inglaterra y Escocia hasta Canadá, EEUU y Australia.

El papa Francisco ha reconocido que, en la actualidad, hay unos cuantos miles de curas u obispos pedófilos. Muchos supervivientes de abusos por parte de sacerdotes están terriblemente enfadados por lo que ven como fracaso del Vaticano para castigar a los altos funcionarios que han sido acusados de encubrir escándalos. Fijémonos en el caso del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, y en la manera tan poco efectiva con la que ha hecho frente a los abusos sexuales a menores, con tres sacerdotes, miembros del ultraconservador grupo de los Romanes, detenidos por abuso sexual a menores. Lo hizo postrándose ante el altar mayor, en vez de enfrentarse y denunciando enérgicamente los hechos. Creo que los obispos encubridores de pedófilos son peores que los mismos pederastas.

Una justificación teológica mayor para un clero exclusivamente masculino es que Jesucristo eligió solo hombres entre sus apóstoles. Pero hace 2.000 años las mujeres solo tenían un rol limitado fuera del hogar. Por lo tanto, el hecho de que él eligiera únicamente machos no debería sorprender teniendo en cuenta la cultura de la época. Si Jesucristo viniera ahora, en el 2015, entraría en Jerusalén en coche, en vez de entrar con un asno, y no solo seleccionaría humanos con pene.

Este sería un buen momento para que la gente, cada uno a su manera, exija cambios en la Iglesia católica. Las religiones como la católica pueden hacer muy buen trabajo espiritual y social. Justamente por el buen trabajo que pueden hacer, hay que exigir de manera decidida que demuestren su buena fe, su buen ejemplo y que sean los primeros en mostrar la justicia y la igualdad, desde dentro.

* Periodista y filóloga.

 

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/dios-femenino_936030.html

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