Luisa y Antonio, un amor separado por la Iglesia


Luisa y Antonio separados por la iglesia

No fue la muerte, como dice el rito católico. Fue la Iglesia la que los separó. En 1957, cuando ambos ya eran ancianos, un nuevo párroco impidió que aquella unión no avalada por la Iglesia continuara adelante.
Luisa Moya Morón y Antonio Espada Pabón, ambos creyentes católicos, se amaron y respetaron en la prosperidad y en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Todos los días de su vida. Pero lo hicieron en la intimidad, sin boda, sin ceremonia, sin curas. Él era viudo y ella, casada, fue abandonada por su primer marido, que viajó a Argentina en busca de un futuro mejor. Con él se llevó al mayor de sus tres hijos. Acababa de estallar la I Guerra Mundial y la vida siguió dura, árida y penosa en Villanueva de San Juan, el pequeño pueblo de la Sierra Sur de Sevilla donde Luisa, sola con sus dos niñas pequeñas, se ganaba la vida poniendo inyecciones, atendiendo partos, salvando a animales, amortajando cadáveres… Ni de su primer marido, ni de su hijo mayor. Nunca más tuvo noticias.
Con los años, Luisa la Caballito se enamoró de Antonio, el Sordo cache, maestro de molino y carpintero, que aportó a la nueva familia cinco hijos. De su unión nacieron cinco más. Doce en total. Hoy sólo vive Mercedes, de casi 90 años, que no aguanta ni un segundo sin llorar cuando se le pregunta por sus padres. Porque Luisa y Antonio se amaron y respetaron incluso siendo su vida más adversa que próspera, más pobre que rica… Pero no fue la muerte, como dice el rito católico. Fue la Iglesia la que los separó. Según la reconstrucción realizada por su bisnieto Manuel Camacho a partir de los testimonios de familiares y personas mayores del pueblo, en 1957, cuando ambos ya eran ancianos, un nuevo párroco impidió que aquella unión no avalada por la Iglesia continuara adelante. “Les hizo la cruz y los persiguió”, denuncia Manuel.
Desde su separación obligada, Luisa, con todos sus años encima, acudía a escondidas a cuidar de Antonio, enfermo, sordo y ciego en sus últimos días. Como un inspector de la moral –cuenta su bisnieto–, el párroco se presentaba en la casa de Antonio sin avisar para controlar que la mujer, en este caso la adúltera, según el Código Penal del franquismo, cumplía con la orden. “En una ocasión, mi bisabuela tuvo que esconderse en una pajareta, donde guardaban la paja. Otro día, intentando huir, casi se mata corriendo por las calles empinadas del pueblo”, explica Manuel emocionado. Sostiene en sus manos una fotografía de los dos juntos: ella con su cabello recogido en un moño y la frente surcada de arrugas; él, a su lado, con el pelo blanco y la mirada cargada de historias.
Tres años después, en 1960, Antonio murió con 87 años sin su mujer al lado. Ni doblaron las campanas ni hubo rezos por su alma. Sin pasar por el centro del pueblo, solo, como un animal, fue trasladado hasta el cementerio de los ahorcados, donde fue enterrado junto a aquellos que a los ojos de la Iglesia no merecían la salvación de Dios, asegura su bisnieto. “Fue un castigo, sobre todo, a mi bisabuela, a la mujer por ser mujer, que no pudo ver a mi bisabuelo ni el día de su muerte. Eso es muy doloroso, porque además los dos eran creyentes”, añade Manuel. Luisa falleció siete años después, con 78 años, cuando el cura ya se había marchado de Villanueva, y fue enterrada, porque así lo ordenó ella, en el suelo, en la tierra, sin lápida ni inscripciones, como Antonio, pero en el cementerio católico. “Llevó esa losa hasta el día de su muerte”, dice Manuel. Nadie de la familia que queda sabe con certeza dónde está ninguno de los dos.
