Nuestra encrucijada moral: Francisco de Roux s.j.


El fracaso humano y de nuestras instituciones nos pone ante la disyuntiva de jugarnos a fondo por la paz o hundirnos en otros 50 años de inhumanidad.

La obligación moral pública más grande que tenemos en este momento es terminar el conflicto armado y emprender la construcción de las condiciones de la paz desde las regiones.

Este deber moral pide un cambio espiritual y estructural, porque el fracaso humano de nosotros y de nuestras instituciones, con nuestros seis millones de víctimas de todos los actores de la guerra degradada y absurda, nos pone ante la disyuntiva de jugarnos a fondo por la paz o hundirnos en otros 50 años de inhumanidad.

Durante el fin de semana participé en Washington en la conferencia PORCOLOMBIA, de estudiantes de universidades de Estados Unidos. El tema fue el análisis del conflicto nuestro. Allí, mientras los panelistas discutíamos preguntas audaces de los jóvenes, la mayoría mujeres, comprendí mejor nuestra encrucijada.

Poco importa que tengamos territorio rico, economía estable, tradición católica, herencia de indígenas y afros cuando estas realidades están cuestionadas por nuestra conciencia y por la comunidad internacional ante la objetividad de la barbarie y de “la maldición”, para decirlo con términos bíblicos.

Enfrentar esta disyuntiva exigente y tensionante y optar por la vida ante el conflicto salvaje es el desafío moral. En La Habana se busca el acuerdo para desmontar la guerra, pero en nuestras manos quedan las contradicciones no desmontadas ni por la Constitución del 91, ni por los partidos políticos, ni por los líderes religiosos, ni por los educadores, ni por los empresarios, ni por las organizaciones sociales, ni por los formadores de opinión.

Lo que está en juego es una transformación que se inicia con parar la guerra y que requiere la voluntad de un país para incorporar al Eln, desmantelar las ‘bacrim’, terminar con las armas en la política, acabar la coca y la minería criminal, llevar la equidad al mundo rural, frenar la corrupción en la administración y la justicia y articular las regiones con el país central en una nación de propósitos comunes y pasión colectiva por el bien común. Esto solo es posible si todos nos jugamos por el fin de la guerra degradada y la construcción de una democracia de derechos y economía social y justa de mercado.

Muchos son los que sacan el cuerpo en las circunstancias actuales. Porque los prejuicios y los miedos no permiten aceptar que las Farc están en serio en la negociación irreversible, porque se resisten a dar fe al propósito del presidente Santos, porque no se han informado, porque la politización torpe los ha polarizado, o porque no captan la centralidad del problema rural en la crisis. Lo cierto es que la sociedad se ha quedado a la espera de la actuación decisiva, autónoma y pública de los líderes espirituales, sociales, empresariales y políticos que pueden definir la disyuntiva en un momento impostergable.

Es el momento de contribuir con la opinión, la crítica constructiva y las decisiones. Si las Farc han llamado estos días a que todos nos perdonemos, deberían corregir su pronunciamiento, reconocer primero el mal hecho en su accionar y aceptar responsabilidades y pedir perdón público. Así contribuirían, dando el primer paso, a que cada quien reconozca responsabilidades, para construir juntos en la verdad, la justicia y la confianza, en lugar de volver al odio y las venganzas.

En esta situación, traigo a cuento el texto de Deuteronomio 30, 15-20, que desafía la conciencia de cada uno de nosotros ante la encrucijada: “Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal… para que merezcas la bendición de Dios y la posesión de la tierra. Hoy, pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ti, de que te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición”.

Francisco de Roux
El Tiempo 10-02-15

 

Fuente: http://www.el.tiempo.com.co

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: