Cuando el emigrante vuelve con las manos vacías


El libro de Rut, novelado

AHONDAR Y DISCERNIR AUTOR Roberto Estévez 22 DE MARZO DE 2015 13:45 h

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Era una tarde gris y fría. Las tres  caminaban lentamente  por el camino polvoriento tantas veces humedecido por las lágrimas. Las seguían un grupo bastante grande de hombres y mujeres silenciosos. Era la tercera vez que recorrían  ese sendero, el del cementerio,  en los  últimos dos años. La primera vez fue  para enterrar al  esposo de Noemi. La segunda ocasión fue para darle sepultura a Quelión , el hijo mayor, casado con Orfa. Ahora le había caído la desdicha a Rut de perder a su esposo. Las tres viudas caminan con esos pasos pausados  que tienen aquellos cuyas almas llevan una carga muy pesada.  Han cambiado una vez más  sus atavíos negros por los blancos expresando el duelo en sus corazones. Las tres avanzan  con sus rostros inclinados y su mirada en  el monótono camino. Orfa   le pregunta a Noemí: – ¿Por qué tu  Dios permite que nos pase esto?  Tú eres una fiel creyente y siempre los sirves.  Noemí con sus ojos cubiertos de lágrimas  responde. El Señor esta en el cielo y el es perfecto. El nunca se equivoca. Noemí mira en su memoria  hacia atrás. Hacia un poco más de diez años que  el hambre había llegado a todo Judá y parecía que en Belén era peor. Primero fueron los ataques continuos de los enemigos que hacían difícil cosechar y que robaban los cultivos. Luego vino esa sequía. Oraban a Dios que mandara lluvia pero por largos meses  no cayó ni una gota. Al final decidieron toda la familia emigrar por un tiempo a Moab. Allí había más comida, la sequía no era tan intensa y también había trabajo. Les fue penoso dejar la tierra de los antepasados. Allí habían sido enterrados, sus padres y sus abuelos.  Hicieron el largo viaje con muchas dificultades y al principio  parecía  que la situación de la familia  iba a mejorar. Los dos hijos se casaron con  mujeres moabitas. Las dos eran paganas. Adoraban a esos ídolos que el mismo Dios les había mandado destruiCon mucha paciencia Noemí  les habló del SEÑOR de los Ejércitos. Les contó  como Dios había sacado al pueblo hebreo de Egipto.  Como había abierto las aguas del Mar Rojo y como pasaron ellos y los enemigos se  ahogaron cuando trataron de perseguirlos. Les habló del amor que el SEÑOR tenía hacia su pueblo Israel   y como él contestaba sus oraciones. Las dos escuchaban con atención y paciencia. Orfa oía con respeto pero parecería que no lo podía captar. Por el contrario Rut bebía sus palabras. Por fin llegan a la modesta casa que los está esperando con el silencio profundo que dejan los muertos recientes. La  vivienda  con las ventanas cubiertas  daba la sensación que hasta los pocos  muebles estaban apenados.   Falta sólo una persona pero parecía inmensamente vacía. Noemí con tristeza quita la silla de su hijo que está en al lado de la mesa. Su querido  Mahlón nunca más se va a sentar allí. Unos días después Noemí llama a sus nueras: – Yo me  vuelvo a la tierra de Judá. Las quiero mucho. Las voy a extrañar. – Nosotros te acompañamos – responden las dos nueras sin vacilar. Comienzan el duro camino de regreso de aquellos que tienen que dejar  enterrado lejos de la patria a  un ser querido. Han pasado varios días caminando  por el antiguo sendero. Han dejado la tierra de Moab y la casa que hace dos años tenia seis  personas ha quedado vacia. Una mañana, en la mitad del camino Rut se dirige nuevamente a sus nueras: – “Id  y volveos, cada una a la casa  de su madre. Que el SEÑOR haga misericordia con  vosotras, como la habéis hecho vosotras con los difuntos y conmigo”. Noemí las ha visto a cada una de ellas acompañando a sus hijos a través de la dura enfermedad. Las ha oído levantarse  a toda  hora de la noche para asistir a los enfermos  en lo necesario. Las ha observado  estrechando las manos sudorosas y frías de ellos.  