Una mujer extraordinaria


El mundo se apresta a celebrar los 500 años del nacimiento de Teresa de Ávila, monja y poeta, santa desde 1622 y primera mujer en ser declarada doctora de la Iglesia, hace tan sólo 45 años.
Por Rogelio Demarchi*

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El 28 de marzo de 1515, en Ávila, España, nació una mujer extraordinaria destinada –por cuestiones terrenales y celestiales– a quedar en la historia para siempre. Por eso, el próximo sábado el mundo festejará el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús, patrona de España y de los escritores, y doctora de la Iglesia.

Por cierto, fue monja: profesó sus votos en 1534, cuando tenía 19 años. Pero no una monja cualquiera. Fundó las Carmelitas Descalzas, en el marco de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, que es el nombre completo de las Carmelitas, y abrió numerosos conventos, de acuerdo con la muy profunda “cruzada renovadora” que impulsó.

Además, su vida religiosa estuvo marcada por el misticismo: en varias oportunidades, afirmó haber visto a Dios y a la Virgen, sus fuentes de inspiración; experimentó más de una vez el arrobamiento del éxtasis (esa vivencia de unión mística con Dios durante la cual nuestra habitual percepción por los sentidos queda en suspenso); y, alrededor de 1572, cuando tenía unos 57 años, aseguró haber sido desposada por Jesús.

Todo ello, por supuesto, le valió varios enfrentamientos con sus superiores, que la forzaban a abandonar el misticismo, y numerosas denuncias ante la Inquisición, el tristemente célebre tribunal eclesiástico que perseguía a quienes supuestamente actuaban contra la doctrina de la Iglesia y solía condenar a los que hallaba culpables a la hoguera, tras haberlos torturado para que confesaran sus crímenes.

Es que, como dice Leandro Calle, exsacerdote jesuita y poeta, “a partir de Lutero y la Reforma, la ortodoxia católica queda en jaque. Aparecen un sinnúmero de personas y personajes que predican y hablan de Dios. La pregunta se impone: ¿con qué autoridad hablan? ¿Quiénes son? ¿Cuál es su doctrina?

Lo que en un primer momento parece justo y válido, se va corriendo también hacia un lugar oscuro porque, en definitiva, la salvaguarda de la ortodoxia doctrinaria termina siendo el temor a la pérdida de poder. No en todos los casos, es cierto, pero cómo, si no, podrían comprenderse las injusticias perpetradas por la Inquisición y la autoridad eclesial. Teresa de Ávila no escapa a estas sospechas. Como Ignacio de Loyola y Juan de la Cruz, ella pasa por la estrecha puerta de la mirada inquisitorial”.

Teresa se mantuvo firme frente a todas estas adversidades, a las que deben sumarse sus innumerables problemas de salud, y escribió los “avisos” que decía recibir de Dios sobre lo que debía reformar en la orden; avisos que Fray Luis de León se encargó de publicar. Y no fue lo único que escribió, claro. Fue una escritora increíble cuya influencia en la poesía hispanoamericana puede encontrarse hasta nuestros días.

Una mujer del 1500

¿Hasta qué punto una mujer que nace en 1515 y se ordena monja funda una orden, tiene vivencias místicas y es poeta, es una “mujer de su tiempo”?

Para Calle, “ser mujer era difícil en los tiempos de Teresa. Difícil como lo es hoy. Todavía hoy en la Iglesia Católica las mujeres siguen sin poder ocupar los mismos espacios que ocupan los varones”. Por eso sugiere tener presente lo que dijo Pablo VI, en 1970, al conferirle el título de doctora de la Iglesia, que tantas veces se le había negado, casualmente, por ser mujer.

En esa ocasión, el papa Montini recordó las duras palabras usadas por San Pablo en su primera carta a los corintios para señalar que las mujeres deben permanecer calladas en las iglesias. Dicho esto, Pablo VI se preguntaba (y se respondía): “¿Se habrá violado entonces el precepto apostólico (al nombrarla doctora)? Podemos responder con claridad: no. Realmente no se trata de un título que compromete funciones jerárquicas de magisterio, pero a la vez debemos señalar que este hecho no supone en ningún modo un menosprecio de la sublime misión de la mujer en el seno del Pueblo de Dios”.

A propósito, ¿qué significa el título “doctora de la Iglesia”? Según Calle, “se confiere a quienes han iluminado la doctrina católica y han abierto nuevos caminos en el campo teológico. En este sentido, el hecho de que Teresa sea la primera y una de las cuatro únicas mujeres en llevar este título es algo importante. Pero es bueno recordar que también es importante dentro del ‘sistema’ de la institución, dentro de sus relieves jerárquicos y órdenes internos. Teresa supera ampliamente estas jerarquizaciones que, si bien son necesarias, son también bastante terrenales. La palabra que más se repite en referencia a Teresa en la homilía de Pablo VI es justamente la palabra luz. También el reconocimiento de ‘maestra espiritual’ y ‘maestra de oración’. En este sentido, ‘doctora de la Iglesia’ conlleva una sabiduría espiritual que se adquiere para luego ser dada, para llevar la luz a otros”.