“No quiero que esta historia termine así. Quiero encontrarlos y enterrarlos juntos, ponerles una placa donde se puedan leer sus nombres. Quiero acabar con la humillación que la Iglesia hizo pasar a un hombre bueno y a una mujer buena que lo único que hicieron fue quererse y cuidar de los suyos”, afirma Manuel sin soltar la foto de los dos. Su lucha lo ha llevado hasta aquel cura, Juan María Cotán González, que aún vive. Tras contarle la historia a una amiga, ésta se quedó perpleja al comprobar que, casualmente, se trataba del párroco de su pueblo, Gines, en el Aljarafe sevillano. Allí llegó en 1960. En 2010, 50 años después, el Ayuntamiento, con el apoyo de PSOE y PP y la abstención de IU, lo nombró hijo adoptivo. También cuenta con una calle en su honor. Según la Archidiócesis de Sevilla, numerosas personas han mostrado su cariño y agradecimiento al párroco por su labor en el pueblo.
“Sólo Dios sabe el bien tan grande que ha hecho a la Iglesia y al pueblo de Gines”, llegó a decir de él el arzobispo, Juan José Asenjo. “Llegamos a su casa y nos recibió amablemente. Después de recordar su paso por Villanueva, contar batallitas y alardear de las peticiones que le hacía el gobernador civil para que eligiese al alcalde de turno, todo con muestras de una memoria increíble, le puse la foto de mis bisabuelos por delante, la cogió, la puso boca abajo en la mesa y, nervioso, comenzó a cambiar de tema”, relata Manuel. Ante su insistencia, el párroco, ya jubilado, aseguró no acordarse de nada pero se prestó a averiguar dónde estaban enterrados. Anotó sus nombres en un papel y el número de teléfono de Manuel, a quien llamó a los pocos días: “Manuel, apunta… me dijo nervioso. Y comenzó a leer las partidas de defunción”. Manuel respondió que aquellos papeles –que saca de una carpeta donde conserva como oro en paño las fotos de sus familiares– ya los tenía: “Entonces me dijo que no me podía ayudar, que no los recordaba, que me pedía perdón por el daño que me hubiera podido causar pero que no creía que tuviera ninguna culpa porque siempre actuó según las leyes del momento”.
Recuperar el amor
Preguntado por La Marea, Juan María Cotán insiste en que no recuerda nada de aquella historia: “Al cabo de 60 años, imposible. Aunque tuviera muy buena memoria y quisiera complacerlo [a Manuel Camacho], imposible. Imposible. No recuerdo nada. Le remito a uno que esté puesto en derecho canónico. Pregunte en el tribunal eclesiástico de Sevilla”, argumenta en conversación telefónica. No recuerda la historia pero tampoco niega que pudiese haber ocurrido de esa forma: “Entonces lo único a lo que me podía remitir era a la ley que me obligaba a mí, otra cosa no”, alega. El párroco añade que ha intentado ayudar a Manuel para saber dónde estaba enterrado su bisabuelo: “Hice las gestiones pero no hay señal de ninguna clase, porque está enterrado en el suelo, según me dijeron. Ahí la única posibilidad que hay es una investigación científica, otra cosa no”.
Manuel, con las fuerzas que le da esa tierna foto a la que se agarra como un clavo ardiendo, seguirá peleando para reparar el honor y la dignidad de dos personas que se amaron a pesar de las adversidades y la pobreza, a pesar de las leyes del franquismo y de la Iglesia. “Esta historia de amor no se puede olvidar, tengo que recuperar ese amor”, concluye su bisnieto, a quien ya le ha dicho Mercedes, la hija viva de Antonio y Luisa, que si los encuentra le estará agradecida durante toda su vida. El castigo a su bisabuela y a su bisabuelo es solamente una parte de las canalladas a las que la dictadura sometió a su familia. Fusilaron a su abuelo en 1937 y, poco después, raparon y vejaron a su abuela, a quien se le murieron dos hijos de hambre. Una de las supervivientes, la madre de Manuel, falleció sin hablar, con todo ese dolor dentro. “Yo tenía 20 años y nunca me contó nada de eso. Hasta que no empecé a interesarme por el tema, por mis raíces, todo aquello se mantuvo como un tabú por el miedo que suscitaba”. Las tres, bisabuela, abuela y madre, se llamaban Luisa.
https://laicismo.org/2015/luisa-y-antonio-un-amor-separado-por-la-iglesia/121620

