ARCWP Rvd Luz: UNA HOMILIA PARA NO OLVIDAR.Homilía V domingo de Pascua B (3 mayo 2015) ¿qué es un discípul@?


 

En el texto de los Hechos vemos que los discípulos confirmados no dan crédito a Saulo, todos le tenían miedo. A Pablo, recién convertido, le costó afirmarse y hallar su lugar en la familia recién creada de l@s seguidor@s de Cristo. La identidad de discípulo, no se da por supuesto, tiene que pasar por el doble reconocimiento de Dios y de la comunidad de iguales.

¿Qué es lo que realmente hace de mí un-a discípul@?

A la hora de responder acudiremos rápidamente a ejemplos con nombres conocidos, Pablo, Pedro, María, Óscar, Teresa… la lista es larga, sobrehumanos, santos y fundadoras, portentos de humanidad y espiritualidad. Es muy fácil recurrir a esos fuera de serie, evacuamos así toda posibilidad de que tengan algo que ver con nosotros y eso es pernicioso. Nos hace sentir humildes, y de hecho, colabora a que seamos pequeñ@s, diminutos y lo llevamos bien, ¡ser humilde es ser buena gente!. Es cómodo sentirse pequeño, y víctima también… Eso da derecho a no atender a exigencias, a quedarse cómodamente instalados en el “que se le va a hacer”.

Nos resulta igual de fácil construir una lista de todo lo que nos impide ser santos ¡ya salió la palabrota! y no estoy hablando de la santidad tan “relativa” de nuestr@s amig@s del calendario. No estoy hablando de canonizaciones.

Estoy hablando de cobardía y de modestia mal entendida que, así, dicho brutalmente, nos cierra el paso al discipulado y lo deja para los demás.

El domingo pasado, hablamos del Único Pastor, que solo puede ser Bueno. Intentamos hacernos a la sensación de ser llevados a hombros, cuidados, amados incluso en nuestros extravíos e insensateces, en nuestras miserias y mezquindades. Así, como somos.

Hoy abordamos unas palabras que forman parte de un discurso de despedida, otro YO SOY … otro texto para poner atención porque no es la narración de un hecho, de una anécdota, es revelación pura de la identidad de Dios, de Jesús. Sabemos que en los discursos de despedida figura lo esencial, la memoria que no se puede olvidar. Este texto lo hemos de leer teniendo en mente el contexto: la última Cena, y lo que ya meditamos el Jueves Santo. Es decir, además de leerlo, lo habremos de masticar, sabe a Dios. Hay que leerlo despacio, como quien saborea la última copa, el último abrazo antes de la separación.

Hoy toca pasar de ser dos (el pastor y la oveja) a ser UNO, a sentir que no estamos diferenciados, el Señor por una parte y yo por otra. El evangelio de hoy nos regala más que una filiación, porque la progenie, acaba marchando de casa, se emancipa, se individualiza inexorablemente (o eso cree..:-).

A veces pienso que la filiación divina se me hace poca cosa, lamento amargamente esa distancia a la que me fuerza la supuesta “separación” y sus consecuencias, corolarios de mi libertad, un don inestimable que uso tantas veces para alejarme, de Dios, de mi gente, del mundo, alimentando mi ego… Es pesadilla de cada día el saber que tengo la facultad de separarme, de negar, de colgar el teléfono, también es oración de cada día el “haz que nunca me separe de ti”. Todos los días pido la poda, la eliminación de los frutos podridos, busco en mi vida cuanto podría convertirme en leña muerta. No es fácil pero no hay otro camino que ir dejando atrás apegos, apetitos, rabias y rabietas, celos, envidias, superficialidades y mezquindades… cada cual que vea lo que más le aleja de la Fuente en sí mismo. No en los demás, por favor…Hoy no vale tirar la piedra a los políticos, a los jerarcas eclesiales, a los empresarios corruptos. Hoy hablamos de nuestra religación / religión/ a la Vida. ¿Ser o no ser? Es tan fácil resbalar al no ser, acabar en leña.

Sabemos que Jesús se esmeró en buscar símiles, metáforas, comparaciones, cuentos, alegorías para hacernos entender qué le somos a Dios y qué nos es él a nosotros.