Las mirado  cuando ellas habían percibido  el último respiro de sus hijos . Por eso es con todo su corazón que les dice: “ El SEÑOR os conceda hallar descanso, cada una en la casa de su marido” Noemí abraza y besa a sus nueras mientras que ellas prorrumpen en un insondable  llanto. Habían pasado tantos momentos felices juntas en esa familia y ahora había llegado el momento de la separación. Noemi  desea  que ellas regresen a su tierra natal al cuidado de sus propias familias. Quizás puedan encontrar otro esposo y restablecer sus vidas. Al principio las dos insisten en acompañarla.Noemi les da el  argumento final: –  De mi no pueden esperar nada más. Yo les he dado lo más preciado  que  tenía,  mis queridos  hijos. Ella tiene ahora unos cuarenta  y pocos años. Hace un recuento de su vida y sus posibilidades: –  Yo ya estoy vieja. Se masajea suavemente  el abdomen con las dos manos  y dice: Nos costó bastante tener dos hijos. Aunque hoy  yo quedara embarazada  Vds. no van a esperar hasta que crezcan mis hijos para casarse con ellos. Pero esto es   muy difícil  a mi edad. Y dado que no tengo marido es  imposible. Gruesas gotas manan de los oscuros y grandes ojos de Noemí. – No hijas mias, miamargura es mayor que la vuestra, porque la mano del Señor se ha levantado contra mi. (V13). – Yo ya  estoy acabada, en mi no hay esperanza.  Luego con una triste sonrisa Noemi mira a sus nuera y les dice: – Ustedes son jóvenes y bonitas. Deben rehacer sus vidas. No les será difícil conseguir un buen esposo. Orfa  abraza a su suegra con firmeza, luego le da un beso , reitera las mismas expresiones de amor con Rut y lentamente toma el camino de regreso hacia Moab. Las dos las ven alejarse lentamente en la distancia. Noemi entonces se vuelve a Rut y le dice: “He aquí tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a a sus dioses. Vuélvete tu tras ella” La moabita  queda en silencio por unos minutos. Está sollozando. Su hermoso rostro está humedecido  por el rocío salado que surge de sus ojos. La mira  y con firmeza exclama: –  Tú eres todo lo que yo tengo. “No me ruegues que te deje y que me aparte de ti, porque  a dondequiera que tú vayas yo iré”.  Rut  apuesta   su futuro en forma incondicional en las manos de su suegra. Luego agrega con su voz  firme y lentamente  como midiendo cada palabra “dondequiera que tú vivas yo viviré”. Rut ha encontrado en esa suegra una madre . Ha crecido espiritualmente. La bondad y la fe sincera de Noemi la han convencido que esta mujer tiene algo que ella necesita. Está anclada a la vida de su suegra con una cadena de oro que es voluntaria, no la quiere romper. Han pasado muchas cosas juntas. Han llorado  abrazadas  ,han  caminado tomadas de las manos. Han  comido mil veces  sin otra compañía. Han orado y alabado al SEÑOR Dios de Israel juntamente. Rut ha encontrado en Noemi una dimensión que nunca conoció en su familia en Moab. Su suegro era una persona tan distinta de los que ella antes había conocido. Este era un hombre serio pero amable. Era un siervo del Dios Eterno. Su esposo y su cuñado eran también tan diferentes a los moabitas que ellas habían tratado.  Noemi mira a Rut en los ojos y le pregunta: ¿Estás dispuesta  a olvidar a tu pueblo y aun a tus dioses?      Rut ha aprendido mucho el tiempo que ha vivido al  lado de Noemi. Este le ha hablado reiteradas veces  del Dios de Israel. Le ha enseñado que es un Dios omnipotente y que es el Creador de los Cielos y de la tierra. Le ha instruido  que es un Dios lleno de misericordia y perdonador cuando la persona se acerca a El quebrantado y le ruega que lo  perdone. Rut recuerda  todos esos ídolos que ella conocía tan bien y que la atormentaban en sus pesadillas.  