«Ha Descubierto el Vaticano que la mujer debe estar en ejecución el mundo?» por Carol P. Cristo


Lunes, 09 de febrero 2015
«Si, de hecho, las mujeres están» orientadas al bien común «, entonces esta es la mejor razón que se me ocurre para elegir a un Papa mujer. Y si una mujer son de hecho cableados que pensar en el bien de todos, wouldn ‘ t primer acto de una mujer papa sea para disolver la jerarquía que la eligió? ¿Es por eso que el Vaticano tiene tanto miedo del poder de las mujeres? 

A partir de 4-7 febrero 2015 el   Pontificio Consejo de Culturacompone de 32 miembros con derecho a voto (29 clérigos varones y 3 laicos) con el asesoramiento de consultores sin derecho a voto (28 hombres y 7 mujeres), discutió el papel y el lugar de la mujer en la Iglesia y en el mundo en relación con el documento preliminar dice que ha sido elaborado por un grupo de mujeres no identificadas en palmitas por el Vaticano.

El Consejo fue convocada para discutir la cuestión de la mujer en respuesta a:
llamadas a ordenar mujeres;
demandas para desmantelar la jerarquía dominada por los hombres de la iglesia;
desafíos a la teología y la doctrina moral por monjas educadas;
el continuo éxodo de las mujeres menores de cincuenta de la Iglesia;
el vaciado de los conventos, sobre todo en América del Norte y Europa.

Curiosamente, en la definición de la diferencia esencial entre el hombre y la mujer, los autores del documento de la historia (citan erróneamente como muestra Max Dashu ), pero no la Biblia o la ley natural, como base de su visión:

En los albores de la historia humana, las sociedades divididas roles y funciones entre hombres y mujeres con rigor. Para los hombres pertenecían responsabilidad, autoridad y presencia en la esfera pública: el derecho, la política, la guerra, el poder. Para las mujeres pertenecían reproducción, educación y cuidado de la familia en el ámbito doméstico.

Los autores del documento probablemente creen que la tradición católica ha enseñado:
que Dios creó a los hombres y mujeres de manera diferente;
que las diferencias de hombres y mujeres tienen su raíz en la biología;
y que la biología es el destino.

Es posible que hayan reconocido que tales reclamaciones han sido impugnados por intérpretes feministas de las Escrituras y por los científicos y filósofos de la ciencia feministas. Parece que todavía no han llegado a través de las teorías sobre   sociedades matriarcales igualitarias pasado y el presente   que socavan su comprensión de la historia humana.

La versión de la historia del documento se presenta da autoridad en la esfera pública a los hombres, mientras que la asignación de responsabilidades para la reproducción y el cuidado en la esfera privada de las mujeres. Los autores saben que este estado de cosas ya no existe en esta forma tan simple (si alguna vez lo hizo) y que las mujeres de hoy están afirmando su derecho de poder y autoridad en todos los aspectos de la esfera pública. Si bien no decirle a las mujeres a permanecer en el hogar, los autores (muchos de los cuales posean la carrera) parecen temer que si las mujeres van demasiado lejos, van a perder las cualidades especiales que su (supuesta) confinamiento en la esfera doméstica que engendró en ellos . En otras palabras, si las mujeres afirman demasiado poder, ellos (nosotros) dejarán de preocuparse por los niños y «el bien común». **

Por lo tanto, los autores nos dicen, las mujeres siempre deben recordar que el cuidado y la crianza son la más alta vocación a la que ellos (nosotros) pueden y deben aspirar.

Los lectores pueden haber notado que cuando los autores del documento definen el papel de los hombres como la esfera pública mencionan derecho, la política, la guerra y el poder, pero no la religión. ¿Por qué? ¿Es porque saben que las mujeres ocupaban el poder como sacerdotisas en Roma, por no hablar de Grecia, Egipto y Sumer? ¿O es que ellos ven el sacerdocio masculino de la Iglesia como ordenado por Dios en lugar de la historia? ¿Por qué, me pregunto, qué nombrar la guerra como una historia es un reino  

reservado a los hombres, sin mencionar que las mujeres y los niños son siempre víctimas de la guerra?

Tengo una reacción doble a la vista del sexo y el género diferencia presentada en el documento.

Por un lado, es evidente que lo que sus autores denominan diferencias «bio-fisiológica» entre mujeres y hombres se están utilizando en el documento para justificar la continuación de la dominación masculina en el ámbito público de la sociedad y de la Iglesia. Dado que las teorías sobre las diferencias pueden ser utilizados de esta manera, ¿no estaríamos mejor simplemente para etiquetar todos los debates de la diferencia entre hombres y mujeres como esencialismo arraigadas en el sexismo y los echarán en el cubo de la basura de la historia?