La alegoría de la viña y los sarmientos es una de las que mejor le salieron; a primera vista no relata la emocionalidad y el mundo afectivo que traía la visión del pastor cuidando amorosamente de su rebaño. ¿qué siente una vid…?

Si no hay respuesta es que la pregunta no sirve. Preguntemos más bien ¿qué es una vid, una cepa, un pie de viña?

Una vid… es una planta antigua, suele ser muy anciana, permanece en el tiempo, es resistente y, sobre todo, generosa. No es un arbusto lucido, ni alto siquiera, pero su fruto es codiciado, muy valioso, es el fruto que da el vino, la alegría de nuestras fiestas. En una cultura mediterránea eso se entiende, en otras habrá que buscar algo semejante. Me pregunto qué encontrarían aquí mis amigas de Colombia… ¿el chocolate? 😉

 

El fruto es mencionado 5 veces en el texto, podríamos detenernos, como tantas veces, en los frutos que hemos de dar nosotros, gente que sigue a Cristo o procura hacerlo; como dice Juan en su Carta el fruto es obvio: “que nos amemos como él nos amó”. Y, francamente, de tanto oírlo, ya no lo escuchamos. Propongo centrarnos en el origen de ese amor, remontar a la Fuente para refrescarlo, renovarlo.

El nervio de la alegoría es el “permanecer”, otras 5 veces (es como una rima que se repite, algún día os hablaré del Jesús poeta, de que sus palabras se contaban en versos en los primeros tiempos y que probablemente él puso belleza y poesía en sus palabras además de verdad, amor…). Es un verbo, y sabemos que el verbo es el motor de la acción, la locomotora de cualquier frase, el eje sin el cual nada ocurre. Paladeamos despacio “permaneced en mí…” (se repite 5 veces despacio) lo repetimos hasta sentir como corren por nuestras venas la savia, la misma que recorre el tronco y cada uno de los sarmientos, hasta la punta que busca tocar el cielo, hasta el último brote que despunta, hasta la diminuta flor apenas visible de la viña, y sin embargo tan viña como las raíces invisibles que la unen a la tierra que la alimenta.

Leía recientemente acerca de una investigadora que consiguió probar que los árboles se comunican a través de redes complejas de raíces, que se intercambian información y nutrientes. Los amantes de los árboles siempre lo supimos pero ahora está probado y siempre es una alegría recibir una confirmación: en el universo nada está solo, nada flota en su individualidad estancamente aislada. Todo se comunica. Y no se comunica por entretenerse o necesidad pura, se comunica porque todo es una y misma cosa. Eso me hace pensar en lo que me molesta a veces escuchar hablar a gente que “no dice nada” que habla por hablar, que incluso acaba contando lo que nadie le pregunta, que llena el espacio de palabras y ni escucha. Esa necesidad de comunicación es lucha por la supervivencia, por ser reconocido, por existir y aun sin saberlo, pugnamos por “estar ahí”.

En realidad es una pugna vana, podemos descansar y relajarnos, la savia de la única viña corre por nuestras venas. Entiéndase bien: no tenemos por ahí escondida una chispilla que tal vez… nos emparente con el Padre Madre de todo. No somos sus remotos primos, sobrinos o allegados. Ella y yo somos una misma cosa. Respiro porque Ella respira y Ella respira en mí…podemos continuar: lloro porque Ella llora en mí y ama porque amo en Ella… seguid haciendo frases…

Por si quedara un obstáculo para la plena posesión de esta plena comunicación recordemos que el Padre Madre de todo habita todo y todos, siempre y en todas partes. Y sobre todo habita la materia. La vid está plantada en la tierra, da frutos materiales, incluso destinados a ser la propia sangre de Cristo. No, no tenemos una chispilla de Dios en ciernes, eso es mentira. Ella nos tiene, la tenemos a Ella, por entero hasta en el adn de nuestras células, en cada átomo que vive porque PERMANECE /habita/mora/queda/reposa en mí, en ti, en nosotros. Una sola realidad, un solo Dios como dice nuestro credo…

Descansemos en Ella y seremos discípulos, daremos fruto. Solo se pide eso, que descansemos y habitemos. No es tanto finalmente.

amen y bendiciones herman@s

 

Remitido al e-mail

 

 

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Graciela Moranchel
    May 03, 2015 @ 11:04:38

    Preciosa reflexión.

    Responder

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