Esas imágenes diabólicas que por miedo antes  adoraba.  Chemos era la gran divinidad y había que ofrecerle sacrificios humanos. Pero, ¡qué distinto era ese  SEÑOR de los Ejércitos! El rostro de Rut muestra tristeza y determinación. Se  aferra a los pies de Noemi y exclama: – Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios”. Yo quiero ser parte de ese pueblo. Yo me quiero integrar. Yo quiero empezar allí una nueva vida si fuera posible.  De ahora en adelante quiero adorar al Dios de Abraham, Isaac y Jacobo. Noemi regresa como el emigrante que  ha dejado el país y sus sueños nunca pasaron de quimeras. Aquel que cuando  años después retorna lo hace  con la cabeza  baja, los cabellos encanecidos, la piel del rostro arrugada, las fuerzas disminuidas y la billetera vacía. Todo lo que le queda es  una nuera que ella quiere con todo su corazón como si fuera su propia  hija. Finalmente llegan a Belén. Entran por una de las tortuosas  callejuelas de la ciudad. Caminan lentamente recordando las casas que todavía se levantan aunque los años que devastan  a las casas  también causan estragos en los seres humanos. Las gentes al reconocerla  la saludan. ¡Pero si es Noemi!  ¿Te acuerdas  de Noemi la esposa de Elimelec? El paso de los años y las desgracias  se ha dibujado y ha dejado sus huellas en el semblante de Noemi. – ¿Noemi como estás? ¿Te acuerdas  de mi? –  Yo soy la hija del panadero.  – Y yo  soy la hermana de tu vecina Raquel , la que vivía enfrente de tu casa  dice otra. Noemi con una sonrisa forzada, responde: «No me llaméis Noemi, llamadme Mara, porque el Todopoderoso ha hecho muy amarga mi vida”. – ¡Qué te pasó? ¡Y tu esposo, y tus hijos? Ella cuenta una vez más pero como si fuera la primera vez  su historia: “yo me fui llena  pero el SEÑOR me ha hecho volver vacía. ¿Por qué me llamáis Noemi, ya que el SEÑOR me ha afligido y el Todopoderoso me ha abatido? Ha pasado el tiempo.  Al volver a Belén, Rut ha seguido fielmente los consejos de su suegra.  Su “pariente” lejano del lado de la familia del esposo ha  decidido ejercer el derecho de rescate.  Boaz es viudo, un cincuentón largo todavía conservando energía y ganas de trabajar fuerte. Está  en una posición económica favorable. Luego de una inusual  solicitud de Rut  le ofrece matrimonio. Las bodas se celebran. Rut entra  en la vida de Israel. No es conocida mas como la moabita sino como la esposa del pudiente hacendado  Boaz. De esa unión nace un niño que es llamado Obed. Pasan los años. Rut camina  con un hermoso niño de su mano por las calles de Belén.   Ese niño va a crecer y llegará a ser el abuelo del valiente  rey David. Por esas mismas calles cientos de años después va a caminar el Mesías, Noemi va a tener a su cargo la crianza de este niño. Para las mujeres de Belén este hijo que  le ha nacido a Rut es como si fuera su propio hijo. Así se lo hacen saber.  “¡Alabado sea el SEÑOR, que hizo que no te faltase hoy un pariente redentor!. Ël restaurará tu vida y sustentará tu vejez…! Las dos mujeres que caminaban por el camino desolado de Moab a Belén ahora tienen sus vidas cambiadas.   Comentario ¡Qué difícil es para nosotros entender por qué el Dios Todopoderoso permite que las desgracias sucedan en nuestras vidas! Noemi interpreta la tragedia de su vida diciendo “la mano del Todopoderoso está contra mi” (v.13) y que”el SEÑOR la ha afligido y el Todopoderoso la ha abatido” (v.21) Sin embargo ella no está enojada ni argumenta con el Señor. Tiene la idea errónea que el mal que le ha acontecido es la demostración de Dios que está en su contra. La realidad es que el Eterno  va a continuar estando con ella.   