Recuperar la dimensión política de la fe


16 14:09:38 de febrero de 2015
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A mí cada vez que me preguntan sobre cualquier tema, sea el aborto, la mujer en la Iglesia, procuro decir lo que pienso, no puedo… (Hna. Teresa Forcades).

 Entrevista a Teresa Forcades, monja Benedictina del Monasterio de Sant Benet de Montserrat en Barcelona
¿Puede este nuevo pontificado ayudar a la recuperación de la dimensión política de la fe?
En un resumen que hice de la Exhortación dije que este Papa está pasando del dogma alkerygma. No quiere decir que se olvide del dogma, sino que en lugar de pensar en formulaciones de la fe que encapsulen el mensaje, se centra en el anuncio de la Buena Noticia. Kerygma viene de kerysso, y lo encontramos en Lc 4 cuando a Jesús le entregan la lectura de Isaías en la sinagoga y lee: “El Espíritu de Dios descansa sobre mí porque he venido a anunciar la Buena Nueva a los pobres y a proclamar a los presos la libertad”. Este “proclamar” és kerysso, por tanto el kerygma es el centro del Evangelio. El Papa no hace otra cosa que pasar del dogma al kerygma y del magisterio a la mistagogía: como ayudar, como seducir, como invitar a las personas a tener los ojos abiertos a la dimensión transcendente en la vida personal y comunitaria.
¿Podríamos hablar pues de una cierta inevitabilidad de la dimensión política para el creyente?
Sí, en este sentido de vinculación con la pobreza, de enteder que el corazón mismo de un Dios que es amor no puede ser sino presencia allá donde el sufrimiento es máximo. Toca entonces preocuparse y buscar como organizarnos colectivamente para proteger al débil, esta debería ser la base de la ley. Yo que tengo un ramalazo anarquista preferiría que todo el mundo hiciese lo que quisiese. ¿Cuándo? ¡Siempre!; ¿hasta que límite?, ¡sin límites! Pero la realidad es otra, y cuando impera esta libertad sin ley, empiezan a aparecer los abusos de poder. Intentaré explicarlo brevemente…
Adelante, tenemos tiempo…
El ideal de la vida humana parece ser que todos tengamos las mismas cualidades, pero este es precisamente el ideal capitalista: solamente cuando tenemos igual podemos seriguales. Yo entiendo que este no es el ideal cristiano. La parábola de los talentos que hoy nos sigue desconcertando explica que el Señor de la viña le da a uno 10, a otro 5 y al tercero le da 1. Empezamos mal e intuimos que acabará mal. Pero el presupuesto de la parábola es que el hecho de empezar con 10, 5 o 1 es intrínseco al plan de Dios, porque lo que significa amar se demuestra y se vive cuando hay este diferencial de poder, o mejor, cuando habiendo este diferencial de poder, la relación no es de abuso de poder. Es precisamente lo que Dios hace con nosotros: pudiéndote invadir y pisotear, me retiro y te dejo espacio. Esto es fabuloso. Si esto no es amor, ¿entonces qué es? Esta es la idea de los kabalistas judíos del tsimtsum que Simone Weil y otros recogen en el siglo XX, el acto de creación como un acto de retracción, como un acto de decir “para que tu puedas ser, yo te hago sitio”. O del concepto de perijoresi cristiano respecto a la Trinidad: hacer espacio alrededor de. Cuando dejas espacio alrededor de una persona, esto es amar a aquella persona, le das aire y si alguien lo hace contigo es porque te quiere.
Una de las cosas que preocupa a muchos cristianos es la coherencia en la mediación política.
Bien, aquí entramos en el tema del realismo. O bien montamos algo nuevo en que nos sintamos totalmente cómodos, lo cual es difícil, o bien apostamos por el mal menor, noción que también está presente en la doctrina social y el magisterio eclesial. El mal menor no como ideal pero sí como posibilidad de salir de la parálisis y el inmovilismo. Esto sucede también en las parejas o en las comunidades religiosas. Entras en una comunidad y puedes pasarte años preguntándote como en lugar de anunciar el evangelio, nos centramos en las pequeñas discusiones domésticas. Hasta que un día, te das cuenta del mandamiento que llevas grabado en el anillo “Amaros los unos a los otros como yo os he amado”, el mandamiento de Jesús. Y descubres que aquí has venido a aprender a amar, y que esto lo puedo hacer incluso en circunstancias adversas. Hemos venido a dar testimonio del amor en circunstancias reales, no en circunstancias ideales.