Por otra parte, la declaración de los autores acerca de la diferencia femenina como sus raíces en la relación madre-hijo resuena mi fieltro y el sentido de las diferentes tendencias que existen entre niños y niñas, mujeres y hombres reflejada. Los autores dicen:

Es el universo femenino que – debido a una predisposición natural, espontáneo que podría llamarse bio-fisiológica – siempre ha cuidado, conservado, nutrido, sostenido, creada atención, el consentimiento y la atención alrededor del niño concebido que deben desarrollarse, nacer, y crecer.

Esta declaración no es tan diferente de   La afirmación de Franz de Waal que los orígenes de la empatía y la moralidad humana se encuentran en el cuidado de los primates hembra para sus bebés . De Waal declaró además que, si bien los primates machos también están cableados para la empatía, parecen más propensos que las mujeres sean capaces de reemplazar a favor de la agresión cuando se sienten amenazados. Como sugerí en   el blog en el que hablé de la teoría de los orígenes de primates de la moralidad humana de De Waal , no puede ser una manera de reconocer las diferencias entre mujeres y hombres sin usarlos para justificar, legítimo, o santificar la dominación masculina.

Desde luego, debemos decir al Consejo Pontificio para dejar de usar las teorías de las diferencias entre hombres y mujeres para justificar las injusticias sociales, si los que están situados en el sacerdocio de todos los hombres, la jerarquía del Vaticano, la autoridad papal, o la Trinidad Profana nombrado por Mary Daly como Violación y genocidio y guerra.

Pero ¿y si en lugar de rechazar todas las teorías de la diferencia, reconocimos que la evolución ha producido diferentes tendencias en los sexos sin limitar con ello las capacidades *** o determinar los roles de ambos? Al reconocer que las madres con bebés crearon la base de la sociedad y la moral, le damos la mujer algo para estar orgullosos de nuestras vidas y de la historia. Entonces, ¿qué pasa si en lugar de utilizar las diferencias entre los sexos para justificar macho (o mujer) dominación, nos preguntamos qué tipo de sociedades que nos gustaría crear? Mi sugerencia es que el cuidado y la preocupación por el bien común deben ser los valores más altos, tanto en los ámbitos público y privado.

Haríamos bien para colocar los consejos de mujeres (no una mujer individual en un grupo de hombres) en lugares donde podrían tomar las decisiones finales acerca de cómo tratar a los más vulnerables y la posibilidad de ir a la guerra. **** También podríamos la conclusión de que nuestros sistemas educativos, sistemas políticos, y todos los demás sistemas deberían premiar a los que mostrar empatía y preocupación por el bien común, en lugar de los que son competitivos e interesada. De esa manera le animamos a todos los seres humanos a cultivar los valores que nuestra cultura ha menospreciado asignándoles exclusivamente a las mujeres en un contexto patriarcal.

Entonces, tal vez podríamos pusimos a crear un mundo más justo en el que se comparte el poder y en el que la atención y la preocupación por el bien común y el florecimiento de todos (humanos, que no sea humana) realmente es el valor más alto.

* Gracias a   Max Dashu en cuyo blog refuta el documento del Pontificio Consejo   me ha alertado su existencia al Espíritu  de la mujer de Irlanda   para reenviar el enlace.

** Los autores no están del todo mal que preocuparse por esto. Si todas las demás cosas permanecen igual (es decir, patriarcal), las mujeres individuales pueden ser tentados a dejar de lado nuestro duro-cableado para la empatía con el fin de obtener el poder, es decir, llegar a ser como Angela Merkel en relación al sufrimiento del pueblo griego. Los autores del documento del Pontificio Consejo parecen haber sido seducido por el poder del Vaticano a dejar de lado su empatía por otras mujeres y sus propias mujeres-yos.

*** Una de las cosas más tristes sobre el documento es que puede ser leído como el supuesto de que los hombres no se preocupan por los niños o el bien común «.

**** «Entre el Iroquis,   «Las madres del clan tradicionalmente ejercen gran influencia en el bienestar de sus familias y de las Naciones. Tienen la autoridad para eliminar el cuerno (toma de jefes tribales lejos de) sus jefes errante. [La sociedad] es ser una sociedad matriarcal como las mujeres son sagradas como son dadores de vida, son los poseedores de títulos a la tierra, y [porque] las mujeres saben instintivamente el precio de la guerra «.

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Apasionados por el Reino de Dios


LUPA PROTESTANTE – ESCRITO POR · 09/02/2015

Todos los seres humanos somos pasionales; es decir, tenemos pasión por algo. Para unos puede ser el deporte; para otros, la naturaleza; para otros, la religión; para otros, el poder; para otros, la tecnología; para otros, la belleza, el sexo, el dinero… Insisto, todos somos pasionales o tenemos pasión por algo.

Llevado al terreno espiritual, a pesar de que las iglesias están llenas de personas que se confiesan cristianas o, por lo menos se consideran religiosas, me atrevo a afirmar que no todos los creyentes forman parte de ese linaje especial de los apasionados por el Reino de Dios. Son creyentes, asisten a los cultos de la iglesia, intentan mantener un buen testimonio, se llevan bien con sus vecinos, incluso dan limosna…, pero no viven apasionados por el Reino de los cielos.

Cuando hablo de pasiones me refiero a que todo el ser personal vibra, siente, se entusiasma y hasta padece por una idea o un proyecto. De hecho, la palabra “apasionar” está relacionada con “pasión” que viene del latín passio, es decir, acción y efecto de padecer, sufrir, tolerar. Por ejemplo, el amor no es solo un sentimiento positivo de afecto, atracción, cariño…, sino que incluye, además, pasión, es decir, capacidad de entrega, sufrimiento, sacrificio…

No vamos a entrar a valorar las razones por las que muchos cristianos no están apasionados por el Reino de los cielos; sería un tema muy rico en matices y aspectos psicológicos de la persona. Lo que me interesa en estos momentos es enumerar algunas de las señales que identifican a aquellos que están apasionados por el Reino de los cielos.

Pasión por las Escrituras. La Palabra está en la esencia de la existencia cristiana. Sin la Palabra no hubiera habido creación, ni hubiera existido salvación. Sólo a través de la Palabra conocemos la esencia de Dios y lo que ha hecho a favor de la humanidad.

Por eso, los que están apasionados por el Reino de Dios tienen, también, pasión por la Palabra y desean conocerla cada vez más; la meditan, la escudriñan, la estudian, la cuestionan, si cabe, para detectar la esencia de la verdad, la interiorizan, la viven, la proclaman… Todo ello genera cambios en el interior de modo que, poco a poco, paso a paso, se va configurando una persona conforme al corazón de Dios, porque cuando uno está expuesto a la Palabra nada sigue igual, hay cambios que se operan en el interior de la persona y se manifiestan en su forma de pensar, de sentir y de vivir.

En un reciente artículo de Rachel Grate publicado el 22 de septiembre del 2014, se informa de que sólo seis minutos de lectura son suficientes para reducir el estrés en un 68%. Añadamos a esto altas dosis de consuelo y esperanza que encontramos en las Sagradas Escrituras. Leer, meditar y estudiar la Palabra permitirá que nuestra mente inconsciente esté mejor preparada para enfrentar las dificultades de la vida que van a hacer acto de presencia, porque la confianza en el Dios Creador permitirá mantener la esperanza más allá de nuestra existencia y circunstancias. Por eso, el apóstol Pablo exhorta: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (Col 3.16).

Pasión por el servicio. El apóstol Pablo nos recuerda el propósito de la conversión de los creyentes al escribir a los Tesalonicenses: “Os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero y esperar de los cielos a su Hijo” (1 Tes 1.9-10). Este texto es clave para entender la espiritualidad cristiana porque no solo hemos conocido a Dios para adquirir esperanza en un mundo que va a la deriva, sino que nos hemos convertido para servirle. Por eso, los que están apasionados por el Reino de los cielos han entendido que el llamado del Señor es a entregar la vida a favor de los demás.

Al servir a Dios centramos la atención en el prójimo, no en uno mismo; y esto nos permite crecer al conocer el drama que parte de la humanidad está viviendo y las necesidades que tienen los que nos rodean, conciudadanos y hermanos en la fe. Si sabemos lo que ocurre a nuestro alrededor no podemos quedar impasibles. Por eso, el creyente que tiene pasión por el Reino de Dios, toma la decisión de servir a los demás para intentar aliviar su sufrimiento, tal como hizo el Maestro. Cuando Juan el Bautista envió a unos emisarios a preguntar a Jesús “¿Eres tú el que había de venir o esperamos a otro?” (Mat. 11.3), éste les respondió: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es predicado el evangelio” (Mat. 11.5). Jesús vino para salvar a la humanidad aquí y ahora, para reducir su dolor y su angustia y los que tienen pasión por el Reino de Dios han tomado la decisión de servir a Dios, que es lo mismo que servir al prójimo mientras se camina hacia la eternidad.