Es cuando llegamos al capítulo 4 que nos damos cuenta que al final de todo  el SEÑOR la bendice de una manera muy por encima de lo que ella podría sospechar. (Rom.8:28) Es en todo ese proceso de sufrimiento y prueba que una mujer pagana (Rut) se da cuenta lo distinto que es la desventura  cuando se tiene fe en el Dios vivo y verdadero. Noemi como Job se preguntan ¿por qué me pasa esto a mi? ¿Qué hice yo para merecerme tanto sufrimiento en mi vida? Es así que adopta la posición equivocada que Dios está en su contra. Si así lo fuera, el SEÑOR se la hubiera llevado  a ella y no a su esposo e hijos. Ella razona, probablemente,  que inconscientemente, ha cometido alguna afrenta muy grave contra Dios. Que esto no es así lo va a expresar su descendiente David al decir “El es quien perdona todas tus iniquidades el que sana todas tus dolencias”… “no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades” (Salm.103:3 y 10). Noemi no ha captado aún la profundidad que va a expresar el mismo autor al decir:  “Espera en el SEÑOR. Esfuérzate y aliéntese tu corazón. ¡Sí, espera en el SEÑOR (Salm 27:14) Muchos siglos después  El Apóstol Pablo va a responder a estas preguntas. Al hacerlo nos damos cuenta que en la mayoría de las  veces no es que Dios está en forma activa actuando en contra del creyente.  En una manera maravillosa en el capítulo 8 de Romanos  vemos que el sufrimiento del creyente no es sin propósito, fortuito  o casual.  “Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comprar con la gloria que pronto ha de ser revelada” (vr.18). Luego se  mencionan una gran lista de dificultades tales como tribulación, angustia, persecución, hambre (Rom.8:35) y no enseña  que estas cosas son evidencia que Dios está en nuestra contra   sino que “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Rom.8:35 y 37) Pedro escribiendo a los cristianos que son perseguidos les dice: “Amados, no os sorprendáis por el fuego  que arde entre vosotros para poneros a prueba” (1 Ped.4:12) ¿Qué tiene que hacer en un libro como la Biblia una pequeña historia que en definitiva es la  tragedia de tres mujeres? De una manera simplista podríamos decir que Dios se interesa de la vida de los seres humanos y específicamente de las mujeres.  En  aquella época nadie escribiría un libro centrado las dificultades de unas tres mujeres y por supuesto a nadie se le ocurriría incluirlo en el Canon de las Escrituras. Dios va a utilizar a un pariente de Elimelect para ejercer  el derecho antiguo de “redención” De acuerdo a este,  un hermano o un familiar, podía casarse con la viuda a los efectos de permitir por la procreación el mantenimiento del nombre del muerto. Lo que de otra manera hubiera constituido un  incesto es permitido por la ley de Moisés. Automáticamente al ejercer este derecho las tierras del difunto pasan a ser propiedad del “redentor”. En ningún momento tenemos un ángel o el mismo Señor haciendo una revelación. Son sencillamente relatos y  conversaciones de los cuatro personajes principales. Sin embargo al leer la historia nos damos cuenta que la soberanía de Dios se manifiesta. Rut quien es una mujer pagana viviendo en una sociedad despreciada y aborrecida por los hebreos,  por su genuina conversión es integrada al pueblo de Israel. Los grandes temas de este pequeño libro son fidelidad, amistad, familia, lealtad, sumisión y bendición. Rut se nos presenta como una persona cuya fidelidad es ejemplar. La demuestra primero en su matrimonio, luego al quedar viuda al permanecer con su nuera en su viaje de retorno. El sentido de lealtad está profundamente grabado en el corazón de esta mujer. Ella no puede concebir la posibilidad de abandonar a su suegra bajo ninguna circunstancia. Unidad a esta cualidad tenemos la sumisión. Ella sigue  exactamente las insólitas  instrucciones de suegra en relación a Boaz  que sin duda le habrán levantado muchas interrogantes.   