Con todo, Calle matiza lo anterior y retoma la pregunta inicial: “El papel de las mujeres en la Iglesia sigue sin tener un lugar de igualdad con respecto a los varones. De todas maneras, Teresa abrió y seguirá abriendo y rompiendo estructuras anquilosadas y atávicas. La imagino diciéndonos sus ya conocidas palabras: Todo se pasa / Dios no se muda”.

El poema aludido por Calle dice esto:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda;

la paciencia

todo lo alcanza;

quien a Dios tiene

nada le falta:

sólo Dios basta.

La reflexión de Calle es que, “en ese todo se pasa, veo las contradicciones, las censuras, los silencios, los aciertos como las ignominias, las mentiras como las verdades. El mundo es finito, nuestra contingencia es evidente, pero Dios no se muda, es decir que no cambia, nosotros cambiamos. Tener a Dios tal vez no signifique adherir a una doctrina sino sentir ese fuego interior que sintieron los místicos. Tal vez, quienes experimentan ese fuego pueden decir: sólo Dios basta. Y tal vez, el Dios inquisitorial y doctrinario, ese que los hombres construyen con fueguitos breves e insignificantes, ese fuego artificial y construido sea un Dios tan contingente como las cosas del mundo”.

Teresiana pobreza

Para Graciela Ferrero, profesora universitaria especializada en Literatura Española del Siglo de Oro, “Santa Teresa no sólo fue una adelantada: fue una revolucionaria. Su gesto fundacional, la reforma del Carmelo, ha de entenderse con ese alcance en el contexto del siglo XVI, durante el cual la mentalidad hispano-católica se encarnizó contra toda forma de heterodoxia. La decisión de cambiar la forma de vivir la religiosidad de una orden ilustre y sólida como la Carmelita, que tantos enemigos le valió, puso las bases de la llamada ‘ devotio moderna’, tan alejada del ritualismo cultural como de la prédica luterana. Su reforma no sólo impuso mayor rigor a la orden (‘descalzos’ frente a ‘calzados’ y con ropas de humilde estameña frente ‘a los del paño’, como ella los llama en sus cartas), sino que introdujo una auténtica revolución social y económica, al fundar conventos sin renta”. A propósito, Ferrero recuerda otro texto clave de la prédica teresiana: “Para hacer muchos monasterios de pobreza y sin renta nunca me falta corazón y confianza, y para hacerlos de renta, aunque poca, todo me falta y por mejor tengo que no se funden”. La reforma que promueve Teresa, según Ferrero, transmite su visión de la pobreza.

–Significaba no sólo entregarse a la Providencia sino, además, cortar las ataduras con la sociedad estamental en la España del siglo XVI, en la que convivían un “puñado de privilegiados y una nube de mendigos”; optar por una orden pobre era una actitud de íntima ruptura, una afirmación de libertad.

–La imagen que nosotros tenemos de un monje pobre se remonta a San Francisco de Asís, que es del 1200…

–La prédica de San Francisco nada tuvo que ver con la hegemonía clerical española. Las órdenes y sus conventos eran no sólo estructuras de espiritualidad bien administrada, sino de saber, y definitivamente, de poder real y concreto. Quien ingresaba a una orden, hombre o mujer, llevaba allí su dote (era requisito para entrar), y todo el boato y servidumbre que fuera menester. Convento “de renta” significaba que debía pagarse por el ingreso y, por lo tanto, los pobres de solemnidad no podían entrar, salvo para el desempeño de tareas poco menos que serviles.

–De ahí que Teresa promueva conventos sin renta…

–Fueron una novedad teresiana: en ellos se dormía en jergones y se comía de lo que obtenían de la limosna de los fieles o de su trabajo en la tierra. Si ingresaban monjas o frailes pertenecientes a la clase de los hidalgos (que conformaron el grueso de la población de los conventos), debían abdicar de la honra, entendida como privilegio de casta. No era poca cosa en una España que hizo del “punto de honra” no sólo un tema literario –pienso en el teatro áureo–, sino una clave para entender la dinámica social.