Está también el tema de la libertad de conciencia y opinión, sobre todo cuando como tú se pertenece a una congregación religiosa.
A mí cada vez que me preguntan sobre cualquier tema, sea el aborto, la mujer en la iglesia, etc., procuro decir lo que pienso, no puedo decir lo que no pienso, es imposible. Que yo tenga la verdad, es otro tema, y de hecho nunca digo que tenga la verdad, porque afirmar eso sería ridículo. Pero no puede nadie, ni la Iglesia ni el Proceso Constituyente obligarme a decir una cosa que no pienso. Esta fue la discusión con mi obispo: él me reconocía, “claro no puedo hacerte decir una cosa que no pienses”. Lo que sí puede la Iglesia es obligarme a callar. Eso no ha pasado aún, pero si pasa, ya veré lo que hago, porque ¡tampoco mi palabra es tan esencial para el mundo! Hacerme callar podría aceptarlo, pero hacerme decir lo que no pienso de ningún modo. Es muy obvio, pero es así. Sin la integridad intelectual el mensaje evangélico no puede avanzar y de eso la Iglesia debería ser muy consciente y ser la màxima defensora de esta integridad y libertad personales.
Cuesta oír hablar de esta forma de la libertad en nuestros contextos.
La libertad personal es el único locus theologicus posible, sin libertad Dios no puede crear nada. Y, que conste que no hablo solamente de libertad de elección ya que esto no es aún libertad. Es el tema agustiniano del libre albedrío: puedo elegir entre derecha e izquierda y por tanto ya soy libre. ¡No! Para ser libre he de poder elegir, es obvio, pero el hecho de que puedas elegir, eso no es ya libertad. La libertad es que escojas bien. ¿Y qué quiere decir escoger bien? Escoger sin miedo. Tengo capacidad de escoger, puedo escoger hacer algo o no hacerlo, pero a veces escojo no hacerlo porque tengo miedo. Ejerzo pues mi capacidad de escoger, pero no estoy siendo libre. O puedo escoger entre dos cosas y escojo una para quedar bien. Estoy ejerciendo mi capacidad de elección pero no estoy siendo libre. Solamente soy libre cuando elijo bien. El Deuteronomio lo explica muy claro: puedes escoger la vida o la muerte; vivir amando es escoger la vida; si por el contrario escoges vivir odiando, mueres y matas. La tesitura existencial de la persona es esta. La libertad es real, pero tú no eres un ser creado sin una imagen, estás hecho a imagen de Dios que es fundante. Si vas contra la bondad vas en tu contra, si violentas la libertad de otro, mueres… Solamente eres libre cuando actúas por amor, porque solamente dejas de actuar por amor cuando tienes miedo.
El miedo nos atenaza…
Uno solamente se realiza cuando actúa sin miedo. De hecho creo que todo el mundo ha hecho en algún momento experiencia de ello: cuando tú no tienes miedo, lo que haces es un acto de amor. Solamente dejamos de hacer actos de amor hacia quien sea, por miedo, por miedo de quedar en ridículo, por miedo de perder un privilegio, por miedo de que nos hieran, por miedo de perder el tiempo, por miedos grandes y a veces también por miedos pequeños. Pero el único motivo por el cual dejamos de hacer siempre y constantemente actos de amor es por miedo, y por tanto, ¿como pueden ser libres estos actos? Lo que hacemos por miedo son siempre actos de esclavitud: el único acto libre es el acto de amor, que cada uno concreta a su manera. Cuando actúas libremente realizas un acto de amor, y esto es precisamente ser libre.
Cristianismo y Justicia – Barcelona
http://www.reflexionyliberacion.cl/articulo/4119/recuperar-la-dimension-politica-de-la-fe.html

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