Pasión por la Comunidad cristiana. La iglesia es el instrumento más importante que usa Dios para el desarrollo del proyecto del Reino de los cielos. Es cierto que hay cristianos que no se reúnen en una iglesia e intentan desarrollar su vida espiritual lejos de las comunidades cristianas; en mi opinión, es un camino equivocado y me causa tristeza porque es en la iglesia donde se ha de anticipar el Reino de Dios, ya que es a través de las relaciones interpersonales, caracterizadas por el amor, el perdón, la igualdad, la justicia, la tolerancia, la libertad, la inclusión…, como se hace evidente y palpable el Reino de los cielos. Por eso, los que tienen pasión por el Reino de Dios trabajan en la construcción de una iglesia que refleje los valores de ese Reino.

Me causa cierto desasosiego saber de comunidades que están obsesionadas por el pecado y no por la gracia; comunidades que señalan con el dedo a los pecadores, en lugar de proclamar la posibilidad del perdón que Dios ofrece; comunidades que se convierten en guardianas y garantes de la verdad mientras separan a los puros de los impuros… Éstas son comunidades en minúscula. Una Comunidad cristiana que sigue el camino del Reino de los cielos no puede ser así. Por eso, necesitamos personas apasionadas por el Reino de Dios y que eso se refleje en una pasión especial por la iglesia de Jesucristo que lucha y trabaja por un mundo mejor, capaz de atraer a otros al Señor. El problema está cuando miramos hacia el interior de la iglesia y vemos cuán lejos estamos de la pretensión del Maestro. Nos recuerda el apóstol Pablo que Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5.25); los apasionados por el Reino de Dios siguen el ejemplo de Jesús y les apasiona la Comunidad cristiana.

Pasión por seguir a Jesús. Si nuestro Señor nos ha fascinado con su vida y con sus palabras y hemos sido persuadidos para tomar el testigo de los que nos han precedido, seguiremos a Jesús con ilusión, esfuerzo y esperanza; y, además, pasaremos por este valle de sombra de muerte con el poder del Espíritu de Dios que iluminará la senda a seguir en medio de la calamidad que nos rodea. El autor de la carta a los hebreos habla de los héroes de la fe, algunos conquistaron reinos y tuvieron vivencias extraordinarias llenas del poder de lo alto; pero otros, sufrieron hasta lo indecible; y todos ellos vivieron por fe (Heb. 11.1,ss.). A continuación, centra la atención en los que les siguieron en la carrera de la vida, y añade: “puestos los ojos en Jesús” (Heb 12.2). Jesús predicó el evangelio del Reino, y los que quieran ir en pos de él tendrán que seguir sus pisadas (1ª Ped. 2.21; 1ª Juan 2.6). No será una vida fácil, pero será fascinante y transformadora porque, cuando uno se encuentra con Jesús, y le conoce de verdad, nada sigue igual.

Jesús apasiona porque no fue un teórico, no vino para dar clases magistrales, ni siquiera pretendió cambiar el sistema, si es que podemos hablar en estos términos; tampoco le interesó el dinero, el poder, el prestigio o la fama, temas en los que los dirigentes políticos de nuestros días son expertos. A Jesús le interesaban las personas y, por eso, se enfrentó a la “casta”, es decir, a los sacerdotes, escribas, fariseos y nobles poderosos. Fue capaz de tocar a un leproso, hablar con una mujer a solas, aceptar a los marginados, prostitutas, publicanos y demás proscritos. Por eso apasiona Jesús, porque no se alió con los acaudalados, sino que se puso al lado de los humildes. Éste es el camino para aquellos que sienten pasión por seguir a Jesús.

Decíamos al principio que todos somos seres pasionales; es decir, todos tenemos pasión por algo. El mundo que nos ha tocado vivir necesita gente apasionada por el Reino de Dios; las iglesias están llenas, medio llenas o casi vacías de gente religiosa, que busca aliento para cultivar su espiritualidad. Pero necesitamos personas que estén apasionadas por el Reino de Dios, personas que piensen, sientan, vivan, se entusiasmen, vibren y hasta padezcan en el Reino de los cielos. Los profetas del Antiguo Testamento no solo vivieron en la cresta de la ola y tuvieron experiencias extraordinarias con el Dios todopoderoso; también sucumbieron y se enfrentaron a la decadencia del pueblo y sufrieron la incomprensión, la intolerancia, el rechazo, el menosprecio… Pero estaban apasionados por el Dios en el que creían y por la tarea que les había encomendado.

Por todo ello, el pueblo de Dios necesita que las personas que lo integran se conviertan en apasionados del Reino de los cielos; que tengan pasión por las Escrituras, pasión por el servicio, pasión por la iglesia y pasión por seguir a Jesús. Nada ni nadie podrá resistir tal empuje, tal osadía, porque ese pueblo trabajará en la construcción de un mundo mejor mientras espera que el Mesías venga a hacer un mundo nuevo.

Pedro Álamo

Pedro Álamo es Bachiller en Teología, Licenciado en Psicología, Pastor y Profesor de Teología hasta el año 2001. Actualmente ejerce como delegado comercial en una Compañía de servicios tecnológicos para editoriales. Autor de «La iglesia como comunidad terapéutica» y «Consejería de la persona. Restaurar desde la comunidad cristiana», publicados por la Editorial Clie. Miembro de la Iglesia Betel, en L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Ha participado en tertulias radiofónicas sobre temas especializados de Teología en Onda Rambla, Barcelona.

http://www.lupaprotestante.com/blog/apasionados-por-el-reino-de-dios/

El obispo alemán cesado por despilfarro consigue un cargo en el Vaticano


Franz-Peter Tebartz-van Elst, el obispo de la diócesis alemana de Limburgo destituido por el papa por construir una suntuosa residencia episcopal, será recolocado en el Vaticano, informan hoy medios italianos.
Agencia EFE | 9 de Febrero de 2015

Ciudad del Vaticano, 9 feb (EFE).- Franz-Peter Tebartz-van Elst, el obispo de la diócesis alemana de Limburgo destituido por el papa por construir una suntuosa residencia episcopal, será recolocado en el Vaticano, informan hoy medios italianos.

El obispo será el «delegado para las catequesis», un cargo que hasta ahora no existía en el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y en el que comenzará a trabajar a partir del mes próximo.

Así lo confirmaron hoy los medios de comunicación italianos que citan como fuente al prefecto de este dicasterio, el arzobispo Rino Fisichella, quien explica que el cargo se le comunicó el pasado diciembre y que el nombramiento será oficializado en los próximos días.

El Vaticano no se ha manifestado aún sobre este nombramiento, que como todos debería ser aprobado por el pontífice.

El 26 de marzo de 2014 el papa Francisco decidió aceptar la dimisión del obispo Tebartz-van Elst, al que había apartado temporalmente de su cargo tras conocerse los gastos en los que había incurrido por la construcción de la residencia episcopal.

En la nota en la que se comunicaba la decisión del papa, tomada tras una investigación sobre la diócesis, se explicaba que Tebartz-van Elst recibiría «cuando llegase el momento otro cargo».

El caso del obispo estalló después de que los medios de comunicación alemanes denunciaran el lujoso estilo de vida del prelado y que el coste de las obras de su nueva residencia episcopal ascendían a unos 31 millones de euros, frente a los 5,5 millones inicialmente anunciados.

La lujosa y amplia vivienda cuenta, entre otras, con una bañera en el cuarto de baño personal del obispo de 15.000 euros y un comedor de 63 metros cuadrados, valorado en casi 3 millones de euros, un gasto contrario al estilo sencillo y humilde que propugna Francisco.

El papa tomó entonces la decisión de apartar al obispo y de crear una comisión para que llevase a cabo un «profundo examen sobre la construcción de la sede episcopal».

La elevada polémica generada en Alemania motivó que se pronunciara sobre el caso la propia canciller federal, Angela Merkel, quien calificó de «gran carga» para los católicos el caso de Tebartz-van Elst. EFE

 

http://www.caracol.com.co/noticias/internacionales/el-obispo-aleman-cesado-por-despilfarro-consigue-un-cargo-en-el-vaticano/20150209/nota/2624742.aspx

 

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