–Dame un par de ejemplos de cómo el teatro abordaba el tema…

–Gran parte de las comedias de Lope de Vega ( Fuenteovejuna , El caballero de Olmedo , Peribáñez ) y, por supuesto, Calderón de la Barca ( El alcalde de Zalamea ,A secreto agravio, secreta venganza , El mayor monstruo, los celos , El médico de su honra ). Además, si alguien dijo del XVI (y el XVII) que fue el siglo de la “brasa mística y del brasero inquisitorial”, la “honra” tuvo mucho que ver con estos últimos ardores. Honra y honor, dos aspectos del mismo tema, que tan bien dramatizó Calderón, al poner en boca de Pedro Crespo, el Alcalde de Zalamea, estas palabras (cito de memoria): Al rey, la hacienda y la vida / se ha de dar, pero el honor / es patrimonio del alma / y el alma sólo es de Dios… Porque el militar, que es su interlocutor, le pregunta irónicamente si los villanos (los habitantes de las villas) tienen honor, que se consideraba un atributo de la nobleza (los hidalgos) y, por supuesto, del rey.

Por mandato y por gusto

–Ya que estamos: Teresa nace justo 100 años antes de que Cervantes publique la segunda parte del “Quijote”. Literariamente, entonces, ¿quiénes son sus contemporáneos?

–Escribió en la época de Fray Luis de León, de Fernando de Herrera, de San Juan de la Cruz, en tiempos del Lazarillo de Tormes y de toda la vasta producción narrativa que después confluyó en el Quijote (la primera parte es de 1605). Novelas caballerescas, pastoriles, moriscas, sentimentales, bizantinas y picarescas. El suyo fue el primero de los siglos de Oro…

–Y escribió en lengua romance, no en latín, que era la lengua de la Iglesia.

–Literariamente, ya hacía rato que se había optado por el romance. Teresa escribió en el claro romance castellano de su época, siguiendo –sin exacta conciencia de hacerlo– la norma de claridad y simplicidad que fue un principio rector del Renacimiento español. La intencionalidad comunicativa de toda la literatura de Teresa está en el fundamento de esta opción por la lengua “en que suele el pueblo / fablar con su vecino”.

–¿Por qué escribía?

–Escribía por mandato y por gusto. La escritura fue uno de sus “oficios terrestres”, porque era una enamorada de la palabra y del efecto de la palabra sobre los demás. No pudo hacerse cargo de homilías –reservadas a los sacerdotes–, pero creó un lugar de encuentro verbal no menos eficaz con su literatura, rica en procedimientos retóricos.

–Entonces, ¿quién se lo mandaba y qué producía?

–Sus confesores o directores espirituales le pedían “literatura de espiritualidad”, destinada a monjas y frailes. Pero fue mucho más allá de lo encargado: renovó el género de la autobiografía espiritual ( El libro de la vida ), le dio vida a la crónica (Libro de las fundaciones ) y le dio dimensión plástica y espacial a su trayectoria mística ( Moradas ). Con plena conciencia de su arte, y mucho humor, dedica lasMoradas a sus hermanas monjas: “Considerando el mucho encerramiento y pocas cosas de entretenimiento que tenéis, mis hermanas, y no casas tan bastantes como conviene en algunos monasterios de los vuestros, me parece os será consuelo deleitaros con este castillo interior, pues sin licencia de las superioras podéis entraros y pasearos por él, a cualquier hora”.

–¿Cómo describirías sus poemas?

–Son poemas de tipo tradicional, escritos para dar alegría a sus monjas, para proveerles de letras para cantar o para engarzar en sus oraciones y rezos. Sus estribillos han sido aprovechados (glosados) por muchos escritores religiosos de su siglo y de los sobrevinientes, a los que sedujo la abundancia de paradojas y antítesis para dar cuenta de lo afectivo. Un ejemplo: “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero / porque no muero”.

–¿Y su prosa?

–Es su voz, diría, más propia. Si su opción de vida fue la acción, entendió la escritura como acción fulminante. La fórmula teresiana para crear una escritura capaz de mover y conmover fue la de igualar la lengua escrita con el habla: desata los moldes de la lengua formal, la hace coloquial, llena de gracia y de plasticidad.

Breve cronología teresiana

1515. Nacimiento.

1534. Ordenación.

1572. Desposorio místico con Jesús.

1582. Fallecimiento.

1614. Pablo V la beatifica.

1622. Gregorio XV la declara santa.

1627. Urbano VIII la nombra patrona de España.

1965. Pablo VI la nombra patrona de los escritores españoles católicos. Pero en no pocas ocasiones, en la práctica, ese título se convierte en el más genérico y universal de patrona de los escritores.

1970. Pablo VI le otorga el título de doctora de la Iglesia. Hasta entonces, todas las iniciativas que habían buscado otorgarle esa condición habían encontrado la misma respuesta: “Es mujer, no se puede”.

2015. Festejo de los 500 años de su nacimiento.

http://www.lavoz.com.ar/temas/una-mujer-extraordinaria

 

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