Pero debemos tener claro que no es una fidelidad fría y mecánica sino que es el producto de una amistad y amor que Noemi quien es una mujer excepcional se ha sabido ganar. Pero dentro de estas cualidades de fidelidad, sumisión, amistad y amor se destaca el vínculo y el concepto de la familia como algo integral y dinámico. Así Noemi va a ser considerada la “madre” de Obed si bien ha sido Rut quien la dio a luz. Podemos presumir tres vestidos distintos de Rut. El primero el del luto que a diferencia de la tradición occidental era de color blanco. Luego el traje que se pone cuando  va a  lugar donde descansa Booz. En tercer lugar el que sin duda  viste cuando se casa con Booz. Boz es un hombre probablemente un cincuentón, viudo  y sin hijos. El otro familiar que no ejerce el derecho de la redención  es posiblemente por causa de sus hijos.  Sin duda, estos  no van a querer que la herencia paterna se tenga que dividir si el padre se casa con una mujer joven con la cual pueda tener muchos hijos. La razón por la cual Rut quiere un esposo es primordialmente  para tener hijos que “prolonguen” la dinastía familiar. En el Antiguo Testamento vemos claramente (1 Sam 1:11-16)) que el ser estéril para la mujer hebrea se ve como una condición desesperante. Las vecinas como si de alguna manera creen que expresan la voz divina exclaman: “¡Alabado sea el Señor… y hablando del niño que va a nacer dicen “Tu nuera que te ama y te es mejor que siete hijos lo ha dado a luz” (1 Sam.1:8) El hijo que nace a Rut en un sentido FIGURADO le es atribuido a Noemi. De nuevo las vecinas exclaman: ¡Un hijo le ha nacido a Noemi! (4:16) Apéndice El procedimiento  que su suegra, Noemi le aconseja a Rut para CONVERSAR O HACER VALER EL DERECHO DE REDENCION DEL PARIENTE es para nosotros un poco extraño. Sin duda no es lo usual dado que va a la medianoche y se “cubre con el manto de Booz. Es importante destacar que en esta escena no hay contacto sexual. Booz la reconoce como una mujer virtuosa. Booz también lo es y el nunca haría nada inapropiado con una mujer que es la viuda y en realidad un pariente alejado. En esa sociedad las parentelas son muy respetadas aunque sean alejadas. Lo que hace Rut seria difícil de entender para nosotros. Quizás sería como si una señorita que tiene cierto interés en un joven “por casualidad” se sienta al lado de él en la iglesia o en un ómnibus con varios asientos vacíos. Sin duda que es Rut quien empieza la “aproximación” pero por otra parte cada detalle en lo que Booz dice o hace demuestra que en forma progresiva va tomando más interés en esta joven extranjera. Es probable que tuberculosis fue la enfermedad que mató al padre y a los hijos. El nombre de Majón significa enfermizo y el de su hermano  Qujelión exterminio. Los elementos de carácter de Noemi y de Rut son interesantes. Rut muestra una fidelidad a toda costa. Ella respeta y obedece a su suegra. Se siente completamente ligada como cuando estaba casada con su hijo. No es una atadura sola del sentido del  deber sino que una profundo amor se ha despertado entre ambas y la relación es verdaderamente de madre a hija y viceversa. En ningún momento vemos en Rut una queja a Dios por su condición de viuda. Ella lo ha aceptado como la voluntad del Todopoderoso.   Noemi                                          El Hijo pródigo Vivió piamente                              Vivió perdidamente Volvió en el tiempo de la cosecha.   Volvió Volvió a su ciudad                          Volvió a la casa de su padre. Había perdido “todo”                       Había perdido todo Un pariente le es de bendición         El padre lo recibe y lo bendice   Extracto del libro “Cuatro mujeres y siete hombres de fe” de Editorial Mundo Hispano.
Leer más: http://protestantedigital.com/magacin/35660/Cuando_el_emigrante_vuelve_con_las_manos_vacias

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